La guerra cognitiva en Occidente.

La censura es vista en Occidente como una forma de gobierno de otra época. La OTAN está enfrascada en una guerra cognitiva[1], no contra ideas y razonamientos sino para alterar la capacidad de la ciudadanía de tener en cuenta la manera de pensar de otras culturas. Ese tipo de guerra llevó inicialmente a prohibir los medios rusos: RT, Sputnik, etc. En este momento, la «guerra cognitiva» de Occidente se traduce en las muy fuertes presiones que se ejercen contra periodistas como el estadounidense Scott Ritter y el alemán Jürgen Elsasser, quienes no ven a los rusos como enemigos, sino que tratan más bien de entenderlos.

Rossiya Segodnia es la entidad pública rusa del sector audiovisual al exterior. Produce simultáneamente seis canales de televisión (el grupo RT), agencias de prensa (Sputnik, RIA-Novosti) y sitios de internet como Voice of Europe. Actualmente, Rossiya Segodnia está «prohibido» administrativamente en todos los países de la Unión Europea y próximamente también estará prohibido en Estados Unidos.

La vulgata de Occidente sobre el conflicto entre los anglosajones y Rusia no tolera la contradicción. Quienes se atreven a mencionar la existencia de otros puntos de vista están siendo objeto de una represión arbitraria.

Todo comenzó, en Francia, durante la campaña electoral que precedió la elección presidencial de 2017. Dos medios rusos, RT y Sputnik, mencionaron en sus reportes los ficheros pirateados del equipo de campaña del candidato Emmanuel Macron y las declaraciones de un diputado sobre la cuenta secreta que supuestamente tenía en una empresa offshore en Bahamas. El candidato Macron presenta entonces a la justicia una denuncia contra X (o sea, sin designar al autor del delito) mientras que ambos medios anuncian su intención de presentar una denuncia por difamación (el ahora presidente de Francia Emmanuel Macron no podrá ser juzgado mientras esté en el cargo).

El asunto quedó ahí hasta que, un mes después, luego de la elección presidencial, el flamante presidente de Francia Emmanuel Macron da en Versalles una conferencia de prensa junto al presidente ruso, Vladimir Putin. Macron califica entonces a los medios rusos de «órganos de influencia [que] en varias ocasiones produjeron información tendenciosa sobre mi persona y mi campaña» y afirma que «Russia Today y Sputnik no se comportaron como órganos de prensa ni como periodistas, sino que se comportaron como órganos de influencia, de propaganda y de propaganda mentirosa, ni más ni menos».

En 2022, las autoridades británicas dan una interpretación del envenenamiento de Serguei y Yulia Skripal. RT propone una interpretación diferente. La autoridad británica de regulación de los medios, la Office of communication (Ofcom), envía a RT una serie de notificaciones y termina condenando ese canal informativo ruso de televisión a pagar una multa de 200.000 libras esterlinas, multa que será confirmada posteriormente por la Alta Corte de Justicia de Londres.

El 10 de marzo de 2021, la directora nacional de la inteligencia de Estados Unidos publica un informe sobre las amenazas extranjeras durante las elecciones de 2020[2] y asegura en ese documento que el presidente ruso Vladimir Putin había impartido instrucciones para que los medios rusos denigraran al candidato Joe Biden y respaldaran así la reelección de Donald Trump. Pero… nada de eso es reprensible y en el documento no se cita a ningún medio.

En 2022, las autoridades de Alemania se inquietan ante la visión de RT sobre «la agresión rusa contra Ucrania». ¿Por qué? Pues porque RT presenta los argumentos del Kremlin sobre la «operación militar especial», que los rusos consideran necesaria debido a la presencia de neonazis en el gobierno de Kiev. ¿Y qué medida toman las autoridades de Alemania? Pues simplemente prohíben RT, y prohibiciones similares son rápidamente emitidas por la mismísima Unión Europea. El 27 de febrero, la presidente de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen (la gárgola), anuncia que los medios rusos RT y Sputnik quedan prohibidos en todos los países de la Unión Europea. Días después, YouTube cierra el acceso de los internautas europeos a los canales del canal ruso de televisión y de la agencia Sputnik. Un mes después, Canadá también prohíbe el acceso a RT y Sputnik.

La censura se acelera en 2024. El 27 de marzo el gobierno checo prohíbe el acceso al sitio web Voice of Europe y adopta sanciones contra el exdiputado ucraniano Viktor Medvedtchuk, quien supuestamente lo financia. Ese mismo día, la policía polaca irrumpe en las oficinas de ese sitio web en Varsovia, donde realiza un registro y se apodera de todo el dinero en efectivo que encuentra. El 17 de mayo de 2024, la Unión Europea prohíbe RIA-Novosti y Voice of Europe, así como los diarios rusos Izvestia y Rossiiskaya Gazeta.

No está de más precisar que RT, Sputnik, RIA-Novosti, Voice of Europe, Izvestia y Rossiiskaya Gazeta, nunca habían tenido problemas con la justicia. Las decisiones de prohibir esos medios son de carácter puramente administrativo. Parece que en la Unión Europea la libertad de expresión no protege a los medios rusos.

En Alemania, la policía federal realizó una veintena de registros realmente espectaculares para reprimir un «crimen» imaginario e incautó grandes cantidades de material. En definitiva, el tribunal administrativo acabó anulando todo el procedimiento.

El 15 de julio de 2024, la policía federal de Alemania realiza registros en los domicilios de Jürgen Elsasser, el redactor-jefe de Compact, Magazin für Souveränität, y de una veintena de sus colaboradores. Los policías buscaban pruebas sobre supuestos preparativos de un golpe de Estado, se llevan grandes cantidades de material… pero no encuentran nada. A pesar de ello, la ministra del Interior, la socialista Nancy Fraser, prohíbe la revista por la vía administrativa.

En Estados Unidos, el FBI registra el domicilio de Scott Ritter. Este ex inspector de las Naciones Unidas, miembro de la Comisión Especial de las Naciones Unidas (UNSCOM), encargado de vigilar la eliminación de «armas de destrucción masiva» en Iraq, se distinguió por sus denuncias de las mentiras de la administración Bush. Actualmente, Scott Ritter persevera con su denuncia de la retórica atlantista sobre el conflicto en Ucrania.

El 7 de agosto de 2024, el FBI registra el domicilio de Scott Ritter, tratando de hallar pruebas de que Ritter recibe «financiamiento ruso». El FBI también se lleva muchas cosas del domicilio de Ritter… pero no encuentra nada. El pecado de Scott Ritter es que, desde la invasión de Iraq, ha venido analizando las mentiras de los gobiernos estadounidenses… lo cual debería ser posible en una democracia.

El 14 de agosto de 2024, el Tribunal Administrativo Federal de Leipzig anula el decreto que prohibía la publicación de Compact, Magazin für Souveränität, en espera de que el gobierno federal —encabezado por el canciller Olaf Scholz— presente pruebas del complot que atribuye a la revista. El Tribunal Administrativo Federal de Leipzig exige además que las autoridades devuelvan el material confiscado a Jürgen Elsasser y a sus colaboradores. En realidad, el único “delito” de Jürgen Elsasser es haber declarado que el gobierno del canciller Scholz ha traicionado al pueblo alemán, y que, por eso, le gustaría verlo derrocado. Se trata de una opinión, ciertamente radical, pero también ciertamente autorizada en una democracia. Además de la revista, Jürgen Elsasser ha creado en internet un canal que cuenta diariamente no menos de 1,2 millones de espectadores en Alemania.

Pero eso no es todo.

El 4 de septiembre pasado, Washington anuncia el inicio de procedimientos penales y la adopción de sanciones como respuesta a intentos de injerencia en las elecciones estadounidenses, injerencias que atribuye a Rusia. El Departamento de Estado impone restricciones a la entrega de visas a los medios del grupo Rossiya Segodnia.

El 13 de septiembre, al ser interrogado por la prensa, el secretario de Estado Antony Blinken habla de «actividades desestabilizadoras» de la televisión RT, convertida, según él, en una «rama» de la inteligencia rusa en el mundo. Casi 2 años antes, los servicios de este secretario de Estado habían publicado un «informe especial» titulado Los medios financiados por el Kremlin: el papel de RT y de Sputnik en el sistema ruso de desinformación y propaganda[2].

