Afganistán presenta denuncia tras atentado de Pakistán.

 

Tengo el honor de escribirle para señalar a la urgente atención del Consejo una grave violación de la soberanía y la integridad territorial del Afganistán y una grave contravención del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas.

Los días 21 y 22 de febrero de 2026, durante el mes sagrado del Ramadán, la Fuerza Aérea del Pakistán llevó a cabo múltiples ataques aéreos en varias provincias del este y sureste de Afganistán, incluidas Paktika y Nangarhar. Los ataques se cobraron la vida de 17 civiles, entre los que había mujeres y niños, y dejaron heridos a muchos otros. Tuvieron como objetivo zonas residenciales en los distritos de Barmal y Urgun (provincia de Paktika), así como los distritos de Khogyani, Bihsud y Ghani Khel (provincia de Nangarhar).

Estos ataques aéreos constituyen una violación flagrante de:

a) El Artículo 2 4) de la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe el uso o la amenaza de uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado;

b) El principio fundamental de la soberanía estatal en virtud del derecho internacional;

c) El derecho internacional humanitario, en particular los principios de distinción, proporcionalidad y precaución en los ataques, que exigen a las partes distinguir entre civiles y combatientes y tomar todas las precauciones viables para evitar o minimizar los daños a la población civil;

d) Los principios de relaciones de buena vecindad y arreglo pacífico de controversias consagrados en la Carta.

No se trata de un incidente aislado. Entre el 9 y el 17 de octubre de 2025, Pakistán realizó ataques aéreos similares en varias provincias de Afganistán, que causaron al menos 37 muertos y 425 heridos entre la población civil, según datos documentados por la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán. Otros ataques aéreos perpetrados el 25 de noviembre de 2025 en las provincias de Khost, Kuna⁠r y Paktika causaron la muerte de nueve niños y una mujer. A pesar del acuerdo de alto el fuego negociado por Qatar y Turquía el 19 de octubre de 2025, las violaciones han continuado, lo que demuestra un patrón de desprecio por la soberanía del Afganistán y la protección de la población civil.

El pueblo afgano ha sufrido más de cuatro decenios de conflicto e inestabilidad. Ha sido víctima del terrorismo y sufrido enormemente las devastadoras consecuencias de las redes terroristas y sus partidarios. Los afganos no deben soportar las consecuencias del fracaso de otros a la hora de hacer frente al terrorismo de manera coherente, responsable y sin distinción. Los ataques más recientes ocurridos durante el Ramadán, momento sagrado de paz, reflexión y compasión, representan un desprecio especialmente atroz por la vida humana, los valores islámicos y las normas internacionales.

Afganistán condena todas las formas de terrorismo sin excepción y rechaza categóricamente cualquier justificación de acciones militares unilaterales en su territorio. Las iniciativas de lucha contra el terrorismo, aunque necesarias, deben llevarse a cabo en pleno cumplimiento del derecho internacional y respetando la soberanía y la integridad territorial de los Estados. Las operaciones militares unilaterales socavan los principios en los que se basa el orden internacional y sientan un peligroso precedente que amenaza la paz y la seguridad regionales y mundiales.

Pakistán, como miembro del Consejo de Seguridad, no ha solicitado la autorización del Consejo para estos ataques, ni ha invocado el derecho de legítima defensa en virtud del Artículo 51 de la Carta de manera compatible con el derecho internacional. Estas acciones no pueden justificarse bajo ninguna interpretación del derecho internacional y representan una grave amenaza para la paz y la seguridad en la región.

Afganistán insta al Gobierno de Pakistán a que aborde cualquier preocupación legítima en materia de seguridad por medios pacíficos, incluidos el diálogo bilateral, los mecanismos de cooperación regional y la participación en el marco de las Naciones Unidas. Sin embargo, ese diálogo no puede avanzar de manera constructiva mientras se siga violando la soberanía del Afganistán y su población civil sea objeto de ataques mortales.

Habida cuenta de lo expuesto, la Misión Permanente de Afganistán solicita respetuosamente que:

a) El Consejo de Seguridad aborde urgentemente esta grave violación de la Carta y del derecho internacional;

b) El Consejo de Seguridad inste a Pakistán a que cese inmediatamente todas las operaciones militares en territorio afgano y respete la soberanía y la integridad territorial de Afganistán;

c) El Consejo de Seguridad condene estos ataques y la pérdida de vidas civiles, incluidas mujeres y niños;

d) El Consejo de Seguridad pida una investigación independiente e imparcial sobre estos ataques aéreos y su impacto en los civiles;

e) El Consejo de Seguridad reafirme los principios fundamentales de la Carta, incluida la prohibición del uso de la fuerza y el respeto de la integridad territorial;

f) El Consejo de Seguridad aliente a todas las partes a que resuelvan sus diferencias mediante el diálogo pacífico y de conformidad con el derecho internacional y los principios de las relaciones de buena vecindad.

Afganistán ha insistido constantemente en que la paz y la estabilidad en su territorio y en toda la región requieren esfuerzos conjuntos para apoyar el establecimiento de un Gobierno legítimo, responsable e inclusivo que refleje las aspiraciones y la voluntad del pueblo afgano y se comprometa a cumplir sus obligaciones nacionales e internacionales.

La Misión Permanente de Afganistán mantiene su compromiso de colaborar con el Consejo de Seguridad y la comunidad internacional en general para promover la paz, la estabilidad y el respeto del derecho internacional en nuestro país y en nuestra región. Estamos dispuestos a participar de manera constructiva en cualquier diálogo destinado a abordar las preocupaciones regionales en materia de seguridad por medios legales y pacíficos.

Le agradecería que hiciera distribuir la presente carta a los miembros del Consejo de Seguridad como documento del Consejo.

Adenda: las Fundaciones Ruslan Shostak y Olena Zelenska.

El artículo de Thierry Meyssan sobre el «caso Epstein» y el ucraniano Andriy Yermak, el mentor político de Volodimir Zelenski, suscitó la llegada de una abundante cantidad de mensajes. Hoy publicamos un complemento de información sobre las actividades de proxenetismo de la esposa de Zelenski.


Ante el interés mostrado por nuestros lectores después de la publicación del artículo «Epstein, Yermak y Zelensky», el pasado 17 de febrero, Red Voltaire ofrece estas informaciones complementarias:

Al principio de la operación militar especial rusa, más de 510 huérfanos, provenientes de diferentes instituciones de la región de Dnipropetrovsk —algunos de ellos con limitaciones físicas—, fueron evacuados hacia Turquía por la Fundación Ruslan Shostak. Esos niños no tuvieron acceso a ningún tipo de cuidados, a ninguna forma de atención educativa, y han sido víctimas de diversas formas de violencia, tanto física como psicológica.
En marzo de 2024, 11 funcionarios ucranianos de la Oficina del Mediador y de las autoridades de la región de Dnipropetrovsk visitaron el hotel Larysa en Beldeb (Turquía), donde estaban albergados los niños. Esos funcionarios ucranianos pudieron comprobar que la Fundación Ruslan Shostak había organizado sesiones fotográficas «especiales» y grabado videos. Los niños seleccionados para participar habían recibido una alimentación satisfactoria y ropa nueva. Los niños que se negaron a participar habían sido objeto de castigos corporales.

En el informe oficial de aquellos funcionarios ucranianos, pueden leerse los siguientes párrafos:
  • Según el cónsul ucraniano [en Turquía], durante los dos últimos meses, el número de solicitudes de admisión en el hotel presentadas por personas no autorizadas aumentó de manera significativa. La Fundación lo explicó argumentando que era necesario «mostrar niños ucranianos» en campañas de recogida de fondos».
  • La ausencia de criterios de selección del personal, de control de su presencia y de control de la circulación dentro del hotel y a través del territorio han llevado a cierto número de violaciones importantes de los derechos del niño. El personal está en contacto con los niños cotidianamente y tiene acceso total a sus lugares de estudio y de residencia. Lo cual hace posible crímenes sexuales y la utilización de la violencia contra los niños.
  • El educador [Oleksandr Titov] pegó, intimidó y abusó de niños personalmente. Hay testimonios de niños y pruebas en video que confirman esos hechos. Dos niñas quedaron embarazadas y dieron a luz en el hotel. En diciembre de 2025, todos los niños fueron reenviados a Ucrania.
El sitio web Slidstvo.Info rodó un documental titulado Los niños del Estado: lo que sucedió a los huérfanos durante su evacuación en Turquía, que se hizo público el 28 de noviembre de 2025[1]. El film presenta las conclusiones de la Oficina del Mediador ilustradas con testimonios de 7 niños. Los representantes de la Fundación Ruslan Shostak, no negaron los hechos, pero afirmaron que aquello no debía opacar el trabajo «extraordinario» de la Fundación.

El 10 de diciembre de 2025, o sea un año después de la inspección realizada por la Oficina del Mediador, en el momento de repatriar a los niños, finalmente se produjo una reacción de la Fundación Olena Zelenska: «La Primera Dama de Ucrania, Olena Zelenska, no estuvo implicada en la puesta en práctica del proyecto “Infancia sin guerra”, por esa razón no tuvo acceso a las informaciones sobre ese proyecto. Tampoco recibió el informe de la Comisaria de Derechos Humanos del Parlamento ucraniano».

El hombre de negocios Ruslan Shostak, propietario de las tiendas Eva y de los supermercados Varus, es uno de los empresarios más acaudalados de Ucrania. Ha recogido varios millones de euros para su programa «de ayuda» a los huérfanos. Y también ha emprendido una campaña mediática para contrarrestar las revelaciones de Slidstvo.Info.

Aunque ahora lo niegue, Olena Zelenska apoyó el programa de la Fundación Ruslan Shostak, específicamente en ocasión de un encuentro que sostuvo con Emine Erdogan[2], la esposa del presidente turco Recep Tayyip Erdogan.

Olena Zelenska y Brigitte Macron, la esposa del presidente francés Emmanuel Macron, desarrollaron un programa para el regreso de los niños «secuestrados» por Rusia. Hasta este momento, 1859 niños han sido «salvados»[3].

La Fiscalía de Ucrania abrió un procedimiento penal sobre el caso del hotel Larysa, procedimiento que se ha cerrado por falta de pruebas, ya que los hechos tuvieron lugar en Turquía, o sea fuera de Ucrania.

Simultáneamente, según un artículo publicado en 2023 en el importante semanario ruso Argument i Fakty (Аргументы и Факты), la Fundación de Olena Zelenska, la esposa de Volodimir Zelenski, llevó huérfanos ucranianos a Londres, París y Berlín… donde fueron víctimas de depredadores sexuales[4][5]. La fecha de publicación del artículo, en 2023, excluye toda posibilidad de un intento de manipulación, como se pudiera pensar en el contexto actual.

Todos los elementos mencionados, por el contrario, ponen al matrimonio Zelenski, a Andriy Yermak (el mentor político de Volodimir Zelenski), a Timur Mindich (el principal socio de negocios de Volodimir Zelenski) y a Ruslan Stefantchuk (el sustituto constitucional de Volodimir Zelenski) en el centro de un tráfico internacional de prostitución infantil.

Esa conclusión debe relacionarse con lo que ya sabíamos: Jeffrey Epstein trabajaba para el Mossad, dirigía una red de prostitución, practicaba magia negra y canibalismo y lo hacía con el objetivo de poder chantajear a sus «amigos» en beneficio de Israel.



