Mostrando entradas con la etiqueta Fernando Sánchez Dragó. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fernando Sánchez Dragó. Mostrar todas las entradas

LA SANTA RUSIA

 
Vladimir Putin asiste a un servicio de la navidad ortodoxa en San Petersburgo (Reuters/Sputnik)

Santiago Abascal y los suyos han ganado muchos enteros con la reciente convocatoria en Madrid de una cumbre de los partidos conservadores de la derecha europea. La iniciativa no podía ser más oportuna en un momento como éste, con el Gobierno español quedando una vez más en ridículo por el ninguneo de Biden a los patéticos esfuerzos de Sánchez para ir de costalero en la crisis de Ucrania. Ni como recogepelotas lo quieren ya más allá de nuestras fronteras. Vaya, pues, por delante, mi felicitación a VOX y al hombre que lo encabeza, que ya no es sólo un líder en el ámbito nacional, sino también en el internacional.

Dicho esto, que es de justicia, me gustaría añadir una nota de prudente perplejidad a pie de página. Nunca he entendido las reticencias de Abascal, de VOX y de otros partidos conservadores europeos en lo que atañe a Putin. O mejor dicho: comprendo que las tengan el jefe de Gobierno de Polonia, país constantemente agraviado, a menudo amenazado y a veces invadido por Rusia a lo largo de la historia, y también Marine Le Pen, debido a la entente cordiale establecida hace unos días entre Macron, su principal adversario en las ya cercanas elecciones presidenciales francesas, y el líder ruso, pero me sorprende que no se le reconozca a éste, por encima y más allá de determinadas sombras que se esgriman contra él, la evidencia de que es el deus ex machina y la cabeza indiscutible de la única revolución conservadora de grueso tonelaje y proyección ecuménica que hoy por hoy existe en el mundo. ¿No es eso motivo más que suficiente para apoyarlo o, por lo menos, brindarle un amplio margen de confianza que daría alas a dicha revolución dentro y fuera de su país, incluyendo el nuestro? De grueso tonelaje son también las ventajas económicas, estratégicas y diplomáticas que esa decisión generaría en el desarrollo de la batalla de las ideas que VOX y los demás partidos presentes en la Cumbre de Madrid están librando.

Contra Rusia están coaligados todos los personajes que detestamos, desde Soros a Biden pasando por un tal Sánchez...

Todos y cada uno de los frentes abiertos en ese combate cultural, político y económico figuran en la agenda de Putin y en la escena pública de cuanto acontece en su país. El ideario progre y el imaginario woke, a diferencia de lo que sucede en la Unión Europea, en Estados Unidos y en Iberoamérica, no tienen presencia ni cabida en Rusia.

A imitación de los períodos de renacer religioso que se han dado en Estados Unidos desde los tiempos de las Trece Colonias, hoy se habla de un Gran Despertar de la América progresista blanca ante el problema del racismo. El objetivo es liberar al país de sus pecados fundacionales y, de paso, del sexo biológico, de la familia tradicional y del libre mercado. La nueva cruzada cultural se extiende ya por otros países. Y es de carácter sobre todo totalitario e inquietante.

Permítanme que haga mío y transcriba aquí, a modo de resumen, lo que Sertorio, excelente periodista y ensayista, publica hoy en la revista El Manifiesto: «Rusia es la única potencia mundial que defiende los valores tradicionales, que se niega a aceptar la ideología de género, que se opone frontalmente a toda cesión de su soberanía a los poderes globales, que defiende su identidad cristiana y que se resiste a ser asimilada en el maloliente melting pot del Nuevo Orden Mundial. Contra Rusia están coaligados todos los personajes que detestamos, desde Soros a Biden pasando por un tal Sánchez. Contra Rusia van dirigidos todos los embustes de la prensa, todos los bulos de las televisiones, todas las simplezas de los políticos».

¿Algo que objetar? ¿No es escrupulosamente cierto, punto por punto, cuanto en este párrafo se dice?

Y una apostilla. Ya sé, amigo Abascal, porque alguna vez lo hemos discutido, que gravita sobre Putin, a tu entender, la sospecha de que en algún momento apoyó o estuvo a punto de apoyar, desde los bastidores de los crípticos cálculos de la geopolítica, siempre, de por sí, tan oscura, la infamia del golpe de estado en Cataluña… Puede ser. Yo lo ignoro. Son acertijos que no está a mi alcance descifrar. Pero errare humanum est, ¿no? Eso ya pasó, si es que pasó, y otros, y muy altos, son los intereses que están en juego.


