LA IDIOTOCRACIA DE TRUMP.

 

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Trump pronunció el discurso a la nación que había anunciado previamente. Fue breve. Tenía un aspecto lamentable y se veía abatido: sus mejillas colgaban y tenía los párpados hinchados. Se notaba un claro deterioro. Sin embargo, amenazó a Irán con continuar la guerra. Los plazos se han aplazado nuevamente, ahora se habla de varios años. Una operación terrestre es cada vez más probable, pero Trump aún no la ha anunciado abiertamente. Por ahora, con exactamente las mismas palabras que Hillary Clinton sobre Libia, prometió «bombardear a Irán hasta devolverlo a la Edad de Piedra, a la que pertenece». A qué época pertenece la civilización de Epstein es difícil de decir, sobre todo porque en Occidente las épocas de grandeza y los periodos de plena decadencia se entremezclan. Ahora mismo se parece más que nada a una idiotocracia.

Los comentarios en las redes sociales sobre el discurso de Trump son solo burlones, sarcásticos y negativos, salvo los intentos desesperados de los bots por suavizar de alguna manera el épico fracaso y que repiten elogios estrictamente idénticos y redactados de forma torpe.

La gran mayoría de los antiguos partidarios de Trump afirma abiertamente que «el abuelo se ha vuelto loco» (he’s gone). Cada vez aparecen más y más vídeos cortos con Trump y Yeltsin juntos: la vergüenza de Rusia y la vergüenza de Estados Unidos, ambos parecen estar bailando y gesticulando. Eso sí, hay que reconocer que Trump no bebe alcohol. Solo Coca-Cola Light. Sus vicios son de otra índole. Muchos en EE.UU. creen firmemente que esos vicios fueron impulsados por Epstein y los servicios secretos israelíes, convirtiéndolo en víctima de chantaje y por eso inició la guerra con Irán, que se ve obligado a librar contra todo pronóstico —sobre todo, contra la total falta de ganas de los mismos estadounidenses de ir a la guerra.

Al mismo tiempo, Trump dijo que ocuparse de la sanidad, el salario mínimo y la seguridad alimentaria no es asunto suyo, sino que su asunto es la guerra. Así es él, el «presidente del mundo entero».

Lo eligieron por promesas diametralmente opuestas.

Resumiendo, el discurso de Trump es un completo fiasco político y psicológico en el contexto de una gran guerra que se avecina. Cada vez es más probable una 3GM.

Al mismo tiempo, EE.UU. (representado únicamente por Trump y el grupo de maníacos sionistas que le rodea) quiere luchar por Israel contra Irán y los líderes europeos contra Rusia. La OTAN está dividida, pero parece que prácticamente todas las partes del Occidente colectivo, que se ha resquebrajado (por no decir que se ha hecho añicos), se han olvidado de la paz.

Lo queramos o no, nosotros también participamos en esta Guerra Mundial. En nuestro frente ucraniano.

En una gran guerra nunca se debe subestimar al enemigo, por muy lamentable que pueda parecer en ocasiones. Y hay que reforzar nuestras fuerzas rápidamente y por todos los medios. Por muy decaído que parezca Trump, Estados Unidos sigue siendo una poderosa potencia militar. Y los países europeos de la OTAN siguen siendo un adversario bastante fuerte. Por eso, a pesar de todo nuestro amor por la paz, Rusia no tiene otra salida que luchar de verdad y no a medias. Nuestros enemigos (unos u otros) tienen la intención de luchar durante mucho tiempo y con ferocidad. Incluidos nosotros. No se puede ignorar esto, y cualquier conversación o sueño de paz debe posponerse a un futuro indefinido.

¿Paz o guerra, paz o guerra, paz o guerra? ¡Guerra! ¿Libertad o muerte, libertad o muerte, libertad o muerte? ¡Guerra! (E. Letov).

Guerra de Israel/EU vs Irán: la mediación de Pakistán y su «círculo virtuoso» con China.

Lo que los países musulmanes no lograron, Israel lo consiguió: una alianza militar entre Turquía, Egipto, Arabia Saudita y Pakistán, formada en Islamabad el 29 de marzo. Todos estos estados están dispuestos a luchar juntos contra la amenaza nuclear israelí.

Reunión de los ministros de Asuntos Exteriores de Turquía, Egipto, Arabia Saudita y Pakistán en Islamabad, 29 de marzo de 2026.

El analista indio Kamlesh Singh sentencia que «Irán no tiene mucho que perder mientras que Estados Unidos arriesga mucho: economía, petrodólar, hegemonía y credibilidad. (…). Irán habrá ganado sólo sobreviviendo unas pocas semanas más[1]».

La agresión de Israel/EU a Irán lleva ya 32 días sin visos de tangible solución, salvo algunos «fractales de la paz» tanto de Estados Unidos como de Irán; con la excepción de Netanyahu, quien desea proseguir su guerra talmúdica del «Gran Israel», que nunca ha existido.

Dos portales, el israelí Haaretz (acérrimo enemigo de Netanyahu) y otro estadunidense, EIR, aluden a la notable mediación de Pakistán[2].

Zvi Bar’el, analista estratégico de Haaretz, aduce que «los esfuerzos para finalizar la guerra en Irán forjan una nueva alianza regional» cuando la reciente conferencia cuatripartita de cancilleres de Turquía/Egipto/Arabia Saudita/Pakistán en Islamabad, con el fin de «desescalar» la guerra, construye una «nueva asociación militar estratégica para la defensa mutua». Concluye que «Israel soñó tal OTAN árabe» (nota: flagrante error porque de los cuatro países citados sólo Egipto y Arabia Saudita son «árabes», pero «la mayoría de estos países creen (sic) que Israel inició una guerra que ha llevado la destrucción a sus puertas[3]».

EIR comenta que, como señal de buena voluntad, «Irán permitió 20+ embarcaciones bajo la bandera paquistaní —es decir, dos al día— para atravesar el estrecho de Ormuz». Puntualiza que «aunque predominantemente sunita como Arabia Saudita, Pakistán ostenta una relevante minoría chiíta, que se calcula en 40 millones de habitantes, que viene en segundo lugar detrás de los aproximados 80 millones de chiítas en Irán[4]».

Pakistán, con 160 millones de habitantes, de mayoría sunita y una considerable minoría chiíta, es el único país con 170 (sic) bombas nucleares[5] —de los 57 países de la Organización para la Cooperación Islámica, que engloba mil 200 millones de feligreses—.

La bomba nuclear de Pakistán fue financiada por Arabia Saudita, según el general Feroz Hassan Khan: «Comiendo hierba: La creación de la bomba paquistaní[6]». De ahí se desprende el reciente Pacto de Defensa Mutua de 2025 entre Riad e Islamabad[7].

Se pudiera formular en forma simplista que la alianza cuatripartita es meramente sunita.

La relación militar entre Turquía y Pakistán es muy estrecha y desde el año pasado se venía cocinando una alianza de defensa trilateral entre Turquía, Arabia Saudita y Pakistán[8] frente a la mayor amenaza talmúdica de Israel dotada de bombas nucleares clandestinas.

La relación de la sunita Pakistán con la chiíta Irán se profundizó con la amenaza de Israel, apuntalada por Estados Unidos, contra Irán, durante la guerra de los 12 días, cuando Netanyahu dejó entrever que estaba dispuesto a usar la «Opción Sansón» frente a los letales misiles hipersónicos iraníes capaces de horadar el reactor nuclear de Dimona[9][10].

Pocos países en el mundo poseen el «círculo virtuoso» de compartir óptimas relaciones tanto con los chiítas de Irán como con las tres potencias sunitas regionales (Turquía, Arabia Saudita y Egipto) como Pakistán, el cual, además, mantiene excelentes relaciones con Estados Unidos —desde la etapa de Osama Bin Laden—, no se diga hoy con Trump y, sobre todo, con China, una «amistad a prueba de hierro» en todos los ámbitos (militar, tecnológico y comercial) que se engalana con el Corredor Económico China-Pakistán (CEPC). Por ello, no causó sorpresa a los conocedores la visita del viceprimer ministro paquistaní Ishaq Dar a su homólogo chino Wang Yi[10]con el fin de mantener la equidistancia diplomática entre Estados Unidos y China para conseguir el fin de la guerra contra Irán, que valió la recomendación de 5 puntos[11].

El presidente iraní Pezeshkian declaró estar dispuesto al finiquito de la guerra, siempre y cuando se garantice que Estados Unidos e Israel cesen de agredir permanentemente al país persa.

LA BATALLA DE LA LUZ

 

La cuna de la mente universal: la influencia oculta de Irán
Entrar en contacto con el espíritu iraní —la Res Iranica— supone vivir un encuentro profundo con los arquetipos primordiales del pasado indoeuropeo. La civilización iraní es mucho más que un fenómeno cultural local; está civilización es la guardiana «introvertida» del fuego metafísico que encendió por primera vez la conciencia occidental. La «esencia iraní» representa un núcleo inmutable de identidad que proporcionó al mundo antiguo sus rupturas ontológicas más transformadoras.

La importancia de esta influencia constituye un «choque metafísico». Al romper la antigua trampa circular del tiempo repetitivo y sustituirla por la flecha de la historia, Irán hizo que los conceptos de «progreso», «justicia» y «salvación» fueran posibles para Occidente. Sin esta chispa iraní específica, las percepciones helenísticas, judías y, finalmente, europeas de la existencia carecerían de su impulso teleológico.

