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«Trazabilidad de las tecnologías críticas», según ASPI: ¡China lleva ventaja en 69 de 74 rubros!

Las cifras hablan por sí solas. En pocos años China ha alcanzado la cima en 69 de las 74 tecnologías de avanzada. Estados Unidos sólo ha podido hacerlo en 5 de esas tecnologías. Occidente ya ha perdido la partida, al menos en el plano científico… pero todos sabemos que de eso dependen siempre los progresos económicos y militares.

Según el sinófobo think-tank Instituto Australiano de Política Estratégica (ASPI, por sus siglas en inglés), en su trazabilidad de tecnología crítica (critical technology tracker o CTT) correspondiente a junio de 2026, China ostenta un descomunal liderazgo en la investigación de alto impacto: en 69 de 74 rubros[1]. ¡El futuro, que ya es presente, está escrito en el muro!

Antes se manejaba que el liderazgo chino marcaba la dinámica de una tendencia azorante que hoy se ha consolidado en forma estructural en la aplastante mayoría de los campos que definirán la soberanía tecnológica, la capacidad militar y la competitividad económica.

En la actualización de este año, China ya rebasó a Estados Unidos en ingeniería genética —además de radioterapia y medicina nuclear—, así como en procesamiento de lenguaje natural. En pleno declive acelerado, con o sin Trump, Estados Unidos conserva todavía su liderazgo en sólo 5 rubros.

El ASPI toma en cuenta la presencia de un país en por lo menos 8 de 10 instituciones líderes a escala global —¡predomina la Academia China de Ciencias con 30 tecnologías!—, así como el número de publicaciones alusivas, que en el caso de Pekín marca una tendencia al monopolio en 41 tecnologías de las 69 que encabeza. En su actualización de junio de 2026, el ASPI exhibe que el liderazgo chino se consolidó en hardware, aceleradores de inteligencia artificial (IA) y en manufactura biológica.

El monopolio chino destaca en aprendizaje de máquinas (machine learning), robótica avanzada, comunicaciones de radiofrecuencia avanzadas, gemelos digitales (digital twins), semiconductores de banda ancha y ultra ancha y análisis avanzado de datos y sistemas autónomos.

China mantiene su liderazgo en interfaces cerebro-computadora, pero ya no tiende al monopolio. Por su parte, Estados Unidos se consolidó con tendencia al monopolio en neuroprótesis.

Fuera de China y Estados Unidos, la brecha se ha profundizado en forma alarmante. La India está presente en el «top 5» de 56 tecnologías específicas y, nada desdeñablemente, ocupa el segundo lugar —¡delante de Estados Unidos!— en 16 de las 69 tecnologías que encabeza China.

Alemania mantiene su liderazgo europeo y Gran Bretaña ha perdido fuerza. Vale la pena señalar que la Unión Europea, como bloque en plena delicuescencia, lidera en muy pocos rubros. Pese a las asfixiantes sanciones «occidentales» existentes desde hace 47 años, asombra que la República Islámica de Irán surja en el «top 5» en varias áreas de materiales y propulsión (de uso dual: civil y militar).

El lubavitch Milei (Netanyahu dixit) empeora la pobreza en Argentina («la nueva tierra prometida»).

La campaña electoral de Javier Milei fue financiada íntegramente por unos pocos multimillonarios judíos argentinos. Su presidencia perjudica al pueblo argentino, sumido en la pobreza extrema, mientras que favorece descaradamente los intereses de sus generosos donantes.


Argentina llegó a ser, en 1896, el primer lugar mundial en economía, según los estudios clásicos de Madison, por lo que no fue gratuito que el periodista Theodor Herzl, impulsor del sionismo, la haya seleccionado como sede del «hogar judío».

Con Javier Milei como presidente, Argentina ha periclitado feamente. Según AFP, «la tasa de pobreza en Argentina se eleva a uno de cada tres»: subió a 32,3%, de acuerdo con datos oficiales de la agencia gubernamental Indec, mientras que la pobreza extrema se ha elevado a 7,5%. Destaca que «entre los niños menores de 14 años, 44,5% se encuentran en situación de pobreza», de los cuales casi 11% es «extremadamente pobre»[1].

Los datos de Indec son poco creíbles por ser «estadísticas libertarias» del grupo ideológico en el poder, que engendró al criminal argentino Cerimedo, asesor de Milei, y a su socio español Negre, implicados en fétidos escándalos[2]. Esta facción de «libertarios argentinos» es profesionalmente desinformadora, como Nicolas Morás, hoy extrañamente radicado en Paraguay, que ni siquiera tiene secundaria y padece incontinencia oral.

Es pornográfica la santa alianza jázara entre la secta pediátrica Chabad Lubavitch, colmada de fétidos escándalos y la triada Netanyahu/Zelenski/Milei[3].

Milei recibió el premio Lover of Israel en Nueva York[4] y luego dijo exultante: «Netanyahu es un líder extraordinario, Argentina es la nueva tierra prometida».

El mismo día del lastimoso reporte de la pobreza en Argentina, el Mesías de las mendacidades, Netanyahu, alabó al lubavitch Milei: «Uno de los grandes líderes de nuestro tiempo. Lo que has hecho por la economía de Argentina es magistral»[5]. El genocida Netanyahu no está actualizado, ni le conviene enterarse de la desoladora devaluación del peso argentino. Por lo visto, ni las «leyes internacionales» ni las «leyes económicas» son aplicables en Israel ni en Argentina.

A propósito, Hanoch Milwidsky, aliado de Netanyahu en el partido Likud y jefe del Comité de Finanzas del Knéset, asentó: «No somos como los demás y por eso las leyes que se aplican a los demás no se aplican para nosotros... El pueblo judío es un pueblo de alta cuna».[6]

Netanyahu ya bautizó de lubavitch a Milei: «Ten claro que, ahora que eres un lubavitch, formas parte de la mishpacha, de nuestra familia, en el sentido más profundo de la palabra».[7]

Cabe destacar que Milei le regaló a Netanyahu un cuadro del rabino Schneerson, venerado por ambos. Como acción de gracias, el lubavitch Milei acudió en Nueva York al sepulcro del rabino Schneerson, figura sacralizada de la secta pediátrica Chabad Lubavitch. El gesto de Milei fue ampliamente festejado por The Times of Israel[8].

Los actores implicados no se ponen de acuerdo sobre sus estadísticas demográficas muy manoseadas y carentes de rigor científico. Así las cosas, con todas las reservas del mundo, se maneja que entre 85 y 90% —del total de los 16 millones de «judíos» en el mundo— no son semitas, sino «askenazíes europeos», cuya lengua es el yidish, idioma no semítico que proviene del alemán medieval. En su libro El invento del pueblo judío, Shlomo Sand (él mismo jázaro), observa que los askenazíes no son semitas, sino de origen jázaro turco-mongol.

La población de Argentina asciende a 46,5 millones de habitantes —en una superficie de 2,78 millones de kilómetros cuadrados, con un PIB nominal de 688.000 millones de dólares. Entre los 46,5 millones de argentinos se cuentan 173.000 «judíos»: ¡la mayor comunidad de Latinoamérica!

El 85% de los «judíos» argentinos son askenazíes —o sea jázaros no semitas—, lo cual no obsta para que una minoría gaucha —en similitud a lo que queda de Ucrania en la fase del jázaro Zelenski, perseguidor de la mayoría cristiana— pretenda imponer los «Acuerdos de Isaac»[9]: hijos putativos de los Acuerdos de Abraham de Netanyahu.

Estados Unidos expande su «teatro de batalla» de la Tierra al espacio exterior y la Luna.

Las ansias de dominación estadounidenses no tienen límites. Los dirigentes de Estados Unidos no acaban de darse cuenta de que no pueden seguir imponiendo su voluntad en el golfo Pérsico, pero anuncian que van a imponer su dictado… en el espacio exterior. La Historia demuestra que los imperios mueren cuando desconocen sus propios límites y que, empeñados en ir más allá de lo que les permiten sus fuerzas, fallecen por agotamiento.

