Lecciones de ingeniería social. De las docenas de miles de desahucios que se ejecutan al año en España, elijamos un caso. Los periodistas e ingenieros sociales lo llaman «un testimonio». Será mucho mejor que sea mujer, anciana, enferma, «vulnerable». Omitamos detalles que en este o en otros casos se pudieran dar: las contraofertas para realojar a esa persona, los incumplimientos de pago y otros incumplimientos legales, el lugar más o menos lujoso donde habita, etc. Lo que debe importar en el arte de la manipulación de las masas es un solo y recortado hecho: una anciana desahuciada.
Las jaurías de la Moncloa, entonces, se sueltan. De no sé qué mazmorras profundas salen, pero siempre lo hacen en respuesta cual resorte a una orden precisa y clara; los sabuesos salen con pancartas y camisetas. Aquellos que peinamos canas sabemos que esta «izquierda» de los derechos civiles, el «derecho a techo» y demás monsergas no existe cuando más se la necesita. Son zombis que saca Moncloa cuando le interesa. El muerto viviente solo revive por arte de encantamiento, que acciona «el Partido de Gobierno».
Por ejemplo, hagamos memoria: ya deben estar jubilados todos aquellos maestros y profesores de instituto que se presentaron ante sus alumnos —¡que lodo para el cuerpo docente!— con las famosas camisetas verdes («Escuela Pública»). Lo hicieron, y lo harán, únicamente cuando gobierne esa cosa que llaman «la derecha», el «neoliberalismo», nunca con mandato socialista. Todas las agresiones legales contra los docentes cometidas desde los tiempos de Felipe y Marchesi, en cambio, las aceptan con gusto, como rameras que —para colmo— gozan a fondo con su comercio. Leyes estúpidas, «evaluación por competencias», burocracia sin cuento y acumulación de funciones extra-académicas, todo, todo, lo aceptan y se callan los maestros si gobiernan los suyos. Si no, sacarán su camiseta verde apolillada para defender una Escuela Pública adoctrinadora, indisciplinada y borreguil.

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