Con el asesinato de Khamenei, Tel Aviv y Washington hacen posible lo que dicen haber querido evitar.

Los bombardeos que Estados Unidos e Israel perpetraron contra Irán el 28 de febrero fueron ataques coordinados pero no conjuntos. Cada uno de los dos agresores tenía sus propios objetivos y Washington estaba interesado en limitar los de Israel. El asesinato de Alí Khamenei es una victoria personal para Benyamin Netanyahu y una catástrofe para todos los que veían a Khamenei como un jefe espiritual.