El Ártico como cúpula del trueno celestial.
¿Podrá Estados Unidos alcanzar la supremacía militar que busca?
Mientras que China, Rusia y Estados Unidos reorganizan el mundo, el presidente estadounidense Donald Trump sobrevalora sus propias posibilidades, algo realmente peligroso. Ya ha logrado hacernos creer que ha optado por retirarse de la OTAN, cuando lo cierto es que ya no puede mantenerse en ella. En realidad, Donald Trump está hoy en la misma situación que Mijaíl Gorbatchov cuando se retiró del Pacto de Varsovia… al borde del abismo.
- La «Cúpula Dorada» (20 de mayo de 2025)
- El Departamento de la Guerra (5 de septiembre de 2025)
- La “Flota Dorada” (22 de diciembre de 2025)
- El presupuesto militar (7 de enero de 2026)
El imperativo del renacimiento del katechon ruso.
Lavrov advirtió sobre el intento de Estados Unidos de establecer una superioridad estratégica sobre Rusia.
«El segundo elemento son los planes de Estados Unidos de ampliar el despliegue de sus armas nucleares en Europa, de los que poco se sabe públicamente. No obstante, esta política complementa la mencionada anteriormente, tal y como se ha explicado, y señala que Estados Unidos no abandonará sus puestos avanzados nucleares estratégicos en Europa. También aumenta las amenazas estratégicas a las que se enfrenta Rusia desde el vector occidental, lo que garantiza que la mayor parte de sus capacidades estratégicas sigan apuntando en esa dirección incluso después de que termine el conflicto ucraniano».
La tercera forma en que Estados Unidos está intentando establecer su superioridad estratégica sobre Rusia es a través del «Golden Dome» de Trump, cuyo objetivo es neutralizar las capacidades de segundo ataque de Rusia basadas en silos. La adquisición de Groenlandia por parte de Estados Unidos le permitiría interceptar los misiles balísticos intercontinentales rusos sobre el Ártico. La respuesta de Rusia es construir más submarinos nucleares para lanzar segundos ataques desde otras direcciones, al tiempo que construye más drones submarinos nucleares Poseidon para desatar devastadores tsunamis.
Y, por último, la última parte fue la que más tiempo dedicó Lavrov, y es la militarización del espacio exterior por parte de Estados Unidos. Afirmó que Estados Unidos solo propone prohibir las armas nucleares en el espacio, no las no nucleares, lo que supone una admisión tácita de sus planes en este ámbito. Lavrov no lo mencionó, pero el «Golden Dome» también tiene un componente espacial, que podría explotarse para colocar clandestinamente armas ofensivas en el espacio en lugar de interceptores puramente defensivos. Esta posibilidad plantea muchos problemas a Rusia.
«Al reunir estas cuatro partes constitutivas, queda claro que Trump quiere restaurar la hegemonía unipolar de Estados Unidos sobre los asuntos mundiales, que hasta ahora ha ido decayendo, y que prevé lograr en gran parte obteniendo la superioridad estratégica sobre Rusia y China para luego chantajearlas con primeros ataques. Anticiparse a este oscuro escenario fue una de las razones que motivaron la operación especial de Rusia después de que el Kremlin se enterara de los planes clandestinos de Estados Unidos de desplegar algún día activos estratégicos ofensivos y defensivos en Ucrania».
Bajo el mandato de Trump 2.0, Estados Unidos está globalizando ahora esas amenazas a la capacidad de segundo ataque nuclear de Rusia, lo que ha desencadenado una carrera armamentística estratégica no declarada. Las pruebas realizadas por Rusia a finales del año pasado con el misil Burevestnik de alcance ilimitado y propulsión nuclear, junto con el desarrollo relacionado de otros activos estratégicos ofensivos, demuestran que es capaz de mantener sus capacidades mencionadas. Aun así, el intento de Estados Unidos de establecer una superioridad estratégica sobre Rusia es muy hostil, lo que dificulta enormemente cualquier posible «nueva distensión».
Traducción al español para Geopolitika.ru
por el Dr. Enrique Refoyo
Fuente: https://korybko.substack.com/
La reorganización del mundo.
El mundo está cambiando muy rápidamente. El año 2026 puede verse marcado por el regreso a la división en zonas de influencia y el fin de los imperios coloniales. Pero veremos sobre todo el regreso al derecho internacional frente a las reglas que hasta ahora conocíamos. Sólo quienes sean capaces de entender esos cambios y de adaptarse rápidamente podrán seguir desarrollándose.