El 16 de septiembre, sólo 3 días después de la declaración de Blinken, Meta, el emporio que posee Facebook, Instagram y WhatsApp, anuncia: «Rossiya Segodnia, RT y otras entidades vinculadas quedan fuera de nuestras aplicaciones en el mundo entero debido a sus actividades de injerencia externa».

Por supuesto, uno puede pensar que esos casos no están vinculados entre sí, aunque todos tienen que ver con los mismos medios. Pero creer eso sería una ingenuidad dado el hecho que las autoridades de Estados Unidos y de la Unión Europea han violado sin miramientos el principio de la libertad de expresión, inscrito tanto en la Constitución de los Estados Unidos de América como en los tratados de la Unión Europea. Así que sólo queda por ver cuál es la instancia que coordina esas acciones y con qué objetivo.

En 2016, yo mencioné en este sitio web la creación del Centro de Comunicación Estratégica de la OTAN[3]. Posteriormente, en 2022, mencioné también la creación de la Disinformation Governance Board (Junta de Gobernanza de la Desinformación) por parte de la administración Biden[4]. La primera de esas dos entidades sigue en funciones y está desarrollándose, la segunda fue disuelta, pero su directora está ahora al servicio del Foreign Office británico.

Todo ese dispositivo ahora trata de intervenir principalmente de la manera lo más preventiva posible. Recurriendo a los últimos descubrimientos de las neurociencias, se trata de orientar los cerebros incluso antes de que comiencen a reflexionar, eso es lo que se llama la «guerra cognitiva» (cognitive warfare). Se trata de una invención concebida por los franceses François du Cluzel, Bernard Claverie y Baptiste Prébot[5] en el seno del Mando Aliado de Transformación de la OTAN, bajo el mando de los generales, igualmente franceses, André Lanata y Philippe Lavigne.

Según la perspectiva de la guerra cognitiva, lo conveniente es intervenir [en las mentes] lo más temprano posible, antes de que ciertas ideas se abran paso. Es por eso que, en febrero de 2022, cuando Rusia comienza a aplicar la resolución 2022 del Consejo de Seguridad de la ONU (acto que la propaganda atlantista califica abusivamente de «agresión rusa»), los adversarios de Rusia inicialmente trataron simple y llanamente de prohibir la cultura rusa y acabaron recurriendo a la prohibición de los medios rusos. En definitiva, para ellos lo ideal sería prohibir no los «repetidores» de los puntos de vista de Rusia sino más bien los medios que tratan de entender el pensamiento ruso.

El enemigo ya no es quien transmite los comunicados del Kremlin sino todo aquel que trate de entender la manera de pensar de los rusos. Esa era antes la función de los diplomáticos, tratar de entender cómo piensa el otro. Pero, el 16 de abril de 2022, el presidente francés Emmanuel Macron disolvió el cuerpo diplomático, justo después de haber prohibido los medios rusos en Francia. Más recientemente, hace sólo semanas, la administración de Macron arrestó a Pavel Durov, el fundador de Telegram, culpable de haber concebido un medio de comunicación privado que permite a sus usuarios mantenerse en contacto con los rusos.

Esos esfuerzos se coordinan muy probablemente a través del Centro de Comunicación Estratégica de la OTAN, el único organismo que cuenta simultáneamente con una experiencia de la guerra cognitiva y con el poder de prohibir este o aquel medio, así como de ordenar que se encarcele a esta o aquella persona.

Según nuestras informaciones, el ente que determina los blancos es el Centro Bávaro de Protección de la Constitución (Bayerisches Landesamt für Verfassungsschutz). Esa entidad fue creada en 1950 por el Alto Comisionado de Estados Unidos en la Alemania ocupada, John McCloy, y se componía de antiguos miembros de las SS y de la Gestapo. ¡Y todo sigue igual desde aquella época! Por ejemplo, hace unos meses el Centro Bávaro de Protección de la Constitución etiquetaba un centenar de grupos de oposición, como la asociación Attac y el partido Die Linke, como «extremistas de izquierda» acusándolos de estar vinculados con el terrorismo y aconsejando su ilegalización.

¿Otro ejemplo? Para mi sorpresa he podido comprobar que esa entidad alemana me clasifica como «agente de influencia ruso»… por haber defendido el derecho internacional elaborado en 1899 por el gobierno del zar Nicolás II y por el premio Nobel de la Paz de 1920, el francés Leon Bourgeois[6]. Parece que los sesudos del Centro Bávaro de Protección de la Constitución sólo vieron la referencia al zar Nicolás II, ignorando en cambio la mención al ilustre político francés, quien fue presidente del consejo de ministros (1895-1896), presidente de la Asamblea Nacional de Francia, presidente del senado (de 1920 a 1923) y que además presidió el primer Consejo de la Sociedad de las Naciones, en 1920. Bueno… también es cierto que el nombre de Leon Bourgeois ha sido eliminado de los manuales escolares franceses.

El hecho es que estamos viviendo un momento que nadie supo prever. Para enfrentar con éxito la guerra cognitiva hay que disponer de referencias, de puntos de comparación, es necesario cierto nivel de cultura general.


Los colonos israelíes son ahora migrantes ilegales.

Estamos acostumbrados a ver como Israel justifica sus crímenes invocando su seguridad mientras que los anglosajones lo defienden en el Consejo de Seguridad de la ONU. Israel suele escapar así a las consecuencias judiciales de sus crímenes. Eso parece haber terminado. La Corte Internacional de Justicia ha rechazado el argumento del gobierno israelí y el Estado de Palestina se ha convertido en miembro pleno de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Ya no será posible seguir mirando para otro lado para no ver la situación del pueblo palestino, que ahora dispone de la capacidad jurídica necesaria para perseguir a sus verdugos.

En aplicación del voto emitido el 10 de mayo de 2024 por la mayoría de los Estados miembros, desde el 10 de septiembre Palestina es miembro pleno de las Naciones Unidas.

El 10 de septiembre de 2024, los colonos israelíes, que dicen actuar según un plan divino cuando se instalan ilegalmente en Cisjordania —el territorio palestino que ellos llaman Judea y Samaria— pasaron del estatus de ciudadanos israelíes instalados en territorios en disputa a la categoría de inmigrantes ilegales en el soberano Estado de Palestina.

En efecto, en la apertura de su 79º periodo de sesiones, la Asamblea General de las Naciones Unidas puso en aplicación su resolución ES-10/23 del 10 de mayo pasado[1]. El Estado de Palestina se convierte así en miembro pleno de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Ya nadie puede oponerse al ejercicio de sus derechos como Estado soberano.

El hecho que Palestina haya pasado a ser un Estado soberano modifica la interpretación del Acuerdo Interino sobre Cisjordania y la Franja de Gaza —el Acuerdo de Oslo II. La Autoridad palestina ya no es una administración provisional para un periodo de transición sino un gobierno en todo el sentido de la palabra. Los «Territorios Palestinos» ya no son «zonas en disputa» sino el territorio internacionalmente reconocido de un Estado soberano.

Desde la Guerra de 1967 (la «Guerra de los Seis Días», la colonización israelí nunca dejó de absorber nuevos territorios. Actualmente hay más de 700.000 colonos israelíes en Cisjordania, en el este de Jerusalén y en la meseta del Golán.

La Corte Internacional de Justicia (CIJ), que es el tribunal interno de la ONU, respondió el pasado 19 de julio a una consulta de la Asamblea General. En su respuesta, la Corte Internacional de Justicia definió las reglas del derecho que se aplican a las políticas y prácticas de Israel en los territorios palestinos ocupados[2]. Sin embargo, la respuesta de la CIJ a la consulta de la Asamblea General no tuvo efecto alguno en el terreno ya que el Consejo de Seguridad es el único órgano habilitado para obligar Israel a respetar el veredicto.

Es importante recordar la diferencia fundamental que existe entre el derecho internacional y el derecho penal: el derecho penal se aplica a través de la policía y del sistema penitenciario, mientras que el derecho internacional se basa en la obligación que tiene cada gobierno de respetar los compromisos firmados por el Estado. En el caso que nos ocupa, Israel es miembro de la ONU porque firmó la Carta de las Naciones Unidas[3], documento cuyo Capítulo XIV estipula: «Cada Miembro de las Naciones Unidas se compromete a cumplir la decisión de la Corte Internacional de Justicia en todo litigio en que sea parte».

