Epstein, Yermak y Zelenski.

Jeffrey Epstein parece haber disfrutado lo que hacía, pero no debemos olvidar que estaba trabajando para un servicio de inteligencia. Y ese servicio de inteligencia era el Mossad. Los crímenes que Epstein cometió eran ante todo la vía que le permitía chantajear a sus «amigos». Por ahora, no hay personalidades ucranianas directamente implicadas pero muchos elementos hacen pensar que, desde Ucrania, alguien «suministraba» niños a la red de Epstein.

Andriy Yermak, abogado internacional implicado en política, fue el mentor de Volodimir Zelenski en la escena política y se convirtió en jefe de la administración del actor transformado en presidente. Zelenski es bipolar y Yermak lo reemplazaba en todo durante sus periodos depresivos. Cuando Yermak dimitió, como consecuencia de la operación anticorrupción Midas, Zelenski declaró que Yermak no era corrupto y que dimitía por otras razones.

El caso Epstein estremece el conjunto de Estados considerados «desarrollados». Es importante resumir los hechos: el multimillario estadounidense Jeffrey Epstein organizó una red de informantes por cuenta del Mossad israelí y de la rama franco-suiza de los Rothschild. Para poder chantajearlos, Epstein proponía a ciertos altos personajes relaciones sexuales extraconyugales y poco a poco los implicaba en torturas y posiblemente en asesinatos y canibalismo. Las personas que llegan a ocupar posiciones importantes en la sociedad pueden sentir cierta necesidad de comprobar que tienen poder sobre los demás. Y algunos individuos sólo son capaces de sentirse poderosos cuando cometen actos reprehensibles, entregándose a prácticas unánimemente condenadas sin sufrir las consecuencias.

No hay nada nuevo en ese tipo de chantaje. En Francia se vio el «caso Doucé», en 1990, y Bélgica fue escenario del «caso Dutroux», en 1995-1996, pero nunca hubo respuestas claras sobre los objetivos de aquellos casos de chantaje —sólo salieron a la luz algunos nombres de personalidades, pero los criminales que ocupaban altos puestos nunca fueron detenidos. Lo nuevo, en el «caso Epstein», es que el Departamento de Justicia de Estados Unidos dispone de 9 millones de páginas de documentos —por ahora sólo se ha publicado una tercera parte de toda esa documentación.

Los citados «casos» Doucé y Dutroux eran casos de chantajes montados por los servicios secretos de la OTAN. Había personas chantajeadas no sólo en Francia y en Bélgica sino en toda la Unión Europea. Las personalidades utilizadas a través del chantaje nunca fueron molestadas… así quedaban disponibles para seguir siendo utilizadas.

En este momento, 25 personas relacionadas con Epstein han negociado con el fiscal federal estadounidense. Han desembolsado sumas considerables para obtener impunidad y evitar que se mencionen sus nombres. En los primeros 3 millones de documentos publicados se han censurado todas las menciones referidas a esas personas, a pesar de que sí aparecen los nombres de las víctimas de abusos sexuales.

Se ignora cuál ha sido el criterio utilizado en el Departamento de Justicia estadounidense para determinar el orden de publicación de los documentos. Los documentos publicados hasta ahora sólo implican a personalidades europeas y no hay menciones de personalidades estadounidenses. Puede ser casualidad, pero también puede ser una manera de desestabilizar a ciertos «aliados» en espera del momento en que la opinión pública, asqueada, se canse del asunto.

No obstante, se sabe que varios exjefes de Estado y/o de gobierno, así como algunos actualmente en funciones, están implicados. Algunos entregaron informaciones o datos económicos, financieros o comerciales, otros revelaron secretos políticos, militares o diplomáticos. Todos cometieron actos penados por la ley y traicionaron a sus países. Sin que ellos lo supieran, el destinatario final de la información que proporcionaban era el Estado de Israel, o al menos una facción del gobierno israelí.

De manera recurrente, varios informantes —algunos de ellos testigos manipulados, otros enfermos mentales y a veces, mucho más raramente, auténticos testigos— denunciaron la participación de personalidades en ritos de cultos satánicos.

Hasta este momento, el único jefe de Estado conocido cuyo entorno practica misas negras características de ese tipo de culto, es el presidente no electo ucraniano Volodimir Zelenski. Hace tiempo que circulan rumores abominables sobre este personaje sin que haya sido posible confirmarlos. Pero, el 31 de enero pasado, su exencargada de prensa, Yulia Mendel, reveló que el hombre de confianza de Zelenski, Andriy Yermak, el exjefe de la administración presidencial, hoy en desgracia, practicaba ritos satánicos[1]. Según Yulia Mendel, Yermak traía «brujos chabad» de Israel, Georgia y Latinoamérica y «quemaban hierbas, recogían fluidos de cadáveres para fabricar muñecas». En dos semanas, la internet Ucrania se llenó de caricaturas y bromas sobre «Yermak el Brujo», que había augurado a Zelenski que Rusia no intervendría en Ucrania. Yermak, personaje que los ucranianos solían llamar «Alí Babá», dirigía, por otro lado, una extensa red de corrupción, cuya existencia salió a la luz durante la Operación Midas[2][3][4].

LA REVELACIÓN DE LAS ÉLITES SATÁNICAS (ESCALADA).

 

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Presentador: Bueno, hoy es lunes, que tal vez se convierta en otro «lunes decisivo» en los Estados Unidos de América, o tal vez no, aún no lo sabemos con certeza. En el cine estadounidense se utiliza a menudo el término «derrumbe»: así es como llaman al estado en el que todo comienza a desmoronarse como un castillo de naipes, sobre todo desde el punto de vista ideológico. En su opinión, ¿se puede considerar toda esta historia con los archivos de Epstein y lo que descubren los congresistas (y, tras ellos, quizás el resto del mundo) como el comienzo del colapso real del mundo occidental? Se trata de un colapso desde el punto de vista ideológico, filosófico, moral y todo lo demás. ¿Se puede decir que este proceso ya ha comenzado físicamente?

Aleksandr Duguin: Creo que es totalmente cierto: así es como hay que entenderlo. Si se analiza objetivamente el efecto que ha tenido la publicación de los archivos de Epstein, incluso en su forma editada, con bandas negras y un conjunto incompleto (se dice que solo se han publicado entre tres y seis millones de archivos y, sin duda, dado que han sido cuidadosamente seleccionados, no son los más duros), entonces, basándonos en lo que vemos y en lo que ahora es de dominio público, podemos decir que no se trata simplemente de un escándalo comparable al «Irán-Contras» o a otros precedentes históricos. Se trata de un colapso, de un verdadero derrumbe de todo el mundo occidental. De hecho, en los últimos días, en la última semana, ha ocurrido un acontecimiento de tal importancia que nosotros, desde nuestra posición oriental euroasiática, por supuesto, no podemos evaluar con precisión lo que está sucediendo. He notado que muchos escriben en las redes sociales: «Occidente hierve, Oriente calla». Es decir, lo que está sucediendo en Occidente, para nosotros… Todavía no nos hemos dado cuenta de lo que es, de que ya no existe Occidente. Porque, independientemente de cómo nos hayamos relacionado con él —hayamos luchado contra él, hayamos sido amigos, nos hayamos orientado hacia él o lo hayamos maldecido—, es difícil imaginar que Occidente sea un sistema de civilización diabólica, en cuyo centro se encuentran sectas satánicas y caníbales que devoran niños, trafican con mujeres, llevan a cabo provocaciones en todo el mundo, manipulan los mercados financieros y los procesos políticos, organizan «misas negras» y orgías globales, simplemente nos resulta inverosímil.

En ello está involucrada toda la élite política, económica, científica (fíjense), educativa, financiera, cultural, mediática, ideológica, periodística y deportiva de Occidente. Las teorías de la conspiración hablaban de ello, nosotros las tomábamos con humor e incluso en nuestra propaganda política, en el momento de la guerra con Occidente, no nos basábamos en ellas, no recurríamos a ellas, considerábamos que era demasiado. Y ahora todas las teorías de la conspiración no solo se han confirmado, sino que han superado todas las versiones anteriores. Allí estaban los Rothschild, los presidentes de Estados Unidos, los secretarios de Estado actuales y anteriores, toda la élite financiera, científica y política de ambos partidos, tanto republicanos como demócratas. Y también los líderes de MAGA, lo cual es, por supuesto, un shock total. Incluidos Thiel y Bannon, que representan las dos caras del movimiento MAGA, el mismo Trump y, en general, todo lo que conocemos como Occidente. Tanto en Estados Unidos como en Europa, en las familias reales, en la democrática Francia y en la económica BlackRock, hay satanistas, pedófilos y caníbales por todas partes y en todos los lugares.

Y eso a pesar de que el lenguaje codificado de estos archivos aún no ha sido descifrado y aún no conocemos muchos nombres. Pero los escándalos ya han comenzado. En Europa, por cierto, se han producido dimisiones masivas y causas penales: Mandelsohn ha sido despedido, Starmer está a punto de serlo, Jack Lang, exministro de Cultura de Francia, está siendo perseguido penalmente. Se dice que Trump, desde la mañana hasta la noche, como un loco, como un poseso, llama a los líderes europeos con exigencias y amenazas para que no abran causas penales sobre la lista de Epstein, porque —y es comprensible por qué— Trump es uno de los principales implicados. Ahora se están confirmando absolutamente todas estas suposiciones, ni siquiera suposiciones, sino simples hipótesis, que hasta el último momento parecían una locura.

Ayer hubo una sensación: Karina Shulyak, la última amante de Epstein, que pasó diez años con él y a quien él legó cientos de millones de dólares de su herencia (se dice que incluso quería casarse con ella), salió de las sombras. Es de Bielorrusia, dentista, una chica de aspecto normal, pero se sabe con certeza que fue su amante durante la última década. Y recientemente escribió: «Sabéis, Jeffrey es un buen hombre, Jeffrey no tiene la culpa». Ella dice: «Sí, claro, las élites políticas se dedican al canibalismo, comen niños y celebran misas satánicas, pero Jeffrey no tiene nada que ver con eso: él solo los chantajeaba, lo involucraron en eso, no tenía otra salida, trabajaba para diferentes servicios de inteligencia; por eso él es una buena persona, pero lo que ocurría allí y con lo que yo tengo que ver… eso sí que era realmente monstruoso». Imagínense, declaraciones como estas por parte de un testigo así, una figura como él.

