- La monarquía estaba en 1923 en las últimas, debido al carácter tan mediocre como intrigante de los políticos monárquicos y a la escasa consistencia de Alfonso XIII. La salvó in extremis la dictadura de Primo de Rivera, cuyos seis años largos de gobierno fueron los más productivos para España y para la propia monarquía desde principios del siglo.
- La mediocridad e intrigas de los monárquicos lograron expulsar a Primo de Rivera y traer la 2Re mediante una especie de autogolpe. A aquellos monárquicos no les importaban los beneficios para España de la suave dictadura de Primo. Deseaban volver a los chanchullos tradicionales y estaban asustados por las acusaciones de la izquierda y los separatistas al «rey perjuro». Perjuro por haber tenido que aceptar una dictadura formalmente contraria a la Constitución monárquica. ¡Lo más grotesco del caso era que quienes acusaban al rey de perjurio siempre habían rechazado y combativo, incluso violentamente, aquella Constitución!
- La monarquía, por lo tanto, se suicidó literalmente y abrió paso a la república. Los jefes monárquicos, con alguna excepción, tienen responsabilidad directa en el cambio de régimen. Esta duró solo cinco años, pero vale la pena comparar el orden productivo y con alto índice de libertad política de la «dictadura» de Primo con el quinquenio violento y estúpido de la república, derivado finalmente al Frente Popular y destrozada por este. ¡Ahora, la mayoría de los historiadores y políticos, incluso monárquicos, critican o condenan muy serios a Primo de Rivera y muestran un curioso respeto por Azaña y otros prohombres de la república!
- Suicidada la monarquía, no había necesidad de que volviera. Si Franco se propuso traerla de nuevo, tras un período largo en que cicatrizasen las heridas dejadas por la guerra, fue por considerarla un factor de moderación política y símbolo de continuidad histórica. ¡Sin embargo, fueron de nuevo los monárquicos los que conspiraron contra el proyecto!
- Durante la 2GM, los monárquicos (no todos pero sí los más próximos al pretendiente Don Juan) se acercaron primero a Alemania cuando esta iba ganando, y a continuación a los anglosajones, intrigando peligrosamente contra Franco para retornar a una monarquía tutelada por el Imperio anglouseño. Sobre el servilismo abyecto del proyecto ha dado el mismo Ansón algunos datos bien relevantes en su biografía de Don Juan. Obviamente, ese no era el proyecto de Franco, y la monarquía solo pudo llegar, entonces, previa ruptura de la continuidad dinástica en Juan Carlos. En otras palabras, se debió totalmente a la voluntad de Franco, sin la cual no habría podido establecerse.
- La monarquía actual, como la democracia, proceden y no pueden proceder más que del franquismo, la oposición al cual siempre fue antidemocrática. Pero, debido a la nulidad intelectual y pobreza moral —sin duda con excepciones— del personal monárquico, pronto Juan Carlos trató por todos los medios de acercarse a los enemigos tradicionales de la monarquía (PSOE y separatistas) tratando de hacer olvidar sus propios orígenes. Esta era una «estrategia» que venía de lejos, ya recomendada por Gil-Robles después de la 2GM: tratar de congraciarse con la izquierda, pues la derecha, «por la cuenta que le traía», tragaría con todo. Algo así había pasado en 1930, cuando los monárquicos renegaron de Primo de Rivera, pero la lección no fue aprendida.
- El «congraciamiento» con sus enemigos naturales llevó a que estos hicieran firmar a Juan Carlos, y luego a su hijo, unas leyes de deslegitimación del franquismo que a su vez deslegitiman la monarquía. Por asombroso que suene, hoy la monarquía está deslegitimada de derecho. No lo está de hecho porque para ello sus enemigos precisan de una fuerza de la que por el momento carecen. Aunque cada vez se sienten más fuertes. El PSOE acabó con la república cuando se sintió lo bastante fuerte para ello, y de nuevo vuelve a sentirse peligrosamente fuerte, junto a sus aliados separatistas de siempre para acaba ahora con la monarquía. ¡Y la unidad de España y la democracia vuelven a estar en serio peligro!
