EL FIN DE MAGA Y EL FUTURO DE RUSIA.
¿Es España un país soberano?
Ante Xi Jinping, Donald Trump se plantea dar marcha atrás.
El encuentro entre los presidentes de Estados Unidos y China no trajo anuncios de respuestas definidas para los conflictos en marcha, desde Taiwán hasta Irán. Tampoco permitió abordar asuntos como el de los aranceles. El presidente Trump, mostrando mejor educación que de costumbre, escuchó con placer al presidente Xi y se permitió imaginar lo que podrían ser las relaciones entre los dos países si no se hiciesen la guerra.
La visita del presidente estadounidense Donald Trump en la República Popular China, durante los días 13, 14 y 15 de mayo, sacó a relucir profundas contradicciones.
La parte china tenía como objetivo asegurarse de que Washington seguirá respetando el principio que establece que Taiwán no es un Estado independiente sino una provincia china. En Pekín también querían asegurarse de que Estados Unidos no impedirá el acceso de China a las materias primas y a las fuentes de energía y que aceptará que el gigante asiático siga desarrollando su comercio, a través de sus «rutas de la seda».
Para la parte estadounidense, el objetivo era asegurarse de que Pekín no va a «robarle» el «hemisferio occidental», como suelen decir los dirigentes estadounidenses para referirse al continente americano, sobre todo a Sudamérica. Washington también aspiraba a lograr que el mercado chino se abra a las empresas estadounidenses, fuertemente representadas en la comitiva del presidente Trump.
La visita de Trump en China se produjo en un contexto particular: el cambio de estrategia global de Estados Unidos. El Pentágono ha renunciado a la doctrina Rumsfeld-Cebrowski —luego de haber comprobado que no cuenta con los medios necesarios y que esa doctrina finalmente no es productiva para Estados Unidos— y parecía haber adoptado la «estrategia de la denegación» de Elbridge Colby. Estados Unidos secuestró al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y parece haber tomado el control del petróleo que ese país vendía a China. Después, Estados Unidos ha tratado de derrocar el gobierno de Irán y de impedir la exportación del petróleo iraní hacia China, un sueño de conquista que ha venido a estrellarse contra la resistencia del pueblo iraní.
La cuestión central de la visita era, por consiguiente, saber qué estrategia global podría escoger Estados Unidos para el futuro y si esta sería compatible con la de China. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Washington ha puesto en marcha 3 estrategias diferentes mientras que Pekín mantiene la misma.
Por supuesto, nadie creía que el presidente Donald y su administración aclararían esa interrogante esta misma semana pero todos veían la posibilidad de poder, al menos, evaluar las eventuales consecuencias que tendría la decisión final, cuando la tome.
En China, el presidente Trump, rompiendo con su habitual método de cowboy, tuvo extremo cuidado de no decir algo que pudiera interpretarse en uno u otro sentido o dar lugar a un incidente diplomático. Se abstuvo de lanzar constantes mensajes a través de Truth Social —de una cincuentena de mensajes diarios antes de su llegada a China, su «producción» cayó a sólo unas pocas y breves reflexiones en los 3 días de la visita.
Repentinamente cortés y asombrosamente bien educado, el presidente Trump se acogió a la costumbre china de invocar el pasado común para justificar la unión de hoy. Por ejemplo, sus elogios sobre la prestigiosa universidad Tsinghua, donde el presidente chino Xi Jinping hizo sus estudios, le sirvieron para llamar la atención sobre el hecho que el presidente estadounidense Theodore Roosevelt la financió en 1909. Pero evitó cuidadosamente mencionar que eso sucedió después de que la «Alianza de Ocho Naciones» (Alemania, Japón, Rusia, Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Italia y Austro-Hungría) aplastara el «Levantamiento de los Bóxers» e impusiera a la dinastía Qing el pago de reparaciones exorbitantes. En todo caso, Trump logró terminar la visita sin incidente.