Cuando la Corte Internacional de Justicia emite una opinión o un veredicto este es de obligatorio cumplimiento para todos los Estados Miembros de la ONU. Por supuesto, eso incluye tanto a Israel como a Estados Unidos, Reino Unido, etc.

La Corte Internacional de Justicia plantea (§ 229) que las políticas y prácticas de Israel en los territorios palestinos ocupados violan la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial. La CIJ precisa que Israel practica de facto una forma de apartheid (Cf. artículo 3 de la Convención). Eso es exactamente lo que la Asamblea General de la ONU había proclamado el 10 de noviembre de 1975, cuando concluyó que «…el sionismo es una forma de racismo y de discriminación racial.»[4], en una resolución posteriormente abrogada únicamente para que Israel aceptara participar en la Conferencia de Paz de Madrid, en 1991[5]. Dado el hecho que Israel no cumplió los compromisos que contrajo en aquel momento, la Asamblea General debería restaurar aquella resolución.

La Corte Internacional de Justicia observa también (§ 263) que «los Acuerdos de Oslo no autorizan a Israel a anexar partes del Territorio Palestino ocupado para satisfacer sus necesidades y obligaciones en materia de seguridad. No lo autorizan tampoco a mantener una presencia permanente en el Territorio Palestino ocupado con ese mismo fin». Esa observación, emitida en julio, adquiere más contundencia ahora que Palestina es un Estado soberano internacionalmente reconocido.

No es casualidad que la semana pasada, o sea después de la respuesta de la CIJ a la Asamblea General y antes de que Palestina concretara su nuevo estatus de miembro pleno de la ONU, las tropas de Israel se retiraran súbitamente de las principales ciudades que ocupaban en Cisjordania. El 12 de octubre, el gobierno israelí dijo al Alto Tribunal que no había razones que justificasen un aumento de la ayuda humanitaria a Gaza porque Israel no controla ese territorio y no es responsable sobre él.

Precisamente, la Corte Internacional de Justicia concluyó que «Israel tiene la obligación de reparar los daños causados por sus actos internacionalmente ilícitos [la ocupación y el apartheid] a todas las personas físicas o morales afectadas» (§ 269). Eso incluye «la obligación de Israel de restituir las tierras y otros bienes inmuebles, así como el conjunto de los haberes confiscados a toda persona física o moral desde el inicio de su ocupación en 1967 y todos los bienes y edificios culturales tomados de los palestinos y de sus instituciones, incluyendo los archivos y los documentos. Igualmente exige que todos los colonos de los asentamientos existentes sean evacuados, que las partes del muro construido por Israel que están situadas en el Territorio Palestino ocupado sean desmanteladas y que todos los palestinos desplazados durante la ocupación puedan regresar a su lugar de residencia inicial» (§ 270).

Obsérvese que la CIJ no ordena reparaciones por los daños causados antes de 1967. No fue eso lo que se le preguntó. Además, las armas han hablado y los palestinos también tienen que asumir las consecuencias de las operaciones militares que emprendieron y que terminaron en derrotas. En otras palabras, la Justicia señala las faltas de ambas partes, aunque es evidente que las faltas de la parte israelí y los daños sufridos por los palestinos están muy lejos de ser comparables.

La Corte Internacional de Justicia se pronuncia también sobre las consecuencias de la ocupación desde 1967. Sus decisiones no son retroactivas y señala que la realidad ha empeorado constantemente desde 1967.

Dirigiéndose a todos los Estados miembros de las ONU, la CIJ les notifica que «están obligados a no reconocer ninguna modificación de carácter físico o de la composición demográfica, de la estructura institucional o del estatus del territorio ocupado por Israel el 5 de junio de 1967, incluyendo el Este de Jerusalén» y precisa que se reconocerán únicamente las modificaciones «acordadas por las partes mediante negociaciones». La CIJ estipula que los miembros de la ONU harán una distinción «en sus intercambios con Israel, entre el territorio del Estado de Israel y los territorios ocupados desde 1967».

Sobre ese particular recalca: «La Corte considera que la obligación de distinguir, en los intercambios con Israel, entre el territorio propio de ese Estado y el Territorio Palestino ocupado incluye principalmente la obligación de no mantener relaciones convencionales con Israel en todos los casos en que este [Israel] pretenda actuar en nombre del Territorio Palestino ocupado o de una parte de este último sobre cuestiones que conciernen el mencionado territorio; de no mantener, en lo concerniente al Territorio Palestino ocupado o a partes de este, relaciones económicas y comerciales con Israel que, por su naturaleza, puedan fortalecer la presencia ilícita de este [de Israel] en el Territorio Palestino ocupado; y de adoptar medidas para impedir los intercambios comerciales o las inversiones que ayuden al mantenimiento de la situación ilícita creada por Israel en el Territorio Palestino ocupado». (§278)

El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos considera que, si las palabras tienen algún sentido, la respuesta de la CIJ significa que todos los Estados miembros de la ONU están obligados a no reconocer la autoridad del ocupante israelí sobre el territorio del Estado soberano de Palestina.

Todo lo anterior explica la siguiente declaración, emitida el 9 de septiembre, por Volker Turk, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos: «Ningún Estado debe aceptar el flagrante desprecio del derecho internacional, incluyendo el de las decisiones de obligatorio cumplimiento del Consejo de Seguridad de la ONU y el de las disposiciones de la Corte Internacional de Justicia, ni en esta situación [la ocupación israelí en Palestina] ni en ninguna otra situación».

Cada uno de nosotros tiene ahora que tomar conciencia de lo siguiente: las reglas del juego ya no son las de antes, han cambiado. La ocupación del Estado de Palestina es ilegal. Desde el 10 de septiembre, Palestina es un Estado internacionalmente reconocido… aunque ciertos Estados, miembros permanentes del Consejo de Seguridad, no lo hayan reconocido como tal. Palestina dispone ahora de los instrumentos jurídicos que antes no tenía. El «paraguas» anglosajón que protegía a Israel ya no existe en el plano del derecho. Hemos entrado en una nueva etapa, donde Washington y Londres no tienen otra opción que la fuerza para mantener el sistema de opresión.

Esta revolución en el ámbito jurídico marca la victoria de la estrategia del presidente Mahmud Abbas. Paradójicamente, esa victoria llega al final de su vida (Abbas tiene 89 años) y en momentos en que su gobierno se ve desacreditado, por su colaboración con Israel y su corrupción.


LOS BRICS, EL ASCENSO DE CHINA Y CÓMO EL HEGEMÓN ENTERRÓ EL CONCEPTO DE «SEGURIDAD».

 

La primera reunión de expertos en seguridad/Asesores de Seguridad Nacional bajo el formato ampliado BRICS+ en el Palacio Konstantinovsky en San Petersburgo reveló bastantes pepitas.

Empecemos por China. El Ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, propuso cuatro iniciativas de seguridad centradas en los BRICS. Esencialmente, el BRICS+ —y más allá, considerando una mayor expansión— debería tener como objetivo la coexistencia pacífica; la independencia; la autonomía; y el verdadero multilateralismo, lo que implica un rechazo del excepcionalismo.

En la mesa del BRICS, el tema principal fue cómo los países miembros deben apoyarse mutuamente a pesar de tantos desafíos, la mayoría de ellos desencadenados por ya saben quién.

En cuanto a la India, el Secretario del Consejo de Seguridad ruso, Sergei Shoigú, reunido con el Asesor de Seguridad Nacional indio, Ajit Doval, destacó la fortaleza de la alianza, que «resiste con confianza la prueba del tiempo».