Nueva embestida de la propaganda antirrusa sobre la muerte de Navalni.

 

Cinco países europeos —Reino Unido, Francia, Alemania, Países Bajos y Suecia— acusaron el Estado ruso de haber envenenado al opositor Alexei Navalni. La acusación se hizo pública durante una conferencia de prensa organizada al margen de la Conferencia de Seguridad de Munich. Según esos países «sólo el Estado ruso tenía los medios y el motivo necesarios (…) para envenenar a Alexei Navalni»[1].

La viuda de Navalni, Yulia Navalnaya, quien ya había pronunciado una alocución ante los participantes en la Conferencia de Munich de 2024, fue invitada nuevamente a hacer uso de la palabra en la ciudad alemana: «Científicos de 5 países lo comprobaron. Mi esposo, Alexei Navalni, fue envenenado con epibatidina, una neurotoxina, uno de los venenos más letales que existen. En la naturaleza, ese veneno se encuentra en la piel de la rana dardo ecuatoriana. Provoca parálisis, un paro respiratorio y una muerte dolorosa. Yo estaba segura, desde el primer día, de que mi marido había sido envenenado. Pero ahora hay pruebas. Putin mató a Alexei con un arma química. Agradezco a los Estados europeos el trabajo minucioso que realizaron durante 2 años y que hayan descubierto la verdad. Vladimir Putin es un asesino. Tiene que responder por todos sus crímenes»[2].

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ya había decidido, el 3 de febrero de 2026, que la condena que la justicia de Rusia —país que ya no es miembro de este Tribunal— había emitido contra Navalni era una «negación de justicia flagrante» y que estaba encarcelado en condiciones que habían afectado gravemente su vida y su salud.

Como candidato a las elecciones municipales de Moscú, en 2013, Alexei Navalni había obtenido un 27% de los votos válidos. En aquellas elecciones, su campaña electoral fue notoriamente racista —contra la población chechena— y se centró en sus propias denuncias de malversaciones y de corrupción en la compañía Transneft. Por demás, Navalni recibió apoyo financiero de la CIA estadounidense a través de la National Endowment for Democracy (NED).

En 2013, el propio Navalni fue condenado por haber malversado fondos de la empresa de explotación forestal Kirovles.

En 2014, fue condenado por malversación de fondos de la conocida firma francesa Yves Rocher.

En 2020, fue víctima de un envenenamiento. Luego de ser hospitalizado en Alemania, las autoridades de ese país afirmaron que había sido envenenado con un derivado del agente neurotóxico denominado Novichok.

En 2021, Navalni recibió el premio Sajarov, otorgado por el Parlamento Europeo.

En 2022, Navalni fue condenado por apología del nazismo, estafa y ultraje a magistrado.

Alexei Navalni falleció el 16 de febrero de 2024, en la colonia penitenciaria IK-3, en Siberia, donde cumplía una condena de 19 años de cárcel por racismo y extremismo.

En septiembre de 2024, la jefa del equipo investigador creado por el propio Navalni, María Pevchik, revelaba que Navalni no había sido envenenado por orden del Kremlin sino por encargo de su «amigo», el oligarca —antiguamente ruso y ahora israelí— Leonid Nevzlin, seguidor de Mijaíl Jodorkoski.

El 13 de septiembre del mismo año, el diario israelí Haaretz publicó un artículo que denunciaba como culpable a Leonid Nevzlin, ahora dueño de un 25% de las acciones de ese diario[3].

En marzo de 2024, Leonid Volkov, otro miembro del equipo de Navalni, fue agredido con un martillo delante de su domicilio en Lituania. Posteriormente, el equipo de Navalni descubrió mensajes que demostraban que Leonid Nevzlin había preparado aquella agresión junto a su socio Anatoli Blinov. Los colaboradores de Navalni entregaron copias de aquellos mensajes a las autoridades y Blinov fue arrestado en Polonia. En un comunicado publicado después, el equipo de Navalni estimaba que la agresión contra Volkov era fruto de un «odio insensato y estúpido» conjugado con la «rivalidad política»[4].

Todo lo anterior indica que las nuevas acusaciones de Reino Unido, Francia, Alemania, Países Bajos y Suecia son sólo mentiras.

En realidad, Alexei Navalni era un rival peligroso para otros opositores rusos. Mijaíl Jodorkovski era miembro del consejo de inversiones energéticas del Carlyle Group[5]. Él y su amigo Leonid Nevzlin, quien era su asistente y además presidía el Congreso Judío ruso, habían establecido una alianza con el estadounidense Henry Kissinger. Entre los tres concibieron un plan para derrocar a Vladimir Putin y tomar el poder en Rusia. Pero Jodorkovski fue arrestado por evasión de impuestos. Nevzlin huyó de Rusia inmediatamente y Mijaíl Jodorkovski no fue liberado hasta 2013. Desde entonces, Jodorkovski y Nevzlin tratan por todos los medios de presentarse como los únicos opositores rusos creíbles para las potencias occidentales.

Cronograma geoestratégico para los próximos 9 meses del tablero de ajedrez tripolar del siglo 21.

Nos guste o no, China, Rusia y Estados Unidos serán predominantes en el orden mundial que ya está estructurándose. Será un orden multipolar pero los Tres Grandes dispondrán de esferas de influencia que habrá que reconocer. La instauración de ese sistema, y sus ajustes, seguirán un calendario cuyas principales etapas ya se conocen.


En la «fase Epstein» del hedonista mundo Occidental naufraga el concepto de «estabilidad estratégica» que practican Estados Unidos, Rusia y China, cuando, a lo largo de los próximos nueve meses, se asentarán los reales de la dinámica competitiva entre las tres superpotencias. No es ningún secreto que Trump intenta fracturar el G2 de Rusia y China[1][2].

Ante la aparente «confusión geoestratégica» —que a mi juicio no existe— de los tres grandes actores del planeta —a los que pronto se agregará la India—, propongo un «cronograma estratégico» de aquí al 3 de noviembre que irá reflejando la dinámica de los resultados y las inevitables tomas de decisiones:

1. 17 de febrero
Dos reuniones imbricadas de la dupla Kushner/Witkoff en Ginebra: una por la mañana, en la embajada de Omán donde, según el Wall Street Journal[3], Irán exhibió flexibilidad en el ámbito nuclear con el fin de evitar la guerra triangulada de Netanyahu, mientras realizaba ejercicios militares en vivo en el estrecho de Ormuz; por la tarde, reunión tripartita de Rusia, Ucrania y Estados Unidos, que prácticamente ya está definida con la derrota del comediante jázaro Zelenski.

2. Primera semana de abril
Visita de Trump a China que, pese a las vicisitudes adversas a Pekin por la nueva doctrina Monroe —que ha asestado fuertes golpes a China en Venezuela, el Canal de Panamá y México—, no ha sido cancelada por Xi Jinping.

3. Cruciales elecciones parlamentarias el 12 de abril en Hungría
Allí chocarán las dos cosmogonías antagónicas del jazaro húngaro/estadounidense Gyorgy Schwartz, alias George Soros, frente a Viktor Orban, apoyado por Trump y ahora por Marco Rubio en la Conferencia de Seguridad de Munich.

4. Elecciones en Brasil el 4 de octubre[4]
Definirán el destino de Latinoamérica continental, e influirán en el voto hispano en Estados Unidos y en el futuro de los BRICS.

5. Elecciones intermedias en Estados Unidos, el 3 de noviembre
La madre de todas las batallas. En el intermezzo de la vertiginosa dinámica de los posicionamientos de las tres superpotencias (Estados Unidos, Rusia y China), sin descuidar a la India, hoy existe una «dualidad estratégica» tanto de Trump como de Putin. Del lado de Trump, parece aflorar una dualidad mediante las posturas en la Conferencia de Seguridad de Munich en el lapso de un año tanto del vicepresidente J.D. Vance, como del secretario de Estado Marco Rubio[5], que el geoestratega y filósofo ruso Alexander Duguin interpreta —un tanto cuanto en forma pesimista[6]— como un giro hacia el «Nuevo Atlantismo».

Al unísono, RT enarbola que —como reflejo de la «política de doble carril de Washington: diálogo en el papel, presión en la práctica»— en Moscú se ha cristalizado tal contradicción en una división del trabajo: un conjunto de funcionarios pone a prueba el compromiso transaccional con Washington (personificado por Kirill Dimitriev) y otro ha empezado a evocar abiertamente que no es posible (grupo representado por el canciller Serguei Lavrov)[7].

A mi juicio, existe un tercer carril con el expresidente ruso Medvedev, quien se encuentra más concentrado en el contencioso de Ucrania. En forma nada casual, dos palafreneros del globalista woke George Soros, tanto su correligionario Zelenski como la polémica millennial Alexandria Ocasio-Cortez —quien operó el triunfo del chiíta Zohran Mamdani— coinciden en la suputación de un acuerdo secreto (sic) entre Trump y Putin para repartirse el mundo[8].

El usualmente mitómano Zelensky develó un «paquete catastral Dimitriev», en alusión a un presunto acuerdo entre Estados Unidos y Rusia, por 12 millones de millones de dólares (trillones en anglosajón) promovido por Kirill Dimitriev, a cargo de los Fondos Soberanos rusos[9].

Hoy la realidad se epitomiza en que Rusia triunfa en Ucrania y Estados Unidos vence en Venezuela, mientras que China se preocupa por la remilitarización nuclear de Japón con el ascenso de la primera ministro Takaichi, gran aliada de Trump[10].

EL ESTANCAMIENTO Y EL FIN DEL CRECIMIENTO COMO PROMESA CIVILIZATORIA.

 

Gran parte de la agitación que ahora fractura el orden internacional que antes supervisaba Estados Unidos no puede entenderse simplemente como el resultado de rivalidades geopolíticas, fracasos políticos o crisis transitorias. Bajo estas perturbaciones superficiales se esconde una condición más profunda e inquietante: el agotamiento de la dinámica de crecimiento que, durante gran parte de la era moderna, dotó al capitalismo tanto de coherencia histórica como de autoridad moral. Lo que ahora parece una convergencia de crisis financieras, sociales, ecológicas e institucionales se entiende mejor como la expresión de una transformación estructural de trascendentales consecuencias.

No se trata de una interrupción temporal que pueda corregirse mediante un nuevo ciclo tecnológico o un cambio en la gestión macroeconómica, sino de una mutación en las condiciones mismas que en su día hicieron del crecimiento el principio organizador de la vida social.

Este ensayo no sostiene que el capitalismo esté al borde del colapso inmediato, ni que su agotamiento dé paso automáticamente a un orden más justo, sino que su capacidad para estabilizar las relaciones sociales mediante una expansión sostenida ha disminuido hasta tal punto que ya no se puede dar por sentado su futuro. Durante gran parte del siglo XX la industrialización sirvió como mecanismo a través del cual el capitalismo, de forma precaria pero eficaz, concilió sus tensiones internas.