Por el contrario, Trump recordó que, en 1737, Benjamin Franklin había publicado pasajes de The Morals of Confucius en su diario The Pennsylvania Gazette, saludando la importancia de la filosofía del sabio chino en la virtud personal. También recordó que Confucio aparece representado en el frontón oriental del edificio del Tribunal Supremo de Estados Unidos, junto a Moisés y Solón. En resumen, en China pudimos ver un Donald Trump encantador y rebosante de cultura, totalmente diferente del fanfarrón hablantín de los días anteriores.
En el banquete ofrecido a la delegación estadounidense en el Gran Palacio del Pueblo, el presidente Trump declaró: «Ha sido un día magnífico y, en particular, quiero agradecer al presidente Xi, mi amigo, por esta magnífica acogida (…) y por habernos recibido tan amablemente durante esta visita de Estado muy histórica».
Lo difícil era reconocer a las dos partes como iguales sin incomodar a una de ellas. Si bien es evidente que China produce más que Estados Unidos, hoy es difícil definir cuál de los dos países sobrepasa al otro en el plano militar. El armamento chino parece superior, pero sólo el ejército estadounidense puede invocar su experiencia en el terreno. En todo caso, ambos presidentes evitaron ponerse en plano de competidores y sólo hablaron de cooperación.
El presidente Xi Jinping respondió al brindis del presidente Trump: «Los dos pensamos que la relación China-Estados Unidos es la relación bilateral más importante del mundo. Debemos hacerla funcionar y nunca estropearla».
Donald Trump agregó después: «Este momento de la Historia ofrece a nuestras dos naciones una oportunidad increíble de hacer progresar la paz y la prosperidad junto a otras naciones del mundo entero».
La visita no satisfizo las expectativas de los jefes de empresas y firmas estadounidenses. Hubo pocas decisiones económicas, exceptuando las gigantescas ventas de soya y de diversos productos agrícolas estadounidenses, así como la confirmación china de un acuerdo de compra de 200 aviones Boeing —compromiso finalmente muy por debajo de lo esperado. Al parecer, ni siquiera se abordó la cuestión de los montos de los aranceles, aunque Estados Unidos sigue aplicando un arancel de 10% a todos los productos chinos y un arancel de 50% al acero y el aluminio chinos.
Las acciones de las empresas chinas de alta tecnología del índice CSI 300 (correspondiente a las bolsas de valores de Shanghái y Shenzhen) registraron un descenso de 1%, indicio de que no hubo avances en cuanto a la comercialización de las tierras raras y de los componentes electrónicos. Por demás, las empresas estadounidenses ya están invirtiendo masivamente en el sector de la inteligencia artificial en Taiwán y Corea del Sur.
La tranquilidad regresó a las potencias regionales de importancia intermedia, como Japón y Corea del Sur, que seguían la visita con gran inquietud. Finalmente, no acaban como peones sacrificados en una división entre los dos Grandes. En revancha, la inquietud se desplaza seguramente hacia Reino Unido y la Unión Europea, donde creían que Donald Trump seguía la nueva línea de Elbridge Colby y ahora ven que, por 3 días, Trump parece de nuevo «jacksoniano».
Llegamos así al fondo del problema: el estatus de Taiwán. Durante su proceso de revolución e independencia, China se dividió en dos: todo el continente dirigido por Mao Zedong y la isla de Taiwán gobernada por Chiang Kai-shek. Con el paso del tiempo, esos territorios se desarrollaron siguiendo dos sistemas económicos y políticos diferentes. Pero la China continental y Taiwán siguen siendo parte de un solo Estado, la República Popular China. Sus poblaciones aspiran a la unidad, lo cual quedó demostrado con el viaje de la presidente del Kuomintang (el partido creado por Chiang Kai-shek) a Pekín, el mes pasado. Pero también aspiran a conservar sus particularidades. Los neoconservadores estadounidenses, anulando la política iniciada por el presidente Richard Nixon y su secretario de Estado Henry Kissinger, revivieron en Taipéi una facción secesionista, a la que pertenece el actual presidente taiwanés. Pekín ha advertido constantemente que una proclamación de independencia podría llevar a un conflicto armado, mientras que Washington multiplicaba las señales contradictorias.