Por lo tanto, sí.

Presentador: Querría aclarar un punto, porque lo ha mencionado varias veces: en el futuro será muy interesante conocer su opinión al respecto. Cuando hablamos de satanismo en esta situación, cada vez más da la sensación de que ellos creían y creen sinceramente en ello. Es decir, no se trata de un juego político u oportunista con el satanismo, sino de una fe real de estas personas en Satanás.

Aleksandr Duguin: Sí, el satanismo está prohibido en la Federación Rusa, pero estamos acostumbrados a pensar que se trata de unos locos que creen en algo que no existe. Creemos que son simplemente personas mentalmente inestables, marginados, dispuestos a cometer actos delictivos. Pero aquí se descubre algo completamente diferente. Se trata, en esencia, de la existencia de una especie de iglesia, de órdenes, de sociedades secretas con ritos religiosos, con sus propias creencias, cultos y rituales, donde sacrifican bebés, comen niños, violan y secuestran mujeres. Y allí se celebran «misas negras» en el sentido más literal de la palabra, y toda la élite occidental está inmersa en esta religión. Era simplemente imposible imaginar algo así, realmente no cabe en la cabeza. Es decir, en otras palabras, nosotros pensamos que el satanismo es un fenómeno marginal de maníacos locos, pero resulta que es la iglesia a la que pertenece la élite política occidental.

Por lo tanto, si la existencia del satanismo es ahora evidente, surge la pregunta: ¿existe Satanás? Para nosotros, personas de la época soviética, educadas con Cheburashka, esto es, por supuesto, ridículo: sabemos que Gagarin voló al espacio, no vio a Dios y mucho menos a Satanás. Pero estos ingenuos mitos materialistas, con los que aún vive parte de la humanidad, ya no son capaces de explicar lo que está sucediendo. Si Satanás no existe, ¿a quién adoran los científicos más importantes? ¿A quién sirven y a quién ofrecen sacrificios los políticos, los músicos, los representantes de las mayores corporaciones financieras y sus familiares? ¿A quién sirven? Después de todo, la cuenta de Epstein figuraba a nombre de Baal. Baal es una deidad que es el prototipo del Satanás cristiano histórico y a la que se le ofrecían sacrificios sangrientos. A lo largo de toda la historia bíblica, los profetas fieles al Dios Único, los políticos y los líderes religiosos dicen: «Israel, despierta, ¿por qué te has pasado al bando de Baal?». Y así fue muchas, muchas veces. Reyes, líderes religiosos y pueblos enteros adoraban a Baal en la antigüedad. Parecería que todo esto ha quedado en el olvido, que estos cultos sangrientos y estas orgías crueles fueron erradicados, que se luchó contra ellos. Pero la tradición judía luchó contra ellos hasta el final. Al final, estos brotes del culto a Baal se manifestaron prácticamente hasta el fin de la religión judía, hasta la destrucción del Segundo Templo. Y, al parecer, estos cultos se han conservado de alguna manera hasta nuestros días, y en la era del ateísmo, cuando ya nadie se oponía a ellos y el cristianismo también fue abolido, y todos se burlaban del diablo, él aprovechó esta situación.

Es imposible explicar esto simplemente como una obsesión de algunos sectores marginales o grupos aislados. Se trata de un fenómeno: usted habla del colapso de Occidente. Es interesante que Kevin Spacey, que interpretó el papel principal en «House of Cards» (y que, por cierto, fue condenado por pedofilia en Estados Unidos y enviado al ostracismo), ahora aparezca en el caso Epstein. En la red aparecen imágenes y fotos en las que aparece junto a Epstein y junto a Ghislaine Maxwell. Y ella, recordemos, era la hija de uno de los agentes más importantes del Mossad israelí en Estados Unidos, que en su momento nos instaló sistemas supuestamente para rastrear a los disidentes, pero que hasta finales de 1990 transmitían al Occidente y al Mossad información sobre nuestras fuerzas espaciales. Era un gran aventurero, este padre de Ghislaine Maxwell. Y este grupo —Ghislaine Maxwell, Epstein, Kevin Spacey— aparece fotografiado con la familia real británica, directamente en sus aposentos. Es decir, de hecho, muchas de las cosas que se mostraron en la serie «House of Cards» resultaron ser verdad, que en realidad es aún más aterradora. Está el «Bosque de Bohemia», está la «Liga del Hiedra», hay tramas sobre orgías satánicas que se muestran de forma indirecta. Al igual que en la película de Kubrick «Con los ojos bien cerrados»: nos muestran algunos fragmentos y luego dicen: «Bueno, mirad, solo es una película».

O como en La teoría de la conspiración de Mel Gibson. Y ahora vemos que toda la cultura que se presentaba como fantasías oscuras, slashers que alteraban los nervios, como La matanza de Texas o películas sobre el satanismo, no es más que el día a día de la élite occidental.

Y, por supuesto, en este sentido, la gente en Occidente se pregunta: ¿a quién podemos recurrir? Antes era así: si no nos gustaban los demócratas, votábamos a los republicanos; si no nos gustaban los republicanos, votábamos a los demócratas. ¿Y ahora a quién votar? Aun lado hay satanistas y al otro lado también. Ni siquiera se puede decir dónde hay más: hay caníbales en un movimiento y en el otro. Y resulta que incluso la alternativa a MAGA es la correspondencia de Epstein con Peter Thiel y Steve Bannon, que son los dos polos del movimiento de Trump. Eso tampoco sirve para nada. En general, quedan algunas migajas: varios congresistas y senadores, como Thomas Massie, Ro Khanna o Marjorie Taylor Greene, que no están involucrados en todo esto. No aparecen en estos archivos y realmente gozan de inmunidad, pero son literalmente una minoría. Resulta que en Occidente solo hay un puñado de políticos que no están involucrados en la red de Epstein.

¿Qué van a hacer ahora los occidentales? ¿Y qué vamos a hacer nosotros? ¿Con quién vamos a hablar en Occidente? Pensábamos que nos engañaban, pero que, al fin y al cabo, velaban por sus intereses. Y ahora resulta que hemos estado lidiando durante tanto tiempo con la civilización satánica más terrible y monstruosa del Anticristo, gobernada por caníbales. ¿Qué hacemos ahora, cuando hemos adoptado todas sus prácticas en materia de educación, cuando hemos creído en su cultura, cuando hacemos remakes de sus películas y utilizamos sus instrumentos financieros? Ahora surge una nueva idea de que Epstein creó el bitcoin para algunos de sus actos delictivos. Resulta que toda esta democracia liberal y todo lo que entendemos por política e ideología en Occidente es producto del trabajo de oscuras organizaciones secretas, que están presentes y descritas en detalle en los archivos de Epstein. Hay miles de personas, y todas ellas pertenecen a la élite, todas ellas son participantes en estos acontecimientos monstruosos, de los que la gente común ni siquiera puede hablar.

Ahora, en Occidente, los blogueros escriben: si después de ver esto puedes dormir tranquilo, es que eres un cerdo. Si puedes dedicarte a tus asuntos habituales y vivir en tu mundo habitual, ya no eres humano. Entonces no preguntes si, después de comerse a tus hijos, te asarán en un kebab en alguna isla de la élite, porque Epstein ya no está, pero su causa sigue viva. Por eso creo que la situación es muy grave. Y nosotros estamos paralizados: por eso guardamos silencio, por eso Oriente guarda silencio. Simplemente no podemos creerlo, no nos cabe en la cabeza. ¿Cómo es posible? Llegamos a un acuerdo con Trump, pero ¿con quién llegamos a un acuerdo en realidad? ¿Con quién estamos tratando de llegar a un acuerdo ahora? El hecho de que haya obstaculizado y siga obstaculizando la investigación del caso Epstein lo convierte, de hecho, en cómplice de crímenes de tal magnitud que, en la historia de la humanidad, solo son comparables a los de Hitler, Calígula o Nerón. Es decir, en el Occidente contemporáneo está ocurriendo algo épico.

Se trata, por supuesto, de un colapso total. Y muchos se preguntan: ¿qué hacer? Hay una expresión que dice: «What out of all this mess?» (¿Qué hacer con todo este lío?), es decir, ¿cómo salir de esta situación, cómo elegir, cómo votar para salir de este atolladero? Dicen: «Por supuesto, votemos a quien votemos, votaremos por Satanás». A partir de aquí se entienden los proyectos de inteligencia artificial y las pandemias, todo lo cual se discute en los archivos de Epstein. Solo queda encontrar a los reptiloides y los extraterrestres, pero esta es quizás la única parte de las teorías de la conspiración que aún no ha encontrado confirmación.

Presentador: Ha mencionado a Stanley Kubrick. ¿Quizás aquí se pueda aplicar el método descrito no en «Eyes Wide Shut» o en una película mucho más antigua «A Clockwork Orange»? En ella, al protagonista, un personaje puramente negativo, le abren los ojos a la fuerza en el final y le obligan a mirar los horrores de la guerra y el crimen para intentar curarlo. Lo que está sucediendo ahora en el mundo occidental es muy similar: alguien le abre los ojos a la fuerza para revelarle toda la verdad y todo ese horror. Alguien le mantiene literalmente los párpados abiertos. Resulta que Stanley Kubrick lo predijo tanto allí como aquí. En su opinión, ¿quién lo está haciendo? Es decir, ¿quién está destapando esta terrible llaga?

Aleksandr Duguin: Es un gran misterio. En primer lugar, ¿cómo es que Trump llegó al poder tras la revelación del «Estado profundo»? Antes, la mera existencia del Estado profundo se consideraba una invención, pero Trump demostró de manera bastante convincente que no es un mito y que sus enemigos son los demócratas liberales. Uno de sus más cercanos seguidores incluso llamó a este gobierno mundial y a Greta Thunberg el Anticristo. Todo esto sonaba muy convincente. Y entonces alguien realmente destapó este «Estado profundo» y lo sacó a la luz. Incluso Netanyahu, que sin duda tiene una relación directa con la red de Epstein (tanto a través de sus servicios especiales como profesionalmente), utilizó este término. Por cierto, Netanyahu incluso pidió que lo «borraran» de estos archivos: al principio había fotos suyas, pero luego las eliminaron. Por lo tanto, tanto Trump como Netanyahu y Peter Thiel tenían en mente algo propio con este término.

