Las negociaciones sobre Ucrania se dilatan.

Las negociaciones alrededor de la paz en Ucrania encuentran como obstáculo la mala voluntad de la «administración Zelenski», que trata desesperadamente de ganar tiempo, en el plano jurídico principalmente, así como en el plano militar y, finalmente, en el plano político. Los contactos iniciados nos obligan a reflexionar sobre el tipo de paz que Kiev está buscando.

La videoconferencia del 10 de diciembre de 2025 sobre la venta de las «tierras raras» de Ucrania

Las negociaciones para la paz entre Ucrania y Rusia van haciéndose interminables. Es evidente que la parte rusa, segura de su victoria, tiene intenciones de hacerse con el control de toda la región de Donbass, mientras que Kiev sigue tratando de mantenerse allí.

Los dirigentes de los Estados de la Unión Europea y de Reino Unido corren de reunión en reunión, al ritmo de casi una reunión diaria, guiados sólo por la obsesión de continuar la guerra, con Estados Unidos o no.

Dos nuevos elementos han venido a modificar el contexto: Washington se plantea la posibilidad de salir de la OTAN y Kiev acepta la idea de vender el país a los estadounidenses.

WASHINGTON Y LA OTAN
El 1º de diciembre se desarrolló una videoconferencia secreta en la que participaron el presidente de Francia; Emmanuel Macron; el presidente de Finlandia, Alexander Stubb; el canciller de Alemania, Friedrich Merz; los primeros ministros de Polonia, Italia, Dinamarca y Noruega —respectivamente Donald Tusk, Giorgia Meloni, Mette Frederiksen y Jonas Gahr Store—; el secretario general de la OTAN, el neerlandés Mark Rutte; la presidente de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen; y el presidente del Consejo Europeo, el portugués Antonio Costa.

Según el semanario alemán Der Spiegel, que tuvo acceso a la síntesis escrita de la reunión, el secretario general de la OTAN dijo estar de acuerdo con el presidente de Finlandia en opinar que los europeos tenían que desconfiar de la paz para Ucrania que los enviados especiales del presidente estadounidense Donald Trump —Steve Witkoff y Jared Kushner— estaban negociando[1].

Es la primera vez que un secretario general de la OTAN en funciones se toma la libertad de criticar abiertamente a un presidente estadounidense, igualmente en ejercicio del cargo.

En la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 que la Casa Blanca publicó el 4 de diciembre, se menciona la OTAN en 5 ocasiones. La OTAN ya no es una alianza fundamental para Estados Unidos en la medida en que el presidente Trump ha anunciado el fin del «Imperio estadounidense». Washington está demasiado ocupado tratando de resolver el problema que representa su deuda nacional de 33.000 millardos de dólares[2] para tener que dedicarse también a la defensa del occidente de Europa. Así que la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de la administración Trump se limita a señalar que todos los Estados miembros de la OTAN tendrán que garantizar su seguridad por sí mismos, dedicando a ese fin un 5% de su producto interno bruto (PIB), proporción muy superior a la que le dedican actualmente.
[2] 1 millardo = 1 000 millones.

La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de Estados Unidos señala también que la OTAN no está destinada a continuar su expansión[3].

Cinco días después, el 9 de diciembre, un miembro republicano de la Cámara de Representantes, Thomas Massie (Kentucky), presento un proyecto de ley (HR 6508) que apunta a la salida de Estados Unidos de la OTAN. El 12 de diciembre, ese texto fue enviado a la comisión de Relaciones Exteriores[4]Es la primera vez que el Congreso estadounidense se plantea la posibilidad de que los Estados Unidos de América abandonen la alianza atlántica.

Es demasiado pronto para sacar conclusiones, pero sí podemos observar que entre los seguidores del presidente Trump existe una corriente contraria a la OTAN y que los europeos saben perfectamente que, solos, son incapaces de garantizar simultáneamente su propia defensa y de mantener su política de hostilidad hacia la Federación Rusa.

Los colaboradores del presidente Trump afirman, en privado, que este sacará a Estados Unidos de la OTAN a mediados de 2027… pero eso podría suceder incluso antes.

Los dirigentes de la Unión Europea lo saben. El presidente del Consejo Europeo, el portugués Antonio Costa, declaraba el 8 de diciembre, en el Instituto Jacques Delors: «Si queremos protegernos, no sólo contra nuestros adversarios sino también contra los aliados que nos desafían, tenemos que reforzar a Europa. Necesitamos concertarnos para construir una Europa que debe entender que las relaciones de los aliados y las alianzas posteriores a la 2GM han cambiado».

Eso es cierto, pero los miembros de la Unión Europea definitivamente no disponen de los medios con que cuenta Estados Unidos. Como máximo podrían, si así lo desean, organizarse alrededor de una de las 3 potencias nucleares que existen en Europa: Francia, Reino Unido o… Rusia.

EL DICTADOR ZELENSKI Y LAS ELECCIONES
Ya hace un mes que, el 11 de noviembre, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, dio el pitazo de inicio a la «Operación Midas» en Ucrania. Los principales aliados ucranianos del presidente —ahora no electo— Volodimir Zelenski han ido cayendo uno a uno. Es imposible seguir creyendo que el propio Zelenski no haya sido uno de los principales beneficiarios de los desvíos de fondos descubiertos en Ucrania y de los pagos ilegales que se exigían a las empresas. Pero nadie se atreve a detenerlo, y él se aferra al poder para garantizar sus ganancias personales o enviarlas fuera del país.

Ante la presión que las conversaciones de paz representan para él, Zelenski recurre constantemente a sus «padrinos», multiplica las reuniones fuera de Ucrania —en Atenas, París, Londres, Bruselas, Roma y Berlín— mientras que su representante especial y secretario general de su Consejo de Seguridad y Defensa, Rustem Umerov, ya está prácticamente en el exilio. El régimen de Kiev se ha convertido en un juego de sombras. El «presidente», cuyo mandato ya expiró, puede caer en cualquier momento y su principal negociador ya no se atreve a regresar al país.

El 9 de diciembre, en una entrevista concedida a Politico[5], el presidente Trump se expresó de la siguiente manera:

Politico: ¿Cree usted que ya es hora de que Ucrania organice una elección?

Donald Trump: Sí, pienso que sí. Desde hace tiempo. Es… no salió particularmente bien. Sí, creo que ya es hora. Pienso que es un momento importante para organizar elecciones. Utilizan la guerra para no hacer elecciones pero… pienso que el pueblo ucraniano debería… debería tener esa opción. Quizás Zelenski ganaría. Yo no sé quién ganaría. Pero hace tiempo que no han tenido elecciones. Usted sabe… hablan de una democracia, pero han llegado a un punto en que ya no es una democratia.

Es importante saber que la Constitución ucraniana prohíbe la realización de elecciones bajo la ley marcial. La ley marcial fue instaurada en Ucrania, por primera vez, en 2018, por el entonces presidente Petro Porochenko, precisamente durante la campaña electoral previa a la elección presidencial[6]. La segunda vez la instauró… Volodimir Zelenski, en 2022, durante la operación militar especial rusa.

En Ucrania, la ley marcial instituye 9 medidas:
  • Se restringen los derechos y las libertades constitucionales de los civiles.
  • Se introduce una «obligación de trabajar» que se aplica a todas las personas, tengan o no un empleo, el trabajo impuesto puede ser en el ejército.
  • Se incautan propiedades pertenecientes al Estado o se «dispone por la fuerza» de los bienes comunales y privados «para las necesidades del Estado».
  • Se impone un toque de queda.
  • Se implantan puntos militares de control y se restringen «la libertad de circulación de los ciudadanos, de los extranjeros y de los apátridas así como la circulación de vehículos».
  • Se verifican los documentos personales y se inspeccionan los lugares donde se encuentran las personas.
  • Se prohíben las manifestaciones pacíficas, las reuniones y los eventos de masas.
  • Se prohíben o se restringen los medios de prensa.
  • Se prohíbe o se restringe la difusión de información en las redes sociales.
Tanto en 2018 como en 2022, el objetivo de la ley marcial era claramente instaurar un régimen autoritario. Petro Porochenko la mantuvo sólo por 30 días. Pero Zelenski ha venido renovándola cada 3 meses desde febrero de 2022. El 16º decreto que promulgó en ese sentido la prolonga hasta febrero de 2026.

Según la Constitución ucraniana, el mandato presidencial de Volodimir Zelenski expiró en mayo de 2025. A partir de ese momento, el presidente del parlamento, Ruslan Stefanchuk, tendría que haber asumido la jefatura del Estado a título interino. Pero Stefanchuk no sólo se abstuvo de reclamar que se respetara la Constitución sino que acompañó a Zelenski en numerosos viajes para cubrirlo con una apariencia de legitimidad.

Si hoy se realizaran elecciones en Ucrania, las listas de electores estarían falseadas ya que todavía aparecen en ellas cientos de miles de soldados ucranianos muertos en combate. En esas condiciones, «arreglar« las elecciones sería para Kiev un juego de niños.

La parte rusa ha subrayado en numerosas ocasiones que no puede firmar la paz con una personalidad ilegítima como contraparte. En Moscú no han olvidado que el presidente Porochenko afirmó, de la noche a la mañana, que los Acuerdos de Minsk, firmados por su enviado especial y predecesor, Leonid Kuchma, «no tenían valor jurídico» porque el mandato de Kuchma no habia sido valido por él ni por el parlamento.

Por consiguiente, cuando Zelenski anuncia súbitamente que aceptaría organizar elecciones, probablemente está tratando de ganar tiempo y de retrasar todavía un poco más un eventual proceso de paz.

LA VENTA DEL PAÍS AL MEJOR POSTOR
El 9 de junio de 2024, el senador republicano Lindsey Graham afirmaba en el programa Face the Nation, de CBS News, que el valor de las llamadas «tierras raras» ucranianas se situaba «entre 10.000 y 12.000 millardos de dólares».

Hace varios meses, el presidente Trump mencionó la posibilidad de poner en manos de Estados Unidos la explotación de esos recursos ucranianos como medio de «reembolsar» los fondos que la administración Biden dedicó a la guerra de Ucrania. El 12 de febrero de este año, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, viajó a Kiev para conversar sobre eso con Volodimir Zelenski.

El pasado 10 de diciembre, Zelenski se reunió por videoconferencia con el mismo Bessent y con Jared Kushner, quien no participó en la conversación como negociador sino en su calidad de director del fondo de inversiones Affinity Partners. También participó en esa videoconferencia el director ejecutivo del fondo de inversiones estadounidense BlackRock, el magnate Larry Fink, quien ya posee gran parte de las tierras agrícolas de Ucrania[7]. Evidentemente, el objetivo de la videoconferencia era evaluar qué podría obtener Kiev a cambio de las tierras raras. Lo que hace 10 meses parecía inconcebible, ahora se ve como algo posible.

Al día siguiente, el 11 de diciembre, hubo una segunda reunión. Otra vez por videoconferencia, Zelenski se reunió con los principales negociadores estadounidenses e hizo intervenir al secretario general de la OTAN. Esta vez se trataba de pasar discutir las «garantías de seguridad»… aunque ahora se sabe que la OTAN no está llamada a ser eterna.

Ante la crisis, otra Europa.

 

La crisis está en Europa, Europa está en crisis. Lo analizamos en 2012. Si bien la situación ha empeorado, los orígenes de la crisis económica siguen siendo los mismos: la crisis de las economías y las sociedades europeas es, ante todo, una crisis del dominio de una determinada economía, la economía financiera. En detrimento de los productores europeos.

El presente texto es el resultado de una entrevista. Data del 18 de octubre de 2012 y fue publicado en el libro colectivo Face à la crise, une autre Europe (Ante la crisis, otra Europa), editado por Synthèse nationale éditions en 2012, bajo la dirección de Roland Hélie. Hemos actualizado esta entrevista en 2021. Los últimos diez años no han desmentido nuestros análisis, sino que han aumentado nuestros motivos para estar preocupados por el curso actual de los acontecimientos. Pero también nuestros motivos para luchar y nuestro deseo de no dejar el país en manos de sus sepultureros: los agentes del poder del dinero y de un pacto mundial de corrupción del que el Great Reset es un elemento importante.

1. Se dice que la crisis se remonta a 2008. ¿Considera usted que sus causas son mucho más antiguas?
Desde 2007 se han sucedido una crisis financiera (las «hipotecas subprime», créditos a tipos de interés elevados que provocaron una subida vertiginosa de los precios inmobiliarios) y una crisis bancaria, con la quiebra de algunas entidades de crédito en 2008. Esto generó una crisis de los propios Estados, que se hicieron cargo de los déficits de los bancos, los reflotaron y los salvaron. Esto se ha manifestado en un aumento del déficit de sus presupuestos, especialmente los sociales, pero también en una reducción de sus gastos, incluso en ámbitos soberanos (defensa, policía, justicia). A continuación, fueron los bancos, rescatados por los Estados, los que prestaron dinero a los Estados, incapaces de cerrar sus presupuestos sin déficit.

Dada la globalización de los sistemas financieros, la crisis procedente de Estados Unidos se extendió por todas partes. La sola crisis de las «hipotecas subprime» provocó la pérdida de unos 2 billones de dólares, es decir, aproximadamente el PIB de Francia en aquel momento (2008). Luego se puso en marcha el plan de rescate de los bancos estadounidenses. Ascendió a unos 700.000 millones de dólares. A continuación, los Estados elaboraron planes de reactivación de la economía: se trataba de planes nacionales. Su efecto fue muy modesto. En 2012, en la mayoría de los países europeos se confirmó el estancamiento, cuando no una recesión pura y simple. El desempleo se agrava, los planes de reducción del déficit son evidentemente insostenibles, y no solo en Grecia.

Dado que a principios de 2020 no se había resuelto ningún problema económico, el COVID fue un pretexto para iniciar una devaluación masiva del dinero (del capital) mediante la mutualización parcial de las deudas estatales y un plan de reactivación (subvenciones y préstamos por valor de 750.000 millones de euros). Fue el helicóptero Covid el que vertió estas sumas, creadas por la imprenta de billetes, sobre Europa. Estas sumas no corresponden a ningún valor en la economía real. Todo esto se había previsto anteriormente en nombre de la «urgencia» ecológica. Pero ha sido más fácil hacer pasar estas medidas en nombre del Covid-19, a partir de una hábil orquestación del miedo a una enfermedad muy poco letal. El Covid (es decir, el virus del Covid y no la enfermedad del Covid) ha sido así la ocasión para saltarse las barreras que eran cada vez menos sostenibles y cada vez menos respetadas: el 3% de déficit de los presupuestos públicos y la tasa del 60% de endeudamiento. Con estos dos criterios, Francia se sitúa en un 9% de déficit y un 120% de deuda. En otras palabras, el Covid ha sido el medio, que no debe mucho al azar, para llevar a cabo una transformación de la gestión del capital. Es lo que se denomina el Gran Reinicio (Great Reset), en referencia a Klaus Schwab, quien defendió el proyecto en un libro.

Philippe de Villiers, autor de Le Jour d’après (Albin Michel, 2021), escribe: «Con la creación de la OMC en 1995, los grandes actores de la globalización querían un mundo sin fronteras, unos por interés, para abrir un mercado planetario de masas; otros por ideología, para sustituir los muros por puentes y fomentar la fraternidad cósmica. Conocían el riesgo inherente a este mundo sin barreras: un planeta altamente patógeno y contagioso. Lo sabían y se preparaban para ello. Esperaban la "ventana de oportunidad" para cambiar la sociedad. La operación ha tenido bastante éxito». Y continúa: «Las grandes tecnológicas se han enriquecido y el biopoder se ha instalado de forma duradera con el higienismo de Estado. (…) La biopolítica ha matado a la política. Knock ha aplicado la eutanasia a Aristóteles: el animal social se ha convertido en un asintomático desocializado» (Figarovox, 14 de mayo de 2021) La vigilancia comercial se fusiona con la vigilancia digital. El encierro digital se vuelve obligatorio. Las comunidades, los vínculos, las naciones se ven obligadas a dar paso a la soledad gregaria y consumista.

Tras haber llevado a cabo la desindustrialización total de nuestro país, nuestros gobernantes solo se han quedado con un objetivo: el control de la población y los beneficios de los grandes accionistas. Ya Jospin, entre 1997 y 2002, había sido privatizado en gran medida. De 2012 a 2017, el Gobierno de Hollande se embarcó en una política de mayor sumisión a las finanzas. «Dentro de cinco años, Hollande será un gigante o un enano», afirmaba Emmanuel Todd (Marianne, 5 de octubre de 2012). Ya hemos visto el resultado. La política de Macron desde 2017 ha consistido, por un lado, en intentar reducir el gasto público —pero sin reducir en absoluto la inmigración, sino todo lo contrario—, en particular los gastos soberanos indispensables, y, por otro, en malvender al extranjero lo que quedaba de nuestras joyas industriales. A Macron solo le interesan los beneficios financieros (es su actividad principal) y solo esos beneficios preocupan a quienes lo llevaron al poder como delegado del Capital. Esas personas son, por supuesto, enemigos de nuestro país.

* * *

Sin embargo, hay que remontarse a antes de 2008 para comprender la crisis. Sus raíces son más antiguas. Se remontan al fin de la convertibilidad del dólar en oro (1971), a la sobreacumulación de capital, cuya génesis se analiza en El capital de Marx (libro III, capítulo 15), a su consiguiente pérdida de rentabilidad, a las diferentes formas de devaluación de este capital por obsolescencia acelerada, al encarecimiento de las materias primas debido a su carácter limitado y al creciente coste de su extracción.

Más profundamente, la crisis económica está relacionada con el agotamiento del modelo fordista, basado en un compromiso entre, por un lado, el desarrollo capitalista y la búsqueda de beneficios y, por otro, la expansión de un gran mercado rentable de productores-consumidores con un poder adquisitivo en aumento. Este modelo fordista daba prioridad al directivo sobre el accionista. Era la época de los organizadores analizada por James Burnham, o el «Nuevo Estado Industrial» de John K. Galbraith. Eran las políticas económicas aplicadas en Francia bajo De Gaulle y en Estados Unidos bajo John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson. Era el fordismo, eran los treinta gloriosos, y era la realidad de un cierto progreso material y de un relativo ascenso social. Era, por lo tanto, también una cierta forma de circulación de las élites. Son los años que Eric Zemmour recuerda con nostalgia, no sin razón (aunque también era la época de los ritmos infernales en las fábricas).

