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MEMORIA CHEQUISTA Y ERROR DE VOX

 


Intervención de Francisco Contreras, por VOX, contra la memoria chequista: todo lo que dice es cierto, pero se va por las ramas. Creo que el argumento debe ser  este:

Ustedes tienen una versión de la guerra civil y del franquismo. Otros muchos ciudadanos tienen otra versión, distinta o contraria, con el mismo derecho democrático que ustedes a exponerla y defenderla. Pero ustedes quieren imponer su versión por ley, como en los países totalitarios, atacando las libertades básicas de los ciudadanos. Pretensión que les define a ustedes como enemigos de la libertad de los españoles.

En democracia, estas cuestiones son objeto de un libre debate intelectual. Pero ustedes quieren sustituirlo por la imposición de una ley tiránica. ¿A qué se debe esa pretensión? Solo hay una respuesta posible: ustedes sienten y saben que su versión es falsa y que, por tanto, no podría sostenerse  en un debate abierto. Y quieren hacer tragar a los españoles esa versión porque en ella se apoyan para promover una serie de políticas actuales en la misma dirección liberticida y promotora de los odios entre los españoles

Ustedes están utilizando ilegítimamente las fórmulas democráticas para atacar la democracia, como  hicieron los nazis. Pero no conseguirán ustedes su objetivo. Esta ley, que les retrata, no puede ni debe ser obedecida, debe rechazarse desde el principio como lo que es: una grave amenaza a la convivencia en paz y libertad de los españoles

Creo que este debe ser el  argumento, y no retórica vana sobre si en la transición se abrazaron o no los españoles, dando por sentado que el franquismo fue ilegal y cometió crímenes igual que los otros. En ese discurso, la ETA, el PSOE y los separatistas son consecuentes: si el franquismo fue ilegal y condenable, la transición, la democracia y la monarquía son igualmente ilegales y condenables, puesto que evidentísimamente proceden de aquel. El problema de fondo es: ¿vamos a aceptar que unas bandas de mafiosos totalitarios nos dicten a los españoles lo que debemos creer o descreer sobre nuestra historia? Todo lo demás es hojarasca.

Dicho de otro modo: La cuestión tiene dos vertientes: la política y la intelectual. La primera consiste en el intento de imponer tiránicamente una versión de la historia a toda la sociedad, y debe combatirse como tal en las Cortes y en todos los foros políticos. La intelectual debe abordarse mediante el debate libre en todos los ámbitos intelectuales. No deben confundirse las dos cosas. En las Cortes no puede debatirse sobre el valor de tales o cuales versiones de la historia, solo puede denunciarse el carácter tiránico y antidemocrático de esa ley política.


MENSAJE DE HAZTE OÍR

Una verdadera creación satánica, que amenaza a la raza humana.

Open Society Foundations dispone (que sepamos, declarados) de 32.000 millones de dólares, sí, treinta y dos mil millones, para impulsar, en todo el mundo, el aborto, la ingeniería  genética, la eutanasia... en general cualquiera de las variantes de la cultura de la muerte que promueve; para extender la viscosa ideología de género que quiere impregnarlo todo, especialmente desde la escuela; para fomentar y extender un laicismo beligerante que intenta expulsar cualquier signo cristiano de la vida pública; para financiar partidos y elecciones… Y para atacarnos, «la izquierda mundial ha desencadenado un ataque contra los disidentes». Y nosotros queremos responder a los ataques, trabajando (más cada día).

Escribo para pedirte ayuda para defendernos de estos ataques y poder seguir trabajando, llevando tu voz a todas partes, defendiendo la vida, la familia y la libertad, por mucho que intenten impedírnoslo.

Open Society Foundations es un impresionante conglomerado multinacional, con decenas de oficinas y fundaciones repartidas por todo el mundo, cuyo objetivo es influir en los gobiernos para sacar adelante su agenda promoviendo la cultura de la muerte, la ideología de género y el laicismo beligerante. Obviamente eso no lo hacen, habitualmente, abiertamente..., sino a través de programas con una apariencia social y de cara amable.

Están a las órdenes de George Soros el húngaro-americano magnate multimillonario, uno de los líderes más destacados (si no el que más) de la progresía mundial, quien por alguna razón (no quiero juzgarle), combate de una manera radical y feroz los valores que en Hazte Oír, defendemos: la vida, la familia y la libertad.

1. Un reportero de OpenDemocracy, un medio digital perteneciente a las Open Society Foundations (Soros), publicó en el mes de mayo en ese medio una extensa pieza periodística llena de algunas medias verdades y muchas inexactitudes y falsedades con el ánimo de dañar a HazteOir.

Este es el Logo de HazteOir, un baluarte en la defensa de la vida, la familia y la libertad

2. Unas fechas después, el Washington Post se hacía eco de ese reportaje, añadiendo inexactitudes y falsedades al original. En España, medios como El País y otros reproducían este artículo del Post o se hacían eco de él.

3. En el mes de julio, Open Democracy vuelve, mediante la manipulación, a atacarnos de nuevo.

4. Pero lo único cierto y demostrado tras esas maniobras, ataques y artículos, es que HazteOir se ha convertido en una pesadilla para los líderes de la progresía mundial, somos muy activos defendiendo la vida, la familia y la libertad. HazteOir nació para cambiar las cosas, promoviendo la participación ciudadana útil a favor de la dignidad humana y la libertad, no para someterse a ellas.

5. Para seguir adelante, HazteOir pide ayuda económica: «Puedes ayudar con alguna de las cantidades que te sugiero o con cualquier otra que te parezca oportuna».

6. No recibimos ayudas estatales de ningún tipo (ni las pedimos, ni las queremos) ni tenemos detrás de nosotros empresas, corporaciones o grupos de interés de cualquier naturaleza que financien nuestra labor. Nuestros recursos, el dinero del que disponemos para poner en marcha y llevar a cabo nuestras campañas, salen exclusivamente de las donaciones de ciudadanos corrientes comprometidos con la defensa de la vida, la familia y la libertad.

Fuente: Más España y Más Democracia

VALOR DE GIBRALTAR PARA INGLATERRA Y ESPAÑA

Una idea artificialmente extendida desde hace muchos años por los actuales partidos afirma que Gibraltar carece de importancia y que insistir en ella resulta una actitud «reaccionaria» o «franquista». Claro está que si así fuera habría que preguntarse por qué, en cambio, el Peñón tiene tal valor para la potencia colonizadora, tan alejada geográficamente de él. Una colonia por cuya posesión Inglaterra no se contentó con el leonino Tratado de Utrecht, sino que ha vulnerado sus términos con increíble arrogancia hasta hoy mismo, y hace caso omiso de la resolución de la ONU al respecto. Salta a la vista, entonces, que sí tiene un interés de primer orden para Inglaterra.

Territorios cedidos por España como consecuencia del Tratado de Utrecht (1713)

Ese interés es cuádruple. En primer lugar, la posesión de Gibraltar aseguraba las comunicaciones del Imperio Británico, y hoy el control de un punto estratégico de la importancia del estrecho; en segundo lugar, era y es un símbolo del poder imperial inglés y de la humillación de España, con la que históricamente sostuvo largas rivalidades y a la que hoy obliga a soportar la única colonia europea, en invasión de territorio español: tal es un significado de la bandera británica ondeando sobre el Peñón; en tercer lugar, la colonia es un fructífero centro de negocios y tráficos legales e ilegales, que parasitan a España; en cuarto lugar, el Peñón constituye un núcleo de espionaje y  amenaza sobre nuestro país, y de corrupción de políticos, partidos y medios de prensa españoles.

Podría creerse que ese interés es anacrónico, pues ha desaparecido su imperio y teóricamente los dos países son amigos y aliados. Pero se trata de una falsa apreciación. La mentalidad y la práctica internacional inglesas siguen siendo en gran medida imperiales. Así, Londres mantiene colonias, enclaves y bases en otros lugares del mundo, y es el país de Europa Occidental que más gasta en fuerzas armadas casi 70.000 millones de dólares en 2009, más que otros económicamente superiores, como Francia (67.000 millones), Alemania (48.000 millones) o Rusia (61.000 millones), esta con población y extensión mucho mayores, y con muchos más conflictos potenciales. Solo dos países superan el gasto militar inglés, USA y China, e Inglaterra supera proporcionalmente a la segunda, con un 2,5% del PIB frente a un 2%. Estas cifras han variado considerablemente, pero no esencialmente, en estos años (Arabia Saudí, por ejemplo, se ha convertido en uno de los países de mayor presupuesto militar). Pero todavía más importancia tiene el hecho de ser Inglaterra el segundo país dominante en la OTAN, con una relación especial con el primero, es decir, con USA. La OTAN es fundamentalmente una alianza al servicio de las dos potencias anglosajonas.

Es obvio, por tanto, que si Inglaterra concede tanta importancia a Gibraltar, España, cuyo territorio se encuentra invadido, debe concederle mucha más todavía. Pero desde que el PSOE abrió la verja, convirtiendo la colonia en un emporio para el invasor, los gobiernos, tanto de derecha como de izquierda, se han empeñado en una política servil hacia Inglaterra en contra de todos los intereses de España. Una potencia que invade nuestro país no puede ser en ningún caso aliada y amiga, y un gobierno que representase los intereses de España, cosa que no ha ocurrido desde Leopoldo Calvo Sotelo, tendría que mantener una presión permanente, incluido el cierre de la verja, sobre esta agresión permanente que sufrimos, a causa no tanto de Inglaterra sino de los infames gobiernos españoles actuales. Pues el problema de Gibraltar está íntimamente ligado a otros muchos creados por esos mismos gobiernos, en particular las tensiones separatistas, la desvirtuación de la democracia y la entrega ilegal de soberanía a la burocracia de Bruselas. Todo va en el mismo lote. Y es preciso reaccionar, empezando por denunciar una realidad que esos partidos y gobiernos tratan de mantener oculta.

LENIN, O EL TRIUNFO DEL ESPÍRITU

Es llamativo que el centenario de la revolución bolchevique, entre el 7 y el 8 de noviembre según nuestro calendario, haya pasado casi sin pena de gloria, a pesar de que condicionó tan profundamente la historia del siglo XX, y que sus consecuencias duran en muchos aspectos hasta hoy. Se trató de la primera revolución marxista de la historia, y ahora mismo muchos movimientos ideológicos actuales: feminismo, homosexismo, ecologismo, indigenismos en América y otros, los mismos separatismos, tienen raíces más o menos precisas o diluidas en aquella revolución.

Puede decirse que fue la revolución de Lenin en un sentido preciso: para llevarla a cabo tuvo que enfrentarse a unas condiciones materiales «objetivas» absolutamente contrarias, a la dictadura de las condiciones económicas, y enfrentarse incluso a su propio partido bolchevique, a la mayoría de sus dirigentes.

Para empezar, el marxismo, al menos en su esencial carácter revolucionario, estaba siendo abandonado por los «revisionistas» alemanes, que constataban que la predicción de que el capital explotaría y empobrecería más y más al proletariado no se cumplía, sino que era posible explotar las libertades burguesas para mejorar progresivamente. Y el partido marxista alemán, socialdemócrata (nacido como marxista revolucionario), era el único con verdadero poder en los países industrializados, ya que en Francia el marxismo había calado poco, y mucho menos aún en Inglaterra o USA. La referencia de las izquierdas rusas era Alemania.

En segundo lugar, la revolución de febrero (marzo) había ocurrido estando Lenin exiliado: tardó un mes en volver, y un mes en aquellas circunstancias es mucho, cuando los demás partidos habían tomado posiciones de poder y dirección.

