Las complejas relaciones entre Israel e Irán.

Si bien la retórica de los mollahs es claramente antisraelí, las relaciones entre Israel e Irán son mucho más complejas de lo que puede parecer. En Irán existen dos grupos con objetivos opuestos. Uno de esos grupos quiere, a toda costa, hacer negocios con el mundo entero; el otro aspira a liberar los pueblos víctimas de la colonización. El primer grupo nunca ha dejado de hacer negocios con Israel, mientras que el otro lucha contra el régimen sionista, como parte del combate contra el imperialismo de Estados Unidos y Reino Unido.


El conflicto entre Irán e Israel es muy diferente del que existe entre la población árabe de Palestina y los inmigrantes judíos. Aunque muchos creen lo contrario, históricamente los persas nunca fueron enemigos de los judíos. De hecho, fue el fundador del primer imperio persa, Ciro El Grande, quien permitió a los judíos huir de Babilonia, donde se les retenía como esclavos.

Después de la 2GM, cuando Estados Unidos se apoderó de los restos del Imperio británico, el presidente estadounidense Dwight Eisenhower (1953-1961) reorganizó el Medio Oriente. Para dominar esa parte del mundo, Eisenhower designó dos potencias regionales que representarían los intereses de Washington: Irán e Israel. Desde entonces, esos dos países fueron simultáneamente amigos y rivales.

Eisenhower, envió su secretario de Estado, John Foster Dulles —el hermano de Alan Dulles, el primer director de la CIA—, a Siria para organizar una alianza irano-siria, que debía contener las ambiciones israelíes. El presidente sirio de la época, el general Adib Chichakli, era probritánico y antifrancés. El 24 de mayo de 1953, Damasco y Teherán firmaron un tratado de defensa mutua, tratado que aún hoy sigue en vigor[1].

Al mismo tiempo, el Reino Unido entraba en conflicto con Mohammad Mossadegh, el primer ministro del shah iraní Reza Pahlevi. El primer ministro Mossadegh quería nacionalizar la explotación del petróleo iraní. Con ayuda de Estados Unidos, el gobierno británico organizó lo que hoy llamaríamos una «revolución de color»/golpe de Estado que, en aquel momento recibió la denominación de Operación Ajax[2]. El MI6 británico y la CIA estadounidense pagaron a miles de personas para que salieran a las calles a protestar contra el primer ministro Mossadegh y derrocarlo. Respondiendo al «llamado de su pueblo», el shah destituyó a Mohammad Mossadegh y designó en su lugar al general nazi Fazlollah Zahedi[3].
[3] Zahedi había sido arrestado por los británicos en 1942, debido a sus posiciones nazis, y encarcelado en Palestina, territorio bajo mandato británico. Cuando el general Zahedi se convirtió en primer ministro, hubo una reorganización del partido nazi iraní. Los arios originales –hoy se les llama indoeuropeos– son el pueblo persa.

La cooperación entre el régimen autocrático del shah de Irán y el Estado hebreo se manifestó en 1956 con la construcción del oleoducto Eilat-Ascalón. Pero más importante es el hecho que al año siguiente, en 1957, el Mossad israelí envió a Teherán un equipo de sionistas revisionistas[4], encabezados por Yitzhak Shamir —quien se convertiría después en primer ministro de Israel— para crear la SAVAK, la sanguinaria policía política del régimen del shah[5].
[4] Los sionistas revisionistas son fascistas judíos, discípulos de Zeev Jabotinsky, y aliados de Mussolini durante la 2GM.

Los medios de prensa de Occidente siempre habían presentado al shah de Irán como un simpático y moderno soberano respetuoso de los derechos humanos. Pero, cuando el imam Khomeini se refugia en París, esos mismos medios comienzan a preparar la opinión pública occidental para el derrocamiento del hasta entonces simpático shah Reza Pahlevi. El 19 de diciembre de 1971, la televisora francesa TF1 «descubre» súbitamente que la policía política del shah, la SAVAK, practica la tortura.

En 1956, las potencias coloniales en declive, Reino Unido y Francia, se apoyaron en el Estado colonial israelí para tratar de apoderarse del Canal de Suez, que Egipto quería nacionalizar. Después de aquella operación, el gobierno de Guy Mollet, el primer ministro socialista de Francia, agradeció a Israel el servicio prestado comunicándole en secreto los resultados de las investigaciones atómicas francesas. Aquella colaboración nuclear de Francia con Israel prosiguió a espaldas de Estados Unidos.

Pero cuando en Washington comprobaron que Israel se encaminaba hacia la adquisición del arma nuclear, se iniciaron esfuerzos para que Irán también tuviese «su» bomba atómica. En 1974, el presidente francés Valery Giscard d’Estaing incluyó a Irán en el consorcio Eurodif, se comprometió con Teherán a suministrarle uranio enriquecido y a formar a sus científicos. Dos años después, el presidente estadounidense Gerald Ford autorizaba el régimen del shah iraní a iniciar las investigaciones para obtener su propia bomba.

En 1978, Estados Unidos ve con desagrado las ambiciones militares del shah Reza Pahlevi, que amenazan el poderío de Israel. Washington decide entonces imponer al shah un nuevo primer ministro… y una nueva política. Zbigniew Brzezinski, el consejero de seguridad nacional del presidente James Carter, decide apoyarse en los clérigos chiitas —el shah acababa de nacionalizar parte de los bienes de esa clase iraní. Brzezinski llega a la conclusión de que el ayatolá Ruhollah Khomeini —cuyas prédicas grabadas en casetes de audio circulan por todo Irán— reúne las condiciones necesarias para convertirlo en el nuevo primer ministro del shah. Ignorando la oposición del secretario de Estado Cyrus Vance, Zbigniew Brzezinski organiza el exilio del ayatolá Khomeini en Francia, donde el jefe religioso chiita residirá durante cuatro meses antes de ser enviado a Teherán, en un vuelo especial de Air France.

Washington había convencido al shah de que todo estaba bajo control y que sólo se trataba de luchar contra la oposición. La SAVAK había recibido orden de asesinar en Londres al filósofo Alí Shariati —amigo personal de los intelectuales franceses Frantz Fannon y Jean-Paul Sartre— para evitar que sus ideas anticolonialistas «agitaran» el escenario. El shah había aceptado salir del país, en un breve viaje, sólo por el tiempo necesario para que Washington resolviese la situación en Irán.

Pero el día del regreso del ayatolá Khomeini, el 1º de febrero de 1979, el anciano clérigo fue aclamado por una multitud de un millón de personas. Desde el aeropuerto de Teherán, Khomeini se trasladó directamente al cementerio donde acababan de ser inhumadas 800 víctimas de la represión política. Y allí, para sorpresa de los occidentales, Khomeini pronuncia un discurso resueltamente antiimperialista. El objetivo de Khomeini no era una revolución palaciega en el seno del imperio persa sino la proclamación de una República Islámica.

En el cementerio de Behesht-e Zahra, el ayatola Khomeini se dirige directamente al ejército, llamándolo a liberar el país de los anglosajones. El hombre que la CIA estadounidense veía como un anciano predicador achacoso resulta ser un tribuno que arenga a las multitudes y exhorta los iraníes a cambiar el mundo.

Israel incauta de inmediato la mitad iraní del oleoducto Eilat-Ascalón, lo cual da lugar a un largo litigio que, no obstante, las dos partes resolverán mucho después y en secreto.

Khomeini cuestiona el reconocimiento del Estado colonial israelí, confisca los locales de su embajada y los entrega a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).

En 1985, el consejero de seguridad nacional del presidente estadounidense Ronald Reagan, Robert McFarlane, concibe una treta para suministrar armamento a los contrarrevolucionarios nicaragüenses —los Contras— a espaldas del Congreso de Estados Unidos. Primeramente, McFarlane se dirige al primer ministro de Israel, Shimon Peres, con quien llega a la conclusión de que no será posible implicar a un país árabe revolucionario, como Libia, pero que Irán puede ser una opción. A través del entonces diputado Hasan Rohani —el mismo que años más tarde se convertirá en presidente de Irán—, McFarlane y Shimon Peres entran en contacto con el presidente del parlamento iraní, el hoyatoleslam Hashemí Rafsanyaní, quien acepta comprar armas para luchar contra la agresión iraquí y enviar parte de ese armamento a los Contras nicaragüenses. Gracias a ese tráfico, Hashemí Rafsanyaní, quien ya era un gran terrateniente, se convierte en el hombre más acaudalado de Irán[6].

En 1988, Iraq utiliza armas químicas contra el ejército y la población iraní, dejando un gran número de personas afectadas de por vida —todavía hoy el umbral de tolerancia de la población iraní a la contaminación del aire es muy bajo, al extremo que el Estado iraní suele emitir alertas y evacuar la población de Teherán durante varios días. Recuerdo que en una ocasión, un amigo iraní, el talentoso periodista Nader Talebzadeh que estaba entrevistándome en un programa de televisión, se vio obligado a salir repentinamente del estudio, prácticamente escupiendo sus pulmones, y tuvo que ser hospitalizado. Fue en aquel momento, ante el sufrimiento de sus conciudadanos, cuando el ayatolá Jomeini declaró todas las armas de destrucción masivas incompatibles con su visión del islam. Desde entonces, Irán puso fin a todas sus investigaciones de naturaleza militar en los ámbitos biológico, químico y nuclear, decisión de carácter ético que prolongó la guerra entre su país e Iraq.

En 1992, el hoyatoleslam Hashemí Rafsanyaní, ya convertido simultáneamente en traficante de armas profesional y presidente de Irán, organiza intercambios secretos con Argentina —entonces bajo la presidencia de Carlos Menem. Colaborando ya públicamente con Estados Unidos, Rafsanyaní envía tropas a luchar, bajo las órdenes de la OTAN, en Bosnia-Herzegovina y además suministra armamento argentino a los bosnios. Como presidente de Irán, Rafsanyaní no cuestiona oficialmente la visión anticolonialista del imam Khomeini… pero apoya activamente al presidente bosnio, Alija Izetbegovic, mientras que militares israelíes participan también en las operaciones junto a los bosnios.

El tráfico irano-argentino de armas se interrumpe por iniciativa de Israel cuando el Estado hebreo organiza el atentado contra su propia embajada en Buenos Aires, en 1992; el atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), en 1994[7]; y finalmente el asesinato del hijo del presidente argentino Carlos Menem, en 1995[8].

En 2001, Washington abandona su política de equilibrio en el Medio Oriente y pone fin a los vínculos, que antes había favorecido, de Israel con Irán, Iraq y Arabia Saudita. A partir de entonces el Pentágono trata de sembrar el caos en todos los países del «Medio Oriente ampliado» (o «Gran Medio Oriente», desde Afganistán hasta Marruecos, exceptuando únicamente a Israel[9]. Los promotores de la nueva estrategia estadounidense orquestaron una terrible justificación: los atentados del 11 de septiembre de 2001.