Los arquetipos primordiales específicos que emigraron desde Irán incluyen:

· Historia lineal: El cambio del «eterno retorno» cíclico a una línea dirigida que avanza hacia una resolución definitiva.

· Historia sagrada: La comprensión de que la historia no es una serie de accidentes aleatorios, sino un campo intencionado de combate cósmico.

· El Mesías (Saoshyant): El arquetipo del líder definitivo que interviene para poner fin al conflicto entre la Luz y la Sombra.

· Tiempo metafísico: La comprensión de que el tiempo mismo es un vehículo para la victoria, una sustancia creada por y para la lucha de la Verdad.

Esta estructura interna y radical de la realidad no es meramente un registro histórico, sino una arquitectura de oposición absoluta.

La arquitectura del dualismo radical: Luz contra Oscuridad
La Res Iranica se define por un dualismo intransigente y equipolente. La realidad es una verticalidad que se extiende entre dos superpoderes: Ahura-Mazda, el Señor Supremo de la Sabiduría, y Angra-Mainyu, el Espíritu de la Destrucción y el Gran Engañador. No se trata de una elección ética dentro de un mundo neutral, sino de una división del mundo mismo. El universo está dividido entre Mēnōg (el reino espiritual/intelectual de las ideas) y Gētīg (el reino material de la vida), donde este último se ha convertido en un escenario de invasión.

En este marco, no existe terreno neutral; cada partícula del mundo material es o bien un conducto para el fuego divino o bien un bastión de la Mentira. De estas identidades estáticas pasamos al estado dinámico de su interacción: la Guerra.

La metafísica de la Guerra de la Luz
El espíritu iraní concibe la existencia como «Guerra de la Luz». En la Res Iranica, la Luz no es meramente una participante en la guerra; la Luz es la guerra. Es la «invasión de lo Otro en lo Esto», el sutil poder de la verdad conocido como raoxšna que golpea la densidad del mundo material. No se trata de una guerra por recursos o territorios, sino de una lucha ontológica por la esencia misma de la Verdad.

La «Paradoja del Ejército de la Luz» dicta que el Guerrero Solar a menudo se enfrenta a la derrota en el mundo Gētīg (material). Dado que las fuerzas de la Luz son la encarnación de la «Soberanía de la Verdad» (Asha), sus tácticas son limitadas; no pueden recurrir a las estrategias mezquinas de la mentira o la traición que emplea la Oscuridad. Utilizar las herramientas de la Sombra es dejar de ser la Luz. Por lo tanto, la derrota material es a menudo el precio de mantener la «simetría ontológica» con lo divino.

Las tres reglas del Guerrero Solar:

· La Soberanía de Asha: El guerrero nunca debe usar las tácticas del enemigo. Una victoria lograda mediante la mentira es una rendición metafísica ante Angra-Mainyu.

· El mantenimiento de la pureza: El combate es un rito ascético. El guerrero es un portador del fuego divino, lo que requiere «pureza de pensamiento, palabra y obra» para mantener la conexión luminosa.

· La metafísica del martirio: Basándose en el valor absoluto de la Idea, el guerrero reconoce que una caída material es una victoria en la Verdad. Perecer mientras se está alineado con la Luz es conquistar la ilusión de la muerte.

Esta guerra no es un caos infinito y sin rumbo, sino que se rige por una estructura de tiempo específica y revolucionaria.

Del ciclo a la flecha: el nacimiento del tiempo lineal y la historia sagrada

La «cultura de la expectativa» (farhangī intizōr) es el motor del espíritu iraní. Transformó el tiempo de un círculo-prisión en una flecha letal dirigida al corazón de la Sombra. Desde este punto de vista, el tiempo solo tiene sentido porque es el registro de la guerra y posee un final definitivo.

«El tiempo es el desarrollo de una ruptura ontológica. El farhangī intizōr define la condición humana como un movimiento dirigido hacia la Restauración final (Frashokard). La historia no es un telón de fondo neutral; es el proceso de la venganza de la Luz contra la invasión de la Oscuridad, un movimiento hacia la evaporación absoluta de la Mentira».

Esta historia sagrada se articula a través de tres eras principales:

· Bundahishn (Creación): La era de la pureza primordial, del «mediodía», en la que el mundo era puramente Mēnōg y el sol se detenía.

· Gumezishn (Mezcla): Nuestra época actual de «Guerra de la Luz», en la que la Oscuridad ha atravesado la base del mundo, infectando la vida con muerte, enfermedad y el Druj.

· Wizarishn (Separación/Resolución): La fase final de separación en la que la Luz se extrae de la Sombra, conduciendo a Frashokard, la Restauración y Resurrección finales del «Cuerpo de la Gloria Futura».

La conclusión de esta flecha temporal la trae la figura que encarna el cenit solar: el Salvador.

El Saoshyant y el Khvarenah: el Salvador y el Rey Sagrado

El clímax de la Guerra de la Luz es la llegada del Saoshyant, el Último Rey-Salvador. Él es el líder supremo de los Ejércitos de la Luz, pero su autoridad no se basa en un contrato social. Tiene sus raíces en Khvarenah, el «disco solar de la gloria» (Svet Slavy). En la tradición iraní, el poder político es una «tensión transversal de la deidad» proyectada en el mundo: un fuego sagrado que valida la posición del líder en la jerarquía cósmica.

Las tres características del Khvarenah:
· El aura solar de gloria: es una manifestación visible/espiritual de la luz divina que descansa sobre el verdadero gobernante. Es el «resplandor» de la validación ontológica absoluta.

· La fragilidad de Asha: La Khvarenah no es una posesión permanente; «se esfuma» en el momento en que un líder se vuelve hacia la Mentira. Es el indicador espiritual de la alineación de un gobernante con el Pensamiento Supremo.

· El Fuego Real como escudo: Significa que el rey es el representante terrenal de la Guerra de la Luz, un guardián responsable de mantener la pureza del reino frente a los khrafstra.

Estos antiguos temas zoroástricos no desaparecieron con la llegada del islam; encontraron un nuevo hogar «introvertido».

La persistencia de la luz: de Zoroastro al Ishraq chií
La «esencia iraní» sobrevivió a la transición islámica al interiorizar la Guerra de la Luz. En la escuela «Ishraq» (iluminista) de Suhrawardi y en las obras de Henri Corbin, la batalla externa se convirtió en una realidad mística e interna. La «Luz de la Gloria» (Svet Slavy) se conservó en la figura del Imán Oculto (el Mahdi), el esperado, que sigue siendo el soberano secreto de la Guerra de la Luz.

El «Imperio físico» de los aqueménidas se transformó en el «Reino espiritual de la Luz» o el Imamato, donde la guerra contra los (demonios) se convirtió en una Iluminación interna continua.

El espíritu iraní sigue siendo un guardián «introvertido», pero poderoso, que garantiza que la metafísica de la Luz siga desafiando a las sombras invasoras del mundo moderno.

El horizonte eterno de la expectativa
Para comprender el impulso del mundo moderno hacia la historia y la justicia, hay que volver al fuego iraní. La Res Iranica es una identidad inmutable que considera la existencia como una elección violenta. Enseña que el universo no es un «hecho dado», sino un campo de batalla, y que la neutralidad no es más que una hábil ilusión fabricada por la Oscuridad para desarmar al Guerrero Solar.

Idea clave: El legado iraní. Lo «iraní» es la comprensión de que existir es ser un soldado. La neutralidad es una ilusión creada por la Oscuridad. La existencia misma es una elección activa entre el Asha (Verdad) de Ahura-Mazda y el corrosivo Druj (Mentira) de Angra-Mainyu. Participar en la historia sagrada es unirse a la «Cultura de la Expectativa», reconociendo que el tiempo es el vehículo de nuestra inevitable victoria y el medio a través del cual la Verdad purifica el mundo.

Las consecuencias de la guerra contra Irán.

Es la primera vez que un pueblo agredido por la fuerza militar más importante de la Historia se defiende atacando las bases militares y las inversiones de su adversario en el extranjero. Esta es una manera de hacer la guerra adaptada a la era de la globalización y ningún estratega fue capaz de preverla. Este conflicto no se parece a ninguno anterior y es el primero en el que un país considerado de mediana importancia podría imponerse frente a una fuerza monstruosa.

Aunque los «grandes» medios occidentales nos dicen lo contrario, los Guardianes de la Revolución no son fanáticos sedientos de sangre. Y tampoco cometieron masacres «contra su propio pueblo» en enero pasado. Son patriotas que defienden su país y su civilización y que luchan contra la explotación imperialista. Hoy nos están dando una verdadera lección de coraje con su enérgica respuesta a la agresión militar contra el pueblo de Irán.

UNA GUERRA DE LOS SIONISTAS REVISIONISTAS
El primer ministro de Israel, Benyamin Netanyahu, es hijo del historiador Benzion Netanyahu, quien fue secretario personal del padre del sionismo revisionista, Vladimir Zeev Jabotinsky. Los Netanyahu siempre han respaldado el «sionismo revisionista» frente a los seguidores del «sionismo» a secas. Estos últimos, encabezados por Theodor Herzl, planteaban la construcción de un «Estado judío», mientras que Jabotinsky reclamaba la creación de un «Imperio judío».

En 1921, en su Ucrania natal, Jabotinsky estableció una alianza con el líder de los nacionalistas integristas ucranianos, Simón Petliura, para acabar con los bolcheviques. A pesar de esa alianza, Petliura siguió organizando pogromos contra los judíos que Jabotinsky decía defender. Cuando aquella contradicción flagrante salió a la luz, Jabotinsky tuvo que renunciar a su cargo de administrador de la Organización Sionista Mundial.