Surge la pregunta: ¿quién dio la autorización, quién dio la orden de desenmascarar al «Estado profundo»? ¿No hay detrás de esto un Estado aún más profundo? Hace un año escribí un artículo sobre esto para RIA Novosti: sobre la existencia del «deeper state» (estado aún más profundo). Se trata precisamente de ese hipotético «deeper state», una capa aún más profunda. Y creo que los archivos revelados de Epstein ya no son el «deep state» habitual. El «deep state» era solo una etapa previa, y ahora ha salido a la luz precisamente el «deeper state»: esas mismas personas que figuran en las listas de Epstein.

Pero entonces surge la siguiente pregunta: ¿quién los ha desenmascarado? ¿Cuántas capas hay en total? Resulta que hay un mal número uno: los globalistas. Son los Clinton, que participan en orgías en la isla y otros más. El deep state habitual no ha desaparecido: la democracia liberal y el Partido Demócrata de Estados Unidos siguen siendo criminales y están completamente desacreditados. Pero ahora resulta que el «estado aún más profundo», incluidos aquellos que desenmascararon la primera capa, también forma parte de esta red. ¿No hay aquí una tercera capa? Es una hipótesis muy atrevida: el «deepest state», el estado más profundo de todos.

Porque alguien realmente tuvo que abrirles los ojos a la fuerza, como en la imagen del final de «La naranja mecánica», que tan acertadamente ha citado: cuando obligan al maníaco a ver sus propios actos. Ahora Trump se encuentra precisamente en la misma situación que el matón de la película: a él y a Melania les obligaron a ver todo esto. Él lo ve cada segundo, mientras le amenazan con sacarle de la Casa Blanca y llevarle directamente a la celda de Ghislaine Maxwell. Pero ¿quién lo hizo? ¿Quién abrió los archivos de Epstein? Porque, según la lógica, este «Estado aún más profundo» no debería haberse revelado, ya que quienes destaparon la capa anterior quedaron totalmente comprometidos. En todo Occidente no hay ninguna fuerza política, social o cultural que pueda considerarse beneficiaria de esta revelación.

Mientras tanto, Oriente guarda silencio. Me parece que China, el resto de países y nosotros simplemente no nos atrevemos a decir «os lo dijimos», porque tememos que estos satanistas puedan responder lanzándonos armas nucleares. Ahora que vemos con quién estamos tratando, este desenlace parece muy probable y así es como explico nuestro silencio. No somos aptos para desempeñar el papel de «Estado del Estado», aunque se nos intente acusar de algo similar en esos mismos archivos, pero eso es completamente absurdo. No podemos desempeñar esa función. De ahí surge un gran problema: ¿quién estaba realmente detrás de la publicación de esos documentos?

Presentador: Me acordé de una frase que se le atribuye al senador John Kennedy (homónimo del presidente): dijo que era hora de inventar una nueva conspiración, porque la antigua resultó ser cierta. En relación con esto, me gustaría mencionar una versión relacionada con ese mismo «Estado profundo» del que hablaba. La esencia de esta versión es que las élites se autolimpian de esta manera: las figuras que están detrás y que realmente controlan los procesos se han dado cuenta de que las élites públicas actuales no han estado a la altura y se han degradado definitivamente. No han cumplido su función y ahora se ha decidido a destituirlas, abriendo los archivos de Epstein para, de hecho, reiniciar el proceso. ¿Qué le parece esta versión: que se trata de una destrucción consciente del material gastado y descompuesto con el fin de reiniciar el sistema?

Aleksandr Duguin: Cualquier versión puede ser considerada debido a las condiciones extremas en las que nos encontramos, excepto aquellas que se utilizaban anteriormente. Por ejemplo, que la economía determina la política, que todos los países siguen sus cálculos racionales, que el egoísmo razonable de un Estado u otro explica la lógica de su política y que todo gira en torno a los recursos, los precios del petróleo o los mercados financieros. Me parece que este tipo de analistas pueden ser libres: no son necesarios, porque son mucho más débiles que cualquier modelo primitivo de inteligencia artificial. Esto resultó ser absolutamente falso. Es decir, la gran mayoría del análisis racional es simplemente inaplicable. Ahora solo pueden competir entre sí diferentes versiones de la conspirología.

Y yo creo que hay que pasar de la conspirología a la teología. Porque todo comenzó cuando rechazamos a la Iglesia, nos burlamos de sus enseñanzas sobre la existencia de la eternidad, la existencia del alma, la inmortalidad, el juicio final, la lucha entre ángeles y demonios, que se libra también a través del hombre y a través de nuestra historia. Nos reímos tanto de todo esto, nos reímos durante siglos, giramos algunas manivelas, mostrando que el rayo no proviene de Dios, sino de este practicante con bata blanca que muestra algunos aparatos a los campesinos. Durante mucho tiempo nos hemos partido de risa burlándonos de las religiones tradicionales, no solo de la cristiana, sino también de la judía, la islámica y, en general, de todas. Y ahora esa risa se ha convertido en una siniestra carcajada diabólica. Es decir, resulta que la idea de que el diablo no existe, al igual que Dios, era precisamente una idea del diablo. Él la introdujo cuidadosamente y la está aprovechando. Esta es la nueva situación.

Y por eso creo que, en general, la conspirología debería detenerse aquí de alguna manera. La conspirología es un intento de los materialistas, los ateos, las personas terrenales y carnales de explicar aquellas cosas que sienten: algo está sucediendo, pero no pueden explicarlo porque no tienen los medios para ello. Por eso inventan mitos, inventan conceptos y, en realidad, a veces dan en el clavo (la mayoría de las veces dan en el clavo). Pero para ello hay que volverse un poco loco desde el punto de vista del materialismo. La conspirología es cosa de materialistas locos que no pueden creer en la religión, para los que Dios no existe, y, sin embargo, expresan sus oscuros recelos y dan en el clavo cada vez más.

Ahora es el momento de pasar de la conspirología a la teología, lo que nos situará en un contexto completamente diferente. No inventaremos cosas aterradoras, como reptilianos extraplanetarios y demás: simplemente veremos el mundo, incluidas sus dimensiones invisibles. Recordaremos que existen entidades espirituales, tanto orientadas hacia lo divino como hacia lo antagónico. Recordaremos nuestra alma, sus misterios, su inmortalidad, que hay una batalla por ella. Y nos encontraremos en un mundo que se corresponderá mucho más con lo que vemos ante nuestros ojos, al tiempo que tendremos una descripción realmente sólida.

Por cierto, incluso en Occidente se acercan a esto: Thiel habla de la civilización del Anticristo. De hecho, hoy en día, especialmente tras la publicación de los archivos de Epstein, Occidente habla en cada publicación de lo profunda y fatalmente equivocados que estuvimos hace quinientos años, cuando creímos a Newton y a todos esos modelos sobre el mundo material. Es decir, en realidad se pone en duda toda la modernidad occidental, toda la historia occidental, el progreso. El progreso hacia la inteligencia artificial y las bandas pedófilas de satanistas que gobiernan la humanidad es un progreso maravilloso. Y ellos ya lo habían advertido antes: existe una teoría llamada «ilustración oscura» (Dark Enlightenment), que muchos apoyaban. Afirma que, en realidad, la ilustración es algo bastante aterrador, es la idea de expulsar a Dios, es satanismo encubierto. Detrás del secularismo, el racionalismo, el materialismo y el ateísmo se escondían sectas aún más aterradoras y oscuras, que ahora se han desatado: los adoradores de Baal.

Poco a poco estamos pasando de la conspirología a la teología, y ahí es donde, en mi opinión, encontraremos las respuestas correctas. Bueno, veamos la versión que propones: hay élites que quieren purificarse. ¿Dónde están? ¿Dónde están esas élites y cómo se purificarán? Porque, en realidad, el grado de cobertura de la clientela de la isla de Epstein, donde se llevaban a cabo estos rituales satánicos, donde se comían niños, se violaba a bebés… es tan difícil incluso de pronunciar. Lo digo con calma, porque si gritamos y chillamos de dolor, nuestras palabras no serán más convincentes. Propongo que veamos nosotros mismos estos archivos y nos horroricemos, nos horroricemos de verdad, pero que cada uno lo haga por sí mismo.

Así pues: dado que se observa un grado tan profundo de penetración de esta red en prácticamente todas las instancias del mundo occidental, es completamente incomprensible quién podría llevar a cabo la limpieza. Si se elimina a esta élite, se eliminará a la élite en general, simplemente dejará de existir. ¿Y cómo surgirá una nueva élite? Esto requiere institucionalización, proyectos sociológicos y políticos. No hay un partido revolucionario, no hay un movimiento verdaderamente no comprometido. Incluso aquellos que se opusieron al «Estado profundo» en la etapa anterior se vieron afectados: incluso Musk se encontraba entre las personas que iban a viajar a la isla de Epstein, aunque al final no lo hizo.

Pero tenía intención de hacerlo. Y ahora abogan, exigen que se abran los archivos. Él no llegó, por eso lo exige, y el que llegó se tapó los ojos con las manos horrorizado: cree que ahora saldrá a la luz algo y allí hay fotos y vídeos. Cuanto más lejos, mejor. Por eso lo terrible de la situación es que no hay otra élite, no hay nada que limpiar. Las células cancerosas han penetrado en todas las estructuras de las instancias de gobierno occidentales, no hay nada, no hay alternativas.

Y ahora el pueblo, millones, decenas y cientos de millones de habitantes de Occidente, se ha despertado y ve esos archivos. Dicen: «¿Por qué nos enseñáis esto? ¿Quieren que lo aceptemos? No podemos derrocarles, no somos capaces de hacer una revolución, estamos inmersos en la vida cotidiana y el confort, estamos acostumbrados a la cultura que nos alimentan estas élites». Y, de hecho, son incapaces de actuar, no tienen nada que responder. Ahí está la paradoja y la tragedia: el delito es evidente, pero resulta que en él están involucrados jueces, investigadores, fiscales, abogados y acusados, es decir, todo el tribunal. Todos ellos, junto con el juez Epstein, cometieron actos delictivos. Y este descubrimiento no da esperanzas de que la élite se purifique.