DE CONEJOS Y HURONES

Fernando Sánchez Dragó

Se llama en las culturas chamánicas animales de poder al animal simbólico que todo ser humano lleva dentro ‒o sea: en su inconsciente‒ desde que viene al mundo. Su función es la de catalizar la búsqueda del nosce te ipsum y la de equilibrar el peso del zoon politikon aristotélico, que es cultural y por ello artificial y adoptado, con el natural, que es congénito e instintivo. La conducta social depende del primero; la personal, del segundo, determinado por el carácter, que suele ser individual, pero que a veces, en contra de la opinión de Julio Caro Baroja (me remito a su ensayo sobre El mito del carácter nacional), puede ser colectivo y ayuda a entender lo que Unamuno llamaba la intrahistoria de los pueblos.

Ruinas del templo de Apolo en Delfos, que tenía esta inscripción en su frontón

No son conceptos que quepa discernir ni controversias que quepa dirimir en el angosto ámbito de una columna de prensa. Lean a Jung, a Mircea Eliade y a Carlos Castaneda, entre otros, quienes deseen saber algo más acerca de lo que es, en el chamanismo y en la psicología transpersonal, un animal de poder. No hay psicoanálisis posible si no se averigua cuál es el propio del sujeto sometido a esa terapia de introspección radical. Todo ser humano, ya dije, lleva en el subsuelo cerebral uno, por lo menos, de esos animales deícticos y a veces varios. Yo, por ejemplo, siempre exagerado, tengo cinco: el lobo, el oso, el gato, el lagarto y el escarabajo. Pero eso es asunto de mi exclusiva incumbencia que aquí está fuera de lugar y que sólo traigo a metafórica colación por si ayudara a entender la inexplicable (a mis ojos) conducta de mis compatriotas. La mía, desde luego, se entiende a tal trasluz por arcana que pueda parecer a muchos de ellos. ¿Cómo no van a tomarme por loco los hombres de la llanura —así los llama el Marqués de Tamarón en su novela El rompimiento de gloria— si mi forma de ser y de hacer es en tantas cosas similar a la de los cinco animales citados? Por algo decía Dalí, mirando alrededor con sus ojos saltones y tanteando el paisaje con las guías de su bigote, que la única diferencia entre él y un loco consistía en que él no estaba loco. Tampoco, que conste, lo estoy yo como lo estaría si osara compararme al genio de Port Lligat que enseñó a sus paisanos a sentirse catalán sin por ello dejar de ser español. Son o deberían ser círculos concéntricos.

¿Divago? Sí. Discúlpenlo. Soy un flaneur en el callejero del columnismo. También lo eran Camba (gallego), Pla (catalán) y Umbral (castellano). ¿Me estaré comparando a ellos? Al tercero seguro que no. Yo no recurro a las negritas.

¿Por qué Hispania se llamó así? Hay diferentes hipótesis al respecto. La más extendida sostiene que los romanos hicieron suyo ese topónimo de origen cartaginés cuyo significado era el de «tierra abundante en conejos». Así lo atestiguan Cicerón, Julio César, Plinio el Viejo, Catón, Tito Livio y, en particular, Catulo, que se refiere a Hispania como Celtiberia cuniculosa. Algo sabría del asunto, pues pasó por aquí. En algunas monedas acuñadas en la época de Adriano figuraban personificaciones de Hispania como una dama sentada y con un conejo a sus pies.

Han pasado unos cuantos siglos, pero si atiendo a lo que ahora dicen las encuestas, por escasa que su credibilidad sea, llego a la conclusión de que siguen correteando los conejos, animales asustadizos y de granja, por lo que fue el Far West del imperio romano en la época de las guerras púnicas. ¿Cómo entender, si no, que todavía haya en Cataluña tantos españoles cuniculosos dispuestos a votar al ministro Illa, a los sediciosos del separatismo, al procónsul del traicionero Brutus que en la moción de censura apuñaló a su aliado natural en el futuro gobierno del país, a los bolchepodemitos que a todos odian y se odian entre sí, y a quienes so capa de supuesta ciudadanía están dispuestos a pactar con quien sea para sentarse en cualquier trasportín de la Generalidad? ¡Ay, Inés, Inesita, Inés, capaz de pedir la dimisión de Illa y de ofrecerse a renglón seguido para formar gobierno con los socialistas!

Resulta difícil imaginar a los conejos como animales de poder, pero ahí, ratoneando, están. ¡Qué panorama! Sólo queda en Cataluña una opción decente para los votantes que no sean conejiles. Mi madre me decía que yo era un hurón. Eso sí que es un animal de poder. ¡A por ellos, VOX!