DISIDENCIA MODERNA

Durante muchos años, las posiciones políticas de la izquierda han sido asociadas con una actitud de rebeldía, lo que generaba simpatías entre los jóvenes.

Por supuesto, no ha sido así en todos los países. En aquellos que sufrieron dictaduras comunistas, la actitud rebelde y transgresora consistía en defender la libertad frente al Estado y en conservar una identidad religiosa que la ultraizquierda en el poder denostaba por todos los medios. Un claro ejemplo de ello lo vimos en Polonia con el sindicato católico Solidaridad.

Mural conmemorando los 30 años de Solidarność en Ostrowiec Świętokrzyski (en primer plano, el sacerdote Jerzy Popiełuszko).

Hoy en día, en la amplia mayoría de los países occidentales el progresismo/satanismo se ha convertido en una ideología hegemónica. Sus tesis —como el apoyo al aborto, la ideología de género, la corrección política, el laicismo y el multiculturalismo— son elevadas a la categoría de dogmas oficiales por parte de no pocos gobiernos, y quienes se atreven a discrepar de esos dogmas progres son señalados con palabras-policías dirigidas a infundir miedo a disentir y a provocar la autocensura: cualquiera que discuta eso se arriesga a que le tachen de: machista, transfóbico, racista, xenófobo, intolerante y ultraderechista.

Buscan etiquetar toda discrepancia con la izquierda como una expresión de odio, para que automáticamente genere rechazo entre un público sometido a un bombardeo constante de consignas por parte de los principales medios de comunicación. Lo que la izquierda no imaginaba es que ese ataque contra la libertad de expresión y de pensamiento acabaría topándose con cada vez más actitudes de rebeldía. Igual que en los países comunistas, hoy en la Europa occidental dominada por el progresismo para ser transgresor puedes hacer cosas como éstas:

  1. Decir que eres católico, evangélico o judío —según cuál sea tu caso— o si eres agnóstico decir que dichas creencias merecen todo tu respeto. Para el progresismo, la religión sólo es respetable si eres musulmán, budista, adorador de la Pachamama o seguidor de alguna forma de animismo. Si además dices que vas frecuentemente a misa, a los servicios religiosos o a la sinagoga, el nivel de transgresión se pone por las nubes.
  2. Decir que defiendes la vida y que estás contra el aborto. La normalización de la matanza de hijos por nacer es uno de los principales caballos de batalla del pensamiento único progre, que tiene la colosal jeta de llenarse la boca hablando de derechos humanos mientras pisotea el más básico de ellos.
  3. Decir que amas a tu Patria y que te consideras un patriota. El socialismo y el comunismo han fomentado el internacionalismo desde sus inicios, igual que hoy en día lo hace el progresismo. La izquierda detesta el patriotismo porque es una virtud cívica que sirve como dique cultural frente a su empeño de disolver las identidades nacionales y las tradiciones y costumbres propias de cada país.
  4. Decir que eres de derechas o conservador. La izquierda se ha vuelto cada vez más intolerante con la discrepancia. Para ella la única «derecha» aceptable es la que renuncia a desafiar los dogmas progresistas y opta por la etiqueta «centrista», identificando la moderación y la sensatez con la proximidad a la izquierda. Si te fijas, cada vez menos políticos y medios de izquierdas hablan de «derecha»: para ellos ya prácticamente sólo queda la «ultraderecha» o «extrema derecha». Buscan, así, estigmatizar a todo el que se atreva a declararse derechista sin complejos.
  5. Decir que admiras la civilización occidental y la cultura judeocristiana. La izquierda considera admirable toda civilización o cultura que no sea la occidental, surgida del judaísmo y del cristianismo y que es la única en la que ha florecido y ha arraigado la democracia y el respeto por las libertades individuales. La izquierda es antioccidentalista radical: sostiene un discurso contracultural que nos convierte a los occidentales en culpables de todos los males del mundo.
  6. Declararse abiertamente contrario al feminismo progre. El feminismo fue, en sus orígenes, un movimiento que buscaba la igualdad de derechos y de oportunidades para las mujeres. Era, así pues, un movimiento positivo y necesario. Sin embargo, el feminismo progre es un movimiento que sólo busca enfrentar a hombres y mujeres, trasladando el dogma marxista de la lucha de clases a los sexos. Pretende que las mujeres se sientan oprimidas por los hombres por cualquier excusa, y aspira a «liberarlas» recortando libertades y erosionando la igualdad ante la ley, que es precisamente lo que quería conquistar el feminismo original.
  7. Rechazar por igual el nazismo y el comunismo. Los dos movimientos totalitarios son igualmente criminales y aborrecibles. Ambos han exterminado a millones de personas. Pero la izquierda sigue conservando una gran tolerancia, cuando no una abierta simpatía, por el comunismo, ya que gran parte del pensamiento izquierdista procede del marxismo. Por eso la izquierda encaja mal o incluso se pone furiosa si se rechaza por igual esos dos totalitarismos. Para muchos izquierdistas, las dictaduras son malas siempre que no sean dictaduras comunistas.
  8. Defender el libre mercado y el capitalismo. Gran parte de la izquierda se declara anticapitalista. Muchos lo dicen así para no declararse abiertamente comunistas, pues saben que esa etiqueta no es tan popular. Incluso la izquierda que se dice moderada no ahorra críticas al capitalismo, culpándole de todos los males, incluso de los derivados de un abusivo intervencionismo estatal que nada tiene que ver con la economía de mercado. Sin embargo, el capitalismo y el libre mercado han conseguido unas cotas de prosperidad nunca vistas en la historia de la humanidad. Con todos sus defectos —pues ningún sistema económico es perfecto—, desde luego le da mil vueltas al comunismo, que ha hundido en la miseria a todo país en el que ha sido aplicado.
  9. Declararte contrario a la inmigración ilegal. Es una de las cosas que menos tolera la izquierda, que equipara el racismo y la xenofobia con esa posición política absolutamente legítima: de hecho, consiste en pedir respeto por la ley a la hora de entrar en un país. Curiosamente, la misma izquierda comunista que pide fronteras abiertas para que se pueda entrar como si nada en cualquier país democrático, es la misma que a la vez critica que uno huya de una dictadura comunista hacia un país libre. Incluso lo está haciendo ahora con los que huyen de los infiernos fiscales creados por gobiernos de izquierdas en países democráticos.
  10. Exhibir tu apoyo y admiración por las Fuerzas Armadas y por la Policía. Eso si vives en un país democrático, claro. A la izquierda comunista sólo le gustan esas instituciones si están a su servicio y sirven para reprimir al pueblo, como ocurre en Cuba y en Venezuela. En una democracia, los Ejércitos y la Policía están para velar por nuestra seguridad y nuestra libertad. Son instituciones tradicionalmente odiadas por la izquierda debido a que generalmente ambas cultivan ese patriotismo que tanto detestan los progres. Además, los ejércitos suelen conservar unas tradiciones que la izquierda detesta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario