Mostrando las entradas para la consulta skripal ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta skripal ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

CASO SKRIPAL, ¿LA MENTIRA QUE COLMA LA COPA?

El historiador canadiense Michael Jabara Carley resume aquí los diferentes argumentos que se manejan alrededor del «Caso Skripal» y muestra que las autoridades británicas probablemente ocultan ciertos elementos y que no han vacilado en mentir para acusar a la Federación Rusa. Es por eso que el autor establece un paralelo con un viejo escándalo inglés, extrañamente análogo al «Caso Skripal».

La primera ministra conservadora Theresa May

El 4 de marzo de 2018 fue un bonito día en el sur de Inglaterra, así que el espía ruso del MI6 Serguei Viktorovich Skripal y su hija Yulia decidieron hacer una salida juntos. Se detuvieron en un bar de Salisbury, almorzaron en un restaurante cercano y luego emprendieron un paseo por el parque, donde más tarde serían hallados exánimes sobre un banco. ¿Qué pasó? ¿Sufrieron una intoxicación provocada por algo que comieron en el almuerzo? ¿O estaba Serguei Skripal metido en algún asunto oscuro y fue víctima de desconocidos, con su hija como víctima accidental?

A las 16:15 horas, la policía recibió ese día una llamada avisando que 2 personas necesitaban ayuda urgente. Se envió de inmediato un equipo de socorristas. Serguei Skripal y su hija Yulia fueron transportados de urgencia al hospital mientras la policía local abría una investigación. Desde el primer momento, el caso parecía un intento de asesinato, pero la policía pidió paciencia señalando que pasarían probablemente meses antes de que llegara a determinarse con exactitud lo sucedido y a conocerse la identidad de posibles responsables.

Pero el gobierno conservador decidió que no hacía falta esperar por las conclusiones de la investigación. «Los rusos» habían tratado de asesinar a uno de sus ex-agentes reclutado por el MI6. Serguei Skripal había estado en la cárcel en Rusia por haber transmitido información a los británicos pero fue liberado, al cabo de 4 años de reclusión, en el marco de un intercambio de agentes con Estados Unidos. Ahora, «los rusos», según la hipótesis del gobierno conservador británico, habían procedido a un ajuste de cuentas. Menos de 24 horas después de lo sucedido en Salisbury, el ministro británico de Exteriores, Boris Johnson, sugirió que el gobierno ruso era el principal sospechoso de lo que según él parecía un intento fallido de asesinar a Serguei Skripal.

Caricatura que representa al ministro británico de Exteriores, Boris Johnson, en el papel del policía en busca de un culpable.

El 12 de marzo, el ministro británico de Exteriores convocó al embajador de la Federación Rusa para informarle que se había utilizado contra los Skripal un agente neurotóxico, el A-234. Acto seguido, Johnson preguntó al embajador cómo lo habían hecho [los rusos] o si habían perdido el control de su arsenal de armas químicas. El ministro dio al embajador ruso 24 horas para responder. El hecho es que el gobierno ruso no tiene arsenales de armas químicas o de agentes neurotóxicos ya que los destruyó… bajo control internacional.

Más tarde, el mismo 12 de marzo, la primera ministra británica, Theresa May, declaró en la Cámara de los Comunes que los Skripal ―ya para entonces se decía que estaban en estado de coma― habían sido envenenados con «un agente neurotóxico de tipo militar desarrollado en Rusia» llamado «novichok», término ruso que podría traducirse de varias maneras («principiante», «novicio», «recién llegado», etc.). Theresa May afirmó que se sabía que la Unión Soviética había producido esa arma química, o agente neurotóxico (también conocido como A-234) y que era por lo tanto «altamente probable» que el gobierno ruso fuese culpable del atentado contra los Skripal.

Esto fue lo que dijo la primera ministra ante la Cámara de los Comunes:
«O fue un acto directo del Estado ruso contra nuestro país, o el gobierno ruso ha perdido el control de este agente neurotóxico potencial y catastróficamente dañino, lo que habría permitido que pasara a otras manos».
Esas apresuradas acusaciones británicas recuerdan las acusaciones de 2014, cuando se alegaba una complicidad del gobierno ruso o su participación directa en el derribo del Vuelo 17 de Malaysia Airlines en Ucrania. Cuando sólo habían transcurrido unas pocas horas después del derribo del avión, Estados Unidos y sus vasallos ―incluyendo el propio Reino Unido― acusaron a Rusia de ser responsable del incidente.

El día 17 de julio de 2014 se produce una derrota estrepitosa de las fuerzas de Kiev en el Este de Ucrania. Las milicias de Nueva Rusia toman la iniciativa. El ejército ucraniano huye de las posiciones cerca de Lugansk. Justo al día siguiente, un avión se estrella y la culpa al momento es de las milicias del Este. Es un viejo truco (operación bandera falsa) que ha funcionado muchas veces.

El modus operandi de las potencias occidentales es exactamente el mismo en el caso de los Skripal. Los conservadores británicos exponen conclusiones apresuradas y dan al gobierno ruso un ultimátum de 24 horas para que demuestre su inocencia o admita su culpabilidad. ¿Cómo llegó a Londres el supuesto «novichok»? ¿Autorizó el presidente Putin este ataque? ¿Ha perdido Rusia el control de su arsenal? La primera ministra y su ministro de Exteriores simplemente declaraban culpable a Rusia, sin investigación policial objetiva, sin el debido juicio, sin presunción de inocencia. No se necesitaban pruebas. Fue «la sentencia primero y el veredicto para más tarde», como quería la reina de Alicia en el país de las maravillas.

El 13 de marzo, la embajada rusa informó al ministerio de Exteriores [británico] que la Federación Rusa no tenía absolutamente nada que ver con el incidente de Salisbury. «No responderemos a ningún ultimátum», fue la respuesta que llegó de Moscú. La elocuente portavoz del ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, caracterizó el comportamiento del gobierno británico como un «espectáculo de circo». De hecho, la respuesta que los funcionarios del ministerio británico de Exteriores tuvieron que transmitir a Boris Johnson fue que Rusia no respondería al ultimátum por tratarse de un intento deliberado de la parte británica de provocar una respuesta negativa rusa.

El ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, precisó oficialmente que «en cuanto aparecieron los primeros rumores, alimentados por los dirigentes británicos, sobre el envenenamiento, inmediatamente solicitamos acceso a esta sustancia [tóxica] para que nuestros expertos pudieran analizarla como se estipula en la Convención sobre la Prohibición de Armas Químicas». Luego de que el embajador británico visitara el ministerio ruso de Exteriores para recibir la respuesta formal de Rusia, la diplomacia rusa dio a conocer en Moscú un comunicado:
«El incidente [de Salisbury] parece ser otro intento retorcido de las autoridades del Reino Unido para desacreditar a Rusia. Toda amenaza de tomar medidas «punitivas» contra Rusia recibirá respuesta. La parte británica debe estar consciente de esto».
El gobierno ruso propuso que el supuesto envenenamiento de los Skripal fuese examinado por la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) en La Haya, siguiendo los procedimientos aceptados por el Reino Unido en 1997, cuando se creó la OPAQ.

El 14 de marzo, el gobierno británico expulsó 23 diplomáticos rusos. Días después, la parte rusa expulsó 23 diplomáticos británicos y cerró las oficinas del British Council en Rusia. Al mismo tiempo, los británicos llamaban a sus aliados y a la Unión Europea a mostrar su solidaridad procediendo a la expulsión de diplomáticos rusos. Así lo hicieron 28 países, que en su mayoría se limitaron a sólo una o 2 expulsiones, en un acto puramente formal, para no desairar a los británicos. Otros países ―como Austria, Bulgaria, Grecia y Portugal― se negaron a unirse al coro. Subiendo la parada, Estados Unidos expulsó 60 diplomáticos y cerró el consulado ruso en Seattle. Los rusos le pagaron con la misma moneda, ordenando 60 expulsiones y el cierre del consulado de Estados Unidos en San Petersburgo. Aquello parecía estar en vías de convertirse en una confrontación de envergadura. La jefa del gobierno británico llegó a mencionar la posibilidad de una acción militar.

Intervino entonces el presidente Putin, declarando:
«Supongo que cualquier persona razonable se da cuenta de que todo esto es completamente absurdo y sin sentido. ¿Cómo podría alguien en Rusia darse el lujo de hacer algo así justo antes de la elección presidencial [rusa] y de la Copa Mundial de Fútbol? Es impensable».
En cualquier investigación policial, los investigadores tratan de conocer los medios utilizados, el motivo y la oportunidad. Tomando en cuenta esos elementos, ¿conduciría la pista hacia Moscú?