En 2003, un ex miembro de los Guardianes de la Revolución, Mahmud Ahmadineyad, gana la elección presidencial en Irán. Ahmadineyad llega con una política totalmente diferente a la de sus predecesores, vuelve al ideal del imam Khomeini y choca constantemente con el poder clerical e incluso con el sucesor de Jomeini como Guía Supremo, el ayatolá Alí Khamenei. El presidente Ahmadineyad industrializa el país, construye viviendas sociales para los iraníes de menos recursos y trata de ayudar las poblaciones chiitas de todo el Medio Oriente a ganar su propia independencia. También cuestiona la alianza silenciosa con Israel.

En 2005, el presidente Mahmud Ahmadineyad declara que el Estado de Israel está llamado a desaparecer, como la Sudáfrica del apartheid. La agencia británica Reuters falsifica las palabras de Ahmadineyad, presentándolas como un llamado a la aniquilación de la población israelí[10].

En 2006, el presidente Ahmadineyad organiza en Teherán una conferencia sobre el Holocausto. El objetivo del presidente iraní no es negar la verdad sino mostrar que la proclamación del Estado de Israel no es una forma de reparación por los crímenes de los nazis sino un proyecto colonial británico. Israel afirma entonces que Ahmadineyad es un antisemita, lo cual es absolutamente falso.

Simultáneamente, Israel inicia una campaña mundial de prensa para hacer creer que el presidente Ahmadineyad había emprendido un gran programa nuclear con fines militares. La realidad era diferente. El objetivo del presidente Ahmadineyad era descubrir una manera diferente de producir energía, sin utilizar la fisión —como en las bombas atómicas— sino mediante un proceso de fusión nuclear. Irán proyectaba entonces ayudar el Tercer Mundo a desarrollarse escapando al control de Occidente sobre los hidrocarburos.

Comenzó para Irán entonces una larguísima batalla en el seno de las instituciones internacionales[11]. Además del hipotético programa nuclear militar iraní, Israel comenzó a denunciar un supuesto «imperialismo» iraní en Iraq.

Un acuerdo concluido en secreto, el 2 de marzo de 2008 en Bagdad, entre el almirante William Fallon —el jefe del mando militar estadounidense para el Medio Oriente (CentCom)— y el presidente Mahmud Ahmadineyad acabó siendo echado abajo por el vicepresidente estadounidense Dick Cheney. El almirante Fallon quería pacificar Iraq con la cooperación de Irán, no en contra de la República Islámica[12], pero Cheney, implicado en los atentados del 11 de septiembre de 2001, no quería renunciar a la doctrina Rumsfeld-Cebrowski.

Es por eso que el vicepresidente estadounidense Dick Cheney inicia una «revolución de color», cuando Ahmadineyad es electo por segunda vez presidente de la República Islámica[13].

El 23 de septiembre de 2010, desde la tribuna de la Asamblea General de la ONU, el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad solicita una investigación internacional sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001. Su pedido es recibido con pánico en la Casa Blanca.

En 2013, el panorama conocerá un nuevo cambio radical. El presidente estadounidense Barack Obama quiere poner fin a la doctrina Rumsfeld-Cebrowski, sabiendo que esta exigirá todavía décadas de guerra y millones de muertos antes de que se obtenga algo positivo para Estados Unidos. En Irán, el presidente Obama planea reanudar los contactos con las personalidades iraníes que habían participado en el tráfico de armas del caso Irán-Contras, o sea con el entorno de Hashemí Rafsanyaní, así que inicia contactos secretos en Omán[14]. En definitiva, sus interlocutores iraníes[15] prometen impedir que un representante del equipo de Ahmadineyad participe en la elección presidencial… para que Hasan Rohani logre salir electo. En agosto, la administración Obama se retira de Siria —donde afirmaba haber trazado una línea roja—, dejando al presidente de Francia, Francois Hollande, sólo con su retórica belicista.
[15] En artículos anteriores, yo atribuí esta decisión al Guía Supremo, el ayatolá Alí Khamenei. Todos mis amigos iraníes cuestionan esa interpretación, pero ninguno me ha propuesto una versión alternativa.

En cuanto llega a la presidencia de la República Islámica, Hasan Rohaní abandona nuevamente el ideal del imam Khomeini y comienza a negociar la venta de petróleo iraní con los europeos —Austria llega incluso a pagar jugosos sobornos. Mientras tanto, los tribunales iraníes arrestaron y condenaron uno tras otro a todos los colaboradores del expresidente Ahmadineyad. Hamid Beghaie, quien había sido su vicepresidente, es arrestado —por razones que se mantienen en secreto— y condenado a 15 años de cárcel en un juicio a puertas cerradas[16].

Por otro lado, el gabinete del presidente Rohaní propone la creación de una federación chiita que reuniría las comunidades chiitas de Yemen, Iraq, Siria y Líbano —en otras palabras, una restauración del imperio persa— mientras que se inician las negociaciones 5+1 en Ginebra. Al cabo de unos días, las partes llegan a un acuerdo en Ginebra y, el 24 de noviembre de 2013, presentan un primer documento. Los ministros de Exteriores de China y Rusia, Wang Yi y Serguei Lavrov, subrayan que el acuerdo se había redactado fácilmente porque en realidad todas las partes saben que Irán no posee ni trata de poseer la bomba atómica. Viene después un largo año de silencio y, finalmente, el texto final se firma el 14 de julio de 2015.

Poco tiempo después, en 2016, el presidente Rohaní concluye discretamente con Israel un acuerdo para resolver el diferendo sobre el oleoducto Eilat-Ascalón y en 2018 el parlamento israelí adopta, también con la mayor discreción, una ley que castiga con 15 años de cárcel toda publicación sobre los propietarios de ese oleoducto.

El general Qassem Soleimani, símbolo de la lucha antiimperialista iraní

Al llegar a la Casa Blanca, el nuevo presidente estadounidense, Donald Trump, se da cuenta de que no puede dejar ver que existe algún tipo de entendimiento con su homólogo iraní, Hasan Rohaní —para todos, y sobre todo para los iraníes, Irán es el enemigo irreconciliable de Estados Unidos. El 8 de mayo de 2018, el presidente Trump saca a Estados Unidos, sin aviso previo, del acuerdo sobre el programa nuclear. Como en tiempos de los presidentes Ronald Reagan y Hashemí Rafsanyaní, Washington y Teherán vuelven a representar la misma farsa: oficialmente se detestan… pero en privado hacen negocios. Los iraníes «de a pie», que siguen padeciendo las consecuencias de esa política, descubren con estupefacción en las redes sociales el increíble nivel de vida de sus dirigentes y sus familias.

Los dos grupos que desde hace medio siglo se oponen en Irán, los grandes hombres de negocios iraníes y los combatientes antiimperialistas, se reúnen alrededor de sus principales representantes. Los hombres de negocios apoyan al presidente Hasan Rohaní mientras que los antiimperialistas se aglutinan alrededor del general Qassem Soleimani.

El general Soleimani promueve una alternativa: el «Eje de la Resistencia». En nombre de los Guardianes de la Revolución, Qassem Soleimani arma y forma a los miembros de los grupos chiitas en el exterior, pero no para instaurar una «federación» sino para proporcionarles los medios que necesitan para ser independientes. Del movimiento yemenita Ansar Allah al Hezbollah libanés, todos y cada uno de esos grupos serán responsables de sí mismos, mantendrán una coordinación con los demás, pero sin recibir órdenes de Teherán. Los hombres formados por el general Soleimani logran victorias contra el Emirato Islámico (Daesh), frente a algunos de sus gobiernos y frente a los occidentales. El general Soleimani se convierte en el hombre más popular del Medio Oriente. Oficialmente no hace política, pero sus discursos inspiran a las poblaciones árabes y persas. Si decidiese aspirar a la presidencia, es indudable que sería electo. Así que los antiguos implicados en el caso Irán-Contras deciden eliminarlo. El 3 de enero de 2020, una salva de misiles guiados estadounidenses acaba con la vida del general Soleimani cuando llegaba al aeropuerto de Bagdad. La administración Trump se atribuye la autoría del asesinato, pero en el Medio Oriente, los círculos mejor informados señalan que la eliminación del general iraní se gestó en Tel Aviv. Ebrahim Raissi ya no tendrá mayores dificultades para convertirse en presidente de Irán.

El bombardeo israelí contra la embajada de Irán en Damasco no es un ataque contra el equipo del presidente Ebrahim Raissi sino contra los Guardianes de la Revolución.


«AKHAND BHARAT»: GRAN INDIA

 

Akhand Bharat (traducido como «India indivisa»), también conocido como Akhand Hindustán, es un término para el concepto de una gran India unificada. Afirma que los actuales Afganistán, Bangladesh, Bután, India, Maldivas, Myanmar, Nepal, Pakistán, Sri Lanka y Tíbet son una sola nación. [Crédito de la foto: Wikimedia].

La India —para sorpresa de muchos— tiene la economía de más rápido crecimiento en la actualidad. El PIB del país creció un 8,4% en 2023. En 2027, se convertirá en la tercera economía del mundo. Si esta tendencia continúa, India tiene posibilidades de superar a Estados Unidos e incluso a China en la década de 2030.
«India es líder tanto en demografía como en vector informático. La diáspora india controla ahora un segmento significativo de Silicon Valley, y el primer ministro británico es de etnia india, Rishi Sunak, aunque liberal-globalista. Curiosamente, Vivek Ramaswamy, un influyente político conservador del Partido Republicano estadounidense, firme partidario de Trump, también de origen indio, está en las antípodas ideológicas de Sunak. En cualquier caso, los indios están dando un paso al frente».

Estamos ante un fenómeno totalmente nuevo: el nacimiento de un nuevo centro del mundo ante nuestros ojos. India debe gran parte de su éxito al nuevo giro político que supuso la llegada al poder del partido conservador Bharatiya Janata. En realidad, la India moderna fue fundada por un partido diferente —de izquierdas y progresista—, el Congreso Nacional Indio, durante la descolonización. Por supuesto, el mayor valor para los indios tras la independencia fue la liberación de los efectos del colonialismo, pero India siguió siendo miembro de la Commonwealth de Naciones poscolonial dominada por los británicos y se aferró con fuerza a la democracia instaurada por los británicos; de hecho, incluso se enorgullecía de ser «la mayor democracia del mundo». El Congreso se contentó con dar al país la independencia política de sus antiguos amos, pero aceptó imitar el paradigma sociopolítico, económico y cultural de Occidente.