En presencia del presidente Trump, el presidente Xi advirtió:
«Si se manejan bien, las relaciones bilaterales pueden mantener una estabilidad global. Si se manejan mal, los dos países se verán confrontados a una colisión o incluso a un conflicto, que llevaría toda la relación China-Estados Unidos a una situación extremadamente peligrosa.
La independencia de Taiwán es fundamentalmente incompatible con la paz y la estabilidad en todo el estrecho de Taiwán. Mantener la paz y la estabilidad en todo el estrecho de Taiwán es el mayor factor de división común entre China y Estados Unidos.
Estados Unidos debe manejar la cuestión de Taiwán con la mayor prudencia».
El presidente Donald Trump se abstuvo de responder. «Es posible que las dos partes no estén enteramente de acuerdo sobre la cuestión. Otra posibilidad es que, incluso si existe cierto entendimiento táctico, este no será necesariamente escrito», comentó un experto chino, el coronel Zhou Bo.
A su regreso de China, el presidente Trump ha declarado que conversó con el presidente Xi sobre las ventas de armas a Taiwán y que él mismo «se determinaría» sobre la cuestión próximamente. Hasta ahora, Estados Unidos no reconoce Taiwán… pero le vende armas. Una venta de armamento valorado en 18000 millones de dólares está pendiente del visto bueno de la Casa Blanca. Aprobar esa transacción reduciéndola en volumen sería un gesto de buena voluntad. Pero el presidente Trump no puede simplemente rechazarla sin exponerse a la cólera del Congreso.
La decisión de la Casa Blanca sobre las ventas de armas a Taiwán será en todo caso la primera señal sobre el rumbo estratégico de Washington. Es posible incluso que permita deducir el rumbo que tomará el conflicto en el golfo Pérsico.
Persistirán importantes desacuerdos —como el despliegue militar de Estados Unidos en la región Asia-Pacífico. No obstante, Pekín y Washington podrían mantener su cooperación en el plano comercial —específicamente en sectores no sensibles— y en el ámbito de la seguridad de la inteligencia artificial (IA).
El presidente ruso Vladimir Putin viaja esta semana a Pekín. Es una visita de rutina, no protocolar, programada desde hace mucho tiempo. El presidente Putin conversará con el presidente Xi sobre la estrategia común de sus países ante Estados Unidos. El presidente de Rusia parece haber pactado ya con Washington la paz en el este de Europa y la región balcánica. Además, acaba de obtener de su homólogo estadounidense la renuncia del Alto Comisionado de la Unión Europea en Bosnia-Herzegovina, el alemán Christian Schmidt, que estaba preparando una guerra en esa región.
Lo que Irán hace no es defenderse ni negociar, sino seguir adelante en su búsqueda revolucionaria de justicia.
En Occidente no se entiende la posición de Irán frente a Estados Unidos y a los aliados del imperio. La guerra no sorprendió al pueblo iraní. Sabía que tendría que enfrentarla, por su posición antiimperialista. Ya en pleno conflicto, Irán no está tan interesado en negociar el fin de las hostilidades como en sentar las bases de un nuevo orden internacional. Irán acepta sufrir en aras de hacer avanzar sus intereses. Mientras Washington trata de ganar militarmente, Irán avanza políticamente.
Desde el primer momento de la agresión, Irán sabía que no podía derribar los aviones de guerra israelíes y estadounidenses. Las fuerzas armadas iraníes lograron destruir algunos bombarderos en vuelo pero Irán optó por demostrar a los Estados árabes del Golfo que las potencias coloniales los explotan y respondió a los bombardeos israelo-estadounidenses con ataques contra las bases militares de Estados Unidos en Arabia Saudita, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, en Kuwait, Qatar y Jordania. Explicó además a cada uno de esos Estados que estaban haciéndose cómplices de la agresión estadounidense, ya que habían cedido partes de sus territorios a Estados Unidos, que los utilizaba como trampolín de su agresión.
