OBELISCOS: SU VERDADERO SIMBOLISMO PAGANO Y MASÓNICO.

Albert Pike, Soberano Gran Comendador del rito escocés estadounidense, portando varias distinciones francmasónicas, Library of Congress, 1877.

Originalmente los obeliscos se asociaban con el culto al dios Sol. Eran símbolos de Baal o de Nimrod. Aquellas gentes —habiendo rechazado el conocimiento del verdadero Creador—, al notar que el sol daba vida a las plantas y al hombre, comenzaron a pensar en él como Dios, el gran otorgador de la vida. Mas no solamente eran los obeliscos símbolos del sol; también eran reconocidos como símbolos sexuales. Aquellas gentes se daban cuenta que a través de relaciones sexuales se producía vida. Y por esta razón —como es sabido por todo aquel que lo ha estudiado— el falo, órgano reproductivo masculino, fue también reconocido (igual que el sol) como un símbolo de vida y, por ende, un símbolo de carácter solar. ¡De ahí el significado del obelisco!

Escuchen lo que Albert Pike dice del obelisco: «De ahí la importancia del falo, o de su inofensivo sustituto, el obelisco, erguido como un emblema de la resurrección de la Deidad enterrada…». [Dogma  y Moral p. 393].

Considerando el denigrante significado de los obeliscos, no debe sorprendemos que su uso fuese prohibido por la Biblia. La palabra «imágenes», que aparece en nuestra Biblia, es traducida de varias palabras diferentes con distinto significado. Una de éstas palabras es matzebah, que significa «imágenes altas», es decir, obeliscos. Esta palabra es usada en (1 Reyes 14:23), (2 Reyes 18:4 y 24:14), (Jeremías 43:13) y (Miqueas 5:13). Otra palabra original que se usaba frecuentemente, refiriéndose a los obeliscos, es hammanim, que significa «imágenes del sol», es decir, imágenes dedicadas al sol u obeliscos. Esta palabra se encuentra en el texto original de (Isaías 17:8 y 27:9).

Para que estos obeliscos pudieran presentar mejor su simbolismo pagano eran erigidos verticalmente. Así que apuntaban hacia el sol. La posición era erecta, con el fin de simbolizar al falo. Al considerar cuán importante era esta posición erecta del obelisco, para aquellos que veneraban los misterios, es interesante notar lo que Dios declaró en cuanto a tan falso culto. Dijo que sus «imágenes» —obeliscos— «no se levantarán» (Isaías 27:9). Podemos darnos cuenta, así, de la oposición del Señor a estos nefastos símbolos.

Cuando los israelitas infieles mezclaron cultos paganos con su culto al verdadero Dios, ¡¡¡también construyeron una imagen en la entrada del templo que provocó el celo de Dios!!! (Ezequiel 8:5). Esta imagen era probablemente un obelisco, el símbolo fálico; porque, como dice Scofield en su comentario a este capítulo, «se habían entregado a cultos fálicos». Esta práctica de erigir obeliscos a la entrada de los templos paganos, fue una costumbre establecida en aquella época. A la entrada del templo de Atum se encontraba un obelisco igual que al frente del templo de Hathor.

Al considerar el uso del obelisco a la entrada de los templos en el viejo paganismo, no debe sorprendernos el hallar «exactamente» lo mismo en la Babilonia moderna, ¡la Iglesia Católica Romana! Sí, no solamente eran puestos estos obeliscos a las entradas de los templos de los idólatras del sol, sino que al frente de la entrada de la catedral de San Pedro, en Roma, ¡hallamos el símbolo idéntico hoy en día!

La Catedral de San Pedro y su plaza circular están localizados en forma de cruz. En el centro de la plaza está situado el obelisco pagano. Una foto aérea nos mostraría la Iglesia de San Pedro —como la iglesia «madre» de todo el cristianismo—, ¡y al frente de ella el obelisco o imagen del celo, símbolo del falo! He aquí una increíble clave para ayudarnos a identificar a la Babilonia moderna.


¿Cómo ha sido que un objeto tan abominable haya sido puesto ahí? Cuando lo estudiamos, descubrimos que al propagarse la religión misteriosa a Roma, junto con ella llegó el uso de obeliscos como un símbolo. Y no solamente fueron los obeliscos hechos y erigidos en Roma, sino que los mismos obeliscos egipcios fueron trasladados a Roma a un gran costo y luego fueron erigidos por los emperadores y dedicados al dios-Sol, en días paganos. Y este fue el caso del obelisco que actualmente está situado ante la Basílica de San Pedro.