Estamos viendo la reorganización del mundo según la reunión que los presidentes Putin y Trump sostuvieron en Anchorage (el 15 de agosto de 2025), el alto al fuego acordado en Gaza (el 10 de octubre de 2025) y la operación Absolute Resolve en Venezuela (el 3 de enero de 2026). Ahora está claro que los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin se repartieron el mundo en Alaska. El reparto tendrá que ser avalado durante el próximo encuentro entre el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping.
La única información disponible es el mapa publicado por el analista ruso Andrei Martyanov. En ese mapa, el mundo aparece divido en tres zonas de influencia, lo cual no contradice el principio de un mundo multipolar. El derecho internacional primitivo —me refiero al que existía antes de la guerra fría—resuelve sólo algunos problemas y concede a los Estados la posibilidad de hacer lo que quieren dentro de los límites que ellos mismos se han fijado con la firma de tratados.
En mi última crónica expliqué que, al contrario de lo que todo el mundo afirma, si bien Estados Unidos cometió un crimen al secuestrar al presidente venezolano Nicolás Maduro, a la luz de las reglas anteriores, también podría decirse que no fue así ya que nunca se había comprometido a no hacerlo. Esta realidad puede parecernos chocante, pero eso no cambia la cuestión de fondo. En lo adelante, tendremos que funcionar según esa realidad.
Hasta ahora, el mundo estaba gobernado por los G5, G6, G7, G8, etc., un sistema que hasta ayer se componía de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y la Unión Europea.
La desaparición de esa estructura marca el fin de los imperios británico y francés. Francia tendrá que descolonizar Nueva Caledonia y la Polinesia; Estados Unidos tendrá que descolonizar Samoa, Guam y las Islas Vírgenes estadounidenses; Nueva Zelanda tendrá que descolonizar Tokelau; y Reino Unido tendrá que descolonizar Anguila, las Bermudas, las Islas Vírgenes Británicas, las Islas Caimán, las Malvinas, Gibraltar, Monserrat, Santa Elena y las Islas Turcas y Caicos. Eso tendría que concretarse muy rápidamente si Francia, Reino Unido y Nueva Zelanda quieren conservar algún tipo de presencia en sus antiguas colonias.
Es probable que se produzca una descomposición de la Commonwealth. Como mínimo, sus miembros abandonarán su ciudadanía compartida.
El G7 se verá reemplazado por un C4 o un C5, conformado por China, Estados Unidos, la India y Rusia —el presidente Trump espera incluir a Japón[1] pero es posible que este último país no sea admitido, debido a sus declaraciones belicistas. China rechaza el ascenso del militarismo imperial nipón y el negacionismo del gobierno de Sanae Takaichi, así como su aspiración a controlar los microprocesadores de Taiwán y sus investigaciones sobre las tierras raras.
Teniendo en cuenta el poderío de cada una de ellas, las 4 principales potencias mundiales podrán hacer su voluntad en todos los asuntos no definidos por el derecho internacional —como Estados Unidos en el caso de Venezuela.
Varias alianzas regionales permitirán que algunas potencias secundarias desempeñen un papel importante.
No entraré a analizar el caso de la OTAN, que va a disolverse a mediados de 2027, o antes, dependiendo de la cuestión del traspaso de Groenlandia entre Dinamarca y Estados Unidos. Las protestas de algunos de sus miembros europeos serán inútiles en la medida en que no van a declararle la guerra a Estados Unidos, como tampoco van a declararle la guerra a Rusia.
La alianza AUKUS —entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos— tampoco logrará sobrevivir a la repartición del mundo.
También está llamada a desaparecer la Unión Europea. El show de Ursula von der Leyen con la firma del acuerdo de libre comercio UE-MERCOSUR sólo precipita su caída: los pueblos de Francia, Polonia, Austria, Irlanda y Hungría acaban de darse cuenta de que esa burocracia no defiende sus intereses, sino que sacrifica sus campesinos a las necesidades de la industria alemana.
Varias estructuras se encargarán del relevo: la Fuerza Expedicionaria Inter-ejércitos (JEF o Joint Expeditionary Force), una OTAN en miniatura encabezada por el Reino Unido, en la que se cuentan Dinamarca, Finlandia, Estonia, Islandia, Letonia, Lituania, Países Bajos, Suecia y Noruega. Es probable que Ucrania se una a esa fuerza, mientras que Islandia se uniría a Estados Unidos —después de la cesión de Groenlandia. Al igual que Canadá y Groenlandia, Islandia se halla en la plataforma continental norteamericana, lo cual explica el «apetito» estadounidense.
