Cosmología: cuestionamientos y nuevas tendencias | CONTROVERSIAS SOBRE EL CORRIMIENTO AL ROJO

Como regla general, las líneas espectrales en la luz de las estrellas de nuestra galaxia se desplazan al rojo si ellas se alejan de nosotros, y se desplazan al azul si se mueven hacia nosotros, resultando del estiramiento y compresión de las ondas luminosas respectivamente, lo cual se conoce también como efecto Doppler. Dado que las líneas espectrales en la luz de todas las galaxias se corren al rojo, con excepción de algunas cercanas, esto podría significar que las galaxias se alejan de nosotros y el universo se está expandiendo. El desplazamiento hacia el rojo de la luz de galaxias distantes aumenta con su distancia aparente, como lo indica su brillo o tamaño reducido. Esto significaría que las galaxias se están separando a una velocidad que aumenta con la distancia, mientras que la velocidad de las galaxias más alejadas se acercan cada vez más a la velocidad de la luz. Los cosmólogos frecuentemente utilizan la analogía de un budín de pasas: a medida que el budín se calienta y expande, las pasas —que representan grupos de galaxias— se separan. Un desplazamiento al rojo causado por la expansión del espacio se conoce como desplazamiento al rojo cosmológico.

El efecto Doppler es un fenómeno físico donde un aparente cambio de frecuencia de onda es presentado por una fuente de sonido con respecto a su observador cuando esa misma fuente se encuentra en movimiento. Este fenómeno lleva el nombre de su descubridor, Christian Andreas Doppler, un matemático y físico austríaco que presentó sus primeras teorías sobre el asunto en 1842.

Al proponer sus ecuaciones de campo gravitacional, Einstein agregó una «constante cosmológica» —una fuerza antigravitacional, conocida como lambda (λ ó Λ)— para equilibrar la fuerza de gravedad y mantener el universo estático. Aleksandr Fridman (en 1922) y el sacerdote jesuita Georges Lemaître (en 1927) encontraron soluciones de forma independiente a las ecuaciones de Einstein en las que el universo se expande. Al mismo tiempo, los astrónomos estaban descubriendo que los espectros de otras galaxias se desplazaban al rojo, lo cual era compatible con un universo en expansión. A principios de los años treinta la idea de que el universo comenzó como un «átomo primitivo» —en términos de Lemaître— y que se ha ido expandiendo desde su nacimiento había ganado amplia aceptación, y por lo tanto Einstein abandonó la constante cosmológica, pero se reconsideró en los años ochenta.

Aunque fue concebido originalmente como una explosión en el espacio, los «big-bangers» rápidamente decidieron que el nacimiento del universo debió haber implicado una explosión de espacio porque una detonación de materia en el espacio preexistente habría tenido una ubicación definida y medible. Puesto que el desplazamiento al rojo significa que todo se está alejando de nosotros y que las velocidades de expansión son las mismas en todas direcciones, esto implica que tendríamos que situarnos en o cerca del centro de la explosión. Por tanto y para evitar la conclusión de que estamos ubicados en un lugar especial del universo, se afirma que el espacio mismo surgió a la vida con el Big Bang y se ha expandido desde entonces, llevando a las galaxias consigo. Como no se observa expansión del espacio al interior de nuestro Sistema Solar, galaxia o incluso grupo de galaxias, los «big-bangers» suponen que el estiramiento del espacio debe producirse entre clústeres y superclústeres de galaxias, donde está seguramente más allá de la investigación observacional. En conclusión y estrictamente hablando en el modelo del Big Bang el desplazamiento hacia el rojo no es un efecto Doppler ya que las galaxias permanecen estacionarias mientras que el propio espacio se expande.

