Donald Trump percibe los límites del «jacksonianismo».

La secuencia de acontecimientos no es favorable. El grave fracaso de Donald Trump ante Irán llega en el preciso momento en que el presidente de Estados Unidos emprende su Kulturkampf contra la iglesia católica para reafirmar el carácter anglosajón (no azteca) de su país. El presidente Trump se ve ante el hecho que la diplomacia no puede manejarse igual que un negocio —al menos no con el interlocutor iraní. Y que su ideología «jacksoniana», eficaz en la política interior estadounidense, no permite responder a los problemas estratégicos. Atrapado en un callejón sin salida, Donald Trump trata de adaptarse a la situación y cambia radicalmente.

El 21 de abril de 2026, el presidente Trump se hallaba en Louisville (Kentucky) para celebrar el recuerdo de Henry Clay (1777-1872), el adversario histórico del presidente Andrew Jackson (1767-1845), en un esfuerzo por dar a entender que ha escuchado las voces de sus electores y de sus consejeros y que está tratando de cambiar de método.

Este artículo es continuación de «El profundo cisma que enfrenta al Pentágono contra el Vaticano», 21 de abril de 2026.

El 21 y el 22 de junio de 2025, la fuerza aérea estadounidense bombardeó las instalaciones nucleares de Irán, por orden del presidente Donald Trump. Oficialmente se trataba de privar a Irán de la posibilidad de producir armas nucleares. En realidad, el presidente Trump estaba eliminando el pretexto que Israel podría utilizar para justificar el uso de armas nucleares contra la República Islámica, posibilidad que varios políticos ya habían mencionado.

En todo caso, el Pentágono estadounidense comprobó entonces que aquellas instalaciones iraníes estaban enterradas tan profundamente que sus bombas no podían alcanzarlas. Por cierto, nadie se ha atrevido a hablar de las consecuencias que habrían tenido aquellos bombardeos si las bombas estadounidenses hubiesen alcanzado realmente esas instalaciones nucleares.

El resultado de aquellos bombardeos deberían haber llevado Washington a interrogarse sobre su capacidad para derrocar el gobierno de Teherán y, principalmente, sobre la pertinencia de toda la estrategia estadounidense.

En el momento de conformar su administración, el presidente Trump había aceptado que su vicepresidente, J.D. Vance, pusiera uno de sus amigos, Elbridge Colby, como subsecretario de la Guerra. Colby ya había sido miembro de la administración Trump bajo el primer mandato del presidente y había explicado a este su «teoría de la negación», tendiente a garantizar que China no llegara a convertirse en una potencia superior a Estados Unidos. Según la visión de Elbridge Colby, no se trata de luchar militarmente contra China sino de «negarle», o sea cerrarle, el acceso a la energía y a las materias primeras necesarias para su desarrollo[1].
[1] The Strategy of Denial: american defense in an age of great power conflict, Elbridge Colby, Yale University Press, 2021.

Elbridge Colby es la única personalidad vinculada a la era Obama-Biden que ha logrado hacerse un espacio en las administraciones del presidente Trump —antes fue un personaje influyente en la política de los demócratas hacia Irán y trabajó para WestExec Advisors, la firma de Antony Blinken, el secretario de Estado de la administración Biden.

A partir de los bombardeos que ordenó contra las instalaciones nucleares de Irán, Donald Trump comenzó a modificar su retórica. Hasta entonces Trump se había preocupado sobre todo de tratar de salvar el dólar de la deuda abismal de Estados Unidos, había solicitado el apoyo financiero de Emiratos Árabes Unidos y de Arabia Saudita y multiplicado las declaraciones apresuradas asegurando que no tenía problemas de fondos. También había anunciado inversiones faraónicas para proyectos como su «Cúpula dorada» (defensa antimisiles) y su «Flota dorada» para la US Navy. En realidad, Trump estaba dibujando castillos en el aire —las monarquías del golfo Pérsico ya consumieron sus reservas en efectivo y los proyectos de armamento ni siquiera tienen visos de comenzar a concretarse.

Elbridge Colby se acercó entonces al director de la CIA, John Ratcliffe, para planear cómo «negarle» a China el acceso a los recursos. Elbridge Colby es nieto de William Colby, el director de la CIA del presidente Richard Nixon. Fue su abuelo quien plagó Latinoamérica de dictaduras militares, junto con el general francés Paul Ausaresses[2].

En septiembre-octubre de 2025, Colby y Ratcliffe envían a Qatar agentes encargados de reunirse allí con la vicepresidente de Venezuela, Delcy Rodríguez, y con Yussef Abou Nassif Smaili, el compañero sentimental de la dirigeante venezolana. Se trata de tantear el terreno para determinar cómo podría Delcy Rodríguez ayudar a poner fin a la dirección autoritaria del presidente Nicolás[3].
[3] Información 4655, «Interés de la DEA estadounidense por la vicepresidente de Venezuela», Voltaire, Actualidad Internacional, N° 159, 23 de enero de 2026.

Luego de verificar que la vicepresidente está en condiciones de controlar la situación en Caracas, el SouthCom estadounidense[4] se encarga de preparar el secuestro del presidente de Venezuela mientras que la CIA se ocupa de hacer creer a la opinión pública que Estados Unidos trata de poner fin a un tráfico de droga. Para satisfacer esa necesidad propagandística, la marina de guerra estadounidense simplemente ataca y destruye en el mar embarcaciones que supuestamente transportaban droga. Pero el verdadero objetivo final de todo esto es garantizar que China no tenga acceso al petróleo de Venezuela… como aconseja Elbridge Colby en su «estrategia de la negación». El 3 de enero de 2026, fuerzas especiales estadounidenses secuestran al presidente de Venezuela en medio de una operación que incluye bombardeos contra Caracas, la capital, y contra otras ciudades venezolanas.
[4] Se trata del Mando de las fuerzas estadounidenses en Sudamérica, la estructura militar que los latinoamericanos llaman «Comando Sur». Nota de Red Voltaire.

Pero el subsecretario de la Guerra Elbridge Colby y el jefe de la CIA John Ratcliffe también preparan otra operación. Esta vez se trata de privar a China del acceso al petróleo de Irán, que representa un 40% de las importaciones chinas vinculadas a la producción de la energía. Con ese objetivo, el subsecretario de la Guerra y el jefe de la CIA recurren a sus contactos en Israel para sugerir al primer ministro, Benyamin Netanyahu, que Washington le dará vía libre si decide atacar Irán. Por supuesto, Netanyahu propone inmediatamente a Estados Unidos organizar un «cambio de régimen» en Irán.

Tanto el subsecretario de la guerra Elbridge Colby como el jefe de la CIA John Ratcliffe tienen la íntima convicción de que no habrá cambio de régimen en Teherán y de que Irán no pretende obtener la bomba atómica. Pero el verdadero objetivo de estos dos personajes no es otro que «estrangular» la economía china. El presidente Trump está convencido de que los países de la OTAN ayudarán, una vez más, a orquestar un cambio de régimen en Irán… y logra que Francia garantice el entrenamiento, en Iraq, de francotiradores kurdos que se encargarán de disparar simultáneamente contra manifestantes y policías, durante las manifestaciones inicialmente pacíficas iraníes de diciembre de 2025 y enero-febrero de 2026, para provocar «la caída de los ayatolas». Mientras tanto, otro miembro de la administración estadounidense, el secretario del Tesoro Scott Bessent, organiza la quiebra del banco iraní Ayandeh[5]donde están depositados los ahorros de la gran mayoría de los comerciantes «del bazar».

El 23 de octubre de 2025 el banco Ayandeh se declara en bancarrota. Sus clientes, algunos ricos comerciantes «del bazar» iraní, bruscamente arruinados, se lanzan a las calles… pero nadie cuestiona «el régimen». En enero de 2026, los francotiradores kurdos secretamente infiltrados en Irán comienzan a asesinar simultáneamente policías y manifestantes. Cada bando cree que el otro lo agrede, cuando en realidad el autor de los disparos es un tercer bando que los ataca subrepticiamente.

Donald Trump proclama entonces que no permitirá que los Guardianes de la Revolución asesinen a los manifestantes. En los países occidentales, la opinión pública, convencida de que no ser occidental equivale a no ser civilizado, apoya la «defensa de la democracia». La mesa está servida. Israel, que siente el mayor desprecio por cualquier líder religioso no judío, asesina al Guía Supremo iraní. Estados Unidos sigue inmediatamente los pasos de Israel en su agresión contra Irán.

Pero nadie había previsto lo que sucede a continuación. Irán se ha preparado durante 48 años para enfrentar a las potencias coloniales. Los bombardeos israelo-estadounidenses logran decapitar la alta dirección iraní… pero nuevas cabezas surgen de inmediato. Esto no es sorprendente: en 1981, la organización terrorista Muyahidines del Pueblo logró asesinar de un golpe 70 dirigentes iraníes del más alto nivel, incluyendo al número 2 del país, el ayatola Seyyed Mohammad Hosseini Beheshti, y una decena de ministros, pero todos fueron reemplazados en dos días.

Peor aún, anticipando desde hace mucho la agresión, Irán, en una respuesta militar cuidadosamente preparada durante años, abre fuego contra las bases militares de Estados Unidos en la región. En pocas horas, Irán pone fin a la supremacía aérea occidental destruyendo el súper radar estadounidense que vigilaba todo el Medio Oriente[6]. Y después destruye los aviones-radares AWACS, también estadounidenses, que debían compensar la ausencia del súper radar terrestre destruido. Estupefactos, los militares estadounidenses van a demorar cierto tiempo en entender que Irán dispone de un satélite que le permite vigilar toda la región.[7]. Estados Unidos está ciego mientras que Irán ve toda la región. La respuesta militar de Irán es tan espectacular que la opinión pública iraní cierra filas contra los agresores israelo-estadounidenses. Toda una generación de iraníes solicita enrolarse en el basij [una milicia popular] y en el Cuerpo de Guardianes de la Revolución.

