La cumbre de Kazán ha cambiado el orden del mundo.

La Cumbre del grupo BRICS, en Kazán, marca el fin de la dominación del G7 sobre el mundo. Las reglas anglosajonas que «organizaban» las relaciones internacionales serán reemplazadas progresivamente por los compromisos que cada Estado ha contraído y que tendrán que ser respetados. Esta revolución recuerda los esfuerzos de Rusia y Francia por fundar un derecho internacional, en 1899, esfuerzos torpedeados por la Conferencia del Atlántico y por el duopolio conformado por Estados Unidos y Reino Unido.

Los 9 jefes de Estado y/o de gobierno de los Estados miembros del BRICS+

La 16ª Cumbre del grupo BRICS acaba de realizarse en Kazán (Rusia) del 22 al 24 de octubre[1]Además de los 9 jefes de Estado y/o de gobierno de los países miembros de ese grupo, también estuvieron presentes los de otros 11 países y una veintena de Estados presentaron sus solicitudes de adhesión.

Este importante evento es resultado de la estrategia iniciada en 2009 por el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva; el entonces presidente del gobierno de la Federación Rusa, Vladimir Putin; el primer ministro de la India, Manmohan Singh; y el presidente de la República Popular China, Hu Jintao. Esos 4 dirigentes imaginaron un sistema de relaciones internacionales, basadas en la Carta de las Naciones Unidas, que debe permitir el desarrollo de todos los países. El objetivo de aquellos 4 dirigentes no era levantarse contra el imperialismo occidental del G8 —es importante recordar que en aquel momento Rusia incluso era miembro de ese grupo— sino explorar una nueva vía, sin los anglosajones.

Vladimir Putin desempeñó un papel central en la creación del nuevo órgano de cooperación —también tuvo un papel fundamental el zar Nicolás II en la creación del derecho internacional, en 1899[2]. Fue Vladimir Putin quien organizó la primera Cumbre de los BRICS, en Ekaterimburgo, aunque fue el entonces presidente Dimitri Medvedev quien representó a Rusia.

Al ser entrevistado en ocasión de la Cumbre de Kazán, Vladimir Putin reafirmó, citando las palabras del primer ministro de la India, Narendra Modi, que «los BRICS no son una organización antioccidental sino no occidental».

En la declaración final de la Cumbre, los jefes de Estado y/o de gobierno de los BRICS abordan por separado 4 temas[3]:
  • El multilateralismo;
  • la cooperación para la estabilidad y la seguridad;
  • la cooperación económica y financiera;
  • los intercambios entre los pueblos.
El multilateralismo
Después de observar que, independientemente de los centros de poder occidentales, van surgiendo nuevos centros de poder, los países del grupo BRICS reafirman su apego a la Carta de las Naciones Unidas, recordando que todos los miembros del BRICS —con excepción de Emiratos Árabes Unidos, que todavía no era independiente— participaron en la redacción de la Carta. Los BRICS se pronuncian seguidamente por una reforma de la ONU y de sus agencias, para que estas se adapten al mundo actual e integren los nuevos poderes. Si bien no proponen fechas para que se concreten reformas del Consejo de Seguridad de la ONU y del Fondo Monetario Internacional (FMI), sí fijan el año 2025 para que se reformen la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el consejo de administración del Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo (BIRD).

Los BRICS consideran ilegales las medidas coercitivas unilaterales, o sea las «sanciones», tanto políticas como económicas, que ciertos países y grupos de países imponen a otros sin contar con el Consejo de Seguridad de la ONU.

En lo tocante al medioambiente, los BRICS respaldan los trabajos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (GIEC), pero no se pronuncian sobre las conclusiones que las potencias occidentales sacan de esos trabajos. Los BRICS expresan además su profunda preocupación ante los intentos de vincular la seguridad al programa de medidas sobre el cambio climático. En otra parte de la Declaración de Kazán (§ 83), los BRICS condenan que el clima sea utilizado como pretexto para imponer medidas proteccionistas unilaterales, punitivas y discriminatorias. En cambio, apoyan la cooperación en la lucha contra los gases de efecto invernadero, de conformidad con el artículo 6 de los acuerdos de París (§ 85). No está de más recordar que la Academia de Ciencias de Rusia cuestiona la hipótesis que todos remachan en Occidente, según la cual el cambio climático es supuestamente consecuencia de la actividad humana.

En la Declaración de Kazán, los BRICS se comprometen a promover y proteger los derechos humanos, incluyendo el derecho al desarrollo y las libertades fundamentales en el marco de los principios de igualdad y de respeto mutuo. Idénticamente se comprometen a intensificar la lucha contra el racismo, contra la discriminación racial, la xenofobia y la intolerancia asociadas a los anteriores, así como la discriminación basada en la religión, en la fe o la convicción y contra todas sus formas contemporáneas en todo el mundo, incluyendo las tendencias alarmantes a los discursos de odio.


La cooperación por la estabilidad y la seguridad
Los países miembros del grupo BRICS adoptan una posición común ante los conflictos actuales, haciendo previamente referencia a la resolución 2686 (de 2023) del Consejo de Seguridad de la ONU —que denuncia los discursos de intolerancia y de odio— y a la resolución 46/182 (de 1991) de la Asamblea General de las Naciones Unidas —sobre la ayuda humanitaria urgente. Los BRICS recuerdan igualmente la necesidad de respetar las preocupaciones legítimas y razonables de todos los países en materia de seguridad.

La Declaración de Kazán incluye seguidamente una larga lista de posiciones de los BRICS.

• Gaza (§ 30)
Los BRICS subrayan que es urgente instaurar un alto fuego inmediato, global y permanente en la franja de Gaza; liberar inmediatamente y sin condiciones a todos los rehenes y detenidos de ambos bandos que estén detenidos ilegalmente en cautiverio así como proporcionar ayuda humanitaria de forma duradera y a gran escala y poner fin a todos los actos de agresión. Sin embargo, apoyan la solución de los 2 Estados (el plan colonial inicial del británico Lord William Peel), que les parece la única solución pacífica posible.

• Líbano (§ 31-32)
Condenan «el acto terrorista premeditado» que consistió en hacer estallar bípers o buscapersonas y walkie-talkies, el 17 de septiembre de 2024. Condenan idénticamente los ataques contra el personal de la ONU, las amenazas a la seguridad de ese personal y exigen al Estado hebreo el cese inmediato de tales acciones en Líbano. Se pronuncian por un estricto respeto de la resolución 1701 (de 2006), partiendo del principio que esa resolución también se aplica a Israel y que la parte israelí tiene por consiguiente que retirarse tras la «Línea Azul» (la línea de demarcación provisional internacionalmente reconocida entre Líbano e Israel).

• Yemen (§ 33)
Los BRICS se pronuncian por la libertad de navegación, pero en vez de condenar al movimiento yemenita Ansar Allah —como lo hacen las potencias occidentales— optan por la eliminación de las causas del conflicto y respaldan el diálogo y el proceso de paz bajo los auspicios de la ONU.

• Siria (§ 34)
Los BRICS insisten en la necesidad de respetar estrictamente la soberanía y la integridad territorial de la República Árabe Siria y condenan la presencia militar extranjera ilegal en suelo sirio, la cual incrementa los riesgos de conflicto a gran escala en la región. Los BRICS subrayan que las «sanciones unilaterales» ilegales acentúan gravemente los sufrimientos del pueblo sirio. Asimismo, se pronuncian contra la ocupación israelí del Golán sirio (§ 43).

• Irán (§ 35 y 37)
Los BRICS condenan el bombardeo contra la embajada de la República Islámica de Irán en la capital de la República Árabe Siria. Por otro lado, recuerdan que el JCPoA (el acuerdo sobre la investigación nuclear iraní) contó con el aval del Consejo de Seguridad de la ONU y que Estados Unidos no puede simplemente retirarse de ese acuerdo como lo hizo.

• Ucrania (§ 36)
El grupo BRICS subraya que todos los Estados deben actuar de manera coherente con los objetivos y principios de la Carta de las Naciones Unidas (la cual muestra la justeza de la interpretación rusa del conflicto) y ven con satisfacción las propuestas pertinentes de mediación y de buenos oficios (presentadas por China, Sudáfrica y la India), tendientes a lograr un arreglo pacífico del conflicto mediante el diálogo y la diplomacia.

• Sudán (§ 40)
Los BRICS condenan el ataque, por parte de las tropas del presidente Abdel Fattah al-Burhan, contra la residencia del jefe de misión de la embajada de Emiratos Árabes Unidos, ataque registrado el 29 de septiembre de 2024 y comparable al ataque perpetrado por Israel contra la embajada de Irán en Siria. Asimismo, llaman a la proclamación de un alto al fuego inmediato, permanente e incondicional entre los dos bandos enfrascados en la pugna por el poder en Sudán.

• Afganistán (§ 42)
Los Estados miembros del grupo BRICS defienden el principio de un Estado independiente, unido y pacífico, exento de terrorismo, de guerra y de droga. Subrayan que es necesario suministrar al pueblo afgano ayuda humanitaria urgente e ininterrumpida y proteger los derechos fundamentales de todos los afganos, incluyendo a las mujeres, las niñas y los diferentes grupos étnicos, lo cual implica la abrogación de todas las prohibiciones efectivas en relación con los estudios en los niveles secundario y superior de la enseñanza.

• Desarme (§ 43-46)
Los BRICS se pronuncian, de conformidad con la proposición de Irán, por acelerar la aplicación de las resoluciones sobre la creación de una zona libre de armas nucleares y de otras armas de destrucción masiva en el Medio Oriente (lo cual implica la desnuclearización de Israel).
También se pronuncian, a pesar de la oposición de Estados Unidos. por la prevención de una carrera armamentista en el espacio.