No es solamente una copia de un obelisco egipcio, ¡sino que es el mismo obelisco que era adorado en Egipto tiempos atrás! Calígula, en los años 37-41 después de Cristo, hizo transportar este obelisco desde Heliópolis (Egipto) hasta su circo de las colinas del Vaticano, donde actualmente yace la Catedral de San Pedro. Heliópolis, la ciudad de donde fue transportado originalmente este obelisco, no es más que el nombre griego de «Beit Shemesh» ¡el cual era el centro egipcio de adoración al sol de tiempos atrás! Y es este el sitio del que dice la Biblia que «...También quebrará los obeliscos de Heliópolis, que está en la tierra de Egipto, y prenderá fuego a los templos de los dioses de Egipto». (Jeremías 43:13).

De tal forma que el mismo obelisco que una vez estuvo en el antiguo templo pagano, centro del paganismo egipcio (Heliópolis o Beit Shemesh), ahora está situado ante el templo que es el centro del paganismo moderno, la llamada Catedral de San Pedro, la iglesia «madre» del catolicismo. Esto parece más que una coincidencia.

Aquel obelisco de granito rojo del Vaticano mide 83 pies de altura (132 pies con sus cimientos) y pesa 320 toneladas. En 1586, para asegurarse de que el obelisco estuviese situado en la entrada de la Catedral, fue movido una corta distancia de donde está hoy situado, en la Plaza de San Pedro, por orden del papa Sixto V, a pesar del enorme coste y dificultad.

No era tarea fácil el mover este pesado obelisco, especialmente en aquellos días. Muchos hombres se negaron a hacer esta tarea, especialmente cuando el Papa pronunció la pena de muerte si el obelisco era soltado y roto. Tal sentencia indica por sí misma cuán importante consideraba el Papa y su pueblo al ídolo tan abominable.

Las multitudes llenaron la extensa plaza. Mientras el obelisco era removido, la gente que estaba allí —bajo pena de muerte— fue obligada a mantenerse en silencio hasta que se terminó la recolocación. Nuevamente notamos la importancia que la Iglesia Romana atribuía a este ídolo.

Finalmente, el obelisco fue levantado, sonaron cientos. de campanas y rugieron los cañones y la multitud gritó entusiasmada. Se dedicó al ídolo a la «cruz», celebraron una misa y el Papa pronunció una bendición para los trabajadores y sus caballos. (ver Monumentos Antiguos de Roma, pág. 177, de Theodore Pignatorre).

Dentro de las antiguas naciones paganas, no solamente fueron hechas estatuas de los dioses y diosas de forma humana, sino que muchos objetos eran venerados y tenían un significado simbólico, oculto y misterioso.

Un ejemplo de esto se puede ver en el culto a los antiguos obeliscos. Diodoro dice que la reina Semíramis erigió un obelisco en Babilonia de 130 pies de altura (Enciclopedia de religiones, vol. 3, pág. 264). En esta forma podemos notar que los obeliscos eran usados en la religión babilónica. Pero es en Egipto que su uso fue más preeminente. Como es sabido, Egipto llegó a ser una gran fortaleza del paganismo y de los antiguos misterios religiosos. Hay un gran número de estos viejos obeliscos todavía en Egipto. (ver Monumentos Antiguos de Roma, pág. 177, de Theodore Pignatorre).


La plaza que rodea el obelisco está formada por 284 columnas en estilo dórico, ¡y costó aproximadamente un millón de dólares! ¡El uso de estas columnas fue copiado directamente del estilo de los templos paganos! Especialmente del antiguamente conocido Templo de Diana. Igual que el obelisco, estas columnas que rodeaban dicho templo eran también consideradas como «símbolos misteriosos» del falo.

En el vestíbulo del templo pagano a la diosa, en Hierápolis, por ejemplo, una inscripción referente a las columnas dice: «Yo, Dioniso, dediqué estos falos a Hera, mi madrastra» (ver Enciclopedia de Religión y Ética, de James Hasting, «Arte Fálico»). Y aun así, estas columnas fueron usadas en abundancia para construir el circular de la Plaza de San Pedro, la cual rodea al obelisco egipcio.

Asimismo, al escoger las colinas del Vaticano como corazón del catolicismo, fue el resultado de una mezcla del paganismo. En tiempos anteriores, esta colina —como lo indica la misma palabra— era un «sitio de adoraciones divinas» (Vaticinia). Se dice que este nombre proviene del nombre de la deidad Vaticanus, quien tenía su sitio preeminente en esta colina (ver Monumentos Antiguos de Roma, pág. 75, de Theodore Pignatorre). Más tarde la colina fue usada para los festivales anuales en honor a Atis o Tammuz, hijo de la «Gran Madre». En este festival se cortaba un pino y se le ataba a su tallo una efigie del dios.