De hecho, el contexto más amplio fue ofrecido paralelamente, en Suiza, en el Centro de Ginebra para la Política de Seguridad, por el siempre encantador Ministro de Asuntos Exteriores S. Jaishankar:
«Había un club llamado G7, pero no dejaban entrar en él a nadie más, así que dijimos: vamos a formar nuestro propio club. (...) En realidad, es un grupo muy interesante porque, si nos fijamos, normalmente cualquier club o cualquier grupo tiene o una contigüidad geográfica o alguna experiencia histórica común o una conexión económica muy fuerte. Pero con los BRICS lo que destaca es el ascenso de grandes países en el sistema internacional».
El viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Ryabkov, subrayó cómo Rusia y Brasil «tienen enfoques similares sobre cuestiones internacionales clave», haciendo hincapié en cómo Moscú aprecia el actual «entendimiento mutuo bilateral y la interacción, incluso a la luz de las presidencias simultáneas del BRICS y el G20 este año».

En 2024, Rusia presidirá el BRICS, mientras que Brasil presidirá el G20.

La asociación estratégica Rusia-Irán
El Presidente Putin, además de intervenir en la reunión, mantuvo encuentros bilaterales con todos los protagonistas. Putin señaló cómo 34 naciones «ya han expresado su deseo de unirse a las actividades de nuestra asociación de una forma u otra».

En su encuentro con Wang Yi, Putin subrayó que la asociación estratégica Rusia-China está a favor de un orden mundial justo, un principio apoyado por el Sur Global. Wang Yi confirmó que el Presidente Xi Jinping ya ha aceptado la invitación oficial rusa para la cumbre de los BRICS que se celebrará el mes que viene en Kazán.
Putin también se reunió con el Secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Ahmadian. Putin confirmó que espera al Presidente iraní Masoud Pezeshkian para otra visita a Rusia, aparte de la cumbre de los BRICS, para firmar su nuevo acuerdo de asociación estratégica.

La geoeconomía es clave. El desarrollo del Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC) se confirmó como una de las principales prioridades ruso-iraníes.

Shoigú, por su parte, confirmó: «Estamos dispuestos a ampliar la cooperación entre nuestros consejos de seguridad». El acuerdo será firmado próximamente por ambos presidentes. Además, Shoigú añadió que la entrada de Irán en el BRICS hace avanzar la cooperación entre los miembros para formar una «arquitectura común e indivisible de seguridad estratégica y un orden mundial policéntrico justo».

Comparémoslo ahora con la nueva «estrategia» colectiva de Occidente, adoptada por Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania: otra oleada de sanciones contra Irán relacionada con el caso de los misiles iraníes transferidos a Rusia.

Ahmed Bakhshaish Ardestani, miembro de la Comisión de Seguridad Nacional y Política Exterior del Parlamento iraní, confirmó a principios de esta semana que Irán está enviando misiles y aviones no tripulados a Rusia como parte de sus acuerdos de defensa.

Pero el meollo de la historia es que estos misiles son rusos de todos modos; sólo se están produciendo en Irán.

Mientras se debatía sobre seguridad en San Petersburgo, China acogía el Foro BRICS sobre la Asociación para la Nueva Revolución Industrial 2024 en Xiamen, en la provincia de Fujian.

Hablando de la cooperación entre los BRICS: como Irán, sancionado hasta el olvido, ha estado intentando acceder a las nuevas tecnologías industriales, la colaboración entre Irán y China en todos los ámbitos, desde la inteligencia artificial hasta las tecnologías ecológicas, se intensificará más adelante.

Una nueva arquitectura de seguridad euroasiática
El meollo de la cuestión es el estatus creciente y en alza de China como primera potencia comercial mundial, a medida que decenas de naciones de todo el Sur Global se adaptan al hecho de que la interacción con China es el vector privilegiado para mejorar su propio nivel de vida interno y su desarrollo socioeconómico. Este cambio monumental en las relaciones internacionales está reduciendo al Occidente colectivo a un montón de pollos sin cabeza.

El creciente poder de China se refleja en todos los movimientos geoeconómicos importantes: desde el RCEP (Regional Comprehensive Economic Partnership), un mega acuerdo de libre comercio (TLC) interasiático, hasta las innumerables ramificaciones de los proyectos de la Iniciativa del Cinturón y la Ruta (BRI), pasando por la cooperación BRICS+. El futuro de todas las naciones del Sur Global implicadas pasa por acercarse cada vez más a China.
En marcado contraste, el Hegemón —y esto es bipartidista, desde la enrarecida plutocracia— sencillamente no puede contemplar un mundo que no controle. Una UE propensa a la disgregación aguda básicamente «razona» en la misma línea. Para todo el Occidente colectivo, el demencial deseo de doble problema de mantener la hegemonía al tiempo que se impide el ascenso de China es insostenible.

Añádase a ello la loca obsesión de la actual administración estadounidense por infligir una «derrota estratégica» a Rusia desde que rechazó la propuesta de Moscú de finales de 2021 de una nueva arquitectura de seguridad europea, en realidad una «indivisibilidad de la seguridad» relativa a toda Eurasia.

Este nuevo sistema de seguridad paneuroasiático propuesto por Putin se debatió en detalle en la última cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS). De hecho, Putin declaró que «se tomó la decisión de convertir la estructura regional antiterrorista de la OCS en un centro universal encargado de responder a toda la gama de amenazas a la seguridad».

Todo empezó con el concepto de «Gran Asociación Euroasiática», que Putin avanzó a finales de 2015. Lo perfeccionó durante su discurso anual ante la Asamblea Federal el pasado febrero. Y luego, en una reunión con diplomáticos rusos clave en junio, Putin subrayó que había llegado el momento de iniciar un debate exhaustivo sobre garantías bilaterales y multilaterales integradas en una nueva visión de la seguridad euroasiática colectiva.

La idea, desde el principio, siempre fue integradora. Putin subrayó la necesidad de crear una arquitectura de seguridad abierta a «todos los países euroasiáticos que deseen participar», incluidos «los países europeos y de la OTAN».

A ello hay que añadir el impulso para mantener conversaciones con todo tipo de organizaciones multilaterales de toda Eurasia, como la Unión de Estados de Rusia y Bielorrusia, la OTSC, la UEEA, la CEI y la OCS.

Y lo que es más importante, esta nueva arquitectura de seguridad debería «eliminar gradualmente la presencia militar de potencias externas en la región euroasiática». Traducción: OTAN.

Y en el frente geoeconómico, además de desarrollar una serie de corredores internacionales de transporte a través de Eurasia, como el INSTC, el nuevo acuerdo debería «establecer alternativas a los mecanismos económicos controlados por Occidente», desde ampliar el uso de las monedas nacionales en los asentamientos hasta establecer sistemas de pago independientes: dos de las principales prioridades de los BRICS, que ocuparán un lugar destacado en la cumbre de Kazán del mes que viene.

Queremos una guerra en tres frentes
Washington sigue obsesionado con su objetivo declarado de infligir una derrota estratégica a Rusia.

El embajador ruso en Estados Unidos, Anatoly Antonov, va al grano: «Es imposible negociar con terroristas, añadiendo que no son posibles ciertos esquemas ni las llamadas iniciativas de paz para cesar el fuego en Europa del Este sin tener en cuenta los intereses nacionales de Rusia. Las conferencias tampoco servirán de nada, por muy bonitas que sean sus denominaciones. Como en los años de la Gran Guerra Patria, el fascismo debe ser erradicado. Se cumplirán las metas y objetivos de la operación militar especial. Nadie debe tener dudas de que así será».

Y eso nos lleva a la incandescente coyuntura actual. Sólo hay dos opciones por delante para la guerra por poderes de Estados Unidos contra Rusia en Ucrania: una rendición incondicional de Kiev o una escalada hacia una guerra de la OTAN contra Rusia.

Ryabkov no se hace ilusiones, aunque lo exprese de forma bastante diplomática:

«Las señales y acciones que estamos presenciando hoy apuntan a una escalada. Esta observación no nos obligará a cambiar de rumbo, sino que creará riesgos y peligros adicionales para Estados Unidos y sus aliados, clientes y satélites, estén donde estén».

Tras bombardear el concepto de diplomacia, el Hegemón también ha bombardeado el concepto de seguridad. La demencia aguda en los laboratorios de ideas estadounidense ha llegado incluso al punto de soñar con una guerra en tres frentes. Y esto de una supuesta «nación indispensable» cuya poderosa Armada ha sido totalmente humillada por los hutíes en el Mar Rojo.