En el plano diplomático, el Departamento de Estado de Estados Unidos se muestra tan ineficaz como el Departamento de la Guerra en el campo de batalla. Irán enarbola una resolución de la Asamblea General de la ONU, adoptada en diciembre de 1974, cuyo texto demuestra que el derecho internacional está del lado iraní[8]. Teherán subraya que, a la luz de esa resolución de la Asamblea General, el Consejo de Seguridad violó el derecho internacional al condenar la respuesta militar de Irán hacia los Estados del golfo Pérsico. Estos últimos persisten en denunciar los ataques iraníes, pero acaban dándose cuenta de que durante años cometieron un grave error. Creyeron que al acoger bases militares de Estados Unidos en sus territorios garantizaban su propia seguridad y se prosternaron por décadas ante una potencia que hoy los arrastra a una guerra que no les pertenece.

En Occidente, las potencias de la OTAN, viendo que el conflicto no tiene solución por la vía militar, ya no responden a los llamados de Estados Unidos, aunque sí participaron antes en la preparación de los asesinatos de manifestantes iraníes.

En China, Pekín rectifica la orientación de sus misiles —ya no apuntan a Taiwán sino hacia las bases militares de Estados Unidos en la región Indo-Pacífico[9].

En definitiva, el mundo entero se adapta a la parálisis estadounidense.

Y para colmo, las embajadas de Irán en todo el mundo divulgan breves videos que caricaturizan las vociferaciones de Donald Trump. El humor de los iraníes hace que la opinión pública mundial se ponga en contra de los agresores israelo-estadounidenses.

Quien se equivoca y se niega a reconocer su error prácticamente siempre acaba yendo todavía más lejos en su error inicial. Los primeros bombardeos no dieron los resultados esperados, así que Donald Trump decide… intensificarlos hasta que los iraníes cedan[10]. E incluso decide bloquear, él también, el estrecho de Ormuz. El problema es que, en medio de toda esta situación, las municiones comienzan a escasear y el Pentágono se ve obligado a «rascar el fondo del barril», trasladando al golfo Pérsico armas que retira de otros teatros de operaciones.

Al optar por la escalada, Donald Trump muestra su derrota, si los bombardeos «clásicos» no dan resultado contra «el régimen» de Irán, ¿habría que recurrir a la bomba atómica? No una bomba estratégica, como las de Hiroshima y Nagasaki, sino una bomba táctica. El jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, se opone y hace saber al presidente que no permitirá que se recurra al fuego nuclear[11]. Donald Trump se ve obligado a tratar de salvar las apariencias ante la prensa.

El presidente Trump no puede hacer otra cosa que tomar nota del fracaso de Estados Unidos. Durante el análisis, se da cuenta de que su enfoque de empresario, su manera personal de negociar y su ideología jacksoniana, que consiste en reemplazar la guerra por el comercio, no le permiten reaccionar correctamente. Va a tener que cambiar de casaca. Por eso decide tratar de atraer a los partidarios de una ideología más clásica y para eso rebautiza el Old Executive Building, anexo a la Casa Blanca, como «Sala Henry Clay»[12]. Henry Clay (1777-1852) fue el principal adversario político del presidente Andrew Jackson.

Hace 3 semanas que la base del movimiento MAGA ha comenzado a alejarse del presidente Trump. Muchos de sus antiguos seguidores ahora hablan abiertamente de declarar al presidente no apto para gobernar y de poner en su lugar al vicepresidente J.D. Vance.

El 25 de abril, a las 20 horas y 30 minutos, un individuo armado trata de penetrar en el salón donde los principales responsables de la administración Trump recibían a los corresponsales de la prensa acreditada en Washington. El Secret Service, dedicado a la protección de las personalidades, evacúa apresuradamente al presidente, su familia, y la cúpula del gobierno. El primer evacuado no fue el presidente Trump sino el vicepresidente J.D. Vance. ¿Puede ser eso un mensaje?


CARL SCHMITT Y EL KATECHON.

 

Siempre he sentido un gran interés y he prestado mucha atención a la obra de Carl Schmitt. He traducido sus obras. Algunas cosas, como por ejemplo su lectura del Leviatán de Hobbes, su interpretación del Hamlet de Shakespeare o su crítica al romanticismo político, me provocaban cierto rechazo. Pero, en general, consideraba y sigo considerando hasta ahora que la mayoría de sus ideas y conceptos son sumamente relevantes.

Su definición de lo político como la división entre amigo y enemigo es un clásico indiscutible. Lo principal aquí —de carácter realista y maquiavélico— es la separación de dos ontologías: la moral y la política. Amigo/enemigo no significa en absoluto bueno/malo. La esfera de la moral es absoluta, el mal no puede convertirse en bien y viceversa. La esfera de lo político es relativa. En política (se considera que) el enemigo de ayer es el amigo de hoy, todo depende de los intereses.

Este es el fundamento sobre el que se basa toda la filosofía política de C. Schmitt. En lo que respecta a la política internacional y a una interpretación realista de la soberanía —y Schmitt defendía precisamente este enfoque—, resulta totalmente adecuado. Sobre esto, Schmitt, y tras él Alain de Benoist, construyen la teoría del Pluriverso. Aquí el amigo/enemigo funciona de forma general y la crítica implícita al liberalismo es plenamente operativa.

Pero. Si aplicamos el principio amigo/enemigo a la política interna, obtendremos la más auténtica justificación de la democracia radical y el parlamentarismo, que Schmitt odiaba. En política interior, el reconocimiento del principio amigo/enemigo divide a la sociedad, la polariza. Es decir, la definición básica de Schmitt resulta inaceptable en su mitad.

La ontología amigo/enemigo en política exterior, también, al examinarla más de cerca, resulta no tan convincente como parece, aunque encaja perfectamente en el realismo y el sistema de Westfalia. Pero en la transición hacia un mundo multipolar —hacia el Estado-Civilización—, el origen realista del contenido ideológico, a pesar de todo el reconocimiento de la soberanía civilizacional, pierde su evidencia. La civilización del Katechon no puede ponerse al mismo nivel que la civilización del Anticristo tal y como exige formalmente la ontología de lo Político en el modelo amigo/enemigo.

La aplicabilidad del modelo general de Schmitt queda así en entredicho. A pesar de toda su relevancia y convicción.

Vale la pena reflexionar sobre ello más a fondo.

¡General Dan Caine impide bombardeo nuclear de Trump contra Irán!, en medio del «manifiesto Palantir» de control tecnológico.

 

Se despliega el «Cuarto Estadio» de la «trampa de la escalada» del politólogo Robert Pape[1], en medio del caos global y del fracking geoestratégico, al unísono del incendio casi paroxístico de otros frentes multidimensionales[2].

El epicentro de la guerra de EU/Israel vs Irán —que se epitomiza ahora en el estrecho de Ormuz y la focal soberanía inalienable de Irán y Omán—, ha provocado el «aleteo de la mariposa» con sus metástasis secuenciales en la geoeconomía —crisis del suministro del petróleo/gas/fertilizantes/alimentos,etcétera— y en las geofinanzas, incremento del binomio petróleo/gas, caídas bursátiles y choque del petrodólar vs petroyuán.

El título de la agencia rusa TASS lo subsume espléndidamente: «EU listo a bombardear Irán de nuevo con o sin tregua[3]», mientras China, la otra superpotencia tripolar, se preocupa y ocupa por los preparativos bélicos de Japón en el Mar del Sur de China[4].

El cese al fuego de EU, que vencía en la madrugada del miércoles 22 de abril, hora de la capital Washington, fue extendido a solicitud expresa del mediador Pakistán[5], en espera de una «propuesta de Irán».

EU mantiene su bloqueo a los puertos iraníes, lo que obligó a posponer el viaje del vicepresidente JD Vance, gran aliado de Palantir, empresa de inteligencia artificial(IA) creada por la CIA que procura «vigilancia» al Pentágono.

Irán rehusó acudir a la cita de Islamabad debido a las «demandas excesivas de Trump», concomitante al bloqueo naval de EU que llevó a la captura pirata de un tanker persa.

A altas horas de la noche del sábado(18/4/26), Trump convocó a una reunión de emergencia con sus generales, que resultó tormentosa, la cual se dio a conocer en el transcurso del domingo.

Dos días después, el ex agente de la CIA Larry Johnson (LJ), con fuertes vínculos con el ejército de EU, explayó lo que sucedió en el «cuarto de crisis» (situation room) en la Casa Blanca, que reiteró en su entrevista histórica con el juez Napolitano[6], donde expuso: «Trump deseaba usar (¡mega-sic!) los códigos nucleares y el general Dan Caine se levantó y se negó».

Cabe rememorar que Trump 1.0 ya había colisionado con el general Mark Milley[7] y, en fechas recientes, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, ya había chocado con Daniel Driscoll[8], muy cercado al vicepresidente Vance.

Cada vez es más notorio el desencuentro entre el anticatólico Trump y el católico millennial JD Vance, debido al contrastante abordaje de la guerra contra Irán.

A juicio de LJ, el general Caine, jefe de las fuerzas conjuntas de EU, invocó su negativa como «privilegio militar» del UCMJ (Uniform Code of Military Justice o Código Uniforme de Justicia Militar [9]).

LJ evoca que se trató de una verdadera «explosión» cuando se han difundido «imágenes del cabizbajo general DC después de la reunión de emergencia». LJ remata que «cosas bizarras están sucediendo en la capital», mientras «Irán estaba cubierta con nubes» debido al mal tiempo.

El privilegio invocado por el general DC versa sobre el USMJ que puede revocar la orden presidencial cuando el fracking doméstico entre el Pentágono y la Casa Blanca ha llegado a su paroxismo. La perturbadora revelación de LJ se ha viralizado en forma angustiante[10].

