La movilización popular en Irán, en apoyo al país contra los agresores israelíes y estadounidenses y sus aliados, tiene su origen en el levantamiento que acompañó la nacionalización del petróleo por Mohammad Mossadegh. La soberanía iraní, por lo tanto, es anterior a la revolución de Ruhollah Khomeini, que le otorgó una fuerza particular.
Mohammad Mossadegh, llevado en hombros por la multitud tras su discurso sobre la nacionalización del petróleo, el 27 de septiembre de 1951.
Vuelve a la palestra el tema de la expoliación del «oro negro» de Irán, agredido de nuevo por la dupla Israel/Estados Unidos, 75 años después de la nacionalización del petróleo por el primer ministro soberanista iraní Mohammad Mossadegh.
En 1938, el presidente mexicano Lázaro Cárdenas nacionalizó el petróleo, lo que llevó a la creación de Pemex, sirviendo de inspiracióm al primer ministro iraní Mossadegh 13 años después.
Arroja intensa luminosidad la operación Ajax[1], golpe de Estado instigado por la CIA y el MI6 británico que derrocó al primer ministro iraní Mohammad Mossadegh y fortaleció el poder espurio del sha Mohammad Reza Pahlavi, depuesto 26 años más tarde por la revolución islámica de 1979.
[1] Operation Ajax: The Story of the CIA Coup That Remade the Middle East, Mike de Seve y Daniel Burwen, Verso, 2015.
La temeridad heroica de Mossadegh lo llevó a su condena de 3 años de prisión; luego permaneció bajo arresto domiciliario el resto de su vida y falleció a los 86 años. No faltan historiadores avezados que consideran que la operación Ajax sembró las semillas de la revolución islámica de 1979, que mantiene la llama votiva del soberanismo holístico de Irán desde Mossadegh hasta el presente.
Hoy, 75 años después de la operación Ajax, de nueva cuenta Irán combate por asentar su soberanía en el estrecho de Ormuz: misma repetición histórica del petróleo iraní que estaba controlado por Anglo-Iranian Oil Company (hoy rebautizada BP, uno de cuyos principales accionistas es nada menos que BlackRock) y sólo retribuía al país persa con migajas de entre ¡16 y 20%!
La nacionalización de Mossadegh provocó un severo boicot británico y una descomunal crisis financiera, que hoy vive nuevamente el país persa en una línea de tiempo de 75 años.
En su célebre discurso en la Universidad de El Cairo en 2009, «Un nuevo comienzo»
[2], el muy ampuloso Obama admitió la maligna participación de Estados Unidos en el golpe de Estado de 1953 contra el gobierno elegido democráticamente por el Majlis (Parlamento) del iraní Mossadegh, quien, por cierto, era anticomunista.
A juicio del ex-diplomático británico Alastair Crooke —quien fue asesor del español Javier Solana, ex canciller de la Unión Europea—, la agresión militar de la dupla Israel/Estados Unidos ha rebobinado, renergizado y rejuvenecido a la revolución islámica iraní 47 años después, con la masiva presencia en sus manifestaciones nocturnas de mujeres y jóvenes que exhiben un asombroso fervor soberanista que ha sorteado tanto los asaltos implosivos como las teledirigidas balcanizaciones de sus pletóricas minorías étnicas (kurdos, baluchis, azerís, etcétera).
Otra jugada nihilista y desestabilizadora que le falló al premier Netanyahu y a su secuestrado político Trump fue haber intentado hacer retroceder el reloj histórico 85 años mediante la imposición militar del «príncipe heredero» —de la putrefacta «dinastía» fake del sha de Irán—, quien alberga un fétido historial familiar en la «Era Epstein/Weinstein/Weiner», debido a sus arrebatos sicalípticos que llevaron al suicidio de su hermano a los 44 años.
Suena perturbador que Netanyahu y Trump, cuando deseaban la capitulación de la República Islámica y el «cambio de régimen», hayan intentado, nada democráticamente, hacer retroceder el reloj del tiempo.
Más allá del régimen de terror y tortura de la nada secreta policía Savak
[3] —tema escamoteado por los propagandistas «occidentales» controlados por el oligopolio multimediático de Israel—, creación indeleble del sha, no se puede soslayar su exilio tormentoso: rechazado por doquier como pestífero, que incluyó un asilo de 4 meses en Cuernavaca (México), para luego fallecer en Nueva York.
El derrocamiento del sha marcó el fin de 2500 años de monarquía ininterrumpida en Irán.
Para bien o para mal, la interrelación entre México y el país persa ha sido de enorme coincidencia geopolítica
[4].