La guerra contra Irán se está convirtiendo en un espectáculo ridículo en Occidente: el presidente Trump se jacta de una victoria aplastante, mientras que, en realidad, Irán se resiste e impone sus condiciones. Cuantos más ultimátums lanza el fanfarrón, más se imponen sus enemigos.
El fanfarrón
La guerra de Israel/EU contra Irán escaló ya alturas de amagos nucleares muy ominosos[1]. En la fase de desinformación/mendacidad/engaño/falsas banderas, exacerbada por la «propaganda-patía»de sus actores —contrastada por los increíbles medios alternativos que hoy ganan la batalla de la comunicación a los caducos multimedia tradicionales—, es más que evidente que al corte de caja de hoy, la víctima de las agresiones no sólo ha podido resistir de manera inverosímil, sino que se encamina a un triunfo estratégico de alcances tectónicos: «Irán tiene ahora el camino despejado hacia la victoria. A pesar de haber sido duramente golpeada por los bombardeos aéreos, la república islámica aún podría sobrevivir a la guerra y reconstruirse»[2].

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