Por su parte, Bulgaria, Finlandia, Letonia, Lituania, Polonia y Suecia ya han conformado una «alianza del frente oriental», pero no parece seguro que esa nueva organización logre mantenerse ya que carece de presupuesto y de secretariado.
Esas alianzas militares estarán «emparejadas» con coaliciones políticas, siguiendo el modelo de la Unión Europea y la OTAN. La principal es la «Iniciativa de los Tres Mares», en la que ya se reúnen Austria, Bulgaria, Croacia, Estonia, Grecia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Rumania, Eslovaquia, Eslovenia y Chequia. Esta agrupación apunta a reeditar la medieval República de las Dos Naciones o el proyecto de la Federación Miedzymorze (Intermarium) del mariscal polaco Jozef Pilsudski (1867-1935), o sea crear una federación situada entre Alemania y Rusia. Se trata de un proyecto polaco, defendido por el presidente Karol Nawrocki, del partido Derecho y Justicia, mientras que el primer ministro polaco Donald Tusk, de la Coalición Cívica, milita por la «alianza del frente oriental».
En el Medio Oriente, la rivalidad entre Arabia Saudita e Irán terminó gracias a la mediación china de 2023, pero se ha visto reemplazada por una rivalidad entre Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, que ya se ha expresado en Yemen y en Sudán. Sauditas y emiratíes, que hace sólo 4 años eran los mejores amigos, hoy son rivales absolutos. Arabia Saudita trata formar una alianza con Pakistán, Turquía, Egipto y Somalia, mientras que Emiratos Árabes Unidos, que ya ha forjado alianzas militares con facciones sudanesas, libias y somalíes, se acercaría un poco más a Israel y trataría de atraer a Etiopía.
En África, Alianza de Estados del Sahel (en francés: Alliance des États du Sahel, AES) —Burkina Faso, Mali y Níger— es la única alianza militar regional y contaría con el apoyo de China y Rusia.
¡Así que por eso Trump necesita Groenlandia! «Masas ignorantes y poder ilimitado». El primer campo de concentración digital del mundo.
«La figura de Donald Trump en esta historia parece menos excéntrica de lo que se suele pensar. Su propuesta de «comprar Groenlandia», formulada en 2019, fue entonces considerada una farsa política. Sin embargo, ahora, tras el secuestro de Maduro, el desencadenamiento de una guerra comercial mundial y el fortalecimiento del grupo right-tech dentro de la élite estadounidense, las intenciones de Trump ya se están tomando en serio. Si no se llega a un acuerdo con Copenhague, es muy posible que se produzca una toma de la isla por la fuerza. Y nadie podrá impedirlo en Washington. A continuación, el nuevo estado se cederá a la derecha tecnológica, conservando la forma anterior de autonomía».
Pero incluso si Praxis nunca se lleva a cabo precisamente en Groenlandia, la propia elección de territorios similares dice mucho: los experimentos posestatales solo son posibles allí donde el Estado clásico está debilitado, es económicamente vulnerable o es secundario. Groenlandia no es aquí un objetivo, sino un símbolo.
Contrato en lugar de política: la ilusión de una sociedad controlada
La base ideológica de Thiel se basa en la convicción de que el Estado tradicional no es capaz de gestionar sociedades tecnológicas complejas. Según su lógica, la burocracia frena el desarrollo, la «democracia» distorsiona las decisiones racionales y la redistribución de los recursos reduce la eficacia de las élites. Las tecnologías, por el contrario, permiten automatizar la gestión y sustituir los procedimientos políticos por contratos y algoritmos. Esta lógica parece coherente, pero solo hasta que el Estado se considera un servicio o una corporación.
«El Estado no es una interfaz ni un conjunto de procedimientos administrativos. Es la forma más elevada de organización del poder en el territorio, que posee el derecho exclusivo de coacción, ley y uso de la fuerza. No existe para la comodidad ni para la «eficacia», sino para mantener la integridad de la sociedad, garantizar la supervivencia del pueblo y proteger la soberanía en condiciones de constante presión externa e interna».
Ningún sistema tecnológico es capaz, en principio, de sustituir al Estado, ya que no posee soberanía. Un algoritmo no puede ser fuente de poder, una plataforma no puede ser portadora de responsabilidad y un contrato no puede sustituir a una decisión política, ya que, desde el punto de vista formal, puede ser «ineficaz». La legitimidad no se crea con un código, sino que se gana con la historia, se confirma con la capacidad de vencer, mantener el territorio, garantizar el orden y aplicar decisiones impopulares en momentos críticos.