Desde el fin del fordismo, no tenemos un modelo viable. La riqueza se concentra en un polo de la sociedad y la pobreza en todos los demás. Es la «sociedad en forma de reloj de arena» (Alain Lipietz, 1998). El 50% de los estadounidenses se reparten algo más del 1% de la riqueza del país. El 50% de la población mundial se reparte el 2% de la riqueza mundial. No hace falta ser un igualitarista acérrimo para darse cuenta de que esta diferencia es excesiva, malsana e incluso suicida. Si hace un siglo un empresario ganaba unas 30 veces más que su trabajador peor pagado, ahora la diferencia ha pasado a ser de 400 o 500 veces más. El trabajo escasea, las máquinas han sustituido a los hombres y, lo que es más, los hombres peor pagados sustituyen sin cesar a los que aún cobran un poco más. Los camboyanos sustituyen a los trabajadores chinos, a la espera de ser sustituidos a su vez por los africanos cuando estos se integren plenamente en el mercado mundial.

Sismondi pedía en el siglo XIX que la inversión en maquinaria diera lugar a una renta para los trabajadores que se habían quedado sin empleo. Puede tratarse de un salario indirecto, como el derecho a la formación, el acceso a la asistencia sanitaria, etc. También puede tratarse de seguros de desempleo o de una renta mínima. Sin embargo, en todos los ámbitos sociales, incluidos los relacionados con la salud (con la supresión de cientos de miles de camas de hospital), se está produciendo un enorme retroceso social. «El poder del dinero permite neutralizar todos los intentos de regular las finanzas», señala acertadamente Paul Jorion. Hay una razón para ello, y explica por qué no se puede volver a los Treinta Gloriosos, aunque los gobernantes no hayan dejado de prometer durante 35 años una salida de la crisis, tras nuevos «ajustes», es decir, nuevos desmantelamientos de las protecciones sociales. En efecto, según la lógica del productivismo, el «Estado estratega», el Estado keynesiano que aspiraba al pleno empleo, no podía ser más que una etapa. Y así fue. Habría sido necesario salir del dominio de la política por la economía, reformando profundamente el Estado, convirtiéndolo en un «Estado de todo el pueblo». Si la economía es realmente el destino, la desregulación es inevitablemente hacia lo que tendemos. Pero la desregulación es un todo, al igual que la globalización. La desregulación afecta al mercado laboral, los salarios, los flujos migratorios, las finanzas e incluso las costumbres. «La crisis impone suprimir la referencia a la duración legal del trabajo», explicaba François Fillon (10 de octubre de 2012). Este es el programa que ha aplicado Macron. Para los globalistas, siempre se necesita más desregulación. Las primeras víctimas son los pueblos. Estos tienen entonces la solución de sufrir o cambiar radicalmente las reglas del juego, como ha hecho Islandia.

«Lo universal es lo local menos las paredes», dice Miguel Torga. Es hora de rehabilitar lo local, porque lo universal que pretenda prescindir de lo local mataría la vida misma en su carne. No es casualidad que sea un pueblo «pequeño» como el islandés, heredero de una larga tradición democrática, el que haya dado la señal de la independencia recuperada. Del mismo modo, es en la «pequeña» Suiza donde aún quedan algunos elementos de una verdadera democracia. «Lo pequeño es bello». En cualquier caso, lo pequeño puede ser más eficaz que el gigantismo.

2. Más allá de una simple crisis económica, ¿cree que nos enfrentamos a una crisis mucho más profunda?
Nos enfrentamos a lo que Pier Paolo Pasolini llamaba un «cataclismo antropológico». Es decir, que los propios marcos de la vida, los marcos de las representaciones, se están rompiendo. La crisis de la transmisión y, por lo tanto, de la educación, que es un subproducto de ella, es la consecuencia de esta crisis.

La crisis económica es, ante todo, una crisis del dominio de la economía sobre la vida. «El economicismo es sin duda la gran ideología actual», escribe Peter Ulrich. «Anteriormente, ninguna otra forma de argumentación ideológica había ejercido una influencia comparable en el mundo. La crítica del economicismo o la crítica de la ratio económica exenta de toda limitación consiste, desde la perspectiva de las ciencias humanas, en recuperar en parte lo que logró el siglo de las Luces». Esa es, en efecto, la paradoja: la Ilustración pretendió llevar a cabo un proyecto de emancipación, pero acabó conduciendo a una nueva credulidad, a un nuevo oscurantismo: la creencia en el poder omnipotente y autorregulador de la economía. Es la traducción filosófica de una realidad sociológica y política, que ha sido denunciada acertadamente con el nombre de dictadura del dinero.

«El dinero, el gran dinero, no está ni ha estado nunca ni en la derecha ni en la izquierda. Para salvar sus ventajas más abusivas, no ha dejado de jugar alternativamente con la izquierda y la derecha, la mayoría de las veces incluso con la izquierda, explotando una serie de ideologías», escribía Emmanuel Beau de Loménie (La Parisienne, n.º «La derecha», octubre de 1956). (Es cierto que Emmanuel Beau de Loménie sacaba conclusiones insuficientemente rigurosas al culpar, casi en exclusiva, a una casta surgida del 18 de Brumario, los «jacobinos acaudalados» o «el síndico de defensa de los regicidas» de los que habla Louis Madelin). La crisis económica es, en realidad, una crisis del dominio de la economía. Más profundamente, el problema de nuestro tiempo es que el dominio del dinero hace que todos los bienes se reduzcan a mercancías. Todo es calculable en dinero y todo se calcula en dinero. Por lo tanto, todos los bienes se vuelven alienables. En este sentido, el hombre ya no es dueño de nada, ni de su oficio, ni de una casa familiar, ni de un patrimonio espiritual, ni del derecho a decidir el sentido de su vida. «El dinero es la mercancía que tiene por carácter la alienación absoluta, porque es el producto de la alienación universal de todas las demás mercancías. Lee todos los precios al revés y se refleja así en el cuerpo de todos los productos, como en la materia que se le entrega para que se convierta él mismo en valor de uso», escribe Marx (El capital, 1867). Lo que vivimos es, por lo tanto, en rigor, una crisis no de la economía, actividad que debería limitarse a satisfacer las necesidades del pueblo (la gestión de los «asuntos de la casa»), sino una crisis de la crematística, es decir, una crisis de la acumulación de bienes y, más aún, de la acumulación de dinero.

Con el Habeas Corpus de 1679, pasamos de la idea de una sociedad buena a la de justicia en las relaciones sociales, que no es lo mismo. La equidad en las relaciones entre individuos es necesaria, pero solo tiene sentido en el marco de un pensamiento del bien común. Luego, con el triunfo del individualismo en el siglo XVIII, pasamos a la referencia a la idea del interés como único factor de legitimación: dar rienda suelta a la búsqueda del propio interés sería la mejor manera de aumentar la riqueza social global, identificada con lo que queda del bien común. Lo que es bueno para mí sería automáticamente bueno para todos. Es la Fábula de las abejas (1714-1729) de Bernard Mandeville. Es una forma hábil de moralizar la búsqueda del interés individual. No hay por qué estar convencido.

Si el bien común es solo lo que se puede medir, entonces, efectivamente, ¿cómo encontrar algo más rigurosamente medible que la riqueza monetaria? Por eso no tiene sentido una solución puramente económica a una crisis que no es solo económica. «La negativa de los partidos en el poder en casi toda Europa a considerar otros enfoques de la crisis, su incapacidad para pensar más allá de lo económico (es decir, lo liberal) no es ni una conspiración ni una falta de imaginación. Refleja tanto las relaciones de poder actuales entre los actores como lo desfasado que está el marco de referencia de los políticos con respecto a la crisis actual», escribe Michel Leis. Una civilización muere cuando sus élites no comprenden la naturaleza de un proceso en curso, o cuando son cómplices del mismo, que es lo que ocurre en este caso. Las «élites», o más bien las clases dirigentes, son el motor del productivismo desenfrenado, de la globalización capitalista, del consumo y la destrucción del planeta por parte del hombre.

La crisis actual es de naturaleza muy diferente a las crisis anteriores, como por ejemplo la que siguió a la derrota de 1870. Mientras que la educación se extendía en los años 1870-1880, ahora nos enfrentamos a una descivilización, como escribe Renaud Camus. El hombre se está volviendo primitivo. Es la obsolescencia del hombre, y no solo la de los objetos, lo que supone una amenaza. La tecnofilia (technophilie), convertida en tecnolocura (technofolie), esclaviza al hombre. Equipado con auriculares en los oídos, atado con una correa a sus propios instrumentos, convertido en un apéndice de sus propias prótesis, un periférico de sus propios dispositivos, el hombre se ha convertido en el objeto de sus objetos.

El culto a la tecnología lleva a pensar que todo lo que es posible debe realizarse. De ahí surge una nueva barbarie sofisticada, quizá la peor de todas. Günther Anders afirmaba en 1977 que «la tarea moral más importante hoy en día consiste en hacer comprender a los hombres que deben preocuparse y que deben proclamar abiertamente su miedo legítimo» (Et si je suis désespéré, que voulez-vous que j'y fasse?, París, Allia, 2001). No se podría decir mejor.