Esta masa de gas y polvo de apariencia caótica y violenta es el resto de una estrella explosiva cercana o supernova (N63A). La imagen fue tomada por el telescopio espacial Hubble, con utilización de filtros de color para tomar muestras de la luz emitida por el azufre (rojo), oxígeno (azul) e hidrógeno (verde). En marcado contraste, se supone que el universo del Big Bang se está expandiendo en una manera perfectamente uniforme y simétrica. Esto comenzó como una aserción simplificadora y necesaria para evitar que las ecuaciones relevantes se tornaran inmanejables, pero ahora es parte integral del «dogma Big Bang».

Desde principios de la década de 1920, varios científicos han argumentado que, en lugar de ser causado por expansión, el desplazamiento al rojo podría provocarse por la luz que pierde energía a medida que viaja a través del espacio; esto se conoce como «hipótesis de la luz cansada». Se han propuesto varios mecanismos posibles que implican interacción de la luz con materia, radiación o campos de fuerza en el espacio interestelar e intergaláctico y en ocasiones se objeta que tales procesos producirían imágenes borrosas de objetos distantes, pero esto está lejos de ser cierto para todos los mecanismos. La luz también podría estar perdiendo energía a medida que pasa a través del éter, como propusieron Walther Nernst (premio Nobel en 1921) y varios investigadores posteriores. El éter es un medio sutil que penetra todo el espacio y forma el sustrato de la materia física. Los científicos solían creer que las ondas de luz se propagaban a través de un medio etérico, pero el éter fue abolido por la ciencia de cabecera a principios del siglo XX favoreciendo así la ficción del «espacio vacío».

Actualmente la supuesta tasa de expansión del universo todavía se denomina «constante de Hubble», aunque incluso Edwin Hubble (quien en 1929 confirmó que los desplazamientos hacia el rojo eran aproximadamente proporcionales a la distancia) llegó a favorecer el modelo de «luz cansada» de un universo infinito y no expansivo. Además, la mayor parte de las galaxias que estudió al obtener la relación de desplazamiento al rojo/distancia estaba situada dentro de nuestro Grupo Local y hacia 1934 los cosmólogos habían decidido que el espacio dentro de los «racimos» de la galaxia no se está expandiendo.

Edwin Hubble, el padre del Big Bang

Paul LaViolette, Tom Van Flandern, Eric Lerner y otros autores han revisado varias pruebas observacionales de las diferentes interpretaciones del desplazamiento al rojo y muestran que la teoría del universo no expansivo explica los datos mucho mejor que la del universo en expansión. Para adaptar el modelo Big Bang a las observaciones hay que introducir una variedad creciente de supuestos ad hoc sobre la forma de evolución del Universo desde su creación. Además, los ajustes hechos para permitir que la teoría del Big Bang se enmarque en un conjunto de datos a menudo socavan su adaptabilidad con otros tipos de pruebas cosmológicas, llevando a confusión a la teoría en su conjunto. Van Flandern concluye: «A pesar de la popularidad generalizada del modelo Big Bang, incluso su premisa más básica, la expansión del Universo, es de validez dudosa tanto observacional como teóricamente». Como sostiene LaViolette, al abandonar el mito del Universo en expansión, podemos contemplar un nuevo paisaje cósmico: «Las galaxias ya no se alejan de nosotros a velocidades increíbles, sino que flotan suavemente en las aguas del cosmos, como muchos lirios brillantes en un enorme lago».

Si los desplazamientos al rojo extragalácticos se debieran únicamente a la expansión del espacio (como en la teoría del Big Bang) o si se produjeran sólo por pérdida de energía de la luz a medida que viaja por el espacio (como en la idea de la «luz cansada») dichos corrimientos al rojo deberían ser siempre proporcionales a la distancia. Sin embargo, existen numerosos casos en que las galaxias a la misma distancia tienen acercamientos al rojo muy diferentes, lo que demuestra la incidencia de otros factores.