- Los artículos «antifranquistas» del ABC, órgano por excelencia de la monarquía, se entienden fácilmente si se tiene en cuenta este lamentable historial, que pareció corregirse con la decisión de Franco, pero que no ha sido así. Bien es verdad que la monarquía se ha visto desasistida de quienes deberían ser sus valedores intelectuales y políticos, sobre todo después de la condena de Aznar al franquismo.
MONÁRQUICOS
LA REPRESIÓN DE LA POSGUERRA
ALTERNATIVAS EN LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA
¿CRÍMENES DEL FRANQUISMO?
Un sinvergüenza del negocio de la «memoria histórica» ha escrito en Le Figaro, en réplica a mi entrevista, un artículo sobre los que llama «crímenes del franquismo». Así que para aclarar la cuestión vamos a empezar por los crímenes de la izquierda española.
Antes de un mes de comenzada la república en abril de 1931, las izquierdas se dedicaron a quemar iglesias, bibliotecas y centros de enseñanza católicos, más de un centenar, creando ya un clima de terror que envenenaría el nuevo régimen. Comunistas y anarquistas llamaron desde el principio a destruir la república «burguesa», y enseguida se produjeron insurrecciones anarquistas. Azaña, según explica en sus diarios, ordenó ejecutar sobre la marcha a los anarquistas a quienes se encontrasen con armas en una revuelta en Cataluña, y algo después la republicana guardia de asalto asesinó, prácticamente quemó vivos, a un grupo de campesinos anarquistas en Casas Viejas. En Cataluña, y bajo la protección de la Generalidad, los anarquistas aprovecharon para asesinar a 22 obreros no adictos y dejar a otros sin trabajo, lo que significaba hambre para sus familias. En los dos años iniciales de la república se registraron unos 400 asesinatos y homicidios, prácticamente todos de origen izquierdista a veces entre las propias izquierdas.
Cuando, ante aquel panorama, al que se sumaban el hambre y el desempleo crecientes, las derechas ganaron las elecciones por amplia mayoría, en noviembre de 1933, las violencias, atentados y crímenes izquierdistas aumentaron, incluyendo un intento de huelga general del campo en la época de la cosecha, obra de los socialistas, que habría creado una gran hambruna. Y culminaron en la insurrección socialista-separatista de octubre del 34, planteada abiertamente como guerra civil y apoyada por toda la izquierda, en la que fueron asesinados numerosos clérigos y «fascistas» (fascista podía ser cualquiera que repudiase aquellas acciones). En total hubo muertos en la mitad de las provincias, hasta un total de unos 1400. La insurrección se acompañó, como era ya costumbre, de incendios de bibliotecas, como la de la universidad de Oviedo, y de edificios de gran valor artístico-histórico.
La derrota de la insurrección calmó momentáneamente los ánimos, y en 1935 no habría más de 43 muertos, como siempre casi todos de origen izquierdista. Luego vinieron las elecciones falsificadas por el Frente Popular (alianza de hecho de partidos sovietizantes o afectos, y de separatistas), a continuación de las cuales el terror se extendió causando en solo cinco meses más de 300 muertos, algunos en reyertas entre socialistas y anarquistas. Todo ello acompañado de cientos de incendios de iglesias, algunas de gran valor artístico, registros de la propiedad, de sedes de partidos y prensa derechista. La oleada de terror culminó con el asesinato del entonces jefe de la oposición, Calvo Sotelo, que ya colmó el vaso de la paciencia de muchas personas. Luego vino la guerra, o más propiamente, se reanudó después de que el PSOE la declarase en 1934.
Estos atentados y crímenes, aquí muy resumidos, se produjeron durante la república y los primeros meses del Frente Popular, y tuvieron por objetivo derrumbar la legalidad republicana, llamada «burguesa» por las izquierdas. Y apenas recomenzada la guerra, ya el terror rojo subió al delirio, incluido el terror entre las propias izquierdas, así como surgió el terror de réplica de una derecha que había soportado durante cinco años las violencias, crímenes y demagogias que estaban hundiendo al país, amenazando su integridad nacional y tratando de sovietizarlo.
¿Acaso no conoce estos hechos el fulano de la memoria histórica? Por supuesto, los conoce de sobra. Pero aquí casi siempre se produce un equívoco en la discusión, porque se da por supuesto que, al invocar constantemente fechorías reales o supuestas del franquismo, esta gente se indigna ante cualquier crimen, también de la izquierda. Pero no es así. En realidad dan por buenos todos esos asesinatos y atentados. Y hasta, cuando se sinceran, piensan que fueron insuficientes, que el terror fue insuficiente, y de ahí la derrota.