Otra cosa es que esta élite, al encontrarse en tal situación, pueda simplemente decir: «así es como tenía que ser». Por cierto, ya hay declaraciones de este tipo. Por ejemplo, Lady Victoria Hersi, amante del príncipe Andrés (que participó en los episodios más repugnantes de esta historia), declaró recientemente, sonriendo, en la televisión británica: «Saben, en general, si no hubiéramos aparecido en las listas de Epstein, no seríamos la verdadera élite, porque todos estaban allí. Y si alguien no aparecía en ella, era simplemente un don nadie y un perdedor». Se está normalizando el satanismo. Es un intento de hacerlo aceptable. Quizás sea la explicación más adecuada: como la gente no puede rebelarse, intentan domesticarla. Si miras las redes sociales, verás que allí supuestamente no existía la lista de Epstein; si enciendes la CNN, allí proponen hablar de otros temas, y si alguien tiene la culpa, ese es solo Trump.

El resultado es el siguiente: a todos se les ha mostrado el abismo de la caída, pero si todo sigue como está, en la siguiente etapa este argumento ya no funcionará. Dirán: «esta persona adora a Baal y se come a los niños», y ellos responderán: «bueno, ya lo hemos oído, lo hemos aceptado». Esta es la primera cuestión. Pero si el conflicto y el colapso siguen creciendo, los procesos sociales empezarán a salirse de control. La gente se da cuenta de que los gobiernan pedófilos satanistas en todos los partidos y regímenes, con raras excepciones como Orbán.

Si todo esto empieza a desmoronarse, las élites entrarán en conflicto directo con las masas. Bill Gates, uno de los personajes más siniestros, habló de ello. Imagínate: usamos Microsoft, usamos software creado por los líderes del satanismo mundial. Es inconcebible, nos convertimos en cómplices indirectos. Estas estructuras son espías, influyen en nuestras redes e intentan influir en nuestra conciencia. O bien esta élite se vuelve directa y abierta en su espíritu, un gobierno anticristiano directo que destruirá a la oposición con hierro candente, continuando con los asesinatos y las violaciones, o bien resolverán el problema de otra manera.

Me acordé de Bill Gates porque discutió con Epstein qué hacer con los pobres. Epstein propuso: «Vamos a exterminarlos, no los necesitamos». Son las ideas de Ayn Rand, del capitalismo radical: los pobres son supuestamente malvados y perezosos. Esto tiene sus raíces en la doctrina calvinista de la predestinación: los ricos son elegidos por Dios, los pobres son pecadores. Gates va más allá: los robots se desarrollan, la inteligencia artificial está por llegar, la mayoría de la humanidad simplemente no es necesaria. Y este genocidio se puede achacar a la inteligencia artificial, que supuestamente «se ha salido de control». Musk no deja de repetirlo.

Y esta élite pedófila puede decidir que Putin es malo o que los iraníes son malos, iniciar una guerra nuclear y destruir a la humanidad. Epstein financió la construcción de búnkeres para la élite. Kurzweil, teórico de la singularidad, participó con ellos en estos proyectos. La élite entra en el búnker, la humanidad muere supuestamente debido a un fallo de la IA… y entonces comienza una nueva etapa.

Empezamos con las películas de Kubrick, y resulta que «House of Cards» o la serie «Fallout» son guiones que se desarrollan en la realidad. Hay una forma de esconder algo: ponerlo en el lugar más visible. En «Fallout» los oligarcas ricos lanzaron ellos mismos las bombas y se refugiaron en búnkeres para salir cuando la humanidad se volviera salvaje. Algo similar está ocurriendo ahora: Epstein financia búnkeres reales. Ahora se dice que no murió, sino que fue trasladado a Israel. Ya no se puede ser arrogante ante este tipo de conspiraciones. Como en «Expediente X»: la verdad está ahí fuera. Las locuras más descabelladas resultan ser ciertas.

No hay condiciones para limpiar las élites occidentales debido a la profundidad de su compromiso. En Europa se está intentando registrar las propiedades de los Rothschild y el exprimer ministro de Noruega, que participó en orgías salvajes, está siendo investigado. Ya no existe ningún derecho ni lógica para esta élite. Si hubiera fuerzas nuevas, podrían aspirar a cambios: Israel debería ser condenado por los crímenes cometidos en Gaza, se debería poner fin al espionaje y la vigilancia, y se debería abolir la política de género. Pero eso no va a suceder, porque no hay nadie que lo haga. La situación es muy grave.

Presentador: Hace algún tiempo, Vladimir Vladimirovich Putin dijo textualmente —esta frase ahora circula por todas partes, en todos los medios públicos y en Internet—: «El baile de los vampiros está llegando a su fin». Esta frase, digamos, ¿tiene, en su opinión, todos los significados de los que estamos hablando ahora?

Aleksandr Duguin: Él lo sabía: en estos casos se dice «he knew». Es decir, él lo sabía y, sin duda, el líder de una gran potencia debe saber lo que ocurre entre las élites occidentales. Creo que él sabe, probablemente mejor que nadie, cuál es la situación real. Sabía que, al parecer, se iban a publicar esos archivos, ya que la decisión al respecto se tomó en otoño del año pasado. Todos pensaban que no se llegaría a publicar debido a diversos argumentos: guerras, conflictos, etc. Pero se publicaron. Sí, el «baile de los vampiros» ha quedado ahora al descubierto, y los vampiros, empezando por los más importantes, los vampiros presidenciales y todo su entorno, ya están empezando a arder y a quemarse, y les están saliendo manchas negras. Es decir, todos los indicios de la caída del rayo de sol sobre el baile de los vampiros están ahí. Pero ¿ha terminado? Quizás no termine por sí solo, esa es la cuestión.

Ahora, en mi opinión, debemos actuar de forma radical. Porque nosotros, sin duda, no estamos involucrados en esto, no tenemos nada que ver con ello. Todas estas personas se pusieron de acuerdo y tramaron sus conspiraciones contra Rusia: a favor del Maidán en Ucrania, a favor de la destitución de Putin. El terrorista Ponomariov hablaba abierta y directamente de la necesidad de destituir a Putin y esa es precisamente la clientela de Epstein. Realmente no tenemos nada que ver con eso, si no hablamos de algunos de nuestros occidentalistas u oligarcas, con los que se puede lidiar por separado; ni siquiera quiero tocarlos, eso ya no es asunto mío. Pero, en general, Rusia como tal está luchando contra esto. Está luchando contra la isla de Epstein. Hemos iniciado una guerra contra la isla de Epstein en Ucrania. Sobre todo porque Ucrania está totalmente involucrada: en el suministro de mercancía viva, en el comercio de órganos y en los laboratorios biológicos. Zelensky es parte de este sistema, el sirviente más insignificante de esta «misa negra».

Y nosotros estamos en guerra con ellos. Por lo tanto, creo que debemos declarar más alto y claro nuestra subjetividad. Nosotros y China deberíamos decir: mirad, os advertimos de lo que es Occidente, pero no nos creísteis. Hablamos de la necesidad de un mundo multipolar, y ustedes nos obstaculizaron por ello. Pero ahora es evidente que teníamos razón: Occidente es un núcleo tóxico del que hay que escapar. Y hay que establecer un mundo no occidental. Luchamos por ello y ahora es nuestra oportunidad.

Me parece que ahora estamos un poco en una especie de afasia. Intentamos continuar con los acuerdos con Trump, en Anchorage, se habla de una «gran economía», aunque en realidad todo allí pende de un hilo, todo el sistema occidental. Quizás comprendemos a qué pueden llegar estas élites cuando su baile termina y toda la humanidad ve lo que ocurría tras las persianas cerradas de sus mansiones y en los sótanos de tortura. Ahora esto es de dominio público y, por supuesto, pueden llegar a tomar medidas extremas. Pero, en realidad, me parece que debemos sacar una conclusión muy importante de todo esto: cualquier alusión al Occidente, cualquier alusión a la cultura liberal, económica y capitalista moderna, a la civilización, a la ciencia… Todo eso hay que dejarlo de lado inmediatamente. Porque todos estos caminos no conducen a Roma, sino a la isla de Epstein. Fíjense: los premios Nobel, los representantes de la ciencia, los filósofos, los izquierdistas, los derechistas, los políticos de todo el espectro… todos se dirigen allí. Es como si fuera el objetivo, de hecho, «una vida exitosa». Allí también fluyen corrientes de prostitutas, diseñadores de moda, productores creativos… todo se dirige allí.

Pero nosotros no queremos ir allí. Para nosotros, sería mejor destruir esa isla simbólica y metafísicamente. Para eso es para lo que necesitamos, al parecer, a «Poseidón».

Irán al borde de la implosión.

Los últimos sucesos registrados en Irán y la amenaza de un bombardeo estadounidense imponen en ese país un clima de inquietud y cólera. Pero las muertes que marcaron las recientes manifestaciones no se produjeron cómo lo afirman los medios de prensa occidentales y un bombardeo contra Irán sólo agregaría más dolor al dolor.

El conflicto entre Estados Unidos e Irán no es un simple enfrentamiento personal entre el presidente Trump y el ayatola Khamenei. Los disturbios en Irán muestran que el problema interno de ese país no se resolverá con más violencia sino sólo con adopción de reformas en la sociedad iraní.

Desde el 28 de diciembre de 2025, la prensa occidental repite sin descanso los llamados a bombardear Irán para acabar con el «régimen de los mulás». En 5 semanas, esa prensa ha convencido a la opinión pública occidental de que las autoridades iraníes mataron deliberadamente 40.000 de sus conciudadanos y de que esa masacre justifica otra.

¿Con qué derecho se dan el lujo esos medios y sus periodistas de creer que pueden decidir sobre la vida o la muerte de miles de iraníes? ¿Qué intereses oscuros se esconden detrás de la difusión intensiva de tales «opiniones»? ¿Quién o quiénes están interesados en desatar nuevas masacres contra los iraníes?

Desde que tuvo lugar la revolución antimperialista del imán Jomeiny, en 1979, las potencias occidentales —sobre todo Estados Unidos, Reino Unido e Israel—, que inicialmente organizaron la huida del shah Mohamed Reza Pahlevi y el regreso de su principal opositor —el mismo Jomeiny— han desarrollado un odio mortal hacia Irán, no hacia el «régimen».