En tercer lugar, la idea de Lenin de transformar aquella revolución «burguesa» en «proletaria» no era compartida por casi nadie. La idea general, entre los marxistas, era que, siendo Rusia un país mayoritariamente agrícola y poco industrializado (aunque se industrializaba a buen ritmo), era imposible allí una revolución socialista. Había que apoyar a la burguesía hasta que el país se hubiera industrializado lo suficiente y creado un proletariado masivo. Esa idea la compartían muchos en el propio Partido bolchevique.

En cuarto lugar, prácticamente todo el mundo, partidos y gente común, apoyaban la formación de una Asamblea Constituyente propuesta por el Gobierno Provisional, también La idea de Lenin era precisamente evitar aquella asamblea y sustituir el poder del Gobierno provisional por el poder de los soviets. Pero casualmente esa idea no la tenían los soviets en absoluto, y en ellos los bolcheviques eran muy minoritarios.

La «materia», las «condiciones objetivas», mostraron su peso en las jornadas de julio, cuando el soviet de Petrogrado se negó a tomar el poder, los bolcheviques fueron ilegalizados y Lenin pasó a la clandestinidad. Claro que al mismo tiempo el gobierno provisional fracasó en su «Ofensiva de Kérenski», pero los bolcheviques quedaron desacreditados y acusados de agentes de Alemania (lo que, objetivamente, eran).

Aleksandr Kérenski, izquierda, nuevo ministro de Defensa del Gobierno de coalición social-liberal, arengando a las tropas durante los preparativos de la ofensiva de verano.

El fracaso influyó en un mayor aislamiento de los bolcheviques y de Lenin dentro de ellos. Solo en septiembre se repondría algo cuando los soviets frustrasen el golpe de Estado de Kornílov. Pero, aunque el Gobierno Provisional estaba cada vez más desacreditado, los soviets no se opusieron a Kornílov en pro de un poder socialista, sino de uno burgués.

La consigna «todo el poder a los soviets», no calaba en los propios soviets, y Lenin, consciente de que se opondría a la mayoría material de aquellos consejos, entendía el asunto de otra manera: sería su partido, por medio del Comité Militar Revolucionario, el que tomara realmente el poder mediante un golpe típico, y después lo «ofreciera», por así decir, al II Congreso de los soviets, para que este no tuviera más remedio que «aceptarlo». Y esto fue exactamente lo que sucedió, aunque muchos sovietistas lo rechazaron y el poder real quedó, por supuesto, en manos del partido, con apoyos del ala más extrema de los social revolucionarios. Cuando, en enero, se celebró por fin la Asamblea Constituyente, los bolcheviques volvieron a quedar en minoría, pues el Partido Social Revolucionario casi lo duplicó en votos. Pero Lenin usó el poder para hacer inefectivas sus decisiones.

En fin, partiendo de una situación prácticamente imposible, Lenin consiguió imponer su revolución mediante un golpe de estado. Pero fue una revolución, realmente totalitaria, primera marxista de la historia y que daría lugar a muchas otras. En solo treinta y pocos años un tercio de la humanidad vivía en regímenes inspirados por el de Lenin, e incluso, algo después, un país comunista pequeño y atrasado lograba derrotar a la superpotencia useña, y otro se había instalado en las mismas barbas del Tío Sam. Un impulso expansivo como no se conoce otro en la historia. Nadie habría podido imaginarlo en los meses entre marzo y noviembre del 17.