Es realmente un espectáculo para los siglos ver a la plutocracia de una nación salvaje de más de 200 años de historia, que esencialmente saqueó la mayor parte de su tierra a otros a los que diezmó sin contemplaciones, creer que puede desafiar simultáneamente a: persas, rusos y una civilización milenaria como la china con 5.000 años de historia registrada. Bueno, los salvajes siempre serán salvajes.

Al contrario de Netanyahu, la gran mayoría de los israelíes sí quieren negociar con el Hamas.

La huelga general en Israel es mucho más que una muestra de oposición a la retórica de quienes sostienen que no se puede negociar con Jamás (en árabeحماس‎, ‘entusiasmo’ o ‘fervor’, y acrónimo de Harakat al-Muqáwama al-Islamiya, en árabeحركة المقاومة الإسلامية‎, Movimiento de Resistencia Islámica) y que el ejército israelí va a liberar a los rehenes en Gaza. La huelga general marca el inicio de una toma de conciencia sobre el hecho que el primer ministro, Benyamin Netanyahu, no defiende a los judíos.

También es cierto que los israelíes judíos todavía no aceptan que hay una operación de limpieza étnica en Gaza, pero ya perciben la realidad de los pogromos antiárabes en Cisjordania. Poco a poco, muchos israelíes comienzan a reconocer que sus enemigos no son sus vecinos palestinos sino los sionistas revisionistas.

El secretario general de la Histradut, Arnon Bar-David, proclamó la huelga general para forzar el gobierno a negociar con Jamás.

La opinión pública israelí está cambiando. Después de haber dado la espalda al primer ministro Benyamin Netanyahu, por su comprobada ineficacia ante los hechos del 7 de octubre, algunos israelíes se volvieron nuevamente hacia él, a raíz de la respuesta militar de Irán que marcó el 11 de abril. Se estima que alrededor de una tercera parte de los israelíes apoyan en este momento a Netanyahu. Se trata de los colonos, que viven en los asentamientos ilegales de Israel en Cisjordania, y de ciudadanos que consideran enemigos a los árabes, los turcos y los persas.

Las otras dos terceras partes están abriendo los ojos. La ejecución, el 31 de agosto, de 6 rehenes ante la proximidad de las «Fuerzas de Defensa de Israel» (FDI) que supuestamente iban a liberarlos, ha demostrado a esa gran mayoría que, lejos de representar una esperanza, la presencia de las tropas israelíes en la franja de Gaza constituye un peligro mortal para los rehenes. Esa gran mayoría ahora se percata de la obstinación de Netanyahu —quien ya no sólo invade Gaza, sino que también apunta hacia Cisjordania, igualmente en detrimento de las vidas de los rehenes— y la ve como la demostración de que el primer ministro no está al servicio de todos sus compatriotas sino sólo al servicio de los colonos. Pero esa gran mayoría no percibe aún el sufrimiento de los israelíes árabes, ni la crueldad de los pogromos antiárabes y todavía menos la limpieza étnica desatada contra los palestinos de la franja de Gaza.

En ese contexto, la Histadrut, la organización sindical histórica de Israel, que entre las dos guerras mundiales fue la organización más importante de los judíos que vivían en Palestina, convocó la huelga general. Al igual que los sindicatos occidentales, la Histadrut ya no es tan importante como lo fue en el pasado, cuando surgió como una emanación del movimiento de los judíos que formaban los kibutz. Hoy sólo cuenta con unos 400.000 miembros, pero, como organización, la Histadrut sigue disponiendo de gran autoridad moral. Al hacer uso de la palabra en el mitin donde convocó la huelga general, su principal dirigente, Arnon Bar-David, declaró:
«Estoy aquí para luchar, para que nadie quede olvidado. Los judíos no abandonan a los judíos. ¿Quién no sabe eso? No es posible que nuestros hijos mueran en los túneles por causa de consideraciones políticas».

Alegando que, en vez de defender a los trabajadores, la Histadrut estaba «haciendo política», el gobierno de Netanyahu logró que el Tribunal Nacional del Trabajo ilegalizara la huelga, mientras que el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, impartía instrucciones para que los funcionarios públicos que se unieran a la huelga no recibieran sus salarios. A pesar de esas medidas, fueron muy numerosos los huelguistas, muestra de que son muy numerosos los israelíes que han llegado a la conclusión de que el primer ministro Netanyahu no defiende a los judíos.

Simultáneamente, uno de los 32 miembros del gobierno Netanyahu, el general Yoav Gallant, ministro de Defensa, declaró en pleno consejo de ministros que el nuevo objetivo planteado por el primer ministro —mantener en manos del ejército israelí el control del «Corredor Filadelfia»— es una violación de los Acuerdos de Camp David, y precisó además que su control no aporta nada a la seguridad de Israel. El desacuerdo entre Netanyahu y su ministro de Defensa se convirtió en un enfrentamiento verbal, que el general llevó a la palestra pública.

El sitio web informativo Ynet, propiedad del grupo que publica el diario israelí Yediot Ahronoth, que tiene la reputación de ser centrista, señala que en mayo parecía que las partes estaban a punto de alcanzar un acuerdo, pero que todo cambió cuando la parte israelí dio a conocer su documento de «aclaraciones», el 27 de julio. En ese nuevo texto, según reseña Ynet, la parte israelí planteó nuevas exigencias que hacen imposible la conclusión de un acuerdo. Fue precisamente en ese documento donde la parte israelí planteó, por vez primera, la exigencia de una presencia militar de Israel en el Corredor Filadelfia.

Toda persona que se mantenga al tanto de la política israelí es capaz de comprender por qué la huelga general de Histadrut y la airada protesta del ministro de Defensa tuvieron lugar en el mismo momento. Esa simultaneidad nos permite además entender lo sucedido el año pasado.

El nombre del general Yoav Gallant, ex jefe del estado mayor israelí y hoy ministro de Defensa, ha sido mencionado en relación con varios casos de corrupción. Hace varios meses, Gallant calificó a los miembros de la resistencia palestina de «animales». Pero sus indudables defectos no le han impedido entender quién es Benyamin Netanyahu y tomar posición contra él.

Durante la primavera de 2023, los partidos democráticos hicieron presión para que la Histadrut organizara una huelga general contra el proyecto gubernamental de reforma de las leyes fundamentales israelíes [el Estado hebreo carece de una Constitución propiamente dicha, sólo dispone de esas llamadas «leyes fundamentales»], o sea contra el golpe de Estado que los sionistas revisionistas han puesto en marcha desde que llegaron al poder… de la mano de Benyamin Netanyahu. Pero la Histradut, notoriamente de izquierda, en vez de concentrarse en la defensa de la democracia, también apoyó al general Gallant, a quien Netanyahu acababa de destituir súbitamente del ministerio de Defensa. La presión de la Histadrut fue tan fuerte que Netanyahu tuvo que anular la destitución de Gallant.

En aquel momento nadie entendía qué razones habían tenido los sindicalistas de izquierda para apoyar al derechista Gallant. Sólo después se supo que Netanyahu había destituido a Gallant porque el general había estallado en pleno consejo de ministros y exigido explicaciones sobre la pasividad del propio Netanyahu ante los informes del Shin Beit (el contraespionaje israelí) y del ejército sobre los indicios que mostraban que Jamás estaba preparando una acción de gran envergadura. En efecto, cuatro meses antes de la acción del 7 de octubre, todos los servicios de inteligencia de Israel redactaban informe tras informe anunciando en todos la «Tormenta Perfecta», el nombre en clave que habían dado a la Operación Diluvio de Al-Aqsa, que la resistencia estaba preparando y que finalmente se concretó el 7 de octubre. En aquel momento, Netanyahu ignoró olímpicamente los informes, actitud que mantuvo ante el reclamo del general Gallant en pleno consejo de ministros. En otras palabras, Netanyahu optó por no defender a sus compatriotas ante los avisos sobre la acción palestina del 7 octubre… pero la utilizó para desatar la operación israelí de limpieza étnica en Gaza y dejó que proliferaran los pogromos antiárabes en Cisjordania.

En este momento, la pregunta que hemos venido planteado en este sitio web desde mediados de noviembre pasado[1] comienza a imponerse también entre los israelíes: ¿Será que Netanyahu no era tan incompetente, sino que más bien prefirió permitir que se concretara la acción palestina?

