El presidente Donald Trump va a tener que reconocer la derrota, estiman tanto sus adversarios como sus amigos. El veredicto de las armas ya resulta evidente y prolongar la guerra sólo agravaría las consecuencias negativas de la derrota de Estados Unidos. Lo importante ahora es retirarse lo más rápidamente posible.
A la izquierda, Michael Flynn; a la derecha, Robert Kagan y su esposa Victoria Nuland
Mientras Donald Trump decide si bombardea Irán para desaparecerlo del mapa uno de estos fines de semana, asombra que las dos caras de la misma moneda del sistema estadounidense sentencien, por un lado, el «jaque mate» propinado por Irán en la voz del jázaro Robert Kagan[1], y, por otro lado, que el general Michael Flynn, fugaz consejero de seguridad nacional de Trump 1.0 por 25 días, exhorte a «declarar el triunfo (sic) y regresar a casa»[2].
Más importante que el esperado contenido del artículo de Robert Kagan —su subtítulo es perentorio: «Washington no puede revertir ni controlar las consecuencias de perder la guerra» contra Irán— es la geobiografía del autor: neoconservador straussiano, megahalcón y esposo de la amazona Vicky Nuland, gestora fallida del cambio de régimen en Ucrania que buscó desmembrar a Rusia. Más aún: el apellido Kagan no es menor y proviene del «kaganato», sistema jerárquico y militarizado de los jázaros.
La metástasis del «kaganato» en el Departamento de Estado se vio frenada en Ucrania y ahora define que la derrota de su archienemigo Trump en Irán —¡no dice ni pío sobre Netanyahu!— sería irreversible y total: peor que Pearl Harbor/Vietnam/Afganistán/Iraq debido al archianalizado control del estrecho de Ormuz por Irán, que se convertiría en actor preponderante a escala regional/mundial (tesis de Robert Pape[3]). Sus consecuencias: ¡debilitamiento de Estados Unidos y fortalecimiento de China y Rusia!
El polémico general Michael Flynn recomienda que la «oposición» (whatever that means) de Irán debe arreglar su situación interna y suelta una ponzoñosa insinuación —¿dirigida al premier israelí Netanyahu y al Mossad, los cuales empujaron Trump a su amarga aventura en Irán?: «Sea lo que sea, sea como sea y sea quien sea lo que influyera en la decisión de volver a Irán tras la “destrucción” del programa nuclear iraní durante la “guerra de los 12 días” del verano de 2025, eso ya es agua pasada. Ya es hora de que Estados Unidos salga de esta situación tan complicada».
Michael Flynn propone tres ideas debido a su «preocupación de que el prestigio de Estados Unidos a escala mundial pueda seguir disminuyendo y que la fortaleza económica del país acabe llegando a un punto de ruptura. El prestigio y la salud económica son dos aspectos que todos los grandes imperios han visto amenazados en sus últimos tiempos». Cabe señalar que Michael Flynn es especialista del «declive de los imperios». ¿Se suma Michael Flynn al aserto de Xi sobre el «declive de Estados Unidos» que sentenció frente a su invitado Trump?[4]
Las tres ideas de Michael Flynn son:
1) «declarar la victoria basándose en los objetivos militares alcanzados y pasar a un alto al fuego formal, supervisado y respaldado por la región, acompañado de algún tipo de alivio gradual de las sanciones en función de las condiciones que cumpla el régimen iraní.» ¡Todo un tema!;
2) «aprovechar la diplomacia multilateral y las alianzas regionales para crear un marco de seguridad más amplio, aliviando así la carga directa que actualmente soporta Estados Unidos. Puede que encaje o no, pero hay que considerar seriamente si los Acuerdos de Abraham pueden aplicarse como componente fundamental de este marco». Problema: los “Acuerdos (sic) Abraham” de Netanyahu y los “Acuerdos Isaac” del filosionista argentino Milei hoy valen menos que la Carabina de Ambrosio, y
3) «reducir la tensión de forma unilateral con líneas rojas claramente definidas, observables y creíbles, acompañadas de una postura de disuasión sostenida, pero sin llegar al combate activo. Esto es más fácil de decir que de hacer». Problema: el mismo general Michael Flynn se contesta solo.
Su realista conclusión se centra tangencialmente en que «los intereses económicos (los precios del petróleo, las repercusiones a escala mundial, el encarecimiento generalizado de los precios), junto con la presión de los aliados favorecen una resolución rápida frente a cualquier forma de guerra de desgaste». ¡Ormuz definió la guerra asimétrica del Golfo Pérsico!

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