Aleksandr Duguin reflexiona sobre el Occidente contemporáneo como una civilización que considera en declive moral, político y espiritual.
¿Quién caerá primero? Esa es la verdadera pregunta. Todo lo demás es solo propaganda.
Estamos cayendo, cayendo, cayendo. La multipolaridad es una alternativa saludable. MAGA también parecía serlo. Ahora ya no. Trump es un gran engaño: lucha contra la multipolaridad y traiciona a MAGA. Así que estamos cayendo.
Nada inspira esperanza. Cualquier elección es entre lo malo y lo peor o lo todavía aun peor.
La élite estadounidense, tanto demócratas como republicanos, está totalmente corrompida. Tienen cero autoridad moral, solo poder bruto. Un país repugnante, una sociedad repugnante. Trump es solo parte de ello. Los archivos de Epstein, incluso en su versión parcial y censurada, lo demuestran sin lugar a dudas.
El progreso técnico es la otra cara de la acelerada decadencia moral. La modernidad occidental comenzó con el anticristianismo. Ahora el tren llega a la estación terminal: «la isla de Epstein». Pedófilos, pervertidos, mentirosos, estafadores, asesinos, degenerados y satanistas son el resultado lógico.
Parece que todo Estados Unidos está en los archivos de Epstein. Vosotros elegisteis a estas personas, les dejasteis gobernaros, las admiráis y las apoyáis mientras atacan a otras naciones por su codicia y su apetito. Sois cómplices.
Toda América del Norte es una enorme isla Epstein.
El Occidente moderno también es la Isla Epstein Mundial.
La élite estadounidense es un Anticristo colectivo. Trump parecía ser algo diferente y tal vez lo sea. No olvidéis que fue bajo su presidencia cuando se publicaron los archivos de Epstein, incluido su propio dossier con actos horribles. Quizás su alma se esfuerza desesperadamente por arrepentirse.
Ahora todo en Estados Unidos, en Occidente y en Israel debería ponerse en tela de juicio: la política, los medios de comunicación, la cultura, la economía. Todo y todos están comprometidos. Este es el momento terminal del fraude conocido como «civilización occidental liberal moderna». Merece morir.
Peter Thiel tenía razón: la isla de Epstein es la Nueva Atlántida de Bacon. Pero la mayoría de los críticos radicales de la camarilla globalista parecen formar parte del mundo de Epstein. Ese es el problema. Nada puede salvar a Occidente, porque está gobernado por élites puramente satánicas. Las peores afirmaciones se confirman.
Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

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