El profundo cisma que enfrenta al Pentágono contra el Vaticano.

Visto desde el exterior, no se percibe la metamorfosis de Estados Unidos. En 4 meses, ese país ha cambiado de ideología política (sus dirigentes ya no son «jacksonianos»), de doctrina militar (ya no aplica la estrategia «Rumsfeld-Cebrowski») y también ha cambiado de fe (ya no cree en el pluralismo religioso). Hoy iniciamos la publicación de un estudio sobre esta mutación, que nos obliga a revisar a fondo nuestra percepción de ese país. 

La ilustración que el presidente Donald Trump publicó el 15 de abril de 2026, y se quedo tan ancho

El 9 de enero de 2026, el papa León XIV presentaba sus votos de Año Nuevo a los embajadores acreditados ante la Santa Sede. Aquel día declaró: «En estos tiempos, la debilidad del multilateralismo en el plano internacional es particularmente preocupante. Una diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso de todos se ve reemplazada por una diplomacia a través de la fuerza, de individuos o de grupos aliados. La guerra vuelve a estar de moda y un fervor guerrero gana terreno. Se ha violado el principio establecido después de la 2GM, que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras de otros[1]. Ya no se busca la paz como un don y un bien deseable en sí «en la búsqueda de un orden deseado por Dios, que implica una justicia más perfecta entre los hombres»[2], sino que se busca [la paz] a través de las armas, como condición para afirmar su propia dominación. Esto amenaza gravemente el Estado de derecho, que es la base de toda coexistencia civil pacífica»[3].
[1] Alusión al secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, que había tenido lugar 3 días antes.
[2] Encíclica Populorum progressio, Pablo VI, 26 de marzo de 1967.

Aquel discurso no fue precisamente del agrado del secretario de la Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, sionista cristiano, miembro de la Comunión de las Iglesias Evangélicas Reformadas (CREC), la secta del pastor Douglas Wilson. Pete Hegseth venía reformando el Pentágono desde el 30 de septiembre de 2025, destituyendo oficiales que habían sido nombrados según los términos de la ideología woke y de las reglas «diversidad, equidad e inclusión» (DEI)[4].

Hegseth cuestionaba incluso el papel del grupo denominado The Family, el International Christian Leadership, en pleno corazón del Pentágono. Esta asociación de capellanes militares de todas las confesiones fue creada en 1953 por el pastor metodista Abraham Vereide y, desde el fin de la 2GM, se convirtió en la principal justificante de la guerra fría, presentada como la lucha de los ejércitos de Estados Unidos, defensores de la Fe, contra los ejércitos comunistas ateos. Hasta el año pasado, todos los jefes de estado mayor fueron miembros de la «La Familia», al igual que numerosos políticos, no sólo estadounidenses sino también aliados[5]. Durante 73 años, tuvo como vocero al pastor Billy Graham. Fue así como Billy Graham llegó a convertirse en consejero espiritual de 12 presidentes estadounidenses, desde Harry Truman (1945-1953) hasta Barack Obama[6]. Hasta el presidente del Senado de Francia, Alain Poher (1968-1993), llegó a rezar con «The Family».
[5] The Family: The Secret Fundamentalism at the Heart of American Power, Jeff Sharlet, HarperCollins, 2008; «The Christian Mafia», Wayne Madsen, Insider Magazine.
[6] Billy Graham, pape protestant?, Sébastien Fath, Albin Michel, 2002.

En todo caso, el 22 de enero pasado, el secretario de la Guerra convocó al Nuncio Apostólico en Washington, el cardenal francés Christophe Pierre. En principio, sólo los ministros de Relaciones Exteriores tienen potestad para convocar al embajador de la Santa Sede. Pero no fue el secretario Hegseth quien recibió al prelado, sino su segundo, Elbridge Colby.