VARELA ORTEGA, FRANCO Y CHURCHILL (Luis Pío Moa Rodríguez)
Por encima de cualquier matiz, detalle o revés secundario, basta mencionar estos éxitos indudables, alcanzados en las más desfavorables y a menudo peligrosas circunstancias, para concluir que la talla de Franco como estadista y militar descuella ampliamente sobre cualquier otro español en varios siglos.
Sin embargo la pintura que de él traza Varela Ortega y los anglómanos en general, coincidentes en esto (y en otras cosas) con los lisenkianos, es la de un personaje intelectualmente irrisorio, de «carencias culturales estridentes», «cursilería provinciana», «equipaje cultural rancio y raquítico», que «no hablaba idiomas (inglés, claro) ni apenas había viajado fuera de España», aficionado para más inri a «pintorescas incursiones literarias». Se destaca asimismo su mediocre estatura, su voz «atiplada» y cierta pronunciación que «delataba, ante cualquier gallego culto, sus orígenes aldeanos no superados». Varela, como Preston y los anglómanos en general, le conceden inteligencia, pero muy limitada, poco más que una astucia aldeana o «gallega».
En otro párrafo, Varela cita al más ecuánime Paul Johnson, que tiene a Franco por «una de las figuras políticas más exitosas del siglo», pero le añade la coletilla: «exitosa en la medida de sus intereses, que eran mandar sin restricciones y durar sin limitaciones». Al parecer, lo único que ocurrió en los cuarenta años de franquismo fue el mando omnímodo del «dictador», que mantuvo su poder gracias a su «astucia aldeana». En fin, no es difícil percibir que en la figura mediocre, gris y aldeana como ven a Franco estos historiadores hay más una proyección inconsciente de sí mismos que un verdadero retrato político del propio Franco.
Entre tanto, vale la pena comparar a Franco con Churchill venerado con absoluta falta de sentido crítico por la literatura anglómana, Moradiellos en particular. De que era más viajado y más culto y un poco más alto que Franco, no cabe duda; también de que estaba muy alcoholizado, etc. Pero estos aspectos son irrelevantes en cuanto a su significación histórica y política. Ciertamente la influencia mundial de Churchill fue también muy superior a la de Franco, porque Inglaterra era hasta 1939 la primera potencia mundial con un imperio gigantesco, mientras que Franco partía de una España inferiorizada por más de un siglo de profunda decadencia muy agravada por el Frente Popular. Nunca tuvo Churchill, como Franco, que afrontar una guerra partiendo de una situación de inferioridad material desastrosa, debiendo además improvisar al mismo tiempo un nuevo estado y un nuevo ejército. Pero Churchill sufrió en su carrera graves derrotas militares y políticas, y aunque vencedor en la 2GM, dejó a su país prácticamente en quiebra, endeudado hasta las orejas y con racionamiento. Siendo él mismo un producto típico del imperialismo inglés, tuvo que presenciar el comienzo de la disolución del imperio, la sumisión de su país a la tutela useña, a menudo humillante, muy condicionado también por el poderío soviético; y además fue expulsado del poder en las elecciones hacia el final de la contienda. Si los medimos por el modo de conducir la guerra, resultó sin duda bastante más cruel que el español.
Si comparamos a las dos figuras por sus logros políticos y económicos, no parece difícil concluir que, salvando la diferencia de escala de uno y otro en cuanto a proyección mundial, Franco no solo tuvo que afrontar mayores y más difíciles retos, sino que también tuvo un éxito mucho mayor en todas sus empresas políticas y militares. Claro que para los anglómanos, todos los fallos, incluso crímenes, de Churchill, quedan disculpados porque era demócrata y Franco no. Por eso es necesario un comentario al respecto.
EN LA GUERRA CIVIL SÍ HUBO BUENOS Y MALOS
VOX ha presentado una propuesta en Castilla-León contra la Ley de Memoria Histórica diciendo que no hay que mantener una historia de buenos y malos.