El caso del sultanato de Omán es un poco diferente. Se trata de un Estado neutral que no alberga bases militares extranjeras, pero el 12 y el 13 de marzo Omán permitió que bombarderos y drones sobrevolaran su territorio para llegar hasta Irán. Después un duro altercado con las autoridades de Irán, el gobierno de Omán puso fin a esas intrusiones. Pero los otros Estados del Golfo, que sí tienen bases extranjeras en sus territorios, no pudieron cambiar de posición y se empeñaron en enarbolar la resolución 2817 del Consejo de Seguridad, que viola el derecho internacional y acepta como superior el punto de vista occidental.
En aquel momento, nadie entendió lo que estaba sucediendo. Los comentaristas internacionales afirmaron que los iraníes adoptaban un comportamiento absurdo al atacar a sus vecinos de la región. Pero, con el tiempo, cada uno de esos 6 Estados comenzó a preguntarse si en realidad no estaba siendo culpable de los ataques que sufría, si el problema no era más bien el hecho que habían aceptado que Estados Unidos instalara bases militares en sus territorios para «protegerlos» y que en realidad esas bases los convertían en mercenarios de Occidente y en blancos legítimos para los iraníes.
Insistiendo en ese sentido, el gobierno de Irán escribió a los gobiernos de Alemania, Reino Unido, Chipre, Rumania y Bulgaria para hacerles saber que, al autorizar las fuerzas de Estados Unidos a usar sus bases militares para implementar su agresión, ellos también podían ser blanco de una respuesta militar.
Los iraníes mencionaron después la complicidad de gran parte de los Estados de todo el mundo —con excepción de Rusia, Bielorrusia y China— en el robo de los fondos de Irán depositados en el extranjero y en las sedes de los bancos iraníes con los que ya nadie se atreve a mantener relaciones. En aquel momento, nadie dio importancia a aquella observación de Irán, así que nadie entendió de qué hablaban los iraníes cuando anunciaron un procedimiento administrativo para autorizar el paso por el estrecho de Ormuz. Y otra vez los comentaristas internacionales se burlaron de lo que veían como una torpeza de los iraníes, asumiendo que querían imponer el pago de una autorización de paso a través de un canal natural.
Los iraníes explicaron que únicamente autorizarían el paso de los barcos de países no implicados en la agresión y que sólo pedían a los demás garantías bancarias en caso de accidente. Fue entonces cuando cundió el paníco entre las compañías marítimas: ¿Cómo presentar garantías bancarias al sistema bancario de Irán… excluido del sistema bancario mundial desde hace 30 años por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos?
Esta vez, Irán se dirige a todos nosotros. Nos muestra que nos hemos hecho cómplices de una política cuyo objetivo es rendirlo por hambre, y que ni siquiera nos habíamos dado cuenta de ello. Exactamente igual que Alemania, Arabia Saudita, Bahréin, Bulgaria, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Kuwait, Qatar, Rumania y Reino Unido, países que hoy son cómplices de una agresión militar sobre la que ni siquiera fueron consultados.
Ahora vamos a tener que escoger entre seguir tratando de hambrear a los iraníes, fingiendo además que no estamos conscientes de ello, o liberarnos de Estados Unidos.
Una nación bajo el dios de la guerra.
Las constantes referencias del personal político estadounidense a la religión cristiana no logran esconder su implicación en el genocidio de Gaza y en la guerra contra Irán. Se proclama que Estados Unidos es una «Nación bajo Dios». Habría que decir más bien que Estados Unidos es una «Nación bajo el dios de la guerra».