Gali Baharav Miara, la primera mujer que ocupa el cargo de fiscal general de Israel propone la creación de una comisión investigadora estatal, que se encargaría de aclarar todo lo vinculado a los hechos del 7 de octubre. Netanyahu, por el contrario, ha impuesto una estricta censura sobre numerosos aspectos inexplicados de la preparación, la ejecución de la acción palestina y la lenta, extraña e ineficaz reacción de los cuerpos de seguridad israelíes aquel día. Por ahora, los israelíes sólo conocen la versión oficial de lo sucedido.

Esa pregunta está presente en las mentes de los israelíes que han solicitado la creación de una comisión investigadora del Estado, que analizaría todo lo vinculado con los hechos del 7 de octubre de 2023, desde su preparación hasta la respuesta israelí. Así lo ha solicitado la fiscal general de Israel, Gali Baharav Miara. Pero Netanyahu y sus cómplices se oponen a toda investigación.

Esa pregunta surge ahora en boca de la gran mayoría, desde que la prensa israelí reveló que el contraespionaje (el Shin Bet) había advertido al primer ministro de la inminencia del ataque… con 10 semanas de antelación[2]. Ya no se trata sólo de «fuentes» extranjeras sino de una de las agencias de seguridad más importantes de Israel.

Y poco a poco vuelve a salir a la superficie la historia de la actual coalición gubernamental de Israel. Los supremacistas judíos (kahanistas) no son una secta judía más. Son gente que reclaman que se destruya la mezquita de Al-Aqsa para reconstruir en su lugar un nuevo templo de Salomón, a pesar de que los rabinos jaredíes, tanto asquenazis como sefarditas, prohíben terminantemente a sus fieles la entrada al espacio que rodea esa mezquita. Algunos dirían que los supremacistas judíos son diferentes de los sionistas revisionistas de Zeev Jabotinski y de Benzion Netanyahu, quienes querían un Estado judío desde el Nilo hasta el Éufrates. Pero en realidad el rabino Meir Kahane era un agente de Yitzhak Shamir (el sucesor de Jabotinski) y se movía en Estados Unidos gracias al financiamiento que recibía del Mosad. Por cierto, durante su primer mandato como primer ministro, en 1996, Benyamin Netanyahu hizo cavar un túnel bajo la mezquita Al-Aqsa,conforme a los deseos de quienes aún hoy pretenden volar ese lugar sagrado del islam para reconstruir sobre sus ruinas el templo de Salomón.

Nadie menciona en Israel que Zeev Jabotinski y Benzion Netanyahu (el padre del primer ministro Benyamin Netanyahu) eran aliados del líder fascista italiano Benito Mussolini, quien dio albergue en Roma al Betar, la milicia judía creada por esos dos personajes[3].

Y, por supuesto, ningún israelí se atreve a interrogarse sobre los vínculos entre esos fascistas históricos y el nazismo. Es cierto que Jabotinski falleció en Nueva York el 4 de agosto de 1940, o sea al principio de la 2GM, sin haber tenido que pronunciarse sobre la ideología racista del nazismo. Pero entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, cuando era administrador de la Organización Sionista Mundial, Jabotinski se alió a los nacionalistas integristas ucranianos de Simon Petliura y Dmitro Dontsov en contra de los soviéticos. Jabotinski se mantuvo impasible ante las masacres de judíos perpetradas por los hombres de Petliura y Dontsov. Y cuando la Organización Sionista le pidió explicaciones al respecto, Jabotinski simplemente dimitió sin dar respuesta. De hecho, David Ben Gurion, el primer ministro israelí partidario de los Aliados decía que Jabotinski era seguramente un fascista y quizás un nazi e incluso se opuso al traslado de las cenizas de Jabotinski a Jerusalén.

La interrogante se plantea por dos razones. En primer lugar, durante la 2GM los sionistas revisionistas negociaron con los nazis en contra de los Aliados. Fueron los alemanes quienes se negaron a llegar más lejos en su colaboración, mientras que los judíos seguidores de Jabotinski querían intensificar su cooperación con los nazis.

Además, en mayo pasado el historiador israelí Nadav Kaplan reveló que los discípulos de Jabotinski seguían todos los detalles de las negociaciones que el húngaro Rezsö Kasztner, quien se hacía llamar Rudolf Israel Kastner, mantuvo con los nazis durante toda la 2GM. Ese personaje tenía incluso relaciones con Adolf Eichmann, el responsable nazi que estaba a cargo del traslado de los judíos hacia los campos de exterminio. El historiador Nadav Kaplan emite la hipótesis —por ahora insuficientemente demostrada— de que Ben Gurion ordenó asesinar al húngaro para evitar que aquel asunto saliese nuevamente a flote después de la guerra[4]. De confirmarse los trabajos de Nadav Kaplan habría una continuidad entre las matanzas de judíos perpetradas por los nazis y la masacre de palestinos que los sionistas revisionistas están perpetrando.
[4] מדוע חוסל קסטנר (¿Por qué fue asesinado Kastner?), Nadav Kaplan, ediciones Steimatzky, 2024.

Habría que reconocer que los israelíes no son víctimas de Jamás sino de los sionistas revisionistas… igual que los palestinos.

Eje de la normalización: Los árabes y turcos que sostienen la economía de guerra de Israel.

 

 Mohamad Hasan Sweidan

Mientras el Eje de Resistencia de Asia Occidental trata de debilitar el ejército, la economía y la seguridad de Israel, un puñado de Estados árabes y Turquía se esfuerzan en secreto por reforzar a Israel y abastecer su guerra contra Gaza. Este es el nuevo «Eje de la Normalización» de la región.

Yemen es uno de los pocos Estados árabes que trabajan para ejercer presión económica sobre el Estado de ocupación bloqueando el tránsito de mercancías israelíes por el Mar Rojo y otras vías fluviales de la región.

Sin embargo, mientras Yemen avanza en sus bloqueos marítimos, otros Estados árabes siguen proporcionando un salvavidas a la economía israelí impulsada por la guerra. Los datos de este año muestran que los países que se han normalizado con Tel Aviv, como EAU, Bahréin, Jordania, Egipto y Marruecos, están ayudando a Israel a superar el bloqueo, proporcionando rutas comerciales críticas que sortean los esfuerzos yemeníes.

Mientras tanto, Turquía, cuyo presidente ha intensificado su retórica antiisraelí en público, ha adoptado un enfoque más engañoso, desviando las mercancías a través de las aduanas palestinas —y de Grecia— para ocultar el alcance de su comercio directo con Israel.

Relaciones comerciales árabes con Israel
The Cradle ha informado anteriormente sobre las relaciones comerciales entre los países árabes e Israel y cómo son cómplices de la financiación del genocidio. A pesar de las expectativas de que estos Estados romperían lazos tras la guerra de exterminio de Israel en Gaza, la realidad cuenta una historia diferente.

Mientras que Yemen, bajo el gobierno de Sanaa alineado con Ansarallah, ha impuesto un bloqueo naval a los puertos israelíes, muchos gobiernos árabes no han tomado medidas similares. En su lugar, estos países participan en un doble juego, condenando públicamente a Israel mientras mantienen discretamente lazos económicos, de forma muy similar a Colombia, que cortó formalmente los lazos con Tel Aviv pero continuó cooperando discretamente entre bastidores.
Las cifras comerciales de 2024 revelan un cambio significativo, especialmente en las relaciones entre Bahréin e Israel. Las importaciones israelíes procedentes de Bahréin aumentaron un asombroso 1161,8% entre enero y julio de 2024 en comparación con el mismo periodo de 2023, a pesar de que el parlamento de Bahréin emitió declaraciones condenando a Israel. En público, los dos Estados jugaron un partido muy diferente: El embajador de Israel abandonó Bahréin, y Manama retiró a su enviado a Tel Aviv y suspendió las relaciones económicas.
Estas acciones fueron en gran medida simbólicas, destinadas a apaciguar a un público bahreiní que se opone mayoritariamente a la normalización con Israel, en lugar de reflejar verdaderos cambios políticos.