Por azares del destino, el no menos perturbador «manifiesto Palantir» de 22 puntos —empresa de IA muy misteriosa de la CIA que maneja el ISR (Intelligence/Surveillance/Reconocimiento: Espionaje/Vigilancia/Reconocimiento)— del Pentágono, que participó en el ascenso a la vicepresidencia de JD Vance, fue publicado el mismo día del rechazo del general DC de entregar el código nuclear a Trump.

Palantir pretende imponer un «nuevo orden tecnológico global» frente a Rusia y China que harían obsoletas las armas atómicas mediante el uso monopólico de «bombas IA[11]».

El profundo cisma que enfrenta al Pentágono contra el Vaticano.

Visto desde el exterior, no se percibe la metamorfosis de Estados Unidos. En 4 meses, ese país ha cambiado de ideología política (sus dirigentes ya no son «jacksonianos»), de doctrina militar (ya no aplica la estrategia «Rumsfeld-Cebrowski») y también ha cambiado de fe (ya no cree en el pluralismo religioso). Hoy iniciamos la publicación de un estudio sobre esta mutación, que nos obliga a revisar a fondo nuestra percepción de ese país. 

La ilustración que el presidente Donald Trump publicó el 15 de abril de 2026, y se quedo tan ancho

El 9 de enero de 2026, el papa León XIV presentaba sus votos de Año Nuevo a los embajadores acreditados ante la Santa Sede. Aquel día declaró: «En estos tiempos, la debilidad del multilateralismo en el plano internacional es particularmente preocupante. Una diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso de todos se ve reemplazada por una diplomacia a través de la fuerza, de individuos o de grupos aliados. La guerra vuelve a estar de moda y un fervor guerrero gana terreno. Se ha violado el principio establecido después de la 2GM, que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras de otros[1]. Ya no se busca la paz como un don y un bien deseable en sí «en la búsqueda de un orden deseado por Dios, que implica una justicia más perfecta entre los hombres»[2], sino que se busca [la paz] a través de las armas, como condición para afirmar su propia dominación. Esto amenaza gravemente el Estado de derecho, que es la base de toda coexistencia civil pacífica»[3].
[1] Alusión al secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, que había tenido lugar 3 días antes.
[2] Encíclica Populorum progressio, Pablo VI, 26 de marzo de 1967.

Aquel discurso no fue precisamente del agrado del secretario de la Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, sionista cristiano, miembro de la Comunión de las Iglesias Evangélicas Reformadas (CREC), la secta del pastor Douglas Wilson. Pete Hegseth venía reformando el Pentágono desde el 30 de septiembre de 2025, destituyendo oficiales que habían sido nombrados según los términos de la ideología woke y de las reglas «diversidad, equidad e inclusión» (DEI)[4].

Hegseth cuestionaba incluso el papel del grupo denominado The Family, el International Christian Leadership, en pleno corazón del Pentágono. Esta asociación de capellanes militares de todas las confesiones fue creada en 1953 por el pastor metodista Abraham Vereide y, desde el fin de la 2GM, se convirtió en la principal justificante de la guerra fría, presentada como la lucha de los ejércitos de Estados Unidos, defensores de la Fe, contra los ejércitos comunistas ateos. Hasta el año pasado, todos los jefes de estado mayor fueron miembros de la «La Familia», al igual que numerosos políticos, no sólo estadounidenses sino también aliados[5]. Durante 73 años, tuvo como vocero al pastor Billy Graham. Fue así como Billy Graham llegó a convertirse en consejero espiritual de 12 presidentes estadounidenses, desde Harry Truman (1945-1953) hasta Barack Obama[6]. Hasta el presidente del Senado de Francia, Alain Poher (1968-1993), llegó a rezar con «The Family».
[5] The Family: The Secret Fundamentalism at the Heart of American Power, Jeff Sharlet, HarperCollins, 2008; «The Christian Mafia», Wayne Madsen, Insider Magazine.
[6] Billy Graham, pape protestant?, Sébastien Fath, Albin Michel, 2002.

En todo caso, el 22 de enero pasado, el secretario de la Guerra convocó al Nuncio Apostólico en Washington, el cardenal francés Christophe Pierre. En principio, sólo los ministros de Relaciones Exteriores tienen potestad para convocar al embajador de la Santa Sede. Pero no fue el secretario Hegseth quien recibió al prelado, sino su segundo, Elbridge Colby.

Ya es de público conocimiento que a Pete Hegseth le preocupa más la guerra cultural contra el movimiento woke que los asuntos militares. Su segundo a la cabeza del Pentágono, Elbridge Colby, está a cargo de la estrategia de los ejércitos estadounidense. Elbridge Colby es un católico, nieto de William Colby, quien fue director de la CIA bajo el presidente Nixon y Caballero de la Orden de Malta. Elbridge Colby desempeñó un papel central en el primer mandato presidencial de Donald Trump y es el autor de un libro titulado The Strategy of Denial: american defense in an age of great power conflict («La estrategia de la negación: la defensa estadounidense en la era de los conflictos entre grandes potencias»[7], donde explica que, para ser libre, Estados Unidos tiene que impedir que otro país llegue a ser más poderoso. Elbridge Colby desarrolla en ese libro una estrategia destinada a parar el desarrollo de China, pero no haciéndole la guerra directamente sino haciéndole la guerra a sus proveedores de energía y de materias primas.
[7] The Strategy of Denial: american defense in an age of great power conflict, Elbridge Colby, Yale University Press, 2021.

Al recibirlo, Elbridge Colby explicó a Su Eminencia Christophe Pierre que la Santa Sede debía saber desde hace mucho que Estados Unidos es su mejor aliado y que el Papa debería ser más «leal». La discusión fue subiendo de tono y Elbridge Colby llegó a recordarle al nuncio papal que, históricamente, cuando un Papa entró en conflicto con un rey de Francia, el monarca forzó la elección de un segundo Papa. En efecto, de 1378 a 1417, dos Papas, el del Vaticano y otro, asentado en Aviñón (ciudad del sur de Francia), se excomulgaron uno a otro, durante el ðGran Cisma de Occidente». Mucho más recientemente, en la época en que las iglesias protestantes eran mayoritarias en Estados Unidos, William Colby, el abuelo de Elbridge Colby, inició, con el pastor Billy Graham, el Congreso Internacional sobre la Evangelización Mundial para rivalizar con el Consejo Ecuménico de Iglesias, que se había pronunciado contra la guerra de Vietnam. Esta vez, al final de su encuentro con el nuncio papal, el número 2 del Pentágono puso una pistola encima de la mesa.

Varios medios de prensa contaron la escena de maneras diferentes después de que la mencionara The Free Press[8]. La versión que yo menciono aquí es la que me contó un colaborador y amigo que desempeñó un papel en el Vaticano. El 9 de abril, en ocasión de la entrada en funciones del nuevo Nuncio Apostólico en Washington, monseñor Gabriele Caccia, el vocero de la Santa Sede, el británico Matteo Bruni, confirmó que la reunión realmente tuvo lugar, pero no quiso describirla. Sólo declaró que lo que reportaban los medios era «absolutamente falso». Por su parte, el embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede, Brian Birch, «refutó categóricamente» lo que reportaba The Free Press.

En todo caso, el Santo Padre anuló su viaje a Estados Unidos.

Las cosas siguieron empeorando poco a poco y el secretario Hegseth invitó el pastor Douglas Wilson a oficiar en el Pentágono, el 17 de febrero[9]. Pero, en un sermón de un cuarto de hora, este pastor «paleoconfederado» rezó por «el despertar del cine negro», o sea por un gran despertar del cristianismo en Estados Unidos. «Dios puede hacer lo que ama, y como deberíamos saber ahora, lo que Él ama es tomar los componentes más improbables y hacer con ellos algo glorioso. Consideren una reunión de plegaria en el Pentágono como un ejemplo posible. Muchas cosas más extrañas han sucedido»

En los días que siguieron, las puertas del Pentágono se cerraron para «La Familia» —y también para la Iglesia católica. Desde entonces, sólo los pastores de la Comunión de Iglesias Evangélicas Reformadas, la iglesia cristiana sionista del secretario Pete Hegseth, tienen acceso al Pentágono para el servicio mensual de los Ejércitos. En el servicio siguiente, el 18 de marzo de 2026, fue el secretario de la Guerra, Pete Hegsteh, quien pronunció la homilía. Hegseth rezó por las tropas estadounidenses que, según él, infligen «una acción violenta aplastante contra quienes no merecen ninguna misericordia… Lo pedimos con una confianza audaz en nombre del todopoderoso Jesucristo»[10]. Ese mismo día, el Departamento de la Guerra anunció que el número de religiones aceptadas en los ejércitos estadounidenses ya no serían 200 sino sólo 31. Además, los capellanes militares ya no portarán con el uniforme insignias correspondientes a un rango militar sino sólo insignias religiosas[11]. Parece que el secretario de la Guerra quiere que el trabajo de los capellanes se redirija hacia la propagación de la fe, no hacia los problemas personales de sus feligreses[12] y, por otro lado, a imponer progresivamente una concepción particular de la religión, rompiendo con la diversidad actual[13].

La encargada de prensa del Pentágono comentó: «Los servicios de plegaria del secretario [de la Guerra Pete Hegseth] indudablemente mejoran la moral de quienes deciden asistir a ellos y están bajo la protección de la Constitución. No existe ningún tratamiento especial ni castigo basado en la decisión de asistir o no a esos servicios de plegaria». Sin embargo, numerosos oficiales jubilados han comenzado a pronunciarse contra esa reforma ya que consideran inaceptable que el Pentágono se vea bajo el control de una iglesia en particular, sobre todo tratándose de la secta del pastor Douglas Wilson.

El «gurú» del secretario de la Guerra es, en primer lugar, el cabecilla del «patriarcado bíblico», razón por la cual se pronunció contra la participación de mujeres en la administración de su iglesia, incluso afirma que las Escrituras justifican la esclavitud de las mujeres. El pastor Douglas Wilson es un «reconstruccionista», según él el regreso de Cristo tendrá lugar sólo cuando la sociedad respete ciertas leyes del Antiguo Testamento, como la aplicación de la pena de muerte para los asesinos, los idólatras, los homosexuales, los adúlteros y contra quienes se entreguen a la brujería y la blasfemia. Como «nacionalista cristiano», el pastor Douglas Wilson predica «una fusión de la identidad cristiana y el conservadurismo cultural con la pertenencia cívica de Estados Unidos». Finalmente, en nombre de la «teología de la Alianza», este pastor está convencido de que Cristo no vino para abolir la ley de Moisés, sino para superponerle su mensaje de amor y por eso presenta el apoyo al Estado de Israel como un deber religioso[14].
[14] Is Christianity good for the world?, diálogo entre Christopher Hitchens y Douglas Wilson, Canon Press, 2008.

El veneno de la instrumentalización política de la religión gana terreno. El 12 de abril, el programa 60 minutes de la CBS transmitía un reportaje en el que 3 cardenales estadounidenses apoyaban las declaraciones del papa León XIV contra la guerra en Irán y la política antiinmigrantes de la administración Trump. A la mañana siguiente, el presidente Trump respondió con una verdadera declaración de guerra: «El papa León XIV es débil con la criminalidad y es terrible en política exterior. Habla de «miedo» a la administración Trump pero no menciona el TEMOR que la Iglesia católica, y todas las demás organizaciones cristianas, sentían durante el COVID, cuando se arrestaba a clérigos, ministros del culto y feligreses por haber realizado servicios en las iglesias, incluso cuando salían y estaban a 10 e incluso a 20 pies de separación [unos 2,5 metros]. Su hermano Louis me cae mejor que él, porque Louis es MAGA. ¡Ha entendido lo que León no entiende! No quiero un Papa que piensa que está bien que Irán tenga un arma nuclear. No quiero un Papa que piensa que es terrible que Estados Unidos haya atacado Venezuela, un país que enviaba cantidades masivas de droga a Estados Unidos y que, peor aún, vacía sus cárceles, incluso de asesinos, de traficantes de droga y de matones, en nuestro país. Y no quiero que un Papa critique al presidente de Estados Unidos porque yo hago exactamente aquello para lo que fui electo. ANTE UN DERRUMBE, yo establecí cifras récord contra la criminalidad y creando el mayor mercado bursátil de la historia. León tendría que estarme agradecido porque, como todo el mundo sabe, su elección fue sorpresiva y chocante. Él no estaba en las quinielas para ser Papa y la Iglesia lo puso ahí sólo porque era estadounidense y pensando que sería la mejor manera de tratar con el presidente Donald J. Trump. Si yo no estuviera en la Casa Blanca, León no estaría en el Vaticano. Desgraciadamente, León es débil con el crimen, débil con las armas nucleares, no se pone de mi parte, además de que se reúne con simpatizantes de Obama, como David Axelrod, un PERDEDOR de izquierda, que es uno de los que querían que los dueños del tiempo y los clérigos fuesen arrestados. León debería comportarse como un Papa, usar el sentido común, dejar de responder a la izquierda radical y concentrarse en ser un gran Papa».

Trump incluso publicó una imagen producida por Nick Adams, el presidente de la Foundation for Liberty and American Greatness (Fundación por la Libertad y la Grandeza de América), que muestra al propio Trump como Jesús, curando un enfermo bajo la mirada fervorosa de sus fieles y la protección de soldados y ángeles. Trump publicó esa imagen el día de la Pascua ortodoxa.

El tercer servicio religioso del nuevo «sistema Hegseth» se transmitió por YouTube el 15 de abril. Ese día, el secretario de la Guerra mencionó la «heroica» operación de salvamento de un piloto estadounidense derribado en Irán. En realidad, se trató de una operación fracasada con la que Estados Unidos trató de apoderarse del uranio enriquecido de Irán. El piloto no fue rescatado. Pero, el secretario Hegseth citó una plegaria del equipo Sandy 1 de la unidad de búsqueda y salvamento en combate. Haciendo referencia al Libro de Ezequiel, el secretario de la Guerra dijo: «El camino del hombre justo es atacado desde todas partes por las injusticias de los egoístas y la tiranía de los hombres malos. Bendito sea aquel que, en nombre de la caridad y de la buena voluntad, guía a los débiles a través del valle de las tinieblas, porque es el verdadero guardián de su hermano y que encuentra los hijos perdidos. Y yo caeré sobre ti con gran venganza y furiosa cólera y sobre todos los que traten de envenenar y destruir a mis hermanos. Y sabrás que mi nombre es el Señor cuando desencadene sobre ti mi venganza». Problema: este texto no viene de La Biblia sino de un personaje del conocido film Pulp Fiction de Quentin Tarantino.

El secretario de la Guerra cedió después la palabra al pastor Zack Randles, que realiza una plegaria anual en la Cámara de Representantes[15].

Horas después, el papa León XIV escribía en X: «¡Desdichados quienes manipulan las religiones y hasta el nombre mismo de Dios con sus propios fines militares, económicos y políticos, arrastrando todo lo sagrado a la oscuridad y la suciedad!»[16]

En definitiva, la asociación Americans United for Separation of Church and State presentó una denuncia contra el Departamento de la Guerra[17]. Según esa asociación de defensa del pluralismo religioso, lo que está sucediendo en el Departamento de la Guerra es un fenómeno en plena expansión: sesiones de plegaria como las ya descritas también tienen lugar en el Departamento del Trabajo, bajo la conducción de la secretaria Lori Chavez-DeRemer.

En Estados Unidos acaba de comenzar un «Kulturkampf», o sea el «Combate por la Civilizacion» que el canciller del Imperio alemán Otto von Bismarck (1815-1898) puso en práctica para eliminar los vínculos entre el Imperio alemán y la Iglesia católica. Esta vez se trata de una ruptura entre Estados Unidos y la Santa Sede, precisamente en momentos en que, debido a la inmigración mexicana, la población de Estados Unidos incluye un 40% de católicos[18]. También es lo que pudiéramos llamar una «inversión de tendencia», después del apoyo del fallecido papa Francisco al predecesor de Donald Trump, el presidente demócrata Joe Biden[19].

La «trampa de la escalada» y sus «cuatro arquetipos» en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.

En Irán, Estados Unidos parece haberse embarcado en una nueva «guerra sin fin». El Pentágono ha sido incapaz de alcanzar una victoria estratégica y la República Islámica se muestra extremadamente resiliente, así que Washington no halla otra solución que intensificar bombardeos y amenazas. Esta lógica de escalada es similar a la que desembocó en la derrota estadounidense en Vietnam.


El politólogo Robert Pape, de la Universidad de Chicago, ha llamado la atención debido a su modelo académico de la «trampa de la escalada», referente a la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán, donde los supuestos «éxitos» iniciales de bombardeo táctico surten el efecto contrario de un mayor empantanamiento de quienes detentan el «dominio aéreo».

El notable ensayo de Robert Pape fue vertido en su Substack y ha sido sintetizado por The Guardian[1], diario vinculado al cártel de Soros. Pape fue profesor en la Escuela de Estudios Avanzados del Poder Aéreo de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y luego se instaló en la Universidad de Chicago. Sus críticos señalan que fue consejero del entonces senador Barack Obama, aunque, en forma contradictoria, sirvió brevemente como consejero del congresista republicano de Texas, Ron Paul, sobre la guerra en Iraq.

Robert Pape fundó el Proyecto de Chicago sobre el Terrorismo Suicida, financiado por la Carnegie Corporation, la Agencia de Reducción de Amenazas de Defensa del Pentágono y el Laboratorio Nacional de Argonne. Mediante un financiamiento de la misma Fuerza Aérea estadounidense, la RAND Corporation refutó los hallazgos de Robert Pape, que fueron profusamente diluidos. Luego, Pape se enfrascó en el debate sobre la eficacia de las «sanciones económicas», que juzga ¡del orden de 5%!, en cuanto a conseguir sus logros políticos.

En su libro de 1996 Bombardear para ganar: poder aéreo y coerción en la guerra[2] Robert Pape pone en tela de juicio que el poder aéreo coercitivo sea efectivo y relativamente barato, ya que, a contrario sensu, provoca un efecto contraproducente que resulta en mayor resiliencia y lealtad de los ciudadanos.
[2] Bombing to Win: Air Power and Coercion in War, Robert Pape, Cornell University Press, 1996.

En forma notable, en 2015, Robert Pape y el neurocientífico franco-estadounidense Jean Decety recibieron un subsidio de 3,4 millones de dólares de la Iniciativa de Investigación Minerva —enfocado en el Islam (¡super- sic!), Irak y China (¡mega-sic!)— del Departamento de Defensa para investigar la construcción socioneurológica del martirologio (¡mega-sic!).

En su muy publicitado ensayo en la plataforma de Substack, Robert Pape despunta los patrones de los cuatro arquetipos ahora visibles en la guerra de Irán[3]:

Arquetipo 1: Éxito táctico, fracaso estratégico: «destrucción visible» que «fracasa en fracturar la voluntad del régimen, eliminar sus principales capacidades» (depósitos de enriquecimiento de uranio).
 
Arquetipo 2: Escalada horizontal: «el lado más débil, Irán, amplía el conflicto en amplitud/duración, multiplicando la exposición del lado más fuerte». Se intensifican los esfuerzos «sin conseguir objetivos estratégicos».
 
Arquetipo 3: Riesgo estratégico («sin salida»): «la retirada se vuelve políticamente tóxica».
 
«Los Arquetipos 4 y 5 profundizan el empantanamiento y llevan a determinaciones irreversibles».