Este tipo de incidente funciona a veces como un globo, se infla y se infla hasta que acaba desinflándose bruscamente. El «caso» de los británicos comenzó a desmoronarse casi desde el momento mismo en que fue montado. A finales de marzo, el periódico ruso Kommersant reveló una presentación británica en Powerpoint enviada a 80 embajadas en Moscú. En esa presentación se afirmaba, entre otras cosas, que el Defence CBRN Centre había identificado la sustancia supuestamente utilizada contra los Skripal como el Novichok «desarrollado sólo por Rusia».
Logotipo del Kommersant

Un instructor del «Defence CBRN Centre» que opera un detector portátil de agentes químicos

Pero ambas afirmaciones son falsas. El 3 de abril, Porton Down hizo saber públicamente que no había podido determinar el origen de la sustancia que envenenó a los Skripal. También se supo que la fórmula que permitiría producir un llamado novichok aparece en el libro de un químico ruso disidente, Vil Mirzayanov, quien vive actualmente en Estados Unidos. Usted puede comprar ese libro (publicado en 2008), donde aparece la susodicha fórmula, en Amazon.com. De hecho, cualquier gobierno, cualquier químico, incluso cualquier estudiante de química que disponga de medios adecuados puede producir ese agente neurotóxico. El Reino Unido y Estados Unidos están entre quienes han tenido acceso a la fórmula original.

La embajada rusa en Londres señalaba en una de sus publicaciones que «ni Rusia, ni la Unión Soviética han fabricado nunca un agente neurotóxico llamado “novichok”». Ese mismo informe resalta también que:
«Aunque los científicos soviéticos trabajaron en la creación de nuevas armas químicas, la palabra “novichok” fue introducida en Occidente a mediados de los años 1990 para designar una serie de nuevos agentes químicos desarrollados allí [en Occidente] sobre la base de información proporcionada por investigadores rusos expatriados. La obsesión de los británicos por utilizar sistemáticamente el término “novichok” es un intento de vincular artificialmente esa sustancia con Rusia».
El Powerpoint británico no se limita a esos dos «errores». También menciona la «influencia maligna rusa» que incluye, entre otras cosas, la «invasión» de Georgia en 2008, la «desestabilización» de Ucrania y el derribo del vuelo 17 de Malaysia Airlines en 2014, así como haber interferido en la elección presidencial estadounidense de 2016. Todas esas alegaciones son descaradas mentiras fácilmente desmontadas y refutadas. Los hechos citados tampoco tienen relación con el incidente de Salisbury y se mencionan sólo para «ensuciar» a la Federación Rusa. La presentación de Powerpoint de los británicos en realidad es vulgar propaganda, un lavado de cerebro tan grotesco como cualquiera de los que se vieron en tiempos de la guerra fría.

El ministro británico de Exteriores, Boris Johnson, y el responsable de la diplomacia rusa, Serguei Lavrov


Como resaltó el ministro ruso Lavrov, el caso Skripal tendría que haber sido resuelto por la OPAQ, en La Haya. Rusia habría participado así directamente en la investigación y habría tenido acceso al supuesto veneno y a las demás «pruebas» para poder determinar lo que sucedió y quiénes lo hicieron.

Al principio, el gobierno británico se negó a dirigirse a la OPAQ, y cuando finalmente lo hizo se negó a autorizar que el gobierno ruso tuviera acceso a la sustancia que supuestamente afectó a los Skripal. Era una idea «perversa», según dijeron las autoridades británicas. Pero, en realidad no lo es. Ese es precisamente el procedimiento inscrito en los estatutos de la OPAQ, estatutos que el Reino Unido aceptó en su momento pero que ahora no quiere respetar. Cuando el representante de Rusia en la OPAQ propuso al Consejo Ejecutivo una resolución intimándolo a respetar sus propios estatutos, no pudo obtener el voto requerido para su aprobación. O sea, los británicos han tratado de utilizar la OPAQ contra la Federación Rusa.

Pero hasta ahora la maniobra no ha funcionado. El 12 de abril, la OPAQ dio a conocer un informe donde dice haber «confirmado los hallazgos del Reino Unido en cuanto a la identificación de la sustancia tóxica utilizada en Salisbury…» Pero el informe no menciona el origen de la supuesta «sustancia tóxica». La acusación británica queda, por tanto, sin base.

Lo que no entendí cuando leí el comunicado de la OPAQ es cómo podían los Skripal estar vivos aún. La OPAQ nos dice que el agente toxico utilizado contra los Skripal era «altamente puro». ¿Era un agente neurotóxico? Extrañamente, el informe de la OPAQ evita ofrecer una respuesta clara. Si fue un agente neurotóxico «altamente puro», tendría que haber actuado instantáneamente, matando a los Skripal casi de inmediato. Pero los dos siguen vivos en el momento en que escribo este trabajo. Hay algo que carece de sentido. Por supuesto, seguramente existe una explicación simple para este enredado misterio.

Tiene que haber una explicación simple. El ministro Lavrov la ofreció el 14 de abril, durante una reunión en Moscú. La sustancia utilizada contra los Skripal estaba mezclada con otra conocida como BZ, que más que matar lo que hace es incapacitar y actúa más lentamente que un agente neurotóxico de acción instantánea, que sí mata de inmediato. Estados Unidos, Reino Unido y otros países de la OTAN desarrollaron esa toxina y la pusieron en servicio, algo que nunca hizo la Unión Soviética.

También se identificaron restos de A-234 pero, según los expertos, tanta concentración de A-234 tendría que haber sido mortal. «Además», resalta la embajada de Rusia en Londres,
«considerando su alta volatilidad, la detección de esa sustancia en su estado inicial (pura y en alta concentración) resulta extremadamente sospechosa ya que las muestras se habían tomado varias semanas después del envenenamiento».
¿Pueden las autoridades británicas haber manipulado las muestras? El informe oficial de la OPAQ no aporta ningún detalle y sólo menciona un «químico tóxico». Tampoco menciona el hecho que la OPAQ entregó muestras de la sustancia a un renombrado laboratorio suizo, que rápidamente publicó esos sorprendentes resultados. Por consiguiente, los representantes de la OPAQ mintieron cuando afirmaron que los exámenes «confirmaron» la identificación británica del «químico toxico». A menos que… Porton Down tuviese conocimiento de que la sustancia utilizada contra los Skripal era una toxina del tipo BZ y lo informara a la OPAQ, o que el gobierno conservador [británico] haya mentido cuando proclamó públicamente que se trataba de un agente neurotóxico novichok.

El intento británico de manipular la OPAQ pone en tela de juicio la independencia de esa organización ya que su informe público del 12 de abril es engañoso. Dado el hecho que la toxina BZ se produce en Estados Unidos, en Reino Unido y en otros países de la OTAN, se imponen las mismas preguntas que el gobierno conservador de Londres planteó a Moscú:
―¿Cómo obtuvieron los culpables la toxina BZ?
―¿Cómo la llevaron a Salisbury?
―¿Autorizaron el MI5 o el MI6 un atentado bajo bandera falsa contra los Skripal?
―¿O lo autorizó el gabinete británico?
―¿O fue sólo la primera ministra?
―¿O han perdido las autoridades británicas el control de su arsenal?

En todo caso, todo este conjunto de pruebas no lleva a Moscú, sino más bien a Londres.

A primera vista, parece que el gobierno británico está mintiendo sobre el caso Skripal. La sospecha siempre recae en quien actúa de manera ladina, en quien se esconde tras giros retóricos maliciosos y despliega cortinas de humo en materia de retórica y de procedimientos.

Las autoridades británicas dicen ahora que tienen otras pruebas, altamente secretas, que lo explican todo, pero que, desgraciadamente, no pueden ser publicadas. Sin embargo, el gobierno británico parece haberlas «filtrado» a la prensa. The Times ha publicado una historia, sobre un laboratorio secreto ruso de fabricación de agentes neurotóxicos, cuento que se regó como pólvora en todos los medios dominantes. El Daily Mirror sacó un artículo que menciona un manual secreto de entrenamiento de asesinos. Son historias para morirse de risa. ¿Tan desesperado está el gobierno conservador? ¿Es tan crédulo el británico de a pie?

Fragmento de la «Carta de Zinoviev», un caso de «fake new» que data de… 1924


El manual secreto para asesinos me recuerda la «Carta de Zinoviev» de 1924, un documento fabricado por rusos blancos exiliados en Alemania, que supuestamente demostraba que la URSS había interferido en las elecciones británicas y que planeaba una revolución socialista. Eran los primeros tiempos de las «fake news». Las elecciones legislativas estaban previstas para octubre de 1924 y los conservadores usaron aquella carta para quitar credibilidad a los laboristas. El objetivo era explotar el miedo a los rojos y aquello funcionó de maravilla. Los conservadores consiguieron la mayoría para formar gobierno. Las autoridades soviéticas denunciaron que la carta era una falsificación y solicitaron que una tercera parte realizara una investigación independiente en busca de la verdad… como han hecho ahora los rusos. En 1924, los conservadores rechazaron ese recurso, lo cual resulta comprensible, porque tenían mucho que ocultar. Hubo que esperar 75 años para que se reconociera que «la carta de Zinoviev» era falsa.