Durante el proceso que llevó al estallido en Europa de la 2GM, Jabotinsky mostró su entraña fascista con la creación en Roma, de una milicia, el Betar, bajo la protección del Duce Benito Mussolini. Al inicio del conflicto mundial, Jabotinsky se fue a un país neutral, Estados Unidos, que no entró en guerra sino después del bombardeo japonés contra Pearl Harbor.

Jabotinsky falleció en los primeros meses de la 2GM, pero sus hombres continuaron la lucha que él había emprendido junto a los fascistas y los nazis. Aunque pueda parecer chocante, los sionistas revisionistas seguidores de Jabotinsky negociaron constantemente con el III Reich. Hasta las últimas semanas de la 2GM, el líder sionista revisionista húngaro Rezso Kasztner —conocido como «Rudolf Ysrael Kastner»— mantuvo contactos secretos con el Obersturmbannführer SS Adolf Eichmann, quien estaba a cargo de la logística organizada alrededor de la aplicación de la «Solución Final» para garantizar el exterminio de los eslavos, los judíos y los gitanos[1].

Benyamin Netanyahu siempre ha sido un sionista revisionista. Pero, políticamente oportunista, se abstuvo de poner en práctica su ideal[2]. Esa parte de su carrera política quedó atrás el 29 de diciembre de 2022, con la formación, con la ayuda y el respaldo del estadounidense Elliott Abrams, de una coalición de supremacistas judíos[3].

Poco a poco, Benyamin Netanyahu se vuelve cada vez más osado. En febrero de 2024, amenaza a los anglosajones con revivir la «pandilla Stern» o Lehi[4], que asesinó en 1948 al representante especial de la ONU en Palestina; el 23 de agosto de 2025, declara en hebreo su apego a la creación de un «Gran Israel»; y el 15 de septiembre de 2025 llama a convertir la democracia israelí en una «súper Esparta»[5].

En definitiva, ya no estamos ante un politiquero que esconde su juego sino ante un fascista que se asume como tal y que declara abiertamente querer librar una guerra en «siete frentes» y liquidar el adversario iraní.

Hace exactamente un año, yo anticipaba la actual guerra israelo-estadounidense contra Irán[6]. Es inútil perderse en argumentaciones y elucubraciones sobre las causas de este conflicto. Todas sus justificaciones oficiales han resultado ser falsas —el hipotético programa nuclear «militar» iraní no existe desde 1988; Irán no tiene misiles intercontinentales; Irán no era una amenaza para Estados Unidos y, finalmente, Irán no tiene «proxis» desde 2019. Todo eso demuestra que Benyamin Netanyahu está poniendo en aplicación el programa de los sionistas revisionistas. Así lo han entendido los millones de israelíes que han salido a las calles para protestar contra Netanyahu y su gobierno de coalición.

Preguntémonos ahora cuáles son las primeras consecuencias.

FRACTURA DEL MOVIMIENTO MAGA
La primera consecuencia de esta guerra es la profunda fractura que ha provocado en el movimiento MAGA (Make America Great Again!). Los apoyos populares más importantes del presidente Trump reconocen que Estados Unidos se implicó en esta guerra sólo a pedido de Israel y le han retirado súbitamente su confianza al inquilino de la Casa Blanca.

Podríamos discutir durante horas si Netanyahu manipuló a Donald Trump o si Trump aceptó seguir a Netanyahu en la guerra contra Irán para conservar el apoyo de los banqueros de la diáspora que su país necesita. Eso es lo de menos. El hecho es que Donald Trump ha perdido su respaldo popular. Pero sus antiguos partidarios no van a pasarse a las filas del Partido Demócrata, sino que tienen intenciones de seguir adelante sin Trump.

Las 3300 manifestaciones del sábado en Estados Unidos no fueron protestas contra la guerra sino contra el poder del presidente estadounidense. En esas protestas no había sólo seguidores del Partido Demócrata sino también republicanos y jacksonianos, que debían su despertar a Donald Trump pero que ya no confían en él.

YA NADIE VE EL DERECHO INTERNACIONAL COMO ANTES
La segunda consecuencia de esta guerra es que se ha tomado conciencia de que el hecho de albergar una base militar estadounidense no garantiza la seguridad de un país sino que más bien lo expone al peligro de guerra. Desde el 28 de febrero, todos los Estados del Golfo Pérsico afectados por la respuesta militar de Irán a los bombardeos israelo-estadounidenses han comprobado esa realidad. Arabia Saudita, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar han presentado protestas al Consejo de Seguridad de la ONU. Todos denunciaron, utilizando más o menos los mismos términos, «una violación flagrante de la soberanía nacional» y «de la seguridad y la integridad territorial». Se sentían tan seguros que nunca previeron la respuesta militar de Irán. Fue necesario que Irán les respondiera dos veces, mediante cartas dirigidas al Consejo de Seguridad, para que abrieran los ojos a la realidad: la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional dan la razón a Irán —todo Estado agredido por otro Estado tiene derecho a responder militarmente, atacando las instalaciones del Estado agresor incluso en los territorios de terceros Estados que hayan sido utilizados como trampolín de la agresión.

Hasta ahora ningún Estado había resistido de esa manera a una agresión de Estados Unidos. Ningún Estado agredido había estado en condiciones de responder a la agresión atacando sus intereses estadounidenses en el extranjero y mucho menos sus bases militares.

Para los dirigentes de los Estados del golfo Pérsico, esto ha sido una ducha fría. Se derrumba así todo lo que creyeron durante décadas. Pero, para los Estados que aspiran a vivir en un mundo multipolar, esto es una ventana que se abre. Más vale negarse a permitir la instalación de bases militares de Estados Unidos en sus territorios que verse implicados, a su pesar, en una guerra devastadora.

China ha comenzado a revisar sus planes de defensa. Ante un ataque estadounidense impulsado por la cuestión de Taiwán, Pekín ya no respondería atacando la isla sino las 24 bases militares de Estados Unidos en el Pacífico asiático. Las fuerzas armadas de la República Popular China ya han reorientado sus misiles y todos los Estados de la región tendrán que entender que sus territorios podrían convertirse en parte del campo de batalla si no solicitan a tiempo a Estados Unidos que retire sus bases.

LAS FUERZAS ARMADAS DE ESTADOS UNIDOS HAN RESULTADO SER UN «TIGRE DE PAPEL»
El líder chino Mao Zedong ya había dicho que Estados Unidos era «un tigre de papel». Es cierto que dispone de arsenales enormes. Pero sus fuerzas armadas no logran aplastar a quienes se han preparado para enfrentarlas.

Irán no puede contrarrestar los bombardeos y los misiles israelíes y estadounidenses, pero está golpeando las bases militares de Estados Unidos en toda la región, tanto en el golfo Pérsico como en Jordania y Chipre. Incluso podría alcanzar las bases de Estados Unidos en Alemania. Irán ha estado preparándose desde hace mucho tiempo para este enfrentamiento. Ha almacenado grandes cantidades de armamento en lugares seguros, en túneles y arsenales protegidos a gran profundidad.

Pero lo más interesante es que Irán ha logrado que, ante su respuesta militar, Estados Unidos se vea obligado a utilizar su armamento tecnológicamente más avanzado… y altamente costoso. Ante cada dron Sahed iraní —que cuesta unos 25000 dólares— Estados Unidos tiene que utilizar 2 o 3 misiles antiaéreos Patriot —de 1,3 millones de dólares cada uno—. Y como si la presión económica fuese poco, también está el hecho que el Pentágono está quedándose sin municiones y el complejo militaro-industrial estadounidense no tiene posibilidades de reaprovisionarlo rápidamente.

EL «MÉTODO TRUMP» HA LLEGADO A SU LÍMITE
Hasta ahora, el autor de The Art of the Deal siempre había logrado imponer su voluntad a sus interlocutores, tanto tratándose de negociaciones comerciales como en el plano político. Pero la «hipérbole verídica» no funciona con Irán. Por mucho que Trump pregone que él es el vencedor, es Teherán quien está imponiendo sus condiciones.

En el caso de Irán, la hipérbole trumpiana suena a fanfarronada. En la situación actual, Washington ya no puede amenazar con una escalada y es Teherán quien amenaza. El 22 de marzo, Trump trató de poner fin a la guerra… antes de que el Pentágono se quede sin municiones. Amenazó con bombardear las centrales eléctricas iraníes si los Guardianes de la Revolución no reabren el estrecho de Ormuz[7], pero Teherán le respondió inmediatamente comunicándole su propio plan de escalada: bombardear el sistema eléctrico de Israel —cuyos planos publicó— y arremeter contra las empresas de la región que tengan accionistas estadounidenses[8]. Sin demora, Donald Trump dijo públicamente que estaba negociando con Teherán, agregó que «allá» todos los dirigentes sabían que sus vidas pendían de un hilo si no negociaban y dio un plazo de 5 días para concretar sus «conversaciones»[9].
[8] «Los 4 blancos prioritarios de Irán en caso de escalada», Información 5111, Voltaire Internacional, Nº168, 27 de marzo de 2026.

Teherán reaccionó desmintiendo la existencia de tal negociación y reiterando cómo planeaba responder en caso de escalada[10]. Donald Trump tuvo que morderse la lengua y anunciar que postergaba el plazo que había fijado.

Iran no se ha dejado amedrentar. Atacó dos instalaciones de las empresas Aluminium Bahrain y Emirates Global Aluminium. Ante la amenaza de Trump de destruir sus centrales eléctricas, Teherán atacó varias empresas cuyos accionistas más importantes son estadounidenses.

Ahora, ante el bombardeo contra la universidad de Ciencias y Tecnología, situada en el noreste de la capital iraní, y contra otro centro de enseñanza superior, Teherán advirtió que su respuesta militar estará dirigida contra las universidades estadounidenses que tienen sucursales en los países del golfo Pérsico, como Texas A&M University, en Qatar, y la New York University, en Emiratos Árabes Unidos. Y cuando Estados Unidos, o Israel, bombardeó un puerto iraní en el estrecho de Ormuz, Teherán hizo saber que el portaviones USS Abraham Lincoln será atacado en cuanto se ponga a tiro.

En suma, ante cada nueva agresión, los Guardianes de la Revolución responden atacando nuevos objetivos estadounidenses y han amenazado, uno a uno, todos los intereses de Estados Unidos en el Medio Oriente. Hasta ahora, nadie había luchado de esta manera y esta es la lección que nos da una gran civilización: diga lo que diga la propaganda israelí, Irán no ha practicado nunca el terrorismo contra civiles. Pero ha asimilado la «globalización» y ahora ataca los intereses de Estados Unidos, donde quiera que se encuentren.

El presidente Trump se ha metido en un callejón sin salida. Sus bravatas pueden distraer a sus oyentes, pero el fuego iraní lo persigue. Su única escapatoria, la aniquilación de toda una civilización, es algo que ningún dirigente puede asumir.

LA GEOPOLÍTICA DE LA 3GM.

 

Muchos analistas plantean actualmente la hipótesis de que la 3GM ya ha comenzado y que nos encontramos en su primera fase. Sea cierto o no, lo comprobaremos en breve, pero por ahora admitamos la validez de esta hipótesis e intentemos esbozar sus contornos geopolíticos.

El sentido de la 3GM radica en un cambio radical de toda la arquitectura de la política mundial. Las instituciones internacionales existentes hoy en día hace tiempo que ya no se ajustan a la realidad. Siguen organizadas según la lógica del sistema de Westfalia y de un mundo bipolar. El modelo de Westfalia se basa en el reconocimiento de la soberanía de todos los Estados reconocidos a nivel internacional. La ONU se sustenta sobre los mismos fundamentos.

Sin embargo, en la práctica, en los últimos cien años, el principio de soberanía se ha convertido en pura hipocresía. En la década de 1930 se configuró en Europa un sistema en el que solo tres potencias eran soberanas y todas ellas estrictamente ideológicas: 1) el Occidente burgués y capitalista (Gran Bretaña, EE. UU., Francia, etc.); 2) la URSS comunista; 3) los países del Eje de ideología fascista.

Esta situación se mantuvo tras el fin de la 2GM, pero solo uno de los polos ideológicos —el fascista— desapareció. En cambio, los otros dos —el capitalista y el socialista— se fortalecieron y expandieron. Pero, de nuevo, ningún Estado nacional era soberano por sí mismo. Unos eran gobernados desde Moscú, otros desde Washington. El Movimiento de No Alineamiento oscilaba entre ambos polos.

La autodisolución del Pacto de Varsovia y el colapso de la URSS acabaron con la bipolaridad, y a partir de ese momento solo los EE.UU. asumieron el papel de portador de la soberanía. La ONU y el modelo de Westfalia se convirtieron en una mera fachada de la hegemonía global. Así surgió el mundo unipolar.

Ya en la década de 1990 quedó claro que era necesaria una revisión del derecho internacional a favor de un gobierno mundial (la variante liberal del «fin de la historia» de Francis Fukuyama) o de la hegemonía occidental directa (los neoconservadores estadounidenses). Los países europeos siguieron el guion del gobierno mundial y, como etapa preparatoria para ello, cedieron su soberanía a la UE. A todos los demás se les sugirió discretamente que se prepararan para lo mismo.

Sin embargo, a principios de la década de 2000 se manifestó una nueva tendencia: la voluntad de resurgimiento de la soberanía en Rusia y China. Moscú y Pekín se encaminaron hacia convertir la soberanía no en una ficción, sino en una realidad. Así se hizo patente la multipolaridad. A partir de entonces, se propuso que los portadores de la soberanía fueran los Estados-civilización, tanto los ya consolidados (Rusia, China, India) como los potenciales (el mundo islámico, África, América Latina). Estos fueron los que conformaron los BRICS.

Como consecuencia, el proyecto unipolar entró en conflicto con el multipolar. Tanto los globalistas como los neoconservadores se opusieron a la multipolaridad. El potencial de conflicto era evidente, y las viejas normas y reglas, heredadas de épocas geopolíticas anteriores, ya no funcionaban.

No importa si la 3GM ya ha comenzado o no, pero su contenido geopolítico es evidente: se trata de una guerra entre la unipolaridad y la multipolaridad por una nueva arquitectura mundial, por la distribución de los centros soberanos de toma de decisiones en el mundo —ya sea Occidente como el gobernante de todo o entre los Estados-civilizaciones que están ganando fuerza—.

Donald Trump llegó a la Casa Blanca para un segundo mandato en 2024 con un programa que daba motivos para pensar que aceptaría la multipolaridad: el rechazo a las intervenciones, la crítica a los globalistas, el conflicto directo con los liberales y los ataques contundentes a los neoconservadores, la concentración en los problemas internos de EE.UU., un llamamiento a volver a los valores tradicionales: todo ello permitía suponer que Trump y su administración se pondrían del lado de la multipolaridad, pero que intentarían asegurar a Estados Unidos las posiciones más ventajosas posibles en este nuevo orden.

Sin embargo, muy pronto la administración estadounidense comenzó a acercarse a los neoconservadores y a alejarse de su posición inicial. A continuación, vinieron el apoyo al genocidio en Gaza, la continuación del suministro de información de inteligencia a Kiev, el derrocamiento de Maduro, los preparativos para la invasión de Cuba y, por último, la guerra contra Irán con el asesinato de los dirigentes políticos de la República Islámica. Ahora Washington se ha alineado por completo con las posiciones de los neoconservadores y se comporta como si fuera el único en todo el mundo que poseyera verdadera soberanía: ya sin ninguna referencia a las normas ni al derecho internacional, reivindica el poder absoluto sobre todo el mundo. Y trata de demostrarlo con hechos: guerras, invasiones, secuestros de jefes de Estado y organización de operaciones para el cambio de régimen.

La 3GM la han iniciado los Estados Unidos con el objetivo de preservar, reforzar e incluso consolidar definitivamente el modelo unipolar del orden mundial. A todos los demás se les propone ser o bien vasallos obedientes o bien enemigos. Es contra estos adversarios del mundo unipolar contra quienes Washington libra la 3GM. Y por eso está en juego la soberanía. Por el momento no existe una sola fuerza capaz de hacer frente a los Estados Unidos de manera simétrica, por lo que EE.UU. despliega acciones militares en varios frentes a la vez.

El primer frente de la guerra del mundo unipolar contra el multipolar es Ucrania. Esta guerra fue provocada por los neoconservadores ya en la época de Obama, y quienes más se involucraron en ella fueron precisamente los globalistas, que veían en Rusia no solo un obstáculo geopolítico para el establecimiento de un gobierno mundial, sino también una amenaza ideológica. Trump heredó esta guerra y no le hace mucha gracia (Rusia es una potencia nuclear con una ideología conservadora contra la que el presidente estadounidense no tiene nada que oponer). Pero Moscú claramente no está dispuesta a reconocer su vasallaje ante Washington, insistiendo en la soberanía y la multipolaridad y esto ya es incompatible con la hegemonía unipolar. En cualquier caso, Washington sigue sin dejar de apoyar al régimen de Kiev, aunque cede la iniciativa a los países europeos de la OTAN, para los que este conflicto tiene un carácter de principio e ideológico. Este frente conserva su importancia, y cuanto más defienda Moscú su soberanía, más dura será la postura de Washington hacia Rusia.

El segundo frente de EE.UU. es el hemisferio occidental: el secuestro de Maduro y el establecimiento del control sobre Venezuela, la preparación de una invasión de Cuba, las acciones contra los cárteles en México, Colombia, Ecuador, etc. En esencia, se trata de una guerra contra toda América Latina, si tan solo un país de la región intenta resistirse al dictado directo de los Estados Unidos.

El tercer frente, que se encuentra ahora en su fase más candente, es el ataque israelí-estadounidense contra Irán, que ha incendiado todo Oriente Próximo. Aquí también se incluye la continuación de las operaciones militares de Tel Aviv en Gaza, Líbano y Yemen, y la reestructuración de todo el mapa de Oriente Próximo.

En esencia, Occidente libra en este momento una guerra simultánea contra los tres polos del mundo multipolar (Rusia, el mundo islámico y América Latina). En la agenda figura la apertura de un cuarto frente: el Océano Pacífico. El conflicto con China es inevitable según la lógica global de los cambios que se están produciendo en la política mundial.

India —otro Estado-civilización— mantiene por ahora una posición vacilante y, debido a sus contradicciones con China y Pakistán, se inclina hacia Estados Unidos e Israel. Pero, con su potencial, India difícilmente es apta para el papel de vasallo dócil, sobre todo porque la multipolaridad es la línea oficial de su Gobierno.