En el contexto iraní, Robert Pape alertó que antes y durante la decapitación de su liderazgo, además de los bombardeos de alta precisión, catalizaría la «trampa de la escalada» cuando Irán demostraría su resiliencia y expandiría la batalla que afectaría a varios países y los mercados de seguros y energía global, lo cual favorecería en el tiempo al país que se defiende: «Estados Unidos e Israel mordieron más de lo que pueden masticar».[4]

A juicio de Robert Pape, «las decapitaciones crean poderosos incentivos para una “escalada horizontal” (Nota: Arquetipo 2)».

En medio de su «Arquetipo 4», Robert Pape sentenció que Irán (¡mega- sic!) es ya la cuarta potencia global detrás de Rusia, Estados Unidos y China[5] ya que «la tregua entre Israel y Líbano no es sólo un alto al fuego. Es una señal para el futuro. Estados Unidos está restringiendo a Israel en el plano militar en medio de una guerra. Eso no ocurre sin un cambio mayor en el poder»[6].

Robert Pape juzga que ahora «la guerra es más económica que militar», cuando todavía falta «la fase más peligrosa»[7]. En ningún momento cita Pape la «opción Sansón» nuclear de Israel ni la «Teoría del Loco» nuclear, atribuidas a Nixon y a Trump, no se diga la performatividad nuclear de Truman.


Ominosa confrontación de Trump con el papa León XIV.

La confrontación entre el presidente estadounidense Donald Trump y el Papa de los católicos, León XIV, va más allá de una querella político-teológica. Es también un enfrentamiento entre una potencia mundial y una iglesia mundial. Al aventurarse en ese ámbito, Washington se arriesga a provocar simultáneamente una guerra civil y un conflicto global.


Con la novedad de que el papa agustino León XIV, el primer pontífice estadounidense-peruano, replicó que no temía a las dislocadas invectivas de Trump[1], resulta incomprensible desde el punto de vista geopolítico y político que Trump —miembro de la denominación conservadora de presbiterianos estadounidenses, en caída libre con alrededor de 1,5 millones de feligreses— colisione con el representante espiritual de una relevante iglesia, tan importante a escala global como a nivel doméstico en Estados Unidos.

Según el Anuario Pontificio 2026, los católicos son unos 1400 millones de personas en todo el mundo: un 17,8% del total de los 8288 millones de habitantes del planeta[2]. De acuerdo con el Pew Research Center, el total de católicos (entre adultos, adolescentes y niños) constituyen un 22% de los habitantes de Estados Unidos. En la reciente Pascua, la cantidad de conversos (sic) en muchas diócesis estadounidenses registró un incremento descomunal de 38%, en particular, entre los miembros de la generación Z.

La muy polémica cuan sesgada Oficina del Censo de Estados Unidos, que malabarea los datos de acuerdo con sus intereses étnicos y religiosos, ha dado pie a que se maneje utilitariamente la dicotomía étnica entre «católicos blancos» y «católicos hispanos». Según el Pew Research Center, los «católicos blancos no hispanos» ascienden a 54% del total de los católicos adultos frente a un 36% de «católicos hispanos», cuando el número de católicos asiáticos (4%) y afroestadunidenses (2%) es muy marginal.

A partir de 2007, los católicos blancos han disminuido en 10% frente al ascenso de 7% de los católicos hispanos, cuando por razones demográficas, la generación Z y los millennials ostentan una proporción hispana de 40% frente al 50% de católicos blancos no hispanos en declive.

Aunque hagan los artilugios que deseen, la realidad es que la totalidad de los católicos tout court será el feudo de los hispanos, en particular, de los guadalupanos mexicanos que constituyen la mayoría de los latinos. De los 68 millones de hispanos en Estados Unidos (que son un 20% del total de la población), los mexicanos constituyen el 57%, cuya aplastante mayoría es católica, para no decir guadalupana.

Por primera vez desde 2004, un republicano, en este caso Trump, obtuvo el 54% del total del voto católico nacional —en especial, de los católicos blancos (54%)— frente a Kamala Harris (44%). Los católicos hispanos se pronunciaron a favor de la candidata demócrata, en particular en su feudo de California.

El Papa agustino León XIV se dio el tiempo de contestar, las invectivas de Trump, con resonancia, en el Sermón de la Montaña, mientras visitaba Argelia, país islámico sunita: «El corazón de Dios está desgarrado por las guerras, las violencias, las injusticias y las mentiras. Pero el corazón de nuestro Padre no está con los malvados, con los prepotentes, con los soberbios: el corazón de Dios está con los pequeños y los humildes, y con ellos lleva adelante su reino de amor y de paz, día tras día. Donde hay amor y servicio, allí está Dios»[3].

Argelia forma parte del periplo africano de 11 días del pontífice a otros tres países: Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. Los cristianos en África, en todas sus denominaciones (católicos, protestantes, ortodoxos), representan el 62% (alrededor de 700 millones) y compiten fuertemente con los musulmanes (600 millones). Los católicos solos, sin los protestantes, constituyen un 20% de la población africana.

Tampoco se puede soslayar la geopolitización de la religión musulmana, 2200 millones de personas, asentadas en la Organización para la Cooperación Islámica (OCI) de 57 países, donde resaltan Indonesia (243 millones) y Pakistán (241 millones) —ambos con excelentes relaciones con Estados Unidos, en la fase Trump—, sin perder de vista los 200 millones de la India y los 151 millones de Bangladesh.

En su nueva cruzada de corte «evangélico sionista» y en alianza con Pete Hegseth (secretario de Guerra filotalmúdico), Trump —gran aliado de Netanyahu— abrió una ominosa caja de Pandora de guerra religiosa interna y externa. Eso nunca acaba bien.


Derrumbe del derecho multilateral y confusión de los campos de batalla.

Durante esta guerra israelí contra Irán, Estados Unidos y su presidente se comportan como bárbaros. El presidente Trump se jactó de sus ataques contra los mismos civiles que hace un mes decía querer liberar. Llegó incluso a amenazar con destruir la civilización iraní, olvidando que hace poco decía merecer el premio Nobel de la Paz. Con su comportamiento, Washington no sólo ha violado la Carta de las Naciones Unidas. También ha obligado algunos «aliados» a descubrir por fin que Estados Unidos no es el protector que ellos creían sino que, al contrario, los arrastra a una guerra que ellos nunca quisieron.

Cuando Nerón incendió Roma

El presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, declaró primero que estaban siendo «seriamente examinadas la destrucción total de zonas y la muerte garantizada de grupos de personas que, hasta ahora, no se habían tenido en cuenta como posibles objetivos» (S/2026/141). Después, el 7 de abril de 2026, amenazó, pública y explícitamente, con destruir la civilización iraní[1], violando así el artículo 2.4 de la Carta de las Naciones Unidas.

Con ese comportamiento, el presidente de Estados Unidos se puso al margen de la civilización. Si hay un principio básico en el derecho internacional, desde la Conferencia de La Haya de 1899, es que los Estados firmantes no deben comportarse como barbaros.

Trump no llegó a concretar su amenaza pero, en un inaudito despliegue de violencia, las fuerzas armadas de Estados Unidos procedieron a la destrucción de numerosos objetivos civiles.

El presidente de Estados Unidos comenzó por participar en el asesinato del jefe espiritual de millones de musulmanes chiitas, el ayatola Alí Khamenei (S/2026/109). Luego, destruyó los complejos deportivos Azadi y Besat, el parque acuático de Azadegan, el estadio Shahidan Esmaeili y la sala de deportes Shahid Eskandarloo de Teherán (ONU S/2026/130). Seguidamente arrasó la escuela primaria de Minab. Posteriormente fueron atacados los edificios de la Media Luna Roja iraní, los hospitales Gandi, Motahari y Khatam de Teherán, el hospital Abouzar en Ahvaz (S/2026/111). Bombardeó varias instalaciones de almacenamiento de combustible en Teherán, provocando emanaciones que llevaron a la atmósfera enormes volúmenes de óxido de azufre y de hidrógeno, que causaron lluvias ácidas sobre la capital iraní, la muerte de numerosas personas que sufrían secuelas de los ataques con gases venenosos durante la guerra con Iraq e incendios gigantescos (S/2026/149). También bombardeó sitios culturales, como el Palacio de Golestán (S/2026/180), reconocido como Patrimonio de la Humanidad. Quizás debido a algún tipo de confusión, también fueron bombardeadas las oficinas de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) (S/2026/269) y hasta el Instituto Pasteur de Teherán (S/2026/279).

Haciendo gala de una violencia sin límites, y aunque pretendía estar luchando contra un «peligro atómico» —desde este sitio web hemos explicado detalladamente y en múltiples ocasiones que en Irán no existe un programa nuclear militar desde 1988—, Estados Unidos bombardeó 4 veces la central nuclear civil iraní de Bushehr, a pesar del peligro de que los bombardeos afectaran el sistema de enfriamiento y provocaran fugas de agua radioactiva que contaminarían las fuentes de agua en toda la región.

En este momento, las poblaciones del Medio Oriente ya no creen en la «protección» de las Naciones Unidas, como tampoco creen ya que Estados Unidos pueda tener intenciones de aportarles la paz[2].

Las poblaciones de los países del golfo Pérsico, países que aceptaron la instalación de bases militares estadounidenses en sus territorios para protegerlos, acaban de darse cuenta de que fueron engañadas. Estados Unidos ha utilizado sus países como trampolín para su propia guerra contra la civilización persa, convirtiéndolos así en blancos legítimos de la respuesta militar –igualmente legítima– de Irán.

La confusión generalizada que hemos podido ver desde hace 5 semanas ha mostrado que el multilateralismo puede ser contrario al derecho internacional. Tratando de protegerse, los Estados del golfo Pérsico han multiplicado las declaraciones multilaterales, en el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG)[3], en la Liga Árabe[4], en la Organización Marítima Internacional[5]. Pero acabaron descubriendo que el derecho internacional también está en contra de ellos ya que son corresponsables de la agresión estadounidense perpetrada desde las bases militares estadounidenses que ellos albergan.

