La “Doctrina Dahiya” y el uso desproporcionado de la fuerza por parte de Israel en Beirut.

Tratando de evitar otra derrota como la que sufrió en Líbano, en 2006, Israel aplica hoy su «doctrina Dahiet», que consiste a tratar a la población como si fuese una fuerza armada, sin importar las masacres de civiles que resultan de ese comportamiento. Esa es la doctrina que el ejército de Israel aplicó en la franja de Gaza y que ahora aplica en Líbano. Y desde Teherán se anuncia que Irán ha decidido abandonar su anterior estrategia de «contención» ante las agresiones.


El Institute for Middle East Understanding (IMEU) expuso, desde 2024, la «Doctrina Dahiya y el Uso por Israel de la Fuerza Desproporcionada»[1], que aboga por «el uso desproporcionado de la fuerza masiva y el ataque deliberado contra civiles (¡mega-sic!) y contra infraestructura civil».

Su nombre proviene del suburbio Dahiet [transliterado en inglés como «Dahiya»] de Beirut, «donde tiene su sede el grupo paramilitar libanés Jezbolá, que el ejército israelí arrasó durante su ofensiva contra Líbano en el verano de 2006, en la que murieron cerca de mil civiles —un tercio de niños— y causaron enormes daños a la infraestructura civil, incluidas centrales eléctricas, plantas depuradoras, puentes e instalaciones portuarias».

El general Gadi Eisenkot, ex jefe del Comando Norte de Israel en 2008, alardeó la tónica de una «guerra futura en Líbano, como en el barrio Dahiya en 2006, que sucederá en cada ciudad desde donde se ataca a Israel». Sin rubor, el general Gadi Eisenkot afirma que «no existen ciudades civiles, todas son bases militares», y agrega que «no se trata de una recomendación. Es un plan» que «ha sido aprobado».

El IMEU expone que la «Doctrina Dahiya» fue instaurada como «doctrina militar oficial de Israel después de su ataque contra Líbano en 2006». ¡Nada nuevo!

¡Adiós a la «guerra justa» de San Agustín de Hipona! (Réplica a Fausto el Maniqueo, año 400 d. C.): uno de los fundamentos más importantes de la ética cristiana sobre la guerra. La «guerra justa» constituye el sustento de la genuina civilización occidental —«La guerra misma no se hace para que no exista, sino para que se alcance una paz sin injusticia»— así como del desarrollo por Hugo Grocio (1625) del Derecho Internacional Humanitario: organizados más tarde por el aristotélico Santo Tomas de Aquino (Suma Teológica, 1274).

A propósito, a partir de la creación de la «Doctrina Dahiya» en 2006, Israel ha exacerbado su aplicación, desde el año pasado en Gaza, hasta ahora en el suburbio chiita de Beirut y en la región libanesa Bekaa/Baalbek, donde se asienta la numerosa comunidad chiita árabe vinculada teológicamente con sus correligionarios persas[2].

El ex diplomático británico Alastair Crooke aduce en forma persuasiva que «es probable que esta fase del conflicto iraní sólo termine cuando Occidente caiga por el precipicio económico que se avecina»[3].

Tanto Alastair Crooke como Robert Pape se refieren a las finanzas «visibles», pero no abordan la parte explosivamente ominosa de los insanos «derivados financieros» que han alcanzado en forma «invisible» ¡ocho veces el conspicuo monto del PIB global[4] que asciende a 126 billones de dólares (trillones en anglosajón)!: esto representa la yugular financiera que descubrió Irán en su contraofensiva al cerrar el estrecho de Ormuz, lo cual desencadenó su secuencia militar/geoeconómica (alza de hidrocarburos, fertilizantes, alimentos, helio, etc.)/geofinanzas[5], que puede intensificar la «guerra regional» en curso y, quizá, desembocar en una tercera guerra mundial nuclear.

El ex agente de la CIA Larry Johnson comenta que la «nueva política de Irán puede constituir un game changer (giro paradigmático)» en Medio Oriente[6] y refiere que el prominente clérigo chiita iraní Sadeq Larijani (hermano del asesinado Alí Larijani, asesor de Seguridad Nacional) «anunció que la intervención de Teherán en apoyo de Líbano constituye una declaración formal de una nueva doctrina estratégica»[7]: «ataques contra cualquier componente del Eje de la Resistencia (Jezbolá y los palestinos) desencadenarán una respuesta que va más allá de los límites geográficos y reconfigura las ecuaciones regionales».

Debido a la doble agresión israelo-estadounidense, Irán pasó de la defensa de su existencia, a una contraofensiva en defensa del Eje de la Resistencia de los chiitas en Líbano, de los palestinos en Gaza/Cisjordania y de Ansaralá en Yemen: el triángulo superestratégico estrecho de Ormuz-estrecho Bab el-Mandeb-Mar Mediterráneo Oriental.


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