3 ¿Podemos imaginar por un momento que los políticos franceses y europeos actuales sean capaces de resolver esta crisis?
No hay ningún nuevo De Gaulle capaz de tomar decisiones históricas drásticas, por dolorosas que sean. No es que todos los políticos franceses y europeos sean mediocres. Jean-Pierre Chevènement, Arnaud Montebourg y algunos otros han formulado análisis interesantes en ocasiones. El problema es que a la mayoría de los políticos les cuesta elevarse por encima de las preocupaciones económicas a corto plazo. De hecho, todo se hace para ello, toda la lógica del sistema consiste en convertir a los representantes electos en transmisores del sistema. La devaluación e incluso el olvido de la cultura general, las humanidades y la cultura histórica también contribuyen a privarles de la perspectiva necesaria para superar las preocupaciones administrativas a corto plazo.

Al mismo tiempo, se hace todo lo posible para limitar, o incluso prohibir, la expresión del pueblo sobre temas esenciales. Sin embargo, solo el pueblo puede provocar un cambio, en conexión, por supuesto, con las actividades militantes. «Hay épocas violentas en las que el Estado renace, por así decirlo, de sus cenizas y recupera el vigor de la juventud… pero estos acontecimientos son raros», escribe Rousseau (Contrato social, libro II, capítulo VIII).

Se necesita un acontecimiento desencadenante. Las tapas mejor sujetadas acaban saltando bajo la presión. El mañana está en manos del pueblo. «El pueblo, que tiene el futuro y no tiene el presente; el pueblo, huérfano, pobre, inteligente y fuerte; situado muy abajo y aspirando muy alto; con las marcas de la servidumbre en la espalda y las premeditaciones del genio en el corazón» (Victor Hugo, prefacio de Ruy Blas).

4. Ante esta crisis, ¿es concebible otra Europa? Si es así, ¿cuál?
Deseo que las naciones de Europa pesen en el mismo sentido: independencia respecto a Estados Unidos, acercamiento sin servilismo a Rusia. Sé que las naciones de Europa pesarán más juntas que separadas. Siempre y cuando algunas de ellas no sean el caballo de Troya de potencias no europeas. Soy europeo de corazón y quiero una Europa poderosa, pero no solo una Europa poderosa, también quiero una Europa como modelo de civilización. Una Europa equilibrada frente a los excesos de la modernidad.

Rechazamos «el hormiguero americano y el soviético», decían los inconformistas de 1930. Hoy en día, se trata de rechazar tanto a la financiarización/desindustrialización de las economías americana y europea como el control social de la China «popular» y su modelo de desarrollo (¿a qué precio humano y ecológico?) ¿Una dictadura capitalista-comunista, en el marco de una sociedad de vigilancia y una ciudadanía «por puntos»? No, gracias. También hay que rechazar la desindustrialización en nuestro país y el desarrollismo a toda costa en otros lugares por otra razón: una es la condición de la otra, una es la otra cara de la otra. Es porque ya no hay industria en Europa, y sobre todo en Francia, por lo que está en Asia.

Sin duda, Europa debe recuperar una economía industrial, que solo Alemania conserva (relativamente, por cierto, ya que está ampliamente subcontratada en Europa del Este). Pero este retorno a la industria debe realizarse de forma ordenada y responsable con el medio ambiente. (Cabe señalar que nuestra agricultura productivista es infinitamente más devastadora para el medio ambiente que lo que lo serían muchas de las industrias desaparecidas del paisaje de nuestro país).

En cuanto al método, el objetivo de una Europa confederal, lo que yo denomino el Imperio europeo (un Imperio no imperialista, que sería la organización de la diversidad de los pueblos europeos), me parece deseable, pero es evidente que una Europa confederal solo tiene sentido si está en manos de los pueblos. Sin embargo, la actual «construcción» europea está muy lejos de ello. Por lo tanto, hay que saber dar un paso atrás cuando se va en la dirección equivocada. Por eso, aquellos que predicen la salida del euro y piensan que debemos anticiparla, o aquellos que piensan que el euro debería convertirse en una simple moneda común (si es posible), y no en una moneda única, no me parecen necesariamente «malos europeos».

La condición imprescindible para una Europa diferente es que los pueblos recuperen el control de su destino. El soberanismo nacional no me parece sostenible a largo plazo, pero puede ser un paso previo a la construcción de una Europa autocentrada, antes de un proteccionismo europeo, un control europeo de las fronteras, un soberanismo europeo. Una economía autocentrada (André Grjebine, 1980). Actualmente, los pueblos tienen la sensación de haber sido desposeídos de sí mismos y consideran que Europa tal y como es, la UE, contribuye a esta desposesión. De hecho, la Europa actual es profundamente antidemocrática. Hay que devolver la democracia al centro de la acción política, hay que hacerla vivir a nivel local, porque lo local es un fragmento de lo global. Digámoslo claramente: los pueblos deben decidir. Deben decidir todo y en todas partes. La democracia no es el «poder del pueblo», recordaba Rousseau. El globalismo —y la pseudogobernanza mundial que se perfila— se hace en nombre de un cosmopolitismo que Rousseau ya calificaba de «virtud de papel». La dimensión mundial de muchos problemas no significa en absoluto que los pueblos deban desaparecer y fundirse en un molde único: el productor-consumidor del gran mercado mundial uniformizado. A problemas mundiales, soluciones locales. La diversidad de pueblos, culturas y civilizaciones es la oportunidad del mundo.

Putin: Rusia va viento en popa, pero con una severa vulnerabilidad demográfica.

En su sesión anual de preguntas y respuestas con sus conciudadanos, el presidente ruso Vladimir Putin subrayó que es necesario reactivar la demografía nacional. Y también observó que Rusia no es la única nación que se ve ante esa necesidad, todos los demás Estados postindustriales están en la misma situación. De hecho, la guerra en Ucrania comporta un importante factor demográfico.

Este año la clásica conferencia anual del presidente Putin —de quien mucho se olvida que es doctor en derecho— duró casi 5 horas y que estuvo salpicada con 80 preguntas, entre las que destacaron los dardos veneníferos de los multimedia anglosajones[1].

Los datos duros de Rusia a finales de 2025 van viento en popa:
  • en economía: crecimiento de 9,7% en 3 años, mucho más alto que en Europa, y una cotización del rublo que se ha revaluado vigorosamente a 78 rublos frente al dólar, a pesar de las sanciones de Occidente y del «atraco» (Putin dixit) de los haberes de Rusia en Euroclear (Bruselas);
  • en el ámbito militar: el ejército ruso ha horadado en forma irresistible la frágil línea de defensa de Ucrania;
  • y en el rubro geoestratégico: Moscú mantiene un «equilibrio estratégico» con Estados Unidos en la fase de Trump, a quien alabó por sus «esfuerzos» para alcanzar la paz en la prácticamente derrotada Ucrania del agónico comediante jázaro Zelensky.

Después de revelar que en «Anchorage (Alaska) coincidimos prácticamente con las propuestas de Trump» y que «(…) aceptamos sus propuestas de paz», el presidente Putin elogió al presidente chino, Xi Jinping, como «un amigo confiable, un socio estable y un aliado de Rusia» cuando «las relaciones ruso-chinas son un factor importante para la estabilidad global». ¡Ni más ni menos que el G3 de Putin!

Siempre recordaré que, durante su carrera política, el ahora expresidente estadounidense Joe Biden comentaba que el principal talón de Aquiles de Rusia era su baja natalidad demográfica, lo cual se abultó mucho más durante la etapa aciaga de Boris Yeltsin (1992-1999), que coincidió con una grave crisis económica, pobreza e hiperinflación que desembocaron en un colapso demográfico conocido como la «cruz rusa» o «crisis demográfica rusa» cuando las muertes superaron a los nacimientos, a partir de 1992.

Ya en 1999 los nacimientos se habían desplomado a 50% —en el máximo territorio del planeta (alrededor de 18 millones de kilómetros cuadrados) con insuficientes habitantes—, a grado tal que el exsecretario de Estado clintoniano Strobe Talbott —asociado a la revista Time y expresidente de la pugnaz Brookings Institution— nunca ocultó su deseo de balcanizar la escindida exURSS.

Bne Intellinews reporta que, según «Datos del Servicio Federal de Estadísticas (Rosstat), el país [Rusia] registró 1,22 millones de nacimientos en 2024, la cifra más baja desde 1999. Esta cifra representa una disminución de un tercio con respecto a 2014 y refleja una tendencia mundial, tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo, hacia tasas de fertilidad por debajo del nivel de remplazo».

Agrega bne Intellinews que para contrarrestar este descenso, Rusia ha introducido una serie de incentivos, entre los que se incluyen pagos únicos por nacimiento, ampliadas prestaciones por maternidad y ayudas económicas periódicas para familias con hijos. El gobierno ruso también ha recuperado el título de «Madre Heroína» de la era soviética, que incluye una recompensa económica para las mujeres con más de 10 hijos[2].

Putin expuso que el presente coeficiente de natalidad es de un ominoso 1,4 hijos por mujer, por lo que exhortó a tomar medidas para incrementarlo a por lo menos 2.

Luego comentó que el tema demográfico es una preocupación de todos los países con desarrollo posindustrial y que ha llegado a casos «dramáticos» como la tasa total de fertilidad de Japón, que se encuentra en 0,8, mientras que la de Sudcorea ha declinado a 0,7: «nosotros también tenemos un ligero descenso, aproximadamente de 1,4%. Necesitamos alcanzar al menos 2%. Tiene que ponerse de moda, para que la gente comprenda lo que significa la felicidad (sic) de la maternidad y la paternidad».

