El protocolo de paz negociado entre Estados Unidos e Irán, con Pakistán y China como mediadores, no menciona la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz ni una hipotética renuncia de Irán a la bomba atómica… porque se trata de dos problemas que simplemente no existen. En cambio, sí menciona la restitución de los fondos iraníes «congelados» y el pago a Irán de reparaciones de guerra. Estados Unidos no admitirá su derrota y hará que sean los Estados árabes quienes paguen en su lugar, mientras que Israel sale de esta situación sin pagar por las destrucciones que ha causado.
Hace casi un año manejé la hipótesis del «cisne negro» que epitomizó la parusía de Pakistán que hoy luce como supremo mediador[1].
Casi un año después, la mediana potencia nuclear, Pakistán, dotada de 170 bombas nucleares —que equilibra la terrorífica disuasión nuclear de la «Opción Sansón» de Israel—, consigue un arreglo impensable para ignaros/neófitos/leguleyos cuando el jefe de su Estado mayor, el general Asim Munir logra asombrosamente un Memorándum de Entendimiento, que traduce los posicionamientos de los grandes jugadores regionales acoplados a los axiomas de la «estabilidad geoestratégica» tripolar[2].

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