De este modo, el mapa geopolítico de la 3GM se perfila, en una primera aproximación. En ella, el bando del mundo unipolar está representado por EE.UU., Occidente en su conjunto y sus vasallos, incluyendo a Japón y Corea del Sur en el Lejano Oriente. Luchan por dos escenarios no del todo idénticos: el globalismo (la UE y el Partido Demócrata de Estados Unidos) y la hegemonía estadounidense directa (los neoconservadores). En este contexto, Netanyahu tiene sus propios planes para construir el Gran Israel, lo que difícilmente encaja con el globalismo liberal, pero cuenta con el pleno apoyo de la Casa Blanca, los neoconservadores y los sionistas cristianos. Sin embargo, en general, esta coalición se muestra relativamente solidaria ante un mundo multipolar y, a medida que aumente la escalada, se verá obligada a actuar de forma cada vez más cohesionada, dejando las contradicciones internas para más adelante.

El bando del mundo multipolar está mucho más fragmentado. Sus principales centros son Rusia y China. Rusia ya libra su guerra en Ucrania, mientras que China, por el momento, evita la confrontación directa. El mundo islámico está dividido; parte de los países musulmanes se encuentran bajo el control total de EE.UU. Irán y el mundo chiíta en su conjunto son los que se le resisten, encontrándose en la vanguardia de la confrontación con Occidente, pero, al mismo tiempo, los iraníes no comprenden del todo que otros frentes de esta guerra, en particular Ucrania, les afectan directamente. La dirección de la RPDC, que es la que más abiertamente apoya a Rusia en el enfrentamiento con Occidente en el frente ucraniano, comprende perfectamente el panorama geopolítico general. América Latina también está fragmentada. El Gobierno de Lula en Brasil se inclina por la multipolaridad, mientras que el régimen de Milei en Argentina, por el contrario, apoya el eje estadounidense-israelí. En África, los países de la Asociación del Sahel (Malí, Burkina Faso y Níger) son los que tienen una conciencia más clara de la multipolaridad. Sudáfrica, la República Centroafricana, Etiopía y algunos otros países se acercan a esta misma posición. Pero tampoco existe una posición consolidada entre ellos. La India mantiene una postura neutral: por un lado, forma parte del bloque de los países que apoyan la multipolaridad; por otro, mantiene estrechas relaciones de alianza con EE.UU. e Israel.

En general, las fuerzas unipolares, a pesar de todas sus contradicciones internas, están más consolidadas y tienen más claro contra quién luchan y por qué intereses y valores. Las diferencias en cuanto a prioridades e incluso a las visiones sobre el modelo final del orden mundial deseado por Occidente —Estados Unidos— no suponen un obstáculo para que estos apliquen una estrategia común, mantengan una estrecha cooperación en el ámbito de los servicios de inteligencia, intercambien tecnología militar, etc.

Por su parte, el bando multipolar está mucho más fragmentado. Incluso aquellos países que se encuentran bajo el ataque directo del Occidente unipolar no se apresuran a integrar su potencial ni a apoyarse mutuamente de forma directa.

Las seis condiciones de Irán y las otras 15 de Trump para el cese de la guerra.

La guerra contra Irán se está convirtiendo en un espectáculo ridículo en Occidente: el presidente Trump se jacta de una victoria aplastante, mientras que, en realidad, Irán se resiste e impone sus condiciones. Cuantos más ultimátums lanza el fanfarrón, más se imponen sus enemigos.

El fanfarrón

La guerra de Israel/EU contra Irán escaló ya alturas de amagos nucleares muy ominosos[1]. En la fase de desinformación/mendacidad/engaño/falsas banderas, exacerbada por la «propaganda-patía»de sus actores —contrastada por los increíbles medios alternativos que hoy ganan la batalla de la comunicación a los caducos multimedia tradicionales—, es más que evidente que al corte de caja de hoy, la víctima de las agresiones no sólo ha podido resistir de manera inverosímil, sino que se encamina a un triunfo estratégico de alcances tectónicos: «Irán tiene ahora el camino despejado hacia la victoria. A pesar de haber sido duramente golpeada por los bombardeos aéreos, la república islámica aún podría sobrevivir a la guerra y reconstruirse»[2].

Los agresores de Irán celebran un triunfo inexistente, si se toman como barómetro los precios del petróleo y el gas natural. El muy solvente geopolítico brasileño Pepe Escobar explica al juez Napolitano «la forma en que Irán le está ganando a EU»[3].

Pepe Escobar, con quien me reuní en Kazán en la Cumbre de los BRICS en 2024, adelantó hace más de una semana —cuando todavía Irán no exhibía sus letales cuan inesperados contrataques— las seis condiciones de Irán para aceptar el cese el fuego que anhela Estados Unidos para impedir el alza estratosférica del petróleo que hoy le está afectando más a Wall Street y a la City, en el ámbito de las geofinanzas, como resultado del cierre del estratégico estrecho de Ormuz —que, por cierto, un servidor ya había previsto en dos libros: Guerras geoeconómicas y financieras: El petróleo del Golfo Pérsico al Golfo de México[4] y Los cinco precios del petróleo[5].

Suena extraño que un país «derrotado» se atreva a plantear seis condiciones para aceptar el cese el fuego y la reciente «pausa de cinco días» de Estados Unidos.

Pepe Escobar, quien parece gozar de los susurros del Kremlin —que sin cacofonía alguna se posicionó como el supremo triunfador del Nuevo Orden Mundial, como expuse a los 11 días de la guerra «Triunfo de Rusia y China en la Guerra del Golfo y excesos de la ‘propaganda-patía’»[6]—, describió el «Mínimo de seis condiciones para que Irán acepte cese el fuego/Reapertura del estrecho de Ormuz»[7], que, 12 días después, fue retomado por el rotativo libanés Al Mayadeen, portavoz del resucitado Hezbolá[8]:

1. Eliminación de todas las sanciones contra Irán y liberación de todos los activos iraníes congelados; 2. Reconocimiento del derecho de Irán a enriquecer uranio en su propio territorio; 3. Indemnización íntegra por los daños causados por la guerra impuesta; 4. Extradición de los quintacolumnistas iraníes en el extranjero y fin de las campañas mediáticas orquestadas contra Teherán; 5. No más ataques contra Hezbolá en el Líbano ni contra Ansar Allah en Yemen, y 6. Desmantelamiento de todas las bases militares estadounidenses en Asia Occidental.

Como si no se hubieran escenificado 25 días del descontón bélico de Estados Unidos/Israel cuando Irán había cedido a todas las demandas de Estados Unidos para abandonar su proyecto nuclear, el presidente Trump ahora aboga sus mercadológicos 15 puntos tendientes a un control de daños electorero, pero que, en realidad, intenta regresar al statu quo anterior (lubricado por la asombrosa mediación de Omán[9]), entre su enviado jázaro (khazar, https://bit.ly/3QqemJr) Steve Witkoff, especialista en bienes raíces, y el muy capaz canciller iraní Araghchi.

De sus 15 puntos, Trump ha expuesto cuatro: los tres primeros versan sobre el supuesto freno a la construcción de bombas nucleares por Irán y el cuarto punto suena inviable cuando pretende compartir con el ayatolá en turno el control del estrecho de Ormuz[10]. Sería saludable que el presidente Trump se entere del secreto de la «resistencia» persa y su «religión» de la ciencia/educación[11].

ERNST VON SALOMON: UN DESTINO EXTRAORDINARIO.

 

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Entrevista a Robert Steuckers para la revista francesa «Écrits de Rome» (Angers)

1. Ernst von Salomon es considerado generalmente como un autor de la Revolución Conservadora. ¿A qué corriente dentro de este movimiento se le puede asignar con mayor precisión?
Ernst von Salomon y su obra deben clasificarse claramente en la categoría de autores «nacional-revolucionarios», según la terminología acuñada por Armin Mohler, o a veces también en la de «nacionalismo militar». Dominique Venner defendió e ilustró durante mucho tiempo este «soldadismo», que atrae especialmente a las naturalezas románticas, en sus libros Baltikum y Un fascisme allemand, así como en el prólogo de Histoire proche. Sin embargo, rara vez se tienen en cuenta las posiciones que Ernst von Salomon defendió tras la 2GM, especialmente en la década de 1960. En aquella época, este antiguo opositor radical de la «política de reparaciones» impuesta por el Tratado de Versalles de 1919, y de todas las formas de asimilación y subordinación a las potencias occidentales (Francia, Gran Bretaña, EE.UU.), se convirtió en un opositor igualmente decidido a la vinculación occidental con Washington en el marco de la OTAN. Esta postura antiamericana le llevó a manifestar su solidaridad con determinados pacifistas de izquierdas, un hecho que irritó a Venner cuando este le visitó seis meses antes de su prematura muerte en junio de 1972 (presumiblemente a causa de apnea del sueño).

La lógica que impulsó a Ernst von Salomon a lo largo de su agitada vida fue un rechazo vehemente de los modelos occidentales, a los que consideraba «burgueses» o «mercantilistas», y carentes del sentido del servicio prusiano o teutónico, del sentido del deber kantiano (si bien Kant no es visto desde la perspectiva habitual de la Ilustración) y de la continuidad nacional —percibiendo la ideología de las democracias occidentales como una máquina de amnesia de los pueblos—. En este sentido, ante la crisis actual de Europa, impregnada ideológicamente de Occidente incluso en el Este, el pensamiento de Ernst von Salomon es más actual que nunca: El rechazo al batiburrillo ideológico del panorama partidista actual en toda Europa es una necesidad de supervivencia; al igual que el rechazo a toda subordinación a los EE.UU. y a las prácticas político-antidiplomáticas de Gran Bretaña y de la Francia macronista constituye un imperativo vital para todos los pueblos europeos, sin excepción.