• Terrorismo (§ 47-49)
Los BRICS rechazan todo intento tendiente a politizar cuestiones vinculadas a la lucha contra el terrorismo y el uso de grupos terroristas para alcanzar fines políticos. Subrayan que el grupo BRICS es la única organización que ha demostrado su eficacia en la lucha contra el terrorismo (alusión directa a las operaciones secretas de Estados Unidos y Reino Unido). Asimismo, los BRICS se pronuncian por la rápida adopción de la Convención General sobre el Terrorismo Internacional en el marco de las Naciones Unidas.

• Criminalidad transnacional (§ 50-53)
Impulsados por Rusia, los BRICS abordan las cuestiones de la droga, de la criminalidad internacional y de la corrupción fortaleciendo una respuesta represiva coordinada contra tales actividades.

Cooperación económica y financiera
Los BRICS estudian, en primer lugar, la necesidad de disponer de un órgano de compensación para el intercambio de sumas de dinero entre sus miembros (sin tener que recurrir al sistema SWIFT, creado por las redes stay-behind de la OTAN) y de un sistema de seguros capaz de ofrecer garantías al transporte de mercancías (sin tener que recurrir a las aseguradoras anglosajonas ni a firmas bajo control indirecto de las compañías anglosajonas).

En la Declaración de Kazán, los BRICS no abordan el comercio desde el ángulo del libre intercambio ni de los derechos de aduana, sino en función de la seguridad, de la resiliencia, la estabilidad y la eficacia de las cadenas de suministro. Desde hace un año, los BRICS han emprendido la aplicación de un programa (PartNIR) tendiente a armonizar y coordinar el uso de la informática en la economía y en el comercio de los miembros del grupo.

En el ámbito de la lucha contra las enfermedades, los BRICS, aunque reconocen el trabajo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), están desarrollando su propio sistema de alerta y de ayuda entre los miembros del grupo y sus socios.

En el sector de la propiedad intelectual, conscientes de que los derechos de autor y las patentes son actualmente la principal fuente de ingresos de las potencias anglosajonas (en lugar de su producción real o financiera), los BRICS tienen intenciones de restaurar los equilibrios de ese sistema, pero no valorizando los ingresos sino mediante la lucha contra las falsificaciones. También se plantean multiplicar la cooperación en los programas de investigación, de desarrollo y de innovación en sectores como la biomedicina, las energías renovables, las ciencias espaciales y astronómicas, así como en las ciencias oceánicas y polares.

Los intercambios entre los pueblos
Los BRICS se plantean principalmente luchar contra la ideología anglosajona de la «guerra de civilizaciones» a través de dos programas de la ONU: el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Alianza de Civilizaciones. Los miembros del grupo BRICS quieren incrementar los intercambios entre sus pueblos a través de los medios de difusión, de la cultura, de la educación, el deporte, las artes, las relaciones entre los jóvenes de sus países, entre los miembros de la sociedad civil de cada uno de ellos, mediante la diplomacia pública y los intercambios universitarios.

Los BRICS se oponen así a un significativo retroceso. El concepto de «guerra de civilizaciones», elemento fundamental del discurso del presidente estadounidense George Bush hijo, parecía haber caído en el olvido. Pero ha vuelto a ponerse de moda con la candidatura presidencial de la vicepresidente Kamala Harris, que cuenta con el respaldo de los neoconservadores. En realidad se trata de una variante falsamente ilustrada del viejo discurso violento de los años 1930-1945, que plantea que en aras de sobrevivir los occidentales no tienen otra opción que eliminar a los demás.

Esta es la foto de los jefes de Estado y/o de gobierno que participaron en la Cumbre de Kazán, acompañados de los representantes de las naciones invitadas al encuentro. Esta imagen habla por sí misma del «aislamiento» de Rusia, desde que es objeto de las «sanciones» del G7.

Observaciones sobre esta Cumbre de los BRICS
Esta Cumbre de los BRICS tuvo lugar mientras el mundo es testigo, en vivo y en directo, de dos operaciones israelíes de limpieza étnica: una en la franja de Gaza y otra en el sur de Líbano. Simultáneamente, la Operación Militar Especial rusa para poner en aplicación en Ucrania la resolución 2202 del Consejo de Seguridad de la ONU (los Acuerdos de Minsk) se desarrolla de manera favorable a Rusia. El ejército ucraniano no sobrevivirá al invierno y todas las medidas coercitivas unilaterales, o sea las llamadas «sanciones» occidentales, han fracasado. Desde el punto de vista de la «guerra de civilizaciones», los árabes de Gaza y los rusos de Ucrania «amenazan» a Occidente y deben ser eliminados.

Participar en el grupo BRICS se ve, por consiguiente, como una forma de rebelión contra el «orden mundial» anglosajón. Precisamente por eso, resulta decepcionante el retroceso del presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, quien no se atrevió a viajar a Kazán y se hizo representar en la Cumbre por su ministro de Exteriores, Mauro Vieira, a pesar de que Brasil es miembro fundador del BRICS. También es cierto que Brasil ya está profundamente implicado en el grupo ya que la ex presidente de Brasil Dilma Roussef, derrocada durante una operación orquestada en su país por Estados Unidos e Israel, preside actualmente el Nuevo Banco de Desarrollo creado por los BRICS.

También es decepcionante la actitud del príncipe Mohamed Ben Salman, heredero del trono de Arabia Saudita, quien optó en el último momento por evitar tomar partido por uno de los dos bandos y no viajó a Kazán, olvidando que su gran aliado, Emiratos Árabes Unidos, es ahora miembro del grupo BRICS y que su presidente, el jeque Mohamed ben Zayed Al-Nahyan, sí estaba presente en la Cumbre de Kazán.

Rusia escogió Kazán, la capital de Tartaristán, como sede de la Cumbre porque esta dinámica ciudad es un ejemplo elocuente tanto de la integración de los musulmanes a la Federación Rusa como de la capacidad del gobierno central de Rusia para delegar sus poderes.

En el plano económico, la Cumbre de Kazán avanzó en la desdolarización del comercio internacional. Los BRICS se dirigen hacia un patrón monetario numérico. En Kazán se habló de los caminos posibles hacia el establecimiento de una autoridad fiscal común, entre los caminos mencionados estuvieron la creación de un tribunal para el arbitraje de eventuales litigios económicos entre los países miembros del BRICS y la idea de abrir una bolsa cerealera. También se habló de establecer una infraestructura independiente de pago y de depósitos internacionales (BRICS Clear). Último punto, los BRICS avanzan en la creación de un sistema de tarjeta de pago denominado BRICS Pay, que incluso fue presentado en la Cumbre de Kazán. El funcionamiento de BRICS Pay parece relativamente clásico, la tarjeta BRICS Pay debería permitir la realización de pagos en moneda local mediante el uso de un código QR que retiraría el pago de una cartera electrónica alimentada a través de la aplicación BRICS Pay, a la que el usuario puede asociar una tarjeta electrónica Visa, MasterCard o Mir. El desafío consiste en que los países miembros sean capaces de participar en la creación de una moneda colectiva logrando a la vez que cada uno de ellos conserve intacta su soberanía.

La Cumbre de Kazán mostró, sobre todo, en el plano político, que los BRICS rechazan las cambiantes «reglas» occidentales, reglas que el G7 fija en dependencia de a quién se aplican. Los BRICS prefieren el respeto de los compromisos contraídos, o sea el Derecho Internacional.

Los países del «Sur global» –expresión utilizada en oposición al llamado «Occidente colectivo»– están totalmente conscientes de que las potencias occidentales no tienen el menor reparo en violar descaradamente los compromisos y tratados que algún día firmaron. Los occidentales consideran que, en nombre de la democracia, un jefe de Estado o de gobierno electo puede simplemente denunciar un tratado firmado por su predecesor mientras que los demás Estados, que ellos consideran «regímenes dictatoriales», siguen estando obligados a cumplirlo. Por ejemplo, durante su mandato presidencial, Donald Trump, sacó a Estados Unidos del JCPoA (el acuerdo sobre el programa nuclear de Irán), un acuerdo que su predecesor, Barack Obama, había negociado por mucho tiempo. Exactamente de la misma manera, el actual presidente de Estados Unidos, Joe Biden, tampoco se consideró obligado a respetar dos documentos firmados por su amigo Barack Obama, el de Estambul (firmado en 1999[4]) y la resolución 2202 (de 2015) sobre los Acuerdos de Minsk. Así que Biden afirma que Rusia invadió Ucrania «injustificadamente» y en violación de la Carta de las Naciones Unidas, cuando en realidad existen numerosos textos anteriores que demuestran que Rusia es la única potencia garante de los Acuerdos de Minsk que ha seguido al pie de la letra el contenido de los acuerdos que firmó [Alemania y Francia también habían firmado los Acuerdos de Minsk como potencias garantes. Nota de la Redacción].

En el plano económico, el Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de proceder a una revisión de sus sistemas de cálculo y ahora pone el PIB ruso en cuarta posición, detrás de China, de Estados Unidos y de la India. Eso significa que el PIB de la Federación Rusa se ha incrementado bruscamente en un 23%, abandonando el 48º lugar mundial.

Sin embargo, más allá de las realidades económicas —los BRICS representan un 37% del PIB mundial y casi la mitad de la población del planeta (un 45%), mientras que el G7 sólo representa hoy un 29% del PIB mundial y un 10% de la población mundial.

La Cumbre de Kazán ha abierto los ojos a muchos miopes. El mundo ha cambiado y ya no está a las órdenes de Washington y Londres.

POR FIN HA LLEGADO LA HORA DE LA IDEA RUSA.

 

El Octavo Congreso de Tsargrad, celebrado en la Catedral de Cristo Salvador, fue increíble. Es evidente que vivimos en una sociedad donde se está produciendo un cambio ideológico: estamos pasando de la ideología liberal a una ideología propiamente rusa. Y este proceso no puede detenerse, tampoco es una decisión que estén tomando voluntariamente las autoridades: se trata de un proceso lógico que se estaba gestando desde hace mucho tiempo y cuyo ultimátum la historia está haciendo realidad.