Esta confusión llegó al colmo el 11 de marzo con la adopción —Rusia y China se abstuvieron— de la resolución 2817 del Consejo de Seguridad de la ONU, una resolución que contradice la resolución 3314 de la Asamblea General, adoptada por unanimidad el 14 de diciembre de 1974[6]. Es evidente que la ONU va a tener que disolverse o ser objeto de una profunda reforma[7].

Esa enorme confusión tiene que ver ahora con el estrecho de Ormuz. Dejemos de lado el momento de la guerra en el que Irán prohibió el paso a los barcos de las potencias que lo agreden (Israel, Estados Unidos y Reino Unido), así como a los barcos de los países que autorizan esas potencias a utilizar sus territorios para cometer su agresión contra Irán (Alemania, Italia, Jordania, las monarquías del golfo Pérsico). En Occidente existe un consenso que lleva a creer que nadie tiene derecho a controlar el paso por el estrecho de Ormuz en tiempo de paz. Pero eso no es tan lógico como parece ya que las aguas del estrecho de Ormuz no son internacionales, en realidad son aguas territoriales de Irán y del Sultanato de Omán[8].
[8] Debido a la poca profundidad del estrecho de Ormuz, los barcos transitan principalmente por las aguas territoriales de Omán.

Por consiguiente, aunque el estrecho de Ormuz es una vía marítima natural, Irán y Omán están en todo su derecho de concertarse para cobrar una especie de peaje, exactamente como sucede en el Canal de Suez (Egipto) y en el Canal de Panamá[9]. Sólo habría que tener en cuenta que no deberían oponerse al paso de los barcos considerados «inofensivos» —ya que el estrecho de Ormuz es la vía de acceso al golfo Pérsico—, pero también habría que tener en cuenta que los tanqueros cargados con enormes volúmenes de petróleo representan un verdadero peligro para el medioambiente en caso de accidente.

El ejemplo del Canal de Suez es fundamental en ese sentido. En 1956, cuando el presidente de Egipto Gamal Abdel Nasser nacionalizó el Canal de Suez, Francia y Reino Unido, con la colaboración militar de Israel, trataron de apoderarse de esa vía marítima. El fracaso de aquella operación, de inspiración claramente colonialista, marcó el fin de dos imperios coloniales y sacó a la luz la existencia de la alianza franco-británica con Israel —a la que el presidente francés Charles de Gaulle pondría fin durante la llamada «guerra de los seis días». Hoy en día, esta crisis del estrecho de Ormuz podría marcar el fin de las ambiciones de Estados Unidos sobre el «resto del mundo».

Pero también se plantean otras cuestiones. Si se acepta que Omán e Irán cobren un derecho de paso, ¿cómo garantizar que no sea un monto prohibitivo? ¿Y en qué moneda se pagaría? Irán precisó que el pago sería en yuans. Estados Unidos, interesado en mantener la supremacía del dólar, exigiría que el pago se hiciera en dólares o… utilizando el Trump coin ($Trump), la criptomoneda del clan Trump y de la familia real de Emiratos Árabes Unidos, la dinastía Al-Zayed[10].

Si la moneda utilizada para pagar el paso por el estrecho de Ormuz no fuese el dólar, las compañías petroleras abandonarían el billete verde estadounidense, cuyo valor ya no está vinculado al nivel de la economía de Estados Unidos, sino al actual predominio del dólar en el mercado mundial de los hidrocarburos. Ese profundo cambio sería la continuación de la guerra contra el «Gran Satán».

El 12 de abril, el presidente Trump publicó un mensaje en su red social: «A partir de este momento, la Marina de Estados Unidos, la mejor del mundo, iniciará el proceso de BLOQUEO de todos los barcos que traten de entrar o de salir del estrecho de Ormuz. En un momento dado alcanzaremos este principio, «TODOS ESTARÁN AUTORIZADOS A ENTRAR, CUANDO TODOS ESTÉN AUTORIZADOS A SALIR», pero Irán no ha permitido que eso suceda diciendo simplemente: «Puede haber alguna mina en algún lugar», algo que sólo ellos saben. Es una EXTORSIÓN MUNDIAL y los dirigentes de los países, en particular los Estados Unidos de América, nunca serán extorsionados. También he pedido a nuestra Marina que busque, en las aguas internacionales, y prohíba todos los barcos que hayan pagado a Irán. Todo el que haya pagado un peaje ilegal no tendrá paso seguro en alta mar»[11].

Como no sabe qué hacer, Donald Trump anuncia que él mismo bloqueará el estrecho de Ormuz, olvidando que los anglosajones impusieron la libre circulación y el libre comercio desde 1837. ¡Se acabó el dogma del «libre intercambio»! Por otro lado, también es cierto que los jacksonianos no son globalistas.

En todo caso, Donald Trump ya traicionó a sus electores al iniciar esta guerra, hace un mes y medio. Ahora traiciona a sus predecesores. Lo que estamos viendo es el suicidio de Estados Unidos.

LA GUERRA EN ORIENTE MEDIO: INTERPRETACIONES RELIGIOSAS, METAFÍSICAS Y ESPIRITUALES.

 

La agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán ha levantado el velo de la dimensión metafísica del conflicto: en él han surgido claramente los contornos de las creencias religiosas, más precisamente, el choque de doctrinas e ideas metafísicas. Y aunque cada parte señala que tiene la razón, tanto en la retórica política como apelando a la historia, los hechos y las acciones indican claramente que Irán está en el bando del bien. Entonces, Israel y Estados Unidos se convierten automáticamente en las fuerzas del mal, aunque es poco probable que estén de acuerdo con esta interpretación.

A nivel político, los representantes de todas las tradiciones abrahámicas —el judaísmo, el cristianismo y el islam— se han visto arrastrados al conflicto, y el control de facto de Israel sobre los santuarios de estas religiones —el Muro de las Lamentaciones, el Templo del Señor en Jerusalén, así como la mezquita de Al-Aqsa— confiere al conflicto una especificidad especial. Este año, por primera vez, se prohibió a los musulmanes entrar en la mezquita de Al-Aqsa durante la celebración del mes sagrado del Ramadán, aunque sí se celebró el tradicional servicio de culto cristiano en el templo de Jerusalén, donde tiene lugar la ceremonia del Fuego Sagrado en la víspera de Pascua.

Sin embargo, el mundo cristiano (si es que se puede llamar cristianos a las diversas denominaciones protestantes) resultó, de hecho, dividido. Los cristianos ortodoxos están del lado de Irán. Anteriormente, en 2024, en su felicitación al recién elegido presidente de Irán, el patriarca Kirill de la Iglesia Ortodoxa Rusa afirmó que «nuestros pueblos están unidos por el deseo de preservar sus tradiciones históricas, espirituales y culturales, y por el compromiso con principios morales perdurables». También se expresó con gran calidez sobre el nuevo líder supremo de Irán, el ayatolá Mojtaba Jamenei, elegido tras el asesinato de su padre en el conflicto actual: «¡Querido hermano! ¡Te felicito cordialmente por tu elección por parte del Consejo de Expertos iraní para el cargo de líder supremo del país! Este momento histórico ha estado marcado por una dura prueba personal relacionada con la muerte de tu estimado padre y tus seres queridos. Asumes la responsabilidad del Estado y de sus ciudadanos en un momento dramático en el que Irán se enfrenta a numerosos retos existenciales».
«Sin embargo, en Rusia, las autoridades espirituales perciben claramente este conflicto como un presagio de convulsiones globales que pueden afectar no solo a Oriente Medio y a Estados Unidos».

En vísperas del Domingo de Ramos, el Patriarca Kirill señaló que «creeremos y esperaremos que la Protección de la Reina del Cielo, la Más Pura, se extienda sobre Rusia. Y nosotros, los creyentes, al postrarnos ante los santuarios que acabamos de mencionar, pediremos al Señor que extienda Su bendición sobre nuestro país, sobre nuestras autoridades y nuestro ejército, sobre nuestro presidente Vladimir Vladimirovich. Para que Rusia pueda realmente ir de fuerza en fuerza. Para que todo el potencial de nuestro país pueda revelarse verdaderamente hoy en beneficio de nuestro pueblo, en beneficio y seguridad de nuestra Patria y, por supuesto, para la prosperidad de nuestra Iglesia mártir y confesora, que está viviendo quizás el momento más inspirador y maravilloso de su historia reciente».

El papel de Rusia en esta declaración del Patriarca tiene claramente un carácter mesiánico. Por último, es importante señalar que en el cristianismo ortodoxo, el Mesías judío se interpreta inequívocamente como el Anticristo, ya que el verdadero Mesías fue Jesucristo, pero los judíos no lo entendieron. Y esto acerca a los pueblos ortodoxos y a los chiítas a nivel doctrinal y teológico.

Estados Unidos, cuyo liderazgo desde el siglo XIX ha reivindicado sus raíces cristianas y afirmado la idea de la elección de Dios (Destino Manifiesto) y la construcción de una Ciudad sobre la Colina (de ahí la imposición de sus políticas a otros países), comenzó a apoyar activamente a Israel bajo el mandato de Donald Trump. Tanto en la primera como en la segunda administración de Trump, hubo un gran número de adeptos al llamado sionismo cristiano, una cosmovisión específica según la cual los cristianos deben apoyar a Israel a todos los niveles. Esto es lo que dio lugar a los Acuerdos de Abraham, cuando Washington comenzó a presionar a varios países árabes para que establecieran relaciones diplomáticas con Israel. Esto es exactamente lo que subyace al actual apoyo militar a Israel y a las extrañas declaraciones de Donald Trump y los predicadores que le rodean.