El presidente ruso identificó las medidas para apoyar el deseo de los jóvenes a crear familias, lo que incluye un apoyo a las hipotecas para las familias.

Dígase lo que se diga, la guerra de Estados Unidos/OTAN/Unión Europea en Ucrania contra Rusia comporta un fuerte componente demográfico, dentro de su multidimensionalidad geoestratégica.

Fuente: Alfredo Jalife-Rahme

El avance de Europa hacia su fin.

 

La UE es un ejemplo concreto de cómo la democracia puede fracasar y convertirse en su opuesto. Pero queda por definir si se trata de un problema de la UE o de una característica natural de la democracia en sí misma.

El liberalismo es esencialmente internacional. Por lo tanto, el tipo de democracia de la UE es la consecuencia lógica de la aplicación del liberalismo. No parece tratarse de una desviación casual, sino más bien de una conclusión inevitable. Platón creía que cualquier democracia conduce siempre a la tiranía. Y la tiranía conduce al fin de la sociedad misma.

La UE es el camino hacia el fin, hacia el infierno. Por eso sus dirigentes están preparando la guerra. Es una profunda voluntad de suicidio. La política de género y el colectivo LGBT+ son la otra cara de la moneda. También la migración masiva ilegal. El suicidio puede ser un programa político. Y algunos europeos votan a favor de él.

Occidente es la voluntad de autodestrucción, la voluntad de morir. No más familias, no más niños, no más agricultores, no más población original, no más humanos (AGI, robots). El amor por Ucrania es el síndrome transparente del amor por la muerte.

La UE es una anticivilización. Es antihumana. Los líderes de la UE esperan religiosamente el fin de Trump. Después de él, esperan que aparezca en Washington el verdadero Anticristo (demócrata). Después de eso, comenzará el misterio final de la autodestrucción. Por eso se ha planeado la guerra con Rusia para 2028.

En ambos extremos del espectro político, la cancelación de la democracia es inevitable: el pueblo exige el abandono de la farsa democrática liberal y el comienzo del gobierno del Katechon, los liberales instalan la tiranía directa. Así que la democracia es más bien su farol.

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

China responde a la «Doctrina Monroe» con «civilización» y «bonos panda» para soberanía y desarrollo.

En una ponencia presentada ante el Instituto Chino para la Innovación y Estrategia de Desarrollo, el analista mexicano Alfredo Jalife-Rahme presentó la disyuntiva que China plantea para los países de Latinoamérica: ¿ceder a la intimidación del «Tío Sam» o desarrollarse con ayuda de la China milenaria?


No fue una respuesta directa a la «Doctrina Monroe» y su «corolario Trump», pero que China haya publicado en un periodo de 17 años (sic) un tercer documento de 23 páginas de Política sobre Latinoamérica y el Caribe, pareciera insinuarlo, ya que apareció 10 días después de la tectónica Estrategia de Seguridad Nacional [1] de la Casa Blanca. El documento chino [2] expone que «en el presente habrá cambios no vistos en un siglo, que se están acelerando en el mundo, con un giro significativo en equilibrio del poder mundial», donde el «Sur Global se sitúa con una vigorosa dinámica».
[2] China’s Policy Paper on Latin America and the Caribbean, 10 de diciembre de 2025.

El documento chino se subdivide en 5 rubros:
  1. Solidaridad: como parte de la Iniciativa de Gobernanza Global (IGG) con reformas (sic), no ruptura, al sistema de Gobernanza Económica Global;
  2. Desarrollo: incluye las Rutas de la Seda, la cooperación de energía y recursos, cooperación agrícola, innovación de ciencia y tecnología, etcétera;
  3. Civilización: intercambios académicos y de think-tanks;
  4. Paz y;
  5. Conectividad: «de persona a persona» que incluye cooperación para la reducción de la pobreza (¡mega-sic!), cooperación turística, etcétera.
Su política no es rupturista, sino reformista, y aboga por la «cooperación entre los bancos centrales y las autoridades financieras regulatorias» con el fin de «expandir liquidaciones trasfronterizas de divisas», donde «el renminbi jugaría un rol central y promovería intercambios con las divisas locales (local currency swaps)», además de la «cooperación con Bonos Panda» en renminbi.

China ostenta ya el primer lugar del PIB global (medido por el poder adquisitivo) y detenta el primer lugar en reservas de dólares/oro de los bancos centrales: 3,5 millones de millones [3]. En el rubro de la cooperación económica destaca el «desarrollo y utilización de la energía a lo largo de la cadena industrial, el incremento en la cooperación de petróleo, gas y otros sectores tradicionales de energía», sin dejar de lado los «campos emergentes de la energía renovable, el transporte inteligente, la infraestructura digital y las urbes inteligentes».

El documento chino pone especial énfasis a la reducción de la pobreza, un objectivo en el que China ya es modelo a seguir después de haber miríficamente reducido 800 millones (¡mega-sic!) de pobres en 40 años, gracias a las reformas de 1978, y 100 millones en 8 años, donde destaca el notable impulso a la educación.

China pregona significativamente el concepto de Civilización, debido a su antiguo estatuto civilizatorio ininterrumpido y la herencia de su «Estado-Civilización» [4], en sincronía con la India y Rusia, al tiempo que reivindica un papel universal que abreva de su portentoso legado milenario. Ya hace 13 años abordé el arribo de China a Latinoamérica y el Caribe [5] y hace 5 años que Beijing domina(ba) geoeconómicamente Sudamérica, como demostré en mi libro Guerra Multidimensional entre Estados Unidos y China [6].

Un autor que merece relevancia es el marxista y académico británico Martin Jacques con su libro de hace 16 años Cuando China gobierne al mundo: El fin del mundo occidental y el nacimiento de un nuevo orden global —curiosamente, 2 años después del discurso premonitorio de Putin en la Conferencia de Seguridad de Múnich [7]  y un año después de la quiebra de Lehman Brothers que puso en peligro las finanzas globalistas del G7.

En forma gradual, China se ha posicionado en el nuevo orden mundial y mínimamente ya empezó a cogobernar biosféricamente cuando ha propuesto desde 2021
  • la Iniciativa de Desarrollo Global, la Iniciativa de Seguridad Global (2022),
  • la Iniciativa de Civilización Global (2023) y, recientemente,
  • la Iniciativa de Gobernanza Global (2025), como abordé en mi ponencia en la plenaria del Instituto Chino para la Innovación y la Estrategia de Desarrollo, en Guangzhou, China [8].
¡China va que va! Ahora le toca seleccionar a Latinoamérica y el Caribe…

La revuelta de la Europa olvidada contra los globalistas.

El auge de la revolución europea: los agricultores, los Gillette Jauns, los populistas (en su mayoría de derecha, a veces de izquierda), la extrema derecha, los tradicionalistas. Todos contra los liberal-globalistas: los Rothschild, Macron, Merz, Starmer, Ursula van der Leien, Black Rock, las élites de Davos.

Europa es ahora como Ucrania: una élite totalitaria corrupta contra la abrumadora mayoría de la población, privada de cualquier derecho e influencia sobre la política, con una parte de la sociedad totalmente manipulada y dispuesta al suicidio voluntario.

Hay una guerra civil en Europa. Ya ha comenzado. El único poder que apoya a la UE son los globalistas de EE.UU. que hasta ahora han logrado contrarrestar las reformas de MAGA impulsadas por Trump. El Estado profundo no se rinde y persiste en bloquear o sabotear cada paso de Trump. Trump está secuestrado.

Revolución campesina: el pueblo real son los campesinos. Todos los demás estamentos (excepto los guerreros y los sacerdotes) son falsos, simulacros. El crecimiento excesivo de la ciudad es el cáncer de la sociedad. Solo la relación con la tierra hace humanos a los hombres. El burgués es el ciudadano, el habitante de la ciudad.

La burguesía, en la etapa inicial de la modernidad, sustituyó al verdadero tercer estado, los campesinos. Es el origen de la catástrofe llamada «capitalismo». El capitalismo es el culto al becerro de oro promovido por la élite pervertida internacionalista y globalista. No es el libre mercado, es el monopolio.

El capitalismo es el asesino de la economía de libre mercado. Es un gobierno oligárquico pervertido. El capitalismo es el origen del desastre global. El retorno al alma es la única solución. Necesitamos una nueva Vendée. Y esta vez vamos a vencer a la degradada y sangrienta República.

Ya es hora de abolir la UE. ¿Dónde está nuestro valiente Elon? Se despierta esporádicamente para el heroico combate contra la Bestia, pero se vuelve a dormir demasiado pronto. Para ganar, tenemos que ser muy perseverantes. Como el satánico Soros, el caballero de la Bestia. Tenemos que atacarlos todos los días. Más, más...

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

La ley de los piratas.

Como si nada hubiese sucedido, el consejo europeo sobre Ucrania del 18 de diciembre puso entre paréntesis todo lo que los mismos dirigentes europeos habían concedido en Berlín, el 15 de diciembre, a los negociadores estadounidenses. Los participantes en ese consejo europeo reafirmaron que la OTAN desplegaría tropas en Ucrania y que pretenden juzgar a Rusia.