La Operación Militar Especial ha cambiado drásticamente el panorama ideológico ruso: la época de los tecnócratas neutrales ha acabado, ahora está comenzando el tiempo de la ideología patriótica. Todo ello va acompañado del nacimiento de un nuevo tipo de funcionarios en todos los ámbitos: gobierno, ministros, lideres, etc. A partir de ahora los funcionarios del Estado se enfrentan cara a cara con la muerte, el dolor, el horror y el alma de los moribundos. Este proceso no puede agotarse en el cumplimiento de los requisitos formales, ya que podría corromperse tranquilamente como trasfondo de una acción en ciernes. Es necesario que se implique en la historia y la historia exige la acción de la subjetividad como elección voluntaria tomada desde el fondo de nuestros corazones. Los que están en el poder tendrán que elegir: o están con la oligarquía o con el pueblo, están del lado de la guerra (tomando partido por ella) o prefieren estar del lado contrario. Ser un tecnócrata neutral implica ponerse del «del bando de la oligarquía», pero si uno quiere cambiar su visión del mundo entonces debe asumir abiertamente la causa rusa y apoyarla abiertamente.

Ahora bien, cada uno deberá decidir cuál es su posición. Se trata de un verdadero corte ideológico: el liberalismo se ha agotado en Rusia y únicamente continúa operando por inercia. La tecnocracia neutral ya no sirve ahora que estamos frente a una guerra frontal con Occidente, la insubordinación de la quinta y la sexta columna, la destrucción provocada por las migraciones, la catástrofe demográfica, la defensa de los valores tradicionales, la proliferación de los valores no tradicionales, etc., es necesario tomar una decisión que sea clara y definitiva. No se trata de un leve susurro, sino de una voz clamorosa. Tendremos que responder a su llamado, seguirla, quizás hasta la muerte, porque el final se acerca ahora que estamos en medio de una guerra. Ser ruso ahora no significa hacer parte de una marca comercial, sino unirse a las filas de la Causa Rusa, construir una verdadera nación y sacrificarlo todo —incluida la propia vida— en aras de alcanzar el poder.

El tiempo de los compromisos y las medias tintas ha llegado a su fin. La elección que hagamos de ahora en adelante tendrá un significado irreversible. El Evangelio nos habla de los trabajadores que llegaron al final de la jornada, mucho más tarde que todos los demás, pero que trabajaron hasta el final: ellos heredaran el Reino de los Cielos. No obstante, quienes lleguen mucho después de que pase este lapso de tiempo estarán condenados. Ahora es la última hora: es el momento de la Causa Rusa. Es hora de hacer todo lo posible por cumplir el juramento de la Patria, la Fe, el Poder y el Pueblo. Lamentablemente, la traición ha sido la norma social, ideológica y psicológica desde finales de 1980: ha dominado el sálvese quien pueda. Pero esa época se acabó. Ahora estamos en otros tiempos. Esta época no es solo antiliberal, sino que además es incompatible con la tecnocracia. Por fin ha llegado el tiempo de la Idea. La Idea Rusa.

La OTAN, los migrantes en la Unión Europea y la guerra que viene en Moldavia.

Muchas veces hemos demostrado en Red Voltaire que la Unión Europea es sólo una correa de transmisión de la OTAN. Pero esta vez lo demuestra una decisión del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Según ese Tribunal, con sede en Luxemburgo, la Unión Europea no puede enviar migrantes a la espera de decisión sobre una solicitud de asilo a un tercer país cuyas fronteras legales no sean las mismas que sus fronteras reales. Eso implica que Italia no puede enviar migrantes egipcios y bengalíes a esperar por esa decisión en centros de retención creados en Albania. Todo eso está hecho en previsión de un éxodo masivo de moldavos para justificar una guerra contra Transnistria.


El 18 de octubre un tribunal italiano invalidó la posibilidad de hacer transitar por un tercer país una docena de migrantes bengalíes y egipcios que solicitaban asilo después de haber sido rescatados en el mar. Políticamente, esa decisión parece echar abajo los esquemas que el británico Boris Johnson había elaborado para enviar a terceros países los migrantes que afluyen a Reino Unido. Las autoridades británicas querían enviar esos migrantes a miles de kilómetros del Reino Unido —a Ruanda, en África. Pero el gobierno de Italia se «conformaba» con enviarlos a sólo algunas decenas de kilómetros del suelo italiano —a Albania.

El tribunal italiano que echó abajo la decisión gubernamental no se basó en una decisión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) —que depende del Consejo de Europa y se conoce también como «el Tribunal de Estrasburgo»— sino en una decisión emitida el 4 de octubre de 2024 por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), también llamado «el Tribunal de Luxemburgo», una instancia que el Reino Unido ya no reconoce. Muchos pueden encontrar esta diferencia poco relevante. Pero se equivocan porque ese detalle nos muestra que en el tema migratorio, donde hasta ahora prevalecía la orientación «progresista» de los jueces del TEDH, financiado por George Soros, se sigue ahora una lógica diferente.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) planteaba que durante el periodo de análisis de sus solicitudes de asilo los migrantes deberían quedar bajo la protección de la Convención Europea de Derechos Humanos (CEDH), denominación que suele designar el Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales. Por consiguiente, a los migrantes rescatados en el mar se les negaba la posibilidad de ser llevados al puerto más cercano —aunque eso es lo que estipula el Derecho del Mar— pero tenían que transitar por la Unión Europea, lo cual hacía ilegítimo su envío a Ruanda. En cambio, nadie podía oponerse a que fuesen enviados a Albania, país firmante de la Convención Europea de Derechos Humanos (CEDH).

Ahora bien, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea no se pronuncia sobre los temas vinculados a los derechos humanos y se limita a verificar la aplicación de las directivas de la Unión Europea[1]. El TJUE es un tribunal administrativo y la directiva 2013/32, que establece los procedimientos en vigor, abrogó la directiva 2005/8. El texto abrogado incluía una precisión que la Comisión Europea volvió a eliminar. Así que el TJUE concluye ahora que no es posible considerar como países «seguros» a Estados en los que una parte del territorio no es «segura», lo cual implica que no es posible enviar los migrantes a esos países.

En aquella época el objetivo era prohibir que los migrantes sirios fuesen repatriados a su país, aunque una parte del país estaba en calma. El hecho es que la Unión Europea alineaba su política tras la de Estados Unidos e Israel. ¿Objetivo? Privar a la República Árabe Siria de su población para debilitar el país, militarmente hablando, ante la agresión yihadista orquestada por Occidente.

Se trata de la aplicación de una doctrina militar de la OTAN que establece el uso de «las migraciones como arma de guerra». Ese concepto se aplicó por primera vez en las guerras de la OTAN contra Yugoslavia, iniciadas en 1991. La CIA estadounidense logró convencer a la población de Kosovo de que tenía que abandonar su tierra natal para huir de los combates entre las fuerzas de Belgrado y los terroristas del «Ejército de Liberación de Kosovo» (UCK). Miles de kosovares huyeron así hacia Macedonia siguiendo a pie una línea de ferrocarril. Sorprendida, la población de Macedonia los acogió y los servicios de propaganda de la OTAN utilizaron aquellas imágenes para afirmar que el presidente yugoslavo Slobodan Milosevic reprimía a los kosovares, lo cual sirvió de «justificación» para que la OTAN invadiera Yugoslavia.

El uso de las migraciones como arma de guerra fue ampliamente estudiado por la estadounidense Kelly Greenhill[2]. La CIA utilizó ese recurso para tratar de derrocar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, orquestando la salida del país de más de 5 millones de venezolanos[3]. Como puede verse, el uso de las migraciones como arma de guerra abarca dos objetivos simultáneos: acusar a un gobierno de «reprimir a su propio pueblo» y vaciar un país de su población para debilitarlo.

Es importante entender que, al contrario de lo que generalmente se cree, esas migraciones no son una forma de escapar a la guerra… son la guerra misma. Esta conclusión se ve confirmada por el hecho que las migraciones a menudo preceden el inicio de las operaciones militares.

Pero no debemos confundir ese concepto con la visión del capitalismo que se expresó en Londres, el 21 de junio de 2012, durante una audiencia en la Cámara de los Lores, por boca del irlandés Peter Sutherland[4], quien declaró que todo individuo debe tener la posibilidad de estudiar y trabajar en el país que quiera, lo cual es incompatible con todas las políticas que restringen las migraciones, y que las migraciones crean una dinámica crucial para el desarrollo económico, independientemente de lo que piensen de ello los ciudadanos de los países de acogida. Sutherland llegaba así a la conclusión de que la Unión Europea debe socavar la homogeneidad de las naciones que la componen.

El presidente de la Federación de la Industria Alemana, Ulrich Grillo, también desarrolló esa visión económica de las migraciones, el 22 de diciembre de 2014, para exhortar la entonces canciller alemana, Angela Merkel, a dejar entrar 800.000 migrantes en el país[5].

También defendió esa visión económica de las migraciones el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, quien precisamente solicitó los consejos de Peter Sutherland. Al presentar su proyecto de Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, la representante especial de Guterres, Louise Arbour, declaraba: «Los datos demográficos hacen pensar que, si quieren mantener sus niveles económicos actuales, [los países ricos] van a tener que recibir trabajadores extranjeros bien formados para responder a las demandas del mercado laboral»[6].

Esa visión de las migraciones contó durante años con el apoyo de George Soros, a través de la influencia del magnate sobre el TEDH[7].

Para Soros se trataba de desestabilizar los Estados en beneficio de su concepción de las «sociedades abiertas».

La decisión del Tribunal de Justicia de la Unión Europea nada tiene que ver con el ciclo político que la antecedió sino, única y exclusivamente, con las experiencias de la OTAN en Yugoslavia, en la región africana de los Grandes Lagos, en Libia, en Siria, en Venezuela y, muy próximamente, en Moldavia.

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea se apoyó precisamente en su lectura de la situación en ese país.