UNA CONCEPCIÓN CLERICAL DE LA RELIGIÓN
Digo que las potencias occidentales no odian al «régimen» iraní porque este ha cambiado varias veces en los últimos 47 años. Durante todo ese tiempo, lo único que se ha mantenido siempre es el poder que ejerce la clase clerical, independientemente de su capacidad política. Paradójicamente, Jomeiny, a quien sus pares de la clase clerical consideraban un hereje antes de su regreso a Irán, es presentado hoy como un dios por la misma clase clerical que antes lo rechazaba.

Irán, país donde nunca hubo guerras de religión, donde nunca ha existido una separación entre las iglesias y el Estado, ha vivido desde siempre bajo el poder de la clase clerical. Los iraníes, pueblo ejemplar en cuanto a la fe religiosa, veneran a los eruditos religiosos. Sin importar que estos últimos den o no muestras de su propia fe, los iraníes los consideran representantes de Dios en la tierra.

Los hombres alrededor de Jomeiny no eran fanáticos del Corán. Más bien trataban de determinar por sí mismos cuáles prácticas musulmanas eran útiles para la sociedad y cuáles no. A la cabeza de aquellos hombres estaba el sociólogo Alí Shariati, asesinado por la SAVAK (la policía política del shah) justo antes de la revolución.

Alí Shariati era amigo personal de los intelectuales franceses Franz Fanon y Jean-Paul Sartre. Gracias a Shariati, otros intelectuales franceses de renombre, como Michel Foucault apoyaron con entusiasmo la naciente revolución iraní.

UNA CONCEPCIÓN PLATÓNICA DEL PODER QUE NO FUNCIONA
Alí Shariati y el ayatola Jomeiny tenían plena conciencia de que el pueblo iraní estaba sumido en una ideología de opresión que le inculcaba el deber de sacrificarse como el profeta Alí. Juntos trataron de explicar a los iraníes que el profeta Alí se había levantado para defender la justicia, que los verdaderos musulmanes no eran los sumisos y que el sacrificio sólo tiene sentido cuando se dedica a la justicia.

Inspirados en los escritos de Platón, principalmente en su conocida obra República, Shariati y Jomeiny concibieron la idea de poner el Estado en manos de un «sabio». Así surgió la función del «Guía Supremo», basada en el principio denominado Velayat-e faqih [que podría traducirse como «gobierno del jurista». Nota del Traductor.].

Shariati y Jomeiny lograron despertar al pueblo iraní pero hoy puede verse que las concepciones de «Guía Supremo» y Velayat-e faqih han resultado tan catastróficas como la «dictadura del proletariado» de Auguste Blanqui y Karl Marx. En la práctica, los iraníes conservaron el culto a la clase clerical proveniente de su ideología opresiva original, lo cual implica que cualquiera que sea capaz de memorizar el Corán y de recitarlo de memoria antes los demás es admirado por todos y considerado apto para ejercer el poder.

La revolución islámica inicial de Shariati y Jomeiny ha sufrido cambios constantes. Sólo los presidentes Mohammad Alí Rayai (1981) y Mahmud Ahmadineyad (2005-2013) estuvieron a la altura de su inspiración antimperialista. Todos los demás —con la excepción de Abolhassan Banisadr (1980-1981), que fue un caso particular— no hicieron otra cosa que poner el poder al servicio de la clase clerical. Ebrahim Raissi (2021-2024) era un fanático que vivió obsesionado por el deseo de eliminar la oposición. El actual presidente de la República, Massoud Pezechkian, electo en 2024, es mucho más abierto.

Las figuras más importantes del entorno del expresidente Ahmadineyad han sido encarcelados. Ellos trataron de liberar a las mujeres del uso obligatorio del velo islámico y a los hombres de la obligación de portar barba. El primer vicepresidente de la administración Ahmadineyad, Hamid Baghaie, todavía está preso e incomunicado, después de haber sido juzgado y condenado en un proceso que se desarrolló a puertas cerradas y bajo acusaciones que aún se mantienen en secreto. Al parecer, fue condenado a 15 años de cárcel por haber mantenido una relación extraconyugal[1].

UNA QUIEBRA BANCARIA QUE ARRUINÓ FAMILIAS ENTERAS
En octubre de 2025, la autoridad judicial islámica cuestionó la gestión del banco Ayandeh, constructor del Iran Mall, un lujoso centro comercial y de entretenimiento, que ilustraba la opulencia de la clase dirigente y su superioridad sobre el pueblo, mientras este último se debatía en medio de una grave crisis económica. La quiebra del banco se pronunció el 23 de octubre, dejando pérdidas equivalentes a 5.000 millones de euros, desastre imputable a un sistema de corrupción y de fraude generalizados. Aunque el Estado trató de disimular la gravedad de la caída del banco, sus clientes se vieron súbitamente en la ruina, se echaron a la calle e incendiaron la sede del banco en Teherán. Así comenzaron las protestas.

Las protestas se extendieron rápidamente al resto del país. Nadie hablaba de «cambio de régimen» sino de recuperar los ahorros perdidos. La clase acaudalada, sintiéndose amenazada, reaccionó como siempre: recurriendo a la violencia.

El 21 de enero de 2026, en el Foro Económico Mundial de Davos, Scott Bessent, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, se referió a lo que estaba sucediendo en Irán: «Eso funcionó porque en diciembre su economía se derrumbó. Vimos la quiebra de un gran banco. El Banco Central comenzó a imprimir dinero. Hubo una escasez de dólares. Ellos no pueden importar y es por eso que la gente salió a la calle».

UN ASPIRANTE AL TRONO, AGENTE DE LA CIA Y DE ISRAEL
Fue en ese contexto que los agentes israelíes se infiltraron entre los manifestantes, introduciendo como reclamo supuestamente popular, a partir del 6 de enero, el regreso de Reza Pahlevi, el hijo mayor del shah derrocado, hoy residente en Estados Unidos.

En 1985, este hijo del derrocado shah de Irán, compró, en 3 millones de dólares, una enorme mansión en Langley, cerca de la sede de la CIA. Desde entonces, este «heredero» del shah derrocado cobra una pensión pagada por el gobierno de Estados Unidos y su retrato está expuesto de manera bien visible en la sección iraní de la CIA con la inscripción «Hope of Democracy in Iran», o sea «Esperanza de la Democracia en Irán».

En 1986, en pleno escándalo por el caso Irán-Contras, la CIA interrumpió las transmisiones de la televisión nacional iraní con la transmisión de una alocución del «príncipe heredero» Reza Pahlevi.

En 2019, en medio de las manifestaciones contra los altos precios que se registraron aquel año en Irán, Reza Pahlevi presentó una denuncia contra el ayatola Jamenei ante la Corte Internacional de Justicia —denuncia que fue desestimada porque Irán no es firmante del Tratado de Roma.

En 2023, Reza Pahlevi publicó una «Carta de la Solidaridad y de la Alianza por la Libertad» (Mahsa) a la que se unieron personajes como la abogada iraní Shirin Ebadi, laureada con el premio Nobel de la paz.

También en 2023, Reza Pahlevi fue proclamado «emperador de Persia», en una ceremonia organizada en Egipto y financiada por la monarquía de Arabia Saudita.

En sus intervenciones públicas, Reza Pahlevi se pronuncia siempre por un régimen laico y democrático. Pero los personajes que componen su entorno no dejan lugar a dudas sobre lo que realmente significaría su hipotético ascenso al poder en Irán. Entre esos personajes figura nada menos que Parviz Sabeti, conocido como torturador comprobado y como número 2 de la tristemente célebre SAVAK.

En 2023, el «emperador» Reza Pahlevi participó, como invitado de la entonces ministro de Inteligencia de Israel, Gila Gamliel, en la conmemoración anual del Holocausto. En esa ocasión, Reza Pahlevi se reunió con el presidente israelí Isaac Herzog y con el primer ministro Benyamin Netanyahu, y les confirmó su voluntad de restaurar las relaciones entre Irán e Israel —sin mencionar que su padre llegó a firmar con Siria, a pedido de la administración Eisenhower y de su secretario de Estado John Foster Dulles, un acuerdo para contener el expansionismo israelí.

Los seguidores del «emperador» Reza Pahlevi crearon entonces en Los Angeles, donde ahora reside este personaje, la National Union for Democracy in Iran (NUFDI) para aglutinar en ella a toda la oposición iraní e iniciar la publicación del diario Iran Watch.

En 2025, luego de haber sido invitado dos veces a la Conferencia de Seguridad de Munich —invitaciones que el gobierno de Alemania anuló las dos veces—, Reza Pahlevi organizó una «Cumbre de la Convergencia», con la participación de una serie de grupúsculos («Nuevo Irán», «La revelación de Irán», «Partido Constitucional/Demócratas Liberales», «Sociedad Republicana de Apoyo al Príncipe Reza Pahlevi», «Partido Pan-iraní», «Irán-iraní Paternalista», «Institución Popular», «Organización Constitucional» e «Instituto Omid»). En aquel encuentro, Reza Pahlevi fue proclamado «jefe de la revolución nacional y del periodo de transición hasta la formación del primer parlamento nacional y el inicio del gobierno democrático mediante elecciones libres».

En febrero de 2025, el American Jewish Committee y una veintena de organizaciones proestadounidenses y proisraelíes invitaron a Reza Pahlevi a la 17ª «Cumbre por los Derechos Humanos y la Democracia», donde el emperador se codeó con los principales «ahijados» de la CIA estadounidense y del Mossad israelí, como los rusos Evgenia Kara-Murza y Garry Gasparov, los venezolanos María Corina Machado y Edmundo González, las chinas Rahima Mahmut (uigur) y Namkyi (tibetana).

En junio de 2025, cuando Israel bombardeó Irán durante 12 días, el »emperador» Reza Pahlevi no manifestó ninguna empatía hacia «su» pueblo. Al contrarió, expresó su regocijo y declaró a la BBC que se trataba de una «oportunidad sin precedente de derrocar el régimen»[2].

