En una semana, Israel decapitó las élites políticas iraníes, mientras que Estados Unidos destruyó gran parte del arsenal de Irán. Pero la República Islámica mantiene su respuesta militar contra las bases de sus agresores en el Golfo Pérsico y el Levante. Irán no ha caído. Es cierto que las minorías no se han levantado aún contra los persas, pero nadie había previsto la extraordinaria resistencia de la República Islámica.
Al corte de caja de hoy, no se ha cumplido ninguno de los dos objetivos primarios que acordaron Estados Unidos e Israel en su guerra preprogramada en Miami, desde el 29 de diciembre pasado, entre Netanyahu y Trump (analista británico Alastair Crooke dixit). Irán no ha capitulado ni se ha producido ningún «cambio de régimen»[1].
¡Todo lo contrario!: Irán acaba de elegir como líder supremo a Mojtaba, hijo del mártir Alí Jamenei[2], lo cual expuso la mendacidad de la «guerra de desinformación» de Israel, que había exultado la aniquilación de los 88 jurisconsultos de la Asamblea de Expertos en su cónclave para elegir al sucesor en Qom[3].

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