2. Mientras que uno de los Ernst —Jünger, por supuesto— es muy conocido, von Salomon lo es mucho menos: ¿por qué? ¿Qué relación existía entre ambos hombres?
Esta pregunta me parece un tanto ociosa. La razón principal de la gran notoriedad de Jünger radica sobre todo en el hecho de que este vivió y trabajó 26 años más que Ernst von Salomon. Sin embargo, hay otras razones además de la extraordinaria longevidad de Jünger: Jünger, que era unos años mayor, había combatido en el ejército regular durante la 1GM, fue condecorado con la «Pour le Mérite» y, tras 1918, fue promovido por los círculos de oficiales del ejército derrotado no como oficial en activo (lo que ya no era), sino como escritor militar. Tanto Ernst Jünger como Ernst von Salomon defendían un nacionalismo intransigente y estricto: Jünger al menos hasta 1926, y von Salomon entre 1927 (año de su puesta en libertad) y 1933, especialmente tras la gran crisis de 1929 y el levantamiento campesino contra las autoridades de Weimar en Schleswig-Holstein.

Ambos se negaban a adherirse a una forma de nacionalismo que se orientara por los criterios electorales del parlamentarismo de Weimar. El historiador de los Freikorps, Hansjoachim W. Koch, cita al respecto a Ernst von Salomon (también se encuentran textos similares en Ernst Jünger y su hermano Friedrich-Georg): para romper la dependencia de las potencias occidentales, debía evitarse cualquier desarrollo que condujera a tendencias de masas, ya que estas inducirían al movimiento nacional a tomar el poder con los medios del adversario, es decir, a convertirse en un «partido» (a adoptar la «forma de partido»), en una «organización» cuyo único objetivo fuera presentarse a las elecciones. De ello dedujeron von Salomon (y, a su manera, también Jünger) que «sus propios medios debían ser otros».

Para von Salomon esto supuso, a principios de la década de 1920, su participación en la famosa «Organización Consul» (OC), que organizó el atentado contra el ministro Walter Rathenau, un hombre que, con el Tratado de Rapallo de 1922, había creado en realidad las condiciones ideales para sustraerse al control económico del Occidente hostil, de forma similar a lo que hizo el excanciller Schröder a principios de la década de 2000 con el gas ruso. La referencia a von Salomon no es, por lo tanto, solo un romanticismo ingenuo de soñadores a los que les gusta «jugar a los soldados», sino un pragmatismo político de alto nivel, más aún cuando von Salomon admitió más tarde que la campaña de los Freikorps en el Báltico y el atentado contra Rathenau fueron promovidos indirectamente por los servicios secretos británicos para ampliar el «cordón sanitario» de Lord Curzon en Europa del Este y cerrar el mar Báltico a los soviéticos sin tener que desplegar tropas británicas o canadienses.

3. ¿Se puede decir que la experiencia de los Freikorps fue para von Salomon la «experiencia fundacional» de su pensamiento, como lo fue la guerra para otros?
Por supuesto, la experiencia de los Freikorps es fundamental para Ernst von Salomon, pues, a diferencia de Ernst Jünger, él no había combatido en las filas del ejército imperial durante la 1GM. En un artículo de 1928 titulado «El espíritu del nacionalismo» (citado por su biógrafo Gregor Fröhlich), von Salomon escribió que, para todo hombre de carácter, las experiencias personales (que no son transferibles a otros, y menos aún a la gente común que se pierde entre la masa) son siempre el criterio decisivo para la capacidad de juzgar correctamente las cosas y los acontecimientos.

Por ello, rechazaba el nacionalismo burgués de un Thomas Mann (que en algunas observaciones era ciertamente acertado), pues este nacionalismo era un «nacionalismo contemplativo», muy alejado de cualquier experiencia física y que causaba «sufrimiento» al hombre comprometido, como también dijo Jünger en aquella época. Esta «contemplación» de Mann es, para von Salomon, típica de un literato anclado en la «civilización», donde domina la verborrea sobre la expresión vital, obtenida de experiencias dolorosas y del sufrimiento padecido. Estos literatos de la «civilización occidental» han dado así la espalda al camino verdadero hacia el mundo real y su intelectualismo es «esterilidad espiritual» que —añadió— es «traición».

Este intelectualismo, prosigue von Salomon, debe rechazarse en nombre de la acción pura y genuina, sin vacilaciones ni dudas. En el mismo artículo, que según Fröhlich es fundamental para comprender a von Salomon, el antiguo combatiente de los Freikorps distingue el «patriotismo» a la antigua usanza, un vestigio del siglo XIX, del «nacionalismo». Para él, el patriotismo es la necedad del hombre apolítico, que evita tomar decisiones y se niega a hacer «distinciones» (la identificación del enemigo y la separación del grano de la paja). Estas posturas explican por qué von Salomon se oponía a las posiciones nacional-conservadoras de las numerosas asociaciones de veteranos y de una parte conservadora de la burguesía alemana (que se unió al NSDAP en 1933).

Para von Salomon, en 1928, el término «nación» no es sinónimo de una estructura estatal determinada, sino la expresión de un «misterio» que apenas se está revelando, sin que se sepa si alguna vez se revelará por completo. El nacionalismo es, por lo tanto, la fuerza política de una minoría, de una élite que participa en este desvelamiento, lo que le confiere un dinamismo duradero, creativo y revolucionario, pues no tolera ninguna forma rígida, ningún fijismo que la esterilice. Lo que está rígido o se está volviendo rígido debe ser eliminado, ya que es un lastre.

El camino de este nacionalismo místico, según Salomon y Jünger, debe ser un avance constante que nunca termine. La derrota alemana de 1918 no debe servir de justificación para rechazar este avance imparable del nacionalismo joven e intrépido, a pesar de la carga que suponen las masas, que carecen de voluntad y están dispuestas a aceptar cualquier traición. Este nacionalismo no se opone en principio a la idea del Estado, sino que combate al Estado (el lastre institucional) tal y como ha sido secuestrado por los políticos republicanos para obtener ventajas personales.

4. En lugar de presentar un pensamiento sistemático, von Salomon propone una «cosmovisión» que se compone de una serie de intuiciones. ¿Cuáles son las más importantes?
Para Ernst von Salomon, la consideración del «camino propio alemán» («Sonderweg Deutschlands») constituye el núcleo de su nacionalismo. Esta particularidad distingue radicalmente a Alemania de Occidente (Jacques Pirenne, por ejemplo, demostró en el caso de Bélgica por qué Europa Central, pero también España, Italia, el espacio polaco-lituano y Rusia, no pertenecen al Occidente absolutista francés o liberal inglés, y ello desde el siglo XVII).

El liberalismo occidental tiene como objetivo sustituir la estructura orgánica de cada Estado o imperio por construcciones sociales y entidades artificiales en las que la economía ya no está integrada en las relaciones sociales, sino que, por el contrario, las relaciones sociales quedan atrapadas y debilitadas en la esfera económica. La política queda así eliminada en favor de la economía.

Este desplazamiento hacia la despolitización y la economización total conduce a que el Estado ya no persiga objetivos políticos reales, sino que imponga un orden técnico y racionalista que, en teoría, debería traer la felicidad individual a todos y la prosperidad a los ciudadanos con mayor poder adquisitivo. Al final, esto priva al individuo y a los ciudadanos de todo sentido de su existencia y los sumerge en una triste banalidad que posiblemente sea la antesala de su desaparición física, como demuestra con demasiada claridad el presente. Ya no es el heroísmo de la acción, sino la maximización de los beneficios lo que ocupa ahora el centro del interés de una humanidad en decadencia; peor aún, la promoción de tales antivalores se convierte en el motivo principal de las guerras planeadas por Occidente (hoy se diría: su «Estado profundo») o por los Estados occidentalizados.

5. Como encarnación del guerrero o del héroe —en el sentido de Werner Sombart—, Ernst von Salomon parece pertenecer a una época ya pasada para siempre. ¿Qué de él y de su obra debería, en su opinión, conservarse para el presente?
Hemos visto qué imagen tenía Ernst von Salomon del soldado político en el marco de un Estado organizado por políticos incompetentes y despreciables. Las épocas del Imperio guillermino, la República de Weimar y el nacionalsocialismo han quedado efectivamente atrás, al igual que las de la Tercera República y el periodo de entreguerras en Francia, donde ahora se observa la lenta agonía de la Quinta República.

Sin embargo, es importante recordar las ideas de Ernst von Salomon entre 1945 y 1972, año de su muerte. Durante la República de Weimar, sus posiciones eran antioccidentales y antiliberales. En la nueva República Federal, proclamada en 1949 y cuya figura más destacada fue Konrad Adenauer —un defensor del mundo atlántico y de la reconciliación franco-alemana—, von Salomon era considerado un cripto-comunista o incluso un agente de la RDA. A lo que respondió en 1954 en el semanario de derecha «Deutsche National-Zeitung» (n.º 20): «¿Cómo podría ser comunista? ¿Solo porque no soporto a los estadounidenses? Si me apeteciera, me gustaría poder viajar de Colonia a Wuppertal, de… hasta Posen [hoy Poznań], sin que ninguna ideología o práctica de los ocupantes me lo impidiera jamás…»

El rechazo es, pues, doble: rechazo de la ideología traída por Estados Unidos y de los esquemas opacos del comunismo soviético. Desde un punto de vista filosófico, Ernst von Salomon nunca aceptó el comunismo dogmático, pero a finales de la década de 1950 también dejó de pertenecer a esa «derecha» (sobre todo cuando esta se alineaba con la democracia cristiana, deliberadamente subordinada a Estados Unidos).