Esta afirmación justifica y explica toda la política estadounidense desde el mintuo 1, y si al menos, esas supuestas posesiones de Estados Unidos, —el falso profeta— fuera compartido con el pueblo estadounidense, ¡vaya y venga! Pero siempre ha sido ¡a costa! del pueblo estadounidense para beneficio dw una minoría de satanistas donde su compromiso con el ángel caído pasa de padres a hijos.

Exactamente a una semana de la trascendental visita del presidente Xi Jinping en Washington, el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, anunció el dominio hegemónico de Estados Unidos en el espacio, desde la Tierra hasta la Luna. Estados Unidos extiende su mapa de la guerra y su campo de batalla «moderno»[1].

En medio de su declive[2], Estados Unidos pretende imponer su imperio cósmico lunar, como sentenció el general Dan Caine en la Conferencia del Ciberespacio el pasado 16 de septiembre: «Debemos seguir garantizando que Estados Unidos pueda atacar en cualquier parte del mundo, en el momento y lugar que elijamos, y mantener esa capacidad»[3].
[2] La dislocation, Emmanuel Todd, Gallimard, 2026.

La sideral «doctrina Caine» —que se suma a la terrenal «doctrina Colby» sobre el uso «limitado» de armas nucleares tácticas— versa sobre un «teatro de batalla expandido», lo cual revela que el dominio del corredor Tierra-Luna ipso-facto controla las comunicaciones y los recursos. La confesión estadounidense sobre la militarización del espacio sepulta el Tratado sobre el Espacio Exterior (Outer Space Treaty) de 1967, que reserva(ba) la Luna para fines pacíficos: sin bases militares, sin pruebas de armas de cualquier índole, sin maniobras en la superficie y sin armas de destrucción masiva en órbita.

El portal Red Voltaire otorga la importancia que amerita al expandido teatro de batalla en el espacio, desde la Tierra hasta la Luna: «Estados Unidos revela que ha desplegado armas en el espacio exterior y que se prepara para combatir alrededor de la Luna»[4].

El secretario de la fuerza aérea estadounidense, Troy Meink, jefe de la Fuerza Aérea, reveló el 14 de septiembre que «Estados Unidos tiene armas en órbita en el espacio», y la mayor parte de los expertos comentan que ello «puede conducir a una acción abierta con China y Rusia»[5] —no se diga a una extenuante carrera armamentista. El periodista francés Thierry Meyssan reconoció que Estados Unidos «detenta armas en el espacio», lo cual, según el ex marine Brian Berletic, «obligará a Rusia y a China a ampliar la militarización del espacio para defender sus activos de la amenaza de agresión estadounidense, que ya ha cercado ambos países en la Tierra con guerras y conflictos por encargo».

Según Brian Berletic: «Estados Unidos lidera el mundo en la escalada de conflictos y en poner en peligro la paz y la estabilidad en la Tierra y, ahora, mucho más allá de ella»[6].

¿Intenta Trump 2.0 superar el avance de armas hipersónicas que encabezan Rusia, China, Irán y Norcorea?[7] En mis redes sociales aduje que «si Estados Unidos había perdido en la Tierra y en los mares, Washington lleva una ventaja notable en el ESPACIO»: detenta 12600 satélites activos frente a los 1480 de China y los alrededor de 310 de Rusia[8].

En medio de la vertiginosa dinámica imperante, Rusia acaba de superar a Estados Unidos en los mares con sus nuevos submarinos letales.

Ya con Trump 2.0, Estados Unidos trastocó tierra y mares por los cielos, desde el proyecto mirífico de la «Cúpula de oro», que provocó agitación en Moscú y Pekín[9] —semejante al otro proyecto, también mirífico, de la «Guerra de las Galaxias» (SDI: Strategy Defence Iniciative) de 1982 del republicano Ronald Reagan, a quien Trump 1.0 y 2.0 le fascina emular.

Ocho días antes a la declaración de Thierry Meyssan, en su red social particular Trump 2.0 expropió catastralmente la Luna: «La Luna es nuestra».

El pretendido dominio de Estados Unidos sobre el corredor Tierra-Luna en el espacio, ¿constituirá un nuevo estrecho de Ormuz sideral? ¿Será el espacio la nueva «zona de guerra» o todavía habrá tiempo para que sea la «zona de paz» que preserve la vida de todos los seres vivientes de la creación en la biosfera? Lo peor sería que las superpotencias terrestres lleven sus miserias al espacio, que debe ser propiedad inalienable de todo el género humano, sin excepciones.

Listo el memorándum Islamabad entre Estados Unidos e Irán, pero Netanyahu trata de torpederlo.

Todos los observadores coinciden en que sólo Israel está empeñado en hacer fracasar el «Memorándum de Islamabad». Pero difieren sobre un aspecto crucial de la cuestión: ¿Es Israel o es solamente la coalición de Netanyahu? Ese detalle puede marcar la diferencia entre una paz estable y una simple tregua.


Para que Estados Unidos e Irán estén a punto de firmar el «memorándum Islamabad»[1], algo muy grande debió suceder durante las más recientes escaramuzas alrededor del estrecho de Ormuz: derribo real o de falsa bandera de un helicóptero estadounidense en aguas de Irán; destrucción de dos depósitos de agua en Irán; bombardeos iraníes contra bases de Estados Unidos en Bahréin, Kuwait y Jordania, con la probable destrucción de una base de aviones F-15; cierre total del estrecho de Ormuz; alza de hidrocarburos y caída de las bolsas, etc.

A mi juicio, los dos factores más severos del toma y daca entre Estados Unidos e Irán fueron las caídas bursátiles, con el alza de los hidrocarburos y la destrucción de dos depósitos de agua en Irán[2]. Es evidente que las dos potencias nucleares, una mayúscula (Estados Unidos) y otra mediana (Israel) son militarmente superiores a Irán, que se defiende con su exitosa «guerra asimétrica».

La Brookings Institution aduce que «el agua, no el petróleo, es el bien más preciado en Medio Oriente»[3]. En mi entrevista con el canal español NegociosTV aduje que entre las varias guerras invisibles multidimensionales, que se han condensado en el estrecho de Ormuz, se sitúan las guerras del agua[4].

El portavoz de la cancillería iraní, Esmaeil Baghaei, comenta que «Teherán permanece pesimista sobre la diplomacia con Estados Unidos debido al récord de Washington de renegar sus compromisos»[5]. El ex diplomático británico Alastair Crooke desglosa tanto la «crisis económica al borde del precipicio» en Estados Unidos como la «derrota estratégica» de Israel[6].

Las tres fases acumuladas de la guerra regional han convergido en el estrecho de Ormuz: militar, geoeconómica y geofinancieramente. El iranófobo diario británico The Telegraph filtra que Emiratos Árabes Unidos devolverá a Irán una parte de sus fondos incautados a cambio de que cese los bombardeos contra su territorio[7].

Mientras, el ex comandante de la marina de guerra israelí, Eliezer Marom, sentenció: «Hemos visto lo que pueden causar los misiles iraníes, por limitados que sean» cuando «los daños en Israel son enormes... enormes». Marom comentó que una parte importante de esos daños «no son visibles para los israelíes, debido a la censura militar»[8].

En paralelo, el connotado geopolítico y académico de la Universidad de Chicago, John Mearsheimer, advirtió que «Israel puede lanzar un ataque nuclear contra Irán en caso de perder la guerra» y propone como «única solución: desarmar a Israel… o eliminar enteramente su existencia» ya que «el mundo no puede aceptar esta pesada carga»[9].

Theodore Postol, insigne académico del MIT y ex consejero del Pentágono, sentencia: «Israel es la mayor amenaza nuclear en Medio Oriente; los iraníes están en una posición enorme de provocar daño a Israel» mediante «su entera generación de nuevos misiles, imposibles de interceptar», por lo que «la supervivencia de Israel puede eventualmente estar en tela de juicio»[10].

