LA IDIOTOCRACIA DE TRUMP.

 

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Trump pronunció el discurso a la nación que había anunciado previamente. Fue breve. Tenía un aspecto lamentable y se veía abatido: sus mejillas colgaban y tenía los párpados hinchados. Se notaba un claro deterioro. Sin embargo, amenazó a Irán con continuar la guerra. Los plazos se han aplazado nuevamente, ahora se habla de varios años. Una operación terrestre es cada vez más probable, pero Trump aún no la ha anunciado abiertamente. Por ahora, con exactamente las mismas palabras que Hillary Clinton sobre Libia, prometió «bombardear a Irán hasta devolverlo a la Edad de Piedra, a la que pertenece». A qué época pertenece la civilización de Epstein es difícil de decir, sobre todo porque en Occidente las épocas de grandeza y los periodos de plena decadencia se entremezclan. Ahora mismo se parece más que nada a una idiotocracia.

Los comentarios en las redes sociales sobre el discurso de Trump son solo burlones, sarcásticos y negativos, salvo los intentos desesperados de los bots por suavizar de alguna manera el épico fracaso y que repiten elogios estrictamente idénticos y redactados de forma torpe.

La gran mayoría de los antiguos partidarios de Trump afirma abiertamente que «el abuelo se ha vuelto loco» (he’s gone). Cada vez aparecen más y más vídeos cortos con Trump y Yeltsin juntos: la vergüenza de Rusia y la vergüenza de Estados Unidos, ambos parecen estar bailando y gesticulando. Eso sí, hay que reconocer que Trump no bebe alcohol. Solo Coca-Cola Light. Sus vicios son de otra índole. Muchos en EE.UU. creen firmemente que esos vicios fueron impulsados por Epstein y los servicios secretos israelíes, convirtiéndolo en víctima de chantaje y por eso inició la guerra con Irán, que se ve obligado a librar contra todo pronóstico —sobre todo, contra la total falta de ganas de los mismos estadounidenses de ir a la guerra.

Al mismo tiempo, Trump dijo que ocuparse de la sanidad, el salario mínimo y la seguridad alimentaria no es asunto suyo, sino que su asunto es la guerra. Así es él, el «presidente del mundo entero».

Lo eligieron por promesas diametralmente opuestas.

Resumiendo, el discurso de Trump es un completo fiasco político y psicológico en el contexto de una gran guerra que se avecina. Cada vez es más probable una 3GM.

Al mismo tiempo, EE.UU. (representado únicamente por Trump y el grupo de maníacos sionistas que le rodea) quiere luchar por Israel contra Irán y los líderes europeos contra Rusia. La OTAN está dividida, pero parece que prácticamente todas las partes del Occidente colectivo, que se ha resquebrajado (por no decir que se ha hecho añicos), se han olvidado de la paz.

Lo queramos o no, nosotros también participamos en esta Guerra Mundial. En nuestro frente ucraniano.

En una gran guerra nunca se debe subestimar al enemigo, por muy lamentable que pueda parecer en ocasiones. Y hay que reforzar nuestras fuerzas rápidamente y por todos los medios. Por muy decaído que parezca Trump, Estados Unidos sigue siendo una poderosa potencia militar. Y los países europeos de la OTAN siguen siendo un adversario bastante fuerte. Por eso, a pesar de todo nuestro amor por la paz, Rusia no tiene otra salida que luchar de verdad y no a medias. Nuestros enemigos (unos u otros) tienen la intención de luchar durante mucho tiempo y con ferocidad. Incluidos nosotros. No se puede ignorar esto, y cualquier conversación o sueño de paz debe posponerse a un futuro indefinido.

¿Paz o guerra, paz o guerra, paz o guerra? ¡Guerra! ¿Libertad o muerte, libertad o muerte, libertad o muerte? ¡Guerra! (E. Letov).

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