Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera
Presentador: Bueno, hoy es lunes, que tal vez se convierta en otro «lunes decisivo» en los Estados Unidos de América, o tal vez no, aún no lo sabemos con certeza. En el cine estadounidense se utiliza a menudo el término «derrumbe»: así es como llaman al estado en el que todo comienza a desmoronarse como un castillo de naipes, sobre todo desde el punto de vista ideológico. En su opinión, ¿se puede considerar toda esta historia con los archivos de Epstein y lo que descubren los congresistas (y, tras ellos, quizás el resto del mundo) como el comienzo del colapso real del mundo occidental? Se trata de un colapso desde el punto de vista ideológico, filosófico, moral y todo lo demás. ¿Se puede decir que este proceso ya ha comenzado físicamente?
Aleksandr Duguin: Creo que es totalmente cierto: así es como hay que entenderlo. Si se analiza objetivamente el efecto que ha tenido la publicación de los archivos de Epstein, incluso en su forma editada, con bandas negras y un conjunto incompleto (se dice que solo se han publicado entre tres y seis millones de archivos y, sin duda, dado que han sido cuidadosamente seleccionados, no son los más duros), entonces, basándonos en lo que vemos y en lo que ahora es de dominio público, podemos decir que no se trata simplemente de un escándalo comparable al «Irán-Contras» o a otros precedentes históricos. Se trata de un colapso, de un verdadero derrumbe de todo el mundo occidental. De hecho, en los últimos días, en la última semana, ha ocurrido un acontecimiento de tal importancia que nosotros, desde nuestra posición oriental euroasiática, por supuesto, no podemos evaluar con precisión lo que está sucediendo. He notado que muchos escriben en las redes sociales: «Occidente hierve, Oriente calla». Es decir, lo que está sucediendo en Occidente, para nosotros… Todavía no nos hemos dado cuenta de lo que es, de que ya no existe Occidente. Porque, independientemente de cómo nos hayamos relacionado con él —hayamos luchado contra él, hayamos sido amigos, nos hayamos orientado hacia él o lo hayamos maldecido—, es difícil imaginar que Occidente sea un sistema de civilización diabólica, en cuyo centro se encuentran sectas satánicas y caníbales que devoran niños, trafican con mujeres, llevan a cabo provocaciones en todo el mundo, manipulan los mercados financieros y los procesos políticos, organizan «misas negras» y orgías globales, simplemente nos resulta inverosímil.
En ello está involucrada toda la élite política, económica, científica (fíjense), educativa, financiera, cultural, mediática, ideológica, periodística y deportiva de Occidente. Las teorías de la conspiración hablaban de ello, nosotros las tomábamos con humor e incluso en nuestra propaganda política, en el momento de la guerra con Occidente, no nos basábamos en ellas, no recurríamos a ellas, considerábamos que era demasiado. Y ahora todas las teorías de la conspiración no solo se han confirmado, sino que han superado todas las versiones anteriores. Allí estaban los Rothschild, los presidentes de Estados Unidos, los secretarios de Estado actuales y anteriores, toda la élite financiera, científica y política de ambos partidos, tanto republicanos como demócratas. Y también los líderes de MAGA, lo cual es, por supuesto, un shock total. Incluidos Thiel y Bannon, que representan las dos caras del movimiento MAGA, el mismo Trump y, en general, todo lo que conocemos como Occidente. Tanto en Estados Unidos como en Europa, en las familias reales, en la democrática Francia y en la económica BlackRock, hay satanistas, pedófilos y caníbales por todas partes y en todos los lugares.
Y eso a pesar de que el lenguaje codificado de estos archivos aún no ha sido descifrado y aún no conocemos muchos nombres. Pero los escándalos ya han comenzado. En Europa, por cierto, se han producido dimisiones masivas y causas penales: Mandelsohn ha sido despedido, Starmer está a punto de serlo, Jack Lang, exministro de Cultura de Francia, está siendo perseguido penalmente. Se dice que Trump, desde la mañana hasta la noche, como un loco, como un poseso, llama a los líderes europeos con exigencias y amenazas para que no abran causas penales sobre la lista de Epstein, porque —y es comprensible por qué— Trump es uno de los principales implicados. Ahora se están confirmando absolutamente todas estas suposiciones, ni siquiera suposiciones, sino simples hipótesis, que hasta el último momento parecían una locura.