LA AGRESIÓN YIHADISTA
Los enemigos raramente vienen solos. A los golpes económicos organizados por Estados Unidos y a los monárquicos proisraelíes se unió el Emirato Islámico (Daesh, conocido en Occidente como Estado Islámico, EI o ISIS.), la organización terrorista creada por los anglosajones en el contexto de la doctrina Rumsfeld-Cebrowski, tendiente esta última a «rediseñar el Medio Oriente» dividiendo la población de esa región en grupos étnicos o confesionales. Después de haber creado Al-Qaeda, que predicaba la unidad del islam, los anglosajones crearon, a raíz de la invasión de Iraq, el Emirato Islámico o Estado Islámico (Daesh), que predica la liquidación de los musulmanes no sunitas, entre los que figuran los chiitas iraníes.

Al principio, Daesh arremetió, prioritariamente, contra las minorías confesionales, como los yazidís, y contra las minorías étnicas, como los kurdos. El apoyo que Daesh recibía de Estados Unidos cesó, al menos al nivel de la Casa Blanca, con el discurso que Donald Trump pronunció en Riad, durante su primer mandato presidencial, el 21 de mayo de 2017[3].

De hecho, Estados Unidos e Irán se vieron entonces en el mismo bando, en la lucha contra el yihadismo terrorista y Daesh comenzó entonces a atacar tanto a Estados Unidos como a Irán. El 7 de junio de 2017 fue el doble ataque terrorista contra el parlamento iraní y contra el mausoleo consagrado al imán Jomeini (17 muertos y 52 heridos). El 22 de septiembre de 2018, atentado en Ahvaz, durante un desfile de los Guardianes de la Revolución (29 muertos). El 26 de octubre de 2022, atentado contra el mausoleo de Chah-Tcheragh (15 muertos y 40 heridos). El 3 de enero de 2024, atentado en Kerman, durante la conmemoración del asesinato del general Qassem Soleimani (94 muertos y 284 heridos). Esta vez, en 2026, aprovechando la confusión de las manifestaciones, Daesh incendió edificios en pleno centro de Teherán, creando así un ambiente apocalíptico.

PARTICIPACIÓN DE FUERZAS ESPECIALES EXTRANJERAS
En medio de la confusión, tiradores apostados en los techos, comienzan a abatir personas indiscriminadamente, tanto entre los manifestantes como entre los miembros de las fuerzas de seguridad. Otra vez aparece la práctica denominada «pelea de perros», utilizada en los años 1990 y aplicada repetidamente, y con éxito, en diferentes países, desde Libia hasta Ucrania. Aunque no lo sabemos a ciencia cierta, en el caso de Irán, los tiradores fueron probablemente israelíes de origen iraní —en Israel son una comunidad de al menos 250.000 personas. El objetivo de ese tipo de acción es agravar la violencia. Cada bando cree que el otro lo está agrediendo y es evidente que, creyéndose atacadas con fuerza letal, las fuerzas del orden responden con más violencia.

En pocos días, los medios de prensa pasaron de 1.200 muertos a más de 40.000.

LO QUE TRUMP QUIERE Y LO QUE PUDIERA HACER
Ante las informaciones sobre la ola de violencia, el presidente estadounidense Donald Trump intima el gobierno de Irán a dejar de matar a su propio pueblo. Los medios de prensa occidentales se hacen eco, de ese mensaje, que puede parecer lleno de buena voluntad a quienes ignoran la responsabilidad de Estados Unidos y sus aliados en los hechos. A partir de ese momento, la opinión publica de Occidente se acoge nuevamente a la imagen de Estados Unidos como «gendarme del mundo», en lo que constituye una excelente operación de «relaciones públicas» para la Casa Blanca.

Pero el presidente Trump sabe que no puede cambiar el curso de las acontecimientos. Los problemas de Irán son de orden sociológico (culto ciego de la clase clerical por parte de la población) y, en el plano político, el hecho que el concepto de «república de los sabios» ha dado lugar a la multiplicación de centros de poder, que se traduce en definitiva en una parálisis del Poder en general. El hecho es que una intervención militar no resolvería ninguno de esos problemas, y menos aún un bombardeo aéreo.

Trump aprovecha entonces la situación para poner sobre la mesa lo que realmente le interesa: la cuestión nuclear y la cuestión de los misiles. Él sabe —su directora de la Inteligencia Nacional se lo ha confirmado— que desde 1988 Irán no tiene un programa nuclear sólo existe una facción de la clase política deseosa de que Teherán se dote del arma nuclear, como hizo Corea del Norte. Trump sabe también que Irán tiene derecho —aunque Israel lo niegue— a fabricar misiles balísticos para garantizar su propia defensa y que Irán ya dispone de misiles hipersónicos. Durante la guerra de los 12 días, Teherán utilizó contra Israel 7 misiles hipersónicos. Todos alcanzaron los blancos designados, sin que nadie pudiera pararlos.

Son esos los dos temas que Trump quiere discutir con Irán, dos cosas que no tienen relación alguna con lo sucedido en las protestas.

EL ESPEJISMO WOKE: UNA CRÍTICA DESDE EL INTERNACIONALISMO OBRERO Y CON EL SUR GLOBAL.

En los últimos años, un poderoso discurso, originado en los campus universitarios angloamericanos y amplificado por los grandes medios corporativos, ha logrado presentarse como la vanguardia del pensamiento progresista. Hablamos del fenómeno conocido como «woke», un conjunto de teorías y prácticas centradas en la identidad, el lenguaje y la deconstrucción de privilegios, que ha permeado profundamente las izquierdas occidentales, especialmente en el ámbito académico y cultural. Desde una posición supuestamente crítica, este modelo promete una lucha contra la opresión a través de un marco liberal-democrático renovado, pero en su esencia, contiene una profunda contradicción: se postula como antiimperialista mientras reproduce un colonialismo cultural, abandona el análisis de clase y se erige en un gendarme ideológico dentro de la propia izquierda. Este artículo pretende, sin descalificaciones fáciles pero con claridad, desentrañar esta contradicción, confrontar este paradigma con la tradición del internacionalismo proletario y la visión del Sur Global, y reivindicar el papel insustituible de la lucha de clases y un antiimperialismo materialista.

El Antiimperialismo Liberal: Una Paradoja Colonial
El núcleo del «woke» académico y mediático es un antiimperialismo de formulario. Su crítica al colonialismo no se fundamenta en un análisis económico, histórico-materialista de la extracción de plusvalía, el saqueo de recursos o la geopolítica de la deuda, sino en una moralización de la historia y en la imposición de un patrón cultural universal. El pacifismo que se predica desde esos movimientos e ilustres académicos que los teorizan, en realidad lo que hace es tratar de imponer que el sur global o los movimientos de liberación, no ejerzan la fuerza para conquistar su soberanía o defenderla, lo cual facilita o lleva a la conclusión de que solo los EEUU están capacitados para utilizarla y tienen derecho a hacerlo, puesto que ya sea con presidentes republicanos o demócratas ejerce la violencia. Se quiera o no esa es la conclusión histórica. La acusación de «colonial» se convierte, con frecuencia, en un instrumento para «cancelar», es decir, para censurar o despreciar posiciones, personas o movimientos que no se ajustan a su modelo, predominantemente anglocéntrico y encerrado en los esquemas de la democracia liberal y la percepción cultural judeocristiana.

Este mecanismo lleva necesariamente a plantear un debate crucial: ¿qué significa realmente ser colonialista? Para el pensamiento marxista y las luchas de liberación del Sur Global, el colonialismo es, ante todo, un sistema material de dominación y explotación económica, mantenido por la fuerza militar y las instituciones financieras internacionales. Para el discurso «woke», a menudo se reduce a una falta de reconocimiento cultural, a una insuficiente diversidad en los elencos cinematográficos o a un lenguaje no depurado. Mientras la primera definición apunta a cambiar las estructuras de poder material, la segunda puede ser acomodada –y de hecho lo es– por el capitalismo corporativo, que abraza la “diversidad” en sus juntas directivas mientras externaliza la producción a talleres de explotación en Bangladesh.

Esta concepción pequeño-burguesa, centrada en la representación y el discurso, se aplica con especial virulencia a los movimientos, partidos y revoluciones del Sur Global. Aquellos que no cumplen con los «parámetros occidentalistas» —una determinada concepción de los derechos individuales, una estructura política liberal pluripartidista, un laicismo de corte francés— son inmediatamente sospechosos, cuando no abiertamente denostados. Se los acusa de «autoritarios», «populistas» o «atrasados», cayendo en la misma ideología colonialista de siempre, ahora con un rostro progresista. Se desprecia así la complejidad histórica de luchas que enfrentaron el colonialismo brutal y que construyeron sus propios caminos hacia la soberanía, priorizando a menudo la independencia nacional, la unidad contra la agresión externa y la satisfacción de necesidades básicas colectivas sobre los dictados del liberalismo político occidental.

El Abandono de la Clase: La Gran Fractura
El pecado original del pensamiento «woke», en su versión hegemónica, es su abandono constitutivo de la clase obrera como sujeto histórico. Es, en esencia, un fenómeno pequeño-burgués, emanado de la academia y las industrias culturales, que ha logrado cooptar a importantes sectores de las izquierdas universitarias y vaciar de contenido las propuestas de acción política de los movimientos sociales y sindicales, sustituyendo la acción organizada por el fetichismo del lenguaje. Lo peor no es el cambio de prioridades, sino la división y el desprecio. Este discurso ha penetrado incluso en partidos y sindicatos de tradición obrera, llevando a militantes provenientes de las clases trabajadoras a despreciar a su propio origen, tachando a la clase obrera «tradicional» de «conservadora», «patriarcal» o «reaccionaria».

Esta fractura es profundamente contraproducente. Divide a los oprimidos en una miríada de identidades en competencia, donde la opresión de clase, la única que atañe directamente a la condición material de vida de la inmensa mayoría y que es transversal a todas las demás, queda diluida o subordinada. Se combate el «privilegio blanco» de un obrero desempleado en Gijón, pero se ignora el poder de clase de un magnate financiero de cualquier etnia. Se establece una jerarquía de opresiones donde la lucha económica, la que puede unir a un trabajador migrante, a una mujer obrera y a un joven precario contra un enemigo común (el capital), queda fragmentada y debilitada.