Los conservadores [británicos] están actuando otra vez como quien tiene algo que ocultar. Ya lo hemos visto antes. ¿Habrá que esperar otra vez 75 años para saber la verdad? ¿Hay entre los policías, jueces y funcionarios, ciudadanos británicos honestos dispuestos a revelar la verdad?

Hay otra evidencia que sugiere que la narrativa británica sobre el incidente de Salisbury es falsa. La Policía Metropolitana de Londres se las ha arreglado para impedir todo contacto de los Skripal con el resto del mundo. Ya restablecida, Yulia Skripal ha sido llevada a un lugar desconocido. Hasta ahora se ha negado a las autoridades consulares rusas todo acceso a dos ciudadanos rusos, en flagrante violación de todos los acuerdos consulares aprobados por el Reino Unido.

¿Queda todavía algún acápite de las leyes internacionales que el gobierno británico siga respetando? Las autoridades británicas también han negado a la familia de Yulia Skripal en Rusia todo acceso a esta ciudadana rusa, negaron la visa británica a Viktoria, la prima de Yulia, que quiso visitarla. ¿Están los agentes británicos presionando a Yulia para que se atenga a la narración de los conservadores? ¿Está siendo Yulia manipulada como una especie de Manchurian Candidate? ¿La habrán incitado a traicionar su país a cambio de algo, de una nueva identidad en Estados Unidos, de una casa, de un BMW y de dinero? ¿Están manipulándola explotando su lealtad hacia su padre? Si nos basamos en la declaración que la Policía Metropolitana de Londres atribuye a Yulia, todo eso parece posible. ¿O será ese mensaje, que suena tan británico y oficial, simplemente una falsificación?

La embajada rusa en Londres sospecha que así es. Lo cierto es que las autoridades británicas están actuando como quien sabe que tiene algo que ocultar. Hasta políticos alemanes han criticado la prisa de los británicos por acusar a Rusia. La etapa actual es de control de daños. Después de analizar todos estos elementos, ¿puede alguien dotado de capacidades razonables de crítica creer algo de lo que los conservadores están diciendo sobre el incidente de Salisbury?

«Son mentirosos y lo saben», escribió el fallecido escritor egipcio y Premio Nobel Naguib Mahfuz. «Y nosotros sabemos que son mentirosos. Pero aún así, siguen mintiendo…» Naguib Mahfuz no estaba escribiendo sobre los británicos, pero sus palabras bien pueden aplicarse a ellos. ¿No corresponden acaso esas líneas con la actitud del actual gobierno de Londres?

Los conservadores tratan obstinadamente de mantener el control de la narrativa. Las consecuencias serían graves si llegara a descubrirse que los conservadores mintieron deliberadamente para obtener ventajas políticas, corriendo incluso el riesgo de desestabilizar Europa y haciendo peligrar hasta la paz mundial y la seguridad, descubrimiento que obligaría el gobierno conservador a dimitir y provocaría nuevas elecciones. Los electores británicos podrían decidir entonces si quieren ser gobernados por políticos conservadores chapuceros y mendaces, capaces de correr el riesgo de provocar una guerra contra la Federación Rusa.

Fuente: http://www.voltairenet.org/article200952.html

Londres vuelve a la carga con el «caso Skripal».


La primer ministro británica, Theresa May, anunció a la Cámara de los Comunes, el 5 de septiembre de 2018, que Scotland Yard ha logrado identificar a los autores del envenenamiento de Serguei Skripal y su hija Yulia, en el que también resultó afectado un sargento de la policía.

Según las autoridades británicas, los culpables son dos rusos (ver foto), identificados como Alexander Petrov y Ruslán Boshirov —nombres y apellidos muy comunes en Rusia—, que llegaron de Moscú al aeropuerto de Gatwick, el 2 de marzo a las 15 horas, y volvieron a Moscú 2 días después, el 4 de marzo.

El Reino Unido emitió una orden de arresto europea pero no ha presentado pedido de extradición a Rusia, cuya Constitución impide la extradición de sus ciudadanos.

El gobierno de la Federación Rusa respondió de inmediato que no conoce a esas personas y solicitó a Londres que le transmita las huellas dactilares de los sospechosos ya que el procedimiento británico de solicitud de visas para los ciudadanos rusos incluye el registro de las huellas dactilares del solicitante.

El gobierno de Theresa May se negó a satisfacer el pedido de Moscú, con lo cual hace imposible la búsqueda en Rusia de los supuestos culpables e impide la verificación de las acusaciones británicas.

A lo largo de los siglos XIX y XX, Londres ha recurrido en numerosas ocasiones a la utilización de pruebas falsas para lanzar todo tipo de acusaciones contra Moscú. Por ejemplo, en 1924, los conservadores denunciaron un falso intento soviético de influir en las elecciones británicas.

Expertos suizos identifican la sustancia utilizada contra los Skripal.


El Instituto Suizo de Protección Contra las Armas Nucleares, Biológicas y Químicas (Schweizerisches Institut fur ABC-Schutz), anunció que la sustancia hallada en Salisbury por los investigadores de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) enviados en el marco del llamado «caso Skripal» es el agente toxico conocido como «BZ».

La apelación «Novichok» no designa una sustancia en particular sino un programa de investigación de la desaparecida Unión Soviética.

El «BZ» es un agente neurotóxico de la OTAN que actúa en 30 o 60 minutos y cuyos efectos duran de 2 a 4 días. La desaparecida Unión Soviética y Rusia nunca trabajaron sobre ese tipo de sustancia.

El Instituto Suizo de Protección Contra las Armas Nucleares, Biológicas y Químicas es una institución de referencia a nivel mundial y procedió al análisis de la sustancia hallada en Salisbury a pedido de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas.

4 DÍAS PARA DECLARAR UNA GUERRA FRÍA

La semana pasada fue extraordinariamente rica en acontecimientos. Pero ningún medio de difusión fue capaz de reportarlos porque todos escondieron deliberadamente ciertos hechos para proteger la narración que su gobierno hacía de ellos. Londres trató de provocar un conflicto de gran envergadura. Pero perdió ante Rusia, Trump y Siria.

Aunque su ejército es el cuarto del mundo, el Reino Unido no puede darse el lujo de desafiar a Rusia sin tener aliados. Londres está por lo tanto obligado a inventar un casus belli y a provocar una reacción de sus aliados para llevarlos a exponerse junto al Reino Unido.

El gobierno británico y algunos de sus aliados, como el secretario de Estado Rex Tillerson, trataron de desatar una guerra fría contra Rusia.

El plan era, por una parte, montar un atentado contra un ex-agente doble en Salisbury y, por otro lado, orquestar un ataque químico contra los «rebeldes moderados» en Guta. Los conspiradores pretendían aprovecharse del esfuerzo de Siria por liberar los alrededores de su capital y la desorganización que la elección presidencial provocaría en Rusia. Como resultado de esas manipulaciones, el Reino Unido empujaría a Estados Unidos a bombardear Damasco, incluyendo el palacio presidencial, y exigiría a la Asamblea General de la ONU que excluyera a Rusia del Consejo de Seguridad.

Pero los servicios de inteligencia de Siria y Rusia recibieron información de lo que se tramaba. Y adquirieron la certeza de que los agentes estadounidenses que estaban preparando, en Guta, un ataque químico contra la propia Guta no dependían del Pentágono sino de otra agencia estadounidense.

En Damasco, el viceministro sirio de Exteriores, Faisal Mekdad, convocó con carácter urgente, el 10 de marzo de 2018, una conferencia de prensa para alertar a sus conciudadanos. Por su parte, Moscú trató primeramente de dirigirse a Washington por vía diplomática. Pero, consciente de que el embajador estadounidense en Rusia, Jon Huntsman Jr., es miembro del consejo de administración de Caterpillar, firma estadounidense que proporcionó a los yijadistas el equipamiento especial para la construcción de los túneles necesarios para sus fortificaciones, optó después por evitar los canales diplomáticos normales.

Veamos cómo fueron encadenándose los acontecimientos:

12 de marzo de 2018
El Ejército Árabe Sirio ocupa en Guta dos laboratorios de armas químicas —el primero, el 12 de marzo, en la localidad de Aftris y el segundo, al día siguiente, en Chifonya. Mientras tanto, la diplomacia rusa trata de que la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) se implique en la investigación criminalística sobre el incidente de Salisbury.

En Londres, ante la Cámara de los Comunes, la primera ministra británica, Theresa May, acusa violentamente a Rusia de haber ordenado el atentado de Salisbury. La señora May afirma que el ex-doble agente Serguei Skripal y su hija Yulia fueron envenenados con una sustancia militar neurotóxica «desarrollada por Rusia» bajo el nombre de «novichok». Dando por sentado que el Kremlin ve a los rusos desertores como blancos legítimos, la señora May declara que es altamente probable que la orden para cometer el crimen haya salido de allí.