Nada menos que Tucker Carlson, el más cotizado comentarista de TV en Estados Unidos, señala que Trump, de quien fue propagandista gratuito durante la campaña presidencial, se encuentra secuestrado por Israel y sólo ejecuta instrucciones de Netanyahu, quien es capaz de descarrilar cualquier arreglo entre Estados Unidos e Irán[11].

El rotativo francófono libanés y anti-Jezbolá, L’Orient-Le Jour pregunta si el acuerdo de Trump con Irán constituye «un progreso diplomático o una simple tregua regional» cuando «entre amenazas militares y diplomacia, el proyecto de memorándum busca ante todo evitar un nuevo incendio sin arreglar los diferendos de fondo»[12]. L’Orient-le jour se inclina más por una «tregua» —¿coincidente con la duración del Mundial de 39 días?— cuando la «performatividad secuencial del memorándum» duraría 60 días.


La “Doctrina Dahiya” y el uso desproporcionado de la fuerza por parte de Israel en Beirut.

Tratando de evitar otra derrota como la que sufrió en Líbano, en 2006, Israel aplica hoy su «doctrina Dahiet», que consiste a tratar a la población como si fuese una fuerza armada, sin importar las masacres de civiles que resultan de ese comportamiento. Esa es la doctrina que el ejército de Israel aplicó en la franja de Gaza y que ahora aplica en Líbano. Y desde Teherán se anuncia que Irán ha decidido abandonar su anterior estrategia de «contención» ante las agresiones.


El Institute for Middle East Understanding (IMEU) expuso, desde 2024, la «Doctrina Dahiya y el Uso por Israel de la Fuerza Desproporcionada»[1], que aboga por «el uso desproporcionado de la fuerza masiva y el ataque deliberado contra civiles (¡mega-sic!) y contra infraestructura civil».

Su nombre proviene del suburbio Dahiet [transliterado en inglés como «Dahiya»] de Beirut, «donde tiene su sede el grupo paramilitar libanés Jezbolá, que el ejército israelí arrasó durante su ofensiva contra Líbano en el verano de 2006, en la que murieron cerca de mil civiles —un tercio de niños— y causaron enormes daños a la infraestructura civil, incluidas centrales eléctricas, plantas depuradoras, puentes e instalaciones portuarias».

El general Gadi Eisenkot, ex jefe del Comando Norte de Israel en 2008, alardeó la tónica de una «guerra futura en Líbano, como en el barrio Dahiya en 2006, que sucederá en cada ciudad desde donde se ataca a Israel». Sin rubor, el general Gadi Eisenkot afirma que «no existen ciudades civiles, todas son bases militares», y agrega que «no se trata de una recomendación. Es un plan» que «ha sido aprobado».

El IMEU expone que la «Doctrina Dahiya» fue instaurada como «doctrina militar oficial de Israel después de su ataque contra Líbano en 2006». ¡Nada nuevo!

¡Adiós a la «guerra justa» de San Agustín de Hipona! (Réplica a Fausto el Maniqueo, año 400 d. C.): uno de los fundamentos más importantes de la ética cristiana sobre la guerra. La «guerra justa» constituye el sustento de la genuina civilización occidental —«La guerra misma no se hace para que no exista, sino para que se alcance una paz sin injusticia»— así como del desarrollo por Hugo Grocio (1625) del Derecho Internacional Humanitario: organizados más tarde por el aristotélico Santo Tomas de Aquino (Suma Teológica, 1274).

A propósito, a partir de la creación de la «Doctrina Dahiya» en 2006, Israel ha exacerbado su aplicación, desde el año pasado en Gaza, hasta ahora en el suburbio chiita de Beirut y en la región libanesa Bekaa/Baalbek, donde se asienta la numerosa comunidad chiita árabe vinculada teológicamente con sus correligionarios persas[2].

El ex diplomático británico Alastair Crooke aduce en forma persuasiva que «es probable que esta fase del conflicto iraní sólo termine cuando Occidente caiga por el precipicio económico que se avecina»[3].

Tanto Alastair Crooke como Robert Pape se refieren a las finanzas «visibles», pero no abordan la parte explosivamente ominosa de los insanos «derivados financieros» que han alcanzado en forma «invisible» ¡ocho veces el conspicuo monto del PIB global[4] que asciende a 126 billones de dólares (trillones en anglosajón)!: esto representa la yugular financiera que descubrió Irán en su contraofensiva al cerrar el estrecho de Ormuz, lo cual desencadenó su secuencia militar/geoeconómica (alza de hidrocarburos, fertilizantes, alimentos, helio, etc.)/geofinanzas[5], que puede intensificar la «guerra regional» en curso y, quizá, desembocar en una tercera guerra mundial nuclear.

El ex agente de la CIA Larry Johnson comenta que la «nueva política de Irán puede constituir un game changer (giro paradigmático)» en Medio Oriente[6] y refiere que el prominente clérigo chiita iraní Sadeq Larijani (hermano del asesinado Alí Larijani, asesor de Seguridad Nacional) «anunció que la intervención de Teherán en apoyo de Líbano constituye una declaración formal de una nueva doctrina estratégica»[7]: «ataques contra cualquier componente del Eje de la Resistencia (Jezbolá y los palestinos) desencadenarán una respuesta que va más allá de los límites geográficos y reconfigura las ecuaciones regionales».

Debido a la doble agresión israelo-estadounidense, Irán pasó de la defensa de su existencia, a una contraofensiva en defensa del Eje de la Resistencia de los chiitas en Líbano, de los palestinos en Gaza/Cisjordania y de Ansaralá en Yemen: el triángulo superestratégico estrecho de Ormuz-estrecho Bab el-Mandeb-Mar Mediterráneo Oriental.


Por qué Irán gana su «guerra asimétrica» frente a dos potencias nucleares, según Arreguin-Toft.

Se suele despreciar la forma en que los pueblos del Tercer Mundo hacen la guerra y se les califica de «terroristas». Pero en el caso de Irán frente a Estados Unidos, este último ya es el evidente derrotado. Sin embargo, Irán no se conforma con su victoria y ahora busca consolidar su revolución haciendo que las monarquías del golfo Pérsico, y también las potencias occidentales, reconozcan que han vivido dependientes de los crímenes de Estados Unidos.

Reunión secreta de los actuales líderes iraníes

El libro del 2005 (¡sic!) Cómo los débiles ganan las guerras: teoría del conflicto asimétrico[1], del académico de la Universidad de Chicago y anteriormente analista de inteligencia militar Ivan Arreguin-Toft, parece ser el manual de cabecera del gobierno iraní, agredido por la superpotencia nuclear que es Estados Unidos y por la mediana potencia nuclear Israel —que goza de la deliberada complicidad del filosionista argentino Rafael Grossi, desacreditado director de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA), que se hace de la vista gorda ante los arsenales nucleares clandestinos de Netanyahu, libre de la inspección de la ONU y no firmante del Tratado de No Proliferación que Estados Unidos exige en forma asimétrica e inicua a Irán.
[1] How the Weak Win Wars: A Theory of Asymmetric Conflict, Cambridge Studies in International Relations, Series Number 99, Ivan Arreguin-Toft, Cambridge University Press, 2005.

En el siglo V a. C., los omnipotentes enviados atenienses —en el célebre Diálogo de los Melios narrado por Tucídides en la Guerra del Peloponeso— exigieron la capitulación de la isla de Melos con la formulación del hiperrealismo político: «Los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben».

Netanyahu y Trump, ¡2455 años después!, conminaron los iraníes a la misma capitulación perentoria.

En su notable libro, Ivan Arreguin-Toft arguye en forma persuasiva que las «guerras asimétricas» dependen de la interacción entre las estrategias respectivas del fuerte y del débil, más que del poder material crudo y rudo.