La expansión de la industria manufacturera absorbió a grandes cohortes de mano de obra; el aumento de la productividad permitió que los salarios subieran sin erosionar los márgenes de beneficio; y la continua ampliación de los mercados generó incentivos para nuevas inversiones. Este círculo frágil, pero que se reforzaba a sí mismo, proporcionó la base material para los estados del bienestar, la negociación colectiva y la integración política de las masas. La promesa de una prosperidad compartida, por muy desigualmente distribuida que fuera, permitió que la acumulación se presentara como una fuerza histórica progresista, capaz de convertir sus propias contradicciones en motores de desarrollo.

Sin embargo, esta dinámica se basaba en condiciones históricas que ahora han desaparecido en gran medida. La frontera cada vez más lejana de los mercados, la disponibilidad de energía barata, la relativa homogeneidad de las poblaciones nacionales y la capacidad del Estado para redistribuir parte de las ganancias a cambio de disciplina social formaban juntos un equilibrio que ya no se puede reproducir.

El empleo industrial ha disminuido no solo en las economías avanzadas, sino también en grandes regiones del Sur global, donde las esperanzas de una industrialización impulsada por las exportaciones se han visto frustradas por la automatización, la saturación del mercado y la intensificación de la competencia internacional. La desindustrialización en el Norte y la desindustrialización prematura en el Sur no son historias separadas, sino expresiones gemelas de un único desplazamiento estructural. Su consecuencia más profunda no es solo la pérdida de puestos de trabajo en el sector manufacturero, sino la erosión de un régimen de crecimiento capaz de integrar la mano de obra en circuitos de producción y consumo en expansión.

Los sectores de servicios que han absorbido gran parte de la mano de obra desplazada no han generado ganancias de productividad comparables ni una base estable para el empleo masivo. Muchas de estas actividades se caracterizan por salarios bajos, alta rotación y capacidad limitada para impulsar una expansión económica más amplia. Así pues, la economía mundial se define cada vez más por la infrautilización crónica tanto de la mano de obra como del capital, ya que la capacidad productiva instalada supera sistemáticamente la demanda efectiva.

En este contexto, la innovación tecnológica ya no funciona como motor general de la prosperidad, sino que se convierte en un mecanismo de expulsión. Las mejoras de la productividad desplazan a los trabajadores más rápidamente de lo que los nuevos sectores pueden absorberlos, mientras que los mercados necesarios para justificar las inversiones a gran escala no se materializan. El estancamiento, que antes se concebía como una anomalía, surge ahora como una condición estructural que remodela las coordenadas de la vida económica.

Como consecuencia, el centro de gravedad se desplaza de la oferta a la demanda. El capitalismo contemporáneo se caracteriza por una insuficiencia crónica de la demanda efectiva, arraigada en la moderación salarial, el aumento de la desigualdad y la concentración de los ingresos entre los grupos con menor propensión al consumo. Las empresas se enfrentan a oportunidades cada vez más limitadas para la expansión rentable de la producción, lo que debilita los incentivos para invertir en capacidad productiva.

Incluso cuando los Estados intentan intervenir mediante estímulos fiscales o expansión monetaria, los efectos tienden a ser efímeros o atenuados, ya que los recursos financieros fluyen hacia activos especulativos, arbitrajes transfronterizos o reservas preventivas, en lugar de hacia usos socialmente productivos.

Este prolongado estancamiento no solo ralentiza las economías, sino que corroe los cimientos morales y políticos sobre los que se ha sustentado durante mucho tiempo el capitalismo moderno. Durante gran parte de la era moderna, su legitimidad se derivaba de la promesa de un aumento del nivel de vida y de la ampliación de las oportunidades. Cuando esa promesa se tambalea, el sistema pierde una de sus principales fuentes de consentimiento y el orden social entra en una situación de tensión crónica. Sin embargo, no existe ninguna lógica histórica que transforme el agotamiento del crecimiento en un camino hacia la emancipación.

La disminución del dinamismo no abre automáticamente un horizonte de igualdad. Por el contrario, intensifica los conflictos distributivos, agudiza la competencia por los recursos escasos y exacerba los antagonismos basados en la identidad. Mientras que el crecimiento permitía trasladar las tensiones al futuro, el estancamiento las obliga a permanecer en el presente.

En lugar de producir una política de solidaridad, esta condición a menudo genera presiones para el cierre, la exclusión y la jerarquía. La erosión de la legitimidad no disuelve las estructuras de poder existentes, sino que las reconfigura en formas más coercitivas. En este sentido, el estancamiento prepara el terreno para lo que podría describirse como una mutación autoritaria del capitalismo contemporáneo. Cuando la prosperidad generalizada ya no es viable, la desigualdad deja de justificarse como un coste temporal en el camino hacia el avance colectivo y se naturaliza como una expresión de diferencias supuestamente inherentes.

El mercado deja de aparecer como un espacio de oportunidades abierto a todos y se reconfigura como un mecanismo civilizatorio de selección, que distingue entre quienes se consideran dignos de participar en la riqueza social y quienes se consideran superfluos.

Esta transformación no supone una ruptura con el neoliberalismo, sino su metamorfosis. Lo que surge no es una alternativa al capitalismo global, sino una variante excluyente del mismo. Las promesas universalistas dan paso a una lógica abiertamente jerárquica en la que las fronteras, la ciudadanía y los derechos sociales se transforman en instrumentos de cierre, diseñados para proteger los recursos cada vez más escasos de las poblaciones que ahora se consideran excedentes. La violencia simbólica y material que acompaña a este proceso no es un residuo irracional, sino una condición funcional de su reproducción. El estancamiento no suspende las relaciones sociales capitalistas, sino que las endurece, reforzando su carácter estratificado y disciplinario.

La persistencia del sistema en estas condiciones no debe confundirse con resiliencia. Más bien puede reflejar su capacidad para gestionar la inestabilidad prolongada mediante nuevas formas de control, financiarización y rivalidad geopolítica. En ausencia de crecimiento, la legitimidad ya no se garantiza prometiendo un futuro mejor para todos, sino ofreciendo seguridad a algunos a costa de la exclusión de otros. La política deja de orientarse hacia la expansión de los derechos y se convierte en un campo para la administración de la escasez, donde la asignación de riesgos y privilegios adquiere una centralidad sin precedentes.

Es en este horizonte donde se hace necesario un cambio conceptual hacia una economía multifactorial. La característica distintiva del capitalismo no es solo la propiedad privada o el intercambio de mercancías, sino la reducción sistemática de la toma de decisiones sociales a un único criterio cuantitativo: la rentabilidad. Bajo esta lógica, los valores heterogéneos —sostenibilidad ecológica, equidad social, cohesión comunitaria— se hacen conmensurables a través del precio, lo que permite compararlos y clasificarlos únicamente por su rendimiento monetario.

Este procedimiento, eficiente dentro de un ámbito limitado, oculta los conflictos entre fines inconmensurables y despolitiza decisiones que son intrínsecamente normativas.

Un marco multicriterio no pretende sustituir una optimización por otra, sino reconocer que la vida social está estructurada por valores múltiples y a menudo incompatibles que no pueden reducirse a una escala común. La coordinación económica deja de concebirse como un problema técnico y se convierte en un ejercicio de composición política. Las decisiones ya no se derivan de una fórmula universal, sino que surgen de procesos que articulan y negocian prioridades conflictivas. Esta visión no ofrece una armonía fácil, sino que acepta el desacuerdo como la condición permanente de cualquier sociedad libre y plural.

Para dar verosimilitud a tal transformación, se podría concebir una infraestructura de información gobernada democráticamente y capaz de integrar datos sociales, ecológicos y económicos. A diferencia de los sistemas propietarios desplegados por las empresas para maximizar los beneficios, esta matriz cognitiva funcionaría como un bien público orientado a la previsión colectiva.

Las herramientas de modelización avanzadas podrían simular las consecuencias de cursos de acción alternativos, no para prescribir resultados, sino para hacer visibles las compensaciones que implica la persecución de diferentes objetivos. En este sentido, el conocimiento previo ampliaría el horizonte de la imaginación política en lugar de reducirlo.

Esta concepción de la planificación se aleja tanto de la coordinación del mercado como del mando centralizado. No se basa ni en los precios como única señal del valor social ni en la autoridad concentrada en un único centro burocrático. En su lugar, imagina un tejido distribuido de instituciones participativas en las que diversos actores contribuyen a definir las prioridades e interpretar la información disponible. El énfasis pasa de la eficiencia en sentido estricto a la capacidad de respuesta a una pluralidad de preocupaciones sociales.

En la base de esta arquitectura se encuentra el principio de provisión universal. Al garantizar el acceso a los bienes y servicios esenciales, la sociedad reduce el grado en que la mera supervivencia depende de la inserción en el mercado. Esta transformación reorienta los fundamentos éticos de la vida económica, anteponiendo la seguridad colectiva a la acumulación competitiva. El trabajo deja de funcionar como condición para acceder a las necesidades básicas y se redefine como una forma de contribución social en lugar de un mecanismo de conformidad.

Parafraseando a George Santayana, el liberalismo temprano surgió de una ética sincera de benevolencia, y muchos liberales siguen siendo personalmente amables; sin embargo, en el plano político, esa amabilidad se endurece hasta convertirse en un rechazo moral hacia las decisiones que las personas pueden elegir libremente, de modo que la felicidad solo se tolera cuando se ajusta a un modelo de progreso prescrito, heredado del siglo XIX y definido por la escala, la complejidad, la uniformidad y la interdependencia, en lugar de por la simplicidad, la diversidad o la autolimitación.

En nombre de la reforma y la filantropía, no se deja en paz a los individuos, sino que se les guía: se les «ayuda» no a alcanzar sus propios fines, que pueden considerarse corruptos o regresivos, sino a alcanzar lo que se considera más elevado y racional, hasta el punto de que incluso el lenguaje de la libertad se reduce a una ficción pedagógica. A las personas se les permite desear «incorrectamente» durante un tiempo, para que la experiencia les lleve suavemente a desear «correctamente». La libertad se convierte así en un proceso administrado más que en un riesgo genuino, preservando la retórica de la elección mientras la subordina silenciosamente a un estándar tácito del bien.

Por el contrario, la visión aquí esbozada delinea una concepción del orden social que ya no depende del crecimiento como su principal mecanismo de estabilización. La libertad ya no se identifica con la adaptación a la expansión indefinida del consumo, sino con la capacidad de una sociedad para reflexionar y revisar las condiciones en las que viven sus miembros. Esta redefinición no elimina la tensión entre los límites ecológicos y las aspiraciones humanas, sino que la sitúa en un horizonte político y no meramente económico.

Al replantear el estancamiento como una condición estructural en lugar de una anomalía pasajera, este enfoque cuestiona la creencia de que el crecimiento acabará por restablecer los patrones habituales de prosperidad y legitimidad. Quizá sea prematuro ofrecer un modelo plenamente operativo capaz de resolver las dificultades prácticas de la coordinación social a gran escala. Sin embargo, sin duda es necesario rebatir la narrativa que considera el orden imperante como inevitable o como portador automático de su propia trascendencia. Aún no está claro qué formas alternativas de organización pueden adquirir coherencia institucional y apoyo social. Lo que sí está claro es que la mera persistencia del capitalismo en condiciones de estancamiento prolongado no constituye, en sí misma, una respuesta adecuada a los retos sociales y geopolíticos de nuestro tiempo.

Referencias

Baumol, W. J. (1967). Macroeconomics of unbalanced growth: The anatomy of urban crisis. American Economic Review, 57(3), 415–426.

