La resistencia de los iraníes ante el ataque ilegal de Israel y Estados Unidos contra su país está sacando a la luz las debilidades del «tigre de papel». En sólo días, los iraníes han demostrado que el armamento sofisticado y costoso de Estados Unidos no se adapta al tipo de guerra, altamente económica, que Teherán ha logrado poner en práctica, han desorganizado el mercado mundial del petróleo —que sostenía el dólar estadounidense— y están mostrando un nuevo modelo a todos los adversarios de la dominación anglosajona. China ya está revisando sus planes de defensa en función de ese nuevo modelo, en previsión de un ataque estadounidense relacionado con la cuestión de Taiwán.
La guerra contra Irán no se parece a ninguna otra. Por vez primera, los objetivos destruidos carecen de importancia. Los protagonistas se concentran ahora en las consecuencias económicas de sus acciones. Esta experiencia está revolucionando la forma de hacer la guerra y ya ha llevado el Ejército Popular de Liberacion —las fuerzas armadas de la República Popular China— a revisar sus planes de batalla.
Un dron Shahed vale unos 35.000 dólares. Para derribarlo, Estados Unidos tiene que lanzar dos misiles Patriot, que cuestan cada uno 3,3 millones de dólares. Si la defensa estadounidense «permite» que el dron Shahed alcance su blanco —sea cual sea la importancia de ese blanco— la conclusión lógica es que esa defensa es incapaz de cumplir su misión y que Estados Unidos es incapaz de proteger a sus aliados. Cada vez que lanza un dron, Irán tiene la garantía de que obliga Estados Unidos a desembolsar 6,6 millones de dólares, o sea cerca de 188 veces el costo del arma atacante.
Estados Unidos dispone del sistema antidrones Merops. Pero ese sistema de defensa antidrones está sólo en fase de pruebas, desde hace año y medio, en Ucrania. A pesar de eso, Estados Unidos lo ha puesto en servicio en las fronteras de Polonia y Rumania. Ahora, el Pentágono estadounidense ha decidido dejar al descubierto el frente oriental de la OTAN para enviar sus Merops al golfo Pérsico.
«Hemos recibido una solicitud de apoyo específico de Estados Unidos en materia de protección» contra los drones iraníes, declaró el 12 de marzo, el ucraniano Volodimir Zelenski. Varios oficiales ucranianos fueron enviados inmediatamente a la región del golfo Pérsico.
Por otro lado, hace años que Estados Unidos viene haciendo experimentos para utilizar sistemas laser en la defensa antidrones. Es una solución extremadamente económica pero todavía nadie sabe cómo utilizar un laser contra un dron, y menos aún cómo fabricar en serie ese tipo de arma. Todo indica que pasarán años antes de que el Pentágono logre utilizar ese tipo de sistema en el campo de batalla.
Mientras tanto, la reserva de misiles interceptores Patriot disminuye muy rápidamente. El Pentágono mantiene en secreto la cantidad disponible pero está dejando al descubierto todos los demás «frentes» para enviar los interceptores Patriot al Medio Oriente. Sólo se sabe que el complejo industrial-militar de Estados Unidos no puede fabricar más de 700 al año… mientras que Irán ya ha lanzado varios miles de drones Shahed.
Hasta aquí, hemos mencionado sólo la defensa contra los drones Shahed. Pero el problema que Estados Unidos e Israel están enfrentando en el plano de la defensa contra misiles de largo alcance ya no es sólo de orden financiero. Ahora se ven también ante el peligro, a muy corto plazo, de quedarse sin misiles interceptores THAAD, de los que se fabrican no más de una decena por semana[1].
En todo caso, sólo en los 2 primeros días de su guerra ilegal contra Irán, Estados Unidos gastó oficialmente 5600 millones de dólares en municiones[2].