A juicio de Ivan Arreguin-Toft, cuando el fuerte y el débil usan estrategias similares suele vencer el primero, mientras que cuando utilizan estrategias opuestas (¡megasic!) aumentan las probabilidades de victoria del débil, ya que el endeble vence cuando convierte la superioridad del fuerte en desventaja política, lo cual implementó al pie de la letra la República Islámica de Irán: «La probabilidad de victoria o derrota en conflictos asimétricos depende de la interacción de las estrategias que usan los actores débiles y fuertes» ya que «cuando los actores emplean enfoques estratégicos opuestos, los débiles tienen muchas más probabilidades de vencer».

Ivan Arreguin-Toft analiza 197 conflictos asimétricos y alega que los fuertes ganan hasta el 75% de los casos en general (cuando los débiles combaten frontalmente contra los fuertes), mientras que, desde la Segunda Guerra Mundial, los débiles logran triunfos mayores a 50% cuando optan por tácticas opuestas[2].

Ivan Arreguin-Toft se centra en varios ejemplos desde 1800 (sic) que llevan agua a su molino y que van desde la guerra de Vietnam hasta Afganistán, pero que, a mi juicio, hoy no son extrapolables.

El débil gana guerras no porque sea más poderoso, sino porque logra que el poder del fuerte sea políticamente disfuncional, estratégicamente costoso y vulnerable a la atrición.

Dicho de otra forma, la metástasis del impacto geoeconómico/geofinanciero del cierre del estrecho de Ormuz atrapó a Estados Unidos y, por extensión, a Occidente, en su fase de decadencia —según el notable libro La derrota de Occidente del galo Emmanuel Todd, publicado hace 2 años—, como bien señaló el presidente Xi frente a su visitante Trump, quien sólo atinó a asentir sin dejar de atribuir la decadencia de Estados Unidos al binomio Obama/Biden.

Después del derrocamiento espurio del primer ministro soberanista iraní Mohammad Mossadegh[3], hace 75 años, pasando por la nacionalista revolución islámica de hace 47 años, propongo el teorema más holístico de 4 puntos diacrónicos:
1. La singular resiliencia, que no masoquismo malentendido, del martirologio del chiísmo que se condensa en el «síndrome Karbala»;
2. Los indetectables misiles hipersónicos de Irán, de los que carecen Estados Unidos e Israel;
3. La genial jugada estratégica del cierre del estrecho de Ormuz: yugular geoeconómica/geofinanciera de Trump; y
4. La prodigiosa educación científica pública (sic) iraní, con los primeros sitiales del ranking STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas).

Amén.

Delicada «fase financiera» del estrecho de Ormuz: Estados Unidos rechaza pagar reparaciones de guerra a Irán.

Las divergencias que impiden el avance de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán no tienen que ver con la cuestión nuclear ni con la libertad de navegación a través del estrecho de Ormuz sino con el tema de las reparaciones de guerra. Y el problema no es tanto el monto de esas compensaciones sino el hecho que son una forma de reconocimiento de la victoria de Irán. La solución podría ser que, en vez de que Estados Unidos las pague directamente, esas compensaciones de guerra se paguen a través de los Estados árabes del golfo Pérsico. Al menos esa es la propuesta que China y Pakistán han puesto sobre la mesa.

Se recalientan los enfrentamientos entre Estados Unidos e Israel contra Irán alrededor del estrecho de Ormuz, con ataques que el Pentágono califica como «defensivos» cuando la distancia entre Washington DC y la isla de Qashem/puerto Bandar Abbas de Irán es de 11263 kilómetros.

Los dos negociadores iraníes, el relecto líder del parlamento Mohammad Ghalibaf y el canciller Abbas Araghchi, viajaron a Qatar a impulsar su «defensa» financiera para recuperar los fondos de Irán embargados por Estados Unidos, así como los ingresos petroleros persas incautados en Doha[1].

Estados Unidos insiste extrañamente en que sus bombardeos «defensivos» —que arrojaron la muerte de 4 militares iraníes que manejaban lanchas rápidas— «no alteran el curso de las conversaciones»[2].
[2] «US-Iran tensions rise, putting peace talks at risk», Julia Manchester y Filip Timotija, The Hill, 26 de mayo de 2026.

En medio de la escalada contra Irán, Trump convocó a una reunión coreográfica de emergencia con su gabinete en Camp David: el retiro presidencial en Maryland, donde se suelen tomar medidas no pocas veces dramáticas.

Irán exige la liberación de 24000 millones de dólares de sus fondos bloqueados antes de avanzar hacia un posible acuerdo con Estados Unidos.

Uno de los términos del «memorándum de entendimiento» precisa que «la mitad de los recursos, unos 12000 millones de dólares, deberían estar disponibles al inicio del anuncio del acuerdo, mientras el resto se transferiría en un plazo de 60 días»[3].

Si la dupla Estados Unidos-Israel practica la dureza militar, Irán ejerce la presión financiera que ha expuesto el bloqueo del estrecho de Ormuz.

La guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán ha pasado de la «fase militar» a la «fase geoeconómica» —donde atraviesan hidrocarburos, fertilizantes, helio, ácido sulfúrico, etcétera— y ahora ya entró a su muy delicada «fase financiera», cuando Irán ha descubierto el talón de Aquiles pecuniario de Trump.

La guerra, con sus sobresaltos de alto al fuego nada respetados, se encuentra en su «fase financiera», sin contar el daño que puede propinar Irán al cableado submarino de fibra óptica de Internet en el fondo del estrecho de Ormuz, que interrumpiría la conectividad financiera, primordialmente con Asia, de toda la costa occidental del golfo Pérsico (específicamente de las seis petromonarquías árabes).

La «fase geoeconómica» ha sido evaluada por TASS al advertir sobre la «crisis que enfrenta el mundo, como en 2008, en caso de que el estrecho de Ormuz permanezca cerrado»[4].

No hay que perder de vista que Trump contempla la guerra como un «gran negocio» cuando colocó como influyente subsecretario de Guerra al polémico empresario jázaro Steve Feinberg: mandamás del pestilente «fondo buitre» Cerberus Capital Management, que destila fuerte olor a azufre[5].

En medio de la delicada «fase financiera», no se puede soslayar el advenimiento del también jázaro Kevin Warsh: flamante gobernador de la Reserva Federal y yerno (¡mega-sic!) de Ronald Lauder, de 82 años, presidente del Congreso Judío Mundial[6], heredero de la multimillonaria empresa de cosméticos Estée Lauder[7] y ¡ex subasistente del secretario de Defensa para Asuntos Europeos y de la OTAN de 1983 a 1986 con Ronald Reagan!

En forma farisea, Lauder, desde el Congreso Judío Mundial ¡envió sus condolencias a Bahréin y a Emiratos Árabes Unidos[8] por la supuesta agresión iraní!

Los activos iraníes congelados directamente en Estados Unidos ascenderían a 2000 millones de dólares[9], mientras el total global de los depósitos iraníes incautados por las sanciones de Estados Unidos alcanzarían la estratosférica suma de 120000 millones en bancos de Qatar (¡6 mil millones!), de Corea del Sur, Japón, la India, China, etcétera.

Ante el rechazo de Trump a pagar a Irán reparaciones de guerra que ascenderían a 270000 millones de dólares[10], no suena nada descabellado que Estados Unidos se los endose a 5 de las 6 petromonarquías, con la excepción de Omán, que gestionan 6 billones de Fondos Soberanos de Riqueza[11].

Fuente: Alfredo Jalife-Rahme

El eje Pakistán-Arabia Saudita logra un memorándum de entendimiento entre Estados Unidos e Irán.

El protocolo de paz negociado entre Estados Unidos e Irán, con Pakistán y China como mediadores, no menciona la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz ni una hipotética renuncia de Irán a la bomba atómica… porque se trata de dos problemas que simplemente no existen. En cambio, sí menciona la restitución de los fondos iraníes «congelados» y el pago a Irán de reparaciones de guerra. Estados Unidos no admitirá su derrota y hará que sean los Estados árabes quienes paguen en su lugar, mientras que Israel sale de esta situación sin pagar por las destrucciones que ha causado.