El novichok se conoce a través de lo que han revelado dos personalidades soviéticas, Lev Fiodorov y Vil Mirzayanov. En julio de 1992, el sabio Fiodorov publicó en el semanario ruso Top Secret (Совершенно секретно) un artículo donde alertaba contra el uso —por parte de los occidentales— de armas concebidas en la Unión Soviética. Fiodorov estimaba que los occidentales podían sentirse tentados a utilizar esas armas para destruir el medio ambiente en Rusia y convertir ese país en un lugar donde fuese imposible vivir. En octubre de 1992, Lev Fiodorov publicó en Novedades de Moscú (Московские новости) un segundo artículo, teniendo como coautor a Vil Mirzayanov, un responsable del contraespionaje, para denunciar la corrupción de varios generales y revelar que esos altos militares estaban traficando con novichok. Pero Fiodorov y su coautor ignoraban a quién podían estar vendiendo esa sustancia. Mirzayanov fue arrestado por alta traición y posteriormente liberado. Fiodorov falleció en Rusia en agosto de 2017, pero Mirzayanov vive exiliado en Estados Unidos, donde colaboró con el Departamento de Defensa.

El ex-oficial del contraespionaje ruso Vil Mirzayanov desertó yéndose a Estados Unidos. Hoy tiene 83 años y comenta el caso Skripal desde Boston.

El novichok se fabricaba en un laboratorio soviético situado en Nukus, en el actual Uzbekistán. Al desaparecer la Unión Soviética, un equipo especializado estadounidense trabajó en su destrucción. Eso quiere decir que Uzbekistán y Estados Unidos necesariamente tuvieron en su poder muestras del novichok y lo estudiaron. Por consiguiente, son capaces de producirlo.

El ministro británico de Exteriores, Boris Johnson, convoca al embajador de la Federación Rusa en Londres, Alexander Vladimirovich Yakovenko, y le plantea un ultimátum de 36 horas para que Rusia verifique si le falta alguna cantidad de novichok en su arsenal. El embajador ruso le responde que no puede faltar ninguna cantidad de novichok simplemente porque Rusia destruyó todas las armas químicas heredadas de la Unión Soviética, como consta en los documentos de verificación elaborados y aprobados por la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas.

Después de una conversación telefónica con Boris Johnson, el secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, condena él también a Rusia por el atentado de Salisbury.

Mientras tanto, el Consejo de Seguridad de la ONU celebraba un debate sobre la situación en Guta. La representante permanente de Estados Unidos, Nikki Haley, declara entonces: «Hace cerca de un año, luego del ataque con gas sarín perpetrado en Jan Sheijun por el régimen sirio, Estados Unidos advirtió al Consejo [de Seguridad]. Dijimos que ante la inacción sistemática de la comunidad internacional, los Estados se ven a veces obligados a actuar por sí mismos. El Consejo de Seguridad no actuó y Estados Unidos golpeó la base aérea desde donde Assad había lanzado su ataque químico. Hoy reiteramos la misma advertencia.»

Los servicios de inteligencia rusos ponen en circulación varios documentos del estado mayor de Estados Unidos que muestran que el Pentágono está listo para bombardear el palacio presidencial y los ministerios sirios, siguiendo el esquema ya utilizado durante la toma de Bagdad —del 3 al 12 de abril de 2003.

Al comentar la declaración de Nikki Haley, el ministerio de Exteriores de Rusia, que siempre ha calificado la historia de Jan Sheijun de «manipulación occidental», revela que las informaciones falsas que en aquel momento engañaron a la Casa Blanca, llevándola a bombardear la base aérea siria de Sheyrat, provenían de un laboratorio británico que nunca aclaró cómo consiguió las «muestras».

13 de marzo de 2018
El ministerio de Exteriores ruso publica un comunicado condenando una posible intervención militar de Estados Unidos y anunciando que si algún ciudadano ruso resulta afectado en Damasco, Moscú responderá de manera proporcional ya que el presidente de la Federación Rusa es responsable de la seguridad de sus conciudadanos.

Evadiendo la vía diplomática normal, el general Valeri Guerásimov, jefe del estado mayor ruso, se pone en contacto con su homólogo estadounidense, el general Joseph Dunford, para ponerlo al tanto sobre sus temores de que se produzca un ataque químico del tipo false flag (bandera falsa) en Guta. El general Dunford toma el asunto muy en serio y avisa al secretario de Defensa, el general Jim Mattis, quien a su vez transmite la información al presidente Donald Trump. Ante la seguridad de los rusos de que este golpe bajo se prepara a espaldas del Pentágono, la Casa Blanca solicita al director de la CIA, Mike Pompeo, que identifique a los responsables del complot.

No sabemos el resultado de esa investigación interna pero, en todo caso, el presidente Trump adquiere la convicción de que su secretario de Estado, Rex Tillerson, está implicado. Tillerson recibe de inmediato órdenes de interrumpir su viaje oficial a África y regresar a Washington.

Theresa May escribe al secretario general de la ONU acusando a Rusia de haber ordenado el atentado de Salisbury y solicitando una reunión urgente del Consejo de Seguridad. Sin esperar respuesta, la primera ministra británica expulsa a 23 diplomáticos rusos.

A pedido de la presidente de la Comisión del Interior de la Cámara de los Comunes, Yvette Cooper, la secretaria británica del Interior, Amber Rudd, anuncia que el MI5 va a reabrir 14 investigaciones sobre muertes que, según fuentes estadounidenses, pudieran ser resultado de asesinatos ordenados por el Kremlin.

Sede del MI5, en Thames House, Londres


Con ese acto, el gobierno británico adopta las teorías de la profesora Amy Knight. El 22 de enero de 2018, esta sovietóloga estadounidense había publicado un libro muy extraño: Órdenes de matar: el régimen de Putin y el asesinato político. Amy Knight, considerada «la» especialista sobre el desaparecido KGB, trata de demostrar que Vladimir Putin es una especie de asesino en serie responsable de docenas de asesinatos políticos, desde los atentados perpetrados en Moscú en 1999 hasta el bombazo del Maratón de Boston, en 2013, pasando por la ejecución de Alexander Litvinenko en Londres, en 2006, y la de Borís Nemtsov en Moscú, en 2015. Pero confiesa que en realidad no hay ninguna prueba de las acusaciones que publica.

Los liberales europeos se incorporan al coro. El ex-primer ministro belga, Guy Verhofstadt, quien ahora preside el grupo liberal en el Parlamento Europeo, exhorta la Unión Europea a adoptar sanciones contra Rusia. Su homólogo a la cabeza de los liberales británicos, Sir Vince Cable, propone un boicot europeo contra la Copa Mundial de Fútbol. Buckingham Palace anuncia desde ya que la familia real británica anula su viaje a Rusia.

La autoridad británica de regulación de los medios de difusión (Ofcom) anuncia que podría prohibir la televisora Russia Today en represalia por el atentado de Salisbury, aunque ese canal ruso no ha cometido ninguna violación de las leyes británicas.

En Moscú, el ministerio ruso de Exteriores convoca al embajador británico y le informa que en poco tiempo le serán comunicadas las medidas rusas de respuesta a la expulsión de los diplomáticos rusos de Londres.

Por su parte, el presidente Trump anuncia a través de Twitter que Rex Tillerson, con quien todavía no ha entrado en contacto, sale de su administración. Tillerson es reemplazado como secretario de Estado por Mike Pompeo, hasta entonces director de la CIA, quien había confirmado el día anterior la autenticidad de las informaciones que Rusia había hecho llegar al general Dunford. Al llegar Tillerson a Washington, el general John Kelly, jefe del equipo de trabajo de la Casa Blanca, le confirma que ya no es secretario de Estado.

Rex Tillerson, ex-presidente de la transnacional más grande del mundo, ExxonMobil, se creía intocable. Para su gran sorpresa, Donald Trump lo «despidió» de manera fulminante. Tillerson se puso al servicio del mundo anglosajón pero Trump lo considera un traidor a su país.

El ahora ex-secretario de Estado Rex Tillerson proviene de la burguesía texana. Su familia y él mismo han invertido en los scouts (jóvenes exploradores) estadounidenses, asociación que presidió a nivel nacional de 2010 a 2012. Culturalmente cercano a Inglaterra, al convertirse en presidente de la megatransnacional ExxonMobile (de 2006 a 2016), Tillerson no vaciló en emprender una campaña políticamente correcta para que los jóvenes homosexuales fuesen aceptados como scouts… y también para reclutar mercenarios en la Guayana británica. Al parecer, Tillerson es miembro de la Pilgrims Society, el más prestigioso club anglo-estadounidense presidido por la reina Isabel II. En la administración Obama había numerosos miembros de la Pilgrims Society.