Después del encuentro del secretario de Estado estadounidense Marco Rubio con el papa León XIV, en Roma, el Departamento de Estado anunció que las partes habían abordado «la situación en el Medio Oriente» y «el compromiso común de Estados Unidos y de la Santa Sede en favor de la promoción de la paz y la dignidad humana».
Pero el tipo de «compromiso» de Estados Unidos en la promoción de la paz en el Medio Oriente parece demostrarse con el hecho que, poco antes de reunirse con el Papa, el secretario de Estado Marco Rubio aprobó un nuevo suministro de armamento a Israel: 10000 proyectiles de precisión fabricados en Estados Unidos por la firma británica BAE Systems.
Datos parciales sobre el periodo 2023-2025 indican que Estados Unidos suministró a Israel armamento por un monto total de 21700 millones de dólares, armamento utilizado principalmente para continuar las agresiones militares israelíes contra Gaza, Irán y Líbano.
Al mismo tiempo, Estados Unidos gastó 12000 millones de dólares en sus propios ataques contra Yemen e Irán. O sea, en 2 años, Estados Unidos ha dedicado a la guerra contra el Medio Oriente… 34000 millones de dólares.
A lo anterior se agregan ahora los más de 25000 millones de dólares que ya se han ido en la Operación Epic Fury contra Irán y que elevan a 60000 millones de dólares la suma (aún en constante aumento) del gasto militar de Estados Unidos en su guerra en el Medio Oriente.
La implicación de Estados Unidos en la promoción de la dignidad humana en Medio Oriente también se ve en las consecuencias de las acciones militares de Israel contra la población de la franja de Gaza, con pleno apoyo militar y político estadounidense. Un informe detallado redactado en conjunto por el Banco Mundial, la Unión Europea y las Naciones Unidas resume así la situación actual en Gaza:
«Las privaciones en cuanto a alojamiento, seguridad alimentaria, salud, enseñanza y medios de subsistencia se comprueban cotidianamente y se refuerzan mutuamente. Los choques multisectoriales generan un círculo vicioso creador de hambre, enfermedades, pérdida en materia de aprendizaje, pérdida de ingresos, violencia de género y fragmentación social. El alcance y la envergadura de las privaciones vinculadas a las condiciones de vida, a los medios de subsistencia y los ingresos, a la seguridad alimentaria, a la igualdad de género y a la inclusión social han hecho retroceder el desarrollo humano en la franja de Gaza en 77 años».
En Gaza, más de un 40% de las mujeres embarazadas o que amamantan a sus bebés presentan niveles graves de malnutrición y dos terceras partes tienen anemia. En agosto de 2025, el 65% de las mujeres asistidas en las clínicas Save the Children estaban en estado de malnutrición. De cada 5 bebés nacidos en Gaza, uno es prematuro y presenta bajo peso pero el acceso a los cuidados neonatales urgentes ha disminuido en 70%. Casi todos los niños de Gaza necesitan apoyo psicológico y psicosocial. La escalada de la agresión israelí se traduce en un número creciente de niños heridos sin familiares cercanos sobrevivientes.
En Gaza hay actualmente 728000 niños y jóvenes en edad escolar que no van a la escuela desde hace más de 2 años y al menos 792 maestros, educadores y miembros del personal educativo han muerto bajo las bombas. La atención educativa a los niños con limitaciones está prácticamente interrumpida.
La falta de agua potable agrava la situación general, con más del 90% de los niños enfermos con una o varias afecciones simultaneas.
Un informe de la relatora especial de la ONU sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados, la italiana Francesca Albanese, documenta que «la tortura sistemática contra los palestinos se ha convertido en parte integrante del genocidio colonial perpetrado por Israel, sirviendo de instrumento de la violencia exterminadora dirigida contra el pueblo palestino. Cuando se perpetra la tortura sobre todo un territorio, contra una población como tal, y con el apoyo de políticas que destruyen las condiciones de vida, la intención de genocidio es evidente».