Moldavia accedió a la independencia, el 27 de agosto de 1991, a raíz de la disolución de la URSS. Transnistria ya había proclamado su propia independencia el 19 de agosto, o sea 8 días antes que Moldavia. Esta pequeña república fue en otro tiempo considerada ucraniana, pero después del Pacto Molotov-Ribbentrop, Stalin la incorporó parcialmente a Rumania, bajo la denominación de Moldavia. Hoy en día hace 33 años que Moldavia y Transnistria son dos entidades absolutamente diferentes, pero en 1991 la ONU registró a Transnistria como una región de Moldavia. Ahora, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea considera que Moldavia no es «segura», ya que ve a Transnistria como una región «rebelde», aunque, como acabamos de señalar, Transnistria proclamó su independencia antes que Moldavia.

En 1992, la población de la pequeña Transnistria se apoderó de los blindados de la fuerza rusa de paz y los utilizó para enfrentarse a fuerzas rumanas, que recibían órdenes de la CIA estadounidense.

Transnistria, hoy República Moldava del Dniéster, ya tuvo que enfrentarse a la OTAN en el marco de una guerra que en Occidente se denomina engañosamente como «guerra civil moldava», aunque el ejército de Moldavia ni siquiera participó en ella. El 17 de septiembre de 2006, el 97,2% de los electores de la pequeña Transnistria, con algo más de medio millón de habitantes, solicitaron, mediante un referéndum popular, su incorporación a la Federación Rusa. Los transnistrios reiteraron aquel pedido en 2014, cuando la vecina península de Crimea se reincorporó a la Federación Rusa[8].

Cuando la RAND Corporation, el think-tank del complejo militaro-industrial estadounidense, presentó a la Cámara de Representantes su plan Overextending and Unbalancing Russia («Extender y desequilibrar a Rusia»), el 5 de septiembre de 2019, se insistió en el inicio de una guerra en Ucrania o… en Transnistria[9]. Ante el fracaso de los nacionalistas integristas en Ucrania, en Washington se plantean ahora el inicio de una nueva guerra en Transnistria/Moldavia[10].

Ya redactado el plan de la RAND Corporation, artículos sobre la «guerra del Dniéster» de 1992 aparecieron, en 43 idiomas, en Wikipedia. Se trata de un excelente ejemplo de la manera de proceder de la propaganda atlantista. Por supuesto, la presentación de los acontecimientos no menciona el papel de la CIA estadounidense. Las fuerzas de la OTAN que agredieron Transnistria se describen como «moldavas»… cuanto en realidad eran rumanas. Usted mismo puede comparar esas páginas anónimas que ahora aparecen en Wikipedia con lo que yo mismo escribí, hace 17 años, sobre aquellos hechos[11]. Puede usted verificar las referencias. Seguramente veremos como todos los periodistas occidentales repiten precisamente la versión fantástica de los hechos.

Este 20 de octubre de 2024, los moldavos estaban llamados a votar en la elección presidencial y, al mismo tiempo, a pronunciarse sobre la posibilidad de que su país solicite su adhesión a Unión Europea. Y reeligieron como presidente a la europeísta Maia Sandu, pero ¡sorpresa! votaron contra la adhesión de su país a la entidad supranacional. El plan de Washington para Moldavia incluía una especie de remake del putsch de la Plaza Maidán de 2014 en Ucrania. Sólo que esta vez no se trataba de poner en el poder a un grupo de nacionalistas integristas sino de desatar una guerra contra Transnistria. Sólo que la decisión del Tribunal de Justicia de la Unión Europea ahora impide que los moldavos que se nieguen a participar en esa guerra sean reenviados a su país.

Inicialmente, la presidente Maia Sandi habló de «un ataque sin precedente contra la democracia». «Grupos criminales, actuando en coordinación con fuerzas extranjeras hostiles a nuestros intereses nacionales, atacaron nuestro país a golpe de decenas de millones de euros, de mentiras y de propaganda» para «atrapar a nuestro país en la incertidumbre y la inestabilidad», afirmó.

Luego, en un segundo tiempo, la comisión electoral anunció una victoria del «Sí» con un 50,28% de los votos, después de haber contabilizado los sufragios de los moldavos residentes en el extranjero, resultado ampliamente denunciado en Moldavia como fraudulento… pero aplaudido por la prensa occidental.



EE.UU. EN LA ENCRUCIJADA

 
Eisenhower advirtió ya en 1960 de los peligros para Estados Unidos: abusar de su poder, perder la ética y/o endeudarse. ¡Cayeron en todos!

Para comprender el carácter trascendental de las próximas elecciones en EE.UU. conviene leer despacio el extraordinario discurso de despedida que el presidente Eisenhower pronunció desde el Despacho Oval el 17 de enero de 1961, tres días antes de abandonar con evidente alivio la Casa Blanca.

Elegido en 1952 y reelegido en 1956 por mayorías abrumadoras, Eisenhower fue uno de los presidentes más íntegros y capaces del s.XX. Su experiencia como militar de prestigio y comandante en jefe de los ejércitos aliados en Europa en la 2GM le llevó a detestar el horror de la guerra, rehuyendo guerras innecesarias (como es hoy la de Ucrania) y evitando la confrontación con la Unión Soviética mediante una mezcla de diplomacia firme y ostentación de fuerza (si vis pacem, para bellum). También era una persona de profundas convicciones cristianas, algo natural cuando en aquella época el 90% de los norteamericanos creía en la divinidad de Cristo[1].

El discurso de despedida de Eisenhower es el más famoso de la historia de EE.UU. y tiene un carácter casi profético que ayuda a comprender lo que está ocurriendo hoy, aunque las circunstancias hayan cambiado mucho. En efecto, en 1960 Estados Unidos tenía una apabullante hegemonía económica (su PIB suponía el 40% del PIB mundial frente al 25% de hoy) y un enorme poderío militar que podía proyectar en cualquier lugar del mundo: su Armada contaba con 24 portaviones y 223 destructores frente a los 11 y 62 de hoy, respectivamente[2]. Asimismo, gracias en gran medida a su religiosidad cristiana (aspecto que tiende a olvidarse) EE.UU. también gozaba de una salud social envidiable, con un índice de divorcios, nacimientos fuera del matrimonio y abortos inferior en orden de magnitud a los actuales y una tasa de criminalidad tan baja que se multiplicaría por tres en los siguientes 30 años. Los hogares estables formados por un matrimonio con hijos suponían el 44% del total (frente al 18% de hoy en día[3]) y era el país número 20 con mayor esperanza de vida (hoy ocupa el puesto 40)[4].

Pues bien, aquella fría noche del 17 de enero de 1961 Eisenhower quiso trasladar a sus conciudadanos un mensaje al que el presidente saliente concedió mucha importancia, no en balde había comenzado meses atrás a trabajar en los más de veinte borradores que escribiría. No fue un discurso mitinero de elogio de sí mismo, sino un testamento político de una profundidad inhabitual, a pesar de lo cual no necesitó de más de 15 minutos, como marcaba la tradición (frente a los 50 minutos de autobombo que invirtió el narcisista Obama).

El papel de EE.UU. en el mundo
El primer mensaje de Eisenhower tuvo que ver con el papel futuro que EE.UU. debía jugar en el mundo, y sobre todo con su misión moral. Así, quiso advertir a sus conciudadanos que el prestigio y liderazgo de EE.UU. dependía «no sólo de su inigualado progreso material o poder militar, sino de cómo utilizara su poder en el interés de la paz mundial», previniendo que «el error atribuido a la arrogancia» infligiría a EE.UU. un grave daño dentro del país y también en su papel en el mundo. Por el contrario, el presidente norteamericano hablaba de cómo este mundo «nuestro», compartido por todos, «debía evitar convertirse en una comunidad de miedos y odios y ser, en cambio, una confederación de confianza mutua y respeto, una confederación de iguales en la que los más débiles acudan a la mesa de conferencias con la misma confianza que nosotros [los EEUU]»[5].

Hoy sabemos que esta advertencia y este deseo cayeron en saco roto, pues el anillo de poder corrompe a los gobiernos y a los pueblos tanto como al individuo que lo porta. Así, tras su indudable victoria en la Guerra Fría, EE.UU. nunca pretendió crear una confederación de iguales basada en el respeto mutuo y en un liderazgo moral, sino que aprovechó su hegemonía para imponer por medio de las armas y del poder del dólar un sistema internacional asimétrico, miope en la defensa cortoplacista de los intereses económicos estadounidenses e injusto en la aplicación de un solo principio: «las reglas son para ti, no para mí». Quién iba a decirnos a quienes vivimos con inenarrable alegría la caída del comunismo soviético que la ausencia de un contrapoder, lejos de contribuir a la paz del mundo, envolvería la política exterior de EE.UU. en un manto de arrogancia y transformaría al Departamento de Estado en una fábrica de conflictos que aseguraran un estado de guerra permanente.

Eisenhower, por cierto, dejó claro que la Guerra Fría no era un enfrentamiento contra un país (la Unión Soviética o Rusia), sino contra una ideología, «hostil, global en su alcance, atea en su carácter, despiadada en su propósito e insidiosa [o sea, maliciosa con apariencias inofensivas] en su método[6]», una de las mejores definiciones del comunismo nunca hecha. Conviene rescatar esta distinción hoy con la guerra de Ucrania, pues la propaganda occidental ha pretendido hacer creer a la población que nos encontrábamos ante una nueva agresión «soviética» nostálgica del imperio, una patraña absurda para cualquiera que se detenga a pensar un minuto (una minoría), pero eficaz en la psique inercial de quienes vivimos la Guerra Fría desde el lado libre del Muro.

La amenaza desde el interior de EE.UU.
Sin embargo, la preocupación máxima de Eisenhower tenía que ver con el creciente poder que el complejo militar-industrial estaba alcanzando dentro del propio EE.UU., algo que, como militar de gran experiencia, era capaz de vislumbrar con mayor claridad que la mayor parte de los observadores de su época. De ahí proviene su famosísima advertencia, escrita con la precisión de un cirujano. Lean, por favor, despacio: «Debemos protegernos contra la adquisición por parte del complejo militar-industrial de una influencia injustificada, ya sea buscada o no, pues existe hoy y persistirá en el futuro la posibilidad de un aumento inapropiado y desastroso de su poder. No podemos permitir que el peso de esta combinación ponga nunca en peligro nuestras libertades y nuestros procesos democráticos, y no debemos dar nada por sentado[7]».