Mientras fue secretario de Estado, los excelentes modales de Tillerson fueron una carta de triunfo para Donald Trump, a quien la alta sociedad estadounidense considera una especie de payaso. Tillerson entró en conflicto con el presidente sobre 3 temas importantes, que nos permiten determinar la ideología de los conspiradores:
—Al igual que Londres y que el Estado Profundo estadounidense, Tillerson creía útil demonizar a Rusia para consolidar el poder de los anglosajones dentro del bando occidental;
—al igual que Londres, Tillerson pensaba que para mantener el colonialismo occidental en el Medio Oriente había que favorecer al presidente iraní Hasán Rouhaní en contra del Guía de la Revolución, el ayatolá Jamenei. Por eso respaldaba el acuerdo 5+1;
—al igual que el Estado Profundo estadounidense, Tillerson consideraba que el acercamiento de Corea del Norte a Estados Unidos debía mantenerse en secreto y ser utilizado para justificar un despliegue militar, dirigido en realidad contra China. O sea, Tillerson era favorable a la apertura oficial de conversaciones con Pyongyang, pero se oponía a un encuentro entre los dos jefes de Estado.

14 de marzo de 2018
Washington todavía se encuentra en estado de shock cuando Theresa May interviene nuevamente ante la Cámara de los Comunes para desarrollar su acusación, mientras los diplomáticos británicos en todo el mundo hacen uso de la palabra en numerosas organizaciones intergubernamentales para transmitirles el mensaje de Londres. «Respondiendo» a la primera ministra, el diputado Chris Leslie —miembro de la corriente de Tony Blair— califica a Rusia de Estado renegado y pide que se suspenda el estatus de Rusia como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Theresa May se compromete a analizar la cuestión, aunque subraya que esa decisión sólo puede tomarse en la Asamblea General de la ONU, para evadir el veto ruso en el Consejo.

El Consejo del Atlántico Norte —instancia suprema de la OTAN— se reúne en Bruselas a solicitud del Reino Unido. Los 29 Estados miembros de la OTAN vinculan el uso de armas químicas en Siria con el atentado de Salisbury y consideran a Rusia «probablemente» responsable de ambas cosas.

Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, y la representante permanente del Reino Unido, Sarah MacIntosh, ante el Consejo del Atlántico Norte. Sarah MacIntosh fue directora de Asuntos de Defensa e Inteligencia en el ministerio británico de Exteriores, puesto que ahora ocupa Jonathan Allen, actual encargado de negocios británico en la sede de la ONU.

En Nueva York, el representante permanente de Rusia, Vasily Nebenzya, propone a los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU la adopción de una declaración que exprese la voluntad de todos ellos de aclarar el atentado de Salisbury y que ponga la investigación en manos de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas conforme al más estricto respeto de los procedimientos y normas internacionales. Pero el Reino Unido rechaza la totalidad del texto porque no menciona a Rusia como «probablemente responsable» del incidente.

Durante el subsiguiente debate público del Consejo de Seguridad es el encargado de negocios Jonathan Allen quien representa al Reino Unido. Jonathan Allen es un agente del MI6. Es el creador del servicio británico de propaganda de guerra (RICU, siglas de Research Information and Communications Unit) y ha participado activamente en el apoyo a los yijadistas en Siria. Este personaje declara: «Rusia ya ha interferido en los asuntos de los demás países. Rusia ha violado el derecho internacional en Ucrania. Rusia desprecia la vida de los civiles, como demuestra el ataque contra un avión comercial sobre Ucrania por parte de mercenarios rusos. Rusia protege el uso de armas químicas por parte de Asad (…) El Estado ruso es responsable de este intento de asesinato». El representante permanente de Francia, Francois Delattre —formado en el Departamento de Estado estadounidense gracias a una derogación emitida por el presidente Nicolas Sarkozy—, interviene para recordar que Francia ha lanzado una iniciativa para poner fin a la impunidad de quienes utilicen armas químicas y da a entender que esa iniciativa, dirigida contra Siria, podría volverse contra Rusia.

El embajador de Rusia, Vasily Nebenzya, recuerda que el Consejo de Seguridad fue convocado a pedido de Londres, pero que la sesión es pública porque así lo solicitó Moscú. Observa que el Reino Unido viola el derecho internacional desde el momento en que trae el tema al Consejo de Seguridad mientras que mantiene a la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas al margen de su investigación. Resalta que si Londres ha sido capaz de identificar el novichok es porque tiene la fórmula y que, por ende, los británicos también pueden fabricarlo. Recuerda además que Rusia ha expresado su deseo de colaborar con la Organización para la Prohibición de Armas Químicas en el más estricto respeto de todos los procedimientos internacionales.

15 de marzo de 2018
El Reino Unido publica una declaración común, firmada el día anterior junto a Francia y Alemania, y por Rex Tillerson, quien todavía era secretario de Estado de Estados Unidos. El texto se hace eco de las sospechas británicas, denuncia el uso «de un agente neurotóxico de calidad militar, de un tipo desarrollado por Rusia» y afirma que es «altamente probable que Rusia sea responsable del ataque».

El Washington Post publica una tribuna del ministro británico de Exteriores Boris Johnson mientras que el secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin, adopta nuevas sanciones contra Rusia. Esas sanciones no están vinculadas al asunto de Salisbury sino a las alegaciones de injerencia en la vida pública estadounidense. Sin embargo, el decreto cita el atentado de Salisbury como prueba de las pérfidas intenciones de Rusia.

Gavin Williamson, el joven secretario de Defensa británico, declara que después de la expulsión de sus diplomáticos, Rusia tendrá que «cerrar el pico» (sic). Es la primera vez desde el fin de la 2GM que un dirigente de un Estado miembro permanente del Consejo de Seguridad utiliza ese tipo de vocabulario contra otro Estado miembro de ese Consejo. El ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, comenta: «Es un joven encantador. Seguramente quiere ganarse un lugar en la historia haciendo declaraciones chocantes (…) Quizás le falta educación».

El Reino Unido nunca ha vacilado, a lo largo de su historia, en traicionar su palabra para imponer sus intereses. Así se ganó la clásica apelación de «pérfida Albión», en referencia al nombre en latín de Inglaterra.

Conclusión
En cuatro días, el Reino Unido y sus aliados han sentado las premisas de una nueva división del mundo, de una guerra fría.

Pero Siria no es Iraq y la ONU no es el G8 —grupo del que Rusia se vio excluida luego de la adhesión de Crimea a la Federación Rusa y del respaldo ruso a Siria. Estados Unidos no destruirá Damasco y Rusia no será excluida del Consejo de Seguridad de la ONU.

Luego de retirarse de la Unión Europea y de haberse negado a firmar la declaración que proponía China sobre la ruta de la seda, el Reino Unido creyó realzar su imagen eliminando a un competidor. Con esta sucia maniobra, Londres creyó poder alcanzar una nueva dimensión y convertir el Reino en la «Global Britain» que la señora May anunciaba. Lo que ha logrado es destruir su propia credibilidad.

Fuente: http://www.voltairenet.org/article200235.html

La guerra cognitiva en Occidente.

La censura es vista en Occidente como una forma de gobierno de otra época. La OTAN está enfrascada en una guerra cognitiva[1], no contra ideas y razonamientos sino para alterar la capacidad de la ciudadanía de tener en cuenta la manera de pensar de otras culturas. Ese tipo de guerra llevó inicialmente a prohibir los medios rusos: RT, Sputnik, etc. En este momento, la «guerra cognitiva» de Occidente se traduce en las muy fuertes presiones que se ejercen contra periodistas como el estadounidense Scott Ritter y el alemán Jürgen Elsasser, quienes no ven a los rusos como enemigos, sino que tratan más bien de entenderlos.

Rossiya Segodnia es la entidad pública rusa del sector audiovisual al exterior. Produce simultáneamente seis canales de televisión (el grupo RT), agencias de prensa (Sputnik, RIA-Novosti) y sitios de internet como Voice of Europe. Actualmente, Rossiya Segodnia está «prohibido» administrativamente en todos los países de la Unión Europea y próximamente también estará prohibido en Estados Unidos.

La vulgata de Occidente sobre el conflicto entre los anglosajones y Rusia no tolera la contradicción. Quienes se atreven a mencionar la existencia de otros puntos de vista están siendo objeto de una represión arbitraria.

Todo comenzó, en Francia, durante la campaña electoral que precedió la elección presidencial de 2017. Dos medios rusos, RT y Sputnik, mencionaron en sus reportes los ficheros pirateados del equipo de campaña del candidato Emmanuel Macron y las declaraciones de un diputado sobre la cuenta secreta que supuestamente tenía en una empresa offshore en Bahamas. El candidato Macron presenta entonces a la justicia una denuncia contra X (o sea, sin designar al autor del delito) mientras que ambos medios anuncian su intención de presentar una denuncia por difamación (el ahora presidente de Francia Emmanuel Macron no podrá ser juzgado mientras esté en el cargo).

