El Papa y la defensa de la vida.
Listo el memorándum Islamabad entre Estados Unidos e Irán, pero Netanyahu trata de torpederlo.
Todos los observadores coinciden en que sólo Israel está empeñado en hacer fracasar el «Memorándum de Islamabad». Pero difieren sobre un aspecto crucial de la cuestión: ¿Es Israel o es solamente la coalición de Netanyahu? Ese detalle puede marcar la diferencia entre una paz estable y una simple tregua.
El pensamiento estratégico iraní.
Desde sus primeros años de existencia, la República Islámica de Irán desarrolló una visión del mundo y un pensamiento estratégico. Ante la guerra que Israel y Estados Unidos le impusieron, Irán ha tenido que coordinar sus fuerzas armadas y su diplomacia, mientras que sus logros militares le han permitido plantearse la manera de continuar adelante con sus objetivos revolucionarios y garantizar simultáneamente la protección de su pueblo.
Los iraníes se interrogan entonces sobre las relaciones entre Estados Unidos e Israel. Unos piensan que Estados Unidos e Israel persiguen los mismos objetivos de dominación, otros que Washington y Tel Aviv se han repartido los papeles de «policía bueno» y «policía malo». Pero un tercer grupo estima que Donald Trump y Benyamin Netanyahu ya no están en sintonía.
En todo caso, todos juntos deciden hacer lo posible por alejar las posiciones estadounidenses de las de Israel. Irán anuncia que los ataques israelíes contra Líbano violan los acuerdos preliminares de Islamabad y, por consiguiente, el alto al fuego, y amenaza con reanudar sus propios ataques contra Israel. El presidente de Estados Unidos, donde el apoyo a Israel es una cuestión histórica e indiscutible, se ve impedido de lograr la paz en el golfo Pérsico a causa de los ataques de Benyamin Netanyahu contra Líbano.
Inicialmente, el presidente Trump impone el inicio de negociaciones de paz, en Washington, entre Israel y el gobierno libanés. Esas conversaciones comienzan en presencia del subsecretario de la Guerra de Estados Unidos, el principal teórico de la agresión estadounidense contra Irán. Los israelíes exigían el desarme total del Jezbolá mientras que el gobierno libanés, expresando su conformidad con esa exigencia de Israel, reclamaban, primero que todo, la aplicación del «mecanismo», o sea del alto al fuego pactado entre las dos partes el 27 de noviembre de 2024.
En este punto, se impone una mirada a la historia. En 1948, varios Estados árabes iniciaron una guerra contra el Estado israelí, autoproclamado en violación del plan de «partición de Palestina» de las Naciones Unidas. Los combatientes libaneses, encabezados por el emir druso Majid Arslan lograron varias victorias, pero Reino Unido, favoreciendo a la comunidad judía en Palestina, lanzó contra ellos el «ejército cisjordano», encabezado por el general británico John Bagot Glubb y dirigido por sus oficiales británicos. Aquella guerra entre árabes e israelíes se presentó falsamente en Occidente como una victoria israelí, cuando en realidad fue una victoria de los británicos.
En 1965, la Liga Árabe decidió cesar todo contacto con el autoproclamado Estado de Israel. Líbano adoptó entonces una ley que prohíbe a los nacionales libaneses cualquier tipo de acuerdo —sea financiero, cultural o intelectual— y todo tipo de relación, en cualquier ámbito, con entidades o particulares israelíes. Esa ley libanesa contempla penas de 3 a 10 años de trabajos forzados para todo libanés que la infrinja. Además, según los artículos 273, 275 y 285 del Código Penal libanés todo «contacto con el enemigo» israelí constituye un crimen punible con la pena de muerte. Sin embargo, las delegaciones del gobierno libanés y de Israel se reunieron en Washington sin que el parlamento libanés derogara esas disposiciones.