Así, concluye Eisenhower, la única defensa contra el incipiente poder «de un establishment militar y de una enorme industria armamentística que son nuevos en la historia de EEUU» es una «ciudadanía alerta e informada[8]».

Hoy sabemos que esta seria advertencia también cayó en saco roto, pues la ciudadanía ni está alerta ni está informada, y quienes advierten sobre la realidad son condenados al ostracismo por defender «teorías conspiratorias», esa eficaz difamación generalmente destinada a ocultar la verdad, aunque ésta quede demostrada a posteriori. De hecho, quizá el mayor obstáculo al que se enfrenta la población para comprender el estado de las cosas no es sólo su ignorancia de los hechos, promovida por la corrupción moral de los medios de comunicación, sino ante todo la imposibilidad de creer en la existencia del mal, algo que los yonquis del poder aprovechan continuamente.

El complejo militar-industrial norteamericano o Deep State, que incluye a la industria armamentística, al Pentágono, a las agencias de inteligencia y al Departamento del Estado, es hoy más poderoso que nunca. A todos ellos les une una misma ambición de poder y dinero, y todos dependen de un estado de guerra perpetua facilitada por la política belicista del Departamento de Estado. En EE.UU. esta situación de guerra perpetua (o de sucesión de conflictos sin solución de continuidad) se sostiene con el argumento de la defensa del «interés nacional» y bajo la hipócrita coartada de la defensa de «valores occidentales», que curiosamente jamás incluyen el bien o la verdad, sino que se limitan exclusivamente a una supuesta diosa democracia y a un sucedáneo de la libertad, la misma que dicha «democracia» nos está robando subrepticiamente desde hace décadas.

Por otro lado, Eisenhower también advirtió a sus ciudadanos sobre la posibilidad de que los científicos fueran corrompidos por el acaparamiento del dinero público en la financiación de proyectos científicos. En este sentido, alertaba «del peligro de que la política se convirtiera en cautiva de una élite científica-tecnológica[9]». La pertinaz estafa del cambio climático y la dictadura sanitaria impuesta bajo la coartada del covid son claros ejemplos del carácter visionario del expresidente.

Finalmente, Eisenhower previno a sus conciudadanos sobre la necesidad de «resistir el impulso de vivir sólo para hoy, despilfarrando los preciosos recursos del mañana por nuestra propia conveniencia (…), hipotecando los activos materiales de nuestros nietos». Esta advertencia también cayó en saco roto: en 1960, EEUU no tenía déficit y su deuda pública era inferior al 60% del PIB. Hoy tiene un déficit (creciente) del 6% sobre PIB y una deuda pública superior al 120%, cifras que reflejan el precio de la descarada compra de votos que implica el sufragio universal y su consecuencia natural, ese fraude llamado ampulosamente Estado de Bienestar, en el que siempre hay más promesas que dinero.

Las elecciones del 2024
Y ahora se preguntarán: ¿qué tiene que ver un discurso de hace más de 60 años con las elecciones que se celebrarán dentro de un par de semanas? La respuesta es: todo. En efecto, en las siguientes elecciones la cuestión de fondo es si EE.UU. acotará o no el poder incontrolado del Deep State y sus consecuencias directas, como es el impresionante deterioro de la libertad personal y, en particular, de la libertad de expresión (su némesis), y la existencia de un estado de permanente conflicto que impide un orden internacional más equilibrado y justo compatible con un mundo multipolar que mantenga contrapoderes y evite la mera sustitución de un poder hegemónico (EE.UU.) por otro (China).

En el siguiente artículo realizaremos un obligado pronóstico sobre el resultado de estas elecciones y exploraremos hasta qué punto suponen una confrontación entre dos conceptos de democracia. Uno está basado en la libertad de expresión y en la limitación del poder del complejo militar-industrial y la élite científica-tecnológica sobre cuya amenaza nos advirtió el presidente Eisenhower. El otro defiende una mezcla de plutocracia y oligarquía de una élite mesiánica que esconde, tras unos cínicos ideales, una voluntad de poder absoluto y una soberbia descomunal.

ISRAEL AGREDE A LAS NACIONES UNIDAS

Aunque muchos no lo saben, cuando la Asamblea General de la ONU aceptó la adhesión de Israel, mediante la resolución 273 (el 4 de marzo de 1949), lo hizo sólo porque Israel se comprometía a cumplir las obligaciones estipuladas en la Carta de las Naciones Unidas. Sin embargo, el Estado hebreo nunca respetó sus compromisos en ese sentido. Israel se niega a poner en aplicación 229 resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y de la Asamblea General, su gobierno acaba de declarar «organización terrorista» una agencia de la ONU (la UNRWA), el representante de Israel en la ONU ha llamado a destruir la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, el gobierno israelí ha declarado al secretario general de la ONU persona non grata y ahora, en Líbano, el ejército de Israel acaba de atacar a los «cascos azules» de la ONU en 4 ocasiones diferentes.

En alocución transmitida el 13 de octubre por la televisión israelí, el primer ministro de Israel, Benyamin Netanyahu, declaró: «Quiero lanzar un llamado directo al secretario general de la ONU. Es hora de que usted retire la FINUL de los bastiones del Jezbolá y de las zonas de combate. El ejército israelí lo ha solicitado en varias ocasiones y ha enfrentado negativas repetidamente, lo cual proporciona escudos humanos a los terroristas de Jezbolá. Su negativa de evacuar los soldados de la FINUL los ha transformado en rehenes del Jezbolá, los pone en peligro, al igual que a nuestros soldados».

El 14 de mayo de 1948, durante la retirada británica de Palestina, territorio que la Sociedad de Naciones (SDN) había puesto provisionalmente bajo la administración del Reino Unido, el Consejo General Sionista, emanación de la Haganá —la principal milicia de la comunidad judía inmigrante— proclama unilateralmente la independencia del Estado de Israel, anunciada por el presidente de la Agencia Judía —o sea, por el ejecutivo de la Organización Sionista Mundial.

Es importante precisar aquí que el ocupante británico estaba retirándose solamente de alrededor de una cuarta parte de la Palestina que se hallaba bajo el mandato otorgado al Reino Unido. Oficialmente, la ocupación británica ya se había retirado de las otras 3/4 partes del territorio bajo su mandato, que constituían la Transjordania bajo mandato británico, la futura Jordania.

En nombre del Consejo General Sionista, David Ben Gurion lee la declaración de independencia del Estado de Israel

Después de varios días de reflexión, la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió reconocer el nuevo Estado, pero lo hizo subrayando que, en principio, no correspondía a un grupo paramilitar —Haganá— proclamar un Estado, aun cuando esa proclamación viniese a llenar el vacío que dejaba la retirada de la autoridad (el Reino Unido) que había recibido el mandato de la SDN. La Asamblea General de la ONU había notado que la proclamación de independencia no mencionaba el tipo de régimen del nuevo Estado (no especificaba si sería una teocracia o una república) y que tampoco mencionaba sus fronteras. La Asamblea General de la ONU preveía en aquel momento seguir adelante con su plan tendiente a la creación de un Estado binacional, simultáneamente árabe y judío, sin continuidad territorial entre las dos entidades —Jerusalén y Belén tenían un estatus internacional. En aquel contexto, la Asamblea General vio como tranquilizador el hecho que el nuevo Estado proclamaba «una completa igualdad de derechos sociales y políticos a todos los ciudadanos, sin distinción de creencias, de raza y de sexo».

Al día siguiente de la proclamación de independencia, Egipto, Iraq, Transjordania, Líbano, Siria y Yemen enviaban sus ejércitos a Palestina. La historia oficial afirma hoy que aquellos 6 países (los «árabes», léase los «musulmanes») no aceptaban un Estado judío, cuando en realidad 5 de ellos se oponían al inicio de una colonización judía, sucesora de la colonización británica y el sexto apoyaba a Israel. La religión representaba un problema únicamente para Izz al-Din al-Qassam, para la Hermandad Musulmana y para el muftí nazi Mohammed Amin al-Husseini.

De la misma manera, la propaganda asegura que aquellos ejércitos mordieron el polvo ante el valeroso ejército israelí, dando a entender así que «desde el primer día, los judíos son moralmente superiores a los árabes». La realidad es otra. La 2GM acababa terminar y —exceptuando Transjordania— ninguno de aquellos países tenía un ejército digno de ese nombre. Sus tropas se componían sólo de voluntarios. Además, el ejército de Transjordania, que puso fin al conflicto, luchó del lado de Israel, en contra de los demás árabes. Transjordania, que seguía bajo influencia británica, esperaba impedir la creación de un Estado palestino y anexar el territorio correspondiente al Estado palestino cuya creación proyectaba la ONU. El ejército de Transjordania era, de hecho, el ejército de los británicos que se hacía llamar «La Legión Árabe» y seguía órdenes del general John Bagot Glubb (alias «Glubb Pachá»). En realidad, no fueron los israelíes sino los «transjordanos» (en realidad los británicos) quienes vencieron a los demás «ejércitos» árabes. Durante el conflicto, el rey Abdala I incluso fue proclamado «rey de Palestina».

Durante aquel conflicto, las fuerzas israelíes simplemente dejaron que los británicos de Transjordania se ocuparan de luchar contra los árabes mientras que ellos aplicaban el Plan D (en hebreo, el Plan «Dalet»). La intención de la Haganá era compartir con Transjordania la menor cantidad de territorio posible, así que las fuerzas israelíes importaron ilegalmente armas desde Checoslovaquia —que ya tenía un gobierno comunista», supuestamente para luchar contra la colonización británica, cuando en realidad iban a utilizarlas para expulsar a los palestinos. Así se gestó lo que los palestinos llaman la Nakba («la Catástrofe»). Al menos 750.000 palestinos —entre el 50 y el 80% de la población palestina— fueron expulsados de sus tierras a punta de fusil.