Hace casi un año manejé la hipótesis del «cisne negro» que epitomizó la parusía de Pakistán que hoy luce como supremo mediador[1].

Casi un año después, la mediana potencia nuclear, Pakistán, dotada de 170 bombas nucleares —que equilibra la terrorífica disuasión nuclear de la «Opción Sansón» de Israel—, consigue un arreglo impensable para ignaros/neófitos/leguleyos cuando el jefe de su Estado mayor, el general Asim Munir logra asombrosamente un Memorándum de Entendimiento, que traduce los posicionamientos de los grandes jugadores regionales acoplados a los axiomas de la «estabilidad geoestratégica» tripolar[2].

Por la «naturaleza de las cosas», como solían instruir los clásicos griegos, el posicionamiento de Pakistán pudo (con)vencer a tirios y troyanos: supremo cófrade de China[3]; potente interlocutor de Trump, íntimo aliado de Arabia Saudita y vecino amigable/indispensable de Irán.

Dejo de lado la conspicua visita del primer ministro pakistaní Shahbaz Sharif a China[4] —coincidentemente a posteriori de las visitas de Trump y de Putin a Xi. También soslayo que dos «taikonautas» pakistaníes entrenan con sus homólogos chinos para viajar al espacio sideral[5].

¿Arregló China el contencioso iraní?

Será muy amigo de Trump el general Asim Munir —lo cual indispuso al notable geopolítico británico Alastair Crooke—, pero lo único que Trump pudo obtener en su visita a Xi, para intervenir en el contencioso del estrecho de Ormuz, fue la participación de Pekín para incitar a su aliado pakistaní a contribuir a la resolución del conflicto. El talento de la mediación pakistaní fue haber sabido medir la situación regional medioriental con la «estabilidad estratégica constructiva» pactada entre Xi y Trump con el tácito apoyo de Putin ¡con quien Xi se ha reunido 46 veces desde 2013!

Entre varios rubros, en el Memorándum de Entendimiento que publica Al Mayadeen de Líbano, medio cercano a Jezbolá y a Irán[6], se epitomiza el descongelamiento de varios miles de millones de dólares de los fondos de Irán bloqueados por el embargo directo y las sanciones de Estados Unidos.

El doble levantamiento del bloqueo de Estados Unidos y la apertura del Estrecho de Ormuz exponen el paroxismo de la «fase financiera» de la guerra asimétrica[7]. Mas allá del inevitable no regreso de las bases de Estados Unidos, severamente dañadas, como exponen los rotativos estadounidenses, de la «vecindad inmediata» (sic) de Irán, se decanta que el Golfo Pérsico se ha vuelto un Golfo Pérsico al cuadrado.

Mucho se debatirá si la entrega del Golfo Pérsico por Trump a Irán equivale a su relativa desnuclearización.

Más importante que detentar una bomba atómica son las «cuatro bombas nucleares metafóricas» de Irán:
1) el martirologio consustancial al chiísmo persa;
2) sus indetectables cuan pletóricos misiles hipersónicos;
3) la soberanía sobre el estrecho de Ormuz compartida con Omán: una de las 6 petromonarquías del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), que expuso la vulnerabilidad financiera del globalismo neoliberal del eje resquebrajado de Wall Street y la City; y
4) la impactante educación científica de las universidades públicas del «país-Civilización» de Irán, uno de los líderes del ranking del STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) global.

Estos cuatro puntos nodales fueron subestimados lastimosamente por el Mossad y por Trump, quien se dejó empujar por el talmúdico genocida Netanyahu, quien ahora no pudo obstaculizar un arreglo que está transformando la faz del «Gran Medio Oriente», como lo hizo en su momento el acuerdo anglo-francés Sykes-Picot.

¿Existe un arreglo entre Estados Unidos, Irán, Pakistán y Arabia Saudita, sin la obstrucción perniciosa de Israel?

No faltarán críticos y apologistas del esbozo de resolución del conflicto entre Estados Unidos e Irán —cada cual con sus muy respetables argumentos. A mi juicio, Irán leyó perfectamente el momento geoestratégico del planeta y actuó en consecuencia.


Robert Kagan confirma el jaque mate de Irán y Michael Flynn exhorta a «regresar a casa».

El presidente Donald Trump va a tener que reconocer la derrota, estiman tanto sus adversarios como sus amigos. El veredicto de las armas ya resulta evidente y prolongar la guerra sólo agravaría las consecuencias negativas de la derrota de Estados Unidos. Lo importante ahora es retirarse lo más rápidamente posible.

A la izquierda, Michael Flynn; a la derecha, Robert Kagan y su esposa Victoria Nuland

Mientras Donald Trump decide si bombardea Irán para desaparecerlo del mapa uno de estos fines de semana, asombra que las dos caras de la misma moneda del sistema estadounidense sentencien, por un lado, el «jaque mate» propinado por Irán en la voz del jázaro Robert Kagan[1], y, por otro lado, que el general Michael Flynn, fugaz consejero de seguridad nacional de Trump 1.0 por 25 días, exhorte a «declarar el triunfo (sic) y regresar a casa»[2].

Más importante que el esperado contenido del artículo de Robert Kagan —su subtítulo es perentorio: «Washington no puede revertir ni controlar las consecuencias de perder la guerra» contra Irán— es la geobiografía del autor: neoconservador straussiano, megahalcón y esposo de la amazona Vicky Nuland, gestora fallida del cambio de régimen en Ucrania que buscó desmembrar a Rusia. Más aún: el apellido Kagan no es menor y proviene del «kaganato», sistema jerárquico y militarizado de los jázaros.

La metástasis del «kaganato» en el Departamento de Estado se vio frenada en Ucrania y ahora define que la derrota de su archienemigo Trump en Irán —¡no dice ni pío sobre Netanyahu!— sería irreversible y total: peor que Pearl Harbor/Vietnam/Afganistán/Iraq debido al archianalizado control del estrecho de Ormuz por Irán, que se convertiría en actor preponderante a escala regional/mundial (tesis de Robert Pape[3]). Sus consecuencias: ¡debilitamiento de Estados Unidos y fortalecimiento de China y Rusia!

El polémico general Michael Flynn recomienda que la «oposición» (whatever that means) de Irán debe arreglar su situación interna y suelta una ponzoñosa insinuación —¿dirigida al premier israelí Netanyahu y al Mossad, los cuales empujaron Trump a su amarga aventura en Irán?: «Sea lo que sea, sea como sea y sea quien sea lo que influyera en la decisión de volver a Irán tras la “destrucción” del programa nuclear iraní durante la “guerra de los 12 días” del verano de 2025, eso ya es agua pasada. Ya es hora de que Estados Unidos salga de esta situación tan complicada».

Michael Flynn propone tres ideas debido a su «preocupación de que el prestigio de Estados Unidos a escala mundial pueda seguir disminuyendo y que la fortaleza económica del país acabe llegando a un punto de ruptura. El prestigio y la salud económica son dos aspectos que todos los grandes imperios han visto amenazados en sus últimos tiempos». Cabe señalar que Michael Flynn es especialista del «declive de los imperios». ¿Se suma Michael Flynn al aserto de Xi sobre el «declive de Estados Unidos» que sentenció frente a su invitado Trump?[4]

Las tres ideas de Michael Flynn son:

1) «declarar la victoria basándose en los objetivos militares alcanzados y pasar a un alto al fuego formal, supervisado y respaldado por la región, acompañado de algún tipo de alivio gradual de las sanciones en función de las condiciones que cumpla el régimen iraní.» ¡Todo un tema!;

2) «aprovechar la diplomacia multilateral y las alianzas regionales para crear un marco de seguridad más amplio, aliviando así la carga directa que actualmente soporta Estados Unidos. Puede que encaje o no, pero hay que considerar seriamente si los Acuerdos de Abraham pueden aplicarse como componente fundamental de este marco». Problema: los “Acuerdos (sic) Abraham” de Netanyahu y los “Acuerdos Isaac” del filosionista argentino Milei hoy valen menos que la Carabina de Ambrosio, y

3) «reducir la tensión de forma unilateral con líneas rojas claramente definidas, observables y creíbles, acompañadas de una postura de disuasión sostenida, pero sin llegar al combate activo. Esto es más fácil de decir que de hacer». Problema: el mismo general Michael Flynn se contesta solo.