Lenin demostró una voluntad de hierro, una capacidad de cálculo y una comprensión profunda de algunas realidades. No dudó en volver a Rusia bajo protección del Estado Mayor alemán, que por su propio interés financió también su propaganda destructiva en el ejército ruso. Entendió que se había formado un doble poder, y que la palanca para destruir el proceso de marzo podían ser los soviets. Luchó y amenazó dentro de su propio partido para conseguir suficiente apoyo, aunque vacilante, a sus planes, sin poder evitar que algunos como Kámenev y Zinóviev, le sabotearan abiertamente. Consiguió llevar a sus posiciones a alguien como Trotski, que tuvo una importancia excepcional encabezando el soviet de Petrogrado y organizando técnicamente el golpe. Stalin  y otros también estuvieron de su parte. Diseñar la estrategia, convencer a un número suficiente de los suyos, arrastrar a masas considerables y lograr el éxito en solo siete meses y contra fuerzas contrarias que parecían abrumadoras, puede decirse que fue un triunfo del espíritu sobre la materia, por parte del materialista Lenin. Diríamos que fue espíritu, aunque malo, o malo, aunque espíritu.

Lev Kámenev

Retrato de Grigori Zinóviev

León Trotski en 1917

La consigna con la que llevó inconscientemente a las masas en la dirección querida fue «Paz, Pan y Tierra». La paz se transformó en una guerra civil feroz que pudo acabar con cerca de diez millones de personas entre los combates, el terror y las epidemias causadas por la situación. El pan se transformó en grandes hambrunas y regiones enteras desabastecidas. La tierra fue distribuida, pero solo como prólogo a su total expropiación y «colectivización» socialista. El espíritu juega estas pasadas. Y en la dictadura del proletariado, el proletariado quedó sometido a un poder que le negaba incluso el derecho a la huelga, pues ¿cómo van a hacer los obreros huelga contra su propio poder? Con la consigna de autodeterminación de las nacionalidades pasó algo semejante: ¿Cómo va a rebelarse un pueblo contra un poder que le ha salvado de la tiranía y le garantiza la autodeterminación?  El espíritu enloquecido.

Lenin era también un teórico de altura. Frente a los revisionistas justificó la necesidad de la revolución en general, y también en Rusia pese a su atraso industrial. Coincidía con los revisionistas en que el capitalismo, por entonces, ya no era el de libre competencia, sino un capitalismo financiero-industrial, globalizado e interpenetrado (muchos creen que estas cosas son nuevas). Los revisionistas creían que ello creaba buenas condiciones para pasar pacíficamente al socialismo. Lenin, por el contrario, consideraba que ese gran capital internacional simplemente reducía a pura farsa los parlamentos y los gobiernos, que pasaban a depender directamente de los intereses del capital financiero o imperialista,  de los cárteles y trusts, etc., por lo que las libertades burguesas se convertían en una enorme mentira. Y que en esa farsa los revisionistas representaban el papel de agentes desmoralizadores del proletariado, sobornados gracias a las superganancias obtenidas de las colonias. Pronosticó que, lejos de asegurar la paz, ese nuevo tipo de capitalismo desencadenaría guerras mundiales, y ahí pareció acertar. La guerra imperialista debía ser transformada en guerra civil para acabar de una vez con el capitalismo. Desgraciadamente para él, la realidad material fue muy otra: los obreros, lejos de ser internacionalistas y pacifistas, apoyaron a sus respectivos países en la gran guerra. De todas maneras, Lenin supo aprovecharla en Rusia, contra todos. Fue un triunfo del espíritu. Del mal espíritu.

Fuente: https://gaceta.es/opinion/43388-20171109-1208/

La Iglesia, no la oposición política, cortó la continuidad del franquismo...



Resulta chocante oírle decir que la democracia se la debemos en cierto modo al franquismo. Solo esa tesis hará reír a casi todo el mundo.

R. ¿En cierto modo? No. En todos los modos. Y lo que debiera hacer reír es más bien la presunción de que la democracia viene de la oposición al franquismo. La gente olvida los hechos más evidentes, y voy a explicarle la cuestión, empezando por la causa de que el franquismo no tuviera oposición democrática... Siempre se olvida que el franquismo no tuvo nunca oposición democrática, sino comunista o terrorista. O comunista-terrorista-separatista en el caso tardío de la ETA. Y algo de anarquismo, esporádicamente. Digo oposición significativa, algo más que testimonial.