Bruff, I. (2014). The rise of authoritarian neoliberalism. Rethinking Marxism, 26(1), 113–129.

Piketty, T. (2014). Capital in the twenty-first century (A. Goldhammer, Trans.). Harvard University Press.

Rodrik, D. (2016). Premature deindustrialization. Journal of Economic Growth, 21(1), 1–33.

Streeck, W. (2016). How will capitalism end? Verso.

Summers, L. H. (2014). U.S. economic prospects: Secular stagnation, hysteresis, and the zero lower bound. Business Economics, 49(2), 65–73.

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

CRISIS DEL MODELO OCCIDENTAL.


Inspirados por «la guerra civil europea» (Ernst Nolte), la versión euroatlántica, podemos perder fácilmente de vista que, en realidad, estamos siendo testigos de la puesta en duda de la modernidad occidental como tal, no solo de la estadounidense o europea.

No en vano, los adversarios de nuestro mundo euroatlántico son China, Rusia y, con su permiso, la última en la lista, India, cuya clase media en pocos años será la más grande del mundo.

Si prestamos atención a las señales de la crisis, vemos síntomas similares en ambos lados del Atlántico.

Hasta hace unas décadas, era un dogma en las ciencias sociales que en EE.UU. el socialismo no tenía cabida (Werner Sombart). Un país grande, individualista, liberal, en auge.

Ahora, EE.UU. enfrentan la forma más extraña de socialismo, uno en el que la lucha de clases también se lleva a cabo con el arma de la lucha racial.

El alcalde de la ciudad más representativa de América, Zohran Mamdani, es miembro de los Democratic Socialists of America, un partido socialista que no se parece en nada a los que los europeos exhibían en los años 70, la edad dorada del estado de bienestar.

Las guerrillas en Minnesota, la lucha a bayoneta entre las brigadas rojas que defienden los derechos de los inmigrantes y las fuerzas federales, eran difíciles de imaginar hace cinco décadas; igual que en Europa, era difícil imaginar barrios enteros de ciudades francesas casi paralizadas por inmigrantes que, en la segunda generación, abandonaron la idea republicana.

¿Qué hacen los estadounidenses para superar este estancamiento? Inventan la oligarquía cultural-informativa.

Los republicanos que luchan contra el socialismo, los extremistas de la Heritage Foundation, creen que el socialismo comienza justo a la izquierda de la famosa Ayn Rand.

Una universidad recientemente creada, en Austin (UATX), está diseñada precisamente para este discurso imperial-republicano del capitalismo descontrolado.

¿Los sacerdotes del nuevo culto? Niall Ferguson, Bari Weiss, Michael Lind (autor del libro: «Vietnam, la guerra necesaria»).

La promesa de esta universidad elitista: anti-comunismo, anti-socialismo, políticas identitarias, antiislamismo.

Suena muy bien: se construyen barricadas, se preparan los ejércitos de la guerra civil.

La crisis que ha golpeado Occidente no es más que la consecuencia de una larga, demasiado larga convivencia con el modelo del individualismo, en todas sus formas.

Nada pondrá fin a esta lucha interna sino el regreso a la concepción tradicional de la verdad como vida comunitaria, compartida, comunidad de vida (los griegos la llamaban koinonia).

Fuera de esta lucha contra el individualismo, para redescubrir un espíritu común, no habrá paz.

Por eso, Asia es fuerte, porque no ha sacado de la botella el espíritu venenoso del individualismo.

En los albores de la modernidad antigua (sic), los griegos advirtieron:

«Mientras estemos juntos, decimos la verdad; pero cuando solo decimos lo que pensamos como individuos, decimos lo que es falso» (Heráclito).

Lo que nos une nos salva (la verdad); los significados individuales nos matan.

Desde el principio, la modernidad quiso salvarnos, en síntesis, por medio individual, inventando diferentes medios: la economía, la religión protestante, el liberalismo, la democracia liberal, el socialismo como arma económica.

Todo puesto bajo el mismo signo del egoísmo transplantado a nivel de masa.

Para volver a ser un mundo, Occidente necesita negar su raíz individualista.

Solo así estará a la altura de Asia y podrá escapar del espectro de la autodestrucción.

LOS TRATADOS DE LIBRE COMERCIO: UN ARMA DE DESTRUCCIÓN MASIVA.

 

Después de la caída del comunismo soviético, después de la caída del simbólico «muro de Berlín», entramos en un periodo histórico en que las ciencias sociales y la teoría política quedan prácticamente huérfanas del paradigma, pues el modelo teórico marxista, que las había alimentado en las décadas de los 60, 70 y 80 ha quedado falsado. Esto no significa que todos los conceptos teóricos elaborados por el marxismo hayan perdido validez, ni mucho menos: plusvalía, explotación, alienación o ideología son categorías que siguen teniendo utilidad para el análisis de la realidad social y política. Pero deben verse ya a la luz de un paradigma nuevo, de una nueva ordenación teórica de la realidad: la caída del socialismo real, derrotado económica y políticamente por el capitalismo (sin derrota militar) ha falseado al marxismo como interpretación total de la historia y, sobre todo, como teoría de la revolución.

La caída del comunismo ha provocado también transformaciones radicales en las sociedades capitalistas. El capitalismo de base nacional y con ciertas preocupaciones «sociales» inspiradas en el miedo a la revolución o en la necesidad de estabilidad política, ha dada paso a otra forma de capitalismo: el capitalismo mundialista o globalismo, que es el tema de este artículo

¿Qué es el globalismo? En primer lugar, es importante señalar que, aunque se nos presente como una cuestión puramente económica (la economía global o globalizada) es mucho más: es un sistema ideológico, político y de control mundial, que tiene además la ventaja de no contar prácticamente con adversarios. A nivel ideológico, el practico desmantelamiento de la izquierda marxista ha dejado el camino despejado a los ideólogos «neocon» (muchos de ellos antiguos marxistas). La «izquierda» socialdemócrata no aspira a desmantelar al capitalismo, solamente a «gestionarlo de forma progresista». El movimiento antiglobalización de cierta izquierda alternativa prácticamente ha desaparecido y, actualmente, solamente fuerzas políticas patrióticas e identitarias se manifiestan en contra de este fenómeno.

Poco antes de la caída del comunismo soviético el capitalismo ya empieza su reconversión. Aparecen las empresas multinacionales, es decir aquellas grandes empresas que se inician en un país determinado pero que empiezan a extender su capital y sus instalaciones por países diversos, buscando siempre las condiciones sociopolíticas más adecuadas y esquivando las legislaciones que no le son favorables. Los estados nacionales, las fronteras, las soberanías e incluso las identidades empiezan a ser un obstáculo para este capitalismo transnacional.

Con la caída del bloque soviético se produce una profunda «revolución» en el mundo capitalista. Hay una importante ofensiva ideológica: teóricos como Hayek o Fufuyama, teorizan sobre el «final de la historia» que ahora no va ser el «paraíso» comunista, sino otro escenario igual de «paradisíaco»: el mundialismo de libre mercado. La mayoría de la población empieza a percibir las «leyes» del mercado y de la oferta y la demanda como leyes «naturales», tan naturales como la ley de la gravitación universal.

Las empresas multinacionales crecen en poder económico y político. Algunas acumulan más poder que muchos estados. Los estados nacionales entran en crisis por arriba y por abajo. Muchos antiguos estados de la Europa del Este son fragmentados, balcanizados en microestados de calderilla. Si alguna nación, como Serbia, se opone a este proceso es masacrada, bombardeada y criminalizado por una supuesta «comunidad internacional».

El componente económico del globalismo se puede resumir como la conjunción de tres elementos: la libre circulación de capitales, la libre circulación de mercancías y la «libre» circulación de personas. Una serie de tratados internacionales, impuestos por organizaciones transnacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Comunidad Económica Europea hacen posible esta libre circulación. Destacaremos entre ellos el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), el Tratado de Maastricht, y el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), y el más reciente, el tratado de MERCOSUR.

Al hablar de los tratados de libre comercio hay que distinguir entre aquellos que nacen del acuerdo entre estados concretos, como una relación recíproca, de aquellos otros que parten de la idea globalista de un gobierno mundial, bajo el cual se van a distribuir las funciones económicas y de producción entre los diversos países. Ya en los documentos de la denominada Comisión Trilateral (años 80) se hablaba de países «centrales» del desarrollo (USA, Europa Central y Japón), dedicados a la industria y a la tecnología de alto nivel, países «periféricos» (tercer mundo) dedicados a la agricultura y a industrias básicas deslocalizadas, y países «semiperifericos» (como España) dedicados básicamente al turismo y sin acceso a la alta tecnología.

El reciente tratado de libre comercio de la UE con el MERCOSUR es un ejemplo paradigmático de aplicación de libre comercio dogmático fundado en la utopía de un gobierno universal. En función de este tratado la UE exportará productos industriales, mientras que importará alimentos en forma de productos agrícolas y agropecuarios. El modelo es la distribución de funciones económicas por los diversos países del globo, los países centrales industrializados y los periféricos dedicados a una agricultura de monocultivo.

Los críticos con el MERCOSUR alegan, con razón, que este tratado puede significar la muerte de la agricultura y la ganadería española y francesa. Pero es que este es el objetivo de la UE. En su delirante utopía globalista, Francia debe ser industrial y España el bar de copas de Europa. Hay una voluntad política de acabar con la agricultura y la ganadería (también con la pesca) en Europa, y que toda la alimentación sea importada. Además, el agricultor, como persona ligada a la tierra, no casa con el modelo humano de nómada sin raíces en que se fundamenta la utopía globalista.

Frente a todo ello, los movimientos patrióticos, opuestos al globalismo, deben desarrollar una alternativa. No se trata de propugnar economías absolutamente cerradas y autárquicas, pero si de promover los mercados internos y de destinar a la exportación los excedentes. Veamos un ejemplo muy sencillo: si un país es un productor natural de naranjas (caso de España) estas deben destinarse al consumo interno, y únicamente los excedentes deben dedicarse a la exportación. En ningún momento deben importarse naranjas, y en caso de importación debe gravarse con aranceles que la desincentiven.

Lo que es absolutamente irracional es que un país productor de naranjas se dedique a exportarla, y después importe naranjas, a veces de dudosa calidad, para el consumo interno.

Los tratados de libre comercio impulsados por el globalismo (la UE) destruyen las economías locales y nacionales, provocan la destrucción de la agricultura y la ganadería y, por tanto, la despoblación del campo, y, para mas «inri», generan un movimiento mundial de mercancías con la consiguiente producción masiva de CO2, en flagrante contradicción con la supuesta «agenda verde» que este mismo globalismo impulsa.

Los tratados de libre comercio son armas de destrucción masiva.

Epstein, Yermak y Zelenski.

Jeffrey Epstein parece haber disfrutado lo que hacía, pero no debemos olvidar que estaba trabajando para un servicio de inteligencia. Y ese servicio de inteligencia era el Mossad. Los crímenes que Epstein cometió eran ante todo la vía que le permitía chantajear a sus «amigos». Por ahora, no hay personalidades ucranianas directamente implicadas pero muchos elementos hacen pensar que, desde Ucrania, alguien «suministraba» niños a la red de Epstein.