El monopolio del poder del Congreso en la India se vio socavado por primera vez por la victoria de un partido conservador de derechas alternativo, el Partido Bharatiya Janata, en las elecciones de 1996 a la cámara baja del parlamento (Lok Sabha). Este partido se formó a partir del movimiento extremadamente conservador Rashtriya Swayamsevak Sangh en 1980.

Narendra Modi se convirtió en el primer ministro de este partido en 2014 y sigue siéndolo hasta la fecha. Según los analistas, Modi tiene todos los motivos para conservar su puesto en las elecciones de 2024, que comenzaron el 19 de abril y terminarán el 1 de junio.

El gobierno del partido político Bharatiya Janata y el carisma político personal de Modi han cambiado radicalmente la India. Por cierto, el nombre oficial de la India bajo Modi se cambió por el nombre sánscrito de Bharat. El hecho es que Modi se basa en una ideología completamente diferente a la del Congreso Nacional Indio.

Inicialmente, había dos direcciones en la lucha india por la independencia de los británicos: una suave y pacifista, encarnada en la figura de Mahatma Gandhi, que confiaba en la resistencia no violenta, y otra más militante e intransigente, representada por figuras como el tradicionalista indio Bal Gangadhar Tilak, el fundador del Rashtriya Swayamsevak Sangh, Keshav Hedgewar, y el nacionalista Vinayak Savarkar.

Los británicos que se marchaban confiaron discretamente el poder en la India (tras haber cedido previamente varios territorios habitados por musulmanes, —Pakistán y Bangladesh, así como Sri Lanka, Bután y Nepal— al Congreso, creyendo que este partido mantendría a la India dentro de la zona de influencia anglosajona y la conduciría por la senda de la modernización y la occidentalización (con especificidades regionales), es decir, que se conservaría algún tipo de control colonial.

Por el contrario, los principales oponentes del Congreso desde el principio de la lucha por la independencia creían que la India no era sólo un país o una antigua colonia, sino el territorio de una civilización poderosa y distintiva. Hoy la llamamos civilización-estado. Esta idea fue articulada por primera vez por Kanaiyalal Maneklal Munshi y se denominó «Akhand Bharat», «India indivisa» o «Gran India».

En 2022, Narendra Modi nombró la «descolonización de la mente india» como objetivo principal. Y ante nosotros aparece una India que no conocíamos en absoluto: una India conservadora de derechas, una civilización-estado védica, una Gran India encaminada hacia la soberanía total.

Por supuesto, un observador superficial notará aquí una contradicción: la India se está acercando geopolíticamente a Estados Unidos e Israel, se está viendo arrastrada a un creciente conflicto fronterizo con China (de ahí la participación de la India en varios bloques regionales antichinos como QUAD, etc.), y las relaciones con el mundo islámico se están agudizando, tanto dentro de la India como con respecto a Pakistán. Si los tradicionalistas indios están preocupados por «descolonizar la mente india» y luchar contra la civilización material occidental, ¿qué tienen en común con Estados Unidos?

Para resolver esta ambigüedad, podemos fijarnos en la historia del ascenso de la China moderna. Representantes del Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos (CFR) y especialmente Henry Kissinger propusieron personalmente a China una asociación bilateral contra la URSS ya a finales de la década de 1970 para acabar con el campo socialista.

China, bajo Deng Xiaoping, se aprovechó de ello y gradualmente, en el transcurso de 40 años, pasó de ser un cliente económico de EEUU a un poderoso polo independiente con el que EEUU ha entrado ahora en competencia y, de hecho, en una guerra comercial. La escalada del problema en torno a Taiwán hace prever el paso de este enfrentamiento a una fase caliente.

Ahora, las mismas fuerzas globalistas de Occidente han decidido apoyar a India, esta vez contra China. Y Modi, dada la experiencia china, ha adoptado esta estrategia. Pero al igual que China ha utilizado la globalización para sus propios fines, no perdiendo sino reforzando su soberanía, la Gran India pretende hacer lo mismo. Primero, teniendo en cuenta las realidades objetivas de la política internacional, maximizar su poder, aumentar el bienestar de su enorme población, el volumen de su mercado interior, su poder militar, su potencial tecnológico, y luego, en el momento oportuno, emerger como un polo plenamente independiente y soberano.

«Esta estrategia la entienden mejor los propios globalistas. Así, George Soros y su Fundación Open Society, prohibida en Rusia, que se fijó abiertamente como objetivo principal la lucha contra la tradición, la soberanía y las culturas y sociedades independientes, declaró la guerra a Narendra Modi y al Bharatiya Janata Party. Al hacerlo, no sólo apoyó al Congreso de la oposición, sino que alimentó activamente la discordia social y étnica en la India, en particular llamando a los dalits (una casta programada muy extendida) a rebelarse contra Modi. Se trata de otra versión de la «revolución de colores» que los globalistas están impulsando».

Rusia sólo tiene que darse cuenta de los cambios fundamentales que se están produciendo en la India. Es un país muy diferente de aquel con el que construimos una relación bastante estrecha durante el periodo soviético. Sí, los indios siguen siendo muy comprensivos y nostálgicos con los rusos. Y esto se aplica no sólo a los izquierdistas del Congreso (donde, por cierto, bajo la influencia de Soros, las voces de los rusófobos son cada vez más fuertes), sino también a los tradicionalistas de derechas. Y en este caso, el papel clave no lo desempeña la inercia, sino la clara comprensión de que Rusia se declara un Estado-civilización, es una fuerza importante en la construcción de un mundo multipolar y también está atravesando una especie de «descolonización de la conciencia». Mientras que India tiene ciertos problemas de conflicto —especialmente en las zonas fronterizas— con China, otro Estado de civilización y otro polo del mundo multipolar, no hay nada parecido con Rusia ni siquiera en un futuro lejano.

Al mismo tiempo, no debemos realizar un acercamiento a India que sea contrario a nuestra estrecha asociación estratégica con China. Es más, tenemos un interés vital en resolver las relaciones entre estas dos grandes potencias, porque si estalla un conflicto entre ellas (que es exactamente lo que Occidente está impulsando), las perspectivas de un mundo multipolar se retrasarán indefinidamente. Rusia se alza ahora en defensa de sus valores tradicionales. En este caso, deberíamos comprender mejor a todos aquellos que se han levantado en defensa de los suyos.

Y entonces la asociación energética, los planes estratégicos para el corredor de transporte Norte-Sur, los procesos de integración euroasiática, la cooperación en alta tecnología (e India es ahora uno de los líderes mundiales en TI) y la esfera financiera adquirirán una nueva dimensión ideológica: los tradicionalistas interesados en la soberanía civilizacional y en detener la expansión del hegemón occidental se entenderán mucho mejor que nadie.

Fuente: Aleksandr Dugin

El crimen contra la paz cometido por Angela Merkel y Francois Hollande.

Mis análisis sobre la responsabilidad personal de la excanciller alemana Angela Merkel y del expresidente francés Francois Hollande en la guerra de Ucrania han suscitado una polémica. Ciertos colegas afirman que yo he inventado ese asunto, que esos exdirigentes occidentales son inocentes y que yo me hago eco de la «desinformación rusa».

Esta controversia está lejos de ser casual o trivial. Quienes se empeñan en contradecirme, ignorando para ello la evidencia, tratan de ocultar la culpabilidad de nuestros dirigentes. Al hacerlo, se ponen al servicio de la narrativa occidental sobre la guerra en Ucrania y justifican ese conflicto. Veamos los hechos en los que se basa mi razonamiento y ustedes mismos podrán formarse su propia opinión.

Angela Merkel y François Hollande cuando le mentían a Vladimir Putin

Algunos colegas que trabajan para grandes medios de prensa han iniciado una polémica sobre una parte de una conferencia que impartí el mes pasado en Colmar [ciudad del este de Francia][1]. Esos colegas me cuestionan porque yo hablé en esa conferencia sobre la responsabilidad personal de la excanciller de Alemania, Angela Merkel, y del expresidente de Francia, Francois Hollande, en la guerra que está teniendo lugar en Ucrania.

Seguidamente expongo, en detalle, los hechos que mencioné en aquella conferencia y que esos colegas niegan.

CRÍMENES CONTRA LA PAZ
El 28 de diciembre de 2022, el expresidente francés Francois Hollande dio en París una entrevista a Théo Prouvost del sitio web ucraniano The Kyiv Independent,[2], entrevista que los colegas que me contradicen confunden con la llamada telefónica al propio Hollande que los humoristas rusos Vovan y Lexus realizaron después, inspirándose en las declaraciones anteriores de la excanciller alemana Angela Merkel[3].

El hecho es que Francois Hollande confirmó claramente lo que la excanciller alemana Angela Merkel ya había dicho, días antes, al semanario alemán Die Zeit[4]. Merkel había declarado a Die Zeit que ella misma y Hollande no habían firmado los acuerdos de Minsk para proteger a los pobladores de Dombás y poner fin a la guerra de Kiev contra ellos sino para que el régimen ucraniano tuviera tiempo de armarse contra Rusia.
Francois Hollande declaró: «Sí, Angela Merkel tiene razón sobre ese punto. Los acuerdos de Minsk detuvieron la ofensiva rusa por un tiempo. Era muy importante saber cómo utilizaría Occidente ese respiro para impedir toda nueva tentativa rusa».

La «tentativa rusa» que menciona Hollande no era un envío de tropas rusas ordenado por Moscú sino la iniciativa privada del multimillonario ruso Konstantin Malofeyev, quien envió cosacos para apoyar a los pobladores de Dombás, algo que Malofeyev ya había hecho antes, para ayudar a los serbios en Bosnia.

Las palabras de Angela Merkel y de Francois Hollande fueron confirmadas por el secretario general del Consejo de Defensa y de Seguridad Nacional de Ucrania, Oleksiy Danilov, personaje que «dimitió» hace sólo 3 semanas, después de haber insultado al enviado especial chino[5].

Los acuerdos de Minsk se negociaron en dos fases:
El primer protocolo fue firmado, el 15 de septiembre de 2014, por Ucrania, Rusia y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). También pusieron sus firmas al pie de ese texto los gobernadores de los oblast de Donetsk y de Lugansk, que ya se habían proclamado «Repúblicas», como las antiguas regiones soviéticas, pero que no aspiraban entonces a la independencia. Aquel primer protocolo instituye un alto al fuego, una liberación de rehenes y la retirada de las fuerzas de ambas partes —incluyendo a los cosacos reclutados por Konstantin Malofeyev. También prevé una descentralización de los poderes, la realización de elecciones locales y la apertura de un diálogo nacional.
Pero no sucedió gran cosa, sólo se concretó la retirada de los cosacos porque el presidente ruso Vladimir Putin obligó Malofeyev a retirarlos —a Putin no le gustaba que un multimillonario se comportara como un gran duque de la época zarista.