Su realista conclusión se centra tangencialmente en que «los intereses económicos (los precios del petróleo, las repercusiones a escala mundial, el encarecimiento generalizado de los precios), junto con la presión de los aliados favorecen una resolución rápida frente a cualquier forma de guerra de desgaste». ¡Ormuz definió la guerra asimétrica del Golfo Pérsico!

El iraní Mossadegh se inspiró del general mexicano Lázaro Cárdenas para nacionalizar el petróleo de Irán.

La movilización popular en Irán, en apoyo al país contra los agresores israelíes y estadounidenses y sus aliados, tiene su origen en el levantamiento que acompañó la nacionalización del petróleo por Mohammad Mossadegh. La soberanía iraní, por lo tanto, es anterior a la revolución de Ruhollah Khomeini, que le otorgó una fuerza particular.

Mohammad Mossadegh, llevado en hombros por la multitud tras su discurso sobre la nacionalización del petróleo, el 27 de septiembre de 1951.

Vuelve a la palestra el tema de la expoliación del «oro negro» de Irán, agredido de nuevo por la dupla Israel/Estados Unidos, 75 años después de la nacionalización del petróleo por el primer ministro soberanista iraní Mohammad Mossadegh.

En 1938, el presidente mexicano Lázaro Cárdenas nacionalizó el petróleo, lo que llevó a la creación de Pemex, sirviendo de inspiracióm al primer ministro iraní Mossadegh 13 años después.

Arroja intensa luminosidad la operación Ajax[1], golpe de Estado instigado por la CIA y el MI6 británico que derrocó al primer ministro iraní Mohammad Mossadegh y fortaleció el poder espurio del sha Mohammad Reza Pahlavi, depuesto 26 años más tarde por la revolución islámica de 1979.
[1] Operation Ajax: The Story of the CIA Coup That Remade the Middle East, Mike de Seve y Daniel Burwen, Verso, 2015.

La temeridad heroica de Mossadegh lo llevó a su condena de 3 años de prisión; luego permaneció bajo arresto domiciliario el resto de su vida y falleció a los 86 años. No faltan historiadores avezados que consideran que la operación Ajax sembró las semillas de la revolución islámica de 1979, que mantiene la llama votiva del soberanismo holístico de Irán desde Mossadegh hasta el presente.

Hoy, 75 años después de la operación Ajax, de nueva cuenta Irán combate por asentar su soberanía en el estrecho de Ormuz: misma repetición histórica del petróleo iraní que estaba controlado por Anglo-Iranian Oil Company (hoy rebautizada BP, uno de cuyos principales accionistas es nada menos que BlackRock) y sólo retribuía al país persa con migajas de entre ¡16 y 20%!

La nacionalización de Mossadegh provocó un severo boicot británico y una descomunal crisis financiera, que hoy vive nuevamente el país persa en una línea de tiempo de 75 años.

En su célebre discurso en la Universidad de El Cairo en 2009, «Un nuevo comienzo»[2], el muy ampuloso Obama admitió la maligna participación de Estados Unidos en el golpe de Estado de 1953 contra el gobierno elegido democráticamente por el Majlis (Parlamento) del iraní Mossadegh, quien, por cierto, era anticomunista.

A juicio del ex-diplomático británico Alastair Crooke —quien fue asesor del español Javier Solana, ex canciller de la Unión Europea—, la agresión militar de la dupla Israel/Estados Unidos ha rebobinado, renergizado y rejuvenecido a la revolución islámica iraní 47 años después, con la masiva presencia en sus manifestaciones nocturnas de mujeres y jóvenes que exhiben un asombroso fervor soberanista que ha sorteado tanto los asaltos implosivos como las teledirigidas balcanizaciones de sus pletóricas minorías étnicas (kurdos, baluchis, azerís, etcétera).

Otra jugada nihilista y desestabilizadora que le falló al premier Netanyahu y a su secuestrado político Trump fue haber intentado hacer retroceder el reloj histórico 85 años mediante la imposición militar del «príncipe heredero» —de la putrefacta «dinastía» fake del sha de Irán—, quien alberga un fétido historial familiar en la «Era Epstein/Weinstein/Weiner», debido a sus arrebatos sicalípticos que llevaron al suicidio de su hermano a los 44 años.

Suena perturbador que Netanyahu y Trump, cuando deseaban la capitulación de la República Islámica y el «cambio de régimen», hayan intentado, nada democráticamente, hacer retroceder el reloj del tiempo.

Más allá del régimen de terror y tortura de la nada secreta policía Savak[3] —tema escamoteado por los propagandistas «occidentales» controlados por el oligopolio multimediático de Israel—, creación indeleble del sha, no se puede soslayar su exilio tormentoso: rechazado por doquier como pestífero, que incluyó un asilo de 4 meses en Cuernavaca (México), para luego fallecer en Nueva York.

El derrocamiento del sha marcó el fin de 2500 años de monarquía ininterrumpida en Irán.

Para bien o para mal, la interrelación entre México y el país persa ha sido de enorme coincidencia geopolítica[4].

En la permanente batalla en su línea del tiempo, hoy Irán, con el conspicuo apoyo de Omán[5], lucha contra los embates de la dupla Israel/Estados Unidos para preservar su inalienable soberanía sobre el estrecho de Ormuz[6].


Peligra el helio compartido de Qatar e Irán en el golfo Pérsico.

Mientras continúa la guerra entre Israel y Estados Unidos contra Irán, surgen numerosos problemas. Entre ellos, el suministro de helio procedente de Qatar y la República Islámica. Fundamental para la economía mundial, este recurso se ha vuelto escaso desde que Teherán respondió a los ataques originados en territorio qatarí bombardeando las instalaciones de Assaluyeh el 6 de abril de 2026.

Mediante sus clásicos artilugios bizantinos, Estados Unidos anuncia que su guerra contra Irán «ha terminado», mientras el ex-secretario de Defensa Chuck Hagel y el ex-subsecretario de Defensa Kurt Campbell, durante un debate sobre la guerra de Irán y China, bajo la moderación del politólogo Robert Pape de la Universidad de Chicago, enuncian la «reconfiguración del poder global» que significa un «punto de inflexión de la posición de Estados Unidos en el mundo»[1].

El bloqueo de Irán en el estrecho de Ormuz y el contrabloqueo de Estados Unidos en sus afueras —específicamente a partir del mar Arábigo que colinda con el golfo de Omán— han develado el peligro que corren varias sustancias estratégicas como el helio. Un tema poco abordado es el cableado submarino que conecta Internet entre los países ribereños en la parte occidental del golfo Pérsico, como Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, que expuse en «La ‘Carta Oculta’ Muy Previsible de Irán y la Afectación Digitalíca»[2].

Tampoco se puede soslayar la guerra de los «puntos de estrangulamiento» (choke points), como sucede ahora en el estrecho de Ormuz, que amenaza trasladarse al estrecho Bab el-Mandeb (que significa en árabe la Puerta de las Lágrimas) y puede obstruir la navegación océano Indico/golfo de Adén/mar Rojo/canal de Suez/mar Mediterráneo Oriental[3].

Según el polémico Ambrose Evans-Pritchard del rotativo monárquico británico The Telegraph, «la próxima víctima de la guerra del golfo Pérsico ya está aquí, siempre y cuando el bloqueo del estrecho de Ormuz continue: una carestía de chips puede muy bien estar en las cartas»[4]. Ambrose Evans-Pritchard revela una perogrullada: «el mundo ha perdido 40% del suministro de helio desde el inicio de la guerra del golfo Pérsico, primero desde Qatar y luego desde Rusia».