Mientras esta invasión ideológica, anglosajona y universitaria, se expande, la democracia liberal que sirve de marco incuestionable para este discurso muestra su verdadero rostro. No garantiza la igualdad material —de hecho, la desigualdad se ha disparado en sus epicentros—, no combate el colonialismo —lo maquilla—, apoya incondicionalmente al sionismo como gendarme regional y se hunde en un autoritarismo interno creciente, donde la disidencia política real es vigilada y criminalizada. El «woke» corporativo no es una amenaza para este sistema; es su válvula de escape, su mecanismo de renovación cultural que deja intacto el núcleo duro de la explotación económica.

La Cancelación como Arma: La Derecha Impune, la Izquierda en el Punto de Mira
El problema no es que pequeños grupos o partidos asuman estas ideas. El problema es su difusión masiva por los grandes medios corporativos —los mismos que defienden el statu quo económico— y la instrumentalización de la «cancelación». Esta práctica no se emplea fundamentalmente para combatir a la extrema derecha y el fascismo, con los cuales, paradójicamente, comparte un terreno común de guerra cultural identitaria (aunque desde polos opuestos). En cambio, se utiliza con frecuencia para acallar, desacreditar y aislar a la izquierda socialista de clase y de tradición marxista.

¿Por qué? Porque esta izquierda, la que aboga por un antiimperialismo basado en el internacionalismo proletario efectivo (solidaridad material, no tuits), la que pone en el centro la lucha de clases y la propiedad de los medios de producción, es la única que representa una amenaza estructural real para el capital. La crítica «woke» es absorbible; la organización obrera y popular que cuestiona los fundamentos de la ganancia privada, no. Así, asistimos al espectáculo surrealista de que, en nombre del antiimperialismo, se ataca a quienes denuncian los bloqueos criminales contra Cuba, Venezuela o Irán por no ajustarse a los cánones liberales de derechos humanos, mientras se blanquea la intervención imperialista en Siria o Ucrania bajo la retórica de la «defensa de la democracia».

Por un Internacionalismo Proletario, Solidario y Efectivo: Una Propuesta en Positivo
Frente a este espejismo, es urgente recuperar y reformular un proyecto de izquierda con arraigo y potencia transformadora. Esto requiere:
  1. Reafirmar la Centralidad de la Clase: Sin caer en economicismos burdos, debemos entender que la clase obrera, en su definición amplia (todos aquellos que viven de la venta de su fuerza de trabajo y no poseen los medios de producción), sigue siendo el sujeto colectivo con la potencia y el interés objetivo de transformar el sistema. Su organización sindical y política es irremplazable.
  2. Construir un Antiimperialismo Materialista: El antiimperialismo verdadero se mide por la solidaridad concreta con los pueblos y gobiernos que resisten la agresión militar, económica y diplomática de las potencias. Significa oponerse a las sanciones unilaterales, a los golpes de Estado blandos y/o duros, y a la deuda externa como instrumento de saqueo. Es un internacionalismo de hechos, no de posturas performativas.
  3. Dialogar desde el Sur Global, sin Complejos: La izquierda occidental debe aprender a escuchar a las fuerzas revolucionarias y progresistas de Asia, África y América Latina, sin imponerles sus categorías. Su experiencia de lucha contra el colonialismo y por modelos de desarrollo soberano es un tesoro teórico y práctico. El debate debe ser horizontal, no un monólogo civilizatorio.
  4. Integrar las Luchas, no Fragmentarlas: La opresión de género, racial o sexual es real y debe ser combatida con vigor. Pero su superación definitiva está ligada a la superación del capitalismo, que las utiliza y fomenta para dividir y reinar. La lucha de clases debe integrar estas banderas, articulando un frente único de los oprimidos y explotados, donde la alianza se base en el interés común contra el capital, no en la competencia por la victimización.
  5. Recuperar las Instituciones de la Clase: Es vital reconquistar los sindicatos, los partidos o crearlos y los movimientos sociales para un proyecto de transformación social, arrebatándoselos a la tecnocracia liberal y a la nueva retórica pequeñoburguesa. Esto implica un trabajo paciente de base, de educación política y de propuesta concreta ante los problemas materiales de la gente.
  6. El reino de España es una colonia, actuar en consecuencia: Aceptar, entender y saber que somos un estado colonizado, lo cual nos aproxima al sur global y nos ayuda a entenderlo si somos conscientes de ello. Nuestra sumisión al capital alemán, nuestra dependencia económica de la Unión Europea como súbditos que no como gerentes —nos cuenten lo que nos cuenten— y la ocupación militar de los EEUU nos da este estatus, además de nuestra dependencia de fondos buitre extranjeros que vienen a expropiar nuestra riqueza. Este hecho nos aproxima a los movimientos de liberación del sur, pues nosotros mismos necesitamos tener el nuestro.
  7. Si este debate no se da con valentía y claridad, la izquierda occidental, por supuesto, o lo que de esta queda por aquí, está condenada. O bien desaparecerá, reducida a un apéndice progresista del neoliberalismo, dedicada a purificar el lenguaje mientras el mundo arde; o bien será anulada y cancelada por el mismo liberalismo que hoy financia y promociona a su ala «woke» para dividirla. La disyuntiva es clara: o izquierda de clase e internacionalista, o irrelevancia decorativa al servicio del poder. El momento de elegir es ahora.

Frío, lluvia, nieve: ¿cambio climático?

 

Los propagandistas climáticos andan nerviosos. En efecto, las condiciones meteorológicas preferidas para la propaganda climática son el calor y la sequía, y desde finales de diciembre hemos tenido frío y mucha lluvia. De hecho, en la España peninsular, enero ha sido el más lluvioso de los últimos 25 años, y muchos pantanos han acabado el mes al 100% de capacidad.

De este hecho debemos extraer tres lecciones. La primera es la falta de fiabilidad de las predicciones meteorológicas más allá de un horizonte temporal de unos pocos días. Un secreto bien guardado es que la ciencia aún está en pañales en su comprensión del clima, un sistema no lineal, complejo y caótico. Por tanto, los meteorólogos no tienen forma de saber con un mínimo de certeza qué pasará esta próxima primavera, ni el año que viene, ni mucho menos el 2100. Se mueven en un entorno de enorme incertidumbre y se apoyan para sus previsiones estacionales en factores sólo parcialmente explicativos, como el ENSO.

Otra vez la AEMET
De ahí las aproximaciones probabilísticas obtenidas por la AEMET tras laboriosos cálculos —es decir, a ojo de buen cubero— al pronosticar que había un 60% de probabilidades de tener un invierno más cálido de lo normal. Por ello, ha recibido muchas críticas, amortiguadas por la feroz defensa que de la Agencia realizan sistemáticamente los fact-checkers y la prensa de izquierdas (casi toda), pues la AEMET es la principal «autoridad» para promover la agenda climática y, por tanto, hay que protegerla.

En realidad, el gigantesco error de la AEMET estriba en no haber sido capaz de prever el enorme volumen de precipitaciones registradas en enero. De hecho, las críticas a su previsión de temperaturas distraen la atención sobre este punto y, además, son ingenuas, dado que la AEMET tiene el monopolio en el cálculo de temperaturas en España. También son prematuras. En efecto, la temperatura media del invierno meteorológico en la España peninsular es de 6,6ºC, luego para tener un invierno «más cálido de lo normal» bastaría con obtener unas pocas décimas superiores a esa temperatura. Si damos por bueno que las temperaturas de enero han sido sorprendentemente normales (como parece haber afirmado la AEMET), para que falle su pronóstico sería necesario que febrero acabara siendo «más frío de lo normal» (por debajo del percentil 40), algo estadísticamente más improbable que el escenario opuesto. De ahí que la Agencia confíe su remontada reputacional a las temperaturas de febrero (que ellos mismos calcularán)[1].
[1] Para una explicación más detallada de cómo se calculan: Escuela de calor 2024 – Fernando del Pino Calvo-Sotelo.

La segunda lección que debemos recordar es que la gran amenaza climática que debería preocuparnos es el frío extremo propio de las Eras Glaciales y no las temperaturas más templadas causadas por el ligero calentamiento que afortunadamente estamos viviendo desde que terminó la Pequeña Edad de Hielo, a mediados del siglo XIX. Calor es sinónimo de vida, y frío, sinónimo de muerte. Por eso los pájaros migran hacia zonas más cálidas en invierno y los ciudadanos del centro y norte de Europa vienen de vacaciones a España, y no al revés.

La última lección que podemos extraer es que debemos estar en guardia frente al inmisericorde bombardeo de la propaganda climática, de estilo soviético. En efecto, si este comienzo de invierno hubiera sido cálido y seco en vez de helador y lluvioso, la propaganda climática lo habría achacado inmediatamente al cambio climático. Pues bien, tan ridículo y acientífico es extrapolar un mes frío, lluvioso y nevoso ligándolo a un supuesto enfriamiento global como lo es ligar cada ola de calor, cada sequía o cada estación especialmente cálida al calentamiento global. Por favor, recuérdenlo la próxima vez que los activistas climáticos ―empezando por la AEMET― conviertan meros fenómenos meteorológicos locales, pasajeros e irrelevantes, en pruebas irrefutables del cambio climático planetario.

AEMET = activista climático

Profetas de calamidades
Para los profetas de calamidades climáticas las malas noticias se acumulan, pues Bill Gates afirma ahora que «aunque el cambio climático tendrá graves consecuencias, (…) las personas podrán vivir y prosperar en la mayoría de los lugares de la Tierra en un futuro previsible»[2]. Tras escribir hace pocos años un libro alarmantemente titulado Cómo evitar un desastre climático, su cambio de tono (o giro oportunista) ha coincidido con el desgaste de las proyecciones apocalípticas ―desacreditadas una y otra vez por los datos observados― y, sobre todo, con el cambio político acontecido en EEUU, país que ha decidido abandonar, y, por tanto, dejar de financiar, todo tipo de organizaciones ecologistas, incluyendo el IPCC de la ONU[3].