Ernst von Salomon propone ahora una lectura independiente de los grandes teóricos de la izquierda internacional de su época: Mao, Marcuse y, sobre todo, Gramsci. La idea de un «gramscismo salomónico» debería ocuparnos especialmente. La lectura de Gramsci por parte de Salomon, según Fröhlich (p. 365), condujo a una autocrítica de su propia trayectoria como activista, cuando aún no había comprendido que la hegemonía política e institucional se prepara mediante la lucha cultural («la larga marcha a través de las instituciones», para poder infiltrarlas mejor).

Para von Salomon, se trataba de restablecer en Alemania, mediante una acción metapolítica inspirada en Gramsci, un sentimiento nacional propio que debía comenzar con el surgimiento de una «solidaridad de todos los desclasados» (estos constituían una nueva categoría, continuación lógica de los «proscritos»). Esta agrupación de los «desclasados» debía organizarse frente al dominio cultural impuesto por las potencias occidentales (una visión que compartía con Wolfgang Venohr y Armin Mohler, con quienes mantenía correspondencia). Esta solidaridad de los desclasados debía ser a la vez «revolucionaria» y «conservadora» y, en este sentido, «prusiana», más allá de las formas estatales que Prusia había adoptado a lo largo de la historia alemana: el espíritu prusiano, según von Salomon y Venohr, trasciende tales formas, que inevitablemente se cristalizan en algún momento y, por lo tanto, tienen un carácter meramente transitorio.

En el marco de estas nuevas posiciones, a la vez gramscianas y revolucionario-conservadoras, Ernst von Salomon hizo en 1961, por primera vez en su vida, un llamamiento a votar por un partido, la Unión Alemana por la Paz (DFU), un pequeño partido que recomendaba una estrategia transversal de comunistas, socialistas, neutralistas y nacionalistas, que debían luchar juntos contra la integración de la República Federal en las estructuras occidentales, atlánticas y proestadounidenses, y a favor de la reunificación de los dos Estados alemanes desde una perspectiva crítica con Estados Unidos. Pero este entusiasmo (que en Alemania aún no se ha extinguido del todo) resultó ser un fuego de paja, ya que las autoridades de la RDA, representantes de un comunismo anquilosado, por no decir caricaturesco y poco atractivo, decidieron en agosto de 1961 construir el Muro de Berlín. A raíz de ello, los círculos de la DFU se sumieron en interminables debates ideológicos de corte marxista, caracterizados por la esterilidad política y la falta de contundencia. Ernst von Salomon abandonó este círculo de tertulianos, que en las elecciones de septiembre de 1961 solo alcanzó el 1,9 %.

En otro ámbito, el desarrollo de la tecnología militar, con la bomba atómica y los misiles intercontinentales, destruyó la perspectiva militar de Ernst von Salomon: las fronteras de una nación ya no se extienden hasta los puntos que las fuerzas de sus hombres pueden alcanzar como soldados. Por consiguiente, los soldados ya no son los portadores de la nación. Hemos entrado en la era de la omnipotencia de la tecnología, impulsada por una furia destructiva (Ernst Jünger también plantea reflexiones similares). Von Salomon escribe: «La degeneración del fenómeno de la guerra no afecta en primer lugar al hombre común, ni al pueblo, sino al propio guerrero. Esta degeneración devalúa su misión, le quita el honor, le quita todas aquellas virtudes por cuya preservación luchaba el soldado» (Entrevista para la ORTF, 2 de julio de 1972).

El antiguo guerrero Ernst von Salomon se convierte en un opositor a la guerra, no porque la guerra sea una constante antropológica negativa, sino porque rechaza toda «guerra justa» en el sentido estadounidense. Este ius ad bellum, al que Washington recurre constantemente, solo sirve ya para imponer las pretensiones de universalidad del liberalismo, que exige la sumisión incondicional de los pueblos declarados «enemigos», con los que nunca se firma la paz, sino a los que se les exige una adaptación completa a las normas occidentales. La paz, concebida en su día como el objetivo de todo conflicto, ya no es alcanzable en el contexto de la americanización generalizada. Sin la perspectiva de la paz, el sacrificio del soldado en el campo de batalla ha perdido todo sentido. La occidentalización perpetúa un estado de guerra sin sentido, porque el liberalismo occidental priva a las personas de todo sentido de su existencia. A la luz de la evolución de la OTAN y de la guerra contra Irán, esto no podría ser más actual.

¿Se puede aniquilar una civilización en nombre de la democracia?

Aunque nuestros medios de difusión nos llaman a creerlo, la República Islámica de Irán no es un régimen totalitario, en todo caso no más que nuestros propios regímenes occidentales. Irán es una civilización mucho más antigua que Occidente. Sus habitantes tienen virtudes que nosotros no tenemos. No sólo nadie debe sentir orgullo por tratar de acabar con ellos sino que incluso deberíamos escucharlos.


Estamos asistiendo, estupefactos, a una guerra de nuevo tipo y sin entenderla. La intensa sucesión de fenómenos oscurece nuestro entendimiento:

Por un lado, seguimos hipnotizados por la superioridad militar de Occidente, el factor que hizo que nuestros países dominaran el mundo durante cinco siglos. Somos incapaces de reconocer que pueblos que aún caminan descalzos pueden ser más civilizados que nosotros. Pero a los iraníes no les interesan nuestras comodidades ni nuestro lujo. No por ello dejan de ser lo que son desde mucho antes que nosotros, un pueblo de ingenieros, con una educación científica mucho más profunda que la nuestra.

La civilización de los iraníes se caracteriza, primeramente, por una voluntad individual de hierro, que no podemos ni siquiera imaginar. En los museos iraníes se ven obras que son fruto de toda una vida de trabajo. Eso no existe en Occidente, donde se suele creer que creación y concentración son incompatibles. Los iraníes perciben el tiempo sólo desde la perspectiva de la duración, nunca en su brevedad. La segunda característica de su civilización es más común: ellos organizan su vida alrededor de la percepción de realidades espirituales. Así estaban organizadas las sociedades occidentales al final de la Edad Media y en tiempos del Renacimiento. Hoy no es así y en Occidente creemos que en eso consiste el progreso. Ellos no. Esas dos características de su civilización, los hace valorar la conciencia más que la ebriedad.

Por supuesto, entre los iraníes existen los mismos vicios que en Occidente. Por ejemplo, en Irán hay tantos drogadictos como en Occidente. La diferencia está en el hecho que, en Occidente, la drogadicción se ve como algo tan banal que el público ni siquiera reacciona cuando los políticos consumen cocaína, algo inconcebible para los iraníes.

Occidente está tan imbuido de su supuesta «superioridad» que ignora la cultura iraní. Pero Irán es una gran civilización, desde el primer milenio antes de nuestra era, mucho antes de que existiera la Atenas de Pericles, desde los tiempos en que los europeos no eran más que más que un puñado de tribus dispersas. En cierto sentido, es incluso normal que los occidentales ignoren esa civilización ya que en nuestras escuelas sólo se habla de su cultura cuando se mencionan las «guerras medicas», o guerras «greco-pérsicas». Hemos oído hablar vagamente de las batallas de Maratón, de las Termópilas y de Salamina… y eso es todo. Sentimos orgullo, con razón, cuando nos cuentan la victoria de los griegos, por su unidad y su astucia, y no vamos más allá.

La civilización de los iraníes está, en sí misma, profundamente marcada por su contacto con la civilización china. En el siglo V antes de nuestra era, ya había estatuas chinas en el gran palacio de Persépolis. Pero lo más importante es que la civilización de los iraníes dio origen a la civilización árabe. Los grandes matemáticos árabes, los grandes astrónomos árabes, los grandes médicos árabes, los grandes poetas de la lengua árabe no eran árabes sino persas. Algunos de los iraníes de hoy conservan incluso cierto sentimiento de superioridad en relación con los árabes.

En el siglo XVI, Irán era un imperio musulmán sunita, pero la dinastía safávida quiso dar a su imperio una identidad diferente a la de su rival, el imperio otomano. Fue así como la dinastía safávida convirtió su población al islam chiita. El reinado de Ismail I estuvo marcado por una guerra de religión cuyo objetivo fue imponer el chiismo mediante el uso de la fuerza. Para instaurar el islam chiita, Ismail I se apoyó en los ulemas chiitas del sur del Líbano.

Eso significa que la relación entre Irán y el Hezbolá libanés no es lo que se cree en Occidente. Todavía hoy los estudiantes de teología iraníes viajan al Líbano para perfeccionar sus estudios. En el Líbano, cuando Hezbolá me albergó en una de sus residencias, la mayoría de las personas albergadas allí eran ulemas iraníes.

Habitualmente se explica la diferencia entre los musulmanes sunitas y los chiitas como un pleito por la sucesión, pero en realidad se trata de dos mundos diferentes. En el mundo islámico, cada región tiene su propia cultura. El islam africano no se parece al islam de China. Los iraníes construyen sus mezquitas en lugares bajos y con pocas ventanas abiertas. Dentro de ellas, en una semi penumbra, las paredes se recubren de pedazos de espejos, creando una atmósfera que invita a la meditación, a la reflexión sobre uno mismo.