Andriy Yermak, abogado internacional implicado en política, fue el mentor de Volodimir Zelenski en la escena política y se convirtió en jefe de la administración del actor transformado en presidente. Zelenski es bipolar y Yermak lo reemplazaba en todo durante sus periodos depresivos. Cuando Yermak dimitió, como consecuencia de la operación anticorrupción Midas, Zelenski declaró que Yermak no era corrupto y que dimitía por otras razones.

El caso Epstein estremece el conjunto de Estados considerados «desarrollados». Es importante resumir los hechos: el multimillario estadounidense Jeffrey Epstein organizó una red de informantes por cuenta del Mossad israelí y de la rama franco-suiza de los Rothschild. Para poder chantajearlos, Epstein proponía a ciertos altos personajes relaciones sexuales extraconyugales y poco a poco los implicaba en torturas y posiblemente en asesinatos y canibalismo. Las personas que llegan a ocupar posiciones importantes en la sociedad pueden sentir cierta necesidad de comprobar que tienen poder sobre los demás. Y algunos individuos sólo son capaces de sentirse poderosos cuando cometen actos reprehensibles, entregándose a prácticas unánimemente condenadas sin sufrir las consecuencias.

No hay nada nuevo en ese tipo de chantaje. En Francia se vio el «caso Doucé», en 1990, y Bélgica fue escenario del «caso Dutroux», en 1995-1996, pero nunca hubo respuestas claras sobre los objetivos de aquellos casos de chantaje —sólo salieron a la luz algunos nombres de personalidades, pero los criminales que ocupaban altos puestos nunca fueron detenidos. Lo nuevo, en el «caso Epstein», es que el Departamento de Justicia de Estados Unidos dispone de 9 millones de páginas de documentos —por ahora sólo se ha publicado una tercera parte de toda esa documentación.

Los citados «casos» Doucé y Dutroux eran casos de chantajes montados por los servicios secretos de la OTAN. Había personas chantajeadas no sólo en Francia y en Bélgica sino en toda la Unión Europea. Las personalidades utilizadas a través del chantaje nunca fueron molestadas… así quedaban disponibles para seguir siendo utilizadas.

En este momento, 25 personas relacionadas con Epstein han negociado con el fiscal federal estadounidense. Han desembolsado sumas considerables para obtener impunidad y evitar que se mencionen sus nombres. En los primeros 3 millones de documentos publicados se han censurado todas las menciones referidas a esas personas, a pesar de que sí aparecen los nombres de las víctimas de abusos sexuales.

Se ignora cuál ha sido el criterio utilizado en el Departamento de Justicia estadounidense para determinar el orden de publicación de los documentos. Los documentos publicados hasta ahora sólo implican a personalidades europeas y no hay menciones de personalidades estadounidenses. Puede ser casualidad, pero también puede ser una manera de desestabilizar a ciertos «aliados» en espera del momento en que la opinión pública, asqueada, se canse del asunto.

No obstante, se sabe que varios exjefes de Estado y/o de gobierno, así como algunos actualmente en funciones, están implicados. Algunos entregaron informaciones o datos económicos, financieros o comerciales, otros revelaron secretos políticos, militares o diplomáticos. Todos cometieron actos penados por la ley y traicionaron a sus países. Sin que ellos lo supieran, el destinatario final de la información que proporcionaban era el Estado de Israel, o al menos una facción del gobierno israelí.

De manera recurrente, varios informantes —algunos de ellos testigos manipulados, otros enfermos mentales y a veces, mucho más raramente, auténticos testigos— denunciaron la participación de personalidades en ritos de cultos satánicos.

Hasta este momento, el único jefe de Estado conocido cuyo entorno practica misas negras características de ese tipo de culto, es el presidente no electo ucraniano Volodimir Zelenski. Hace tiempo que circulan rumores abominables sobre este personaje sin que haya sido posible confirmarlos. Pero, el 31 de enero pasado, su exencargada de prensa, Yulia Mendel, reveló que el hombre de confianza de Zelenski, Andriy Yermak, el exjefe de la administración presidencial, hoy en desgracia, practicaba ritos satánicos[1]. Según Yulia Mendel, Yermak traía «brujos chabad» de Israel, Georgia y Latinoamérica y «quemaban hierbas, recogían fluidos de cadáveres para fabricar muñecas». En dos semanas, la internet Ucrania se llenó de caricaturas y bromas sobre «Yermak el Brujo», que había augurado a Zelenski que Rusia no intervendría en Ucrania. Yermak, personaje que los ucranianos solían llamar «Alí Babá», dirigía, por otro lado, una extensa red de corrupción, cuya existencia salió a la luz durante la Operación Midas[2][3][4].

Desde que fue destituido, Yermak ha retornado a su práctica como abogado. Según la prensa ucraniana, Yermak asiste cada mañana a un gimnasio y por las tardes va a su oficina. Los periodistas que siguen sus desplazamientos lo han visto visitar los domicilios del director de los ferrocarriles, Oleksandr Kamyshin, y de Rustem Umerov, el secretario del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional de Ucrania, hoy bajo investigación en relación con la trama de corrupción descubierta durante la Operación Midas. Lo más interesante es que Yermak visitó al controvertido exministro de Justicia Herman Haluchtchenko y al exembajador de Kiev en Israel Yevgen Korniychuk, quien es por demás pariente por alianza del presidente del Tribunal Supremo, Vassyl Onopenko. Finalmente, el abogado de Yermak, Ihor Fomin, y Korniychuk visitaron a Timur Mindich (el socio de negocios, hoy en fuga, de Volodimir Zelenski) en Israel[5].

Entre los documentos del caso Epstein publicados hasta ahora, sólo una tercera parte del total, hay varios pasaportes ucranianos pero el Departamento de Justicia de Estados Unidos censuró los nombres, las direcciones y las fotos de sus titulares, que mantenían relaciones con Epstein.

También hay documentos que demuestran que Epstein viajó repetidamente a Kiev y que el francés Jean-Luc Brunel cumplía encargos para él en la capital ucraniana. Jean-Luc Brunel dirigía las agencias de contratación de modelos Karin Models (en París) y E=MC² (en Miami). Este personaje, acusado en Francia de proxenetismo, tuvo (como Epstein) la oportuna idea de «suicidarse» en la cárcel, en la conocida prisión de La Santé, en París. Por su parte, Timur Mindich también dirigía una agencia de contratación de modelos denominada Fire Point, en Kiev. Hasta ahora se ignora cuántos jóvenes ucranianos y ucranianas cayeron en las redes de estos individuos.

Es en este contexto que el abogado Volodimir Vatras, miembro de la comisión jurídica de parlamento ucraniano, acaba de presentar un proyecto de reforma del Código Civil ucraniano[6].
[6] «Проект Цивільного кодексу», Верховна Рада, 6 лютого 2026 р. [en español, Proyecto de Código Civil, Verkhovna Rada, 6 de febrero de 2026).

Esa proposición de reforma del Código Civil ucraniano apunta a proteger la reputación de las personas acusadas de corrupción hasta su condena final y reduce la edad legal para el matrimonio a… 14 años, lo cual haría imposible toda acción judicial por corrupción de menores o violación de menores de más de 14 años y menos de 18. La prensa ucraniana ya habla de «pedofilia de Estado»[7][8].

Apoyándose en la Convención sobre los Derechos del Niño, numerosos ucranianos han iniciado la recogida de firmas contra este proyecto de reforma que consideran una modificación esencialmente regresiva[9][10]. Quienes puedan no haber comprendido aún de qué se trata deben saber que esta reforma tendrá incluso carácter retroactivo y se aplicará a todos los casos posteriores a 2014, o sea todo el periodo posterior al golpe de Estado de la plaza Maidan. La aprobación de ese proyecto de reforma eliminaría todas las disposiciones del Código Penal ucraniano contra la pedofilia[11].

¿Conoce usted algún Estado en el mundo que, ahora o en el pasado, haya reducido la edad legal del matrimonio... y con aplicación retroactiva? Por supuesto que no.

No está de más recordar que este mismo gobierno ucraniano acusa a Rusia de haber secuestrado 900.000 niños. Moscú, que desmiente esa cifra, precisa que esos niños no fueron capturados sino recogidos en el campo de batalla y evacuados hacia Rusia para protegerlos de las acciones bélicas. Hasta ahora, Kiev ha presentado públicamente una lista que contiene los nombres 339 niños, cuya devolución reclama la administración de Zelenski. ¿Dónde están los nombres de los miles de niños restantes?

La respuesta está quizás en los 6 millones de páginas del expediente Epstein que siguen siendo secretas. Los experimentos «médicos» facilitados por Hunter con el uso de soldados ucranianos como conejillos de Indias ya eran indignantes. Los secuestros de niños ucranianos por la pandilla de Zelenski serán vomitivos.

Haciendo uso de la palabra ante el parlamento ucraniano, la diputada Inna Sovsun declaró el 11 de febrero: «La norma que los miembros de la Comisión están tratando de hacer aprobar, sobre el matrimonio con jóvenes de 14 años, es una pura salvajada. Contradice el buen sentido y las normas europeas. ¿Cuántos problemas hay todavía en ese código? No lo sabemos. Por consiguiente, me uno a las exigencias de los abogados para excluir del examen el proyecto de Código Civil, examinarlo detalladamente de nuevo en comisión, discutirlo en el seno de la sociedad y, sólo después, someterlo al Parlamento».

Ruslan Stefanchuk, presidente del parlamento ucraniano e ideólogo del partido Servidor del Pueblo (la formación política de Zelenski) se ha implicado a fondo tanto en la redacción de esta modificación del Código Civil como en su defensa ante el parlamento. Stefanchuk es un científico y pedagogo que durante mucho tiempo ha trabajado con niños… y también está implicado en el escándalo revelado por la Operación Midas. Todos los expertos observan que las declaraciones de Stefanchuk no corresponden con el contenido del texto presentado al Parlamento.

Stefanchuk estaba en Washington la semana pasada. El 7 de febrero se reunió con Riley M. Barnes, el secretario de Estado adjunto a cargo de Democracia, Derechos Humanos y Derechos de los Trabajadores. Stefanchuk aseguró al funcionario estadounidense que ningún niño ha desaparecido en Ucrania pero insistió en afirmar que Rusia ha «capturado» 900 000 niños ucranianos.

Ya de regreso en Kiev, Stefanchuk se encontró prácticamente una revuelta de toda la sociedad. Sólo entonces reconoció que, en su estado actual, el proyecto de nuevo Código Civil no puede ser sometido a votación en el parlamento. Pero el problema que esa reforma trata de enterrar sigue existiendo.

Hasta ahora sólo conocemos la tercera parte de los documentos del caso Epstein que el Departamento de Justicia de Estados Unidos tiene en su poder. Cuando se conozcan otros elementos tendremos que inventariar la información que iba a parar a manos de Epstein y preguntarnos cómo la utilizaban los dirigentes de Israel.

LA REVELACIÓN DE LAS ÉLITES SATÁNICAS (ESCALADA).