Pero el PCE hablaba de libertades democráticas y de reconciliación nacional.

R. Ya hablaremos de eso... La idea de la democracia quedó desacreditada con la experiencia republicana, y solo podía volver mediante un cambio social y sobre todo anímico profundo. La 2Re fue un régimen nefasto porque empobreció a España y exacerbó los odios políticos como nunca, y en esas condiciones una democracia es imposible. Además, dio paso al Frente Popular, que ya fue un régimen abiertamente criminal. En adelante, los pocos demócratas que había aceptaron el franquismo. Prosperaron y medraron en él, como casi todo el mundo. Hay que decir que en España no ha existido un pensamiento democrático, y que el pensamiento liberal ha sido muy flojo, de modo que no es que analizaran la situación histórica y sacaran esas conclusiones, sino que adoptaron una actitud correcta de modo por así decir instintivo, amoldándose a la realidad. Es una de las cosas en que he insistido, tanto en el libro sobre la guerra civil y la democracia, como en Los mitos del franquismo. Sin tener en cuenta estos hechos no se podrá entender nada. Y de esa falta de comprensión viene la crisis actual, que no es solo económica sino más aún política, con una democracia en putrefacción.


Admitamos que la república tuvo defectos. ¿Justifica eso una guerra civil?

R. Ese argumento es una gran tontería. La izquierda encontró tantos defectos a la república, y eso que la Constitución era izquierdista, sin consenso, bueno, pues le encontró tales defectos que organizó textualmente una guerra civil en octubre de 1934. El PSOE y los separatistas catalanes se declararon en pie de guerra al perder las elecciones del 33. Querían la guerra civil, en sus propias palabras, porque estaban seguros de ganar. La derecha nunca quiso la guerra. Lo que planeó Mola fue un golpe rápido, además republicano, no monárquico. Pero el golpe fracasó, los alzados quedaron en posición imposible, y el gobierno armó a los sindicatos, comenzando una orgía de sangre, o mejor continuándola aumentada desde las elecciones del Frente Popular. A los alzados no les quedaba otra que mantener la lucha o aceptar el exterminio, con el que le venían amenazando las izquierdas desde las elecciones.  La guerra fue recibida con alegría por la izquierda y los separatistas, porque estaban seguros de vencer: se quedaron con la mitad del ejército de tierra, la gran mayoría de la aviación y la marina, y de las fuerzas de orden público, con las zonas industriales, con las reservas financieras... Tenían todo a su favor. Y Franco, que había sido el general más renuente al alzamiento, decidió continuar la lucha a pesar de estar en inferioridad casi absoluta. Muy pocos militares o políticos habrían sido capaces de tal cosa. La mayoría habrían hecho las maletas y huido al exilio. La guerra civil no vino porque Franco y los suyos la quisieran. Vino porque las izquierdas destrozaron la legalidad, es decir, las posibilidades de convivencia en paz entre grupos políticos distintos.


Sin embargo, usted admite que el régimen no tenía intención de cambiar, de ceder el paso a una democracia.

R.  Es cierto... en parte. Lo que pasó, y casi ningún historiador ha entendido, es que el franquismo quedó vacío de ideología a raíz del Concilio Vaticano II. Siempre insisto en esa evidencia, que no se quiere ver. Como le dije, la oposición al franquismo fue comunista y terrorista, pero siempre fue débil, y el franquismo tuvo desde el principio el designio de institucionalizar un régimen que superase tanto al comunismo como a la democracia liberal. Pero dentro del franquismo había fuerzas muy diversas, incluso opuestas, y prácticamente lo único que las unía era que todas se consideraban católicas. De modo que el régimen se declaró confesionalmente católico, trató de aplicar las directrices sociales de la Iglesia y esta se convirtió en un pilar esencial del régimen... hasta el Vaticano II. Se ha dado la gran paradoja histórica de que el franquismo salvase del exterminio a la Iglesia, la salvase literalmente, físicamente, y que la Iglesia le abandonase, denunciase la confesionalidad y prefiriese, en los años 60, el diálogo con el marxismo. Es que no solo se declaró neutral, sino que sectores importantes eclesiásticos pasaron a apoyar el terrorismo, los separatismos, a partidos comunistas. Incluso alguno de ellos muy radical, maoísta, salió directamente de organismos eclesiásticos.
Así que, al estar privado de respaldo ideológico, el franquismo no podía continuar, no podía institucionalizarse. Ello aparte de que la figura del propio Franco era difícil que se repitiera, y había sido un elemento básico de equilibrio entre las fuerzas políticas del régimen. Por otra paradoja, esa crisis se produjo en la época de mayor éxito exterior del franquismo, en los años 60, cuando España se convirtió en uno de los países de más rápido crecimiento económico del mundo... Realmente, el franquismo salvó a la Iglesia, y en gran medida la Iglesia lo hundió a el. No siempre las autoridades eclesiásticas aciertan, y la realidad es que desde el Vaticano II la Iglesia ha retrocedido en gran parte del mundo, sobre todo en Europa y en la misma España.


Esa tesis puede muy bien invertirse, diciendo que no fue el franquismo, como usted dice, sino la Iglesia, la que abrió paso a la democracia.

R. Tampoco es cierto. La oposición al régimen nunca fue democrática, eso está clarísimo, y que sectores de la Iglesia la apoyaran no dice mucho a favor de ese supuesto democratismo de la Iglesia o de sus autoridades... Lo he estudiado en LA TRANSICIÓN DE CRISTAL, y repetido en LOS MITOS DEL FRANQUISMO. Las condiciones para que una democracia funcionase, no como en la 2Re, las creó el franquismo, no la Iglesia, aunque la Iglesia lo defendiese durante los primeros veinticinco años.

Fuente: http://gaceta.es/pio-moa/iglesia-oposicion-politica-corto-continuidad-franquismo-20022017-1142

DESTRUIR LA HERENCIA CRISTIANA, Pío Moa

Europa, la Unión Europea y España
Dentro de la UE, España debe exigir el cese de la injuria permanente de Gibraltar, contrapesar a las grandes potencias que realmente deciden (Alemania y Francia), apoyándose en gobiernos como los de Polonia y Hungría.

Casi todas las medidas en marcha en la UE (homosexualismo, abortismo, multiculturalismo, etc.) se dirigen de lleno a destruir la herencia cristiana, centrando en el dinero y el sexo los valores que dan contenido a la vida humana.

La cuestión de Europa tiene para nosotros dos partes: una es la relación entre Europa y la UE. Otra, la relación entre España y la UE. En cuanto a lo primero, ya partimos de un equívoco o usurpación, que iguala Europa con la UE. Son conceptos no solo distintos, sino que van camino de hacerse antagónicos. La principal sustancia cultural europea es el cristianismo, y precisamente la UE trabaja sistemáticamente por arruinarla desde la política. Casi todas las medidas en marcha en la UE (homosexualismo, abortismo, multiculturalismo, etc.) se dirigen de lleno a destruir la herencia cristiana, centrando en el dinero y el sexo los valores que dan contenido a la vida humana. Al cristianismo se le oponen argumentos de libertad y democracia, pero seguramente no es casual que la UE se vaya convirtiendo en una oligarquía burocrática que intenta moldear a la gente regulando no ya su conducta, sino hasta sus sentimientos y vida íntima. Intelectuales lúcidos como Vladímir Bukovski, antigua víctima del sistema soviético, vienen denunciando la deriva totalitaria de Bruselas, que ya pronosticó en el siglo XIX el gran teórico liberal Tocqueville, definiéndola como «despotismo democrático». Asimismo se intenta disolver las naciones, otra esencial característica histórica y cultural europea, corroyendo poco a poco su soberanía e imponiendo el inglés como idioma superior y de cultura.

Tal deriva es curiosa, porque la Unión Europea surgió después de la 2GM como un designio cristiano-demócrata, que heredaba la idea del Sacro Imperio: un continente políticamente unificado y cristiano. Pero esa idea va, una vez más, contra toda la historia real europea. No es casual que se haya declarado a Carlomagno padre de Europa y que le hayan dado al papa Bergoglio el premio de dicho nombre. Pero, sin subestimar la importancia histórica de Carlomagno, este representa también una tendencia contraria a lo europeo: la identificación del poder político y el religioso. Claro que desde los primeros proyectos cristiano-demócratas la religión ha cambiado, y ahora predomina una «religión» socialdemócrata. Los que la UE llama «valores europeos» son más bien antieuropeos.

Como un mérito históricamente excepcional, la UE se atribuye haber superado las guerras internas europeas desde 1945, pero no es cierto. Quien ha mantenido la paz en Europa ha sido la tutela militar useña. Y cuando estallaron las guerras internas en la europea Yugoslavia, fue nuevamente USA quien les puso fin. Fuera de Europa, países como Holanda, Francia, Bélgica, Inglaterra y Portugal han sostenido contiendas por Asia y África, a menudo de gran crueldad y que casi siempre perdieron. Y el actual caos y sangrientas guerras civiles en los países árabes deben mucho a la desestabilización propiciada por la UE, que luego quiere lavarse las manos.

En mi opinión, nunca debió haberse superado el nivel de la CEE (Comunidad Económica Europea) y de acuerdos de defensa mutua. La UE es el intento de crear una superpotencia en contra del espíritu y las tradiciones europeas, y que solo puede causar grandes dificultades en su propio seno y contribuir a crear más problemas en el mundo, como por lo demás viene haciendo.

Por lo que respecta a la posición de España con respecto a la UE, no me extenderé mucho. Los políticos y unos intelectuales incultos («Entre los intelectuales los hay que tienen cerebro. Es un hecho», dijo Iván en El maestro y Margarita) dicen que España entró en «Europa» por haberlo hecho en la CEE-UE. Y que a ello debemos nuestra prosperidad y consolidación de la democracia. La realidad es que estando fuera de la CEE-UE (que no de Europa), la economía española creció de modo mucho más sostenido, rápido y sano (con muy poco paro y deuda), que después de entrar; y que desde la entrada ha ido a trompicones, con frecuentes crisis y un desempleo muy alto. Sin contar la última depresión, en la que seguimos sumergidos. En cuanto a la democracia, se olvida un dato clave. Casi todos los países de Europa occidental deben su actual democracia a la intervención bélica y tutela militar de USA. España se la debe a sí misma, a su propia evolución después de superar una república caótica, un proceso revolucionario totalitario, una guerra civil, un intento de reavivar la guerra (jaleado por Europa occidental) y un criminal aislamiento propiciado por esos países que presumen de demócratas. Se nos trata de convencer de que debemos todo a la CEE-UE, y la verdad es que en el intercambio político-moral de la historia salimos con gran superávit. Sin olvidar lo que significa la presencia en nuestro territorio, y en el punto más estratégico de Gibraltar, colonia de un país «amigo». Amigo, más bien, de nuestros corruptos, incultos y sobornados políticos.

España no tenía necesidad alguna de entrar en la CEE-UE, aparte de la sandez acomplejada de nuestros políticos gibraltarizados. Pero una vez dentro, ¿qué hacer? Tres cosas, por lo menos: exigir el cese de la injuria permanente de Gibraltar; contrapesar a las grandes potencias que realmente deciden (Alemania y Francia), apoyándose en gobiernos como los de Polonia, Hungría y cuantos vayan ofreciendo resistencia al «despotismo democrático» en marcha; y dejar claro que la soberanía española no se vende ni se regala, y que las decisiones tomadas de modo oscuro y poco representativo en Bruselas o Estrasburgo solo serán aplicadas en España si no contrarían nuestros intereses.

Fuente: http://gaceta.es/noticias/europa-union-europea-espana-09052016-0026