Y esto provocó una reacción negativa por parte del jefe del Vaticano: León XIV condenó las palabras del secretario de Guerra de EE.UU., Pete Hegseth, sobre la necesidad de la violencia contra los enemigos en nombre de Cristo, afirmando que «Dios no escucha las oraciones de quienes hacen la guerra». A su vez, esto condujo a los ataques de Trump contra el Papa. Como resultado, este último respondió: «No le tengo miedo a la administración Trump y no tengo miedo de proclamar en voz alta el mensaje del Evangelio —que, creo, es la razón por la que estoy aquí, para lo que sirve la Iglesia. No somos políticos, no nos dedicamos a la política exterior con la misma perspectiva con la que él probablemente la entiende».

Esto sugiere que los católicos, al menos los jerarcas, se han situado en el lado opuesto a los radicales protestantes que apoyan a Israel.

La justificación de Washington para la operación militar se refiere claramente a un caso similar contra Iraq en 2003. Entonces, bajo el falso pretexto de que el régimen de Sadam Husein poseía armas de destrucción masiva, Estados Unidos lanzó una campaña militar sin una resolución de la ONU, lo que condujo a años de ocupación y a millones de víctimas civiles.

Al igual que ahora, esto provocó una división entre los aliados de EE.UU.: solo Gran Bretaña apoyó directamente a Washington, mientras que el resto de los socios de la OTAN se opusieron. George W. Bush, en su discurso, dio un giro teológico al señalar que «Dios me dijo que atacara Iraq». Es importante señalar que los neoconservadores que respaldaban a George W. Bush apoyaban activamente a Israel y abogaban por un aumento de la ayuda estadounidense a ese país.

Ahora Trump declara que «Dios está del lado de Estados Unidos en la guerra contra Irán». Por cierto, tanto Bush como Trump son protestantes (Bush se crió en la Iglesia Episcopal, pero se convirtió al metodismo, y Trump pertenecía a la Iglesia Presbiteriana, aunque más tarde declaró que era «un cristiano al margen de las confesiones»). Y hay bastantes partidarios del sionismo cristiano entre los protestantes.

El propio Israel, bajo el liderazgo de Benjamin Netanyahu, está claramente dispuesto a adoptar soluciones radicales, pero desde su propia posición. Se han expresado repetidamente intenciones de destruir la mezquita de Al-Aqsa para construir un Tercer Templo en su lugar.

Para este fin, ya se han comprado novillas rojas de EE.UU., necesarias para el sacrificio ritual y su «purificación» con las cenizas del Monte del Templo. Los soldados del ejército israelí llevan parches en los que el territorio especificado abarca partes de los actuales Egipto, Siria, Irak y Líbano. Las purgas en la Franja de Gaza y Cisjordania, así como el bombardeo del Líbano, forman parte de una estrategia global para establecer la hegemonía regional.

Fuente: Leonid Savin

LA RATONERA IRANÍ: ANATOMÍA DE UN ERROR.

 

La propaganda bélica siempre persigue retratar las guerras como un conflicto entre buenos y malos. Semejante error —creer que la maldad de un contendiente convierte automáticamente en bueno a su adversario— ha tenido históricamente consecuencias nefastas. Así, en la II Guerra Mundial dicha creencia fue aprovechada por el genocida Stalin para transformarse en «bueno» —y con él el comunismo— por enfrentarse a Hitler, otro genocida. Aún estamos pagando las consecuencias de dicho blanqueamiento.

Por lo tanto, el hecho de que el régimen iraní sea «malo» no convierte a sus adversarios en «buenos», pues lo más habitual es que la guerra sea un conflicto entre yonquis del poder, es decir, entre malos y malos. Sólo interiorizando este concepto podremos analizar objetivamente lo que está ocurriendo.

Las lecciones del pasado
Hace unos 3.000 años, Creso, el riquísimo y arrogante rey de Lidia, sintió la necesidad de cortar de raíz el poder ascendente del imperio persa antes de que se convirtiera en un peligro para su reino. Ponderando sobre la sensatez de su proyecto, decidió consultar al oráculo de Delfos. Hombre precavido, antes de consultarlo quiso atraerse el favor de la divinidad sacrificando tres mil cabezas de ganado y fundiendo una inmensa cantidad de oro. Una vez endulzada la voluntad divina con semejantes ofrendas, el rey lidio envió una delegación a Delfos para preguntar a los oráculos qué decisión debía tomar. Como nos relata Heródoto, sus enviados plantearon así la cuestión: «Creso, rey de los lidios, persuadido de que sois los únicos oráculos veraces que hay en el mundo, os ha hecho donación de dones dignos de vuestra capacidad adivinatoria. Ahora os pregunta si debe emprender la guerra contra los persas». Como respuesta, «ambos oráculos coincidieron en anunciar a Creso que, si emprendía la guerra contra los persas, destruiría un gran imperio». Ante semejante vaticinio, «Creso quedó vivamente complacido», y, convencido de que destruiría el reino persa, le declaró la guerra.

Sin embargo, las cosas no salieron como pensaba: los persas pronto vencieron a los lidios, conquistaron su capital, Sardes, y tomaron como prisionero al propio Creso, que sólo entonces comprendió que, «conforme al oráculo, había puesto fin a un gran imperio: el suyo propio»[1].
[1] Heródoto, Historia I (Gredos).

Trump, el rico y arrogante rey de EEUU, no sabe quién es Heródoto, pero ha cometido el mismo error que Creso. Creyendo que destruiría el régimen iraní, está logrando lo contrario: ha reforzado el estatus geopolítico de Irán como controlador de facto de la economía mundial a través del estrecho de Ormuz, apuntalado a la tiranía teocrática que subyuga al pueblo iraní, perjudicado las expectativas electorales del Partido Republicano y herido de muerte a su propio movimiento político (MAGA). Además, está hundiendo la imagen internacional de EEUU, para solaz de Rusia y China.

Midiendo mal las fuerzas
«No deberías haberte hecho viejo hasta haber sido sensato», le decía el bufón al rey Lear en la homónima obra de Shakespeare. El papel del bufón en las cortes medievales era hacer reír, pero, sobre todo, decir verdades incómodas, al saberse a salvo de cualquier castigo. En la Casa Blanca hay algún bufón, pero ninguno ha tenido el valor de decirle a Trump lo mismo, y buena falta le hacía. Así, en su insensatez, el presidente norteamericano no supo calibrar adecuadamente las fortalezas de Irán ni sus propias debilidades y dio luz verde a un plan caracterizado por la improvisación y el voluntarismo.

Por el contrario, Irán llevaba dos décadas preparándose cuidadosamente y contaba con ventajas escondidas tras su inferioridad militar. Después de casi medio siglo afianzado en el poder, el régimen se apoyaba en una burocracia bien asentada y en una cadena de mando estructurada más que en una pirámide de liderazgo de vértice estrecho cuya eliminación habría dejado al pollo sin cabeza. Así, los líderes asesinados eran sustituidos por otros cuya resistencia, fanatismo o inteligencia bien podían ser superiores a los de sus predecesores.

Asimismo, dado el calendario electoral norteamericano, el factor tiempo jugaba a favor de Irán. Para ellos, aguantar era ganar. Esta importantísima ventaja era reforzada por la hipersensibilidad de Trump a las vicisitudes de los mercados financieros y del precio del petróleo. Así, cuando los mercados cerraban los viernes, Trump entraba en una dinámica de amenazas que sólo duraba el fin de semana, pues el lunes daba marcha atrás antes de que reabrieran los mercados. Por cierto, resulta difícil creer que no haya habido actores con acceso a información privilegiada que se hayan beneficiado de tan bruscos vaivenes —tan previsibles como lucrativos—, como sugería el Financial Times no hace mucho[2].
[2] Traders placed $580mn in oil bets… (Financial Times, 23 mar 2026).

Estructuralmente, Irán contaba con una ventaja geográfica que le confería profundidad estratégica y el control del estrecho de Ormuz, su peculiar arma nuclear económica. También contaba con la ventaja topográfica de su carácter montañoso, que mermaba la eficacia de cualquier campaña aérea. En este sentido, parece que el régimen ha ido dosificando el lanzamiento de misiles adecuándolo al ritmo de producción y destrucción con la esperanza de que sus enemigos agotaran antes sus recursos defensivos, como puede haber ocurrido. Los belicistas de despacho tienden a olvidar que la munición es finita y que en tiempos de paz ―en los que no existe una economía centrada en la producción de armamento― los arsenales andan justos y tardan mucho en reabastecerse.

Irán también jugaba con varias asimetrías ventajosas, entre ellas el hecho de que un muerto iraní no causaba al régimen el mismo daño que causaba a Trump un muerto norteamericano. Es más: en la victimista cultura chií, el sufrimiento y el martirio constituyen las virtudes supremas, y las bajas no sólo son aceptadas con una resignación incomprensible para otras culturas, sino que refuerzan la voluntad de resistencia[3]. Las amenazas de destrucción, por tanto, tienen menor valor intimidatorio.

Finalmente, la estrategia de Irán ha consistido en ampliar el conflicto proyectando en sus vecinos el daño recibido mediante un sistema automático de represalia. Así, todo ataque a sus infraestructuras era inmediatamente replicado en otros países del Golfo. Además, el principal punto débil de Irán ―su infraestructura petrolífera― era intocable, pues su destrucción habría conllevado la destrucción de la de gran parte del Golfo y creado un shock de oferta que habría hundido la economía mundial. Por lo tanto, aunque tácticamente el grave daño sufrido por Irán no deba infravalorarse, su capacidad de aguante atenúa sus consecuencias estratégicas prácticas.

Un erróneo proceso de decisión
«¿Cómo hemos podido ser tan estúpidos?», se preguntó el presidente Kennedy tras el desastre de la fallida invasión de Bahía Cochinos. En el s.XX el psicólogo Irving Janis intentó responder a esta cuestión estudiando procesos de decisión erróneos en el ámbito político —tanto civil como militar— que habían resultado en grandes fiascos. Así, Janis identificó varios síntomas comunes a todos ellos, que denominó «groupthink».