 

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Presentador: Bueno, hoy es lunes, que tal vez se convierta en otro «lunes decisivo» en los Estados Unidos de América, o tal vez no, aún no lo sabemos con certeza. En el cine estadounidense se utiliza a menudo el término «derrumbe»: así es como llaman al estado en el que todo comienza a desmoronarse como un castillo de naipes, sobre todo desde el punto de vista ideológico. En su opinión, ¿se puede considerar toda esta historia con los archivos de Epstein y lo que descubren los congresistas (y, tras ellos, quizás el resto del mundo) como el comienzo del colapso real del mundo occidental? Se trata de un colapso desde el punto de vista ideológico, filosófico, moral y todo lo demás. ¿Se puede decir que este proceso ya ha comenzado físicamente?

Aleksandr Duguin: Creo que es totalmente cierto: así es como hay que entenderlo. Si se analiza objetivamente el efecto que ha tenido la publicación de los archivos de Epstein, incluso en su forma editada, con bandas negras y un conjunto incompleto (se dice que solo se han publicado entre tres y seis millones de archivos y, sin duda, dado que han sido cuidadosamente seleccionados, no son los más duros), entonces, basándonos en lo que vemos y en lo que ahora es de dominio público, podemos decir que no se trata simplemente de un escándalo comparable al «Irán-Contras» o a otros precedentes históricos. Se trata de un colapso, de un verdadero derrumbe de todo el mundo occidental. De hecho, en los últimos días, en la última semana, ha ocurrido un acontecimiento de tal importancia que nosotros, desde nuestra posición oriental euroasiática, por supuesto, no podemos evaluar con precisión lo que está sucediendo. He notado que muchos escriben en las redes sociales: «Occidente hierve, Oriente calla». Es decir, lo que está sucediendo en Occidente, para nosotros… Todavía no nos hemos dado cuenta de lo que es, de que ya no existe Occidente. Porque, independientemente de cómo nos hayamos relacionado con él —hayamos luchado contra él, hayamos sido amigos, nos hayamos orientado hacia él o lo hayamos maldecido—, es difícil imaginar que Occidente sea un sistema de civilización diabólica, en cuyo centro se encuentran sectas satánicas y caníbales que devoran niños, trafican con mujeres, llevan a cabo provocaciones en todo el mundo, manipulan los mercados financieros y los procesos políticos, organizan «misas negras» y orgías globales, simplemente nos resulta inverosímil.

En ello está involucrada toda la élite política, económica, científica (fíjense), educativa, financiera, cultural, mediática, ideológica, periodística y deportiva de Occidente. Las teorías de la conspiración hablaban de ello, nosotros las tomábamos con humor e incluso en nuestra propaganda política, en el momento de la guerra con Occidente, no nos basábamos en ellas, no recurríamos a ellas, considerábamos que era demasiado. Y ahora todas las teorías de la conspiración no solo se han confirmado, sino que han superado todas las versiones anteriores. Allí estaban los Rothschild, los presidentes de Estados Unidos, los secretarios de Estado actuales y anteriores, toda la élite financiera, científica y política de ambos partidos, tanto republicanos como demócratas. Y también los líderes de MAGA, lo cual es, por supuesto, un shock total. Incluidos Thiel y Bannon, que representan las dos caras del movimiento MAGA, el mismo Trump y, en general, todo lo que conocemos como Occidente. Tanto en Estados Unidos como en Europa, en las familias reales, en la democrática Francia y en la económica BlackRock, hay satanistas, pedófilos y caníbales por todas partes y en todos los lugares.

Y eso a pesar de que el lenguaje codificado de estos archivos aún no ha sido descifrado y aún no conocemos muchos nombres. Pero los escándalos ya han comenzado. En Europa, por cierto, se han producido dimisiones masivas y causas penales: Mandelsohn ha sido despedido, Starmer está a punto de serlo, Jack Lang, exministro de Cultura de Francia, está siendo perseguido penalmente. Se dice que Trump, desde la mañana hasta la noche, como un loco, como un poseso, llama a los líderes europeos con exigencias y amenazas para que no abran causas penales sobre la lista de Epstein, porque —y es comprensible por qué— Trump es uno de los principales implicados. Ahora se están confirmando absolutamente todas estas suposiciones, ni siquiera suposiciones, sino simples hipótesis, que hasta el último momento parecían una locura.

Ayer hubo una sensación: Karina Shulyak, la última amante de Epstein, que pasó diez años con él y a quien él legó cientos de millones de dólares de su herencia (se dice que incluso quería casarse con ella), salió de las sombras. Es de Bielorrusia, dentista, una chica de aspecto normal, pero se sabe con certeza que fue su amante durante la última década. Y recientemente escribió: «Sabéis, Jeffrey es un buen hombre, Jeffrey no tiene la culpa». Ella dice: «Sí, claro, las élites políticas se dedican al canibalismo, comen niños y celebran misas satánicas, pero Jeffrey no tiene nada que ver con eso: él solo los chantajeaba, lo involucraron en eso, no tenía otra salida, trabajaba para diferentes servicios de inteligencia; por eso él es una buena persona, pero lo que ocurría allí y con lo que yo tengo que ver… eso sí que era realmente monstruoso». Imagínense, declaraciones como estas por parte de un testigo así, una figura como él.

Por lo tanto, sí.

Presentador: Querría aclarar un punto, porque lo ha mencionado varias veces: en el futuro será muy interesante conocer su opinión al respecto. Cuando hablamos de satanismo en esta situación, cada vez más da la sensación de que ellos creían y creen sinceramente en ello. Es decir, no se trata de un juego político u oportunista con el satanismo, sino de una fe real de estas personas en Satanás.

Aleksandr Duguin: Sí, el satanismo está prohibido en la Federación Rusa, pero estamos acostumbrados a pensar que se trata de unos locos que creen en algo que no existe. Creemos que son simplemente personas mentalmente inestables, marginados, dispuestos a cometer actos delictivos. Pero aquí se descubre algo completamente diferente. Se trata, en esencia, de la existencia de una especie de iglesia, de órdenes, de sociedades secretas con ritos religiosos, con sus propias creencias, cultos y rituales, donde sacrifican bebés, comen niños, violan y secuestran mujeres. Y allí se celebran «misas negras» en el sentido más literal de la palabra, y toda la élite occidental está inmersa en esta religión. Era simplemente imposible imaginar algo así, realmente no cabe en la cabeza. Es decir, en otras palabras, nosotros pensamos que el satanismo es un fenómeno marginal de maníacos locos, pero resulta que es la iglesia a la que pertenece la élite política occidental.

Por lo tanto, si la existencia del satanismo es ahora evidente, surge la pregunta: ¿existe Satanás? Para nosotros, personas de la época soviética, educadas con Cheburashka, esto es, por supuesto, ridículo: sabemos que Gagarin voló al espacio, no vio a Dios y mucho menos a Satanás. Pero estos ingenuos mitos materialistas, con los que aún vive parte de la humanidad, ya no son capaces de explicar lo que está sucediendo. Si Satanás no existe, ¿a quién adoran los científicos más importantes? ¿A quién sirven y a quién ofrecen sacrificios los políticos, los músicos, los representantes de las mayores corporaciones financieras y sus familiares? ¿A quién sirven? Después de todo, la cuenta de Epstein figuraba a nombre de Baal. Baal es una deidad que es el prototipo del Satanás cristiano histórico y a la que se le ofrecían sacrificios sangrientos. A lo largo de toda la historia bíblica, los profetas fieles al Dios Único, los políticos y los líderes religiosos dicen: «Israel, despierta, ¿por qué te has pasado al bando de Baal?». Y así fue muchas, muchas veces. Reyes, líderes religiosos y pueblos enteros adoraban a Baal en la antigüedad. Parecería que todo esto ha quedado en el olvido, que estos cultos sangrientos y estas orgías crueles fueron erradicados, que se luchó contra ellos. Pero la tradición judía luchó contra ellos hasta el final. Al final, estos brotes del culto a Baal se manifestaron prácticamente hasta el fin de la religión judía, hasta la destrucción del Segundo Templo. Y, al parecer, estos cultos se han conservado de alguna manera hasta nuestros días, y en la era del ateísmo, cuando ya nadie se oponía a ellos y el cristianismo también fue abolido, y todos se burlaban del diablo, él aprovechó esta situación.

Es imposible explicar esto simplemente como una obsesión de algunos sectores marginales o grupos aislados. Se trata de un fenómeno: usted habla del colapso de Occidente. Es interesante que Kevin Spacey, que interpretó el papel principal en «House of Cards» (y que, por cierto, fue condenado por pedofilia en Estados Unidos y enviado al ostracismo), ahora aparezca en el caso Epstein. En la red aparecen imágenes y fotos en las que aparece junto a Epstein y junto a Ghislaine Maxwell. Y ella, recordemos, era la hija de uno de los agentes más importantes del Mossad israelí en Estados Unidos, que en su momento nos instaló sistemas supuestamente para rastrear a los disidentes, pero que hasta finales de 1990 transmitían al Occidente y al Mossad información sobre nuestras fuerzas espaciales. Era un gran aventurero, este padre de Ghislaine Maxwell. Y este grupo —Ghislaine Maxwell, Epstein, Kevin Spacey— aparece fotografiado con la familia real británica, directamente en sus aposentos. Es decir, de hecho, muchas de las cosas que se mostraron en la serie «House of Cards» resultaron ser verdad, que en realidad es aún más aterradora. Está el «Bosque de Bohemia», está la «Liga del Hiedra», hay tramas sobre orgías satánicas que se muestran de forma indirecta. Al igual que en la película de Kubrick «Con los ojos bien cerrados»: nos muestran algunos fragmentos y luego dicen: «Bueno, mirad, solo es una película».

O como en La teoría de la conspiración de Mel Gibson. Y ahora vemos que toda la cultura que se presentaba como fantasías oscuras, slashers que alteraban los nervios, como La matanza de Texas o películas sobre el satanismo, no es más que el día a día de la élite occidental.

Y, por supuesto, en este sentido, la gente en Occidente se pregunta: ¿a quién podemos recurrir? Antes era así: si no nos gustaban los demócratas, votábamos a los republicanos; si no nos gustaban los republicanos, votábamos a los demócratas. ¿Y ahora a quién votar? Aun lado hay satanistas y al otro lado también. Ni siquiera se puede decir dónde hay más: hay caníbales en un movimiento y en el otro. Y resulta que incluso la alternativa a MAGA es la correspondencia de Epstein con Peter Thiel y Steve Bannon, que son los dos polos del movimiento de Trump. Eso tampoco sirve para nada. En general, quedan algunas migajas: varios congresistas y senadores, como Thomas Massie, Ro Khanna o Marjorie Taylor Greene, que no están involucrados en todo esto. No aparecen en estos archivos y realmente gozan de inmunidad, pero son literalmente una minoría. Resulta que en Occidente solo hay un puñado de políticos que no están involucrados en la red de Epstein.

¿Qué van a hacer ahora los occidentales? ¿Y qué vamos a hacer nosotros? ¿Con quién vamos a hablar en Occidente? Pensábamos que nos engañaban, pero que, al fin y al cabo, velaban por sus intereses. Y ahora resulta que hemos estado lidiando durante tanto tiempo con la civilización satánica más terrible y monstruosa del Anticristo, gobernada por caníbales. ¿Qué hacemos ahora, cuando hemos adoptado todas sus prácticas en materia de educación, cuando hemos creído en su cultura, cuando hacemos remakes de sus películas y utilizamos sus instrumentos financieros? Ahora surge una nueva idea de que Epstein creó el bitcoin para algunos de sus actos delictivos. Resulta que toda esta democracia liberal y todo lo que entendemos por política e ideología en Occidente es producto del trabajo de oscuras organizaciones secretas, que están presentes y descritas en detalle en los archivos de Epstein. Hay miles de personas, y todas ellas pertenecen a la élite, todas ellas son participantes en estos acontecimientos monstruosos, de los que la gente común ni siquiera puede hablar.