Los grupos galácticos consisten en una galaxia central orbitada por otras compañeras. Se supone que el desplazamiento al rojo del conjunto se debe a su velocidad de recesión; sin embargo, los desplazamientos al rojo de las galaxias vecinas debieran ser ligeramente superiores o inferiores a los de su galaxia central debido a su velocidad orbital en torno a ella. Y puesto que en cualquier momento dado aproximadamente el mismo número de galaxias aledañas debiera tanto acercarse como alejarse de nosotros en su movimiento orbital, esperaríamos que una mitad tuviera desplazamientos hacia el rojo ligeramente más altos y la otra mitad otros corrimientos levemente inferiores. No obstante, los desplazamientos al rojo de las 22 galaxias anexas principales en nuestro Grupo Local y el grupo principal siguiente son sistemáticamente más altos que los de la galaxia central. Dado que la probabilidad de que esto ocurra por casualidad es de sólo 1 en 4 millones, la conclusión lógica es que las galaxias contiguas tienen desplazamientos al rojo intrínsecos y en exceso, y que este fenómeno no es simplemente resultado de la velocidad. Asimismo, el corrimiento al rojo sistemático de las galaxias colindantes se ha confirmado en cada grupo galáctico examinado. Halton Arp señala que el exceso de desplazamientos al rojo de las galaxias adyacentes se anunció rutinariamente en la revista Nature en 1970 cuando su importancia era apenas reconocida, pero ahora que la evidencia ha crecido en proporciones abrumadoras hay pocas probabilidades de que los resultados y sus implicaciones sean discutidos en las principales revistas profesionales.

Halton C. Arp en 2005. Su tenaz promoción de una teoría poco ortodoxa lo distanció de sus compañeros (Jean-Pierre Jans).

Como Arp ha demostrado en gran detalle, los desplazamientos al rojo excesivos se correlacionan con las edades más recientes. En los clústeres de galaxias, también, las más pequeñas y jóvenes presentan excesos de desplazamiento hacia el rojo. Además, desde 1911 se sabe que las estrellas más jóvenes y luminosas de nuestra galaxia tienen exceso de corrimientos al rojo que generalmente aumentan con la relativa juventud de las estrellas, pero obviamente no todos estos astros calientes y lozanos pueden explosionar lejos de nosotros en cada dirección que miremos, lo que en otras palabras significa que los desplazamientos al rojo no son sólamente producto de la velocidad.

El diagrama inferior muestra los desplazamientos al rojo (expresados como velocidades) de las galaxias en un segmento de espacio (90º por 32º), trazados contra su posición angular como se aprecian desde la Tierra. Las galaxias en rojo pertenecen al Cúmulo de Virgo. Si asumimos que las galaxias se encuentran en sus distancias de desplazamiento hacia el rojo, tales agrupaciones adoptan una forma alargada (conocida como los «dedos de Dios») que apuntan hacia la Tierra. Dado que nuestro planeta no es el centro del Universo o el punto focal del Cúmulo de Virgo, esto sugiere que la suposición de que «el corrimiento al rojo es igual a la distancia» es falsa. Atribuir la amplia gama de desplazamientos al rojo a los movimientos individuales de las galaxias dentro de un «racimo» no es convincente porque las velocidades requeridas son increíblemente grandes. También es difícil entender cómo los cúmulos podrían mantenerse unidos si realmente se extendieran por distancias tan grandes, y así es más probable que el Cúmulo de Virgo sea más compacto, como se muestra en el diagrama superior izquierdo.

Hay muchos casos de galaxias con bajo desplazamiento al rojo que están físicamente asociadas con galaxias y cuásares de alto desplazamiento al rojo (fuentes de radio cuasi-estelares). Arp sostiene que los objetos de alto desplazamiento al rojo han sido expulsados de las galaxias de bajo corrimiento al rojo y que el exceso de dicho fenómeno óptico se debe principalmente a su edad más reciente. Algunos científicos sostienen que en lugar de ser expulsados de núcleos galácticos activos, los cuásares y otros objetos de mayor desplazamiento hacia el rojo se forman en áreas más densas efecto zeta pinch») del plasma que emerge de muchas galaxias. Los pares de estos objetos a menudo se alinean a ambos lados de las galaxias activas y están conectados a su galaxia parental por filamentos luminosos o puentes de plasma (a modo de «cordones umbilicales»). Sin embargo, los científicos del establishment insisten en que todos estos casos involucran alineaciones casuales de objetos de primer plano y de fondo, y atribuyen los filamentos de conexión a «ruidos» o defectos de instrumento. Por tanto, los «big-bangers» persisten en su creencia de que los corrimientos al rojo muy altos de muchos cuásares indican que están situados cerca del borde del Universo visible y se están alejando de nosotros a velocidades que se acercan a la de la luz.