Al año siguiente, Israel solicita y obtiene su admisión en la Organización de las Naciones Unidas. En aquella época, no había Estados descolonizados entre los miembros de la ONU y los países bajo la hegemonía anglosajona eran mayoría en el seno de la Organización. Sin enbargo, Israel es aceptado como nuevo miembro bajo condición. En su resolución 273, la Asamblea General de la ONU menciona el compromiso escrito del ministro de Exteriores del gobierno provisional de Israel, Moshé Shertok, mediante el cual el Estado de Israel «acepta sin reservas las obligaciones consignadas en la Carta de las Naciones Unidas y se compromete a cumplir dichas obligaciones a partir del día en que llegue a ser miembro de las Naciones Unidas»[1].

El 15 de noviembre de 1970, durante su intervención ante la Asamblea General de la ONU, el representante permanente de Israel ante las Naciones Unidas, Chaim Herzog, futuro presidente del Estado hebreo, rasga la resolución 3379, en la que esa asamblea califica el sionismo como una «forma de racismo y de discriminación racial».

Hasta el día de hoy, Israel no ha respetado aquel compromiso e ignora 229 resoluciones del Consejo de Seguridad y de la Asamblea General de la ONU, lo cual justificaría totalmente la suspensión de su membresía.


En los últimos meses,
  • el ministro israelí de Exteriores, Israel Katz, declaró el 23 de marzo que la ONU se ha convertido en «una organización antisemita y antisraelí que alberga y estimula el terrorismo»;
  • Israel ha hecho campaña contra una agencia de la ONU, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Medio Oriente (UNRWA), acusándola de estar al servicio del Hamas;
  • en julio pasado, el parlamento de Israel adoptó 3 leyes: (1) prohibiendo a la UNRWA operar en Israel, (2) despojando al personal de la UNRWA de su inmunidad diplomática, (3) designando a la UNRWA como «organización terrorista»;
  • en agosto de este año, el representante permanente de Israel ante la ONU, Gilad Erdan, declaró, al finalizar su mandato y refiriéndose a la sede de la ONU en Nueva York, que «ese edificio debería ser borrado de la faz de la Tierra»;
  • el ministro israelí de Exteriores, Israel Katz, declaró persona non grata al secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres;
  • las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han agredido deliberadamente a los cascos azules de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en Líbano (designados indistintamente bajo las siglas FPNUL, UNIFIL o FINUL).

La muerte de Nasralá marca el ascenso apocalíptico de Israel.

 

La muerte confirmada del líder de Jezbolá, el jeque Sayyed Hassan Nasrallah, es un golpe colosal para toda la estructura del Eje de la Resistencia.

El término «Resistencia» se utiliza para designar a las fuerzas más radicalmente antiisraelíes de Oriente Próximo. Se trata principalmente de los hutíes yemeníes (el movimiento Ansar Allah, que controla el norte de Yemen), las fuerzas sirias dirigidas por Bashar al-Assad, el movimiento palestino en su conjunto (principalmente Jamás) y las fuerzas más radicales, principalmente chiíes, de Iraq.

El Eje de la Resistencia se desarrolló bajo la influencia predominante de la República Islámica de Irán, que fue su principal pilar. El difunto Hassan Nasrallah, como líder de Jezbolá, representaba la vanguardia de la resistencia antiisraelí para todo el mundo islámico (principalmente chií). Por consiguiente, los golpes asestados por Israel a Jezbolá en las últimas semanas, que acabaron con la vida de su líder, representan un poderoso golpe contra todo el Eje de la Resistencia.

Si tenemos en cuenta el extraño y relativamente reciente accidente de helicóptero que provocó la muerte del presidente iraní Ebrahim Raisi, un activo partidario del eje de la resistencia, el panorama del ataque de Israel contra sus adversarios regionales parece realmente épico.

Israel, gracias al apoyo del Occidente colectivo y al uso de sus últimas herramientas tecnológicas (ha sido y sigue siendo pionero en el campo de las tecnologías digitales), opera de manera muy eficaz, precisa y coherente. Y es muy difícil imaginar cómo podríamos responder a esto, sobre todo si tenemos en cuenta que muchas personas de diversos países, que están a la vanguardia de los procesos de alta tecnología, pueden convertirse en cualquier momento en ciudadanos israelíes y, con sus códigos y tecnologías, viajar a Israel.


Es precisamente esta estructura sionista la que ha sometido al pueblo de Gaza a un genocidio masivo. Y ahora ha llevado a cabo un ataque terrorista similar en el Líbano, con el resultado de la muerte del jefe de Jezbolá, el líder espiritual, político y carismático de la vanguardia chií del Eje de la Resistencia.

Permítanme recordarles que anteriormente, en enero de 2020, el general iraní Qasem Soleimani, también uno de los líderes del Eje de la Resistencia, fue eliminado de la misma manera. Pero el asesinato del jeque Sayyed Hassan Nasrallah, a quien los chiíes de todo el mundo consideran ahora un mártir y un shahid, es un acontecimiento sin precedentes.

Al actuar así, Israel se está fijando el objetivo de crear un gran Estado. Lo hace anticipándose a la llegada y entronización del Mesías, que someterá a Israel a todos los países y pueblos del mundo (en la concepción cristiana y musulmana, esta figura es el falso mesías, el Anticristo o Dajjal). Pueden imaginarse lo que pasa actualmente por la mente de los sionistas de extrema derecha que ven sus éxitos. Sólo pueden interpretar esto como la cercanía del Mesías, y las acciones actuales del gobierno israelí de extrema derecha, dirigido por el primer ministro Benjamin Netanyahu, son vistas como la preparación del camino para su reinado.

Hasta la fecha, se han eliminado prácticamente todos los obstáculos a la destrucción de la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén. En un futuro muy próximo, las fuerzas de extrema derecha de Israel, animadas por su estado de ánimo triunfante, pueden seguir adelante con la hazaña, tras lo cual iniciarán la construcción del Tercer Templo en el Monte del Templo de Jerusalén. Occidente apoya colectivamente todo esto, autorizando el exterminio masivo de inocentes que se interponen en el camino del «Gran Israel». Esto incluye atacarlos por todos los medios técnicos.

Se trata de un asunto serio. Ya no se trata sólo de una guerra en Oriente Próximo. Se está cuestionando la existencia misma del Eje de la Resistencia. Los dirigentes del mundo chií están desconcertados, pero los suníes lo están aún más y no pueden permanecer callados ante lo ocurrido.

Por un lado, los suníes no pueden ponerse del lado de Israel, porque sería una traición total a las nociones más básicas de solidaridad islámica. Por otro lado, la eficacia militar y la dureza de la política sionista de extrema derecha de Israel les coloca en una posición extremadamente difícil, ya que no está claro cómo contrarrestar a Israel. Sobre todo porque los misiles israelíes pueden atacar donde quieran, mientras que los misiles y drones de los adversarios de Israel son interceptados eficazmente por el sistema de defensa antimisiles Cúpula de Hierro en las fronteras de Israel.Es posible que Israel siga esto con una invasión terrestre de Líbano y más allá, con el objetivo de crear un «Gran Israel» de costa a costa. Por utópicos o extremistas que parezcan los planes de Netanyahu y sus ministros situados más a la derecha del espectro político, como Smotrich y Ben-Gvir, se están haciendo realidad ante nuestros propios ojos.

Sólo una fuerza de fuerza, equipamiento y recursos comparables sería capaz de hacer frente a una situación así si, además, estuviera decidida a infringir todas las leyes y normas posibles y a cruzar todas las líneas rojas.Sólo una fuerza así puede enfrentarse a un enemigo tan férreo.Y pronto sabremos si tal fuerza existe realmente.



IRÁN E ISRAEL

Cometemos un grave error si creemos que todos los iraníes se oponen unánimemente a la colonización de Palestina por parte de Israel. En Irán existe un grupo minoritario que sigue abrigando la esperanza de que llegar a un arreglo con el régimen genocida de Benyamin Netanyahu le permitiría reanudar el comercio con las potencias occidentales.

El proestadounidense (y rata) expresidente iraní Hachemi Rafsandjani llegó a ser el hombre más rico de su país gracias al tráfico de armas que organizó con el estadounidense Elliott Abrams. Posteriormente, Rafsandjani envió soldados iraníes a luchar bajo las órdenes de la OTAN en Bosnia-Herzegovina y partipó en la revolución de color orquestada para derrocar a su sucesor, el presidente Mahmud Ahmadineyad.

Entre nosotros son muchos los que creen que la República Islámica de Irán es ante todo enemiga de Israel. Quienes creen tal cosa no entienden el pensamiento del imam Khomeini e ignoran la historia de las relaciones entre esos dos países.

El imam Ruhollah Khomeini era un antiimperialista en un país que vivió bajo el yugo del Reino Unido y después bajo la dominación de Estados Unidos. Un hecho que nunca se menciona en Occidente es que durante la 1GM Irán sufrió una hambruna en la que murió al menos un 10% de la población iraní, lo cual hace de Irán una de las principales víctimas de aquel conflicto[1]. Aquella catástrofe prácticamente no se ha estudiado en Occidente y generalmente no aparece en los grandes libros sobre la 1GM. En todo caso, los iraníes están convencidos de que aquel hecho fue un genocidio, resultado de la confiscación masiva de las cosechas, ordenada para alimentar al ejército británico durante su lucha contra los otomanos y los rusos.

Posteriormente, en 1953, el Reino Unido se asoció a Estados Unidos para derrocar al primer ministro Mohammad Mossadegh, quien había nacionalizado el petróleo iraní en detrimento de la Anglo-Persian Oil Company, e imponer como nuevo jefe del gobierno al general nazi Fazlollah Zahedi[2].

Como jefe del gobierno iraní, el general Fazlollah Zahedi creó una policía política que se distinguió por su sadismo, la SAVAK[3]. Para crear la SAVAK, el nazi Fazlollah Zahedi contó con la eficiente ayuda de un grupo de sionistas revisionistas israelíes enviados a Irán por Yitzhak Shamir, quien era entonces responsable de una rama del Mosad israelí.

