Detrás de la guerra de Israel-Estados Unidos: Armagedón talmúdico de Chabad-Lubavitch frente al «mahdismo» de Irán.

En cinco meses, desde el asesinato de Charlie Kirk y el duelo nacional subsiguiente, la corriente «Make America Great Again!» (MAGA) se pierde en contradicciones. Para el vicepresidente J. D. Vance y el periodista Tucker Carlson, el sionismo es el Mal absoluto, mientras que, por el contrario, para el secretario de la Guerra Pete Hegseth, el sionismo es la encarnación del Bien. Después de haber seguido a Israel por el sendero de la guerra contra Irán, el presidente Donald Trump se ve ahora ante una seria resistencia en su propio país y promueve las presentaciones de los pastores que profetizan su próxima victoria sobre el Mal, junto al Estado hebreo. Paradójicamente, Washington, que dice combatir un régimen «oscurantista» en Irán, está favoreciendo el oscurantismo en su propio país.

Plegaria en la Oficina Oval de la Casa Blanca

La guerra de la teocracia talmúdica israelí y el «evangelismo sionista» de la Casa Blanca frente a la teocracia chiíta de Irán exhibe en gran medida que uno de sus principales fundamentos es una «guerra religiosa» en pleno siglo XXI.

Ya es ampliamente conocida la teocracia intrínseca de la Constitución de Israel —que no acepta como presidente a nadie que no sea «judío»— cuando hoy pervive intensamente su «sionismo revisionista» enarbolado por Zeev Jabotinsky —autor del Muro de Hierro[1] y gran aliado de Benzion Mileikowsky, padre del premier Netanyahu, de origen polaco— que se ha fusionado con los preceptos de la muy polémica secta escatológica/cabalística de Chabad-Lubavitch, a su vez asociada a los jázaros, Jeffrey Epstein y el comediante ucraniano Zelensky[2].

He propuesto la existencia de 3 sionismos:
1. El «sionismo original» del jázaro Theodor Herzl, que propulsó con sus correligionarios banqueros Rothschild la creación de un «hogar judío»;
2. El «sionismo revisionista» de la dupla Jabotinsky/Netanyahu (alias Mileikowsky); y
3. El «evangelismo sionista»[3].
En este tenor, pareciera que el rezo evangelista en la Casa Blanca[4], encabezado por el presidente Trump en plena guerra contra Irán, se haya adherido y/o acercado al superpoderoso esquema del «evangelismo sionista» cuyos tentáculos absorben el evangelismo de Estados Unidos y Brasil.

Desde el año pasado, Democracy Now! develó que el polémico Pete Hegseth, a cargo de la hoy Secretaría de Guerra, «es un nacionalista cristiano» que «celebra la Confederación y las Cruzadas»[5]. Más aún, Pete Hegseth es considerado como «evangélico sionista», y durante su confirmación afirmó sin rubor: «soy cristiano y apoyo robustamente (sic) al Estado de Israel y su defensa existencial» (Fuentes: Jerusalem Post, Politico, Forward y NPR).

Los sabuesos acaban de develar las letales declaraciones del antes comentarista de Fox News, Pete Hegseth, sobre la explosiva construcción del Tercer Templo[6], de acuerdo a las creencias de los zelotes talmúdicos[7] en el lugar donde hoy se encuentra la mezquita Al-Aqsa (el tercer sitio sagrado del islam) en Jerusalén: ¡la guerra del «evangelismo sionista» contra el islam de 2.000.100 millones de feligreses!

El rotativo británico The Independent comenta: «Cómo la guerra contra Irán está apuntalada por el fervor religioso “del fin de los tiempos” en Washington y Teherán»[8]: Una «creencia compartida en el fin de los tiempos, o la segunda venida, sustenta gran parte de la motivación en los pasillos del poder en Washington y en los búnkeres donde se esconden hoy los ayatollah».

En forma inédita cuan insólita, varios comandantes de todas las ramas del ejército de Estados Unidos han proclamado que «el presidente Trump ha sido ungido por Jesús (¡mega-sic!) para encender el fuego, causar el Armagedón y marcar su regreso a la Tierra»[9]. Una cosa son las muy respetables religiones y otra cosa es utilizar la religión en momentos de guerra para provocar guerras religiosas.
[9] «US troops told Trump’s attack on Iran is ‘signal fire for Armageddon’», RT, 6 de marzo de 2026.

Según la Enciclopedia Británica, consubstancialmente filosionista, Armagedón es «el lugar donde los reyes de la Tierra bajo el liderazgo demoniaco librarán la guerra contra las fuerzas de Dios al final de la historia»[10].

En contrapunto, los Guardianes de la Revolución iraníes profesan el creciente culto del mahdismo[11]: regreso del doceavo «imán oculto» Muhammad al-Mahdi, decretado en forma divina en la cosmogonía chiíta, quien un día regresará para librar el mundo del mal y la injusticia, lo cual desembocará en una «batalla apocalíptica final» entre dos ejércitos, en la que «las fuerzas del chiísmo prevalecerán sobre el mal».

Llama la atención que los chiítas iraníes conozcan el mundo «occidental» más de lo que el ignaro «Occidente» conoce el «mahdismo».