El primero era la «ilusión de invulnerabilidad», que llevaba «a un exceso de optimismo y a la toma de riesgos extraordinarios». El siguiente era la creencia ciega del grupo decisor en su superioridad moral, «lo que inclinaba a sus miembros a ignorar las consecuencias morales y éticas de sus decisiones», y la visión estereotipada del enemigo, al que se consideraba tan malvado que se descartaba tratar con ellos. Otros síntomas eran la autocensura de los miembros del grupo ante la presión ejercida contra cualquiera que osara expresar sus dudas, la toma en consideración de sólo un número limitado de alternativas y la incapacidad de revisitar la decisión tras conocer nuevos datos ignorados inicialmente[4].

Más o menos por la misma época, los psicólogos Amos Tversky y Daniel Kahneman publicaron su pionero trabajo sobre heurísticas y sesgos cognitivos, que explicarían lo mismo desde otra perspectiva. Así, el sesgo de exceso de confianza lleva a perder la realidad sobre las propias fortalezas y debilidades, y también sobre las probabilidades objetivas de éxito de la decisión. El sesgo confirmatorio hace que el líder busque sólo las informaciones y consejos que corroboran sus prejuicios descartando aquellos que lo cuestionan. Finalmente, el sesgo de disponibilidad otorga un peso desproporcionado a experiencias cercanas en el tiempo —por ejemplo, el show de Maduro— considerándolas el estándar de las probabilidades de éxito futuras.

El error de atacar Irán también ha sido consecuencia clara de la patología del poder que tanto parece haber desequilibrado la mente del presidente norteamericano en su segundo mandato, tan distinto del primero. La peor patología del poder, por cierto, es la mostrada por megalómanos, esto es, por quienes quieren dejar una huella en la historia («la más perniciosa de las aspiraciones humanas», según el historiador Richard Pipes).

En efecto, el poder altera la conducta. Siguiendo el conocido trabajo de un grupo de psicólogos de Stanford y Berkeley, sabemos que el poderoso «tiende a volverse indiferente a lo que piensan los demás, y se hace mucho más receptivo a las recompensas que a los castigos, dado que frente a estos últimos se ve impune. También juzga con simpleza excesiva y menor precisión las actitudes y posiciones de los demás, es más proclive a correr riesgos excesivos y distorsiona la realidad, en particular la imagen que tiene de sí mismo en comparación a cómo es percibido por los demás, y se aísla.  El poder también tiende a desinhibir al poderoso, que deja de controlarse a sí mismo y construye la fantasía de creer que su comportamiento nunca va a tener consecuencias negativas. De este modo, comienza a verse por encima de la ley y de las convenciones sociales y morales y cree que a él le está permitido aquello que le está vetado al común de los mortales, naturalizando conductas socialmente inapropiadas, impulsivas y agresivas»[5]. Estos psicólogos recalcaban que entre la patología del poder y la psicopatía sólo había un paso.

El tonto útil
Escribía Dostoievsky en El idiota que «los motivos de los actos humanos suelen ser infinitamente más complejos y variados que las explicaciones que damos posteriormente de ellos». En el caso de Trump ha sido al revés: los motivos de su decisión de bombardear Irán son mucho más sencillos que las prolijas y contradictorias explicaciones dadas a posteriori para intentar justificarlo. El éxito no exige explicaciones, pero el fracaso, sí.

Quedan pocas dudas de que fue Netanyahu, primer ministro de Israel (y, al parecer, también de EEUU) quien empujó al presidente norteamericano a sumarse a la contienda sin que éste comprendiera que sus intereses divergían. Así, Trump habría arrastrado a su país a un conflicto que le era ajeno basándose en los intereses de una nación extranjera y en el testimonio de servicios de inteligencia extranjeros, no en la reticente opinión del Departamento de Estado o de la CIA[6]. En otras palabras, Trump se convirtió en el tonto útil de Netanyahu, un ejemplo más del control que Israel ejerce sobre la política exterior norteamericana. Cabe aclarar que, dada su inclinación natural a atacar Irán, Trump no fue forzado contra su voluntad, sino que cayó en un sesgo confirmatorio.

Indirectamente, el presidente norteamericano habría reconocido algo parecido. Al ser preguntado cómo había llegado a la extraña conclusión de que Irán atacaría intereses norteamericanos si era atacado sólo por Israel —argumento esgrimido por su secretario de Estado para justificar su ataque «preventivo»— contestaba que, en primer lugar, se había basado en lo que le habían dicho su amigo «Steve» Witkoff «y Jared» Kushner, su yerno (en tercer lugar, mencionaba a Hegseth, su siniestro y obtuso secretario de Guerra)[7]. En ningún momento aludía a la CIA. Tanto Witkoff como Kushner (judío ortodoxo moderno) tienen evidentes simpatías proisraelíes y son una fácil correa de transmisión para Netanyahu. Ambos, por cierto, son también bastante ignorantes en asuntos internacionales, pero son leales al presidente, que parece haber desarrollado una manía persecutoria tras el hostigamiento de que fue objeto por parte del Deep State en su primer mandato y no confía en su propio establishment. Es posible que, por este motivo, EEUU tenga un líder aislado de la realidad. Mal asunto.

Una vez se vio que la operación militar especial no estaba dando los resultados apetecidos, Trump comenzó una deriva penosa. Con sus contradicciones constantes, su cansino matonismo y un lenguaje soez y agresivo impropio de su cargo (incluyendo su intolerable falta de respeto al papa León XIV), sólo alcanzaba a transmitir una imagen de desequilibrio y nerviosismo que contrastaba con la aparente tranquilidad de las declaraciones de los líderes iraníes. El gobierno de EEUU repetía una y otra vez que había obtenido una arrasadora victoria, pero su inquietud implicaba lo contrario. El hecho de que el vicepresidente Vance filtrara a los medios su oposición a la guerra indiciaba que en Washington muchos pensaban que se había cometido un gran error.

El zigzagueo de Trump mostraba un presidente desconcertado que, para atraer la atención de Irán, apretaba todo tipo de botones sin que ninguno pareciera funcionar. Irán no le hacía caso. Asimismo, sus mensajes contenían un porcentaje de verdad cercano a cero, inventándose en febrero unas conversaciones con Irán completamente imaginarias, la existencia de negociadores iraníes secretos favorables a un acuerdo o retratando un enemigo desesperado por negociar. En Islamabad, sin embargo, se ha visto con claridad quién tenía prisa por alcanzar un acuerdo y quién no.

El alto el fuego
El alto el fuego (¿dónde queda el bluf de la «rendición incondicional»?) no deja de ser un remiendo zurcido a toda prisa. Frágil y ficticio, ha comenzado con mal pie. Según Irán y el propio mediador pakistaní, el acuerdo incluía también el Líbano; según Israel y EEUU, no. Parece bastante obvio que son éstos los que mienten, pues el mediador no tiene interés alguno en faltar a la verdad y su comunicado original —que especificaba la inclusión del Líbano— no fue desmentido por EEUU[8]. Por otro lado, la credibilidad de EEUU bajo Trump es prácticamente nula, y la inclusión como comisarios en el equipo negociador de los mismos Witkoff y Kushner que simularon estar negociando con Irán un día antes de que EEUU bombardeara el país por sorpresa no apunta bien. ¿No tiene EEUU más negociadores? ¿Dónde está el secretario de Estado? ¿Y por qué enviar al vicepresidente a una negociación con visos de fracaso y sin contraparte de nivel jerárquico similar si no es para quemarle?

Tras el Líbano, el bloqueo naval —generalmente considerado un acto de guerra—tampoco parece respetar el espíritu de un alto el fuego, aunque resulte difícil adelantar las consecuencias que tendrá. Por un lado, tiene el potencial teórico de dañar enormemente la economía de Irán a medio plazo (no a corto). Por otro lado, es contradictorio con la anterior eliminación parcial de las sanciones al petróleo iraní al reducir la oferta mundial de petróleo e inducir un alza de precios, aquello que más daña a Trump.

Más allá del efecto anuncio, es muy dudoso que el bloqueo pueda realizarse eficazmente sin exponer a la flota americana al fuego iraní una vez expire el alto el fuego (dentro de una semana). Por otro lado, el régimen no teme unas elecciones y el sufrimiento le resulta aceptable. Además, en represalia, Irán bloqueará completamente el estrecho, por lo que ningún petrolero de los países del Golfo podrá cruzarlo.

La «negociación» es complicada: las maximalistas exigencias iraníes no se corresponden con las que plantearía la parte perdedora y las demandas norteamericanas denotan una preocupante pérdida de realidad, propia de esa tremenda mezcla de ignorancia y arrogancia que está mostrando la Administración Trump en política exterior. Adicionalmente, Netanyahu tratará de torpedear todo acuerdo que no le favorezca, lo que quizá explique el injustificable bombardeo que llevó a cabo en el Líbano a las pocas horas de comunicarse el alto el fuego.

La mayor esperanza que tenemos es que a Trump sólo le preocupa salvar la cara aparentando que ha ganado, aunque haya perdido. En efecto, el estrecho de Ormuz ya estaba abierto antes del conflicto, por lo que lograr su reapertura no supone ningún éxito, sino volver al statu quo anterior. Irán jamás aceptará desprenderse de su eficaz programa de drones y misiles ―que le ha salvado de la derrota― y mantendrá el control de facto del estrecho, arma que ha demostrado ser poderosísima. Respecto a su programa nuclear, según las agencias de inteligencia norteamericanas, Irán no ha perseguido el desarrollo de armas nucleares desde 2003[9], por lo que comprometerse a no hacerlo a partir de ahora supone también un simple retorno al statu quo anterior. Finalmente, el régimen iraní, cuya destrucción se pretendía, ha salido fortalecido.

Sin embargo, una cosa sí puede haber cambiado, pero a peor: Irán quizá llegue a la conclusión de que la única garantía real de no volver a ser atacado es la obtención del arma nuclear. Entonces, ¿qué objetivos estratégicos habrá logrado esta caprichosa guerra?