Randy Fine, congresista jázaro estadounidense ligado a Jabad-Lubavitch, «prefiere los perros antes que los musulmanes».

Ante el cambio de posición de Washington en Gaza, varias personalidades del sionismo revisionista (sionistas seguidores de Zeev Jabotinsky y no de Herzl) muestran súbitamente sus vínculos con la secta Jabad-Lubavitch. Eso les permite proclamar públicamente su odio hacia los árabes. Esto sucede «casualmente» en el preciso momento en que el mundo descubre los recovecos del «Caso Epstein». Para quienes no lo han entendido aún: Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell no eran judíos como los demás y también estaban vinculados a esa secta basada en el odio.

En 1990, Benjamin Netanyahu se reunió con el rabino ucraniano Menachem Mendel Schneerson. El rabino le pidió que acelerara la llegada del «Mesías». Sin embargo, sus seguidores ya estaban convencidos de que él mismo era el «Mesías». Al masacrar a los palestinos, Benjamin Netanyahu está cumpliendo el sueño imperial de su mentor político, Jabotinsky, y, al mismo tiempo, el sueño religioso de su mentor espiritual, el Rebe: la catástrofe del fin de los tiempos.

Estados Unidos naufraga en el repulsivo mundo sicalíptico del jázaro Epstein, vulgar agente del Mossad, mientras se despliega una guerra de religiones con la asunción del alcalde de Nueva York, el chiíta-ugandés Zohran Mamdani, al unísono de los supuestos escándalos de un millón de somalíes islámicos en Minnesota, frente a los supremacistas blancos[1]el «nacionalismo cristiano» de la Heritage Foundation 2025, y, sobre todo, de los muy influyentes islamofóbicos talmúdicos jázaros que hoy pululan en Florida.

En esta guerra religiosa contra el mundo islámico —a la que Netanyahu agregó la secesión de Somalilandia y que Trump extendió hasta Nigeria, debido a la persecución de los cristianos por la mayoría musulmana—, el legislador por Florida Randy Fine sentenció que «si nos fuerzan a escoger, la selección entre perros y musulmanes no es difícil»[2].

Tampoco es «difícil» escudriñar la genealogía jázara de Randy Fine, vinculado a la secta talmúdica escatológica Jabad-Lubavitch (inmersa en muchos escándalos de tráfico de menores), y sus adherentes cabalísticos: el general israelí Ariel Sharon, el primer ministro Netanyahu (y sus presuntas visitas a Epstein, agente del Mossad), del comediante Zelenski —que «gobierna» el paraíso de la pedofilia en Ucrania—,y hasta del [presidente] argentino Javier Milei[3].

El jázaro talmúdico Randy Fine, de 51 años, nació en Tucson, Arizona, y hoy es representante del sexto distrito de la Florida. Randy Fine no oculta ser un «devoto» talmúdico y se autodenomina el «martillo hebreo».

Nada sorprendentemente, Randy Fine había laborado en la consultoría McKinsey y fue ejecutivo en la industria de casinos (sic), como su icónico correligionario Sheldon Adelson.

Entre los donantes corporativos de Fine, resalta Elbit System, la empresa militar israelí, así como Boeing y General Dynamics, selectos miembros del complejo militar industrial que parecieran buscar nuevas guerras de religión.

Randy Fine ha obtenido suculentos donativos del mancillado AIPAC (American Israel Public Affairs Committee) que mediante sus lubricaciones controla el Congreso de Estados Unidos.

Hoy Randy Fine enfrenta la exigencia del líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, para que renuncie o sea castigado.

En la cultura musulmana —que hoy consta de 2137 millones de feligreses, según la OIC (Organización para la Cooperación Islámica)—, el término «perro» es lo más despectivo en la escala de invectivas.

La también jázara Ghislaine Maxwell, «novia» putativa de Epstein y pedófila convicta, expresó «imaginar la erradicación de todos los árabes en 2032»[4].