El segundo protocolo fue firmado 6 meses después, el 11 de febrero de 2015. Las negociaciones se desarrollaron bajo la responsabilidad de la OSCE, nuevamente entre el régimen de Kiev y las «Repúblicas» proclamadas de Donetsk y Lugansk. Fue entonces cuando Alemania, Francia y Rusia asumieron la responsabilidad de garantizar la aplicación de los acuerdos de Minsk —en el marco del llamado «formato Normandía».
Ese segundo protocolo instituye más o menos las mismas disposiciones que el primero, pero precisando los detalles. Lo más importante es que indica que la descentralización de los poderes, que nunca llegó a aplicarse a pesar de lo acordado, tendría que instaurarse mediante una reforma constitucional.

Rusia temía que aquel segundo protocolo corriera la misma suerte que el primero —o sea, que Kiev no lo aplicara. Eso fue lo que explicó después Vladislav Surkov, quien estaba a cargo de aquel asunto en el Kremlin —aunque el diario francés Le Figaro interpretó al revés las palabras de Surkov y afirmó lo contrario, que Rusia no quería que los acuerdos de Minsk se aplicaran[6]. Esa interpretación es falsa, lo cual queda demostrado por el hecho que no fueron Alemania ni Francia quienes presentaron aquel protocolo al Consejo de Seguridad de la ONU. Quien sometió el segundo protocolo de los acuerdos de Minsk a ese órgano de las Naciones Unidas para su aprobación fue la Federación Rusa[7].

Viatcheslav Volodin, presidente de la Duma Estatal rusa

HACIA UN NUEVO PROCESO DE NUREMBERG
Luego de las declaraciones de la ex canciller alemana Angela Merkel y del presidente francés Francois Hollande, Viacheslav Volodin, el presidente de la Duma Estatal —la cámara baja de la Federación Rusa—, intervino inmediatamente para expresar su indignación ante aquellas confesiones. Posteriormente, después de las fiestas de navidad, Volodin publicó sus comentarios en su cuenta de Telegram[8].

Los comentarios indignados de Volodin dieron lugar a dos despachos, uno de la agencia TASS[9] y otro de Ria-Novosti[10], despachos que mis colegas también han preferido ignorar.

Como presidente de la Duma Estatal, Viacheslav Volodin cita primeramente al presidente ruso Vladimir Putin: «Si la pelea es inevitable, debes golpear primero». Y luego resalta: «Las confesiones de un representante del régimen de Kiev y de exdirigentes de Alemania y de Francia deberían ser utilizadas como pruebas ante un tribunal militar internacional. Esos dirigentes conspiraban para desatar una guerra mundial de consecuencias imprevisibles. Merecerían ser castigados por sus crímenes».

Al calificar las declaraciones de Angela Merkel, de Francois Hollande y de Oleksiy Danilov como pruebas de «crímenes», Viacheslav Volodin se refería a los «crímenes contra la paz» enunciados por el Tribunal militar internacional de Nuremberg, luego de la 2GM. Según ese Tribunal, cuya autoridad es reconocida por todos los Estados miembros de la ONU, los «crímenes contra la paz» son los más graves, mucho más graves incluso que los «crímenes contra la Humanidad». Y, de la misma manera, son crímenes que no prescriben.

Sin embargo, nadie ha emitido órdenes de arresto contra Angela Merkel, Francois Hollande ni Oleksiy Danilov. Tampoco existe, al menos por ahora, una jurisdicción capaz de juzgar los crímenes de esos personajes. Es por eso que Viacheslav Volodin hablaba de un «tribunal militar internacional» —equivalente al célebre tribunal de Nuremberg—, que podría constituirse cuando termine la guerra en Ucrania.

Y no hay dudas de que llegado ese momento —el fin de la guerra en Ucrania—, Angela Merkel, Francois Hollande y Oleksiy Danilov tendrían que responder por «crímenes contra la paz». Claro, en los casos de Merkel y de Hollande eso dependería de la aprobación de Alemania y de Francia.

Sólo me queda entonces deplorar que los colegas que me contradicen no hayan encontrado los documentos que acabo de citar aquí. Por supuesto, es normal que no los encuentren si leen únicamente los despachos de las agencias de prensa anglosajonas y europeas, que simplemente se niegan a tomar en consideración el punto de vista ruso. Esos colegas se limitan a repetir la narrativa oficial y no hacen su trabajo de verificación.

¿POR QUÉ NUNCA LLEGARON A APLICARSE LOS ACUERDOS DE MINSK?
El 17 de febrero de 2015, como ya señalé antes, Rusia presentó el segundo protocolo de los acuerdos de Minsk al Consejo de Seguridad de la ONU y ese documento fue objeto de la resolución 2202 de ese órgano de las Naciones Unidas. Como anexo, Moscú obtuvo la adopción del texto del protocolo y de la declaración emitida por los cuatro jefes de Estado y de gobierno implicados: el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin; el presidente de Ucrania, Petro Poroshenko; el presidente de Francia, Francois Hollande; y la canciller de Alemania, Angela Merkel. Durante los debates en el Consejo de Seguridad, el representante permanente de Ucrania incluso expresó su satisfacción ante el apoyo decidido de las Naciones Unidas.

Dicho sea de paso, es interesante observar que, ya en aquel momento, el representante permanente de China expresaba la posición que el gigante asiático sigue manteniendo hoy en día: la paz sólo puede ser duradera si responde a las preocupaciones de todas las partes.

El 31 de agosto de 2015, los nacionalistas integristas de Svoboda matan policías durante la votación en el parlamento ucraniano. La reforma constitucional prevista en los acuerdos de Minsk nunca será adoptada.

Pero el segundo acuerdo de Minsk, aprobado en el Consejo de Seguridad de la ONU, nunca será aplicado. En Dombás seguían los enfrentamientos esporádicos y cada una de las partes atribuía la responsabilidad a la otra. Kiev quería que la amnistía prevista se proclamara sólo después de las elecciones, mientras que los dirigentes de Dombás exigían que se proclamara antes, para poder participar en las elecciones, que seguramente habrían ganado.

El 31 de agosto de 2015, las enmiendas constitucionales fueron presentadas al parlamento ucraniano… en presencia de la enviada especial de Estados Unidos, Victoria Nuland, quien había organizado el golpe de Estado que derrocó al presidente constitucionalmente electo de Ucrania en 2014, el llamado «EuroMaidan» o «revolución de la dignidad». Los diputados del partido nacionalista integrista Svoboda tratan entonces de impedir la votación e invaden la tribuna gritando «¡Vergüenza!» y «¡Traición!»[11]. Simultáneamente, fuera de la sede del parlamento, estallan enfrentamientos entre la policía y elementos paramilitares de los nacionalistas integristas, con saldo de 4 muertos y 122 heridos. En el hemiciclo no se alcanza la mayoría calificada. La reforma constitucional no será adoptada.

Los motines del 31 de agosto de 2015 fueron los más importantes desde el derrocamiento del presidente electo, Viktor Yanukovich, por los nacionalistas integristas de Sbovodarespaldados por la subsecretaria de Estado estadounidense Victoria Nuland. El entonces presidente Petro Porochenko condenó aquellos motines… pero captó el mensaje: si trataba nuevamente de aplicar los acuerdos de Minsk, él también sería derrocado.

Así que el presidente Poroshenko denunció súbitamente el segundo protocolo de Minsk. Afirmó que la firma que el expresidente Leonid Kuchma había estampado en nombre de Ucrania al pie de aquel documento carecía de valor legal porque Kuchma no había sido acreditado por el parlamento. Eso es cierto… pero el propio Poroshenko había estado presente en las negociaciones, en su calidad de presidente en ejercicio, y no había puesto reparos en el momento de la firma, ni tampoco cuando los acuerdos fueron ratificados por el Consejo de Seguridad de la ONU, el propio Poroshenko incluso había firmado una declaración común comprometiéndose a aplicar los acuerdos de Minsk. ¿Qué conclusión se desprende de su actitud? Que Poroshenko actuaba con la misma mala fe que el presidente francés Francois Hollande y que la canciller alemana Angela Merkel.

Inmediatamente después de haber denunciado los acuerdos de Minsk, el presidente ucraniano Poroshenko encargó a los paramilitares de Svoboda la misión de «hacer presión» sobre las poblaciones de Dombás. Esa fue la tarea de la siniestra División Azov de Andriy Biletsky, quien se hace llamar el «Führer Blanco». Durante 7 años, 80.000 combatientes lucharán entre sí. Los nacionalistas integristas de Kiev matan en Dombás entre 17.000 y 21.000 compatriotas rusoparlantes. Poroshenko instaura un apartheid, una ciudadanía desigual en la que las poblaciones rusoparlantes del Dombás ya no tienen derecho a ningún servicio social, no tienen derecho a la jubilación ni a tener escuelas donde sus hijos aprendan la lengua de sus padres: el idioma ruso.

El Consejo de Seguridad de la ONU no interviene. Cuando más se limita, el 6 de junio de 2018, a emitir una declaración de su presidente[12]. Cuando logra llegar al poder, el hoy presidente Volodimir Zelenski trata de «atar cabos» convocando una reunión del formato Normandía, sin obtener resultados.

LA RESPONSABILIDAD DE PROTEGER A LA POBLACIÓN DE DOMBÁS
El 2 de noviembre de 2021, el presidente Volodimir Zelenski nombra a Dimitro Yarosh, principal figura de los nacionalistas integristas y desde hace mucho tiempo agente de la CIA[13], como consejero del jefe de las fuerzas armadas ucranianas, el general Valeri Zaluzhni. Yarosh elabora rápidamente un plan de ataque contra las poblaciones de Dombás[14], plan que debía ponerse en aplicación el 9 de marzo de 2022.

Pero, el 21 de febrero, en una ceremonia improvisada en el Kremlin, la Federación Rusa reconoce sorpresivamente como Estados independientes las Repúblicas Populares proclamadas en Donestk y Lugansk. Al día siguiente, Rusia inicia una «operación militar especial» en Ucrania. Desde Rusia y Bielorrusia, fuerzas rusas cruzan simultáneamente la frontera ucraniana para evitar que las tropas de Kiev se concentren en el Dombás. El ejército ruso destruye el aeropuerto militar de Kiev pero sin tratar de tomar la capital ucraniana. En pocas semanas, Rusia libera la mayor parte de Dombás.