Ayer hubo una sensación: Karina Shulyak, la última amante de Epstein, que pasó diez años con él y a quien él legó cientos de millones de dólares de su herencia (se dice que incluso quería casarse con ella), salió de las sombras. Es de Bielorrusia, dentista, una chica de aspecto normal, pero se sabe con certeza que fue su amante durante la última década. Y recientemente escribió: «Sabéis, Jeffrey es un buen hombre, Jeffrey no tiene la culpa». Ella dice: «Sí, claro, las élites políticas se dedican al canibalismo, comen niños y celebran misas satánicas, pero Jeffrey no tiene nada que ver con eso: él solo los chantajeaba, lo involucraron en eso, no tenía otra salida, trabajaba para diferentes servicios de inteligencia; por eso él es una buena persona, pero lo que ocurría allí y con lo que yo tengo que ver… eso sí que era realmente monstruoso». Imagínense, declaraciones como estas por parte de un testigo así, una figura como él.
Por lo tanto, sí.
Presentador: Querría aclarar un punto, porque lo ha mencionado varias veces: en el futuro será muy interesante conocer su opinión al respecto. Cuando hablamos de satanismo en esta situación, cada vez más da la sensación de que ellos creían y creen sinceramente en ello. Es decir, no se trata de un juego político u oportunista con el satanismo, sino de una fe real de estas personas en Satanás.
Aleksandr Duguin: Sí, el satanismo está prohibido en la Federación Rusa, pero estamos acostumbrados a pensar que se trata de unos locos que creen en algo que no existe. Creemos que son simplemente personas mentalmente inestables, marginados, dispuestos a cometer actos delictivos. Pero aquí se descubre algo completamente diferente. Se trata, en esencia, de la existencia de una especie de iglesia, de órdenes, de sociedades secretas con ritos religiosos, con sus propias creencias, cultos y rituales, donde sacrifican bebés, comen niños, violan y secuestran mujeres. Y allí se celebran «misas negras» en el sentido más literal de la palabra, y toda la élite occidental está inmersa en esta religión. Era simplemente imposible imaginar algo así, realmente no cabe en la cabeza. Es decir, en otras palabras, nosotros pensamos que el satanismo es un fenómeno marginal de maníacos locos, pero resulta que es la iglesia a la que pertenece la élite política occidental.
Por lo tanto, si la existencia del satanismo es ahora evidente, surge la pregunta: ¿existe Satanás? Para nosotros, personas de la época soviética, educadas con Cheburashka, esto es, por supuesto, ridículo: sabemos que Gagarin voló al espacio, no vio a Dios y mucho menos a Satanás. Pero estos ingenuos mitos materialistas, con los que aún vive parte de la humanidad, ya no son capaces de explicar lo que está sucediendo. Si Satanás no existe, ¿a quién adoran los científicos más importantes? ¿A quién sirven y a quién ofrecen sacrificios los políticos, los músicos, los representantes de las mayores corporaciones financieras y sus familiares? ¿A quién sirven? Después de todo, la cuenta de Epstein figuraba a nombre de Baal. Baal es una deidad que es el prototipo del Satanás cristiano histórico y a la que se le ofrecían sacrificios sangrientos. A lo largo de toda la historia bíblica, los profetas fieles al Dios Único, los políticos y los líderes religiosos dicen: «Israel, despierta, ¿por qué te has pasado al bando de Baal?». Y así fue muchas, muchas veces. Reyes, líderes religiosos y pueblos enteros adoraban a Baal en la antigüedad. Parecería que todo esto ha quedado en el olvido, que estos cultos sangrientos y estas orgías crueles fueron erradicados, que se luchó contra ellos. Pero la tradición judía luchó contra ellos hasta el final. Al final, estos brotes del culto a Baal se manifestaron prácticamente hasta el fin de la religión judía, hasta la destrucción del Segundo Templo. Y, al parecer, estos cultos se han conservado de alguna manera hasta nuestros días, y en la era del ateísmo, cuando ya nadie se oponía a ellos y el cristianismo también fue abolido, y todos se burlaban del diablo, él aprovechó esta situación.