Debemos ser conscientes de que la eficaz propaganda globalista achaca al cambio climático todo tipo de fenómenos, aunque sean de naturaleza opuesta. Por eso precisamente el «calentamiento global» pasó a denominarse «cambio climático», concepto menos restrictivo que admite todo. Éste es el motivo por el que quienes viven del cuento climático intenten explicar que el calentamiento global es culpable del calor, pero también del frío; de la lluvia torrencial, pero también de la sequía; de la calma total, pero también de los vientos tempestuosos. No obstante, aunque la física atmosférica sea en ocasiones contraintuitiva, confío en que el sentido común les indique que suele ser difícil que un mismo factor cause resultados completamente opuestos. Si no es así, tengan cuidado la próxima vez que pongan hielo en su bebida, no vaya a ser que se caliente, o que tomen un antipirético, no vaya a ser que, en vez de bajarles la fiebre, se la dispare.

Al contrario de lo que afirma la propaganda, hasta ahora el calentamiento global no ha provocado ningún aumento en la inestabilidad climática o en la frecuencia o intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, como reconoce el propio IPCC[4]. Pero imaginemos por un momento que lo hiciera, como afirman sus propagandistas: ¿deberíamos concluir entonces que el enfriamiento global traería una gran estabilidad climática? No parece ser el caso. De hecho, la Pequeña Edad de Hielo (s.XIII-s.XIX) fue un período de «gran inestabilidad climática» que produjo severas carestías en la cosecha de cereales y, por lo tanto, hambrunas[5]. Por el contrario, el aumento de CO2 y unas temperaturas más templadas favorecen el crecimiento de las plantas. Así, el rendimiento de los cultivos de cereales (medido en toneladas por hectárea cultivada) no ha hecho más que crecer en las últimas décadas y es hoy el doble de lo que era hace 60 años, lo que supone una magnífica noticia para alimentar a una creciente población mundial[6]. Bendito CO2.
[4] IPCC AR5, WG 1, Chapter 2.6, p.214-220 y IPCC AR6, WG 1, Chapter 12, p. 1770-1856.

Caída global de temperaturas
El frío, la lluvia y la nieve no ha sido un fenómeno limitado a España, sino que se ha tratado de un fenómeno global en el hemisferio norte. De forma anecdótica, cabe mencionar que en la noche de Reyes cayeron 30 cm de nieve en las playas de la costa atlántica francesa[7], que en EEUU el temporal de frío y nieve de finales de enero compitió con el récord del invierno anterior[8], y que, en la península de Kamchatka, en el extremo oriental ruso, se produjo una nevada sin precedentes[9].

Pero por encima de lo anecdótico que supone vivir un mes frío, lluvioso y nevoso, el hecho es que las temperaturas del planeta están cayendo desde hace dos años, lo que significa que el inusual pico observado en 2023-2025 ―de naturaleza claramente exógena y coyuntural, por extremo y repentino― está remitiendo en un típico ejemplo de reversión o regresión a la media. No olviden que en 2023 el 42% de la superficie del planeta experimentó temperaturas estándar por encima de la media. En este sentido, resulta elocuente el contraste entre el sinnúmero de noticias publicitando el brusco calentamiento de aquellos años y el sepulcral silencio que ha acompañado el enfriamiento subsiguiente, igualmente brusco, pero que no encaja en el relato oficial.

Como escribí en su día, ningún científico serio achacó al supuesto cambio climático antrópico el súbito aumento de las temperaturas del 2023-2025 (al contrario de lo que hizo la AEMET). Algunos lo ligaron a un fenómeno El Niño fuerte; otros a una bajísima cobertura global de nubes completamente inexplicada, pues la ciencia aún patina con la convección húmeda y desconoce, por tanto, los factores que controlan la nubosidad del planeta (¿cómo no van a fallar los modelos climáticos?) Finalmente, otros científicos señalaron a la masiva erupción del volcán submarino Hunga-Tonga, que constituyó uno de los fenómenos geológicos de mayor magnitud del último siglo al liberar a la atmósfera, de golpe, 150 Mt de vapor de agua, el más importante gas de efecto invernadero[10].

Por lo tanto, es posible que el reciente y brusco enfriamiento terrestre haya estado asociado a La Niña, fenómeno que, como tantos otros, resulta imposible de predecir en duración e intensidad salvo con cómodos rangos probabilísticos que no suelen separarse mucho de la equiprobabilidad (para proteger la reputación al pronosticador). Pero también es posible que el principal factor explicativo del reciente enfriamiento haya sido la paulatina desaparición del temporal efecto invernadero causado por la erupción del Hunga-Tonga[11]. Quién sabe.

Como pueden ver en el siguiente gráfico, desde 1979 ―un año particularmente frío, pero el primero en el que hubo satélites en el espacio para medir la temperatura― se estima que la temperatura media del planeta ha aumentado a un imperceptible ritmo de 0,15ºC por década (sí, 15 centésimas de grado por década)[12]. Convendrán conmigo en que hay que afinar mucho para detectar este aumento centesimal de la temperatura de todo un planeta:


Asimismo, podrán observar que la temperatura del planeta apenas aumentó en el período 1980-1995 y se mantuvo muy constante de 1998 al 2015, aproximadamente, a pesar del aumento constante de la concentración atmosférica de CO2. Este último episodio se denominó «la pausa», aunque posteriormente la propaganda climática negaría que dicho término hubiera existido. ¡Qué memoria más corta! La revista Nature había publicado en 2013 un artículo titulado La reciente pausa del calentamiento global[13] y el propio IPCC citaba «la pausa» 53 veces en su Quinto Informe (2013) y dedicaba un capítulo especial titulado Modelos climáticos y la pausa en el calentamiento global en los últimos 15 años[14].
[14] IPCC, AR5, WG 1, p. 61.

Gráficos largos          
El gráfico anterior de datos por satélite es un gráfico muy corto, pues la evolución de clima suele medirse en siglos o milenios. Por eso me gusta introducir el gráfico largo que incluyó el IPCC en su Primer Informe, que muestra la reconstrucción de temperaturas del planeta de los últimos 10.000 y 1.000 años. En él podrán observar que las temperaturas de finales del s.XX eran inferiores o similares a las de épocas en las que Pedro Picapiedra conducía su troncomóvil, es decir, en las que no existía industrialización alguna ni CO2 de origen antrópico[15]:
[15] IPCC, AR1, The IPCC Scientific Assessment, fig. 7.1, p. 202.


Buenas noticias
Por otro lado, algunos de mis amigos canadienses preocupados por la propaganda climática se habrán visto tranquilizados con la reciente publicación de la serie de temperaturas veraniegas de su país desde el año 1900, la cual muestra una suave ciclicidad sin tendencia clara que equipara las temperaturas de principios del s.XXI con las vividas hace 100 años, cuando supuestamente el nivel de CO2 era «normal» (según la nomenclatura de la propaganda climática)[16]:

También les relajará saber que el llanto ceñudo de la pobre Greta al denunciar en la ONU una supuesta extinción masiva de especies como consecuencia del cambio climático era fruto de la histeria más que de la ciencia. En efecto, un estudio reciente publicado por la Royal Society concluye que el ritmo de extinción de especies ―irrelevante en cualquier caso desde el punto de vista relativo― ha disminuido en los últimos 100 años[17]. Sí, han leído bien: hay menos extinciones de especies, lo que significa que a la biosfera (sistema que engloba a todos los seres vivos del planeta) le sienta de maravilla una temperatura un poco más templada y un poco más de CO2, fuente de vida y alimento por antonomasia de las plantas.

Respecto a la subida del nivel de los océanos también tenemos datos tranquilizadores. Un estudio publicado en el Journal of Marine Science and Engineering ha comparado los aumentos pronosticados para 2020 por el IPCC para multitud de localidades costeras de todo el planeta con las mediciones reales obtenidas en dichas localidades. Su conclusión es rotunda: «Aproximadamente el 95% de las ubicaciones no muestra una aceleración estadísticamente significativa de la tasa de aumento del nivel del mar. Nuestra investigación sugiere que en el 5% restante de las ubicaciones los fenómenos locales no climáticos son la causa plausible del aumento acelerado del nivel del mar». Y termina: «En promedio, la tasa de aumento proyectada por el IPCC tiene un sesgo al alza de aproximadamente 2 mm por año en comparación con la tasa observada»[18]. Dado que el último informe del IPCC proyecta un aumento de 4mm/año hasta el 2100 en su escenario más plausible, esto significa que sus fallidos modelos multiplican por dos la subida real del nivel de los océanos. No tengan prisa por vender el apartamento de la playa.

¿Consenso o censura?
La propaganda climática asegura que existe un consenso casi absoluto entre la comunidad científica respecto al origen antrópico del calentamiento global y a las consecuencias apocalípticas que se le atribuye. Esto es rotundamente falso: lo que sí ha habido es un tratamiento mediático asimétrico de ambas posturas del debate y una agresiva censura de tinte comunista u orwelliano materializada en el silenciamiento activo de la multitud de científicos escépticos y escandalizados con el secuestro político de la ciencia.

Éste es el caso de un editor del American Journal of Economics and Sociology, que permitió la publicación de un artículo que pronto se convertiría en el segundo más leído de la publicación en sus 83 años de historia. El artículo criticaba el alarmismo del IPCC, nunca corroborado por la evidencia empírica, es decir, osaba blasfemar contra el dogma imperante con una laudable claridad. Pues bien, el editor fue despedido[19]. Lean por favor con atención las conclusiones de este artículo:

«El IPCC afirma que los fenómenos meteorológicos extremos son ahora peores que en el pasado, pero las observaciones no respaldan esta afirmación. Algunos fenómenos meteorológicos extremos, como la superficie terrestre afectada por sequías extremas, están disminuyendo, en lugar de aumentar (Lomborg, 2020). A nivel mundial, la incidencia de huracanes no muestra una tendencia significativa (IPCC, 2013, p. 216; Lomborg, 2020). Las observaciones tampoco muestran ningún aumento de los daños ni ningún peligro para la humanidad en la actualidad debido al clima extremo o al calentamiento global (Crok y May, 2023, pp. 140-161; Scafetta, 2024). Por lo tanto, dado que el clima actual es posiblemente mejor que el clima preindustrial y que no hemos observado ningún aumento de la mortalidad por fenómenos meteorológicos extremos, concluimos que podemos planificar la adaptación a cualquier cambio futuro. Hasta que se identifique un peligro, no hay necesidad de eliminar el uso de combustibles fósiles»[20].

Amén.