IBEROAMÉRICA Y LA CUARTA TEORÍA POLÍTICA: EL GRAN ESPACIO PLURIVERSAL CONTRA LA DICTADURA GLOBALISTA.


El orden mundial contemporáneo atraviesa la fase terminal de su ciclo unipolar. El paradigma de la modernidad ilustrada occidental, expresado en el hiperliberalismo cosmopolita, el mercado desregulado y la disolución progresiva de las identidades orgánicas, ejecuta su último asalto totalitario contra los pueblos del Sur global. En este tablero de resistencia absoluta, Iberoamérica deja de ser el patio trasero de Washington para afirmarse como un Gran Espacio Civilizatorio autárquico, llamado a constituirse en un polo geopolítico soberano, indomable y hostil al orden liberal atlantista.

Para que el continente iberoamericano y caribeño complete su verdadera liberación, debe consumar un parricidio ideológico: abandonar los dogmas de la modernidad política eurocéntrica, liberalismo, marxismo ortodoxo y fascismo burgués, y abrazar la insurgencia del sujeto existencial. Como ha señalado el filósofo ruso Aleksandr Dugin en los fundamentos de la Cuarta Teoría Política, esta no se dirige a la clase, al individuo ni a la raza, sino al Dasein, al ser ahí, a la existencia humana arraigada en su propio suelo, cultura y destino histórico. Para Iberoamérica, esto implica el despertar del sujeto indo afro ibérico, una identidad colectiva que rechaza el universalismo homogeneizador de Occidente.

La Cuarta Teoría Política proclama: Diga no al fascismo, no al comunismo y no al liberalismo. El liberalismo no funcionará. No pasará. Aleksandr Dugin.

La modernidad occidental, en su fase globalista, se revela como un proyecto de destrucción de los pueblos, las religiones, las familias y las culturas en nombre de una libertad abstracta que no es más que la tiranía del mercado. El atlantismo es el enemigo existencial de la humanidad, y contra él no cabe el diálogo, sino la guerra geopolítica total.

EL ASEDIO UNIPOLAR Y EL EJE DE LA RESISTENCIA IBEROAMERICANA
El globalismo anglosajón pretende balcanizar el continente mediante mecanismos híbridos: revoluciones de colores, sanciones económicas criminales, narcocapitalismo transnacional y la inoculación de una agenda cultural progresista y desestructuradora. Contra este asedio, la resistencia no es meramente económica o parlamentaria; es de carácter existencial, metafísico y militar. No se puede reformar el imperio; se le debe destruir.

El difunto analista internacional nicaragüense Manuel Salvador Espinoza Jarquín, formado en el MGIMO de Moscú y director del Centro de Estudios Internacionales de Nicaragua, conceptualizó con precisión la naturaleza de este choque asimétrico y la necesidad de una vanguardia revolucionaria dispuesta a sostener la soberanía nacional mediante la fuerza, la cohesión total y la asimetría estratégica. En sus intervenciones en foros multipolares, Espinoza subrayó:
«El imperialismo norteamericano no tolera la audacia de la soberanía. Frente al chantaje y las operaciones de desestabilización perpetua, la única respuesta válida de nuestros pueblos es la articulación de una estrategia geopolítica firme, sin concesiones ni vacilaciones pequeño burguesas. La defensa de la patria y del proyecto revolucionario exige una cohesión interna inquebrantable y una alianza estratégica profunda con los polos emergentes de la multipolaridad global».

«Los laboratorios del Pentágono y la CIA no descansan en su afán de fragmentar nuestros Estados. El pacifismo ingenuo es una trampa mortal; los procesos populares solo sobreviven si son capaces de estructurar una defensa integral, ideológica y militar, que aplaste cualquier intento de subversión interna financiada por el enemigo atlantista».