El compromiso que los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin parecían haber alcanzado el 15 de agosto de 2025 sigue sin concretarse en Ucrania. Pero los obstáculos no son los que Estados Unidos había previsto. Ucrania no ayuda, mientras que Alemania y Reino Unido simplemente empujan a la guerra.
Durante su visita en Pekín, el presidente estadounidense Donald Trump reconoció al presidente chino Xi Jinping como su par. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, los presidentes de Estados Unidos siempre se creyeron superiores a los demás, por ser el más poderoso y el más rico.
Por el contrario, desde el punto de vista chino, el presidente Xi Jinping se considera igual no sólo al presidente Donald Trump sino a todos sus homólogos. Los chinos no creen que el hecho de disponer de más medios que los demás convierta a alguien en una persona superior. De hecho, creer que entre las naciones existe algún tipo de jerarquía es una concepción puramente occidental.
En la semana siguiente a la visita del presidente Trump, fue el presidente ruso Vladimir Putin quien viajó a Pekín. Los comentaristas occidentales aseguraron entonces que el presidente ruso estaba a los pies del presidente chino.
Esa creencia es otra demostración de que Occidente no entiende la relación entre Rusia y China. Esa relación no es resultado de los intereses respectivos de esas dos naciones sino de su historia. Hechos históricos como el saqueo del Palacio de Verano de Pekín y el intento de los nazis de exterminar a los eslavos, han demostrado a los chinos y a los rusos hasta qué extremos de barbarie son capaces de llegar las potencias occidentales. Los dirigentes de esas dos grandes naciones han llegado así a la conclusión de que, para resistir, sus dos países tienen que mantenerse juntos. Es por lo tanto absurdo tratar de hacer otra vez lo que Richard Nixon y Henry Kissinger hicieron con Rusia y China en 1972: separarlas.