La Unión Europea —con excepción de Eslovaquia y Hungría— se contradice constantemente, con lo que reafirma su proyecto de guerra contra Rusia, a la vez que aprueba el rearme de Alemania. Al mismo tiempo, Estados Unidos dice luchar contra los narcotraficantes en el mar Caribe y contra Irán en el océano Índico, cuando en realidad amenaza a Venezuela e Irán con sendas intervenciones militares.

El Consejo Europeo reunido el 18 de diciembre de 2025

Enésima reelaboración del «plan de paz» para Ucrania, presentada por el Consejo Europeo, reunido en Bruselas, sólo 3 días después de la reunión de Berlín entre un grupo de dirigentes europeos y los representantes de la administración Trump. Veamos, en síntesis, el contenido de la Declaración Final:
«Los líderes apreciaron la fuerte convergencia entre Estados Unidos, Ucrania y europea. Los líderes estadounidenses, como los europeos, se comprometieron a colaborar para proporcionar:
  1. Un apoyo constante a las fuerzas armadas ucranianas, que deben mantenerse en tiempo de paz en 800.000 hombres para defender su territorio;⛔
  2. Una «fuerza multinacional para Ucrania» suministrada por la coalición europea de voluntarios y respaldada por Estados Unidos, incluso a través de operaciones en el interior de Ucrania;⛔
  3. Un compromiso jurídicamente vinculante a adoptar medidas para la seguridad en caso de futuro ataque armado, incluyendo el uso de la fuerza armada;⛔
  4. La necesidad de que Rusia pague reparaciones a Ucrania por los daños causados: con ese fin los bienes soberanos rusos en la Unión Europea han sido inmovilizados. [Sigue sin aceptarse el plan de utilizar esos fondos rusos para financiar a Ucrania. Pero, durante los dos próximos años, la Unión Europea entregará a Kiev otros 90.000 millones de euros provenientes de su propio presupuesto, o sea de los bolsillos de los contribuyentes europeos. Nota de Red Voltaire].⛔
  5. El fuerte apoyo a la adhesión de Ucrania a la Unión Europea.
Los dirigentes reafirmaron que las fronteras internacionales no deben ser modificadas por la fuerza y que las decisiones sobre el territorio son cosa del pueblo ucraniano, y estuvieron de acuerdo en que ciertas cuestiones tendrán que ser resueltas en las fases finales de las negociaciones. Precisaron seguidamente que todo acuerdo deberá proteger la seguridad y la unidad a largo plazo del área euro-atlántica y el papel de la OTAN en cuanto a suministrar una fuerza de disuasión.

Rusia ha precisado en todo momento que no aceptará en ningún caso el despliegue de tropas occidentales en Ucrania, y mucho menos en el marco de la OTAN.

El porqué es evidente: la razón fundamental por la que Rusia intervino militarmente en Ucrania es que la OTAN, bajo las órdenes de Estados Unidos, se extendió cada vez más hacia el este y que, con el golpe de Estado de 2014 en Ucrania, este país fue utilizado para atacar a Rusia arremetiendo militarmente contra la población rusoparlante de Donbass y de Crimea.

Lo que Rusia pide hoy es no sólo recuperar esos territorios —que ya se reintegraron a la Federación Rusa por cierto mediante sendos referéndum populares— sino que no haya tropas occidentales —dotadas incluso de armas nucleares— cerca de sus fronteras, independientemente de que esas fuerzas militares sean o no tropas de la OTAN.

En resumen, la última variante del «plan de paz» hace imposible el fin de la guerra. Pero eso es precisamente lo que quieren quienes encabezan el partido de la guerra, aquellos que quieren una Europa desgarrada y por consiguiente todavía más sometida a la dominación estadounidense.

***

La Unión Europea da a Alemania luz verde en el terreno de los gastos militares. La Comisión Europea anunció que exime a Alemania de las normas presupuestarias habituales en el ámbito militar.

Como ejemplo emblemático, aunque no único, está el hecho que la firma alemana Rheinmetall está fabricando para Ucrania más munición de artillería de gran calibre que el volumen total que produce todo el complejo militar estadounidense. Las acciones de Rheinmetall se han revalorizado alrededor de 15 veces desde 2022. Esa empresa está valorada hoy en alrededor de 80.000 millones de dólares, más o menos como las grandes industrias de guerra estadounidenses Lockheed Martin y General Dynamics.

Al mismo tiempo, por primera vez desde su creación, la alemana Volkswagen ha detenido la producción de automóviles en una de sus fábricas en Alemania, la de Dresde, inaugurada en 2001. La explicación de esa medida está en el derrumbe de la demanda y los elevados aranceles que Estados Unidos le impone. Debido a ello, ya se auguran fuertes reducciones de salarios y numerosos despidos.

Ante la situación de desmantelamiento del derecho internacional tanto en la escena europea como en otros escenarios de guerra, regresa al primer plano la «ley de la piratería». En el mar Negro y en el Mediterráneo son cada vez más frecuentes los ataques contra tanqueros rusos perpetrados con drones, ataques formalmente ucranianos pero de hecho orquestados por la OTAN ya que su ejecución exige el uso de medios satelitales militares que sólo posee la OTAN.

La «ley de la piratería» también se impone en el mar Caribe, donde las fuerzas navales de Estados Unidos que asedian a Venezuela —el país que dispone de las reservas petroleras comprobadas más grandes del mundo— abordan y confiscan tanqueros cargados de petróleo venezolano. Lo mismo sucede en el océano Índico, donde fuerzas estadounidenses abordaron e incautaron un buque cargado de productos industriales chinos destinados a Irán, aduciendo se trataba de productos de doble uso —civil y militar— y que Irán podría usarlos para fabricar misiles que pudieran ser utilizados contra Israel.

Al mismo tiempo, Washington anuncia que venderá a Taiwán armamento moderno por un monto de 11.000 millones de dólares.

Este texto resume brevemente la revista de prensa internacional Grandangolo transmitida el 19 de diciembre de 2025 por el canal italiano de televisión Byoblu.

El rey y el alma. El carro del alma de Platón como modelo metafísico del imperio y la política sagrada.

 

Platón parte del principio fundamental de una homología directa entre el cosmos, el Estado y la estructura del alma.

En el diálogo del Fedro describe esta triple estructura del alma mediante las siguientes imágenes: «Comparemos el alma con la fuerza combinada de un par de caballos alados y un auriga. En el caso de los dioses, tanto los caballos como los aurigas son nobles y nacidos de nobles, mientras que en otros casos son de ascendencia mixta. En primer lugar, nuestro gobernante conduce el carro y luego, entre los caballos, uno es hermoso, noble y nacido de alta estirpe, mientras que el otro es todo lo contrario, con antepasados de otro tipo. Inevitablemente, la tarea de gobernarnos es difícil y problemática».

Aquí es importante que Platón compare la estructura del alma humana con la estructura de las almas de los dioses: solo se diferencian entre sí en la calidad y la nobleza de sus partes.

Platón continúa su descripción: «Al principio de este relato, dividimos cada alma en tres tipos: dos partes que comparamos en forma con los caballos, y la tercera con un auriga. Que esta división siga vigente también ahora. De los caballos, decimos que uno es bueno y el otro malo. Aún no hemos explicado en qué consiste la bondad del uno o la maldad del otro, y eso es lo que debemos hacer ahora. Uno de ellos, pues, tiene una postura más elegante: recto y bien proporcionado, de cuello alto, con una nariz ligeramente aguileña, de color blanco, ojos negros, amante del honor combinado con la moderación y la reverencia; un compañero de opinión verdadera, que no necesita látigo, guiado solo por la orden y la palabra. El otro es torcido, pesado, de constitución torpe, de cuello grueso y corto, nariz chata, color negro, ojos claros, de sangre caliente, compañero de la insolencia y la jactancia; peludo alrededor de las orejas, sordo, y apenas cediendo al látigo y al aguijón».

Como subraya Platón, los dos caballos son desiguales: uno es mejor, el otro peor; uno es blanco (pero con un ojo negro —μελανόμματος—), el otro negro (con ojos claros —γλαυκόμματος—). Así, se establece una jerarquía dentro del alma:
  • el auriga
  • el caballo blanco (bueno);
  • el caballo negro (no bueno, malo).
En el cuarto libro del diálogo La República, Platón desarrolla aún más este tema, definiendo los tres componentes del alma en los siguientes términos:
  • el auriga representa el intelecto (νοῦς, λόγος);
  • el caballo blanco encarna el principio enérgico (θυμός);
  • el caballo negro representa el deseo (ἐπιθυμία).
Platón correlaciona directamente estos con las tres clases de su estado:
  • la parte más elevada del alma corresponde a los filósofos-reyes (los guardianes);
  • el principio energético corresponde a los guerreros (los auxiliares de los guardianes);
  • el deseo es la fuerza dominante entre los trabajadores y los agricultores (el resto de la población).
En Fedro Platón describe la causa de la caída del alma en el cuerpo como consecuencia de la rebelión del caballo negro. Mientras que el caballo blanco obedece la voz del auriga, el caballo negro no lo hace y se esfuerza continuamente en una dirección opuesta al intelecto. El alma cae en el cuerpo y pierde sus alas precisamente por un impulso centrífugo intrínseco en sí misma, encarnado en el caballo negro, en la propiedad del deseo. No hay una frontera estricta entre el deseo y el cuerpo; el cuerpo mismo es el deseo convertido en piedra.