Moscú evita durante meses pronunciar la palabra «guerra». El gobierno ruso explica que interviene en Ucrania únicamente para poner fin a los sanguinarios ataques de Kiev contra los civiles de Dombás.

Occidente acusa a Rusia de haber «invadido» Ucrania en plan de conquista. Pero Rusia no ha hecho otra cosa que aplicar la resolución 2202 del Consejo de Seguridad de la ONU y la declaración de los jefes de Estado que habían negociado los acuerdos de Minsk. Fue precisamente para reservarse la posibilidad de emprender esa acción que Rusia había tenido la precaución de incluirla como anexo en la resolución del Consejo de Seguridad. Afirmar que Rusia invade Ucrania equivaldría a decir que Francia invadió Ruanda cuando intervino para poner fin al genocidio contra la etnia tutsi, en 1994… cosa que nadie dice.

Inicialmente Rusia no recurre al argumento de la «responsabilidad de proteger», el llamado «R2P» que las potencias occidentales tanto han utilizado en otras latitudes, pero al que Rusia se opone desde que comenzó a mencionarse en la ONU, sólo en 2005. No será hasta febrero de 2024 que Moscú utilizará ese concepto en una reunión del Consejo de Seguridad. En esa reunión, convocada por su misión en la ONU, Rusia expondrá nuevamente la posición que ha defendido desde el principio, pero no usará el mismo lenguaje diplomático que sus interlocutores.

LA PROPAGANDA DE GUERRA
Vuelvo ahora a mencionar los escritos de mis colegas. Según ellos, yo he «inventado» la responsabilidad de Francois Hollande y de Angela Merkel en el actual conflicto y si sostengo que Rusia no ha «invadido» Ucrania es porque repito la famosa «desinformación rusa». Es probable que esos colegas hayan redactado sus artículos con la intención de vulnerar mi credibilidad. Quizás no son capaces de ver que cuando escriben esas idioteces en los grandes medios, lo que hacen es sobre todo orientar la opinión pública erróneamente y, en definitiva, hacerse eco de la propaganda de los partidarios de la guerra.


LOS TRES GRANDES POLOS DEL MUNDO MULTIPOLAR

 

Además del Occidente colectivo, tres civilizaciones se han agrupado en lo que ya se puede llamar una Civilización de Estado. Se trata de Rusia, China y la India. Éstos son polos ya hechos de un mundo multipolar. Hoy ha surgido un triángulo estratégico fundamentalmente significativo entre Moscú, Beijing y Delhi.

Debemos rendir homenaje a Evgeny Primakov: habló de esto en los años 90, cuando esto estaba lejos de ser obvio. Ahora la tarea es dar una descripción «densa» de estas tres civilizaciones-Estado, que ya se han declarado polos, pero que solo se encuentran en la primera etapa de una comprensión plena de lo que son y de lo que se deriva de ello.

La civilizaciones-Estado no son sinónimo de los Estados-nación. Esta es la Gran Rusia; Rusia-Eurasia. Esta es China como Tianxia. Esto es Akhand Bharat, la Gran India. Rusia-Eurasia no es la Federación Rusa. Tianxia no es China. Akhand Bharat no es la «mayor democracia del mundo».

Putin y Xi Jinping son mucho más que presidentes, y Modi es mucho más que un primer ministro. Son gobernantes sagrados, Chakravartins, portadores del Mandato Celestial; los tres Emperadores de la tierra. Sus civilizaciones-Estado están todavía en su etapa embrionaria, pero ya existen en principio.

Solo después de una descripción teórica correcta y profunda quedará claro el contenido de sus relaciones, incluidas las diferencias y contradicciones. El formato RIC (Rusia, India, China) precedió a BRICS+, pero se ha conservado. Quizás valga la pena renovarlo.

Por supuesto, también hay contornos de otros polos: el islámico, el africano y el latinoamericano. Y allí hay centros de soberanía civilizatoria, pero el nivel de integración aún no es suficiente para hablar de un polo. BRICS+ une a las seis civilizaciones no occidentales, pero entre ellas, los RIC han avanzado más que otras.

La presidencia rusa de BRICS+ este año demuestra que es poco probable que sea posible avanzar más en este proyecto. Hay muchas razones para esto, incluido el bajo grado de comprensión de la filosofía de la multipolaridad entre los funcionarios encargados de BRICS+. Solo los primeros se dan cuenta de la escala. A partir del segundo y del tercero, esta visión se disuelve y se disipa. Pero el formato BRICS+ en sí, aunque ciertamente maravilloso, está demasiado por delante del nivel de conciencia y nos distrae con detalles. Ahora es el momento de prestar atención al RIC. En primer lugar, esto ya es más específico, en segundo lugar, estamos hablando de tres Estados-Civilizaciones ya formados, en tercer lugar, aquí hay suficientes problemas y, para seguir adelante, es necesario resolver los coágulos de contradicciones acumulados.

En principio, hay que desatar el nudo de los problemas geopolíticos fronterizos entre China e India, cuya presencia está empujando a Nueva Delhi hacia Occidente, y esto socava objetivamente la multipolaridad.

Fondos canalizados por la empresa ucraniana Burisma (la de las corruptelas de Hunter Biden) se usaron para los atentados en Rusia.

 

Como resultado de una investigación previa, se abrió una causa penal por financiación del terrorismo.

Los fondos canalizados a través de Burisma Holdings, una empresa de petróleo y gas que opera en Ucrania, se utilizaron para atentados terroristas en Rusia, informó el martes el Comité de Investigación del país euroasiático.

«Se ha establecido que los fondos monetarios recibidos a través de organizaciones comerciales, en particular la empresa de petróleo y gas Burisma Holdings que opera en Ucrania, se han utilizado en los últimos años para llevar a cabo actos terroristas en la Federación Rusa, además de en el extranjero, con el fin de eliminar a destacadas figuras políticas y públicas y causar daños económicos», reza el comunicado del organismo.

La parte rusa llevó a cabo una indagación a raíz del llamamiento de un grupo de diputados sobre la financiación de actividades terroristas por parte de altos funcionarios de EE.UU. y de países de la OTAN. Como resultado, se abrió una causa penal por un delito tipificado en la parte 4 del artículo 205.1 del Código Penal de Rusia (financiación del terrorismo).

La investigación actualmente se centra en las fuentes y los movimientos posteriores de fondos por valor de varios millones de dólares, así como la implicación de personas concretas de países occidentales. Además, se están investigando los vínculos entre los autores directos de actos terroristas y los «promotores, organizadores y patrocinadores extranjeros».

Anteriormente, Hunter Biden, hijo del presidente de EE.UU., se vio implicado en un escándalo debido a una investigación que indicaba que había recibido pagos millonarios de Burisma Holdings, compañía en la que formó parte de su junta directiva.

¿EXISTE UN VÍNCULO DE LA CIA CON EL ATAQUE TERRORISTA EN EL CENTRO DE CROCUS CITY?
Larry Johnson

La vida real es mejor que las películas. No hay duda. La sorpresa de hoy llega desde Moscú, con el anuncio de la organización estatal encargada de investigar los crímenes más graves, según la cual la empresa ucraniana Burisma estaba implicada en la financiación de terroristas:
El máximo organismo de investigación de Rusia anunció el martes que ha iniciado una investigación criminal contra altos funcionarios de los Estados Unidos y países miembros de la OTAN sospechosos de «financiar el terrorismo».

El Comité de Investigación de Rusia, que investiga delitos graves, dijo que ha «establecido» que dinero de organizaciones comerciales se había utilizado para «eliminar figuras políticas y públicas prominentes» dentro y fuera de Rusia en los últimos años, así como para «infligir daños económicos» a el país…

El máximo organismo encargado de hacer cumplir la Ley nombró a la empresa energética ucraniana Burisma Holdings como una de las organizaciones implicadas. El hijo del presidente estadounidense Joe Biden, Hunter Biden, fue miembro de la junta directiva de Burisma entre 2014 y 2019.

Así que cuál es el problema. Ya sabíamos sobre Hunter. ¿Qué tiene eso que ver con la CIA? ¿Te suena el nombre Cofer Black?

International Energy Group Burisma ha ampliado su junta directiva para incluir un experto en el campo de la seguridad y el desarrollo estratégico. Joseph Cofer Black, ex director del Centro Antiterrorista de la CIA y embajador general para la lucha contra el terrorismo, se unió recientemente a la Junta como director independiente del Grupo Burisma. El embajador Black renunció al servicio público en 2005 después de una carrera de 30 años y es considerado un destacado experto y una figura importante en cuestiones de seguridad internacional y estadounidense.

Qué hay sobre eso. Un oficial de carrera de la CIA, sin experiencia en la industria del petróleo y el gas más allá de bombear gasolina para sus propios vehículos, obtiene un lugar ideal en una junta junto a Hunter Biden. Antes de incorporarse al consejo de administración de Burisma, el Sr. Black consiguió un puesto en el consejo de administración de un banco letón:

El 11 de octubre de 2016 se celebró la reunión extraordinaria de accionistas de la sociedad anónima Baltic International Bank (en lo sucesivo, «el Banco») en la que se adoptaron decisiones sobre cambios en la composición del Consejo de Supervisión del Banco.

Joseph Cofer Black ha sido invitado a unirse a los miembros actuales del Consejo de Supervisión del Banco: Valērijs Belokoņs, Vlada Belokoņa, Andris Ozoliņš, y Dr. Hans —Friedrich Von Ploetz— a partir del 1 de noviembre de 2016.

La calificación aparente de Cofer Black para formar parte de la junta directiva del Banco era su experiencia en la lucha contra el terrorismo. En una entrevista concedida a DELFI, una revista de negocios, Cofer afirmó tener experiencia en la financiación del terrorismo:

¿Qué tiene en común el contraterrorismo con la banca? ¿Cuánto tiempo tienes? En realidad [son] sorprendentemente similares. Pasé los últimos 12 años de mi tiempo [en la CIA] en contraterrorismo, pero antes trabajé en otros campos [de inteligencia]. Una cosa importante en el contraterrorismo es lo que ahora llamamos contraterrorismo financiero. Al comienzo de mi carrera, había poca o ninguna lucha contra el terrorismo en el ámbito financiero. Era mi responsabilidad, pero no tenía muchas ganas de hacerlo, porque requiere mucho tiempo, trabajo y dinero. En ese momento, intentas ser más astuto y detener a los terroristas antes de que maten gente.

Resulta que Cofer no ayudó al banco letón en este asunto. En 2018 el banco fue multado:

El regulador financiero de Letonia, la Comisión de Mercado Financiero y de Capitales (FKTK), dijo el 6 de diciembre que impondría una multa de 1,5 millones de euros al Baltic International Bank (BIB) «por deficiencias en el sistema de control interno del banco».

«En 2018, la FKTK llevó a cabo una inspección in situ del Banco, así como una inspección específica, durante la cual la FCMC identificó que el sistema de control interno del Banco no cumplía plenamente con los requisitos reglamentarios que rigen la prevención del lavado de dinero y el terrorismo. y financiación de la proliferación (en adelante, AML/CTPF)», dijo la FKTK.

«El Banco no había establecido un sistema de control interno adecuado para hacer frente a sus riesgos en el ámbito de la prevención del blanqueo de capitales y de la financiación del terrorismo y la proliferación, que garantizara el cumplimiento efectivo de los requisitos reglamentarios», añadió, explicando que «en varios casos» el banco no había tomado medidas suficientes para asegurarse de que el beneficiario efectivo indicado fuera el beneficiario efectivo; no había obtenido la documentación y no había tomado las medidas necesarias para asegurarse del origen de los medios financieros en las cuentas de sus clientes y no había documentado conclusiones; no había garantizado una debida diligencia mejorada con el cliente adecuada y de alta calidad; no había decidido debidamente la terminación de las relaciones comerciales con los clientes y, en un comentario particularmente condenatorio, «no había prestado suficiente y especial atención a transacciones atípicas grandes, complejas e interrelacionadas sin ningún propósito económico aparente o propósito legal claro».

Volviendo a las acusaciones formuladas por el Comité de Investigación de Rusia, si Cofer Black estaba en la Junta de Burisma durante el tiempo en que los fondos de Burisma se transfirieron a grupos con vínculos con terroristas, entonces es bastante comprensible que Rusia se incline a creer que la CIA está implicado, al menos indirectamente, en ataques terroristas en Rusia. Lástima que el banco letón no nos haya contratado a mí y a mi socio en lugar de Cofer. De hecho, escribimos e implementamos programas de cumplimiento para bancos y empresas de inversión que los mantuvieron fuera de este tipo de problemas. No es necesario esperar a ver la evidencia.


El síndrome de Masada, Netanyahu y el informe de la relatora de la ONU Francesca Albanese.

La matanza de 33.000 civiles palestinos perpetrada por el «gabinete de guerra» de Benyamin Netanyahu, su negativa en cuanto a aplicar las disposiciones que la Corte Internacional de Justicia ha ordenado a Israel y, finalmente, su rechazo de las exigencias estipuladas en la resolución 2728 del Consejo de Seguridad de la ONU, recuerdan el síndrome de Masada. Ese extremismo fanático está más relacionado con la psiquiatría que con la política.

Situada en la cumbre de una escarpada formación rocosa que domina el Mar Muerto, la fortaleza romana de Masada fue ocupada por la secta judía de los sicarii. Las legiones romanas la pusieron bajo asedio en el año 73 después de Cristo y construyeron una enorme rampa para llegar hasta ella. Cuando penetraron en la fortaleza sitiada, los legionarios romanos descubrieron que los sicarii habían cometido un suicidio colectivo, que puso fin a la guerra judeo-romana. Hoy en día, Masada es el lugar donde los oficiales de las fuerzas blindadas israelíes, de los paracaidistas y de la fuerza aérea de Israel hacen su juramento: «No, la cadena no se ha roto en la cumbre inspirada. ¡Nunca más caerá Masada!»

Es muy improbable que el acorralado. —por lo que queda todavía de conciencia universal humanista— primer ministro jázaro (https://bit.ly/4bQeMT7) Netanyahu acate la resolución del alto al fuego inmediato en Gaza (https://bit.ly/3xhTP3P).

Netanyahu se parapeta en el síndrome de Masada y usa el clamor del 90% de la población israelí que exige la erradicación de Hamas, sin importar el «daño colateral» (sic) que está resultando en un apocalipsis palestino, lo cual colisiona con los tres principios del Derecho Internacional Humanitario: distinción, proporcionalidad y precaución.

Tres años después de la caída de Jerusalén, en el año 70 después de Cristo, ante las huestes del emperador Tito, Masada fue el último reducto (https://bit.ly/4cwuKCh) donde sucumbió la secta extremista Sicarii (de cuyo nombre proviene el término «sicario») de los zelotes en Judea.

Netanyahu, primer ministro jázaro de origen polaco, que no tiene nada que ver con los auténticos judíos semitas, practica el síndrome de Masada 1951 años después, ante el aplastante clamor de la conciencia universal humanista de pueblos y países.

¡Que parecido existe entre los zelotes del año 73 después de Cristo y sus émulos neocolonialistas expoliadores: Ben-Gvir, ministro israelí de «Seguridad» (sic), y Smotrich, ministro de Finanzas!

El síndrome de Masada se apoderó del gabinete de Netanyahu cuando su ministro de Exteriores, Israel Katz, en desacato a la resolución 2728 del Consejo de Seguridad de la ONU, proclamó que «el Estado de Israel no cesará el fuego». «Destruiremos a Hamas y continuaremos luchando hasta el regreso a su hogar de todos los rehenes», concluyó el ministro israelí (https://bit.ly/3xbt0Ox).

La hasta ahora inoperante Corte Internacional de Justicia (CIJ), después de casi 6 meses de genocidio dantesco, conminó Israel a facilitar con carácter «urgente» (sic) la entrada de la ayuda humanitaria a la franja de Gaza (https://bbc.in/3PDwakD), territorio palestino bloqueado por cielo, mar y tierra, donde cunde la guerra alimentaria con las subsecuentes: hambruna, sed y enfermedades.

Según The Times, cercano a la monarquía globalista británica y a Israel, el bloqueo de la ayuda humanitaria a Gaza es un grave error estratégico de Israel, lo que ya es visto por la opinión mundial como una impuesta hambruna a los sitiados palestinos (https://bit.ly/3VGswds).

La relatora especial de la ONU Francesca Albanese abrió una polémica con el presidente francés Emmanuel Macron, quien presentó a los israelíes muertos el 7 de octubre de 2023 como víctimas de «la mayor masacre antisemita de nuestro siglo». Francesca Albanese observó entonces que los israelíes muertos el 7 de octubre no murieron por ser judíos sino como resultado de «una reacción ante la opresión de Israel». Cuando el ministerio de Exteriores de Francia condenó la observación de la relatora especial, esta última resaltó que afirmar que las muertes de aquellas personas fueron causadas por el antisemitismo «oscurece la verdadera causa» de esas muertes.

Al unísono, la relatora especial de la ONU para los Derechos Humanos en los territorios palestinos ocupados, Francesca Albanese, en su informe «Anatomía de un genocidio» acusó a Israel y «pide a los Estados que cumplan sus obligaciones e impongan un embargo de armas, y sanciones a Israel. Cuando la intención genocida es tan conspicua, tan ostentosa, como lo es en Gaza, no podemos apartar la vista, debemos hacer frente al genocidio; debemos prevenirlo y debemos castigarlo», subraya en su informe la relatora especial de la ONU (https://bit.ly/3Q4WYKX)”.

Elijah J. Magnier comenta que «Israel se prepara para la reacción internacional sobre Gaza más allá del campo de batalla» (https://bit.ly/4cCC4fB) con un tsunami de demandas legales que rememora los perturbadores hallazgos de la Comisión Goldstone, también a nombre de la ONU, que investigó las atrocidades de Israel, que incluyen crímenes de guerra, en la anterior guerra contra Gaza de hace 15 años (https://bit.ly/3xcQcfw).

«Anatomía de un genocidio», el informe de la relatora de la ONU Francesca Albanese, sentencia que Israel ha cometido tres actos específicos reconocidos en la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio: 
  • Asesinar a miembros de un grupo... (pueblo palestino).
  • Causar grave daño mental y físico.
  • Y crear intencionalmente condiciones calculadas para la destrucción del grupo.
Además de la destrucción extensiva de la infraestructura de Gaza, que incluye hospitales, tierras de cultivo, y la detención y presunta tortura de miles de palestinos hombres y niños.

Francesca Albanese señala la presente situación como una escalada del proceso de asentamiento colonial de larga data de anulación (sic) que refiere a la Nakba en curso —en alusión al desalojo masivo de palestinos a raíz de la creación de Israel en 1948.

Elijah J. Magnier reporta que Israel ha rechazado categóricamente los hallazgos del demoledor informe de la relatora Albanese como una «obscena» inversión de la realidad. ¡Clásico síndrome de Masada!


NECESITAMOS UNA IMAGEN DE LA VICTORIA

 

Es necesario que tengamos una imagen de la Victoria, pues, en estos momentos, es muy difícil, incluso imposible, imaginarnos una Rusia victoriosa. Una Rusia así sería un Estado completamente diferente tanto en su forma como en su contenido. Hoy lo único que existe en nuestro país es una guerra entre diferentes imágenes del futuro. No obstante, es muy importante tener una imagen muy clara de aquello por lo que estamos luchando, pues ninguna otra realidad nos acerca a la Victoria. Konstantin Malofeev, en su libro Imperio y en otros muchos números discursos, subraya con perspicacia que tras nuestras victorias más importantes —como en 1812 y 1945— fuimos incapaces de formular una imagen soberana de rusia, es decir, nuestra idea mundial y terminamos por ser influidos por los paradigmas envenenados de Occidente. Todo ello nos condujo a grandes fracasos, revoluciones y guerras. La guerra en la cual estamos involucrados actualmente es imposible de ganar desde un punto de vista exclusivamente técnico. Necesitamos algo más y debemos recurrir a una dimensión mucho más profunda.

Para derrotar a Occidente es preciso vencerlo en primer lugar espiritualmente dentro de nosotros mismos. La idea rusa debe ser formulada lo más rápido posible, pero Rusia no puede ser concebida únicamente como la actual Federación de Rusia, sino como un nuevo Imperio o Estado-civilización. Esto implica tener una visión clara del orden mundial y entender qué esperan los demás de nosotros. Para realizar tal proyecto debemos cambiar rápidamente: los políticos actuales que les gustan los compromisos y el statu quo actual (esa gente de a pie que Lev Gumilev llamaba los «armónicos» y que existían al borde de la entropía) resultan insuficientes. La fuerza de los armónicos apenas si alcanza para mantener su propia supervivencia y, por si fuera poco, la élite rusa esta llena de subpasionarios incapaces de sobrevivir por sí mismos y que terminan absorbiendo y robando la energía de los demás (sea chupándose los presupuestos y/o el poder del gobierno). Todo lo anterior es insuficiente para alcanzar la victoria y realizar los cambios que se avecinan.