Es imposible explicar esto simplemente como una obsesión de algunos sectores marginales o grupos aislados. Se trata de un fenómeno: usted habla del colapso de Occidente. Es interesante que Kevin Spacey, que interpretó el papel principal en «House of Cards» (y que, por cierto, fue condenado por pedofilia en Estados Unidos y enviado al ostracismo), ahora aparezca en el caso Epstein. En la red aparecen imágenes y fotos en las que aparece junto a Epstein y junto a Ghislaine Maxwell. Y ella, recordemos, era la hija de uno de los agentes más importantes del Mossad israelí en Estados Unidos, que en su momento nos instaló sistemas supuestamente para rastrear a los disidentes, pero que hasta finales de 1990 transmitían al Occidente y al Mossad información sobre nuestras fuerzas espaciales. Era un gran aventurero, este padre de Ghislaine Maxwell. Y este grupo —Ghislaine Maxwell, Epstein, Kevin Spacey— aparece fotografiado con la familia real británica, directamente en sus aposentos. Es decir, de hecho, muchas de las cosas que se mostraron en la serie «House of Cards» resultaron ser verdad, que en realidad es aún más aterradora. Está el «Bosque de Bohemia», está la «Liga del Hiedra», hay tramas sobre orgías satánicas que se muestran de forma indirecta. Al igual que en la película de Kubrick «Con los ojos bien cerrados»: nos muestran algunos fragmentos y luego dicen: «Bueno, mirad, solo es una película».
O como en La teoría de la conspiración de Mel Gibson. Y ahora vemos que toda la cultura que se presentaba como fantasías oscuras, slashers que alteraban los nervios, como La matanza de Texas o películas sobre el satanismo, no es más que el día a día de la élite occidental.
Y, por supuesto, en este sentido, la gente en Occidente se pregunta: ¿a quién podemos recurrir? Antes era así: si no nos gustaban los demócratas, votábamos a los republicanos; si no nos gustaban los republicanos, votábamos a los demócratas. ¿Y ahora a quién votar? Aun lado hay satanistas y al otro lado también. Ni siquiera se puede decir dónde hay más: hay caníbales en un movimiento y en el otro. Y resulta que incluso la alternativa a MAGA es la correspondencia de Epstein con Peter Thiel y Steve Bannon, que son los dos polos del movimiento de Trump. Eso tampoco sirve para nada. En general, quedan algunas migajas: varios congresistas y senadores, como Thomas Massie, Ro Khanna o Marjorie Taylor Greene, que no están involucrados en todo esto. No aparecen en estos archivos y realmente gozan de inmunidad, pero son literalmente una minoría. Resulta que en Occidente solo hay un puñado de políticos que no están involucrados en la red de Epstein.
¿Qué van a hacer ahora los occidentales? ¿Y qué vamos a hacer nosotros? ¿Con quién vamos a hablar en Occidente? Pensábamos que nos engañaban, pero que, al fin y al cabo, velaban por sus intereses. Y ahora resulta que hemos estado lidiando durante tanto tiempo con la civilización satánica más terrible y monstruosa del Anticristo, gobernada por caníbales. ¿Qué hacemos ahora, cuando hemos adoptado todas sus prácticas en materia de educación, cuando hemos creído en su cultura, cuando hacemos remakes de sus películas y utilizamos sus instrumentos financieros? Ahora surge una nueva idea de que Epstein creó el bitcoin para algunos de sus actos delictivos. Resulta que toda esta democracia liberal y todo lo que entendemos por política e ideología en Occidente es producto del trabajo de oscuras organizaciones secretas, que están presentes y descritas en detalle en los archivos de Epstein. Hay miles de personas, y todas ellas pertenecen a la élite, todas ellas son participantes en estos acontecimientos monstruosos, de los que la gente común ni siquiera puede hablar.