Pero desde otra perspectiva, el caballo negro está relacionado con el blanco: ambos son caballos, aunque de origen diferente, como destaca Platón. Ambas cualidades —thymos (θυμός) y epithymia (ἐπιθυμία)— derivan de un único fundamento, de la palabra thymos, que para los griegos también servía como sinónimo de alma. La raíz indoeuropea de esta palabra, dʰuh₂mós, significaba originalmente «humo», un significado asociado con el fuego y el aire. El deseo, por lo tanto, es ante todo espíritu; sin embargo, si el espíritu (thymos), la virtud marcial más elevada, es el deseo en su forma pura, entonces el deseo (epithymia) es el deseo que se ha vuelto pesado, endurecido y condensado. El espíritu puro conduce a la destrucción (hacia la corporeidad); por lo tanto, la vocación de los guerreros es soportar la muerte. El espíritu agobiado, o el deseo, conduce a la creación; por lo tanto, la vocación de los campesinos y los trabajadores es la creación de productos y cosas, así como la procreación de hijos.

El rey filósofo es aquel en quien el auriga es plenamente capaz de subordinar a ambos caballos y dirigir el curso del carro verticalmente hacia arriba. Es precisamente en esta dirección en la que se construye el Estado: a lo largo del eje entre el Cielo y la Tierra y hacia el Cielo. El Imperio es una escalera que conduce al Cielo.

La política, según Platón, es una estructura de ascenso antropológico, que corresponde a la elevación del alma y la purificación de sus propiedades. Es precisamente esta conexión inmediata entre el ser y la política lo que hace que el Estado, en el entendimiento platónico, sea sagrado.

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Las negociaciones sobre Ucrania se dilatan.

Las negociaciones alrededor de la paz en Ucrania encuentran como obstáculo la mala voluntad de la «administración Zelenski», que trata desesperadamente de ganar tiempo, en el plano jurídico principalmente, así como en el plano militar y, finalmente, en el plano político. Los contactos iniciados nos obligan a reflexionar sobre el tipo de paz que Kiev está buscando.

La videoconferencia del 10 de diciembre de 2025 sobre la venta de las «tierras raras» de Ucrania

Las negociaciones para la paz entre Ucrania y Rusia van haciéndose interminables. Es evidente que la parte rusa, segura de su victoria, tiene intenciones de hacerse con el control de toda la región del Dombás, mientras que Kiev sigue tratando de mantenerse allí.

Los dirigentes de los Estados de la Unión Europea y de Reino Unido corren de reunión en reunión, al ritmo de casi una reunión diaria, guiados sólo por la obsesión de continuar la guerra, con Estados Unidos o no.

Dos nuevos elementos han venido a modificar el contexto: Washington se plantea la posibilidad de salir de la OTAN y Kiev acepta la idea de vender el país a los estadounidenses.

WASHINGTON Y LA OTAN
El 1º de diciembre se desarrolló una videoconferencia secreta en la que participaron el presidente de Francia; Emmanuel Macron; el presidente de Finlandia, Alexander Stubb; el canciller de Alemania, Friedrich Merz; los primeros ministros de Polonia, Italia, Dinamarca y Noruega —respectivamente Donald Tusk, Giorgia Meloni, Mette Frederiksen y Jonas Gahr Store—; el secretario general de la OTAN, el neerlandés Mark Rutte; la presidente de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen (la Gárgola); y el presidente del Consejo Europeo, el portugués Antonio Costa.

Según el semanario alemán Der Spiegel, que tuvo acceso a la síntesis escrita de la reunión, el secretario general de la OTAN dijo estar de acuerdo con el presidente de Finlandia en opinar que los europeos tenían que desconfiar de la paz para Ucrania que los enviados especiales del presidente estadounidense Donald Trump —Steve Witkoff y Jared Kushner— estaban negociando[1].

Es la primera vez que un secretario general de la OTAN en funciones se toma la libertad de criticar abiertamente a un presidente estadounidense, igualmente en ejercicio del cargo.

En la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 que la Casa Blanca publicó el 4 de diciembre, se menciona la OTAN en 5 ocasiones. La OTAN ya no es una alianza fundamental para Estados Unidos en la medida en que el presidente Trump ha anunciado el fin del «Imperio estadounidense». Washington está demasiado ocupado tratando de resolver el problema que representa su deuda nacional de 33.000 millardos de dólares[2] para tener que dedicarse también a la defensa del occidente de Europa. Así que la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de la administración Trump se limita a señalar que todos los Estados miembros de la OTAN tendrán que garantizar su seguridad por sí mismos, dedicando a ese fin un 5% de su producto interno bruto (PIB), proporción muy superior a la que le dedican actualmente.
[2] 1 millardo = 1 000 millones.

La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de Estados Unidos señala también que la OTAN no está destinada a continuar su expansión[3].

Cinco días después, el 9 de diciembre, un miembro republicano de la Cámara de Representantes, Thomas Massie (Kentucky), presento un proyecto de ley (HR 6508) que apunta a la salida de Estados Unidos de la OTAN. El 12 de diciembre, ese texto fue enviado a la comisión de Relaciones Exteriores[4]Es la primera vez que el Congreso estadounidense se plantea la posibilidad de que los Estados Unidos de América abandonen la alianza atlántica.

Es demasiado pronto para sacar conclusiones, pero sí podemos observar que entre los seguidores del presidente Trump existe una corriente contraria a la OTAN y que los europeos saben perfectamente que, solos, son incapaces de garantizar simultáneamente su propia defensa y de mantener su política de hostilidad hacia la Federación Rusa.

Los colaboradores del presidente Trump afirman, en privado, que este sacará a Estados Unidos de la OTAN a mediados de 2027… pero eso podría suceder incluso antes.

Los dirigentes de la Unión Europea lo saben. El presidente del Consejo Europeo, el portugués Antonio Costa, declaraba el 8 de diciembre, en el Instituto Jacques Delors: «Si queremos protegernos, no sólo contra nuestros adversarios sino también contra los aliados que nos desafían, tenemos que reforzar a Europa. Necesitamos concertarnos para construir una Europa que debe entender que las relaciones de los aliados y las alianzas posteriores a la 2GM han cambiado».

Eso es cierto, pero los miembros de la Unión Europea definitivamente no disponen de los medios con que cuenta Estados Unidos. Como máximo podrían, si así lo desean, organizarse alrededor de una de las 3 potencias nucleares que existen en Europa: Francia, Reino Unido o… Rusia.

EL DICTADOR ZELENSKI Y LAS ELECCIONES
Ya hace un mes que, el 11 de noviembre, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, dio el pitazo de inicio a la «Operación Midas» en Ucrania. Los principales aliados ucranianos del presidente —ahora no electo— Volodimir Zelenski han ido cayendo uno a uno. Es imposible seguir creyendo que el propio Zelenski no haya sido uno de los principales beneficiarios de los desvíos de fondos descubiertos en Ucrania y de los pagos ilegales que se exigían a las empresas. Pero nadie se atreve a detenerlo, y él se aferra al poder para garantizar sus ganancias personales o enviarlas fuera del país.

Ante la presión que las conversaciones de paz representan para él, Zelenski recurre constantemente a sus «padrinos», multiplica las reuniones fuera de Ucrania —en Atenas, París, Londres, Bruselas, Roma y Berlín— mientras que su representante especial y secretario general de su Consejo de Seguridad y Defensa, Rustem Umerov, ya está prácticamente en el exilio. El régimen de Kiev se ha convertido en un juego de sombras. El «presidente», cuyo mandato ya expiró, puede caer en cualquier momento y su principal negociador ya no se atreve a regresar al país.

El 9 de diciembre, en una entrevista concedida a Politico[5], el presidente Trump se expresó de la siguiente manera:

Politico: ¿Cree usted que ya es hora de que Ucrania organice una elección?

Donald Trump: Sí, pienso que sí. Desde hace tiempo. Es… no salió particularmente bien. Sí, creo que ya es hora. Pienso que es un momento importante para organizar elecciones. Utilizan la guerra para no hacer elecciones pero… pienso que el pueblo ucraniano debería… debería tener esa opción. Quizás Zelenski ganaría. Yo no sé quién ganaría. Pero hace tiempo que no han tenido elecciones. Usted sabe… hablan de una democracia, pero han llegado a un punto en que ya no es una democracia.

Es importante saber que la Constitución ucraniana prohíbe la realización de elecciones bajo la ley marcial. La ley marcial fue instaurada en Ucrania, por primera vez, en 2018, por el entonces presidente Petro Porochenko, precisamente durante la campaña electoral previa a la elección presidencial[6]. La segunda vez la instauró… Volodimir Zelenski, en 2022, durante la operación militar especial rusa.

En Ucrania, la ley marcial instituye 9 medidas:
  • Se restringen los derechos y las libertades constitucionales de los civiles.
  • Se introduce una «obligación de trabajar» que se aplica a todas las personas, tengan o no un empleo, el trabajo impuesto puede ser en el ejército.
  • Se incautan propiedades pertenecientes al Estado o se «dispone por la fuerza» de los bienes comunales y privados «para las necesidades del Estado».
  • Se impone un toque de queda.
  • Se implantan puntos militares de control y se restringen «la libertad de circulación de los ciudadanos, de los extranjeros y de los apátridas así como la circulación de vehículos».
  • Se verifican los documentos personales y se inspeccionan los lugares donde se encuentran las personas.
  • Se prohíben las manifestaciones pacíficas, las reuniones y los eventos de masas.
  • Se prohíben o se restringen los medios de prensa.
  • Se prohíbe o se restringe la difusión de información en las redes sociales.
Tanto en 2018 como en 2022, el objetivo de la ley marcial era claramente instaurar un régimen autoritario. Petro Porochenko la mantuvo sólo por 30 días. Pero Zelenski ha venido renovándola cada 3 meses desde febrero de 2022. El 16º decreto que promulgó en ese sentido la prolonga hasta febrero de 2026.