Creo que ha cometido un grave error. Si va en plan neutral de «ni buenos ni malos» cae enseguida en la trampa. La cuestión no debe plantearse en esos términos sentimentales y seudomoralistas, sino como una ley totalitaria, inadmisible en democracia, que dice a los españoles lo que deben pensar sobre su historia. Obviamente quienes defienden esa ley no son demócratas, y ese es el segundo punto a denunciar. Si no quieren ir más allá, pueden señalar que hay mucha gente que tiene una visión de la guerra civil muy diferente de la que señala dicha ley y sus antidemócratas defensores. Y que harían bien en leer a un tal Pío Moa, en vez de evitar citarme porque la izquierda y los separatistas quieren declarar mi muerte civil y la derecha les obedece. Por lo demás, sí fue una historia de buenos y malos. Muy malos, precisamente.
Pero reconocerá la dificultad de cambiar de pronto una visión que se ha impuesto, que la han impuesto todos los partidos.
Precisamente porque es difícil, el esfuerzo debe ser mayor. No tiene VOX por qué decir ahora mismo que los malos y principales asesinos fueron los perdedores, pero debe ir preparando la idea. Y el primer paso es señalar que se trata de una ley antidemocrática hecha por enemigos de la democracia.
Pero saldrán con lo de las cunetas y los represaliados por pensar de otra forma.
Hay que decir dos cosas: que el Frente Popular asesinó y torturó a mansalva, incluso entre ellos mismos, y que lo de las cunetas exagera enormemente el asunto. Incluso decir que se ha convertido en un negocio sucio. Precisamente mi libro sobre el Frente Popular debería ser promocionado masivamente por VOX y por cualquier persona preocupada por las derivas actuales. Hay que combatir la ignorancia y la falsificación de la historia por todos los medios, pues de ello depende el rumbo que sigan las políticas actuales. En cuanto a que pensaban de otra forma es cierto: pensaban y actuaban para disgregar España e implantar regímenes totalitarios. Es lógico que los antidemócratas autores de la ley se identifiquen con ellos.
He leído algunas reseñas de su novela Sonaron gritos y golpes a la puerta, y coinciden en que no es un relato de buenos y malos.
Una novela trata de destinos personales. Indudablemente hubo personas buenas, malas y regulares en los dos campos, y una novela debe tenerlo en cuenta para no convertirse en un panfletillo de propaganda. Pero la historia tiene otro carácter, es un hecho colectivo en el que se dilucidan objetivos políticos e ideológicos generales. El Frente Popular se componía, como ahora mismo, de separatistas y totalitarios, más algunos liberales que les servían de disfraz. Por consiguiente, un bando libró la guerra para disgregar España e imponer uno o varios estados totalitarios, erradicar la cultura cristiana, la propiedad privada y la familia tradicional. Y el bando contrario luchó para impedir tales cosas. Claro está, para quienes prefieren una España disgregada y totalitaria, los buenos solo pueden ser los del Frente Popular, pero como no lo pueden decir abiertamente, aseguran que ellos era simplemente demócratas. Cómo puede tener algún crédito una patraña tan gigantesca es algo que asombraría si no tuviéramos en cuenta el ínfimo nivel intelectual de las élites españolas actuales. A ver si mi libro contribuye un poco a cambiar las cosas.
Pero los franquistas tampoco eran demócratas.
Al analizar la guerra debemos olvidar la falsa cuestión de si eran demócratas unos u otros y menos aún la de si unos y otros cometieron atrocidades. En las guerras muere mucha gente, de un bando y de otro. y, si se quiere ir por ahí, las atrocidades peores, más sádicas, las cometió el Frente Popular. No estaba en cuestión la democracia porque precisamente el Frente Popular la arruinó, la hizo imposible y la desacreditó para muchos años. Estaban en cuestión los asuntos mencionados, mucho más básicos. No puede haber convivencia en paz y en libertad, que eso es lo que significa la democracia, si se intenta disolver la nación, que es el suelo en que se asientan los regímenes, y por supuesto la democracia. Se luchó por cuestiones más básicas, como digo: la unidad nacional, la cultura cristiana y la libertad personal, aunque se restringieran las libertades políticas. Y ahora vuelven a plantearse las mismas cosas con el régimen zapaterista, un nuevo frente popular informal pero real, impuesto como por descuido. Descuido culpable, delictivo, del PP, si se quiere ver así. No podemos andarnos con paños calientes, porque ni la izquierda ni los separatistas ni el PP han aprendido nada de la historia, con lo que vuelven a plantearse problemas que debían estar completamente superados. Hay que defender la verdad, con habilidad pero sin miramientos. Y para eso hay que empezar por enterarse un poco y valorar de lo que pasó realmente.