De entrada, la economía digital global pone en riesgo la burbuja de la inteligencia artificial (IA) ya que «la industria no puede fabricar chips de avanzada IA o de semiconductores debajo de 10 nanómetros» sin la magia del helio, que también afecta vehículos y computadoras. Ambrose Evans-Pritchard se encuentra hipnotizado por la «necesidad del helio para otras elevadas prioridades: energía nuclear, armamento sofisticado, aeroespacio, cables de fibra óptica, computación cuántica, cromatografía y máquinas de imagenología de resonancia magnética».

Ambrose Evans-Pritchard define apropiadamente que «no existen sustitutos sencillos» ya que «el helio líquido es la sustancia más fría en el planeta con un punto de ebullición de -269 grados Celsius». Explaya que «Qatar normalmente abastece la tercera parte (¡mega-sic!) del helio planetario, como subproducto de la producción de gas natural en su gigante North Field».


Por cierto, la congénita iranofobia de Ambrose Evans-Pritchard lo orilla a ocultar que Irán tiene pletóricas reservas significativas de helio en el gigante yacimiento South Pars —el más grande del mundo— y ha desarrollado óptimas capacidades extractivas[5]. No se puede pasar por alto que Irán posee el 17% de las reservas «probadas» (sic) de gas natural. Pese a las deletéreas sanciones que le han propinado los diversos gobiernos de Estados Unidos, Irán es el tercer mayor “productor” de gas natural, detrás de Estados Unidos y Rusia.

A 11 días de la trascendental visita de Trump a China, el South China Morning Post, con sede en Hong Kong, señala correctamente la «interacción de chips, petróleo e Irán», lo cual «ha empujado a Estados Unidos a incrementar las presiones con China en múltiples frentes estratégicos» cuando las recientes jugadas de Trump tienen como objetivo obstaculizar el acceso de los semiconductores y las pequeñas refinerías chinas de petróleo[6].

¿Cuántas cartas podrá colectar Trump en el lapso de once días antes de su visita a Pekín, que se encuentra tan resiliente como Irán? En forma simpática, los chinos acaban de regalar dos osos pandas a Estados Unidos con el fin de apaciguar los ánimos.

Putin y China apoyan a Irán mientras Israel amenaza enviarlo a la «oscuridad y a la Edad de Piedra».

El presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, recibió por todo lo alto al ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, en San Petersburgo. Juntos celebraron la asociación estratégica pactada entre sus países y después, discretamente, el presidente Putin telefoneó a su homólogo estadounidense, Donald Trump, lo felicitó por haber salido ileso del intento de atentado del hotel Hilton, le desaconsejó un despliegue de tropas terrestres en Irán, lo invitó a aceptar la propuesta de Irán y le hizo saber que Rusia alcanzará los objetivos de la operación militar especial en Ucrania, sin que Volodimir Zelenski pueda evitarlo.


El canciller iraní Abbas Araghchi viajó a Omán —con el que Irán comparte la inalienable soberanía del estrecho de Ormuz—, y luego acudió a Islamabad, donde llevó las tres propuestas secuenciales de Irán en su negociación con Estados Unidos a través de Pakistán.

Desde Islamabad, Araghchi arribó a San Petersburgo, donde fue recibido por el zar Vlady Putin, quien en su clásico juego de sillas lo sentó con gran deferencia frente a frente.

Con radiante sonrisa, Putin sentenció que «el pueblo de Irán lucha valiente y heroicamente por su soberanía»[1].

El ministro de Exteriores de Irán agradeció a «Putin y Rusia su apoyo a la República Islámica»[2].

Putin envió un relevante mensaje al supremo líder iraní Mojtaba Khamenei (que Israel inventa se encuentra agónico): «Reafirmo que Rusia, como Irán, intenta continuar fomentando nuestras relaciones estratégicas».[3].

En fechas recientes, Trump llamó a su homólogo ruso, de lo que no se ha divulgado mucho[4]. ¿Emprenderá Putin una mediación al más alto nivel geoestratégico?

Durante el Foro Diálogo Internacional Abierto, el presidente Putin diagnosticó que «Occidente está perdiendo su dominio, dando pie a nuevos centros de crecimiento» —el clásico concepto «policéntrico» de la política exterior rusa con mayor participación del «Sur global»[5].

La visita de Abbas Araghchi a Omán denota una relevancia trascendental para la nueva configuración del golfo Pérsico, para no decir balcanización, cuando Emiratos Árabes Unidos —que Irán impugna como caballo de Troya de Israel— decidió abandonar la OPEP, lo cual agudiza la confrontación de EAU contra la dupla de Arabia Saudita/Pakistán, y beneficia a Estados Unidos con una mayor producción de petróleo en la delicada coyuntura presente[6].

En convergencia con Rusia sobre la seducción del concepto geopolítico/geoeconómico/geofinanciero del «Sur global», no fue nada sorprendente la postura del embajador chino en la ONU sobre las «operaciones militares ilegales de Estados Unidos e Israel contra Irán», como «causa primordial de la obstrucción en el estrecho de Ormuz»[7].

A propósito, los expertos chinos de Global Times ilustran que «Estados Unidos revisa el plan de paz en fases de Irán cuando persiste el impasse» y vaticinan la «probabilidad de fluctuaciones (sic) antes de que se alcance un consenso».

Llamó la atención la cáustica declaración del canciller alemán Merz, ex empleado de BlackRock, de que «Irán está humillando a Estados Unidos» cuando afirmó que «los iraníes son obviamente muy hábiles negociando, o mejor dicho, muy hábiles a no negociar, dejando a los estadounidenses viajar a Islamabad»[8].

Mientras recibe al Rey Carlos III del Reino Unido, hermano del ex «príncipe» Andrew, abrumado por los todavía inconclusos archivos Epstein —para intentar reparar la relación muy dañada de Estados Unidos con Europa y, en particular, con el premier británico Starmer—, el presidente de Estados Unidos alardeó de que Irán había solicitado la apertura del bloqueo naval del estrecho de Ormuz, lo que significa, a juicio de Trump, que «Irán se encuentra en estado de colapso» —lo cual fue todavía más abultado por el excéntrico secretario del Tesoro, Scott Bessent[9].

El ministro de Defensa de Israel, el necrófilo apocalíptico Israel Katz, quien en sus exorcismos sobre Irán y Líbano es mucho más extremista que el mismo Mileikowsky (alias Netanyahu), fulminó que «Israel espera la luz verde de Estados Unidos para regresar Irán a las edades de la oscuridad y de Piedra» y que el ejército israelí estaba listo para propinar a Irán «golpes devastadores» que provocarían «sacudida y colapso en sus cimientos»[10].

Según Hindustan Times, es probable que este fin de semana —cuando las bolsas de Occidente están cerradas, el momento que Trump prefiere para propinar sus letales bombardeos contra Irán— Abbas Araghchi visite Islamabad para un segundo round de negociaciones con Estados Unidos, de acuerdo a filtraciones de Pakistán[11].

¿Próximo fin de semana de guerra o tanteos?

«Segunda crucifixión» de Cristo por el ejército israelí.

El comportamiento anticristiano y antimusulmán de la gran mayoría de los israelíes, influenciados por la cultura asquenazi, es una realidad que salió bruscamente a la luz durante el genocidio contra la población de Gaza y que hoy vuelve a mostrarse con toda crudeza durante la agresión de Israel contra el Líbano. Es fundamental extraer conclusiones de estos hechos y reformar esa cultura.

Un soldado israelí destruye una estatua de Cristo con un mazo en Debel, ​​Líbano. La fotografía fue publicada el 20 de abril de 2026.

