El pasado 12 de mayo del 2018 se llevó a cabo en Brescia el simposio titulado «Julius Evola, René Guénon. ¿Encuentro o enfrentamiento?», organizado por el Centro de Estudios Internacionales Dimore della Sapienza. El evento, al que RigenerAzione Evola se sumó oficialmente y en el que participó, contó con la presencia de ponentes de alto nivel como Claudio Mutti (Eurasia), Enzo Iurato (Heliodromos), Paolo Rada (representante del Centro de Estudios «Dimore della Sapienza») y Enrico Galoppini (escritor). A partir de hoy, publicamos los textos completos de las intervenciones de los ponentes mencionados, siguiendo el orden en que se presentaron. Comenzamos hoy con Claudio Mutti, quien abordó el tema del islam desde la perspectiva de Guénon y Evola. Que disfruten la lectura.
1. El Islam desde la perspectiva de René Guénon
Abordar el tema del islam «desde la perspectiva de René Guénon» equivale, en esencia, a detenerse en la relación de este autor con lo que en su obra se denomina comúnmente «esoterismo islámico».
Digamos de inmediato que, en las obras de Guénon, el tema del esoterismo islámico no tiene el mismo protagonismo que otras formas de la metafísica oriental, ya que la frecuencia de las referencias explícitas a la tradición islámica es cuantitativamente menor que la de las referencias relativas a la tradición hindú.
De hecho, Guénon escribió libros como Introducción general al estudio de las doctrinas hindúes y El hombre y su devenir según el Vedanta, pero ningún libro que trate específica y exclusivamente del esoterismo islámico; solo algunos artículos, entre los cuales se encuentran los nueve recopilados por Roger Maridort en el volumen póstumo titulado El esoterismo islámico y el taoísmo.
Los motivos de esta elección los explica el propio Guénon en una serie de consideraciones formuladas ya en 1924 en Oriente y Occidente, consideraciones cuya validez han confirmado los acontecimientos posteriores (y sobre todo los actuales).
«Uno podría preguntarse —escribe Guénon— por qué tomamos como punto de apoyo principal a la India, y no más bien a China, o por qué no consideramos más útil basarnos en algo más cercano a Occidente, es decir, en el aspecto esotérico de la doctrina islámica». La razón, responde Guénon, es que, al referirse al islam, surgirían varios inconvenientes. Es cierto que el islam, «con sus dos facetas, esotérica y exotérica, y con la forma religiosa que reviste la segunda, es lo más parecido a lo que sería una civilización tradicional occidental; sin embargo, precisamente la presencia de dicha forma religiosa, gracias a la cual el islam se acerca más a Occidente, corre el riesgo de despertar susceptibilidades que, por muy poco justificadas que sean, no estarían, no obstante, exentas de peligro: quienes son incapaces de distinguir entre los ámbitos más diversos se verían erróneamente impulsados a pensar en una competencia en el terreno religioso; y, sin duda, en la población occidental (…) existe mucho más odio hacia todo lo que es islámico que hacia el resto de Oriente»[1].
[1] R. Guénon, Oriente e Occidente, Edizioni Studi Tradizionali, Torino 1965, p. 223.
En el artículo incluido por Maridort al inicio del volumen póstumo que él mismo publicó, Guénon traza un panorama sintético del esoterismo islámico. Aquí se presenta la doctrina islámica como la doctrina tradicional en la que se distinguen de la manera más clara dos partes complementarias, dos partes que Guénon, recurriendo a la terminología árabe, denomina respectivamente esh-shariyah, es decir, literalmente «el gran camino», común a todos, y el-haqîqah, es decir, «la verdad» esencial e interior, reservada a los pocos que poseen las aptitudes necesarias para alcanzar su conocimiento.
Estas dos partes, dice Guénon, se comparan a menudo, «para expresar su carácter respectivamente “externo” e “interno”, con la “corteza” y el “núcleo” (el-qishr wa el-lobb), o bien con la circunferencia y su centro»[2].
[2] R. Guénon, La metafisica orientale, Edizioni all’insegna del Veltro, Parma 1986, p. 83.
La shariyah y la haqîqah representan, respectivamente, el exoterismo y el esoterismo del islam.
De hecho, la shariyah —continúa Guénon— «comprende todo lo que el lenguaje occidental designaría como propiamente “religioso” y, en particular, toda la parte social y legislativa, que en el islam se integra esencialmente a la religión; se podría decir que es, ante todo, una regla de acción, mientras que la haqîqah es conocimiento puro»[3]; pero es este conocimiento —añade Guénon— el que le da a la shariyah «su sentido superior y profundo y su verdadera razón de ser, de modo que, aunque no todos los que participan en la tradición sean conscientes de ello, es verdaderamente su principio, así como el centro lo es de la circunferencia»[4].
[3] R. Guénon, La metafisica orientale, cit., pp. 83-84.
[4] R. Guénon, La metafisica orientale, cit., p. 84.
Además, agrega Guénon, el esoterismo no solo comprende la haqîqah, sino también los medios adecuados para alcanzarla; «y al conjunto de estos medios se le llama tarîqah, “vía” o “sendero” que conduce de la shariyah hacia la haqîqah. (…) El esoterismo, considerado así como algo que abarca a la vez la tarîqah y la haqîqah, en cuanto medios y fin, se designa en árabe con el término general et-taçawwuf»[5], un término del que las lenguas europeas han derivado la palabra «sufismo».
[5] R. Guénon, La metafisica orientale, cit., pp. 84-85.
Guénon rechaza como totalmente «infundada»[6] toda hipótesis sobre el origen extraislámico del «sufismo», ya que, argumenta, «los medios expresivos propios del esoterismo islámico están estrechamente ligados a la propia constitución de la lengua árabe»[7],
[6] R. Guénon, La metafisica orientale, cit., p. 88.
[7] R. Guénon, La metafisica orientale, cit., p. 89.