VOX defiende que nuestros abuelos de los dos bandos se abrazaron y reconciliaron, y que esa ley vuelve a crear divisiones.
Los sentimentalismos en estas cuestiones son muy perjudiciales. Los abuelos no se abrazaron, simplemente hubo una reconciliación de hecho, sin necesidad de abrazos y lágrimas, ya en los años 40, como he demostrado. Y esa reconciliación se demostró radicalmente en el inmediato posfranquismo, cuando los partidos de la ruptura querían impedir esa reconciliación y volver a las andadas. Según ellos, el pueblo español sufría lo indecible bajo el franquismo y añoraba la república. El pueblo español les demostró radicalmente lo contrario y eligió evolucionar a la democracia pero desde la legitimidad franquista, de la ley a la ley. Esa gente ha tenido que volver a levantar, empecinada y estúpidamente, un Himalaya de mentiras sobre la guerra y el franquismo para llegar a la situación actual, con leyes totalitarias golpe de estado permanente y amenazas muy serias de disgregación, como hace 83 años.
¿Debería VOX, entonces, apoyar abiertamente al franquismo?
Mire, eso es una cuestión de estrategia y de táctica. Tácticamente debe evitar ese debate, porque hoy por hoy la ignorancia y el fanatismo están demasiado extendidos. Lo que debe hacer es denunciar el carácter totalitario de la ley y defender el derecho de los españoles a pensar sobre su pasado de modo distinto a como pretenden los antidemócratas. Al mismo tiempo debe facilitar que la gente se vaya enterando de la realidad histórica, tal como el PSOE y los separatistas han estado bregando durante decenios para implantar su falsedad histórica. Derogar la ley es posible a corto plazo denunciando su carácter totalitario: es política de ocasión. Combatir la ignorancia y falsificación entre la gente va a requerir más tiempo, es política estratégica, de fondo. Un partido que olvide la política de fondo cae inevitablemente en el oportunismo y se condena a medio, incluso a corto plazo. Solo hay que ver el caso de Ciudadanos.
Pero no puede negarse que el franquismo fue una dictadura.
Lo fue, pero la historia demuestra que las dictaduras son a veces necesarias. Y que quienes las hacen necesarias son los demagogos y fanáticos, que fue lo que pasó con el Frente Popular. Una dictadura puede ser estéril o fructífera, y la de Franco fue fructífera en grado sumo. Y una democracia no garantiza ni siquiera la estabilidad si está gobernada por «la estupidez y la canallería», que decía el liberal Gregorio Marañón. El Frente Popular destruyó lo que tenía de demócrata la república, y el nuevo frente popular actual está haciendo lo mismo con la democracia decidida de la ley a la ley en 1976. Un análisis político que carezca de perspectiva histórica puede ser muy inteligente pero termina reduciéndose a mero chismorreo político. Es lo que hoy predomina entre lo analistas y en los medios. Mi libro sobre el Frente popular no es «de ocasión». Va directamente a clarificar estas cuestiones, porque la democracia no puede construirse sobre el fraude historiográfico que tanto predomina hoy.
Fuente: Pío Moa/El Correo de Madrid
¿QUÉ FUE EL FRANQUISMO Y QUE ENTENDEMOS POR DEMOCRACIA?
¿España debería distanciarse de Europa, entonces?
Yo creo que España es diferente, como decía aquel lema del franquismo. No es que lo crea, es que es así. Aunque en cierto modo es no decir nada, porque Europa es un continente repleto de diferencias nacionales, cada país tiene su historia y características culturales muy marcadas, dentro de una raíz más o menos común. Así que hay que especificar en qué consiste esa diferencia. Por lo pronto, en el siglo XX España se ha desmarcado de las dos grandes guerras que en cambio afectaron a casi todas las demás naciones. No cayó luego bajo la tutela useña, se reconstruyó con sus propias fuerzas, siempre insisto en esto porque me parece crucial, mantuvo con más fuerza que otros la raíz cristiana, etc. Estas diferencias tienen su valor. Pero la actitud de los políticos y de gran parte de la población es de un servilismo inaudito hacia lo que llaman «europa» y que ellos mismos no saben de qué se trata.