La persecución israelí también apunta contra los cristianos. El Rossing Center for Education and Dialogue, un grupo inter-religioso con sede en Jerusalén, documenta un fenómeno persistente y en plena expansión de intimidaciones, agresiones y actos de violencia perpetrados en Israel contra los cristianos y por los judíos israelíes en 2025. Ese informe describe 155 incidentes comprobados, entre agresiones físicas contra personas y ataques contra propiedades de la Iglesia. La manifestación más común consiste en escupir sobre sacerdotes o monjas, a menudo en pleno día y hasta en presencia de agentes de la policía.
A pesar de todo eso, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mantiene su apoyo a Israel en todos los frentes, pero arremete contra el Papa, acusándolo de poner en peligro a los católicos porque supuestamente «encuentra normal que Irán tenga el arma nuclear». En realidad, Irán, país firmante del Tratado de No Proliferación y por consiguiente bajo control de la ONU, no tiene armas nucleares —aun siendo uno de los 30 Estados que, al disponer de un programa nuclear civil avanzado, tendría la posibilidad de producirlas.
Sin embargo, Israel es el único país del Medio Oriente dotado de armas nucleares y, al no ser firmante del Tratado de No Proliferación, no está sujeto a ningún control internacional. Si Israel dispone hoy de un poderoso arsenal nuclear es porque, desde el primer momento, gozó de la ayuda de los Estados Unidos de América, de Francia y de otros países de la OTAN.
Estados Unidos se proclama «One Nation Under God» (“Una Nación bajo Dios”), frase que aparecerá en el Arco del Triunfo que el presidente Trump quiere construir en Washington para conmemorar el 250º aniversario de la independencia. A modo de celebración, el presidente Trump participó, desde la Casa Blanca, con 500 líderes religiosos, gubernamentales, dueños de empresas y figuras del mundo del espectáculo, en la lectura (durante una semana) de todos los versículos de la Biblia.
En su mensaje presidencial, Trump llamó a todos los estadounidenses a «reconocer una vez más las extraordinarias bases bíblicas de nuestra Nación, a dar gracias por las innumerables maneras en que Dios ha sido la fuente sagrada de nuestra Unidad y de nuestra Fuerza Nacional, a redescubrir las verdades bíblicas que han animado los Estados Unidos de América durante dos siglos y medio y a rezar por que la Biblia siga guiándonos —como individuos, como pueblo y como nación— durante los próximos 250 años y más allá».
El iraní Mossadegh se inspiró del general mexicano Lázaro Cárdenas para nacionalizar el petróleo de Irán.
La movilización popular en Irán, en apoyo al país contra los agresores israelíes y estadounidenses y sus aliados, tiene su origen en el levantamiento que acompañó la nacionalización del petróleo por Mohammad Mossadegh. La soberanía iraní, por lo tanto, es anterior a la revolución de Ruhollah Khomeini, que le otorgó una fuerza particular.
Vuelve a la palestra el tema de la expoliación del «oro negro» de Irán, agredido de nuevo por la dupla Israel/Estados Unidos, 75 años después de la nacionalización del petróleo por el primer ministro soberanista iraní Mohammad Mossadegh.
En 1938, el presidente mexicano Lázaro Cárdenas nacionalizó el petróleo, lo que llevó a la creación de Pemex, sirviendo de inspiracióm al primer ministro iraní Mossadegh 13 años después.
Peligra el helio compartido de Qatar e Irán en el golfo Pérsico.
Mientras continúa la guerra entre Israel y Estados Unidos contra Irán, surgen numerosos problemas. Entre ellos, el suministro de helio procedente de Qatar y la República Islámica. Fundamental para la economía mundial, este recurso se ha vuelto escaso desde que Teherán respondió a los ataques originados en territorio qatarí bombardeando las instalaciones de Assaluyeh el 6 de abril de 2026.
