LA GUERRA DEMANDA EL NACIMIENTO DE UNA NUEVA RUSIA.

Vale la pena reflexionar seriamente sobre cuál es la estructura del statu quo ruso, teniendo en cuenta los procesos más recientes que se están desarrollando en Occidente y en otras partes del mundo, pero también con una perspectiva histórica que abarque tanto nuestro pasado nacional como el de Occidente.

En el marco del proceso de la Operación Militar Especial (OME), es decir, en el enfrentamiento con la civilización occidental, hemos llegado a un punto crucial. Mientras el status quo ruso estaba en guerra con Occidente, se trataba de garantizar una soberanía parcial mediante medios técnicos. Una soberanía un poco mayor que la concedida al resto, pero, aun así, bastante limitada. Limitada por la aceptación de un orden liberal globalista basado en reglas. Violamos sus reglas, señalando con razón que el propio Occidente las viola constantemente. Pero quod licet Jovi non licet bovi. A partir de ese momento, nos embarcamos en serio en la construcción de una arquitectura alternativa de las relaciones internacionales. Pero eso significaba que íbamos a cambiar también nuestro propio status quo. Así lo declaramos, aunque de manera bastante cautelosa: el Estado-civilización, la multipolaridad, los valores tradicionales, el mundo ruso. No es lo que Rusia (en el status quo) es, sino una declaración de lo que quiere ser.

Hasta aquí, todo es lógico. Comenzamos con un conflicto técnico que se convirtió en un conflicto civilizatorio. Luego lo anunciamos. Pero… tal vez nosotros mismos nunca creímos de verdad en lo que anunciamos.

Lo que tenemos:

· una escalada creciente con Occidente, donde Occidente es libre de llevarla como le plazca (borra cualquier línea roja, pero cuando y como le da la gana);

· el horizonte previsto de la ideología rusa (el Estado-civilización);

· Rusia como status quo: lo que es en el presente, incluyendo lo que quiere y lo que no quiere, lo que puede y lo que no puede.

Importante: «querer/poder» no es un equilibrio entre la voluntad subjetiva y las posibilidades objetivas. Se trata de una esfera única, donde la realidad nace del entrelazamiento de la voluntad y la resistencia de la materia. Esta es la fenomenología del poder: el poder a veces produce lo que le falta, crea el ser políticamente. Esto es así siempre y en todas partes. El discurso del poder no es simplemente un reflejo de la realidad, sino también un instrumento para crearla.

El status quo es una fórmula bien definida de la ontología política. Y lo que podemos o queremos depende de su construcción, de su estructura. En el status quo, tenemos un único equilibrio entre deseo y recursos. Pero esto solo es así dentro del status quo. Más allá del status quo, este equilibrio puede cambiar perfectamente: en teoría, en cualquier dirección. Es decir, es posible desear y poder actuar de manera diferente a como lo hacemos ahora.

Para avanzar hacia el futuro, hay que salir de los límites del status quo. Pero el status quo, precisamente, no quiere cambiar. De ahí surgen dos deseos del status quo: ganar la guerra lo antes posible y/o detener la guerra lo antes posible. Ambas decisiones son puramente técnicas y ambas se topan con una fuerte oposición de Occidente. Allí no quieren ni lo uno ni lo otro. Allí no quieren el status quo ruso en absoluto.

Es decir, el status quo ha llegado a un punto crítico. Ya no es posible seguir posponiendo reformas profundas y de calidad. Quedan solo unos meses.

El status quo ha agotado su potencial. Ahora se erige como un muro que bloquea el camino hacia el futuro ruso.

El presidente ha marcado el rumbo hacia ese futuro. Ahora la cuestión se reduce a un punto bastante complejo: ¿cómo llevar a cabo la rotación de las élites? Tenemos las élites del status quo. Necesitamos las élites de la Victoria, de un Estado-civilización. Es evidente que las élites no quieren que las sustituyan. Se resisten. Se aferran al status quo con todas sus fuerzas. Pero el tiempo en el reloj de arena se está agotando.

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

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