CARTA ABIERTA AL PAPA
Sin ser creyente, siento gran respeto por la cultura católica, raíz fundamental de la cultura española. Solo tengo que viajar un poco por el país para percatarme de la acumulación inmensa de arte, belleza y cultura en general que ha producido; y repasar la historia para constatar el altísimo número de escritores, artistas y pensadores generados por la Iglesia española a lo largo de siglos.
MANIFIESTO CATÓLICO POR FRANCO
Como es sabido, el Frente Popular fue esencialmente una alianza de separatistas, totalitarios y golpistas, con fuertes rivalidades y odios internos, manifiestos en represalias, torturas y asesinatos entre ellos, cosa que se trata de olvidar, borrando arbitrariamente parte significativa de la realidad histórica. No obstante esos odios, había al menos una cosa en la que estaban todos de acuerdo: la Iglesia católica debía ser aniquilada y erradicada del presente y en lo posible del pasado de España.
En consecuencia, el Frente Popular organizó durante la guerra civil y aún antes, el exterminio, a menudo con sadismo extremado, del clero y de muchas personas distinguidas por su catolicismo, la destrucción sistemática de templos, a menudo de gran mérito artístico, monasterios de poso histórico, bibliotecas valiosísimas y hasta cruces de los cementerios. Se trató, técnicamente, de un genocidio. Esa labor fue acompañada del saqueo de bienes y tesoros artísticos, utilizados luego para asegurar un exilio bien llevadero a los dirigentes. En esa tarea participaron todos los partidos, unos con más intensidad que otros, y alguno encubriendo o justificando la persecución ante el exterior. Una persecución que acarreó un grave descrédito al Frente Popular en los países democráticos, incluso en aquellos tradicionalmente hostiles al catolicismo, donde la mayor parte de la opinión pública la vio como la explosión de barbarie que sin duda fue.
La razón de esa política que, mirada en retrospectiva, deja una impresión de alucinamiento, estribaba y estriba en la noción ideológica de que la Iglesia era la causante de un atraso español muy exagerado por la propaganda de esos partidos; y de todos los males sociales concebibles. Por tanto su influjo debía ser sustituido por el de unas ideologías que traerían al país, o a algunas de sus regiones separadas, una brillante ilustración, libertad y prosperidad. De hecho se trataba de ideologías importadas y vulgarizadas al nivel de simples consignas, que no solo originaban odio a la Iglesia, sino entre esas mismas ideologías. Quizá fue ello lo que llevó al escritor liberal Gregorio Marañón, uno de «los padres espirituales de la república», a tacharlas acremente de «estupidez y canallería». No hará falta extenderse sobre las realidades que han generado en varios países europeos.
Pero cualquiera sea la opinión sobre la Iglesia o las ideologías hostiles a ella, el hecho histórico evidente es que el cristianismo constituye la base y raíz de la cultura tanto española como europea, habiendo generado una acumulación simplemente gigantesca de arte, ciencia y pensamiento manifiesta en la obra de miles de escritores, arquitectos, pintores, pensadores o científicos. Este mero hecho exige, tanto para creyentes como para no creyentes, una actitud de esencial respeto, cualquiera sea su criterio sobre la relación actual entre religión y política. La experiencia prueba que la pérdida de ese respeto conduce directamente a la barbarie, como ocurrió en España.
Pues bien, los católicos, y los no católicos que admitimos estas evidencias, tenemos la absoluta obligación moral y política de reconocer la importancia histórica de Francisco Franco en el salvamento de la Iglesia y de la cultura cristiana. Esta obligación corresponde en primer lugar al papa, los obispos y otras jerarquías eclesiásticas. Y por tanto, debemos denunciar y oponernos con energía a los planes del actual gobierno de ultrajar los restos de aquel gran personaje histórico. No deben admitirse en modo alguno sus pretensiones de encubrir con la bandera de la democracia unos designios radicalmente antidemocráticos, provocadores de odios que nos retrotraen precisamente a aquellos tiempos de barbarie.
Fuente: http://www.piomoa.es/?p=7788