Si los cuásares se encontraran realmente en sus distancias de desplazamiento al rojo, brillarían más que una galaxia entera de 10 mil millones de estrellas a pesar de no ser mucho más grande que el Sistema Solar; los cosmólogos afirman que esta energía es liberada por la materia que cae en hipotéticos agujeros negros supermasivos, y tales objetos acelerarían la materia a velocidades tan grandes que se producirían firmas de radiación de alta energía, pero éstas no se observan. Curiosamente, los quásares con desplazamientos al rojo muy diferentes tienen un brillo aparente similar, obligando a los «big-bangers» a asumir que el tamaño y brillo de los cuásares recién formados disminuyen a medida que el universo envejece. Además, los cuásares más alejados serían demasiado jóvenes para haber alcanzado el nivel de metalicidad observado; los quásares de alto desplazamiento al rojo y sus galaxias de acogida a veces tienen un nivel de metalicidad más alto que aquéllos con desplazamientos al rojo inferiores. Las estrellas de nuestra galaxia tienen un movimiento adecuado medible (por ejemplo Sirius, a 8,6 años luz de distancia, se mueve a 1,3 segundos de arco/año) e igualmente estos movimientos han sido medidos y catalogados para los cuásares, pero esto es ignorado en la literatura. El cuásar más brillante, TON 202, tiene un movimiento propio de 0,053 arcos de segundo/año, lo cual a su distancia de desplazamiento al rojo sería aproximadamente 1.000 veces la velocidad de la luz. La velocidad a la que se separan los lóbulos emisores de radio que emanan de algunos quásares también sería de cientos o incluso miles de veces la velocidad de la luz, y así los intentos de acomodar estas anomalías en el modelo estándar son artificiales y poco convincentes. Todas esas irregularidades desaparecen si los cuásares no están en sus distancias implícitas de corrimiento al rojo.


NGC 7603 es una brillante y activa galaxia Seyfert de rayos X con un desplazamiento al rojo de 0,029 (8000 km/seg) y está conectada por un puente luminoso a una galaxia compañera más pequeña. Sin embargo, esta última tiene un desplazamiento al rojo más alto de 0,057 (16.000 km/seg) y, según los supuestos convencionales, debiera estar al doble de distancia. Por lo tanto, los cosmólogos del Big Bang sostienen que la aparente conexión física entre estas dos galaxias es puramente «ilusoria» y «coincidente». En 2002 se descubrió que el filamento luminoso entre las dos galaxias contiene dos objetos de tipo cuásar con desplazamientos al rojo aún más altos. El Astrophysical Journal y Nature se negaron a publicar esta observación, y finalmente se dio a conocer en Astronomy and Astrophysics que trabaja con la revisión por pares, pero es menos «prestigioso». Además, se rechazaron solicitudes para hacer observaciones de seguimiento con el observatorio de rayos X Chandra y el Very Large Telescope del hemisferio sur. La historia de NGC 7603 es un ejemplo asombroso de cómo la evidencia científica crucial es ignorada y suprimida.

La flecha señala un cuásar de alto desplazamiento al rojo en frente de NGC 7319, una galaxia con igual fenómeno a inferior escala. El corrimiento al rojo del cuásar dicta que debería estar 95 veces más lejos de la Tierra que la galaxia, ¡y aún así, un «big-banger» afirmó que debe existir un agujero en la galaxia en el lugar correcto para que brillara el cuásar de fondo! Se puede ver un «chorro de materia» que se extiende desde el centro de la galaxia hacia el cuásar.