Ahora, en Occidente, los blogueros escriben: si después de ver esto puedes dormir tranquilo, es que eres un cerdo. Si puedes dedicarte a tus asuntos habituales y vivir en tu mundo habitual, ya no eres humano. Entonces no preguntes si, después de comerse a tus hijos, te asarán en un kebab en alguna isla de la élite, porque Epstein ya no está, pero su causa sigue viva. Por eso creo que la situación es muy grave. Y nosotros estamos paralizados: por eso guardamos silencio, por eso Oriente guarda silencio. Simplemente no podemos creerlo, no nos cabe en la cabeza. ¿Cómo es posible? Llegamos a un acuerdo con Trump, pero ¿con quién llegamos a un acuerdo en realidad? ¿Con quién estamos tratando de llegar a un acuerdo ahora? El hecho de que haya obstaculizado y siga obstaculizando la investigación del caso Epstein lo convierte, de hecho, en cómplice de crímenes de tal magnitud que, en la historia de la humanidad, solo son comparables a los de Hitler, Calígula o Nerón. Es decir, en el Occidente contemporáneo está ocurriendo algo épico.
Se trata, por supuesto, de un colapso total. Y muchos se preguntan: ¿qué hacer? Hay una expresión que dice: «What out of all this mess?» (¿Qué hacer con todo este lío?), es decir, ¿cómo salir de esta situación, cómo elegir, cómo votar para salir de este atolladero? Dicen: «Por supuesto, votemos a quien votemos, votaremos por Satanás». A partir de aquí se entienden los proyectos de inteligencia artificial y las pandemias, todo lo cual se discute en los archivos de Epstein. Solo queda encontrar a los reptiloides y los extraterrestres, pero esta es quizás la única parte de las teorías de la conspiración que aún no ha encontrado confirmación.
Presentador: Ha mencionado a Stanley Kubrick. ¿Quizás aquí se pueda aplicar el método descrito no en «Eyes Wide Shut» o en una película mucho más antigua «A Clockwork Orange»? En ella, al protagonista, un personaje puramente negativo, le abren los ojos a la fuerza en el final y le obligan a mirar los horrores de la guerra y el crimen para intentar curarlo. Lo que está sucediendo ahora en el mundo occidental es muy similar: alguien le abre los ojos a la fuerza para revelarle toda la verdad y todo ese horror. Alguien le mantiene literalmente los párpados abiertos. Resulta que Stanley Kubrick lo predijo tanto allí como aquí. En su opinión, ¿quién lo está haciendo? Es decir, ¿quién está destapando esta terrible llaga?
Aleksandr Duguin: Es un gran misterio. En primer lugar, ¿cómo es que Trump llegó al poder tras la revelación del «Estado profundo»? Antes, la mera existencia del Estado profundo se consideraba una invención, pero Trump demostró de manera bastante convincente que no es un mito y que sus enemigos son los demócratas liberales. Uno de sus más cercanos seguidores incluso llamó a este gobierno mundial y a Greta Thunberg el Anticristo. Todo esto sonaba muy convincente. Y entonces alguien realmente destapó este «Estado profundo» y lo sacó a la luz. Incluso Netanyahu, que sin duda tiene una relación directa con la red de Epstein (tanto a través de sus servicios especiales como profesionalmente), utilizó este término. Por cierto, Netanyahu incluso pidió que lo «borraran» de estos archivos: al principio había fotos suyas, pero luego las eliminaron. Por lo tanto, tanto Trump como Netanyahu y Peter Thiel tenían en mente algo propio con este término.
Surge la pregunta: ¿quién dio la autorización, quién dio la orden de desenmascarar al «Estado profundo»? ¿No hay detrás de esto un Estado aún más profundo? Hace un año escribí un artículo sobre esto para RIA Novosti: sobre la existencia del «deeper state» (estado aún más profundo). Se trata precisamente de ese hipotético «deeper state», una capa aún más profunda. Y creo que los archivos revelados de Epstein ya no son el «deep state» habitual. El «deep state» era solo una etapa previa, y ahora ha salido a la luz precisamente el «deeper state»: esas mismas personas que figuran en las listas de Epstein.
