La confrontación entre el presidente estadounidense Donald Trump y el Papa de los católicos, León XIV, va más allá de una querella político-teológica. Es también un enfrentamiento entre una potencia mundial y una iglesia mundial. Al aventurarse en ese ámbito, Washington se arriesga a provocar simultáneamente una guerra civil y un conflicto global.
Con la novedad de que el papa agustino León XIV, el primer pontífice estadounidense-peruano, replicó que no temía a las dislocadas invectivas de Trump[1], resulta incomprensible desde el punto de vista geopolítico y político que Trump —miembro de la denominación conservadora de presbiterianos estadounidenses, en caída libre con alrededor de 1,5 millones de feligreses— colisione con el representante espiritual de una relevante iglesia, tan importante a escala global como a nivel doméstico en Estados Unidos.
Según el Anuario Pontificio 2026, los católicos son unos 1400 millones de personas en todo el mundo: un 17,8% del total de los 8288 millones de habitantes del planeta[2].

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