El asunto quedó ahí hasta que, un mes después, luego de la elección presidencial, el flamante presidente de Francia Emmanuel Macron da en Versalles una conferencia de prensa junto al presidente ruso, Vladimir Putin. Macron califica entonces a los medios rusos de «órganos de influencia [que] en varias ocasiones produjeron información tendenciosa sobre mi persona y mi campaña» y afirma que «Russia Today y Sputnik no se comportaron como órganos de prensa ni como periodistas, sino que se comportaron como órganos de influencia, de propaganda y de propaganda mentirosa, ni más ni menos».

En 2022, las autoridades británicas dan una interpretación del envenenamiento de Serguei y Yulia Skripal. RT propone una interpretación diferente. La autoridad británica de regulación de los medios, la Office of communication (Ofcom), envía a RT una serie de notificaciones y termina condenando ese canal informativo ruso de televisión a pagar una multa de 200.000 libras esterlinas, multa que será confirmada posteriormente por la Alta Corte de Justicia de Londres.

El 10 de marzo de 2021, la directora nacional de la inteligencia de Estados Unidos publica un informe sobre las amenazas extranjeras durante las elecciones de 2020[2] y asegura en ese documento que el presidente ruso Vladimir Putin había impartido instrucciones para que los medios rusos denigraran al candidato Joe Biden y respaldaran así la reelección de Donald Trump. Pero… nada de eso es reprensible y en el documento no se cita a ningún medio.

En 2022, las autoridades de Alemania se inquietan ante la visión de RT sobre «la agresión rusa contra Ucrania». ¿Por qué? Pues porque RT presenta los argumentos del Kremlin sobre la «operación militar especial», que los rusos consideran necesaria debido a la presencia de neonazis en el gobierno de Kiev. ¿Y qué medida toman las autoridades de Alemania? Pues simplemente prohíben RT, y prohibiciones similares son rápidamente emitidas por la mismísima Unión Europea. El 27 de febrero, la presidente de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen (la gárgola), anuncia que los medios rusos RT y Sputnik quedan prohibidos en todos los países de la Unión Europea. Días después, YouTube cierra el acceso de los internautas europeos a los canales del canal ruso de televisión y de la agencia Sputnik. Un mes después, Canadá también prohíbe el acceso a RT y Sputnik.

La censura se acelera en 2024. El 27 de marzo el gobierno checo prohíbe el acceso al sitio web Voice of Europe y adopta sanciones contra el exdiputado ucraniano Viktor Medvedtchuk, quien supuestamente lo financia. Ese mismo día, la policía polaca irrumpe en las oficinas de ese sitio web en Varsovia, donde realiza un registro y se apodera de todo el dinero en efectivo que encuentra. El 17 de mayo de 2024, la Unión Europea prohíbe RIA-Novosti y Voice of Europe, así como los diarios rusos Izvestia y Rossiiskaya Gazeta.

No está de más precisar que RT, Sputnik, RIA-Novosti, Voice of Europe, Izvestia y Rossiiskaya Gazeta, nunca habían tenido problemas con la justicia. Las decisiones de prohibir esos medios son de carácter puramente administrativo. Parece que en la Unión Europea la libertad de expresión no protege a los medios rusos.

En Alemania, la policía federal realizó una veintena de registros realmente espectaculares para reprimir un «crimen» imaginario e incautó grandes cantidades de material. En definitiva, el tribunal administrativo acabó anulando todo el procedimiento.

El 15 de julio de 2024, la policía federal de Alemania realiza registros en los domicilios de Jürgen Elsasser, el redactor-jefe de Compact, Magazin für Souveränität, y de una veintena de sus colaboradores. Los policías buscaban pruebas sobre supuestos preparativos de un golpe de Estado, se llevan grandes cantidades de material… pero no encuentran nada. A pesar de ello, la ministra del Interior, la socialista Nancy Fraser, prohíbe la revista por la vía administrativa.

En Estados Unidos, el FBI registra el domicilio de Scott Ritter. Este ex inspector de las Naciones Unidas, miembro de la Comisión Especial de las Naciones Unidas (UNSCOM), encargado de vigilar la eliminación de «armas de destrucción masiva» en Iraq, se distinguió por sus denuncias de las mentiras de la administración Bush. Actualmente, Scott Ritter persevera con su denuncia de la retórica atlantista sobre el conflicto en Ucrania.

El 7 de agosto de 2024, el FBI registra el domicilio de Scott Ritter, tratando de hallar pruebas de que Ritter recibe «financiamiento ruso». El FBI también se lleva muchas cosas del domicilio de Ritter… pero no encuentra nada. El pecado de Scott Ritter es que, desde la invasión de Iraq, ha venido analizando las mentiras de los gobiernos estadounidenses… lo cual debería ser posible en una democracia.

El 14 de agosto de 2024, el Tribunal Administrativo Federal de Leipzig anula el decreto que prohibía la publicación de Compact, Magazin für Souveränität, en espera de que el gobierno federal —encabezado por el canciller Olaf Scholz— presente pruebas del complot que atribuye a la revista. El Tribunal Administrativo Federal de Leipzig exige además que las autoridades devuelvan el material confiscado a Jürgen Elsasser y a sus colaboradores. En realidad, el único “delito” de Jürgen Elsasser es haber declarado que el gobierno del canciller Scholz ha traicionado al pueblo alemán, y que, por eso, le gustaría verlo derrocado. Se trata de una opinión, ciertamente radical, pero también ciertamente autorizada en una democracia. Además de la revista, Jürgen Elsasser ha creado en internet un canal que cuenta diariamente no menos de 1,2 millones de espectadores en Alemania.

Pero eso no es todo.

El 4 de septiembre pasado, Washington anuncia el inicio de procedimientos penales y la adopción de sanciones como respuesta a intentos de injerencia en las elecciones estadounidenses, injerencias que atribuye a Rusia. El Departamento de Estado impone restricciones a la entrega de visas a los medios del grupo Rossiya Segodnia.

El 13 de septiembre, al ser interrogado por la prensa, el secretario de Estado Antony Blinken habla de «actividades desestabilizadoras» de la televisión RT, convertida, según él, en una «rama» de la inteligencia rusa en el mundo. Casi 2 años antes, los servicios de este secretario de Estado habían publicado un «informe especial» titulado Los medios financiados por el Kremlin: el papel de RT y de Sputnik en el sistema ruso de desinformación y propaganda[2].

El 16 de septiembre, sólo 3 días después de la declaración de Blinken, Meta, el emporio que posee Facebook, Instagram y WhatsApp, anuncia: «Rossiya Segodnia, RT y otras entidades vinculadas quedan fuera de nuestras aplicaciones en el mundo entero debido a sus actividades de injerencia externa».

Por supuesto, uno puede pensar que esos casos no están vinculados entre sí, aunque todos tienen que ver con los mismos medios. Pero creer eso sería una ingenuidad dado el hecho que las autoridades de Estados Unidos y de la Unión Europea han violado sin miramientos el principio de la libertad de expresión, inscrito tanto en la Constitución de los Estados Unidos de América como en los tratados de la Unión Europea. Así que sólo queda por ver cuál es la instancia que coordina esas acciones y con qué objetivo.

En 2016, yo mencioné en este sitio web la creación del Centro de Comunicación Estratégica de la OTAN[3]. Posteriormente, en 2022, mencioné también la creación de la Disinformation Governance Board (Junta de Gobernanza de la Desinformación) por parte de la administración Biden[4]. La primera de esas dos entidades sigue en funciones y está desarrollándose, la segunda fue disuelta, pero su directora está ahora al servicio del Foreign Office británico.

Todo ese dispositivo ahora trata de intervenir principalmente de la manera lo más preventiva posible. Recurriendo a los últimos descubrimientos de las neurociencias, se trata de orientar los cerebros incluso antes de que comiencen a reflexionar, eso es lo que se llama la «guerra cognitiva» (cognitive warfare). Se trata de una invención concebida por los franceses François du Cluzel, Bernard Claverie y Baptiste Prébot[5] en el seno del Mando Aliado de Transformación de la OTAN, bajo el mando de los generales, igualmente franceses, André Lanata y Philippe Lavigne.

Según la perspectiva de la guerra cognitiva, lo conveniente es intervenir [en las mentes] lo más temprano posible, antes de que ciertas ideas se abran paso. Es por eso que, en febrero de 2022, cuando Rusia comienza a aplicar la resolución 2022 del Consejo de Seguridad de la ONU (acto que la propaganda atlantista califica abusivamente de «agresión rusa»), los adversarios de Rusia inicialmente trataron simple y llanamente de prohibir la cultura rusa y acabaron recurriendo a la prohibición de los medios rusos. En definitiva, para ellos lo ideal sería prohibir no los «repetidores» de los puntos de vista de Rusia sino más bien los medios que tratan de entender el pensamiento ruso.