Mediante sus clásicos artilugios bizantinos, Estados Unidos anuncia que su guerra contra Irán «ha terminado», mientras el ex-secretario de Defensa Chuck Hagel y el ex-subsecretario de Defensa Kurt Campbell, durante un debate sobre la guerra de Irán y China, bajo la moderación del politólogo Robert Pape de la Universidad de Chicago, enuncian la «reconfiguración del poder global» que significa un «punto de inflexión de la posición de Estados Unidos en el mundo»[1].
El bloqueo de Irán en el estrecho de Ormuz y el contrabloqueo de Estados Unidos en sus afueras —específicamente a partir del mar Arábigo que colinda con el golfo de Omán— han develado el peligro que corren varias sustancias estratégicas como el helio. Un tema poco abordado es el cableado submarino que conecta Internet entre los países ribereños en la parte occidental del golfo Pérsico, como Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, que expuse en «La ‘Carta Oculta’ Muy Previsible de Irán y la Afectación Digitalíca»[2].
Tampoco se puede soslayar la guerra de los «puntos de estrangulamiento» (choke points), como sucede ahora en el estrecho de Ormuz, que amenaza trasladarse al estrecho Bab el-Mandeb (que significa en árabe la Puerta de las Lágrimas) y puede obstruir la navegación océano Indico/golfo de Adén/mar Rojo/canal de Suez/mar Mediterráneo Oriental[3].
Según el polémico Ambrose Evans-Pritchard del rotativo monárquico británico The Telegraph, «la próxima víctima de la guerra del golfo Pérsico ya está aquí, siempre y cuando el bloqueo del estrecho de Ormuz continue: una carestía de chips puede muy bien estar en las cartas»[4]. Ambrose Evans-Pritchard revela una perogrullada: «el mundo ha perdido 40% del suministro de helio desde el inicio de la guerra del golfo Pérsico, primero desde Qatar y luego desde Rusia».
De entrada, la economía digital global pone en riesgo la burbuja de la inteligencia artificial (IA) ya que «la industria no puede fabricar chips de avanzada IA o de semiconductores debajo de 10 nanómetros» sin la magia del helio, que también afecta vehículos y computadoras. Ambrose Evans-Pritchard se encuentra hipnotizado por la «necesidad del helio para otras elevadas prioridades: energía nuclear, armamento sofisticado, aeroespacio, cables de fibra óptica, computación cuántica, cromatografía y máquinas de imagenología de resonancia magnética».
Ambrose Evans-Pritchard define apropiadamente que «no existen sustitutos sencillos» ya que «el helio líquido es la sustancia más fría en el planeta con un punto de ebullición de -269 grados Celsius». Explaya que «Qatar normalmente abastece la tercera parte (¡mega-sic!) del helio planetario, como subproducto de la producción de gas natural en su gigante North Field».
Los aportes de Irán al derecho internacional.
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha permitido a los Estados miembros de las Naciones Unidas comprobar que, desde su creacion, la ONU ha violado el derecho internacional en muy numerosas ocasiones. También ha permitido recordar que el derecho internacional clasifica un ataque como el de Estados Unidos e Israel contra Irán con el término «agresión»… y que 193 Estados, incluyendo a Israel y Estados Unidos, reconocieron en su momento el derecho de todo Estado agredido a considerar que son coagresores aquellos Estados que albergan bases militares de los Estados agresores.
Putin y China apoyan a Irán mientras Israel amenaza enviarlo a la «oscuridad y a la Edad de Piedra».
El presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, recibió por todo lo alto al ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, en San Petersburgo. Juntos celebraron la asociación estratégica pactada entre sus países y después, discretamente, el presidente Putin telefoneó a su homólogo estadounidense, Donald Trump, lo felicitó por haber salido ileso del intento de atentado del hotel Hilton, le desaconsejó un despliegue de tropas terrestres en Irán, lo invitó a aceptar la propuesta de Irán y le hizo saber que Rusia alcanzará los objetivos de la operación militar especial en Ucrania, sin que Volodimir Zelenski pueda evitarlo.