En cualquier situación que trascienda el cómodo mundo de un grupo reducido de participantes, todos los «Estados digitales» se desmoronan instantáneamente y vuelven a la sombra, donde deben estar: bajo la protección del poder real, no simulado.
Históricamente, ya han existido construcciones similares, desde colonias corporativas hasta ciudades comerciales libres. Pero, al final, o se integraron en las estructuras estatales o entraron en conflicto directo con ellas. La envoltura tecnológica no cambia la esencia.
¿Y qué?
Praxis de Peter Thiel no es un club cerrado «para los suyos» ni un Estado paralelo para la élite. Es una matriz supranacional universal, diseñada precisamente para todos. Pero está organizada de tal manera que los sujetos de control en ella siguen siendo unos pocos, y los objetos, las masas. El Estado clásico no se destruye aquí por la fuerza, sino que se retira cuidadosamente del juego como una interfaz «obsoleta»: el derecho se sustituye por un acuerdo de usuario, las decisiones administrativas por algoritmos, la soberanía por la identidad digital y la responsabilidad por el soporte técnico.
La praxis de Peter Thiel no es un club cerrado «para los suyos» ni un Estado paralelo para la élite. Es una matriz supranacional universal, diseñada precisamente para todos. Captura de pantalla https://www.praxisnation.com/
En este modelo, el ser humano no es portador del código de la civilización, sino solo un elemento del sistema, controlado a través de datos, clasificaciones de acceso, restricciones financieras e incentivos conductuales. Es aquí donde surge la jerarquía real: en la cima están los arquitectos del sistema, los propietarios de los algoritmos y las claves de identificación; en la base, la masa de usuarios, para quienes el mundo se reduce a permisos, suscripciones y escenarios de comportamiento aceptables.
«La abolición del Estado en este formato no significa una mejora de la eficiencia. Al contrario, desaparece la última barrera entre el poder y el individuo. Si el Estado todavía se ve obligado a defender los intereses de los ciudadanos, a apelar a la ley, la historia y las tradiciones, la plataforma digital supranacional no le debe nada a nadie. Simplemente desconecta, restringe o reconfigura».
En este sentido, Praxis no es «el futuro de la gestión», sino la tecnología de la destrucción definitiva de la soberanía de los países y los pueblos, donde las masas «estúpidas» ni siquiera son reprimidas, sino suavemente administradas. Y el poder se vuelve invisible, impersonal y, por lo tanto, prácticamente invulnerable.
Traducción al español para Geopolitika.ru
por el Dr. Enrique Refoyo
Fuente: https://tsargrad.tv/
Rusia lanza su segundo Oreshnik a Ucrania y Martyanov publica un «mapa del reparto tripolar».
Es sorprendente el mapa que ha publicado Andrei Martyanov, especialista con estrechos vínculos en el ejército ruso. Según ese mapa, los presidentes Donald Trump, Vladimir Putin y Xi Jinping se habrían «repartido» el mundo en función de lo que el presidente ruso y el presidente estadounidense conversaron en Anchorage, el 15 de agosto de 2025. Para Estados Unidos: las Américas, desde Alaska hasta la Patagonia. Para Rusia: todo el continente europeo y también el Reino Unido. Para China: toda Asia, Oceanía y el Levante, incluyendo Israel.
Precisiones sobre la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y el derecho internacional.
Ante el gran número de mensajes que recibimos en Red Voltaire sobre el artículo anterior de Thierry Meyssan, solicitamos a este autor que respondiera a nuestros lectores. Esta semana Meyssan explica que la operación Absolute Resolve no es contraria al derecho internacional porque no viola ningún compromiso de Estados Unidos. Esta parece una buena ocasión para reflexionar sobre la diferencia entre las reglas de la guerra fría —las reglas que todavía estamos siguiendo— y el derecho internacional, que se impone como referencia en el mundo multipolar.
Desde que se publicó mi artículo de la semana pasada sobre la operación Absolute Resolve[1], he recibido abundantes mensajes de protesta. Sólo he podido responder una pequeña parte de esos mensajes. Estoy consciente de que me expresé mal ya que muchos de ustedes entendieron cosas que nunca escribí ni dije, así que quisiera ofrecer algunas explicaciones.
En primer lugar, el tema de mi artículo no era la crisis en Venezuela sino el hecho que la intervención estadounidense no viola el derecho internacional. Insisto en ese punto.
El derecho internacional no es un código. Es sólo un compromiso a respetar la palabra dada y a no comportarnos como bárbaros.
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