El jefe de la SAVAK, la policía política del shah Mohamed Reza Pahlevi, era Teymur Bakhtiar, pero sus oficiales de más alto rango eran ex miembros de la Gestapo nazi y sionistas revisionistas israelíes.

Es por eso que los escritos del imam Khomeini siempre resaltan la necesidad de luchar contra Estados Unidos y contra el Reino Unido –describiéndolos como «el gran Satán y el pequeño Satán»– mientras que presentan a Israel sólo como un producto de los anglosajones, no como un poder independiente.

Sin embargo, los estrechos vínculos entre el imperio persa e Israel no terminaron con la revolución islámica iraní. Hoy en día, una empresa común (50% israelí y 50% iraní) sigue explotando el oleoducto Eilat-Ascalón, construido en 1968, o sea bajo el régimen del shah. Toda publicación sobre los propietarios del oleoducto Eilat-Ascalón se castiga en Israel con 15 años de cárcel[4].

Ya en posesión de esos datos, es importante recordar la importancia del escándalo Irán-Contras en la historia de la República Islámica.

El escándalo Irán-Contras (también llamado Irángate) estalló al conocerse una operación de los servicios secretos de Estados Unidos concebida por el Hauptsturmfuhrer SS Klaus Barbie, organizador por demás de la dictadura del general boliviano Hugo Banzer en Bolivia y del hoy célebre Cártel de Medellín del narcotráfico. El objetivo de aquella operación era suministrar armas a los mercenarios proestadounidenses que luchaban contra la revolución sandinista que había llegado al poder en Nicaragua. Pero, el SS Klaus Barbie fue desenmascarado como criminal de guerra buscado desde el fin de la 2GM y acabó siendo arrestado y extraditado a Francia. Ante aquel «inconveniente», el coronel estadounidense Oliver North, quien dirigía un equipo secreto en el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, se hizo cargo de aquella operación secreta.

Desde su puesto en el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, el coronel Oliver North concibió una operación más compleja: obtener la liberación de los civiles estadounidenses tomados como rehenes durante la guerra civil libanesa a cambio del envío de armas a la República Islámica de Irán, enfrascada entonces en la guerra contra Iraq. Israel pondría las armas sacándolas del enorme volumen de armamento que siempre ha recibido de Estados Unidos, esas armas serían enviadas a Irán… pero cierta cantidad de aquellas armas serían enviadas en realidad a los Contras que agredían a Nicaragua. Aquel proyecto obtuvo el respaldo del asistente del secretario de Estado. Aquel asistente era el sionista revisionista Elliott Abrams.

El contacto inicial en Irán fue el entonces diputado Hassan Rohani, a quien los agentes estadounidenses conocían desde los tiempos del régimen del shah. Rohani estableció a su vez el contacto con el entonces presidente del parlamento iraní, Hachemi Rafsandjani. La operación adquirió proporciones tales que Rafsandjani se convirtió en el hombre más rico de Irán.

A pesar de todas las investigaciones oficiales, los elementos más importantes de ese tenebroso asunto siguen siendo secretos. En todo caso, lo que sí está claro es que Hassan Rohani (más tarde convertido en presidente de Irán, de 2013 a 2021) y el hoy fallecido Hachemi Rafsandjani (presidente de Irán de 1989 a 1997) colaboraron con el equipo de los estadounidenses Oliver North y Elliott Abrams.

En 2006-2007, Elliott Abrams codirigió con Liz Cheney (hija del vicepresidente estadounidense Dick Cheney) el grupo a cargo de la política y las operaciones contra Siria, una estructura transversal de la administración del presidente George Bush hijo. Aquel grupo, que disponía incluso de un presupuesto ultrasecreto, supervisó la ayuda a toda la oposición iraní y a todo el que luchaba contra el «régimen de los ayatolas», en cualquier lugar del mundo.

El sionista revisionista estadounidense Elliot Abrams sembró el terror en Latinoamérica. Pero también influyó en la política de Irán, puso en el poder a la actual coalición gubernamental de Benyamin Netanyahu y tuvo durante años como empleado al ahora ministro delegado a cargo de los Asuntos Europeos en el nuevo gobierno de Francia, Benjamin Haddad.

El coronel Oliver North ya no está en la escena política, pero Elliot Abrams organizó la última campaña electoral de Benyamin Netanyahu, montó su alianza con los kahanistas de los partidos extremistas Fuerza Judía, de Itamar Ben-Gvir, y Hogar Judío, de Bezalel Smotrich, reformando así la corriente de los sionistas revisionistas israelíes, discípulos del fascista Vladimir «Zeev» Jabotinsky[5] e impulsando la modificación de las disposiciones que hacen el papel de constitución en el Estado hebreo —lo que la oposición israelí y numerosos observadores califican de «golpe de Estado»

Los iraníes no desean destruir a sus adversarios. En Irán se han acostumbrado, cuando dos grupos entran en conflicto, a crear una comisión encargada de reconciliarlos. Generalmente esa comisión no logra ese objetivo, sus miembros acaban entrando ellos mismos en conflicto con otra institución y entonces se crea otra comisión para resolver el nuevo conflicto y así sucesivamente. Eso ha dado lugar a la existencia de un organigrama muy complejo en el que la adopción de la menor decisión exige una decena de firmas, que prácticamente nadie logra reunir. El sistema se bloquea a sí mismo.

En 1933-1994, los Guardianes de la Revolución enviaron combatientes a luchar en Bosnia-Herzegovina, bajo las órdenes de la OTAN. Aquellos combatientes iraníes luchaban del lado del presidente Alija Izetbegovic, así que no había oposición entre los anglosajones y la República Islámica del presidente Hajemi Rafsandjani. Arabia Saudita y la «Legión Árabe» de Osama bin-Laden eran parte de aquella operación.

En 2005 comenzó una gran campaña de prensa contra el nuevo presidente de Irán, el antimperialista Mahmud Ahmadineyad. La agencia británica Reuters inventó una declaración en la que el presidente Ahmadineyad supuestamente decía que quería borrar Israel del mapa[6]. Aquella falsa citación fue utilizada para suscitar una condena en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU, antes de que se descubriera la superchería y Reuters publicara un desmentido. En realidad, el presidente Ahmadineyad había dicho que el Estado de Israel, como la Unión Soviética, estaba llamado a desaparecer con el paso del tiempo —nunca dijo que los israelíes debían ser echados al mar. A pesar del desmentido publicado por Reuters, aquella falsa citación sigue apareciendo en numerosos libros como si realmente hubiese tenido lugar.

Es también en aquel momento cuando los anglosajones inician la campaña tendiente a hacer creer que Irán trataba de obtener la bomba atómica para utilizarla contra Israel. Después de haber invadido Afganistán e Iraq, los anglosajones esperaban justificar así un ataque contra Irán[7]. En realidad, fue el régimen del shah el que trató de dotarse del arma nuclear —con apoyo de Occidente—, proyecto que la República Islámica abandonó solemnemente, en 1988, por iniciativa del imam Khomeini. Es importante precisar que desde aquella fecha, 1988, Irán nunca reanudó la investigación nuclear con fines militares.

En 2009, Estados Unidos monta una «revolución de color» (golpe de Estado encubierto) contra la reelección del presidente iraní nacionalista Mahmud Ahmadineyad. Washington se apoya entonces claramente en el ex présidente Hachemi Rafsandjani. En 2003, negociando en secreto con enviados del Guía Supremo, el ayatola Alí Khamenei, Estados Unidos logra finalmente sacar de la ecuación al grupo de Ahmadineyad y poner en el poder a Hassan Rohani.

En 2011, el responsable del contraespionaje nombrado para dirigir una unidad especial a cargo de la lucha contra la infiltración del Mosad es… un agente de Israel. Ese personaje, que se mantuvo en el cargo hasta el año 2021 y ahora vive en Israel. se rodeó de un equipo de una veintena de personas, que también huyeron de Irán para instalarse en Israel. Fueron esos los organizadores de los asesinatos de científicos vinculados al programa nuclear iraní y del robo de los archivos iraníes que en su momento Netanyahu exhibió orgullosamente.

La familia del nuevo ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, posee la mayor firma de venta internacional de tapices iraníes y espera con impaciencia que el gobierno iraní llegue con Estados Unidos a un acuerdo que lleve al levantamiento del «embargo» comercial contra Irán.

En ese contexto, no es sorprendente que una fuente iraní haya revelado a Israel el lugar y el momento apropiados para asesinar a los principales dirigentes del Jezbolá libanés. Sobre todo cuando el Guía Supremo está negociando secretamente con la administración Biden, con la idea de alcanzar un acuerdo antes del 5 de noviembre, el día de la elección presidencial estadounidense. Eso significa que los proestadounidenses son en este momento más poderosos que nunca en Teherán.

El principal problema de Irán no es la oposición entre «conservadores» y «renovadores», como afirma la prensa occidental —el «conservador» Mahmud Ahmadineyad era partidario de que cada cual fuese libre de dejarse o no crecer la barba o, en el caso de las mujeres, de portar o no el velo islámico, mientras que el «renovador» Mir Hossein Mussaavi, siempre respaldado por Occidente, siempre se pronunció contra la libertad de los homosexuales.

El problema fundamental de Irán es la parálisis de sus instituciones. Existe, por supuesto, una corriente antijudía, al igual que existió un partido nazi, pero la comunidad judía iraní está representada en el parlamento de la República Islámica.

La vida política iraní se explica más bien de manera sociológica: la burguesía de Teherán y de Ispahán obtiene su riqueza del comercio internacional y por eso aspira a la abolición de las fronteras. Pero el pueblo de las regiones rurales recuerda la hambruna que diezmó sus familias bajo la mirada impasible de los anglosajones.


LOS PADRINOS DE TRUMP Y HARRIS: ¿QUIÉNES SON?

