El eje Pakistán-Arabia Saudita logra un memorándum de entendimiento entre Estados Unidos e Irán.

El protocolo de paz negociado entre Estados Unidos e Irán, con Pakistán y China como mediadores, no menciona la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz ni una hipotética renuncia de Irán a la bomba atómica… porque se trata de dos problemas que simplemente no existen. En cambio, sí menciona la restitución de los fondos iraníes «congelados» y el pago a Irán de reparaciones de guerra. Estados Unidos no admitirá su derrota y hará que sean los Estados árabes quienes paguen en su lugar, mientras que Israel sale de esta situación sin pagar por las destrucciones que ha causado.


Hace casi un año manejé la hipótesis del «cisne negro» que epitomizó la parusía de Pakistán que hoy luce como supremo mediador[1].

Casi un año después, la mediana potencia nuclear, Pakistán, dotada de 170 bombas nucleares —que equilibra la terrorífica disuasión nuclear de la «Opción Sansón» de Israel—, consigue un arreglo impensable para ignaros/neófitos/leguleyos cuando el jefe de su Estado mayor, el general Asim Munir logra asombrosamente un Memorándum de Entendimiento, que traduce los posicionamientos de los grandes jugadores regionales acoplados a los axiomas de la «estabilidad geoestratégica» tripolar[2].

Por la «naturaleza de las cosas», como solían instruir los clásicos griegos, el posicionamiento de Pakistán pudo (con)vencer a tirios y troyanos: supremo cófrade de China[3]; potente interlocutor de Trump, íntimo aliado de Arabia Saudita y vecino amigable/indispensable de Irán.

Dejo de lado la conspicua visita del primer ministro pakistaní Shahbaz Sharif a China[4] —coincidentemente a posteriori de las visitas de Trump y de Putin a Xi. También soslayo que dos «taikonautas» pakistaníes entrenan con sus homólogos chinos para viajar al espacio sideral[5].

¿Arregló China el contencioso iraní?

Será muy amigo de Trump el general Asim Munir —lo cual indispuso al notable geopolítico británico Alastair Crooke—, pero lo único que Trump pudo obtener en su visita a Xi, para intervenir en el contencioso del estrecho de Ormuz, fue la participación de Pekín para incitar a su aliado pakistaní a contribuir a la resolución del conflicto. El talento de la mediación pakistaní fue haber sabido medir la situación regional medioriental con la «estabilidad estratégica constructiva» pactada entre Xi y Trump con el tácito apoyo de Putin ¡con quien Xi se ha reunido 46 veces desde 2013!

Entre varios rubros, en el Memorándum de Entendimiento que publica Al Mayadeen de Líbano, medio cercano a Jezbolá y a Irán[6], se epitomiza el descongelamiento de varios miles de millones de dólares de los fondos de Irán bloqueados por el embargo directo y las sanciones de Estados Unidos.

El doble levantamiento del bloqueo de Estados Unidos y la apertura del Estrecho de Ormuz exponen el paroxismo de la «fase financiera» de la guerra asimétrica[7]. Mas allá del inevitable no regreso de las bases de Estados Unidos, severamente dañadas, como exponen los rotativos estadounidenses, de la «vecindad inmediata» (sic) de Irán, se decanta que el Golfo Pérsico se ha vuelto un Golfo Pérsico al cuadrado.

Mucho se debatirá si la entrega del Golfo Pérsico por Trump a Irán equivale a su relativa desnuclearización.

Más importante que detentar una bomba atómica son las «cuatro bombas nucleares metafóricas» de Irán:
1) el martirologio consustancial al chiísmo persa;
2) sus indetectables cuan pletóricos misiles hipersónicos;
3) la soberanía sobre el estrecho de Ormuz compartida con Omán: una de las 6 petromonarquías del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), que expuso la vulnerabilidad financiera del globalismo neoliberal del eje resquebrajado de Wall Street y la City; y
4) la impactante educación científica de las universidades públicas del «país-Civilización» de Irán, uno de los líderes del ranking del STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) global.

Estos cuatro puntos nodales fueron subestimados lastimosamente por el Mossad y por Trump, quien se dejó empujar por el talmúdico genocida Netanyahu, quien ahora no pudo obstaculizar un arreglo que está transformando la faz del «Gran Medio Oriente», como lo hizo en su momento el acuerdo anglo-francés Sykes-Picot.

¿Existe un arreglo entre Estados Unidos, Irán, Pakistán y Arabia Saudita, sin la obstrucción perniciosa de Israel?

No faltarán críticos y apologistas del esbozo de resolución del conflicto entre Estados Unidos e Irán —cada cual con sus muy respetables argumentos. A mi juicio, Irán leyó perfectamente el momento geoestratégico del planeta y actuó en consecuencia.