Esta efigie era más tarde enterrada en una sepultura. Estos ritos son aún ejecutados en todo país católico, ritos que son una mezcla del antiguo paganismo con la cristiandad. Como algunos de los ritos antiguos en honor a Tammuz, eran eventos similares a los que les sucedieron a Cristo (tales como su muerte, sepultura, etc.). Paganismo y Cristianismo fueron unidos «casi sin interrupción», ya que estas ceremonias eran celebradas en un santuario de la colina Vaticana, que fue más tarde poseída por los católicos romanos y la Iglesia Madre de San Pedro, que está situada actualmente en el mismo sitio.

Pero la iglesia apóstata de Roma, por razón de su mezcla con el mundo, llegó a obtener gran poder y riquezas bajo el reino de Constantino I. Siguieron como modelo el construir edificios eclesiásticos de gran lujo y valor —un ejemplo que se ha prolongado hasta nuestros días—. Sus edificios eran más elaborados y costosos de lo necesario. Y esta idea se ha arraigado tanto en la mente del pueblo, que la palabra iglesia, para una gran mayoría, significa un Edificio; mientras que la verdadera interpretación que hallamos en la Biblia nos indica que la iglesia es un grupo de personas que alaban a Dios y quienes son templos del Espíritu Santo.

Todos estamos familiarizados con la gran Torre de Babel y sabemos de cómo Dios se enojó en contra de ellos. Hemos también notado cómo se expandieron otras ideas desde Babilonia. ¿Podría ser este el origen de construir una torre en relación con los templos religiosos?

Zigurat escalonado de Ur en Babilonia
(observar la gran similitud con las construcciones 
piramidales del antiguo Egipto)

Durante los primeros días de Babilonia, el pueblo dijo: «Vamos, edifiquemos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo» (Génesis 11:4). Sin duda alguna que la expresión «...que llegue al cielo» fue para indicar gran altura. Esta misma expresión la encontramos en (Deuteronomio 1:28), que menciona grandes ciudades cuyas murallas se levantan «... hasta el cielo». De igual forma, la torre de Babel fue planeada para que tuviese gran altura. ¡Pero no debemos suponer que estas construcciones de Babel eran con el fin de elevarse hasta el cielo, donde está el Trono de Dios! ¡No! ¡Su deseo no era estar ante la presencia de Dios! Al contrario, hay suficientes evidencias que indican que la torre estaba relacionada con su religión, con su culto al sol.

Los historiadores se refieren a Babel como un Zigurat (una torre con pequeñas pirámides que van indicando diferentes historias). De todos los majestuosos monumentos de Babilonia, la grandiosa torre de Zigurat fue sin duda alguna una de las construcciones más espectaculares de su era, elevándose majestuosamente sobre su gran muralla de miles de torres. Alrededor de la vasta plaza se separaban recámaras para los viajeros y también para los sacerdotes que vigilaban el Zigurat. Koldewey llamó a esta colección de estructuras «el Vaticano de Babilonia» (ver Antiguos Templos y Ciudades, de Albert Champdor). Aunque Babilonia era conocida por su grandiosa torre del pasado, también tenia otras numerosas torres por las cuales también se la conocía.

Se cree que uno de los significados del nombre de la diosa Astarté (Semíramis), escrito como Ashtart, quiere decir «la mujer que edificaba torres» (ver «Las Dos Babilonias, pág. 307, de Alexander Hislop). La diosa Cibeles (quien también ha sido identificada como Semíramis), era conocida como la diosa portadora de torres. La primera (dice Ovid) que edificó torres y ciudades y por lo cual fue representada con una corona en forma de torre sobre su cabeza, como también lo fue Diana, ¡la torre es un emblema de la Virgen María! (Ver Diccionario de símbolos, pág. 326 de Juan-Eduardo Cirlot). Encontramos entonces una conexión definitiva dentro de la adoración a la diosa-madre y las torres de la religión babilónica.

Algunas de las antiguas torres fueron construidas por motivos militares —torres de guardia— ¡Pero la mayoría de las torres construidas en el Imperio babilónico fueron exclusivamente religiosas y asociadas con el culto al sol y unidas al templo!

En la cima de las torres religiosas, una cúspide frecuentemente apunta al cielo. En realidad, el ápice o capitel nos es tan familiar y se usa tan generalmente, que su origen nunca nos preocupa, es, simplemente, una forma modificada del obelisco del cual hemos hablado. Cuantiosos escritores mencionan cómo el ápice o capitel originalmente no fue más que otra forma de obelisco, un símbolo del falo (ver «ISIS SIN VELO», pág. 5, de Helena Petrovna Blavatsky). Actualmente, existen especímenes fantásticos de símbolos que fueron originalmente fálicos..., todos mostrando la influencia de antepasados idólatras (ver «LAS COSTUMBRES DE LA HUMANIDAD», pág. 55, de Lillian Eichier, de 1937).

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