Ahora, en Occidente, los blogueros escriben: si después de ver esto puedes dormir tranquilo, es que eres un cerdo. Si puedes dedicarte a tus asuntos habituales y vivir en tu mundo habitual, ya no eres humano. Entonces no preguntes si, después de comerse a tus hijos, te asarán en un kebab en alguna isla de la élite, porque Epstein ya no está, pero su causa sigue viva. Por eso creo que la situación es muy grave. Y nosotros estamos paralizados: por eso guardamos silencio, por eso Oriente guarda silencio. Simplemente no podemos creerlo, no nos cabe en la cabeza. ¿Cómo es posible? Llegamos a un acuerdo con Trump, pero ¿con quién llegamos a un acuerdo en realidad? ¿Con quién estamos tratando de llegar a un acuerdo ahora? El hecho de que haya obstaculizado y siga obstaculizando la investigación del caso Epstein lo convierte, de hecho, en cómplice de crímenes de tal magnitud que, en la historia de la humanidad, solo son comparables a los de Hitler, Calígula o Nerón. Es decir, en el Occidente contemporáneo está ocurriendo algo épico.

Se trata, por supuesto, de un colapso total. Y muchos se preguntan: ¿qué hacer? Hay una expresión que dice: «What out of all this mess?» (¿Qué hacer con todo este lío?), es decir, ¿cómo salir de esta situación, cómo elegir, cómo votar para salir de este atolladero? Dicen: «Por supuesto, votemos a quien votemos, votaremos por Satanás». A partir de aquí se entienden los proyectos de inteligencia artificial y las pandemias, todo lo cual se discute en los archivos de Epstein. Solo queda encontrar a los reptiloides y los extraterrestres, pero esta es quizás la única parte de las teorías de la conspiración que aún no ha encontrado confirmación.

Presentador: Ha mencionado a Stanley Kubrick. ¿Quizás aquí se pueda aplicar el método descrito no en «Eyes Wide Shut» o en una película mucho más antigua «A Clockwork Orange»? En ella, al protagonista, un personaje puramente negativo, le abren los ojos a la fuerza en el final y le obligan a mirar los horrores de la guerra y el crimen para intentar curarlo. Lo que está sucediendo ahora en el mundo occidental es muy similar: alguien le abre los ojos a la fuerza para revelarle toda la verdad y todo ese horror. Alguien le mantiene literalmente los párpados abiertos. Resulta que Stanley Kubrick lo predijo tanto allí como aquí. En su opinión, ¿quién lo está haciendo? Es decir, ¿quién está destapando esta terrible llaga?

Aleksandr Duguin: Es un gran misterio. En primer lugar, ¿cómo es que Trump llegó al poder tras la revelación del «Estado profundo»? Antes, la mera existencia del Estado profundo se consideraba una invención, pero Trump demostró de manera bastante convincente que no es un mito y que sus enemigos son los demócratas liberales. Uno de sus más cercanos seguidores incluso llamó a este gobierno mundial y a Greta Thunberg el Anticristo. Todo esto sonaba muy convincente. Y entonces alguien realmente destapó este «Estado profundo» y lo sacó a la luz. Incluso Netanyahu, que sin duda tiene una relación directa con la red de Epstein (tanto a través de sus servicios especiales como profesionalmente), utilizó este término. Por cierto, Netanyahu incluso pidió que lo «borraran» de estos archivos: al principio había fotos suyas, pero luego las eliminaron. Por lo tanto, tanto Trump como Netanyahu y Peter Thiel tenían en mente algo propio con este término.

Surge la pregunta: ¿quién dio la autorización, quién dio la orden de desenmascarar al «Estado profundo»? ¿No hay detrás de esto un Estado aún más profundo? Hace un año escribí un artículo sobre esto para RIA Novosti: sobre la existencia del «deeper state» (estado aún más profundo). Se trata precisamente de ese hipotético «deeper state», una capa aún más profunda. Y creo que los archivos revelados de Epstein ya no son el «deep state» habitual. El «deep state» era solo una etapa previa, y ahora ha salido a la luz precisamente el «deeper state»: esas mismas personas que figuran en las listas de Epstein.

Pero entonces surge la siguiente pregunta: ¿quién los ha desenmascarado? ¿Cuántas capas hay en total? Resulta que hay un mal número uno: los globalistas. Son los Clinton, que participan en orgías en la isla y otros más. El deep state habitual no ha desaparecido: la democracia liberal y el Partido Demócrata de Estados Unidos siguen siendo criminales y están completamente desacreditados. Pero ahora resulta que el «estado aún más profundo», incluidos aquellos que desenmascararon la primera capa, también forma parte de esta red. ¿No hay aquí una tercera capa? Es una hipótesis muy atrevida: el «deepest state», el estado más profundo de todos.

Porque alguien realmente tuvo que abrirles los ojos a la fuerza, como en la imagen del final de «La naranja mecánica», que tan acertadamente ha citado: cuando obligan al maníaco a ver sus propios actos. Ahora Trump se encuentra precisamente en la misma situación que el matón de la película: a él y a Melania les obligaron a ver todo esto. Él lo ve cada segundo, mientras le amenazan con sacarle de la Casa Blanca y llevarle directamente a la celda de Ghislaine Maxwell. Pero ¿quién lo hizo? ¿Quién abrió los archivos de Epstein? Porque, según la lógica, este «Estado aún más profundo» no debería haberse revelado, ya que quienes destaparon la capa anterior quedaron totalmente comprometidos. En todo Occidente no hay ninguna fuerza política, social o cultural que pueda considerarse beneficiaria de esta revelación.

Mientras tanto, Oriente guarda silencio. Me parece que China, el resto de países y nosotros simplemente no nos atrevemos a decir «os lo dijimos», porque tememos que estos satanistas puedan responder lanzándonos armas nucleares. Ahora que vemos con quién estamos tratando, este desenlace parece muy probable y así es como explico nuestro silencio. No somos aptos para desempeñar el papel de «Estado del Estado», aunque se nos intente acusar de algo similar en esos mismos archivos, pero eso es completamente absurdo. No podemos desempeñar esa función. De ahí surge un gran problema: ¿quién estaba realmente detrás de la publicación de esos documentos?

Presentador: Me acordé de una frase que se le atribuye al senador John Kennedy (homónimo del presidente): dijo que era hora de inventar una nueva conspiración, porque la antigua resultó ser cierta. En relación con esto, me gustaría mencionar una versión relacionada con ese mismo «Estado profundo» del que hablaba. La esencia de esta versión es que las élites se autolimpian de esta manera: las figuras que están detrás y que realmente controlan los procesos se han dado cuenta de que las élites públicas actuales no han estado a la altura y se han degradado definitivamente. No han cumplido su función y ahora se ha decidido a destituirlas, abriendo los archivos de Epstein para, de hecho, reiniciar el proceso. ¿Qué le parece esta versión: que se trata de una destrucción consciente del material gastado y descompuesto con el fin de reiniciar el sistema?

Aleksandr Duguin: Cualquier versión puede ser considerada debido a las condiciones extremas en las que nos encontramos, excepto aquellas que se utilizaban anteriormente. Por ejemplo, que la economía determina la política, que todos los países siguen sus cálculos racionales, que el egoísmo razonable de un Estado u otro explica la lógica de su política y que todo gira en torno a los recursos, los precios del petróleo o los mercados financieros. Me parece que este tipo de analistas pueden ser libres: no son necesarios, porque son mucho más débiles que cualquier modelo primitivo de inteligencia artificial. Esto resultó ser absolutamente falso. Es decir, la gran mayoría del análisis racional es simplemente inaplicable. Ahora solo pueden competir entre sí diferentes versiones de la conspirología.

Y yo creo que hay que pasar de la conspirología a la teología. Porque todo comenzó cuando rechazamos a la Iglesia, nos burlamos de sus enseñanzas sobre la existencia de la eternidad, la existencia del alma, la inmortalidad, el juicio final, la lucha entre ángeles y demonios, que se libra también a través del hombre y a través de nuestra historia. Nos reímos tanto de todo esto, nos reímos durante siglos, giramos algunas manivelas, mostrando que el rayo no proviene de Dios, sino de este practicante con bata blanca que muestra algunos aparatos a los campesinos. Durante mucho tiempo nos hemos partido de risa burlándonos de las religiones tradicionales, no solo de la cristiana, sino también de la judía, la islámica y, en general, de todas. Y ahora esa risa se ha convertido en una siniestra carcajada diabólica. Es decir, resulta que la idea de que el diablo no existe, al igual que Dios, era precisamente una idea del diablo. Él la introdujo cuidadosamente y la está aprovechando. Esta es la nueva situación.

Y por eso creo que, en general, la conspirología debería detenerse aquí de alguna manera. La conspirología es un intento de los materialistas, los ateos, las personas terrenales y carnales de explicar aquellas cosas que sienten: algo está sucediendo, pero no pueden explicarlo porque no tienen los medios para ello. Por eso inventan mitos, inventan conceptos y, en realidad, a veces dan en el clavo (la mayoría de las veces dan en el clavo). Pero para ello hay que volverse un poco loco desde el punto de vista del materialismo. La conspirología es cosa de materialistas locos que no pueden creer en la religión, para los que Dios no existe, y, sin embargo, expresan sus oscuros recelos y dan en el clavo cada vez más.

Ahora es el momento de pasar de la conspirología a la teología, lo que nos situará en un contexto completamente diferente. No inventaremos cosas aterradoras, como reptilianos extraplanetarios y demás: simplemente veremos el mundo, incluidas sus dimensiones invisibles. Recordaremos que existen entidades espirituales, tanto orientadas hacia lo divino como hacia lo antagónico. Recordaremos nuestra alma, sus misterios, su inmortalidad, que hay una batalla por ella. Y nos encontraremos en un mundo que se corresponderá mucho más con lo que vemos ante nuestros ojos, al tiempo que tendremos una descripción realmente sólida.

Por cierto, incluso en Occidente se acercan a esto: Thiel habla de la civilización del Anticristo. De hecho, hoy en día, especialmente tras la publicación de los archivos de Epstein, Occidente habla en cada publicación de lo profunda y fatalmente equivocados que estuvimos hace quinientos años, cuando creímos a Newton y a todos esos modelos sobre el mundo material. Es decir, en realidad se pone en duda toda la modernidad occidental, toda la historia occidental, el progreso. El progreso hacia la inteligencia artificial y las bandas pedófilas de satanistas que gobiernan la humanidad es un progreso maravilloso. Y ellos ya lo habían advertido antes: existe una teoría llamada «ilustración oscura» (Dark Enlightenment), que muchos apoyaban. Afirma que, en realidad, la ilustración es algo bastante aterrador, es la idea de expulsar a Dios, es satanismo encubierto. Detrás del secularismo, el racionalismo, el materialismo y el ateísmo se escondían sectas aún más aterradoras y oscuras, que ahora se han desatado: los adoradores de Baal.