El 29 de mayo, mientras las delegaciones del gobierno libanés y de Israel iniciaban en Washington una nueva ronda de negociaciones —ilegales a la luz de las leyes libanesas—, el ejército israelí arremetía nuevamente contra varias localidades del sur de Líbano, ordenando a sus pobladores abandonar sus casas y bombardeándolas. El 31 de mayo, las tropas israelíes ocuparon el castillo medieval de Beaufort, en suelo libanés. Habiendo comprobado que Israel negociaba en Washington sólo para ganar tiempo, los Guardianes de la Revolución iraníes reanudaron sus ataques contra Israel.
Furioso, el presidente Trump inicialmente lanzó entonces todo tipo de amenazas contra Irán. Pero luego cedió, obligó Israel a detener sus ataques y aceptó los principales reclamos de la parte iraní. Irán lograba así instaurar una seria divergencia entre Washington y Tel Aviv. La relación entre Estados Unidos e Israel, antes coordinada, es ahora de naturaleza jerárquica.
La “Doctrina Dahiya” y el uso desproporcionado de la fuerza por parte de Israel en Beirut.
Tratando de evitar otra derrota como la que sufrió en Líbano, en 2006, Israel aplica hoy su «doctrina Dahiet», que consiste a tratar a la población como si fuese una fuerza armada, sin importar las masacres de civiles que resultan de ese comportamiento. Esa es la doctrina que el ejército de Israel aplicó en la franja de Gaza y que ahora aplica en Líbano. Y desde Teherán se anuncia que Irán ha decidido abandonar su anterior estrategia de «contención» ante las agresiones.
Por qué Irán gana su «guerra asimétrica» frente a dos potencias nucleares, según Arreguin-Toft.
Se suele despreciar la forma en que los pueblos del Tercer Mundo hacen la guerra y se les califica de «terroristas». Pero en el caso de Irán frente a Estados Unidos, este último ya es el evidente derrotado. Sin embargo, Irán no se conforma con su victoria y ahora busca consolidar su revolución haciendo que las monarquías del golfo Pérsico, y también las potencias occidentales, reconozcan que han vivido dependientes de los crímenes de Estados Unidos.
La nueva cortina de hierro.
En 1946, el gobierno británico planeaba un bombardeo atómico contra la Unión Soviética mientras denunciaba la «cortina de hierro» en Europa. Ochenta años después, el gobierno de Reino Unido prevé ataques contra la profundidad del territorio ruso y denuncia la «invasión rusa» en Ucrania. La historia se repite.
Hacia la dislocación de Alemania.
Reino Unido y Ucrania empujan Alemania a preparar una guerra contra Rusia. Pero la «Alemania reunificada» se derrumba. El país está profundamente dividido en dos pueblos diferentes y su identidad se ve cuestionada. De hecho, la disolución de la Alemania federal ya parece inevitable. Al mismo tiempo, como consecuencia del arreglo pactado entre Washington y Moscú, Transnistria y una porción de Ucrania pasarán a ser parte de la Federación Rusa. Mientras tanto, la Unión Europea se aparta de los valores que tanto dice defender y esa deriva va a provocar su desaparición.
Aunque todavía no se habla de ello, la derrota de Zelenski en Ucrania está a punto de provocar la dislocación de Moldavia, de Alemania y de la Unión Europea. Esa es la hipótesis de trabajo de Rusia, China y Estados Unidos. Pero en Europa nadie está preparado para eso. De hecho, los dirigentes políticos y los medios de prensa europeos ni siquiera hablan de ello.
Pero la opinión pública occidental aceptó aquel proceso porque tenía la impresión de que se trataba de algo lógico y también porque en 14 meses Angela Merkel, quien había sido responsable de la propaganda de la juventud comunista en la RDA, se convirtió en ministro de la Juventud de la RFA, como miembro de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU)[1].
Sin embargo, la trayectoria personal de Angela Merkel no es representativa de lo sucedido con la población de la RDA. En Occidente, lo sucedido en Alemania se ve únicamente desde el punto de vista de la población de Alemania occidental (RFA), que contaba 62 millones de habitantes en el momento de la «reunificación», y se pasa por alto la visión de los 16 millones de alemanes del este que conformaban la población de la desaparecida RDA.