EAU y Egipto: Pilares de apoyo económico
Los EAU, un actor clave en los Acuerdos de Abraham de 2020 con la mediación de Estados Unidos, vieron aumentar sus importaciones israelíes en un 14,2% en 2024. Como punta de lanza de la región para la normalización con Tel Aviv, Abu Dhabi sigue desempeñando un papel estratégico en los planes estadounidense-israelíes para Gaza en la posguerra.

Las «reuniones secretas» celebradas en julio entre funcionarios de Israel, Estados Unidos y los Emiratos Árabes Unidos, destinadas a sofocar cualquier resistencia dentro de Gaza, ponen de relieve el papel fundamental de Abu Dhabi en el apoyo a los futuros proyectos políticos de Israel.

Es importante señalar que el aumento de las importaciones procedentes de Bahréin y los EAU se debe principalmente a la creciente dependencia de Israel de sus puertos para transportar mercancías desde Asia Occidental por tierra, a través de Arabia Saudí y Jordania, como medio de eludir los ataques yemeníes en el Mar Rojo. Estas partes niegan la existencia de esta ruta terrestre que «The Cradle» y otros medios de comunicación llevan tiempo exponiendo.

Informes anteriores indican que la adopción de este corredor terrestre ha permitido a Israel aumentar las exportaciones de bienes de consumo, que antes resultaban costosos de transportar por aire o por mar.

Del mismo modo, Egipto, el primer Estado árabe que normalizó sus relaciones con Tel Aviv en los Acuerdos de Camp David de 1978, se ha vuelto cada vez más crítico para el comercio israelí, con un aumento de las importaciones del 16% y de las exportaciones de casi el 130%. Seis puertos egipcios del Mediterráneo se han convertido en centros de tránsito clave para las mercancías que entran y salen de Israel: Port Said, Al-Arish, Abu Qir, Alejandría, Dekheila y Damietta.

Los informes de agosto, basados en el seguimiento de 19 buques durante los tres meses anteriores utilizando datos marítimos de fuentes abiertas, revelaron que estos buques se dedicaban exclusivamente a viajes de ida y vuelta entre puertos israelíes y egipcios.

En particular, seis buques se han dedicado al transporte continuo de cemento entre estos puertos, en apoyo de proyectos de construcción. Esta actividad ha contribuido al notable aumento de las importaciones israelíes de productos de inversión.

Los puertos egipcios sirven de centros vitales para el comercio israelí debido a su proximidad, sobre todo al puerto de Ashdod, a sólo 29 kilómetros de Gaza, y al estratégico puerto de Haifa. Esta ventaja geográfica abarata los costes de transporte, reduciendo así los precios de las mercancías transportadas por mar.

Además, las exportaciones israelíes a Marruecos han seguido creciendo, sin verse afectadas por la guerra de Gaza. El comercio entre ambos países ha aumentado un 81,42% en 2024 en comparación con el año anterior, continuando un patrón que comenzó antes del conflicto.

Tácticas comerciales engañosas de Turquía
El caso de Turquía es más complejo. Tras interrumpir el comercio directo con Israel en mayo, las exportaciones turcas a Israel cayeron en picado. Sin embargo, Ankara ha encontrado formas de eludir su embargo canalizando las mercancías a través de las aduanas palestinas, dando la apariencia de que se han roto los lazos mientras el comercio continúa entre bastidores.
La Asociación de Exportadores Turcos informó de un aumento del 423% en las exportaciones a los territorios palestinos ocupados en los primeros ocho meses de 2024, pasando de 77 millones de dólares en el mismo período del año pasado a 403 millones de dólares este año. En particular, las exportaciones turcas a Palestina aumentaron un 1156% sólo en agosto, pasando de 10 millones de dólares en 2023 a 127 millones en 2024.
Lo más irritante de la afirmación de Ankara de haber aumentado las exportaciones a Palestina es que el gobierno israelí ha dejado de entregar fondos a las autoridades de Cisjordania ocupada: Los palestinos simplemente no tienen los medios financieros para aumentar sus importaciones.

Esto demuestra no sólo la duplicidad de las autoridades turcas, sino también las nuevas traiciones de la Autoridad Palestina (AP) contra su pueblo en Gaza. Además, informes anteriores han sugerido que el comercio entre Ankara y Tel Aviv continúa a través de terceros países como Grecia.

La guerra en Gaza no ha hecho sino ahondar la división económica entre los Estados árabes. Mientras Yemen intenta ejercer presión económica sobre Israel, países como Egipto, los EAU y Bahréin refuerzan las rutas comerciales israelíes y ayudan a apuntalar la economía del Estado de ocupación. La duplicidad de Turquía y la complicidad de la AP también sirven para reforzar los intereses de Israel.
A medida que se desarrolla la historia, es poco probable que se olviden las acciones —o más bien las inacciones— de estos Estados vendidos. Sus papeles de apoyo u oposición a la guerra quedarán grabados en la memoria colectiva del mundo árabe y musulmán, trazando una clara línea divisoria entre quienes defendieron Gaza y quienes respaldaron el genocidio de decenas de miles de civiles en tan sólo 360 kilómetros cuadrados.
La división entre el Eje de Resistencia de Asia Occidental y su Eje de Normalización nunca ha sido tan pronunciada.

Ignorancia, manipulación y el nivel de los mares.

 

Como colofón de la habitual campaña veraniega de alarmismo climático, a mediados de agosto el telediario de la televisión pública andaluza anunció que, según «las predicciones científicas» de un estudio de Greenpeace, el nivel del mar subiría un metro en los próximos seis años, lo que supondría «la desaparición de 200 playas en nuestro país»[1], particularmente en el Golfo de Cádiz. Dado que la tendencia a largo plazo (1880-2009) del aumento del nivel del mar en Cádiz es de 1mm al año[2], esta noticia no sólo contradecía el sentido común, sino otros pronósticos (también alarmistas, pero no tan ridículos) publicitados por la misma cadena tan sólo cuatro semanas antes[3].

El disparate podría ser sólo un ejemplo más de la ausencia de rigor y nulo amor a la verdad del periodismo actual, pero, siendo la fuente una televisión pública controlada por el PP, también sirve como ejemplo del unipartidismo que gobierna España cuando se trata de defender las consignas del globalismo.

Calma: los mares no nos engullirán
En realidad, el «estudio» de Greenpeace[4], de carácter más propagandístico que científico (como casi todo lo que publica la organización), no pronosticaba que el nivel del mar en Cádiz subiría 1 metro en seis años, sino 12 milímetros, pero estimaba que, con esos 12 milímetros de subida del mar, la anchura de las playas podría reducirse en 1 metro. Es decir, que los intrépidos periodistas confundieron anchura (de la playa) con altura (del mar), algo que no hace ni un alumno de Primaria ni un seguidor de Barrio Sésamo, poniendo de manifiesto, una vez más, la descomunal ignorancia y falta de integridad del gremio. Así, de cumplirse el pronóstico del referido «estudio», la magnífica playa gaditana de Camposoto a la que los reporteros fueron a amargar a los bañistas con la noticia, no desaparecería, como ellos afirmaban, sino que su anchura en bajamar pasaría de forma imperceptible de 300m a 299m. Sin embargo, la realidad probablemente no sea siquiera esa.

En efecto, la trigonometría más básica nos indica que la relación entre el aumento del nivel del mar y la reducción de la anchura de las playas depende fundamentalmente de la pendiente de la costa (la tangente): por ejemplo, playas con muy poca pendiente ven su anchura muy afectada por los cambios de marea mientras que playas con mucha pendiente apenas notan cambios. Algo tan sencillo recibe desde 1962 el nombre de regla de Bruun, que estima que la reducción de la anchura de la playa (el retroceso de la línea de costa) será de entre 10 y 50 veces el aumento del nivel del mar, según algunos estudios[5], o entre 50 y 100 veces, según otros[6]. Sin embargo, esta regla está basada en un ceteris paribus demasiado simplista y debe tomarse con cautela, pues existen variables que afectan a la relación entre el aumento del nivel del mar y el retranqueo del perfil de la playa, como el movimiento vertical del terreno, la sedimentación y la erosión, o el traslado de la arena de un lugar a otro por causa de temporales, corrientes o cambios artificiales producidos por la construcción de espigones o puertos.