Pero entonces surge la siguiente pregunta: ¿quién los ha desenmascarado? ¿Cuántas capas hay en total? Resulta que hay un mal número uno: los globalistas. Son los Clinton, que participan en orgías en la isla y otros más. El deep state habitual no ha desaparecido: la democracia liberal y el Partido Demócrata de Estados Unidos siguen siendo criminales y están completamente desacreditados. Pero ahora resulta que el «estado aún más profundo», incluidos aquellos que desenmascararon la primera capa, también forma parte de esta red. ¿No hay aquí una tercera capa? Es una hipótesis muy atrevida: el «deepest state», el estado más profundo de todos.
Porque alguien realmente tuvo que abrirles los ojos a la fuerza, como en la imagen del final de «La naranja mecánica», que tan acertadamente ha citado: cuando obligan al maníaco a ver sus propios actos. Ahora Trump se encuentra precisamente en la misma situación que el matón de la película: a él y a Melania les obligaron a ver todo esto. Él lo ve cada segundo, mientras le amenazan con sacarle de la Casa Blanca y llevarle directamente a la celda de Ghislaine Maxwell. Pero ¿quién lo hizo? ¿Quién abrió los archivos de Epstein? Porque, según la lógica, este «Estado aún más profundo» no debería haberse revelado, ya que quienes destaparon la capa anterior quedaron totalmente comprometidos. En todo Occidente no hay ninguna fuerza política, social o cultural que pueda considerarse beneficiaria de esta revelación.
Mientras tanto, Oriente guarda silencio. Me parece que China, el resto de países y nosotros simplemente no nos atrevemos a decir «os lo dijimos», porque tememos que estos satanistas puedan responder lanzándonos armas nucleares. Ahora que vemos con quién estamos tratando, este desenlace parece muy probable y así es como explico nuestro silencio. No somos aptos para desempeñar el papel de «Estado del Estado», aunque se nos intente acusar de algo similar en esos mismos archivos, pero eso es completamente absurdo. No podemos desempeñar esa función. De ahí surge un gran problema: ¿quién estaba realmente detrás de la publicación de esos documentos?
Presentador: Me acordé de una frase que se le atribuye al senador John Kennedy (homónimo del presidente): dijo que era hora de inventar una nueva conspiración, porque la antigua resultó ser cierta. En relación con esto, me gustaría mencionar una versión relacionada con ese mismo «Estado profundo» del que hablaba. La esencia de esta versión es que las élites se autolimpian de esta manera: las figuras que están detrás y que realmente controlan los procesos se han dado cuenta de que las élites públicas actuales no han estado a la altura y se han degradado definitivamente. No han cumplido su función y ahora se ha decidido a destituirlas, abriendo los archivos de Epstein para, de hecho, reiniciar el proceso. ¿Qué le parece esta versión: que se trata de una destrucción consciente del material gastado y descompuesto con el fin de reiniciar el sistema?
Aleksandr Duguin: Cualquier versión puede ser considerada debido a las condiciones extremas en las que nos encontramos, excepto aquellas que se utilizaban anteriormente. Por ejemplo, que la economía determina la política, que todos los países siguen sus cálculos racionales, que el egoísmo razonable de un Estado u otro explica la lógica de su política y que todo gira en torno a los recursos, los precios del petróleo o los mercados financieros. Me parece que este tipo de analistas pueden ser libres: no son necesarios, porque son mucho más débiles que cualquier modelo primitivo de inteligencia artificial. Esto resultó ser absolutamente falso. Es decir, la gran mayoría del análisis racional es simplemente inaplicable. Ahora solo pueden competir entre sí diferentes versiones de la conspirología.