El hecho es que la «reunificación» se tradujo en un verdadero saqueo de la industria de Alemania oriental en beneficio de la Alemania occidental. El desempleo, que afecta a un 5,7% de la población en Alemania occidental, se elevó a 7,5% entre los «alemanes del este». El salario medio bruto es de 3973 euros en el este de Alemania, mientras que en el oeste es de 4810 euros. En los 5 Lander del este de Alemania el PIB por habitante es de 37711 euros mientras que en los Lander del oeste se eleva a 54162 euros.
Delicada «fase financiera» del estrecho de Ormuz: Estados Unidos rechaza pagar reparaciones de guerra a Irán.
Las divergencias que impiden el avance de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán no tienen que ver con la cuestión nuclear ni con la libertad de navegación a través del estrecho de Ormuz sino con el tema de las reparaciones de guerra. Y el problema no es tanto el monto de esas compensaciones sino el hecho que son una forma de reconocimiento de la victoria de Irán. La solución podría ser que, en vez de que Estados Unidos las pague directamente, esas compensaciones de guerra se paguen a través de los Estados árabes del golfo Pérsico. Al menos esa es la propuesta que China y Pakistán han puesto sobre la mesa.
Si la dupla Estados Unidos-Israel practica la dureza militar, Irán ejerce la presión financiera que ha expuesto el bloqueo del estrecho de Ormuz.
La guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán ha pasado de la «fase militar» a la «fase geoeconómica» —donde atraviesan hidrocarburos, fertilizantes, helio, ácido sulfúrico, etcétera— y ahora ya entró a su muy delicada «fase financiera», cuando Irán ha descubierto el talón de Aquiles pecuniario de Trump.
La guerra, con sus sobresaltos de alto al fuego nada respetados, se encuentra en su «fase financiera», sin contar el daño que puede propinar Irán al cableado submarino de fibra óptica de Internet en el fondo del estrecho de Ormuz, que interrumpiría la conectividad financiera, primordialmente con Asia, de toda la costa occidental del golfo Pérsico (específicamente de las seis petromonarquías árabes).
La «fase geoeconómica» ha sido evaluada por TASS al advertir sobre la «crisis que enfrenta el mundo, como en 2008, en caso de que el estrecho de Ormuz permanezca cerrado»[4].
No hay que perder de vista que Trump contempla la guerra como un «gran negocio» cuando colocó como influyente subsecretario de Guerra al polémico empresario jázaro Steve Feinberg: mandamás del pestilente «fondo buitre» Cerberus Capital Management, que destila fuerte olor a azufre[5].
En medio de la delicada «fase financiera», no se puede soslayar el advenimiento del también jázaro Kevin Warsh: flamante gobernador de la Reserva Federal y yerno (¡mega-sic!) de Ronald Lauder, de 82 años, presidente del Congreso Judío Mundial[6], heredero de la multimillonaria empresa de cosméticos Estée Lauder[7] y ¡ex subasistente del secretario de Defensa para Asuntos Europeos y de la OTAN de 1983 a 1986 con Ronald Reagan!
En forma farisea, Lauder, desde el Congreso Judío Mundial ¡envió sus condolencias a Bahréin y a Emiratos Árabes Unidos[8] por la supuesta agresión iraní!
Los activos iraníes congelados directamente en Estados Unidos ascenderían a 2000 millones de dólares[9], mientras el total global de los depósitos iraníes incautados por las sanciones de Estados Unidos alcanzarían la estratosférica suma de 120000 millones en bancos de Qatar (¡6 mil millones!), de Corea del Sur, Japón, la India, China, etcétera.
Ante el rechazo de Trump a pagar a Irán reparaciones de guerra que ascenderían a 270000 millones de dólares[10], no suena nada descabellado que Estados Unidos se los endose a 5 de las 6 petromonarquías, con la excepción de Omán, que gestionan 6 billones de Fondos Soberanos de Riqueza[11].
Los obstáculos a la paz en Europa no son los que todos creen.