Los periodistas también parecen ignorar que, desde el origen de los tiempos, dos veces al día, 365 días al año, el mar sube y baja en Cádiz con carreras de marea (diferencia entre pleamar y bajamar) de hasta 3,5m en mareas vivas[7], lo que hace que la mencionada playa de Camposoto, por ejemplo, tenga una anchura que varía entre los 300m en marea baja y los 150m en marea alta[8]. Que dentro de unos años esas mediciones quizá sean 299,5m y 149,5m, respectivamente, no es noticia.

La arrogante pretensión de precisión
Pretender que podemos medir al milímetro o incluso a la décima de milímetro algo tan difícil de medir como es el nivel de los océanos no deja de ser un ejemplo más del cientificismo hoy imperante, que asigna a la Ciencia (con mayúscula, pues se trata de una divinidad) los atributos divinos de la omnipotencia y la omnisciencia. Así, el crédulo ciudadano actual, consumidor compulsivo de noticias, tiende a creer a pie juntillas las afirmaciones catalogadas como «científicas» aunque se trate de aserciones absurdas que nuestros mayores, que confiaban más en su sentido común, se habrían tomado con escepticismo e incluso con humor.

Muchos datos de la cuestión climática pretenden rodearse de un aura de exactitud y seguridad inexistentes, como es el caso de la medición de temperaturas de volúmenes gigantescos como la atmósfera o el océano: los datos mínimamente fiables son muy recientes y los históricos no dejan de ser estimaciones. Con la variación en el nivel de los mares ocurre lo mismo. Piensen lo difícil que es medir el nivel de una superficie tan enorme como el océano, superficie que no está nivelada (por ejemplo, en EEUU el mar tiene mayor elevación absoluta en la costa del Pacífico que en la del Atlántico) y que está afectada por ondulaciones que se producen cada pocos segundos (las olas), por la rotación de la Tierra (Coriolis), por corrientes y vientos y, sobre todo, por variaciones diarias y estacionales de origen gravitatorio, las mareas, que llegan a alcanzar en algunas zonas más de 14 metros de diferencia entre pleamar y bajamar.

Intentado medir el nivel de los mares
Existen dos fuentes de medición del nivel del mar: los satélites (sólo desde 1992, apenas tres décadas) y los mareógrafos. Los primeros miden la variación absoluta del nivel de los mares, pero sus lecturas están sujetas a ajustes orbitales que no dejan de ser intervenciones más o menos arbitrarias. De sus resultados se desprende que los mares están subiendo a un ritmo de 3,4 mm al año desde 1992 (¡vaya precisión!). Sin embargo, los mareógrafos, de los que existen muy pocos con lecturas fiables a largo plazo, sólo aprecian una subida de 1-2 mm al año en el mismo período[9], ritmo al que los mares tardarían entre 250 y 500 años en subir 50 cm (medio metro). Dado que sabemos que el nivel de los mares ha aumentado unos 120 m desde la última glaciación hace unos 12.000 años, esta ligera subida no parece una emergencia, sino que puede entrar dentro de la variabilidad natural propia del período interglaciar en el que afortunadamente vivimos.

La diferencia de medición entre satélites y mareógrafos resulta controvertida. Cierto es que los mareógrafos miden la variación del nivel del mar relativa a la costa, cuyo terreno sube y baja a lo largo del tiempo debido al movimiento de placas tectónicas, a cambios en la capa freática o a otras causas. Ése es el motivo de que algunas ciudades que eran famosos puertos de mar en la Antigüedad se encuentren hoy tierra adentro (como Éfeso) mientras otras se encuentran sumergidas cerca de la costa (como Heraklion).

El aumento del nivel de los océanos, como el del agua contenida en un recipiente blando o de geometría variable, puede tener su origen en cambios en el continente (la corteza terrestre) o en el contenido (el agua), sea por el derretimiento del hielo del planeta o por la expansión térmica del agua al calentarse. Sin embargo, ligar a la actividad humana el ligerísimo aumento de los mares, que aparentan seguir su trayectoria natural desde la última glaciación, resulta temerario, no en balde el propio IPCC estima, con los escasos registros antiguos, que la tasa de subida comenzó a registrar un incremento «significativo» entre finales del s.XVIII y mediados del s.XIX[10]mucho antes de que el planeta se industrializara y mucho antes de que comenzara a aumentar el CO2.
[10] IPCC AR5, Working Group I, 3.7.4.

La medición de temperatura de la atmósfera y los océanos
En la medición de temperaturas de la atmósfera o, más bien, de la troposfera, ocurre algo parecido. Sólo tenemos mediciones mínimamente científicas desde finales del s.XIX, pero éstas provienen de una escasa red de termómetros concentrada en países industrializados del hemisferio norte y en tierra firme, lo que supone un pequeño problema cuando los océanos ocupan el 70% de la superficie terrestre. Además, los termómetros tienen que estar bien calibrados, pues miden la temperatura indirectamente a través del aumento del volumen del mercurio o de las variaciones en la tensión eléctrica (los digitales) y tienen que estar protegidos del sol o de fuentes de calor externas y atendidos por personal que realice las mediciones sistemáticamente todos los días a las mismas horas, para que sean homogéneas y comparables.

Para más inri, el llamado efecto de isla de calor urbano (que analizamos en el artículo precedente[11]) distorsiona las comparaciones históricas, pues termómetros que en tiempos pasados se encontraban en mitad de un prado hoy están situados en plena ciudad. Por lo tanto, hasta que empezamos a disponer de satélites en 1979 ―hace sólo un instante, en términos geológicos―, las mediciones de temperatura eran bastante deficientes.

¿Y en el pasado remoto? Para medir la evolución paleoclimática de las temperaturas también se utilizan mediciones indirectas inferidas de la anchura de los anillos de los árboles y, sobre todo, de las variaciones isotópicas de catas de hielo concentradas en muy pocos puntos del planeta, sobre todo en la Antártida, donde existen las capas de hielo más profundas (p.ej., Vostok). Que estas medidas no sean demasiado precisas no significa que no sean enormemente útiles para hacernos una idea aproximada de grandes variaciones de temperatura ocurridas en el pasado. Asimismo, contamos con la geología, con los fósiles o con evidencias anecdóticas, como pueden ser testimonios o cuadros de ríos helados o cosechas de determinados frutos. Gracias a todo ello hemos conocido la existencia de las glaciaciones, del Período Cálido Romano, del Período Cálido Medieval (en ambos casos con temperaturas similares a las de hoy) o de la Pequeña Edad de Hielo (1300-1850, aproximadamente), período que la ideología climática procura ocultar a toda costa, pues desbarata su relato.

Con la medición de la temperatura de los océanos ocurre algo parecido. Hasta hace 20 años los datos eran esporádicos y se basaban en termómetros de dudosa fiabilidad instalados en la obra viva de buques que navegaban por los mares. Hace 20 años esto cambió con el programa Argo, que desplegó una flota de boyas que flotan libremente en todos los océanos y miden la temperatura y la salinidad hasta los 2000 m de profundidad. Aunque sólo cubren el 30% del volumen de agua de los océanos, nunca habíamos dispuesto de una información tan fiable, pero el calentamiento de los mares es tan inapreciable que su medición entra dentro del grado de error instrumental: desde el 2004, los océanos se habrían calentado 0,04ºC (cuatro centésimas de grado)[12]

Conclusión
La medición fiable de magnitudes clave para construir series históricas e intentar comprender un campo del saber que se encuentra en la infancia, como es el clima, entraña una gran dificultad. Sin embargo, la propaganda del cambio climático finge tener una seguridad en sus afirmaciones que no tiene en absoluto, y exalta el término «científico» aplicándolo abusivamente a aserciones muy dudosas para intimidar al incauto.

La ciencia actual, lejos de ser omnisciente, tiene enormes limitaciones, pero al hombre moderno esta realidad le molesta, pues anda fascinado consigo mismo. El problema es que, para avanzar en el conocimiento, primero hay que reconocer que hay cosas que no sabemos, e incluso cosas que ni siquiera sabemos que ignoramos, y esto el hombre convertido en dios no puede admitirlo bajo ningún concepto. ¿Sólo sé que no sé nada? Sócrates sería hoy linchado por blasfemo.