El enemigo ya no es quien transmite los comunicados del Kremlin sino todo aquel que trate de entender la manera de pensar de los rusos. Esa era antes la función de los diplomáticos, tratar de entender cómo piensa el otro. Pero, el 16 de abril de 2022, el presidente francés Emmanuel Macron disolvió el cuerpo diplomático, justo después de haber prohibido los medios rusos en Francia. Más recientemente, hace sólo semanas, la administración de Macron arrestó a Pavel Durov, el fundador de Telegram, culpable de haber concebido un medio de comunicación privado que permite a sus usuarios mantenerse en contacto con los rusos.

Esos esfuerzos se coordinan muy probablemente a través del Centro de Comunicación Estratégica de la OTAN, el único organismo que cuenta simultáneamente con una experiencia de la guerra cognitiva y con el poder de prohibir este o aquel medio, así como de ordenar que se encarcele a esta o aquella persona.

Según nuestras informaciones, el ente que determina los blancos es el Centro Bávaro de Protección de la Constitución (Bayerisches Landesamt für Verfassungsschutz). Esa entidad fue creada en 1950 por el Alto Comisionado de Estados Unidos en la Alemania ocupada, John McCloy, y se componía de antiguos miembros de las SS y de la Gestapo. ¡Y todo sigue igual desde aquella época! Por ejemplo, hace unos meses el Centro Bávaro de Protección de la Constitución etiquetaba un centenar de grupos de oposición, como la asociación Attac y el partido Die Linke, como «extremistas de izquierda» acusándolos de estar vinculados con el terrorismo y aconsejando su ilegalización.

¿Otro ejemplo? Para mi sorpresa he podido comprobar que esa entidad alemana me clasifica como «agente de influencia ruso»… por haber defendido el derecho internacional elaborado en 1899 por el gobierno del zar Nicolás II y por el premio Nobel de la Paz de 1920, el francés Leon Bourgeois[6]. Parece que los sesudos del Centro Bávaro de Protección de la Constitución sólo vieron la referencia al zar Nicolás II, ignorando en cambio la mención al ilustre político francés, quien fue presidente del consejo de ministros (1895-1896), presidente de la Asamblea Nacional de Francia, presidente del senado (de 1920 a 1923) y que además presidió el primer Consejo de la Sociedad de las Naciones, en 1920. Bueno… también es cierto que el nombre de Leon Bourgeois ha sido eliminado de los manuales escolares franceses.

El hecho es que estamos viviendo un momento que nadie supo prever. Para enfrentar con éxito la guerra cognitiva hay que disponer de referencias, de puntos de comparación, es necesario cierto nivel de cultura general.


¿SE ACABÓ EL DERECHO INTERNACIONAL?

La guerra contra el Medio Oriente ampliado debería terminarse con la retirada de las fuerzas estadounidenses en los 6 próximos meses. Pero nada demuestra que la paz volverá a instalarse en cada uno de los países agredidos. Hoy estamos viendo lo que parece ser un intento de acabar con el derecho internacional. ¿Consolidará esto una división del mundo en dos bandos o será el inicio de un conflicto generalizado?

¿Están tratando las potencias occidentales de acabar con las obligaciones implícitas en el Derecho Internacional? Esa es la pregunta que planteó el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, en la Conferencia de Moscú sobre la Seguridad Internacional.

Durante los últimos años, Washington ha promovido el concepto de «unilateralismo». El Derecho Internacional y las Naciones Unidas deberían ceder el paso a la fuerza de Estados Unidos.

Esta concepción de la vida política proviene de la historia misma de Estados Unidos: los colonos que llegaban a América pretendían vivir allí a su antojo y hacer fortuna. Cada comunidad elaboraba sus propias leyes y rechazaba la intervención del gobierno central en sus asuntos locales. El presidente y el Congreso federal se encargan de la Defensa y de las Relaciones Exteriores, pero —al igual que los ciudadanos— no aceptan una autoridad superior a la suya.

El presidente estadounidense Bill Clinton atacó Yugoslavia violando alegremente el Derecho Internacional. George Bush hijo hizo lo mismo contra Iraq y Barack Obama también lo hizo al agredir sucesivamente Libia y Siria. Donald Trump, por su parte, nunca ha escondido su desconfianza hacia las reglas supranacionales.

En alusión a la doctrina Cebrowski-Barnett, Serguei Lavrov declaró:
«Tenemos claramente la impresión de que los estadounidenses tratan de mantener un estado de caos controlado en ese inmenso espacio geopolítico [el Medio Oriente], con la esperanza de utilizarlo para justificar la presencia militar de Estados Unidos en esa región sin límite de tiempo para promover su propia agenda».
El Reino Unido es otro país que se ha tomado libertades en materia de Derecho. El mes pasado, Londres acusó a Moscú, sin presentar la menor prueba, en el «caso Skripal» y trató de reunir una mayoría en el Asamblea General de la ONU para excluir a Rusia del Consejo de Seguridad. Por supuesto, para los anglosajones resultaría mucho más fácil reescribir unilateralmente el Derecho sin tener que tomar en cuenta las opiniones de quienes se atreven a enfrentárseles.

En Moscú no creen que Londres haya sido capaz de emprender esa iniciativa y consideran que sigue siendo Washington quien dirige la orquesta.

La «globalización», o sea la «mundialización de los valores anglosajones», ha creado entre los Estados una sociedad clasista. Pero no hay que confundir este nuevo problema con la existencia del derecho de veto. Es verdad que la ONU, aunque proclama la igualdad entre los Estados —independientemente de su extensión geográfica—, reconoce en el Consejo de Seguridad 5 miembros permanentes con derecho de veto. La existencia de ese directorio, conformado por los principales vencedores de la 2GM, es necesaria para que esos mismos Estados acepten el principio mismo de un Derecho supranacional. Pero cuando ese directorio no logra pronunciarse sobre la manera de aplicar ese Derecho, la Asamblea General puede hacerlo en su lugar… al menos teóricamente ya que los Estados pequeños que se atreven a votar contra una potencia saben que van a ser objeto de represalias.

La «mundialización de los valores anglosajones» deja de lado el honor y valoriza la ganancia, de manera que lo único que determina hoy el peso de las proposiciones de un Estado es su nivel de desarrollo económico. Pero 3 Estados han logrado en los últimos años hacer oír sus voces gracias al contenido de sus proposiciones y no en función de sus economías. Esos 3 Estados son el Irán de Mahmud Ahmadineyad (actualmente bajo detención domiciliaria en su propio país), la Venezuela de Hugo Chávez y la Santa Sede.

La confusión engendrada por los valores anglosajones ha conducido a financiar organizaciones intergubernamentales con dinero privado. Como una cosa lleva a la otra, en la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), por ejemplo, los Estados han ido abandonando poco a poco su poder de proposición… en beneficio de los operadores privados de telecomunicaciones, reunidos en un Comité «de consulta».

La «comunicación», nueva manera de llamar lo que antes se denominaba «propaganda», se impone en el campo de las relaciones internacionales. Desde el secretario de Estado estadounidense agitando ante el Consejo de Seguridad de la ONU una probeta con falso ántrax hasta el ministro británico de Exteriores mintiendo sobre el origen del novichok de Salisbury, la mentira ha sustituido al respeto, dejando espacio a la desconfianza.

En los primeros años de su creación, la ONU trataba de prohibir la «propaganda de guerra» pero hoy en día son precisamente varios miembros permanentes del Consejo de Seguridad quienes se dedican a ese tipo de propaganda.

Lo peor ha sido lo sucedido en 2012, cuando Washington logró imponer a uno de sus peores halcones, Jeffrey Feltman, como número 2 de la ONU. Desde aquel momento, las guerras se organizan en Nueva York, precisamente en la sede de la institución que debería evitarlas.

Rusia se interroga en este momento sobre la posible voluntad de las potencias occidentales de bloquear las Naciones Unidas. En ese caso, podría crear una institución alternativa pero ya no habría un foro donde los dos bloques pudieran sentarse a conversar.

Una sociedad sin Derecho se convierte en un caos donde el hombre vuelve a ser el lobo del hombre. Exactamente de la misma manera, el mundo se convertirá en un campo de batalla si abandona el Derecho Internacional.

Fuente: http://www.voltairenet.org/article200611.html

De cómo Putin y Trump están poniendo fin a la guerra contra Siria.

La prensa occidental sigue apoyando a las élites financieras transnacionales y tratando de desacreditar al presidente estadounidense Donald Trump. Esa actitud obstaculiza la comprensión de los progresos a favor de la paz en Siria. Thierry Meyssan pasa revista a los acuerdos concluidos en los últimos 5 meses y los rápidos avances logrados en el terreno.


Con prudencia y determinación, la Federación Rusa y el presidente estadounidense Donald Trump están poniendo fin a la dominación del mundo por parte de los intereses transnacionales.

