Lo sucedido el 11 de septiembre de 2001 no es cosa del pasado. Aquellos acontecimientos se prolongan directamente en las actuales guerras de Ucrania, Palestina e Irán. Equivocarse de enemigo es tan posible como seguir sintiendo una admiración injustificada por una potencia que siembra caos y desgracia. Pero negarse a ver la verdad sólo conduce a aceptar vivir sumidos en el caos y la desgracia.
Al denunciar el golpe de Estado del 11 de septiembre, el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad garantizó la paz a su país. Por desgracia, una parte de la dirigencia iraní lo apartó de la vida política… y ahora el país se ve obligado a enfrentar la agresión estadounidense.

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