Durante la reciente —y enésima— invasión de Israel contra el Líbano, uno de sus soldados talmúdicos usó un mazo para destruir la cara de la estatua de Cristo crucificado. Ya que las guerras que emprende el jázaro no semita Netanyahu son escatológicas, se pudiera aducir teológicamente que se trata de la «segunda crucifixión» de Cristo, de acuerdo con las respetables creencias de los cristianos en el planeta: ¡2 600 millones, casi un 33% de la población global! (Católicos: 1300 millones. Protestantes: 1100 millones. Ortodoxos: 300 millones).

Llamó la atención que Larry Johnson, ex-agente de la CIA, sentenciara que Israel «odia a los cristianos» como también «odia a los musulmanes»[1]. Cabe señalar que los musulmanes son un 26% de los habitantes de la Tierra.

Suena muy suicida que una de las más pequeñas religiones del planeta, con 16 millones de adherentes, ¡alrededor de 0,2% global!, se atreva a insultar al 59% que representan las religiones cristiana y musulmana, de no ser por su supuesto control de las finanzas globales/multimedia[2] de Occidente, además de las como mínimo 90 ojivas nucleares de Israel, único país que las detenta en el «clásico Medio Oriente» —sin contar a Pakistán, país musulmán que ostenta 170 bombas nucleares y forma parte del «Gran Medio Oriente».
[2] The Federal Reserve Conspiracy, Eustace Mullins, Martino Fine Books, 2014.

De los casi 16 millones de «judíos» en el mundo, el 90% (¡megasic!) pertenece a la denominación ashkenazi que, de acuerdo con el libro El invento del pueblo judío[3] del historiador israelí Shlomo Sand, no es semita y habla «yiddish», que tampoco es un idioma semítico, como el hebreo, sino que sus raíces son alemanas.
[3] The Invention of the Jewish People, Shlomo Sand, Verso, 2010.

Vale la pena resaltar la honestidad intelectual de Shlomo Sand, quien es ashkenazi jázaro no semita…

En Israel, los ashkenazis jazaros no semitas y los «judíos orientales» semitas misrahim/sefarditas (casi 50%) se encuentran en empate demográfico técnico cuando los ashkenazis constituyen un 32% que, sumados de la reciente migración jázara de Rusia, representa alrededor de un 45%[4].

Es sabido que en Israel existe una severa discriminación de los gobernantes «ashkenazis-jázaros (no semitas)» de Israel contra los «misrahim-sefarditas (sí semitas)».

En fechas recientes, Ziv Agmon, jefe de gabinete de Netanyahu, tuvo que renunciar debido a los insultos que profirió contra la respetable comunidad judía de Marruecos (los misrahim) a la que vituperó de «babuinos»[5].

La «segunda crucifixión» de Cristo fue perpetrada en Debel, villorrio católico-maronita de Líbano Sur, cuyos habitantes conviven con los perseguidos chiítas, tildados por la poderosa maquinaria de propaganda israelí de «terroristas», vinculados con la guerrilla libanesa de Jezbolá y a Irán[6].

El ejército israelí confirmó que la foto del soldado talmúdico descuartizando la estatua de Cristo, que ya se viralizó, es «genuina»[7].

El «palestino cristiano» John Munayer comenta en el rotativo israelí Haaretz[8], diario antagónico a Netanyahu, que la desfiguración del rostro de Jesús «no es la excepción», sino que es un «patrón de conducta israelí», cuyo ejército y colonos escupen al rostro de las monjas e impidieron la celebración del domingo de Ramos en el Santo Sepulcro al cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén[9].

En su reciente libro Israel: ¿qué salió mal?, el historiador ashkenazi-estadounidense Omer Bartov sentencia que «el sionismo ha desembocado en el genocidio», por lo que «debe desaparecer»[10].

Las atrocidades de Israel se condensaron en el punto de inflexión del genocidio israelí en Gaza, que ahora pretende emular en Líbano Sur con sus usuales métodos nihilistas talmúdicos, una de cuyas principales etiologías radica en el concepto fake del «Gran Israel”», algo que nunca ha existido y que pretende imponer en todo el «Gran Medio Oriente», incluyendo a Irán y Pakistán.


¡General Dan Caine impide bombardeo nuclear de Trump contra Irán!, en medio del «manifiesto Palantir» de control tecnológico.

 

Se despliega el «Cuarto Estadio» de la «trampa de la escalada» del politólogo Robert Pape[1], en medio del caos global y del fracking geoestratégico, al unísono del incendio casi paroxístico de otros frentes multidimensionales[2].

El epicentro de la guerra de EU/Israel vs Irán —que se epitomiza ahora en el estrecho de Ormuz y la focal soberanía inalienable de Irán y Omán—, ha provocado el «aleteo de la mariposa» con sus metástasis secuenciales en la geoeconomía —crisis del suministro del petróleo/gas/fertilizantes/alimentos,etcétera— y en las geofinanzas, incremento del binomio petróleo/gas, caídas bursátiles y choque del petrodólar vs petroyuán.

El título de la agencia rusa TASS lo subsume espléndidamente: «EU listo a bombardear Irán de nuevo con o sin tregua[3]», mientras China, la otra superpotencia tripolar, se preocupa y ocupa por los preparativos bélicos de Japón en el Mar del Sur de China[4].

El cese al fuego de EU, que vencía en la madrugada del miércoles 22 de abril, hora de la capital Washington, fue extendido a solicitud expresa del mediador Pakistán[5], en espera de una «propuesta de Irán».

EU mantiene su bloqueo a los puertos iraníes, lo que obligó a posponer el viaje del vicepresidente JD Vance, gran aliado de Palantir, empresa de inteligencia artificial(IA) creada por la CIA que procura «vigilancia» al Pentágono.

Irán rehusó acudir a la cita de Islamabad debido a las «demandas excesivas de Trump», concomitante al bloqueo naval de EU que llevó a la captura pirata de un tanker persa.

A altas horas de la noche del sábado(18/4/26), Trump convocó a una reunión de emergencia con sus generales, que resultó tormentosa, la cual se dio a conocer en el transcurso del domingo.

Dos días después, el ex agente de la CIA Larry Johnson (LJ), con fuertes vínculos con el ejército de EU, explayó lo que sucedió en el «cuarto de crisis» (situation room) en la Casa Blanca, que reiteró en su entrevista histórica con el juez Napolitano[6], donde expuso: «Trump deseaba usar (¡mega-sic!) los códigos nucleares y el general Dan Caine se levantó y se negó».

Cabe rememorar que Trump 1.0 ya había colisionado con el general Mark Milley[7] y, en fechas recientes, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, ya había chocado con Daniel Driscoll[8], muy cercado al vicepresidente Vance.

Cada vez es más notorio el desencuentro entre el anticatólico Trump y el católico millennial JD Vance, debido al contrastante abordaje de la guerra contra Irán.

A juicio de LJ, el general Caine, jefe de las fuerzas conjuntas de EU, invocó su negativa como «privilegio militar» del UCMJ (Uniform Code of Military Justice o Código Uniforme de Justicia Militar [9]).

LJ evoca que se trató de una verdadera «explosión» cuando se han difundido «imágenes del cabizbajo general DC después de la reunión de emergencia». LJ remata que «cosas bizarras están sucediendo en la capital», mientras «Irán estaba cubierta con nubes» debido al mal tiempo.

El privilegio invocado por el general DC versa sobre el USMJ que puede revocar la orden presidencial cuando el fracking doméstico entre el Pentágono y la Casa Blanca ha llegado a su paroxismo. La perturbadora revelación de LJ se ha viralizado en forma angustiante[10].

Por azares del destino, el no menos perturbador «manifiesto Palantir» de 22 puntos —empresa de IA muy misteriosa de la CIA que maneja el ISR (Intelligence/Surveillance/Reconocimiento: Espionaje/Vigilancia/Reconocimiento)— del Pentágono, que participó en el ascenso a la vicepresidencia de JD Vance, fue publicado el mismo día del rechazo del general DC de entregar el código nuclear a Trump.

Palantir pretende imponer un «nuevo orden tecnológico global» frente a Rusia y China que harían obsoletas las armas atómicas mediante el uso monopólico de «bombas IA[11]».