Lo que Rusia necesita hoy es de los pasionarios, esas personas intrépidas, heroicas y dotadas de una fuerza vital que vale por decenas de muchos pues son como un espíritu solar que derrama su energía en el alma de los demás, tal y como los definía Gumilev. Es precisamente esta imagen y estilo de los pasionarios el que debe dominar en la Rusia Victoriosa. La victoria comienza con la superación de uno mismo y existen personas así en todos los ámbitos y jerarquías de las instituciones oficiales, pero su aspiración por alcanzar la Victoria y cumplir la voluntad del Presidente siempre se ve bloqueada por subpasionarios y armónicos depredadores y truhanes que siempre retrasan tales intentos. Vale la pena insistir una y otra vez en el principio de que el aumento del conocimiento siempre se da por sustracción de conceptos erróneos: el éxito de toda gran empresa va relacionado a la eliminación de los elementos sobrantes. En nuestra sociedad, y especialmente en nuestra clase dirigente, se han acumulado a lo largo de muchas décadas toda clase de elementos nefastos y desintegradores que han alcanzado una masa crítica de personas y tipos malsanos incapaces de cualquier movilización o ruptura histórica. Es muy fácil darse cuenta de quién es quién: un armónico es aquel que abandona su trabajo precisamente cuando la jornada laboral se acaba y, en caso de que no le paguen, se va para siempre; los subpasionarios, por su parte, se retuercen e inventan toda clase de excusas para no trabajar y apropiarse de los logros de los demás. En cambio, un pasionario no sabe lo que es una jornada laboral o el descanso, siempre esta organizando y produciendo algo sin importarle que le paguen o no. La luz de su oficina esta encendida incluso por la noche tal y como sucedía con Estalin. La Rusia victoriosa debe convertirse en un país organizado correctamente: en lo más alto deben gobernar los héroes y los pasionarios, mientras que los armónicos deben existir en los puestos más tranquilos y maleables. Los subpasionarios con simplemente nocivos, inútiles y socialmente peligrosos. Es indispensable imponer la imagen pasionaria de Rusia. No podemos seguir posponiéndolo, pues se nos ha acabado el tiempo histórico.

Fuente: Aleksandr Dugin

Linda Thomas-Greenfield, «Lady Veto» con las manos manchadas de sangre.

Hace 6 meses que la embajadora de Estados Unidos, Linda Thomas-Greenfield, maniobra en el Consejo de Seguridad de la ONU tratando de ganar el máximo de tiempo posible para que Israel logre una victoria en Palestina. Durante todo ese tiempo, la representante de Estados Unidos tejió una cadena de vetos, con la esperanza de evitar que Occidente sufra en Gaza una nueva derrota militar, la tercera, después de las que ya ha sufrido en Siria y en Ucrania. Sin embargo, desde el 22 de diciembre, ya había tenido que reconocer que era necesario aportar ayuda humanitaria a los civiles palestinos abandonados a su suerte en el enclave bloqueado. El 25 de marzo por fin tuvo que admitir la necesidad de un alto al fuego inmediato… pero ahora afirma que las decisiones del Consejo de Seguridad no son de obligatorio cumplimiento.

La representante permanente de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU, Linda Thomas-Greenfield

Hace seis meses que el Consejo de Seguridad de la ONU es terreno de enfrentamiento entre los partidarios de la hegemonía estadounidense y quienes quieren un mundo más justo. El asesinato de 779 israelíes, el secuestro de unos 200 más y las heridas que sufrieron más de 2.000 durante el ataque del 7 de octubre y la detención administrativa (equivalente a un secuestro o una toma de rehenes) de 2.870 palestinos, la matanza de al menos 30.000 en la franja de Gaza y las heridas infligidas al menos a otros 70.000 palestinos son el terrible telón de fondo de ese enfrentamiento en el Consejo de Seguridad.

La primera reacción del «Imperio estadounidense» ante la operación de la resistencia palestina en Israel fue de respaldo total, y enteramente ciego, a la operación israelí «Espada de Hierro» contra la franja de Gaza. Visto desde Washington, ese respaldo era indispensable para evitar una nueva derrota, tras las ya sufridas en Siria y en Ucrania.

Con ese objetivo, la representante permanente de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU, Linda Thomas-Greenfield, votó sistemáticamente contra toda demanda de alto al fuego en Gaza. La embajadora estadounidense tenía instrucciones de ganar tiempo para garantizar una victoria de Israel.

El 16 de octubre de 2023, al oponer el veto de Estados Unidos al proyecto de resolución S/2023/772, la señora Linda Thomas-Greenfield declaraba: «Hamas debe ser considerado responsable por sus actos. No representa al pueblo palestino y no ha hecho nada por promover la paz y la estabilidad, prefiriendo el caos».

Era esa la primera mentira de la representante de Estados Unidos. Nos guste o no, los palestinos de Gaza eligieron a Hamas con todas las de la ley en 2006. En aquel momento, Hamas obtuvo una mayoría relativa en las elecciones —con el 44,45% de los votos válidos.

El 18 de octubre, Estados Unidos rechazó el proyecto de resolución S/2023/773 presentado por Brasil. La señora Thomas-Greenfield declaró entonces que «ese proyecto no mencionaba el derecho de Israel a la legítima defensa».

Segunda mentira de Linda Thomas-Greenfield, para acompañar su segundo veto. Una segunda mentira que todavía tendríamos que escuchar muchas veces más en boca de la embajadora de Estados Unidos. La realidad es que, desde 2004, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) confirmó en su opinión consultiva que el derecho a la legítima defensa «no se aplica en el caso de una potencia ocupante».

El 25 de octubre la embajadora Linda Thomas-Greenfield (léase Estados Unidos) presentaba su propio proyecto de resolución, que, como resumió al explicar su veto el representante permanente de Rusia, Vasili Nebenzia, «sigue sin contener un llamado de alto al fuego; no condena los ataques ciegos contra los civiles y contra los bienes civiles en Gaza; no denuncia los actos tendentes a reinstalar civiles mediante el uso de la fuerza».
El representante permanente de China, Zhang Jun, fue mucho más explícito al argumentar el veto de su país al proyecto estadounidense y denunció un texto «desequilibrado» y «ambiguo», plagado de modificaciones «cosméticas», texto que «mezcla todo» y cuya adopción habría dado «luz verde» a una acción militar de envergadura todavía mayor de parte de Israel y a la escalada del conflicto. Peor aún, resaltaba el diplomático chino, el proyecto de resolución estadounidense no exhortaba Israel a levantar su bloqueo de la franja de Gaza ni a renunciar a la orden de evacuación ya impartida por las autoridades israelíes, lo cual sólo podía precipitar el «descenso al infierno» en ese territorio. El representante chino destacó también que el proyecto de Estados Unidos pasaba por alto deliberadamente la cuestión de la ocupación israelí y la creación de un Estado palestino.
En respuesta, la embajadora estadounidense Linda Thomas-Greenfield recurrió al veto contra el proyecto de resolución de la Federación Rusa (S/2023/795), alegando sólo que la misión rusa lo había redactado sin proceder a consultas.

El 26 de octubre, en una muestra de exasperación ante los tres vetos estadounidenses, la Asamblea General de la ONU adoptó (121 votos a favor, 14 en contra y 44 abstenciones) un texto presentado por Jordania bajo el título «Protección de los Civiles y Respeto de las Obligaciones Jurídicas y Humanitarias» (ES-10/21 [1].

La Asamblea General no puede «exigir», sólo puede «pedir». Sólo por esa razón, la resolución de la Asamblea General se limita a «pedir una tregua humanitaria inmediata, duradera y sostenida, que conduzca al cese de las hostilidades». También recomienda que todas las partes cumplan inmediatamente y plenamente sus obligaciones en el marco del derecho internacional, incluyendo el derecho internacional humanitario.

La embajadora estadounidense Linda Thomas-Greenfield sigue entonces persiguiendo su objetivo de evitar que Israel sea derrotado… sin importar el costo de una victoria. Sigue rechazando todo intento de imponer un cese de las hostilidades pero comienza a decir que no es posible dejar morir 2,2 millones de palestinos a la vista de las cámaras de televisión y de las pantallas de los teléfonos móviles de los pobladores de los 121 Estados que votaron en la Asamblea General por el cese de la matanza.

De todas maneras, habrá que esperar todavía hasta el 15 de noviembre para que la embajadora estadounidense deje pasar un proyecto maltés que se convierte en la resolución 2712 del Consejo de Seguridad [2]. Aun así, la representante de Estados Unidos se opone a que se cite en esa resolución la parte de la resolución de la Asamblea General donde se pide «una tregua humanitaria inmediata, duradera y sostenida, que conduzca al cese de las hostilidades». Debido a esa intervención de la embajadora estadounidense Linda Thomas-Greenfield, el Consejo de Seguridad sólo «pide pausas humanitarias urgentes y prolongadas y corredores en el conjunto de la franja de Gaza durante un número suficiente de días». En otras palabras, Israel puede continuar su guerra hasta la victoria… aunque ese triunfo sea al precio de decenas de miles de muertos civiles.

En Israel, partidarios de la paz revelan el contenido de una nota de la ministro de Inteligencia, Gila Gamliel, intitulada Alternativas a una directiva política para la población de Gaza[3]. En esa nota, la ministra israelí aconseja expulsar a los 2,2 millones de habitantes de la franja de Gaza hacia el Sinaí egipcio. Visiblemente incómodos, miembros de la oficina del primer ministro, Benyamin Netanyahu, aseguran a los periodistas que la joven ministro Gila Gamliel, ocupa un cargo sin importancia y que solo busca titulares en la prensa… pero la nota no estaba destinada a la difusión pública.

Por su parte, el ministro israelí del Patrimonio, Amichai Eliyahu, declara a la radio Kol Barama que Israel se plantea usar la bomba atómica en Gaza. «Es una solución… es una opción», afirma y compara a la población de la franja de Gaza con «los nazis», asegurando que «no hay no combatientes en Gaza» y que «no hay gente no implicada en Gaza».

El 8 de diciembre, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, interfiere en la estrategia de Estados Unidos. Invocando el Artículo 99 de la Carta de las Naciones Unidas, Guterres convoca el Consejo de Seguridad y advierte que existe un alto peligro de «derrumbe total» del sistema de apoyo humanitario a la población de Gaza, con consecuencias «catastróficas» para el orden público y para la seguridad regional, además de la presión que podría obligar los civiles de la franja a desplazarse en masa hacia Egipto —una alusión a la nota de Gila Gamliel.