Ya es de público conocimiento que a Pete Hegseth le preocupa más la guerra cultural contra el movimiento woke que los asuntos militares. Su segundo a la cabeza del Pentágono, Elbridge Colby, está a cargo de la estrategia de los ejércitos estadounidense. Elbridge Colby es un católico, nieto de William Colby, quien fue director de la CIA bajo el presidente Nixon y Caballero de la Orden de Malta. Elbridge Colby desempeñó un papel central en el primer mandato presidencial de Donald Trump y es el autor de un libro titulado The Strategy of Denial: american defense in an age of great power conflict («La estrategia de la negación: la defensa estadounidense en la era de los conflictos entre grandes potencias»[7], donde explica que, para ser libre, Estados Unidos tiene que impedir que otro país llegue a ser más poderoso. Elbridge Colby desarrolla en ese libro una estrategia destinada a parar el desarrollo de China, pero no haciéndole la guerra directamente sino haciéndole la guerra a sus proveedores de energía y de materias primas.
[7] The Strategy of Denial: american defense in an age of great power conflict, Elbridge Colby, Yale University Press, 2021.

Al recibirlo, Elbridge Colby explicó a Su Eminencia Christophe Pierre que la Santa Sede debía saber desde hace mucho que Estados Unidos es su mejor aliado y que el Papa debería ser más «leal». La discusión fue subiendo de tono y Elbridge Colby llegó a recordarle al nuncio papal que, históricamente, cuando un Papa entró en conflicto con un rey de Francia, el monarca forzó la elección de un segundo Papa. En efecto, de 1378 a 1417, dos Papas, el del Vaticano y otro, asentado en Aviñón (ciudad del sur de Francia), se excomulgaron uno a otro, durante el ðGran Cisma de Occidente». Mucho más recientemente, en la época en que las iglesias protestantes eran mayoritarias en Estados Unidos, William Colby, el abuelo de Elbridge Colby, inició, con el pastor Billy Graham, el Congreso Internacional sobre la Evangelización Mundial para rivalizar con el Consejo Ecuménico de Iglesias, que se había pronunciado contra la guerra de Vietnam. Esta vez, al final de su encuentro con el nuncio papal, el número 2 del Pentágono puso una pistola encima de la mesa.

Varios medios de prensa contaron la escena de maneras diferentes después de que la mencionara The Free Press[8]. La versión que yo menciono aquí es la que me contó un colaborador y amigo que desempeñó un papel en el Vaticano. El 9 de abril, en ocasión de la entrada en funciones del nuevo Nuncio Apostólico en Washington, monseñor Gabriele Caccia, el vocero de la Santa Sede, el británico Matteo Bruni, confirmó que la reunión realmente tuvo lugar, pero no quiso describirla. Sólo declaró que lo que reportaban los medios era «absolutamente falso». Por su parte, el embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede, Brian Birch, «refutó categóricamente» lo que reportaba The Free Press.

En todo caso, el Santo Padre anuló su viaje a Estados Unidos.

Las cosas siguieron empeorando poco a poco y el secretario Hegseth invitó el pastor Douglas Wilson a oficiar en el Pentágono, el 17 de febrero[9]. Pero, en un sermón de un cuarto de hora, este pastor «paleoconfederado» rezó por «el despertar del cine negro», o sea por un gran despertar del cristianismo en Estados Unidos. «Dios puede hacer lo que ama, y como deberíamos saber ahora, lo que Él ama es tomar los componentes más improbables y hacer con ellos algo glorioso. Consideren una reunión de plegaria en el Pentágono como un ejemplo posible. Muchas cosas más extrañas han sucedido»

En los días que siguieron, las puertas del Pentágono se cerraron para «La Familia» —y también para la Iglesia católica. Desde entonces, sólo los pastores de la Comunión de Iglesias Evangélicas Reformadas, la iglesia cristiana sionista del secretario Pete Hegseth, tienen acceso al Pentágono para el servicio mensual de los Ejércitos. En el servicio siguiente, el 18 de marzo de 2026, fue el secretario de la Guerra, Pete Hegsteh, quien pronunció la homilía. Hegseth rezó por las tropas estadounidenses que, según él, infligen «una acción violenta aplastante contra quienes no merecen ninguna misericordia… Lo pedimos con una confianza audaz en nombre del todopoderoso Jesucristo»[10]. Ese mismo día, el Departamento de la Guerra anunció que el número de religiones aceptadas en los ejércitos estadounidenses ya no serían 200 sino sólo 31. Además, los capellanes militares ya no portarán con el uniforme insignias correspondientes a un rango militar sino sólo insignias religiosas[11]. Parece que el secretario de la Guerra quiere que el trabajo de los capellanes se redirija hacia la propagación de la fe, no hacia los problemas personales de sus feligreses[12] y