Convencido de que el equilibrio entre potencias no depende de las capacidades económicas de estas sino de sus capacidades militares, el presidente ruso Vladimir Putin ha logrado ciertamente restaurar el nivel de vida de sus conciudadanos pero ha tenido que desarrollar el Ejército Rojo antes de comenzar a enriquecerlos. El 1º de marzo de 2018, Putin revelaba al mundo las principales armas del nuevo arsenal ruso e iniciaba su programa de desarrollo económico.

En los días subsiguientes, la guerra en Siria se concentró en la Guta Oriental, o sea la parte este del cinturón verde de la capital siria. El general Valeri Guerásimov, jefe del estado mayor ruso, se comunicó telefónicamente con su homólogo estadounidense, el general Joseph Dunford, y le anunció que en caso de interferencia militar de Estados Unidos, los 53 navíos estadounidenses desplegados en el Mediterráneo y en el Golfo Pérsico, incluyendo 3 portaviones nucleares, serían blanco de la respuesta rusa. Lo más importante es que el jefe del estado mayor ruso invitó encarecidamente al jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos a que informara al presidente Trump sobre las nuevas capacidades militares de la Federación Rusa.

En definitiva, Estados Unidos se abstuvo de interferir en la limpieza de la Guta Oriental, lo cual permitió que el Ejército Árabe Sirio y algunas unidades rusas de infantería completaran la liberación de los alrededores de la capital siria expulsando de allí a los yijadistas que ocupaban varias localidades.

Sólo el Reino Unido trató de anticiparse a los acontecimientos, organizando el llamado «caso Skripal». Según la «lógica» de Londres, si se derrumba el orden mundial imperante hay que reinstaurar la retórica de la guerra fría, estimulando el enfrentamiento entre los «buenos» (los cowboys) y los «malos» (el oso ruso).

En junio, cuando el Ejército Árabe Sirio, con apoyo aéreo ruso, comenzó su avance en el sur de Siria, la embajada de Estados Unidos en Jordania anunció a los yijadistas que, en lo adelante, tendrían que pelear solos, sin ayuda ni apoyo del Pentágono y la CIA.

El 16 de julio, en Helsinki, los presidentes Putin y Trump fueron aún más lejos. Abordaron el tema de la reconstrucción, o sea de los daños de la guerra. Como ya hemos explicado repetidamente desde la Red Voltaire, Donald Trump es contrario a la ideología puritana, al capitalismo financiero y al imperialismo resultante de los dos anteriores. Trump estima que su país no tiene porqué cargar con las consecuencias de los crímenes cometidos por los anteriores inquilinos de la Casa Blanca, crímenes de los que también fue víctima el pueblo estadounidense. Trump sostiene que esos crímenes fueron perpetrados por instigación —y en beneficio— de las élites financieras transnacionales y que son por consiguiente esas élites quienes tienen que pagar por ellos, aunque nadie sepa aún cómo forzarlas a ello.

El presidente ruso y su homólogo estadounidense también decidieron facilitar el regreso de los refugiados sirios. Al aprobar el regreso de los refugiados sirios, Donald Trump invirtió la lógica de su predecesor, quien afirmaba que los refugiados huían de «la represión y la dictadura», cuando en realidad huían de la invasión yijadista.

En el sur de Siria, los yijadistas ahora huían de las fuerzas sirias y rusas, pero —ya completamente desesperados— algunos remanentes del Emirato Islámico (Daesh) perpetraban atrocidades inimaginables en esa región en momentos en que el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, y el general Guerásimov, iniciaban una serie de visitas en Europa y el Medio Oriente.

En los predios de la Unión Europea, ambos responsables rusos eran recibidos con la mayor discreción posible ya que, según la retórica occidental, el general Guerásimov es una especie de conquistador que invadió y anexó Crimea… y la Unión Europea, defensora autoproclamada del «estado de derecho», prohibió en su momento que este militar ruso pisara suelo europeo. Ahora, como no había tiempo para retirar su nombre de la lista de responsables rusos sancionados, la Unión Europea no tuvo más remedio que tragarse sus sanciones mientras este héroe de la reunificación entre Crimea y Rusia se hallaba en suelo europeo. La vergüenza de los dirigentes europeos ante su propia hipocresía explica la ausencia total de imágenes oficiales de los encuentros entre los dos altos responsables rusos y los dirigentes que los recibieron en varias capitales europeas.

Guerásimov junto al «santo» de todas las Rusias

El ministro de Exteriores y el jefe del estado mayor ruso resumieron a cada uno de sus interlocutores algunas de las decisiones adoptadas en la cumbre de Helsinki. Muy sabiamente, se abstuvieron de pedir cuentas sobre el papel de cada Estado en la guerra contra Siria y prefirieron exhortar a sus interlocutores a ayudar a poner fin al conflicto retirando sus fuerzas especiales, cesando la guerra secreta, cancelando toda ayuda a los yijadistas, contribuyendo al regreso de los refugiados y reabriendo sus embajadas en la capital siria. Los dos responsables rusos subrayaron además que todos podrían participar en la reconstrucción.

Inmediatamente después de la partida de la delegación rusa, la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron interrogaron ingenuamente al Pentágono para saber si era cierto que el presidente Donald Trump tenía intenciones de forzar ciertas transnacionales —el fondo de inversiones KKR, Lafarge, etc.— a pagar, pero el único objetivo de esa averiguación era sembrar el caos del otro lado del Atlántico. En el caso del presidente francés Macron, ex-cuadro bancario, se trata de una actitud particularmente deplorable en la medida en que antes había pretendido dar una muestra de buena fe con el envío de 44 toneladas de ayuda humanitaria a la población siria, ayuda distribuida por el ejército ruso.

En el Medio Oriente se dio mejor cobertura mediática al viaje de la delegación rusa. El ministro Lavrov y el general Guerásimov anunciaron allí la creación de 5 comisiones encargadas de facilitar el regreso de los refugiados sirios desde Egipto, Líbano, Turquía, Iraq y Jordania, donde cada una de esas comisiones incluye representantes del país donde se hallan los refugiados así como delegados rusos y sirios. Nadie quiso plantear la pregunta incómoda: ¿Por qué la Unión Europea no participa en esas comisiones?

En cuanto a la reapertura de las embajadas en Siria, los Emiratos Árabes Unidos se adelantaron a los occidentales y a sus aliados regionales negociando de inmediato la reapertura de su misión diplomática en Damasco.

Quedaba pendiente la preocupación de los israelíes por obtener la retirada de los consejeros militares iraníes y de las milicias proiraníes que llegaron a Siria para luchar contra la agresión exterior. El primer ministro israelí Benyamin Netanyahu viajó varias veces a Moscú y Sochi para tratar de alcanzar ese objetivo. El general Guerásimov incluso llegó a utilizar la ironía al referirse a la pretensión de los vencidos israelíes de exigir la retirada de los vencedores iraníes. Por su parte, el diplomático Serguei Lavrov se atrincheró en el principio ruso que consiste en no inmiscuirse en las cuestiones vinculadas a la soberanía de Siria.

Rusia resolvió el problema de otra manera. La policía militar rusa reinstaló a los cascos azules de la ONU a lo largo de la línea de demarcación que separa a la República Árabe Siria del Golán ocupado por Israel, en las posiciones de donde los soldados de las Naciones Unidas habían sido expulsados por los yijadistas de al-Qaeda, cuando esos terroristas contaban con el apoyo de las fuerzas armadas de Israel. La policía militar rusa instaló además, del lado sirio, 8 puestos militares de observación. De esa manera, Moscú logra garantizar —a Siria y a la ONU— que los yijadistas no volverán a esa zona y al mismo tiempo garantiza a Israel que Irán no atacará desde Siria.

Israel, que antes apostaba por la derrota de la República Árabe Siria y calificaba al presidente Asad de «carnicero», acaba de reconocer súbitamente, por boca de su ministro de Defensa Avigdor Liberman, que Siria sale vencedora del conflicto y que el presidente Asad es su líder legítimo. Como muestra de buena voluntad, Liberman incluso ordenó un bombardeo contra un grupo del Emirato Islámico (Daesh) al que hasta ahora Israel había respaldado de múltiples maneras.

Poco a poco, la Federación Rusa y la Casa Blanca —no Estados Unidos— están poniendo orden en las relaciones internacionales y convenciendo a diversos protagonistas de que se retiren de la guerra, exhortándolos incluso a que se propongan como participantes en la reconstrucción.

Por su parte, el Ejército Árabe Sirio prosigue su campaña de liberación del territorio nacional.

Queda pendiente, por parte del presidente Trump, implementar la retirada de los militares estadounidenses presentes en el sur de Siria —en la región de Al-Tanf— y en el norte del país —concretamente al este del Éufrates— mientras que el presidente turco Erdoğan tendrá que acabar abandonando a su suerte a los yijadistas refugiados en el noroeste en la región de Idlib.