Pero la embajadora estadounidense Linda Thomas-Greenfield se mantiene en sus trece y Estados Unidos recurre al veto, por cuarta vez, contra el proyecto de resolución S/2023/970, presentado por numerosos Estados, que exige «un alto al fuego humanitario inmediato». Esta vez la representante permanente de Estados Unidos justifica el veto tildando el texto de «desequilibrado y desconectado de la realidad» y criticando el rechazo de los coautores a insertar una fórmula de condena contra los actos cometidos por Hamas durante el ataque del 7 de octubre. La embajadora estadounidense también afirma que el texto propuesto no reconoce el derecho de Israel a defenderse contra el terrorismo. Ella argumenta también que un alto al fuego «incondicional» sería irrealista y hasta peligroso.

El 22 de diciembre, la embajadora Linda Thomas-Greenfield hace una concesión mínima y Estados Unidos se abstiene durante el voto de la resolución 2720[4], cuyo texto no menciona la cuestión de los combates y se refiere únicamente a la ayuda humanitaria, llamando a incrementar esa ayuda, incluyendo los envíos de combustible, alimentos y suministros médicos. Ese texto exige también la apertura de todos los puntos de paso de la frontera, incluyendo el de Kerem Shalom, y propone la designación de un coordinador principal que se encargaría de la ayuda humanitaria y de la reconstrucción de Gaza.

Animados por ese respaldo, los sionistas revisionistas israelíes muestran su voluntad de acabar con la población de Gaza. El ministro israelí de Finanzas, Bezalel Smotrich; el ex embajador de Israel en la ONU, Danny Danon; y hasta el primer ministro Benyamin Netanyahu multiplican las declaraciones en ese sentido. Israel inicia contactos en el exterior en busca de países dispuestos a acoger la población palestina. La presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, declara en El Cairo que la Unión Europea podría recibir un millón de palestinos, mientras que 3 países africanos —Ruanda, la República Democrática del Congo y Chad— desmienten haber llegado a acuerdos en ese sentido.

El 12 de enero, Argelia solicita al Consejo de Seguridad que se oponga al «traslado» de la población de Gaza. Esta vez, la embajadora estadounidense Linda Thomas-Greenfield se une al consenso. Estados Unidos defiende desde hace 30 años la «solución de los dos Estados», concebida por los británicos. Esa «solución» propone la creación de un Estado palestino, separado del Estado judío, sobre todo para no tener que poner fin al apartheid. En cambio, la proclamación de un Estado binacional implicaría tener que proclamar la igualdad de todos sus ciudadanos, sin importar que sean judíos o árabes[5]. Pero los británicos siempre han rechazado el Estado binacional cuya creación se estipula en el plan de la ONU, adoptado en 1947. Los británicos prefieren dividir la Palestina histórica para garantizar que los judíos nunca dispongan de un Estado viable, según la fórmula de lord Herbert Samuel. Y para lograrlo pueden contar con la locura de los israelíes, pero también tienen que mantener bajo control a la facción fascista del Estado israelí —los sionistas revisionistas de Jabotinsky y Netanyahu.

El 23 de enero, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres participa en la reunión trimestral dedicada a Palestina, realizada esta vez a nivel de ministros de Exteriores. Sumándose a la estrategia de los anglosajones, Guterres declara «inaceptable» el rechazo «claro y repetido» de la solución de los dos Estados, rechazo expresado por el gobierno de Israel. Según Guterres, la solución de los dos Estados es el único medio de llegar a una paz duradera y justa. Casi toda la cincuentena de oradores que hacen uso de la palabra en la reunión se alinean tras esa posición. Entre ellos está, por supuesto, el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken.

El 26 de enero, ¡sorpresa en La Haya! La Corte Internacional de Justicia (CIJ) emite medidas cautelares sobre Gaza, a pedido de Sudáfrica[6]. Según esas disposiciones de la Corte Internacional de Justicia, que es el tribunal interno de las Naciones Unidas, Israel tiene la obligación de tomar medidas para garantizar la protección de la población de la franja de Gaza ante un «posible» genocidio

El 31 de enero, el Consejo de Seguridad se reúne para estudiar la decisión de la Corte Internacional de Justicia. Durante la reunión, la representante permanente de Sudáfrica, Mathu Theda Joyini, explica, mirando a la embajadora de Estados Unidos Linda Thomas-Greenfield, que la disposición de la CIJ significa que los países que financian y facilitan las operaciones israelíes en Gaza podrían estar violando la Convención para la Prevención y la Represión del Crimen de Genocidio. La señora Linda Thomas-Greenfield responde que la CIJ no ha exigido un alto al fuego inmediato ni observado que Israel podría estar violando la Convención contra el genocidio.
Además, como Israel había respondido a la decisión de la CIJ con el inicio de una campaña contra la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Medio (UNRWA), la embajadora Linda Thomas-Greenfield anuncia que Estados Unidos ha suspendido su financiamiento a esa agencia. Sin la UNRWA nadie podrá distribuir la ayuda humanitaria a la población de Gaza. Israel podrá decir que ha hecho lo posible por ayudar a los gazauitas pero que no había cómo hacerlo.

El 20 de febrero, la embajadora Linda Thomas-Greenfield (léase Estados Unidos) recurre por quinta vez al veto, alegando que el proyecto de resolución S/2024/173, presentado por Argelia, «obstaculiza» los «esfuerzos diplomáticos». En realidad, el proyecto de resolución de Argelia «exige un alto al fuego humanitario inmediato que debe ser respetado por todas las partes» y Washington no quiere que se interrumpa la guerra de Israel, a pesar de que los cadáveres siguen acumulándose.
El embajador chino, Zhang Jun, advierte entonces que la pasividad de Estados Unidos parece «una luz verde a la continuación de las hostilidades», que favorece el peligro de incendio regional. El diplomático chino recuerda el contenido de la carta dirigida al Consejo de Seguridad por el secretario general de la ONU, en virtud del Artículo 99 de la Carta de las Naciones Unidas, así como la orden cautelar de la Corte Internacional de Justicia y concluye que el veto estadounidense pisotea el derecho internacional.
Por su parte, el embajador de Rusia, Vasili Nebenzia denuncia un proyecto de resolución alternativo de Estados Unidos como una «protección concedida a su aliado en Medio Oriente» para darle el tiempo que necesita para expulsar la población de Gaza. «Es un intento de dejar correr el reloj en interés de Israel», precisa el diplomático ruso.

El 22 de febrero, el Consejo de Seguridad escucha el testimonio espeluznante del secretario general de Médicos Sin Fronteras (MSF).
Seguidamente, la representante permanente de Suiza, Pascale Baeriswyl, recuerda que, como potencia ocupante, Israel debe asumir las responsabilidades que le asigna el derecho internacional, o sea garantizar el aprovisionamiento de la población palestina en víveres y productos médicos, lo cual aparece además claramente estipulado en el texto emitido por la Corte Internacional de Justicia.

El 22 de marzo, la embajadora Linda Thomas-Greenfield trata de limpiar la imagen de la «diplomacia» estadounidense con la presentación de un nuevo proyecto de resolución (S/2024/239) que cree poder imponer. Pero su texto sólo «considera que es imperativo establecer un alto al fuego inmediato y duradero»… ¡sin exigir ese alto al fuego!, en el punto 19 se hace eco de las acusaciones israelíes contra la UNRWA y, en su preámbulo, afirma que «Hamas y otros grupos extremistas armados en Gaza no defienden la dignidad y la autodeterminación del pueblo palestino» y resalta que Hamas ha sido catalogado como «organización terrorista».
Resultado: Rusia y China vetan su texto. La señora Linda Thomas-Greenfield afirma que «prefirieron vernos fracasar antes que ver el Consejo tener éxito».

El 25 de marzo, la embajadora estadounidense finalmente cede. En su país ha comenzado la campaña electoral para la próxima elección presidencial. Los sondeos vaticinan la derrota del presidente Joe Biden, candidato a la reelección pero a quien una amplia mayoría de los electores demócratas no perdona la larga cadena de vetos estadounidenses que favorece la matanza de civiles palestinos en Gaza. Así que, cuando los 10 miembros no permanentes del Consejo presentan el proyecto de resolución S/RES/2728(2024)[7], la señora Linda Thomas-Greenfield cierra los ojos y no recurre al veto… pero tampoco aprueba el texto, que:
«Exige un alto al fuego humanitario inmediato durante el mes de ramadán que sea respetado por todas las partes y que lleve a un alto al fuego duradero; exige igualmente la liberación inmediata e incondicional de todos los rehenes y la garantía de un acceso humanitario para responder a las necesidades médicas y a otros necesidades humanitarias, y exige además a las partes que respeten las obligaciones que les impone el derecho internacional hacia todas las personas que detienen».
Es el décimo texto sometido a voto en el Consejo de Seguridad desde los hechos del 7 de octubre y obtiene 14 votos a favor, ninguno en contra y una sola abstención… la de Estados Unidos.

Al justificar su abstención sobre esta resolución, que ella califica de «no vinculante» (sic), la embajadora estadounidense Linda Thomas-Greenfield deplora que fuesen rechazadas ciertas enmiendas propuestas por su delegación, en particular la inclusión de una condena contra Hamas, y acusa a Rusia y a China de no querer la obtención de una paz duradera por la vía diplomática y de utilizar el tema de Gaza para dividir el Consejo de Seguridad.

No se hace esperar la respuesta del embajador chino, quien resalta las diferencias entre el proyecto estadounidense, rechazado tres días antes, y el texto de la resolución adoptada. El representante de China subraya que el texto aprobado exige claramente un alto al fuego inmediato, mientras que el anterior, «nebuloso y ambiguo», planteaba condiciones previas al alto al fuego. Además, el texto adoptado refleja la aspiración de la comunidad internacional y goza del apoyo del mundo árabe. Seguidamente, el diplomático chino observa que es hora de que Estados Unidos cese su «trabajo de obstrucción» en el Consejo de Seguridad.

El 26 de marzo, el Consejo analiza la aplicación de la resolución adoptada dos días antes. El embajador ruso, Vasili Nebenzia, aprovecha la ocasión para expresar su sorpresa ante las palabras de la embajadora Linda Greenfield-Thomas, quien había calificado la resolución adoptada de «no vinculante». «¿Significa eso que Estados Unidos se separa del Artículo 25 de la Carta, según el cual los Estados Miembros aceptan ejecutar las decisiones del Consejo de Seguridad?», interroga el diplomático ruso. El representante permanente de Argelia, Amar Bendjama, agrega que «es la cuestión misma de la existencia de este órgano lo que se estaría planteando».

La señora Linda Thomas-Greenfield estaba convencida de que la derrota de Israel provocará el fin de la hegemonía occidental. Su obstinación no hará más que demostrar que Washington está dispuesto a ignorar cualquier crimen con tal de favorecer su propio interés a corto plazo.

Pero, más importante aún, también ha demostrado que Estados Unidos desprecia el derecho internacional cuando este contradice sus políticas. Y esa es la definición misma del Estado renegado.