Poco a poco estamos pasando de la conspirología a la teología, y ahí es donde, en mi opinión, encontraremos las respuestas correctas. Bueno, veamos la versión que propones: hay élites que quieren purificarse. ¿Dónde están? ¿Dónde están esas élites y cómo se purificarán? Porque, en realidad, el grado de cobertura de la clientela de la isla de Epstein, donde se llevaban a cabo estos rituales satánicos, donde se comían niños, se violaba a bebés… es tan difícil incluso de pronunciar. Lo digo con calma, porque si gritamos y chillamos de dolor, nuestras palabras no serán más convincentes. Propongo que veamos nosotros mismos estos archivos y nos horroricemos, nos horroricemos de verdad, pero que cada uno lo haga por sí mismo.

Así pues: dado que se observa un grado tan profundo de penetración de esta red en prácticamente todas las instancias del mundo occidental, es completamente incomprensible quién podría llevar a cabo la limpieza. Si se elimina a esta élite, se eliminará a la élite en general, simplemente dejará de existir. ¿Y cómo surgirá una nueva élite? Esto requiere institucionalización, proyectos sociológicos y políticos. No hay un partido revolucionario, no hay un movimiento verdaderamente no comprometido. Incluso aquellos que se opusieron al «Estado profundo» en la etapa anterior se vieron afectados: incluso Musk se encontraba entre las personas que iban a viajar a la isla de Epstein, aunque al final no lo hizo.

Pero tenía intención de hacerlo. Y ahora abogan, exigen que se abran los archivos. Él no llegó, por eso lo exige, y el que llegó se tapó los ojos con las manos horrorizado: cree que ahora saldrá a la luz algo y allí hay fotos y vídeos. Cuanto más lejos, mejor. Por eso lo terrible de la situación es que no hay otra élite, no hay nada que limpiar. Las células cancerosas han penetrado en todas las estructuras de las instancias de gobierno occidentales, no hay nada, no hay alternativas.

Y ahora el pueblo, millones, decenas y cientos de millones de habitantes de Occidente, se ha despertado y ve esos archivos. Dicen: «¿Por qué nos enseñáis esto? ¿Quieren que lo aceptemos? No podemos derrocarles, no somos capaces de hacer una revolución, estamos inmersos en la vida cotidiana y el confort, estamos acostumbrados a la cultura que nos alimentan estas élites». Y, de hecho, son incapaces de actuar, no tienen nada que responder. Ahí está la paradoja y la tragedia: el delito es evidente, pero resulta que en él están involucrados jueces, investigadores, fiscales, abogados y acusados, es decir, todo el tribunal. Todos ellos, junto con el juez Epstein, cometieron actos delictivos. Y este descubrimiento no da esperanzas de que la élite se purifique.

Otra cosa es que esta élite, al encontrarse en tal situación, pueda simplemente decir: «así es como tenía que ser». Por cierto, ya hay declaraciones de este tipo. Por ejemplo, Lady Victoria Hersi, amante del príncipe Andrés (que participó en los episodios más repugnantes de esta historia), declaró recientemente, sonriendo, en la televisión británica: «Saben, en general, si no hubiéramos aparecido en las listas de Epstein, no seríamos la verdadera élite, porque todos estaban allí. Y si alguien no aparecía en ella, era simplemente un don nadie y un perdedor». Se está normalizando el satanismo. Es un intento de hacerlo aceptable. Quizás sea la explicación más adecuada: como la gente no puede rebelarse, intentan domesticarla. Si miras las redes sociales, verás que allí supuestamente no existía la lista de Epstein; si enciendes la CNN, allí proponen hablar de otros temas, y si alguien tiene la culpa, ese es solo Trump.

El resultado es el siguiente: a todos se les ha mostrado el abismo de la caída, pero si todo sigue como está, en la siguiente etapa este argumento ya no funcionará. Dirán: «esta persona adora a Baal y se come a los niños», y ellos responderán: «bueno, ya lo hemos oído, lo hemos aceptado». Esta es la primera cuestión. Pero si el conflicto y el colapso siguen creciendo, los procesos sociales empezarán a salirse de control. La gente se da cuenta de que los gobiernan pedófilos satanistas en todos los partidos y regímenes, con raras excepciones como Orbán.

Si todo esto empieza a desmoronarse, las élites entrarán en conflicto directo con las masas. Bill Gates, uno de los personajes más siniestros, habló de ello. Imagínate: usamos Microsoft, usamos software creado por los líderes del satanismo mundial. Es inconcebible, nos convertimos en cómplices indirectos. Estas estructuras son espías, influyen en nuestras redes e intentan influir en nuestra conciencia. O bien esta élite se vuelve directa y abierta en su espíritu, un gobierno anticristiano directo que destruirá a la oposición con hierro candente, continuando con los asesinatos y las violaciones, o bien resolverán el problema de otra manera.

Me acordé de Bill Gates porque discutió con Epstein qué hacer con los pobres. Epstein propuso: «Vamos a exterminarlos, no los necesitamos». Son las ideas de Ayn Rand, del capitalismo radical: los pobres son supuestamente malvados y perezosos. Esto tiene sus raíces en la doctrina calvinista de la predestinación: los ricos son elegidos por Dios, los pobres son pecadores. Gates va más allá: los robots se desarrollan, la inteligencia artificial está por llegar, la mayoría de la humanidad simplemente no es necesaria. Y este genocidio se puede achacar a la inteligencia artificial, que supuestamente «se ha salido de control». Musk no deja de repetirlo.

Y esta élite pedófila puede decidir que Putin es malo o que los iraníes son malos, iniciar una guerra nuclear y destruir a la humanidad. Epstein financió la construcción de búnkeres para la élite. Kurzweil, teórico de la singularidad, participó con ellos en estos proyectos. La élite entra en el búnker, la humanidad muere supuestamente debido a un fallo de la IA… y entonces comienza una nueva etapa.

Empezamos con las películas de Kubrick, y resulta que «House of Cards» o la serie «Fallout» son guiones que se desarrollan en la realidad. Hay una forma de esconder algo: ponerlo en el lugar más visible. En «Fallout» los oligarcas ricos lanzaron ellos mismos las bombas y se refugiaron en búnkeres para salir cuando la humanidad se volviera salvaje. Algo similar está ocurriendo ahora: Epstein financia búnkeres reales. Ahora se dice que no murió, sino que fue trasladado a Israel. Ya no se puede ser arrogante ante este tipo de conspiraciones. Como en «Expediente X»: la verdad está ahí fuera. Las locuras más descabelladas resultan ser ciertas.

No hay condiciones para limpiar las élites occidentales debido a la profundidad de su compromiso. En Europa se está intentando registrar las propiedades de los Rothschild y el exprimer ministro de Noruega, que participó en orgías salvajes, está siendo investigado. Ya no existe ningún derecho ni lógica para esta élite. Si hubiera fuerzas nuevas, podrían aspirar a cambios: Israel debería ser condenado por los crímenes cometidos en Gaza, se debería poner fin al espionaje y la vigilancia, y se debería abolir la política de género. Pero eso no va a suceder, porque no hay nadie que lo haga. La situación es muy grave.

Presentador: Hace algún tiempo, Vladimir Vladimirovich Putin dijo textualmente —esta frase ahora circula por todas partes, en todos los medios públicos y en Internet—: «El baile de los vampiros está llegando a su fin». Esta frase, digamos, ¿tiene, en su opinión, todos los significados de los que estamos hablando ahora?

Aleksandr Duguin: Él lo sabía: en estos casos se dice «he knew». Es decir, él lo sabía y, sin duda, el líder de una gran potencia debe saber lo que ocurre entre las élites occidentales. Creo que él sabe, probablemente mejor que nadie, cuál es la situación real. Sabía que, al parecer, se iban a publicar esos archivos, ya que la decisión al respecto se tomó en otoño del año pasado. Todos pensaban que no se llegaría a publicar debido a diversos argumentos: guerras, conflictos, etc. Pero se publicaron. Sí, el «baile de los vampiros» ha quedado ahora al descubierto, y los vampiros, empezando por los más importantes, los vampiros presidenciales y todo su entorno, ya están empezando a arder y a quemarse, y les están saliendo manchas negras. Es decir, todos los indicios de la caída del rayo de sol sobre el baile de los vampiros están ahí. Pero ¿ha terminado? Quizás no termine por sí solo, esa es la cuestión.

Ahora, en mi opinión, debemos actuar de forma radical. Porque nosotros, sin duda, no estamos involucrados en esto, no tenemos nada que ver con ello. Todas estas personas se pusieron de acuerdo y tramaron sus conspiraciones contra Rusia: a favor del Maidán en Ucrania, a favor de la destitución de Putin. El terrorista Ponomariov hablaba abierta y directamente de la necesidad de destituir a Putin y esa es precisamente la clientela de Epstein. Realmente no tenemos nada que ver con eso, si no hablamos de algunos de nuestros occidentalistas u oligarcas, con los que se puede lidiar por separado; ni siquiera quiero tocarlos, eso ya no es asunto mío. Pero, en general, Rusia como tal está luchando contra esto. Está luchando contra la isla de Epstein. Hemos iniciado una guerra contra la isla de Epstein en Ucrania. Sobre todo porque Ucrania está totalmente involucrada: en el suministro de mercancía viva, en el comercio de órganos y en los laboratorios biológicos. Zelensky es parte de este sistema, el sirviente más insignificante de esta «misa negra».

Y nosotros estamos en guerra con ellos. Por lo tanto, creo que debemos declarar más alto y claro nuestra subjetividad. Nosotros y China deberíamos decir: mirad, os advertimos de lo que es Occidente, pero no nos creísteis. Hablamos de la necesidad de un mundo multipolar, y ustedes nos obstaculizaron por ello. Pero ahora es evidente que teníamos razón: Occidente es un núcleo tóxico del que hay que escapar. Y hay que establecer un mundo no occidental. Luchamos por ello y ahora es nuestra oportunidad.

Me parece que ahora estamos un poco en una especie de afasia. Intentamos continuar con los acuerdos con Trump, en Anchorage, se habla de una «gran economía», aunque en realidad todo allí pende de un hilo, todo el sistema occidental. Quizás comprendemos a qué pueden llegar estas élites cuando su baile termina y toda la humanidad ve lo que ocurría tras las persianas cerradas de sus mansiones y en los sótanos de tortura. Ahora esto es de dominio público y, por supuesto, pueden llegar a tomar medidas extremas. Pero, en realidad, me parece que debemos sacar una conclusión muy importante de todo esto: cualquier alusión al Occidente, cualquier alusión a la cultura liberal, económica y capitalista moderna, a la civilización, a la ciencia… Todo eso hay que dejarlo de lado inmediatamente. Porque todos estos caminos no conducen a Roma, sino a la isla de Epstein. Fíjense: los premios Nobel, los representantes de la ciencia, los filósofos, los izquierdistas, los derechistas, los políticos de todo el espectro… todos se dirigen allí. Es como si fuera el objetivo, de hecho, «una vida exitosa». Allí también fluyen corrientes de prostitutas, diseñadores de moda, productores creativos… todo se dirige allí.

Pero nosotros no queremos ir allí. Para nosotros, sería mejor destruir esa isla simbólica y metafísicamente. Para eso es para lo que necesitamos, al parecer, a «Poseidón».