 

El hecho de que uno de los principales patrocinadores de Donald Trump sea el complejo militar-industrial estadounidense no puede sino ser alarmante.

La regla «dime quién es tu patrocinador y te diré quién eres tú» funciona perfectamente para la élite política estadounidense. Ciertas fuerzas están interesadas en la victoria de tal o cual candidato —algunas por razones ideológicas, otras para asegurar sus intereses comerciales, otras para mantener a flote su participación en el juego político.

Por el momento, entre los candidatos inscritos en las elecciones presidenciales de Estados Unidos se encuentran Donald Trump, la vicepresidenta Kamala Harris, la líder del Partido Verde Jill Stein, el activista político independiente de la izquierda progresista Cornel West y el representante del Partido Libertario Chase Oliver. Otros catorce candidatos, entre ellos Joe Biden, se han retirado. Dado que los demás candidatos, aparte de Trump y Harris, no tienen ninguna posibilidad de ganar, nos fijaremos en los flujos financieros de la campaña de sólo estos dos políticos.
«En septiembre de 2024, Kamala Harris es la líder en términos de ayuda financiera total, habiendo recibido 685 millones de dólares de sus propios comités de recaudación de fondos, y 336 millones de fuentes externas. Donald Trump recibió 306 millones y 335 millones, respectivamente».

Dado que el sistema político estadounidense es una puerta giratoria y un triángulo de hierro de grupos de presión, congresistas y electores, las inyecciones financieras en la gran política reflejan los intereses de las grandes empresas y el sentimiento de las preferencias políticas.

Pero esta temporada electoral en particular muestra cambios interesantes que han afectado a algunas industrias y áreas de interés. The Wall Street Journal señala que en Silicon Valley se ha producido una importante ruptura entre empresarios que antes trabajaban juntos y eran amigos. Elon Musk hace tiempo que abandonó California, trasladó su sede a Texas y apoya a Trump.

Sin embargo, tampoco hay unidad entre los que quedan: ahora una parte de ellos apoya a Trump y la otra a Harris. Algunos inversores han empezado a donar dinero a los candidatos por primera vez, ya que consideran que la situación actual es bastante peligrosa y creen que es su deber enviar algunos fondos a las sedes de las campañas.

«Se cree que la retórica electoral de JD Vance con respecto a la criptodivisa (después de todo, él mismo trabajó en este campo) puede atraer parte del negocio de la criptodivisa en EE.UU. a su lado (y al de Trump, respectivamente). Fairshake, una empresa de criptodivisas, ha recaudado fondos, que ahora ascienden a unos 75 millones de dólares, para gastarlos en las elecciones estadounidenses. El consejero delegado de Coinbase, Brian Armstrong, Cameron y Tyler Winklevoss —fundadores de la bolsa de activos digitales Gemini— y Marc Andreessen, de Andreessen Horowitz, se encuentran entre los patrocinadores».

El sector de las criptomonedas considera que las propuestas legislativas destinadas a combatir las finanzas ilícitas amenazan sus intereses. Dos proyectos de ley, uno patrocinado por Warren y el senador republicano Roger Marshall y el otro presentado por los senadores Mark Warner, Jack Reed, Mitt Romney y Mike Rounds, tratarían de aplicar a las empresas de criptomonedas las normas contra el blanqueo de capitales que existen actualmente para los bancos y otras instituciones financieras.

La Asociación Blockchain y la Cámara de Comercio Digital, dijeron anteriormente que los proyectos de ley actuales contendrían requisitos inviables y destruirían efectivamente la industria en los EEUU.

Por otro lado, algunos miembros de la industria de la criptomoneda también apoyan a los demócratas. Por ejemplo, representantes ricos de la industria de la criptomoneda invirtieron 10 millones de dólares en publicidad y campañas de captación de votantes para apoyar al demócrata Schiff en las primarias.

Mientras que el año pasado había 12.939 de ellos y la cantidad total de fondos que pasaron por ellos fue de 4.270 millones de dólares, este año, con 12.176, la cantidad de fondos fue casi la mitad: 2.200 millones de dólares. Aunque el lobbying como tal no puede vincularse completamente a las elecciones presidenciales o al Congreso, sigue existiendo cierta correlación.

También hay que tener en cuenta los cambios en las preferencias. Por ejemplo, los hermanos Koch fueron destacados donantes de los republicanos. Especialmente tras la victoria de Obama, empezaron a financiar activamente diversas campañas contra los demócratas. Tras la muerte de David, su hermano Charles hizo donaciones a través de la Americans for Prosperity Foundation. Hasta el 6 de agosto de 2024, esta fundación había gastado unos 62 millones de dólares para apoyar a los candidatos republicanos contrarios a Trump en 2024.

El multimillonario Reid Hoffman (cofundador de LinkedIn) donó 250.000 dólares a un comité de acción política en apoyo de la candidata presidencial republicana Nikki Haley, pero más tarde comenzó a apoyar a los demócratas. Resulta revelador que varios otros multimillonarios que históricamente han donado dinero a los demócratas, entre ellos Jamie Dimon de JPMorgan Chase & Co. y el inversor Bill Ackman, habían expresado previamente su apoyo a la ex gobernadora de Carolina del Sur a finales de 2023.

«Tenga en cuenta de que Hoffman a menudo ha donado dinero a grupos demócratas en la sombra, incluida la Fundación Hopewell, una organización sin fines de lucro dirigida por Arabella Advisors, descrita como una «estafa secreta de dinero oscuro.» Arabella Advisors gastó más de mil millones de dólares para promover a Biden a la Casa Blanca en 2020».

En general, las fuentes oficiales de origen del dinero para los demócratas y Kamala Harris son menos «transparentes» que las donaciones que fueron a parar a Donald Trump.

De hecho, podemos concluir que la campaña de Harris está siendo financiada por entidades oligárquicas globalistas. Ella fue inmediatamente respaldada por Melinda Gates y Alex Soros, quienes inmediatamente llamaron a «unirse en torno a Kamala Harris y derrotar a Donald Trump». El cofundador de Netflix, Reed Hastings, que inicialmente expresó sus dudas sobre una victoria de Harris, luego ajustó su postura y envió 7 millones de dólares a su fundación. Y el presidente de IAC Inc, Barry Diller, se comprometió a donar «el máximo» a la campaña presidencial de Harris, afirmando que está «perfectamente preparada» para afrontar los retos de la carrera presidencial.

El principal donante de Donald Trump fue Timothy Mellon, descendiente del famoso industrial Andrew Mellon. Ha invertido más de 165 millones de dólares de cara a las elecciones de 2024, por lo que se ha convertido de hecho en un «donante ángel de la guarda», un término que se aplica a los contribuyentes que son donantes importantes de un grupo político y que suponen más del 40% de la financiación del grupo.

Mellon tiene una formación empresarial más clásica, y sus intereses coinciden con el antiguo y actual programa de Trump para reactivar la industria estadounidense.

A 22 de septiembre, había 2.386 organizaciones registradas como «comités de acción política» operando en EE.UU. y por ellas habían pasado 2.444.651.566 dólares.

Las conservadoras Make America Great Again Inc, Preserve America PAC, Right for America... están a favor de Trump, mientras que la dirección liberal está representada por WinSenate PAC, Protect Progress, Last Best Place PAC, Women Vote!, LCV Victory Fund (las más significativas de la lista). También es importante señalar que hay más entidades republicanas que demócratas entre los principales comités de recaudación de fondos.

Los siguientes comités de acción política conjunta trabajan para Trump: Trump Save America JFC, Trump Force 47, Trump National Cmte JFC. También de los republicanos, Protect the House 2024, Team Stand for America, Grow the Majority JFC, y Team Scalise están invertidos en la elección. Por detrás de los demócratas están Harris Victory Fund, Harris Action Fund y Jeffries Victory Fund.

Hay que añadir que los totales de fondos recaudados y las cantidades que se destinaron a la campaña electoral son diferentes, porque las funciones de los comités de acción política también incluyen oponerse a candidatos rivales y cuestiones de contrapropaganda.

Pero si nos fijamos en las prioridades políticas de las corporaciones, salta a la vista que el complejo militar-industrial, las compañías aéreas y la industria pesada prefieren financiar a Trump y prácticamente no dan dinero a los demócratas. Mientras tanto, los sectores bancario y de alta tecnología no pierden el tiempo en donaciones de campaña para el candidato republicano.

En septiembre de 2024, entre los principales donantes de Trump figuran American Airlines, Walmart, Boeing, Lockheed Martin, United Airlines, FedEx, Wells Fargo, Johnson & Johnson, Brown & Brown, Southwest Airlines, Northrop Grumman, Raytheon, Costco, GEO Group, Delta Airlines, General Motors y Home Depot.

Los líderes en donaciones para Harris son Google, Microsoft, Brown & Brown, Johnson & Johnson, Apple, Oracle, Wells Fargo, Nvidia, Morgan Stanley, Netflix, JP Morgan, Inter & Co., Accenture, Adobe, Amazon, Facebook, Broadcom, Pfizer, Disney.

«Como se puede ver, constantemente del lado de Harris están Big Digital y Big Pharma, así como la industria del entretenimiento, con Google emergiendo como el principal donante por un amplio margen»

El hecho de que algunas entidades hayan invertido en ambos candidatos a la vez es una práctica normal en Estados Unidos, lo que confirma el conocido dicho de «no puedes poner todos los huevos en la misma cesta». En otras palabras, algunas empresas quieren reasegurarse, y entre ellas se encuentran gigantes como Microsoft, Johnson & Johnson y Morgan Stanley.

La cuestión de los donantes de campaña es extremadamente importante desde el punto de vista de la predicción de la política del candidato tras su posible victoria en las elecciones; después de todo, el dinero invertido tendrá que ser reembolsado de alguna manera. El hecho de que uno de los principales patrocinadores de Donald Trump sea el complejo militar-industrial estadounidense es alarmante. Es difícil ser un «candidato de la paz» si tus patrocinadores están acostumbrados a ganar dinero con la guerra.

Fuente: Leonid Savin