Tampoco se entienden en Occidente los lazos que unen a los chiitas árabes con Irán. El mensaje del imam Khomeiny, el padre de la revolución islámica iraní, los transformó a todos. Algunos no siguieron después al «sucesor» institucional de Khomeiny, el ayatola Alí Khamenei, cuando este último redefinió el Velayat-e faqih, o sea el papel de «los sabios» en el gobierno de la gente. Contrariamente a una creencia muy extendida, hombres como el jeque Mohammad Hussein Fadlallah, el padre espiritual de Hezbolá, nunca siguieron al ayatola Khamenei en su sueño de autoridad sobre todos los chiitas.

El Irán revolucionario ejerció una verdadera fascinación, no sólo entre los chiitas del mundo entero sino también entre los demás musulmanes e incluso entre los no musulmanes. Su mensaje era que es posible, a fin de cuentas, liberar a los pueblos del colonialismo y vivir con justicia, en un océano de injusticia, sacrificando su propia vida por ese ideal. A los chiitas que abrazaban ese ideal, Irán les enseñó a seguir el ejemplo del imam Khomeiny. Bajo los presidentes Hachemi Rafsandyani y Mohammad Khatami, Irán pensó en defenderse apoyándose en sus admiradores extranjeros. Aquella fue la época de los «proxis», como los llaman los anglosajones. Pero aquel periodo terminó con la llegada al poder del presidente Mahmud Ahmadineyad y, sobre todo, con el general Qassem Soleimani. Hoy se puede decir que Irán ya no tiene «proxis», diga lo que diga la propaganda occidental. Aunque reciban armamento de Irán, cada grupo es ahora independiente.

Hoy en día, por ejemplo, el Hezbolá libanés no lucha contra Israel por solidaridad con Irán sino porque Israel ocupa militarmente parte del Líbano, en violación del acuerdo de alto al fuego del 26 de noviembre de 2024.

En Occidente se acepta que los líderes iraníes sean asesinados. Los occidentales ven esos asesinatos como un «mal necesario». Ven a Irán como un país «totalitario» que oprime a las mujeres. Pero esa es una manera de interpretar una parte de lo que vemos sin tratar de entender todo el conjunto.

No cabe duda de que Irán está siendo gobernado por una generación que no entiende a su juventud. Pero en Occidente interpretamos ese problema generacional como una discriminación hacia las mujeres y creemos que el gobierno les cierra el acceso a los cargos de responsabilidad. No se tiene en cuenta que Irán sufrió una guerra impuesta por Iraq y que en esa guerra Irán perdió gran parte de sus hombres. Como en la Europa posterior a la 1GM, Irán tuvo que aceptar una mayoría de mujeres en la administración. Hoy las mujeres están presentes en todos los niveles de la sociedad iraní. Es cierto que no dirigen los rituales religiosos ni las fuerzas armadas, pero en Occidente las mujeres tampoco son precisamente numerosas en ese tipo de actividades.

En Occidente también se considera extraño que las mujeres tengan que usar el velo islámico, pero no tenemos en cuenta que los hombres iraníes también están obligados a dejarse crecer la barba. También ignoramos el hecho que numerosos políticos iraníes —principalmente el presidente Mahmud Ahmadineyad— trataron de dejar atrás esos comportamientos y creemos que la imposición del velo a las mujeres es lo que define al gobierno de Irán. Ignoramos que la indumentaria negra que porta una parte de las mujeres iraníes —indumentaria por demás similar a la que portan las religiosas cristianas— no es una muestra de sumisión sino parte de un código. En la administración iraní, las mujeres vestidas de negro son tan numerosas como los hombres que portan traje de dos piezas y corbata en las administraciones occidentales.

Occidente ignora el nivel intelectual de los iraníes en general. Por ejemplo, lejos de ser un individuo obcecado por un diabólico deseo de oprimir el pueblo, el asesinado Alí Larijani era un filósofo, especializado en la obra de Kant, interesado en el estudio de los criterios —¿lógica o intuición?— que llevan una persona a aceptar o rechazar una proposición. ¿Cuántos dirigentes así tenemos en Europa?

Para terminar, digamos algo sobre la violencia en Irán. En todas las épocas, Irán ha vivido en una cultura sangrienta. Todas las organizaciones de defensa de los derechos humanos han reconocido que, en los años 1960, el régimen del shah Mohamed Reza Pahlevi era el más represivo del planeta. Pero, como pueblo, los iraníes siempre han sido contrarios a los castigos colectivos. Es cierto que la República Islámica ha recurrido con frecuencia a la pena de muerte, pero nunca a castigos contra familias ni contra grupos de personas.

En Occidente se afirma que en Irán los homosexuales son enviados a la horca, eso no es cierto. En cambio, los violadores de niños sí son condenados a la horca. Y la cultura popular iraní sigue asimilando la homosexualidad a la pedofilia, como sucedía en Europa hace sólo una treintena de años. Yo mismo soy testigo de que algunos iraníes ven con desprecio a los homosexuales iraníes, pero también soy testigo de que ese prejuicio es menos frecuente en Irán que en Europa y de que los homosexuales iraníes ciertamente no hacen ostentación de lo que son… pero tampoco se esconden. El ayatola Mojtaba Khamenei, que acaba de ser designado Guía Supremo, es notoriamente homosexual. Eso indica que la República Islámica no es intrínsecamente estúpida, como tampoco lo es la oposición. Y también puedo decir que, siendo yo conocido por mi amistad con el presidente Mahmud Ahmadineyad quienes hicieron campaña contra mí por mi homosexualidad fueron los llamados «progresistas» proestadounidenses.

Los iraníes son como nosotros. Capaces de mostrarse puritanos en el ámbito público siendo liberales en privado, lo cual hace decir a quienes no los entienden que son un pueblo de hipócritas. En realidad, sólo difieren de nosotros en su definición de la libertad y de las conveniencias.

Cuando Khomeiny, en reacción al uso de gases tóxicos por parte de Iraq, declaró que la moral prohibía que Irán recurriese al uso de armas de destrucción masiva, no fue difícil para él lograr que los iraníes aceptaran su fatwa en ese sentido. Y si la guerra duró un año más fue precisamente porque la República Islámica se había impuesto a sí misma aquella limitación. Ese hecho de la historia reciente de Irán hace que sean absurdas las acusaciones de que los iraníes esconden un hipotético programa nuclear de carácter militar. Además de que el concepto de taqiyya (disimulación) no tiene absolutamente nada que ver con el islam chiita, esas acusaciones occidentales ignoran otro aspecto esencial de la cultura iraní: la responsabilidad individual. Irán rechaza toda forma de castigo colectivo.

Quiero subrayar que en Irán nunca temí al poder político ni al poder militar, pero siempre sentí que tenía que protegerme del poder judicial. Los jueces, que aplican su interpretación personal de la ley islámica, me parecieron a menudo fanáticos. Tuve la oportunidad de conversar y debatir con los más altos responsables de ese medio y me parecieron a menudo gente que condenaba a los acusados olvidando su dimensión de seres humanos.

A modo de conclusión, quiero resaltar que en Irán encontré muchísima gente sincera, personas capaces de asumir los mayores sacrificios. Sé que no todos son así y que también existen iraníes que sólo se interesan por el dinero… como los occidentales.

EL ERROR ESCATOLÓGICO DE THIEL.

 

Es positivo que Thiel hable del Anticristo y del Katechon. Estos temas son realmente relevantes hoy en día. Pero lo que dice es totalmente confuso. Reduce el Anticristo únicamente al globalismo liberal de izquierdas (Gobierno Mundial, Soros, Greta), aunque esta interpretación es parcialmente cierte y ellos hacen parte del enemigo.

Pero su interpretación el identifica a la IA, la alta tecnología y el aceleracionismo posliberal con el Katechon, idea bastante extraña y totalmente inadecuada. El Katechon de C. Schmitt es el Estado organizado verticalmente, el Leviatán. La versión más auténtica es el Imperio cristiano: bizantino para nosotros, romano para los católicos.

La transformación poshumanista de los cuerpos, el control total de Palantir, la genética y las élites de Epstein que gobiernan el mundo desde sus búnkeres no tienen absolutamente nada que ver con Katechon. Es más bien la otra cara del Anticristo. El Anticristo es el Enemigo (antikeimenos) del Katechon.

Así pues, la Rusia katechónica lucha contra el gobierno mundial, pero el proyecto de Thiel no es una alternativa. Es parte del proyecto del Anticristo.

Por cierto, la profecía cristiana ortodoxa identifica también al Mesías judío con el Anticristo. Tercer aspecto que explica nuestra actitud hacia el sionismo. La teología dispensacionalista protestante y el sionismo cristiano evangélico pertenecen al mismo grupo de conceptos.

Es interesante que la escatología islámica (no solo chiíta, sino también suní —excepto los salafistas, wahabíes y el ISIS controlados por el Mossad—) coincida más o menos con la cristiana ortodoxa. Los musulmanes interpretan el sionismo y el Occidente moderno en general como el Dajjal (=Anticristo). Exactamente igual que nosotros.

Según algunos hadices, la batalla final será entre el Dajjal (sionismo/dispensacionalistas estadounidenses) por un lado y la alianza del Islam (Mahdi) y Rum (cristianismo ortodoxo —Katechon)— por el otro.

Los «tech bros» (Alex Karp y otros) están claramente del lado del Anticristo. Simplemente invitan a quitarse las máscaras del liberalismo e imponer directamente el dominio del Anticristo.

También está el israelismo británico, que afirma que los anglosajones son las diez tribus perdidas del antiguo Israel. De ahí el mesianismo anglosajón puro, la hegemonía, Cecil Rhodes y la geopolítica talasocrática de Mackinder/Brzezinski. Una cara más del Anticristo.

Ahí es donde nos encontramos.