Nos guste o no, China, Rusia y Estados Unidos serán predominantes en el orden mundial que ya está estructurándose. Será un orden multipolar pero los Tres Grandes dispondrán de esferas de influencia que habrá que reconocer. La instauración de ese sistema, y sus ajustes, seguirán un calendario cuyas principales etapas ya se conocen.
En la «fase Epstein» del hedonista mundo Occidental naufraga el concepto de «estabilidad estratégica» que practican Estados Unidos, Rusia y China, cuando, a lo largo de los próximos nueve meses, se asentarán los reales de la dinámica competitiva entre las tres superpotencias. No es ningún secreto que Trump intenta fracturar el G2 de Rusia y China[1][2].
Ante la aparente «confusión geoestratégica» —que a mi juicio no existe— de los tres grandes actores del planeta —a los que pronto se agregará la India—, propongo un «cronograma estratégico» de aquí al 3 de noviembre que irá reflejando la dinámica de los resultados y las inevitables tomas de decisiones:
1. 17 de febrero
Dos reuniones imbricadas de la dupla Kushner/Witkoff en Ginebra: una por la mañana, en la embajada de Omán donde, según el Wall Street Journal[3], Irán exhibió flexibilidad en el ámbito nuclear con el fin de evitar la guerra triangulada de Netanyahu, mientras realizaba ejercicios militares en vivo en el estrecho de Ormuz; por la tarde, reunión tripartita de Rusia, Ucrania y Estados Unidos, que prácticamente ya está definida con la derrota del comediante jázaro Zelenski.
2. Primera semana de abril
Visita de Trump a China que, pese a las vicisitudes adversas a Pekin por la nueva doctrina Monroe —que ha asestado fuertes golpes a China en Venezuela, el Canal de Panamá y México—, no ha sido cancelada por Xi Jinping.
3. Cruciales elecciones parlamentarias el 12 de abril en Hungría
Allí chocarán las dos cosmogonías antagónicas del jazaro húngaro/estadounidense Gyorgy Schwartz, alias George Soros, frente a Viktor Orban, apoyado por Trump y ahora por Marco Rubio en la Conferencia de Seguridad de Munich.
4. Elecciones en Brasil el 4 de octubre[4]
Definirán el destino de Latinoamérica continental, e influirán en el voto hispano en Estados Unidos y en el futuro de los BRICS.
5. Elecciones intermedias en Estados Unidos, el 3 de noviembre
La madre de todas las batallas. En el intermezzo de la vertiginosa dinámica de los posicionamientos de las tres superpotencias (Estados Unidos, Rusia y China), sin descuidar a la India, hoy existe una «dualidad estratégica» tanto de Trump como de Putin. Del lado de Trump, parece aflorar una dualidad mediante las posturas en la Conferencia de Seguridad de Munich en el lapso de un año tanto del vicepresidente J.D. Vance, como del secretario de Estado Marco Rubio[5], que el geoestratega y filósofo ruso Alexander Duguin interpreta —un tanto cuanto en forma pesimista[6]— como un giro hacia el «Nuevo Atlantismo».
Al unísono, RT enarbola que —como reflejo de la «política de doble carril de Washington: diálogo en el papel, presión en la práctica»— en Moscú se ha cristalizado tal contradicción en una división del trabajo: un conjunto de funcionarios pone a prueba el compromiso transaccional con Washington (personificado por Kirill Dimitriev) y otro ha empezado a evocar abiertamente que no es posible (grupo representado por el canciller Serguei Lavrov)[7].