Para explicar por qué muchos cuásares parecen estar muy cerca de galaxias de bajo desplazamiento al rojo, está de moda para los cosmólogos convencionales invocar la teoría de la «lente gravitacional»; esto es, que la imagen de un cuásar de fondo supuestamente está dividida en múltiples imágenes brillantes por el campo gravitatorio de una galaxia de primer plano con una gran masa. Sin embargo, la probabilidad de tal alineamiento es de alrededor de 1 en 500.000, por lo que es poco probable que todos los cerca de 30.000 casos de exceso de cuásares alrededor de las galaxias se puedan explicar de esta manera. La probabilidad se vuelve aún más remota si la afirmación de que «el desplazamiento al rojo es igual a la velocidad» ha llevado a que las masas de las galaxias sean sobrestimadas. Además, el efecto microlente e incluso de mililente por estrellas individuales y grupos de materia oscura también tienen que ser invocados para explicar las diversas propiedades ópticas de las imágenes hipotéticamente «lenteadas» de un solo objeto de fondo.

La Cruz de Einstein consiste en cuatro cuásares alineados a través de una galaxia central de corrimiento al rojo más bajo, y se considera como ejemplo principal de lente gravitacional, a pesar de que Fred Hoyle calculó la probabilidad de tal acontecimiento en menos de dos posibilidades en un millón, y de la presencia de puentes plásmicos entre los cuásares y la galaxia parental.

Para explicar cómo el corrimiento al rojo puede estar relacionado con la edad, Arp y Jayant Narlikar sugieren que en lugar de partículas elementales que tienen masa constante (como asume la ciencia ortodoxa) éstas surgen a la vida con masa cero que aumenta a medida que envejecen. Cuando los electrones de los átomos más jóvenes saltan de una órbita a otra, la luz que emiten es más débil y por lo tanto más desplazada al rojo que la luminosidad emitida por electrones en átomos más viejos. Dicho de otra manera: a medida que la masa de la partícula crece, la frecuencia (velocidad de reloj) aumenta y el desplazamiento hacia el rojo disminuye. La luz también se corre al rojo al salir de un cuerpo masivo, y este fenómeno óptico de índole gravitacional también podría explicar parte del gran corrimiento al rojo de algunas galaxias.

Si el universo se está expandiendo, los desplazamientos al rojo debieran mostrar un rango continuo de valores. Sin embargo, varios estudios han encontrado que a menudo son cuantificados, es decir, tienden a ser múltiplos de ciertas unidades básicas. En nuestro Supercúmulo Local, los desplazamientos al rojo corregidos para el movimiento orbital del Sistema Solar muestran periodicidades (expresadas como velocidades) de aproximadamente 71,5 km/seg y 37,5 km/seg. Para los cuásares cerca de las galaxias espirales activas brillantes, sus desplazamientos al rojo intrínsecos muestran aumentos a valores de 0,061, 0,30, 0,60, 0,96, 1,41, 1,96, 2,63, 3,44, 4,45 ... Si añadimos 1 a cada número, esta serie se vuelve geométrica, donde cada término es aproximadamente 1,23 veces el anterior. Estos descubrimientos se han encontrado con la feroz resistencia de los cosmólogos ortodoxos y son ignorados en gran medida. No hay explicación directa en ningún modelo, pero la sugerencia de Arp de que los episodios de creación de materia tienen lugar a intervalos regulares podría ser parte de la respuesta. Dado que a veces los desplazamientos al rojo se desvían de los múltiplos exactos de las unidades básicas de corrimiento al rojo en sólo unos pocos kilómetros/segundo, esto parece implicar que los miembros individuales de grupos y clústeres galácticos se están moviendo mucho más lentamente entre sí de lo que generalmente se cree, excepto en las regiones centrales densas, donde no se aprecia ninguna cuantización.

Fuente: Teosofía Original








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