Y yo creo que hay que pasar de la conspirología a la teología. Porque todo comenzó cuando rechazamos a la Iglesia, nos burlamos de sus enseñanzas sobre la existencia de la eternidad, la existencia del alma, la inmortalidad, el juicio final, la lucha entre ángeles y demonios, que se libra también a través del hombre y a través de nuestra historia. Nos reímos tanto de todo esto, nos reímos durante siglos, giramos algunas manivelas, mostrando que el rayo no proviene de Dios, sino de este practicante con bata blanca que muestra algunos aparatos a los campesinos. Durante mucho tiempo nos hemos partido de risa burlándonos de las religiones tradicionales, no solo de la cristiana, sino también de la judía, la islámica y, en general, de todas. Y ahora esa risa se ha convertido en una siniestra carcajada diabólica. Es decir, resulta que la idea de que el diablo no existe, al igual que Dios, era precisamente una idea del diablo. Él la introdujo cuidadosamente y la está aprovechando. Esta es la nueva situación.
Y por eso creo que, en general, la conspirología debería detenerse aquí de alguna manera. La conspirología es un intento de los materialistas, los ateos, las personas terrenales y carnales de explicar aquellas cosas que sienten: algo está sucediendo, pero no pueden explicarlo porque no tienen los medios para ello. Por eso inventan mitos, inventan conceptos y, en realidad, a veces dan en el clavo (la mayoría de las veces dan en el clavo). Pero para ello hay que volverse un poco loco desde el punto de vista del materialismo. La conspirología es cosa de materialistas locos que no pueden creer en la religión, para los que Dios no existe, y, sin embargo, expresan sus oscuros recelos y dan en el clavo cada vez más.
Ahora es el momento de pasar de la conspirología a la teología, lo que nos situará en un contexto completamente diferente. No inventaremos cosas aterradoras, como reptilianos extraplanetarios y demás: simplemente veremos el mundo, incluidas sus dimensiones invisibles. Recordaremos que existen entidades espirituales, tanto orientadas hacia lo divino como hacia lo antagónico. Recordaremos nuestra alma, sus misterios, su inmortalidad, que hay una batalla por ella. Y nos encontraremos en un mundo que se corresponderá mucho más con lo que vemos ante nuestros ojos, al tiempo que tendremos una descripción realmente sólida.
Por cierto, incluso en Occidente se acercan a esto: Thiel habla de la civilización del Anticristo. De hecho, hoy en día, especialmente tras la publicación de los archivos de Epstein, Occidente habla en cada publicación de lo profunda y fatalmente equivocados que estuvimos hace quinientos años, cuando creímos a Newton y a todos esos modelos sobre el mundo material. Es decir, en realidad se pone en duda toda la modernidad occidental, toda la historia occidental, el progreso. El progreso hacia la inteligencia artificial y las bandas pedófilas de satanistas que gobiernan la humanidad es un progreso maravilloso. Y ellos ya lo habían advertido antes: existe una teoría llamada «ilustración oscura» (Dark Enlightenment), que muchos apoyaban. Afirma que, en realidad, la ilustración es algo bastante aterrador, es la idea de expulsar a Dios, es satanismo encubierto. Detrás del secularismo, el racionalismo, el materialismo y el ateísmo se escondían sectas aún más aterradoras y oscuras, que ahora se han desatado: los adoradores de Baal.
Poco a poco estamos pasando de la conspirología a la teología, y ahí es donde, en mi opinión, encontraremos las respuestas correctas. Bueno, veamos la versión que propones: hay élites que quieren purificarse. ¿Dónde están? ¿Dónde están esas élites y cómo se purificarán? Porque, en realidad, el grado de cobertura de la clientela de la isla de Epstein, donde se llevaban a cabo estos rituales satánicos, donde se comían niños, se violaba a bebés… es tan difícil incluso de pronunciar. Lo digo con calma, porque si gritamos y chillamos de dolor, nuestras palabras no serán más convincentes. Propongo que veamos nosotros mismos estos archivos y nos horroricemos, nos horroricemos de verdad, pero que cada uno lo haga por sí mismo.