Según la Constitución ucraniana, el mandato presidencial de Volodimir Zelenski expiró en mayo de 2025. A partir de ese momento, el presidente del parlamento, Ruslan Stefanchuk, tendría que haber asumido la jefatura del Estado a título interino. Pero Stefanchuk no sólo se abstuvo de reclamar que se respetara la Constitución sino que acompañó a Zelenski en numerosos viajes para cubrirlo con una apariencia de legitimidad.

Si hoy se realizaran elecciones en Ucrania, las listas de electores estarían falseadas ya que todavía aparecen en ellas cientos de miles de soldados ucranianos muertos en combate. En esas condiciones, «arreglar» las elecciones sería para Kiev un juego de niños.

La parte rusa ha subrayado en numerosas ocasiones que no puede firmar la paz con una personalidad ilegítima como contraparte. En Moscú no han olvidado que el presidente Porochenko afirmó, de la noche a la mañana, que los Acuerdos de Minsk, firmados por su enviado especial y predecesor, Leonid Kuchma, «no tenían valor jurídico» porque el mandato de Kuchma no habia sido valido por él ni por el parlamento.

Por consiguiente, cuando Zelenski anuncia súbitamente que aceptaría organizar elecciones, probablemente está tratando de ganar tiempo y de retrasar todavía un poco más un eventual proceso de paz.

LA VENTA DEL PAÍS AL MEJOR POSTOR
El 9 de junio de 2024, el senador republicano Lindsey Graham afirmaba en el programa Face the Nation, de CBS News, que el valor de las llamadas «tierras raras» ucranianas se situaba «entre 10.000 y 12.000 millardos de dólares».

Hace varios meses, el presidente Trump mencionó la posibilidad de poner en manos de Estados Unidos la explotación de esos recursos ucranianos como medio de «reembolsar» los fondos que la administración Biden dedicó a la guerra de Ucrania. El 12 de febrero de este año, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, viajó a Kiev para conversar sobre eso con Volodimir Zelenski.

El pasado 10 de diciembre, Zelenski se reunió por videoconferencia con el mismo Bessent y con Jared Kushner, quien no participó en la conversación como negociador sino en su calidad de director del fondo de inversiones Affinity Partners. También participó en esa videoconferencia el director ejecutivo del fondo de inversiones estadounidense BlackRock, el magnate Larry Fink, quien ya posee gran parte de las tierras agrícolas de Ucrania[7]. Evidentemente, el objetivo de la videoconferencia era evaluar qué podría obtener Kiev a cambio de las tierras raras. Lo que hace 10 meses parecía inconcebible, ahora se ve como algo posible.

Al día siguiente, el 11 de diciembre, hubo una segunda reunión. Otra vez por videoconferencia, Zelenski se reunió con los principales negociadores estadounidenses e hizo intervenir al secretario general de la OTAN. Esta vez se trataba de pasar discutir las «garantías de seguridad»… aunque ahora se sabe que la OTAN no está llamada a ser eterna.

«La Unión Europea ha sido arrojada a la basura»: ¿Cómo se repartirán el mundo los «cuatro grandes»?

 

La idea del C5, o «Núcleo 5», como alternativa al G7, es un proyecto que se deriva directamente del enfoque político y geopolítico del movimiento MAGA en la política mundial. Ese realismo político significa un rechazo de la globalización y la construcción de una nueva arquitectura internacional basada en los centros de soberanía reales que existen en el mundo actual.

Cuando hace poco menos de un año publiqué mi libro «La revolución de Donald Trump», que ya ha sido traducido a muchos idiomas, le puse como subtítulo «El orden de las grandes potencias». Pero, ¿qué es «el orden de las grandes potencias»? Se trata precisamente de la construcción de un sistema internacional en el que solo los Estados-civilización con su propia ideología, economía y geopolítica son verdaderamente soberanos porque han demostrado su viabilidad, lo que significa que solo ellos poseen verdaderamente soberanía.

Es, por así decirlo, la versión de MAGA de un mundo multipolar. En realidad, esto es precisamente lo que dijo en su momento el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio. Y esto formaba parte de los planes de ideólogos de MAGA como Steve Bannon. John Mearsheimer, un destacado representante del realismo político estadounidense bastante crítico con Trump, lo apoyó y lo justificó.

Se trata de un enfoque frío de la noción de soberanía. Solo las grandes potencias deben tener soberanía: «el orden de las grandes potencias».

Es decir, se trata de la versión estadounidense y trumpista de un mundo multipolar, que difiere bastante del modelo BRICS.

Primero, los BRICS no incluyen a los Estados Unidos ni a Occidente, sino que se construyeron como una alternativa. Y esto es absolutamente lógico, ya que antes de Trump, Estados Unidos representaba un bastión del mundo global que se aferraba a la unipolaridad. Aunque antes dije que no se excluye un lugar para Estados Unidos en el BRICS y que, en cierto modo, está reservado para él, pero solo si Estados Unidos renuncia a la globalización.

Segunda diferencia: el BRICS acepta a aquellas civilizaciones que aún no se han consolidado como el mundo islámico (que hasta ahora no ha logrado unificarse siguiendo una estrategia civilizatoria común), América Latina (que también se encuentra estancada en su camino hacia la integración) y el continente africano. Todos los países de estas civilizaciones están representados en el BRICS. Es decir, el BRICS es una forma benévola de multipolaridad «en crecimiento». En él participan tanto Estados-civilizaciones ya consolidados como aquellos que aún tienen que unirse. Es como un «proyecto de futuro».

Por consiguiente, la diferencia entre el «Orden de las grandes potencias» y el proyecto BRICS radica en que el primero solo reconoce la soberanía de los Estados-civilizaciones existentes, como Estados Unidos, Rusia, China e India. También se incluye a Japón, supongo que para contrarrestar a China. Aunque en realidad es un país poderoso, si pudiera independizarse de Estados Unidos, entonces podría convertirse en un polo soberano. Este proyecto representa la versión estadounidense de la multipolaridad. Y en la última doctrina de seguridad nacional estadounidense publicada por el Departamento de Estado esta idea es expresada de forma estricta, clara y directa.

La idea de crear el C5, el «Núcleo 5», a ojos de los estrategas estadounidenses del MAGA (subrayo que no son neoconservadores ni globalistas) supone otorgar a este «orden de grandes potencias» una especie de estatus de club. Todavía no se trata de las bases del derecho internacional, sino de una especie de club que, en esta ocasión, se ha construido de forma completamente diferente al G7, en el que se metieron a la fuerza varios enanos occidentales que no representan nada, como Canadá.

Tanto el G7 como el G20 eran clubes globalistas con una agenda basada en esas ideas. Por eso, hoy en día ya no tienen ninguna relevancia y, precisamente por eso, se está considerando la creación de un club multipolar verdaderamente relevante: el C5.

Pero, ¿cómo ve esto MAGA? Lo más probable es que Estados Unidos considere la creación del C5 como una alternativa a los BRICS. Sin embargo, también se puede considerar como un complemento de los BRICS. ¿Qué es lo realmente importante aquí? La ausencia de Europa, Gran Bretaña, Canadá y Australia. Es decir, la ausencia de regímenes que, en su agonía, siguen aferrándose desesperadamente al proyecto globalista. Esta es la verdadera geopolítica de MAGA, que reconoce, aunque a su manera, la multipolaridad.

Por eso, el C5 es una propuesta muy seria. Por supuesto, se puede criticar, se puede decir que los BRICS son mejores. Y yo pienso lo mismo: los BRICS son mejores en todo, excepto en que no incluyen a Estados Unidos. Y mientras no estén allí Estados Unidos y Occidente, nadie dentro de los BRICS se atreverá a desafiar realmente la hegemonía global. Pero aquí Trump y MAGA hacen un movimiento interesante: «No se unan contra nosotros, construyamos juntos la multipolaridad».

Y esto es realmente muy importante y debemos tomarlo con cuidado. Veamos qué puede salir de todo esto.

Ahora vivimos un momento en el que Trump está volviendo a su estrategia original de MAGA, de la que se había alejado mucho en los meses anteriores, de hecho, bastante. Pero ahora ha llegado el momento del regreso. Y no es casualidad que precisamente en este momento haya surgido la propuesta de considerar la creación del club C5 («Núcleo 5»). Una propuesta sumamente importante, reveladora y extremadamente interesante.

Lo más importante es que en esta propuesta no hay lugar para la Unión Europea, ni para los globalistas, ni para Soros, ni para Schwab, ni para el Foro de Davos, ni para Macron... Todos ellos han sido arrojados a la basura junto con Zelenski y el nazismo ucraniano. Y este es realmente un momento muy interesante, en el que Estados Unidos se ve obligado a reconocer la multipolaridad, aunque ofrece su propia versión.

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera