Las ansias de dominación estadounidenses no tienen límites. Los dirigentes de Estados Unidos no acaban de darse cuenta de que no pueden seguir imponiendo su voluntad en el golfo Pérsico, pero anuncian que van a imponer su dictado… en el espacio exterior. La Historia demuestra que los imperios mueren cuando desconocen sus propios límites y que, empeñados en ir más allá de lo que les permiten sus fuerzas, fallecen por agotamiento.
Esta afirmación justifica y explica toda la política estadounidense desde el mintuo 1, y si al menos, esas supuestas posesiones de Estados Unidos, —el falso profeta— fuera compartido con el pueblo estadounidense, ¡vaya y venga! Pero siempre ha sido ¡a costa! del pueblo estadounidense para beneficio dw una minoría de satanistas donde su compromiso con el ángel caído pasa de padres a hijos.
Exactamente a una semana de la trascendental visita del presidente Xi Jinping en Washington, el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, anunció el dominio hegemónico de Estados Unidos en el espacio, desde la Tierra hasta la Luna. Estados Unidos extiende su mapa de la guerra y su campo de batalla «moderno»[1].
En medio de su declive[2], Estados Unidos pretende imponer su imperio cósmico lunar, como sentenció el general Dan Caine en la Conferencia del Ciberespacio el pasado 16 de septiembre: «Debemos seguir garantizando que Estados Unidos pueda atacar en cualquier parte del mundo, en el momento y lugar que elijamos, y mantener esa capacidad»[3].
[2] La dislocation, Emmanuel Todd, Gallimard, 2026.
La sideral «doctrina Caine» —que se suma a la terrenal «doctrina Colby» sobre el uso «limitado» de armas nucleares tácticas— versa sobre un «teatro de batalla expandido», lo cual revela que el dominio del corredor Tierra-Luna ipso-facto controla las comunicaciones y los recursos. La confesión estadounidense sobre la militarización del espacio sepulta el Tratado sobre el Espacio Exterior (Outer Space Treaty) de 1967, que reserva(ba) la Luna para fines pacíficos: sin bases militares, sin pruebas de armas de cualquier índole, sin maniobras en la superficie y sin armas de destrucción masiva en órbita.
El portal Red Voltaire otorga la importancia que amerita al expandido teatro de batalla en el espacio, desde la Tierra hasta la Luna: «Estados Unidos revela que ha desplegado armas en el espacio exterior y que se prepara para combatir alrededor de la Luna»[4].
El secretario de la fuerza aérea estadounidense, Troy Meink, jefe de la Fuerza Aérea, reveló el 14 de septiembre que «Estados Unidos tiene armas en órbita en el espacio», y la mayor parte de los expertos comentan que ello «puede conducir a una acción abierta con China y Rusia»[5] —no se diga a una extenuante carrera armamentista. El periodista francés Thierry Meyssan reconoció que Estados Unidos «detenta armas en el espacio», lo cual, según el ex marine Brian Berletic, «obligará a Rusia y a China a ampliar la militarización del espacio para defender sus activos de la amenaza de agresión estadounidense, que ya ha cercado ambos países en la Tierra con guerras y conflictos por encargo».
Según Brian Berletic: «Estados Unidos lidera el mundo en la escalada de conflictos y en poner en peligro la paz y la estabilidad en la Tierra y, ahora, mucho más allá de ella»[6].
¿Intenta Trump 2.0 superar el avance de armas hipersónicas que encabezan Rusia, China, Irán y Norcorea?[7] En mis redes sociales aduje que «si Estados Unidos había perdido en la Tierra y en los mares, Washington lleva una ventaja notable en el ESPACIO»: detenta 12600 satélites activos frente a los 1480 de China y los alrededor de 310 de Rusia[8].
En medio de la vertiginosa dinámica imperante, Rusia acaba de superar a Estados Unidos en los mares con sus nuevos submarinos letales.
Ya con Trump 2.0, Estados Unidos trastocó tierra y mares por los cielos, desde el proyecto mirífico de la «Cúpula de oro», que provocó agitación en Moscú y Pekín[9] —semejante al otro proyecto, también mirífico, de la «Guerra de las Galaxias» (SDI: Strategy Defence Iniciative) de 1982 del republicano Ronald Reagan, a quien Trump 1.0 y 2.0 le fascina emular.
Ocho días antes a la declaración de Thierry Meyssan, en su red social particular Trump 2.0 expropió catastralmente la Luna: «La Luna es nuestra».
El pretendido dominio de Estados Unidos sobre el corredor Tierra-Luna en el espacio, ¿constituirá un nuevo estrecho de Ormuz sideral? ¿Será el espacio la nueva «zona de guerra» o todavía habrá tiempo para que sea la «zona de paz» que preserve la vida de todos los seres vivientes de la creación en la biosfera? Lo peor sería que las superpotencias terrestres lleven sus miserias al espacio, que debe ser propiedad inalienable de todo el género humano, sin excepciones.

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