Así pues: dado que se observa un grado tan profundo de penetración de esta red en prácticamente todas las instancias del mundo occidental, es completamente incomprensible quién podría llevar a cabo la limpieza. Si se elimina a esta élite, se eliminará a la élite en general, simplemente dejará de existir. ¿Y cómo surgirá una nueva élite? Esto requiere institucionalización, proyectos sociológicos y políticos. No hay un partido revolucionario, no hay un movimiento verdaderamente no comprometido. Incluso aquellos que se opusieron al «Estado profundo» en la etapa anterior se vieron afectados: incluso Musk se encontraba entre las personas que iban a viajar a la isla de Epstein, aunque al final no lo hizo.
Pero tenía intención de hacerlo. Y ahora abogan, exigen que se abran los archivos. Él no llegó, por eso lo exige, y el que llegó se tapó los ojos con las manos horrorizado: cree que ahora saldrá a la luz algo y allí hay fotos y vídeos. Cuanto más lejos, mejor. Por eso lo terrible de la situación es que no hay otra élite, no hay nada que limpiar. Las células cancerosas han penetrado en todas las estructuras de las instancias de gobierno occidentales, no hay nada, no hay alternativas.
Y ahora el pueblo, millones, decenas y cientos de millones de habitantes de Occidente, se ha despertado y ve esos archivos. Dicen: «¿Por qué nos enseñáis esto? ¿Quieren que lo aceptemos? No podemos derrocarles, no somos capaces de hacer una revolución, estamos inmersos en la vida cotidiana y el confort, estamos acostumbrados a la cultura que nos alimentan estas élites». Y, de hecho, son incapaces de actuar, no tienen nada que responder. Ahí está la paradoja y la tragedia: el delito es evidente, pero resulta que en él están involucrados jueces, investigadores, fiscales, abogados y acusados, es decir, todo el tribunal. Todos ellos, junto con el juez Epstein, cometieron actos delictivos. Y este descubrimiento no da esperanzas de que la élite se purifique.
Otra cosa es que esta élite, al encontrarse en tal situación, pueda simplemente decir: «así es como tenía que ser». Por cierto, ya hay declaraciones de este tipo. Por ejemplo, Lady Victoria Hersi, amante del príncipe Andrés (que participó en los episodios más repugnantes de esta historia), declaró recientemente, sonriendo, en la televisión británica: «Saben, en general, si no hubiéramos aparecido en las listas de Epstein, no seríamos la verdadera élite, porque todos estaban allí. Y si alguien no aparecía en ella, era simplemente un don nadie y un perdedor». Se está normalizando el satanismo. Es un intento de hacerlo aceptable. Quizás sea la explicación más adecuada: como la gente no puede rebelarse, intentan domesticarla. Si miras las redes sociales, verás que allí supuestamente no existía la lista de Epstein; si enciendes la CNN, allí proponen hablar de otros temas, y si alguien tiene la culpa, ese es solo Trump.
El resultado es el siguiente: a todos se les ha mostrado el abismo de la caída, pero si todo sigue como está, en la siguiente etapa este argumento ya no funcionará. Dirán: «esta persona adora a Baal y se come a los niños», y ellos responderán: «bueno, ya lo hemos oído, lo hemos aceptado». Esta es la primera cuestión. Pero si el conflicto y el colapso siguen creciendo, los procesos sociales empezarán a salirse de control. La gente se da cuenta de que los gobiernan pedófilos satanistas en todos los partidos y regímenes, con raras excepciones como Orbán.
Si todo esto empieza a desmoronarse, las élites entrarán en conflicto directo con las masas. Bill Gates, uno de los personajes más siniestros, habló de ello. Imagínate: usamos Microsoft, usamos software creado por los líderes del satanismo mundial. Es inconcebible, nos convertimos en cómplices indirectos. Estas estructuras son espías, influyen en nuestras redes e intentan influir en nuestra conciencia. O bien esta élite se vuelve directa y abierta en su espíritu, un gobierno anticristiano directo que destruirá a la oposición con hierro candente, continuando con los asesinatos y las violaciones, o bien resolverán el problema de otra manera.