El compromiso que los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin parecían haber alcanzado el 15 de agosto de 2025 sigue sin concretarse en Ucrania. Pero los obstáculos no son los que Estados Unidos había previsto. Ucrania no ayuda, mientras que Alemania y Reino Unido simplemente empujan a la guerra.
Durante su visita en Pekín, el presidente estadounidense Donald Trump reconoció al presidente chino Xi Jinping como su par. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, los presidentes de Estados Unidos siempre se creyeron superiores a los demás, por ser el más poderoso y el más rico.
Por el contrario, desde el punto de vista chino, el presidente Xi Jinping se considera igual no sólo al presidente Donald Trump sino a todos sus homólogos. Los chinos no creen que el hecho de disponer de más medios que los demás convierta a alguien en una persona superior. De hecho, creer que entre las naciones existe algún tipo de jerarquía es una concepción puramente occidental.
En la semana siguiente a la visita del presidente Trump, fue el presidente ruso Vladimir Putin quien viajó a Pekín. Los comentaristas occidentales aseguraron entonces que el presidente ruso estaba a los pies del presidente chino.
Esa creencia es otra demostración de que Occidente no entiende la relación entre Rusia y China. Esa relación no es resultado de los intereses respectivos de esas dos naciones sino de su historia. Hechos históricos como el saqueo del Palacio de Verano de Pekín y el intento de los nazis de exterminar a los eslavos, han demostrado a los chinos y a los rusos hasta qué extremos de barbarie son capaces de llegar las potencias occidentales. Los dirigentes de esas dos grandes naciones han llegado así a la conclusión de que, para resistir, sus dos países tienen que mantenerse juntos. Es por lo tanto absurdo tratar de hacer otra vez lo que Richard Nixon y Henry Kissinger hicieron con Rusia y China en 1972: separarlas.
El 15 de agosto de 2025, en su encuentro de Anchorage, Donald Trump y Vladimir Putin se plantearon juntos la posibilidad de que sus dos países comerciaran entre sí y concluyeran la paz en Ucrania. A pesar de sus esfuerzos en ese sentido, Estados Unidos no ha logrado alcanzar esos objetivos… porque primero quería vender armas a los europeos, algo que ahora parece más difícil ya que los europeos comienzan a fabricarlas ellos mismos.
Ahora, el presidente Trump ha comenzado a retirar de Europa las tropas estadounidenses, anunció que retirará al menos 5000 hombres de Alemania, y también parece renunciar a la guerra que el Pentágono planeaba extender a Transnistria y a Bosnia-Herzegovina. Por su parte, el presidente Putin emitió un decreto en virtud del cual Rusia otorgará la nacionalidad rusa a todo transnistrio adulto que la solicite. Para completar el panorama, Donald Trump retiró el apoyo de Estados Unidos al Alto Comisario de la Unión Europea que fungía como «administrador» de Bosnia-Herzegovina, lo cual era una violación del Acuerdo de Dayton, firmado en 1995. Al mismo tiempo, el general Michael Flynn, quien fue brevemente consejero de seguridad nacional al inicio del primer mandato presidencial de Donald Trump, está organizando una serie de inversiones estadounidenses en la parte serbia de Bosnia-Herzegovina.
Esos hechos hacen pensar que Estados Unidos es favorable a una paz en Ucrania, paz que reconocería como rusa toda la Novorossiya. Eso sería histórica y culturalmente justificado, pero exigiría la organización de un referéndum de autodeterminación. Por ahora, las fuerzas rusas no han tratado de tomar Odesa, aunque el eventual tratado de paz podría reconocerla como rusa.
También en ese sentido, las dificultades no están donde todos creen.
Las 3 principales dificultades son ahora:
1) lograr que se reconozcan el carácter nazi de la ideología del actual régimen de Kiev y la necesidad de desnazificar Ucrania;
2) lograr que se reconozcan el carácter antidemocrático de la unificación alemana y la independencia de Alemania oriental;
3) lograr que se reconozca la obsesión antirrusa de Reino Unido y que se ponga fin a la «Unión Europea de la Defensa» antes de su formación definitiva.








